Elegía por mi España y los derechos de Dios
Desde México, un ciudadano español
Escribo y medito desde México. Aquí
llegué hace 10 años, a mis 65, en calidad de religioso franciscano-capuchino y
sacerdote.
Como la sangre no es agua, lo que
acontece en mi país es “mío”, y no es igual que lo que pasa en Francia, en
Alemania, o en Italia. Tengo, pues, sobre la mesa tres diarios nacionales (ABC,
El País, El Mundo) y dos regionales (Navarra, y La Rioja, que es mi tierra), en
Internet, se entiende, entre mis “marcadores”. Los periódicos nacionales los
suelo visitar todos los días, aunque tienen preferencia las Noticias de la
Iglesia. Vivir en el extranjero es carta de ciudadanía mundial, un tipo de
fraternidad algo diferente que amanecer con el periódico de la propia tierra. Y
sintonizo con el viejo dicho romano: Soy
hombre: Nada que sea humano lo
considero ajeno a mi corazón (Exactamente: Homo sum, humani nihil a me
alienum puto, Publio
Terencio Africano en su comedia Heauton
Timoroumenos (El enemigo de sí mismo),
del año 165 a.C., donde es pronunciada por el personaje Cremes para justificar
su intromisión. Wikipedia).
Aborto y matrimonio de
homosexuales
En tiempos recientes hay dos cosas que
han convulsionado mi corazón de ciudadano español y de hombre libre del mundo
universo: el aborto a libre voluntad
en las doce primeras semanas y el
matrimonio homosexual; esto último de estos últimos días, como se sabe.
Las dos opciones responden a un mismo
principio: el hombre, dígase varón o mujer, es autónomo responsable y libre, y
él mismo responde ante la sociedad de acuerdo a unos criterios consensuados.
Este mutuo acuerdo es lo que legitima nuestras acciones. Semejante concepción
del Verum, del Bonum ¿la firmarían Aristóteles y Platón? Pienso que no; pero,
bueno..., la historia no se acaba con el pensamiento de estos ilustres pensadores…
La historia avanza y estamos a 2.000 años del nacimiento de Cristo y a 4.500
del nacimiento de las Pirámides. Algo habremos avanzado…
Es cierto que al andar avanzamos. Lo que
no es evidente es si vamos por el camino recto o el camino aberrante, dado que
según los más antiguas filosofías – en las cuales está de acuerdo la Biblia
(Deuteronomio) – hay dos caminos que se proponen a la libre elección: el camino
del Bien o el camino del Mal, la Vida o la Muerte. “Mira, hoy pongo delante de
ti la vida y el bien, la muerte y el mal” (Deut 30,15).
Como creyente que soy – pues todavía la
Constitución no encarcela a los creyentes, aunque quién sabe si un día sí, pues
somos libres para consensuarlo – proclamo mi sentir, mi filosofía, mi fe.
Sucede, además, que no es lo mismo pensar a los 20 años que pensar a los 75, en
la cima, de cara al camino eterno.
Ante el último evento con respecto al
dicho matrimonio, hubo una explosión en los grupos adeptos. Lo leí en El País,
en el artículo ¡Por fin! apenas dado a conocer el acuerdo: “A nadie
le puede sorprender. Todas y todos los que no estaban cegados por una ideología
radicalmente retrógrada, contaminados por el irracional odio al diferente,
obnubilados por sus propias creencias fanáticas lo sabían. Lo sabíamos desde
los colectivos y asociaciones de defensa de la dignidad de los derechos de las
lesbianas, gais, transexuales y bisexuales. Lo sabían –y así nos lo dijeron-
más de cien catedráticos y profesores de Derecho constitucional de
Universidades de toda España, a raíz de una campaña emprendida por el Colectivo
de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM). Lo sabían la
mayor parte de los partidos políticos de todo el espectro nacional; los sindicatos,
la sociedad civil organizada en su mayoría. Lo sabía, y así nos lo ha demostrado
durante todos estos años de incruenta espera, la mayor parte de la ciudadanía, que
ha aceptado con absoluta normalidad el reconocimiento de este derecho a
contraer matrimonio entre personas del mismo sexo.
