martes, 29 de diciembre de 2020

1472. Fin del Año de la Pandemia – Dios mío, cuánto te amo

 

Despedida:

¡Dios mío, cuánto te amo!

Al concluir este año, damos gracias. La pandemia también es una Teofanía. Con los ojos de la fe, el Coronavirus es Coronavida. Vamos a cerrar con este poema una serie de poemas que hemos ido componiendo (son más de 90), como un diario espiritual, al paso de la pandemia este año singular en la Humanidad. La gracia que pedimos sea esta: que sepamos ver, percibir, sentir en esta “desgracia” una Presencia. Entonces “todo es gracia” (Santa Teresita).


Ya lo dijiste, Poeta;

silencio y vete al Sagrario;

toma tu Biblia, amoroso,

y acaricia con tu mano.

 

Cuidado, no tengas prisa,

sigue en silencio pensando;

observa tus ojos…, piensa,

que orar es pensar amando.

 

No hay ruidos en el recinto,

solo ángeles acaso,

el universo está quieto

y eres tú, que está mirando.

 

Respiro amor, sí, Jesús

y alma y cuerpo no separo,

cierro los ojos y siento

que soy amado mirado.

 

¿Qué pasa, Jesús, qué pasa?

¿Quién sabe qué está pasando?

¡Si yo te veía a ti…!

¿O acaso me estoy engañando…?

 

Una presencia infinita

en un vórtice calmado,

envuelve mares y tierra

con el virus que aspiramos.

 

Eres tú, que llenas todo,

aunque no sepa explicarlo,

tú, el amante omnipresente,

oh Dios, cálido a mi lado.

 

Abiertos los poros íntimos,

soy un pobre acurrucado

a una ternura divina

que en virus se ha desbordado.

 

Nada entiendo, no hace falta,

basta sentirse llevado

a una incógnita ribera

que no había visitado.

 

Y es bella por ser de Dios,

es amor desentrañado;

el paisaje de mi alma

poco a poco va cambiando.

 

Solo una cosa yo pido

al concluir este año:

ver a Dios en la pandemia,

que es Sinaí desatado.

 

Y si el virus llega a mí ,

cual guerrero bien armado,

yo te diré sin combate:

¡Dios mío, cuánto te amo! Amén.

 

FIN

 


Madrid, 29 diciembre 2020.

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