sábado, 10 de agosto de 2019

1242. Domingo XIX, ciclo C – No temas, pequeño rebaño


No temas, pequeño rebaño
Lc 12,32-48


Texto evangélico:
32 No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. 33 Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. 34 Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
 35 Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. 36 Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. 37 Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo. 38 Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos. 39 Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa. 40 Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre». 41 Pedro le dijo: «Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?». 42 Y el Señor dijo: «¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas? 43 Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. 44 En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes. 45 Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, 46 vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles. 47 El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; 48 pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos. Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá.

Hermanos:
1. Las palabras de Jesús han llegado hasta nosotros a través de la primera tradición de los discípulos, que las ha recogido con amor – pues solo desde el amor puede entenderse lo que Jesús nos ha revelado –, las ha ordenado, las ha agrupado para que de esta manera naciera el conjunto de esos cuatro escritos fundamentales de nuestra fe, que llamamos los Cuatro Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Vamos siguiendo este año el Evangelio de Jesús según san Lucas, y en esta homilía voy a centrarme en la primera frase del texto sagrado: “No temas, pequeño rebaño”, que tiene un sentido absoluto, sea que la apliquemos a la espera de la venida final de Jesús, o simplemente a la situación que estamos viviendo en este cambio de época de la historia humana.
En toda esta vorágine de la historia, bien podemos considerarnos nosotros, los cristianos, el pequeño rebaño de Jesús.

2. “No temas”. He aquí una locución sagrada que aparece en la Biblia cincuenta veces. No es una frase de aliento, de cortesía, de buena educación… No es una frase corriente de esas que decimos en buena convivencia: “No tengas miedo, todo saldrá bien”.
Esa frase se estrena en un momento solemnísimo cuando Dios, que ha entrado en la historia de Abraham, ya viejo y casado con una mujer estéril, se le aparece, le sale al encuentro, y le dice: “No temas, Abrán, yo soy tu escudo, y tu paga será abundante (Gen 15,1)”. Acababa de comenzar esa historia maravillosa de Dios con el padre de los creyentes. Dios iba a hacer el milagro de su providencia. Dios iba a crear su pueblo: No temas. Esto es obra mía. Dios prometía a Abraham un hijo y una tierra.

3. Los profetas recibieron igualmente este mensaje de Dios: No temas. Soy yo el que va a hablar por ti.
En la historia del pueblo santo de Israel hubo un momento crucial en que todo estuvo a punto de desaparecer, absorbido por el imperio asirio. Estamos en los años del destierro de Babilonia, 70 años de cautividad. Un profeta enviado de Dios les anunció el consuelo y en sus profecías, resuena el “No temas” de Dios en medio de unos oráculos llenos de ternura:

“Porque yo, el Señor, tu Dios, | te tomo por tu diestra y te digo: | «No temas, yo mismo te auxilio».
No temas, gusanillo de Jacob, | oruga de Israel, | yo mismo te auxilio | —oráculo del Señor—, | tu libertador es el Santo de Israel.
… Pero tú te alegrarás en el Señor, | te gloriarás en el Santo de Israel. (Is 41, 13-16)).

4. Pero en los Evangelios hay un “No temas”, el más sublime de todos, cuando el ángel le dice a María: “: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús” (Lc 1,30-31).
Cuántas veces habría sentido Jesús en su corazón ese “No temas” pronunciado por su Padre, para proseguir en la obra emprendida.
Los auténticos discípulos de Jesús necesitan – necesitamos – escuchar en lo íntimo del corazón ese “No temas” para seguir en nuestra tarea y caminar en la fidelidad.
He aquí un episodio de la vida de Pablo, estando en Corinto: “Una noche dijo el Señor a Pablo en una visión: «No temas, sigue hablando y no te calles, pues yo estoy contigo, y nadie te pondrá la mano encima para hacerte daño, porque tengo un pueblo numeroso en esta ciudad». Se quedó, pues, allí un año y medio, enseñando entre ellos la palabra de Dios. (Hch 18, 9-11).

5. Hermanos, el “No temas” que  nos dirige Jesús tiene una promesa, que es la corona de oro de este oráculo de sus labios: “No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino”.
El reino no es nuestra conquista; es el regalo que nos ha dado el amor de nuestro Padre, que nos ama lleno de ternura.
En esta hora, que podemos decir del todo singular en la historia de la humanidad y de la Iglesia, llega a nosotros la invitación de Jesús: No temas, pequeño rebaño.

6. Nuestra respuesta es la confianza sin condiciones, que es la fe. Lo hemos oído: “Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.
Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas, y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios” (Heb 11).

Concluimos, hermanos:
Señor Jesús, somos tu pequeño rebaño, necesitado de tus cuidados y tu caricia. Quita de nuestro corazón todo temor y haz que entendamos tus palabras: “No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino”.

Ciudad de México, sábado 10 de agosto de 2019

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