Y el Verbo se hizo carne
(Contemplación de un juglar franciscano
junto al Niño de Belén)
De oveja nace un cordero
y de mujer nace un niño,
que nadie puede engendrar
a alguien mayor que sí mismo.
De la materia, materia,
de lo finito, finito;
y nunca un Dios inmortal,
de mortal podrá ser hijo.
De idea nace una idea,
un pensamiento preciso,
mas todos los pensamientos
no dieron al mundo inicio.
Del amor brota el amor,
y crea a un hijo querido,
mas el amor todo junto
no trae a un Hijo Divino.
Pero el Verbo se hizo carne,
se hizo carne de sí mismo,
y Dios que era fecundó
su carne en cuerpo asumido.
María dio sus entrañas
a Dios santo, Uno y Trino,
y el Verbo se humanizó
divinizando su nido.
Misterio de no acabar
para entender su sentido,
misterio de la ternura
sin palabras ni suspiros.
Dios es mío por ser hombre,
hombre hasta ser excluido,
misterio de la locura
de Dios, que por mí ha sufrido.
Soy de Dios por ese vientre
que a Dios mismo ha concebido,
y soy hermano del Verbo
porque mi pan ha comido.
Y por hacerse mi sangre,
su sangre en Cruz ha vertido,
y Cuerpo y Sangre me da
en el Banquete Eucarístico.
Soy vida de vida eterna:
lo que soy lo soy en Cristo,
y soy el regio heredero
yo que soy un pobrecillo.
Heme aquí; ya más no puedo
decir más de lo que digo;
deja solo darte un beso
con infinito cariño.
Madrid, nocturno 22 diciembre 2020
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