Villancico de la música
Era ya el octavo día
y el Padre creó la música,
y dijo al Espíritu Santo:
Escribe la partitura.
Y el Espíritu Divino
la redactó en una cuna,
y entonces dijo a los ángeles
Cantadme ya el aleluya.
Comenzaron a cantar
y el Bebé cantó a la una:
era un balido de amor
pidiendo la leche pura.
Yo también quiero cantar,
que la música me gusta,
y siento en mi cuerpo y alma
que sin ella no hay liturgia.
En todos los corazones
Dios puso notas augustas,
que yo las puedo escuchar
si mi alma está desnuda.
Desnudo, recién nacido,
hoy yo me pongo a la escucha,
y suena le Encarnación,
carne en mi carne y junturas.
Yo soy música del Verbo,
yo soy danza en su tribuna,
yo soy santa Eucaristía
y la Iglesia es mi batuta.
Navidad: Yo soy feliz
contemplando su hermosura;
yo soy feliz y yo canto
porque el Niño de mí cuida.
Mi Niño Dios, Salvador,
mi Niño buenaventura,
al cielo me llevarás
por tu gracia y tu ternura. Amén.
Madrid, IV domingo de Adviento, 20 dic. 2020
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