… Hoy es el fin de una etapa y el comienzo de otra.
Con esta sentencia del Tribunal Constitucional ponemos fin a una etapa marcada
por la incertidumbre, por el temor a que esa espada de Damocles que constituía
el recurso de inconstitucionalidad acabara cayendo sobre nuestras cabezas,
segando tantas ilusiones, frustrando tantos proyectos vitales, aniquilando
nuestra dignidad. Felizmente, la razón y la cordura se han impuesto” (El PAÍS,
6 nov. 2012, sección Sociedad, artículo firmado por Agustín López Lozano y
Antonio Arroyo Gil).
Un peregrino indulgente
y pensante, ante “el camino de todos”
“Se acercaron los días de la muerte de
David y este aconsejó a su hijo Salomón: Yo emprendo el camino de todos. Ten valor y sé hombre. Guarda lo que el Señor
Dios manda guardar…” (1 Reyes 2,1-2). Lo
de “el camino de todos” es algo que
se me quedó dentro desde que ya hace muchos años leí este pasaje. Las glorias,
grandezas y pecados del rey David tenían, al fin, que pasar por esta aduana: la
de el camino de todos.
Como ser humano me he de enfrentar un
día ante el camino de todos; atravesaré
la cortina del misterio y iré por el
camino de todos. "No envilezco al hombre" si le digo que el Absoluto es su
destino, por lo tanto su medida: Non
vilico naturam (Juan Duns Scoto). No le envilezco. Dios no es “el depredador”
(F. Nietzsche) de la nobleza humana, al asignarle al ser humano, como sublime
tarea, el destino eterno, porque esto no le aliena del presente; al contrario,
el presente mirado sub specie deitatis
(de nuevo Scoto) es divinizado por contagio divino.
Estoy pensando, y como pensador (sin
especulación la Filosofía se pulveriza) profeso que Dios en la vida es
instancia; que sin Dios el hombre se evacua de sí mismo. Tengo derecho a pensar
que Dios tiene derechos; más aún, que yo mismo soy el derecho de Dios.
Estoy hablando de toda religión, del
preámbulo de toda religión. Sería del todo vergonzante, absolutamente indigno
de la dignidad de cualquier hombre o mujer, que las grandes cuestiones del ser
y de la vida las cifráramos como opciones de partido.
Al paso que los años nos van orillando
del parque de la vida, y que te invitan a cobrar cierta distancia de los
problemas, especialmente de la juventud y de las nuevas generaciones, uno se va
haciendo más indulgente, más comprensivo, con la humana
conditio. Un crecimiento en sabiduría es, sin duda, un crecimiento en clemencia.
¿Qué sabemos del corazón humano – por muy técnicos que seamos – de lo que
acontece en el corazón humano, de ese misterio de la sexualidad que busca
identidad y placer, afirmación, generación…? Acaso menos de lo que ignoramos,
pero de todas maneras sabemos lo que
necesitamos para caminar, si uno en la vereda de la vida se ha puesto con
sinceridad y verdad para acertar lo mejor que pueda, apoyados en la sabiduría
que aportan las generaciones que nos han precedido; lo que en la Iglesia se
llama tradición, el caudal de la tradición, que va esencialmente referida a Cristo a través del tejido de
la Comunidad, milenaria y confesante.
Desde esta perspectiva el aborto en sí
es un “crimen” (en España los hay más de 100.000 al año); la homosexualidad elevada a la categoría de matrimonio es
aberrante y degradante, no obstante que las leyes la canonicen. La ley debería
ser expresión y fuente de moralidad; pero, desgraciadamente, no siempre lo es.
Y ocultar este desacuerdo – por miedo, por halago – sería más insensato aún,
que danzar con cantos de victoria por la entrada en vigor de estas leyes. Más
insensato, digo, porque sería abdicar de esa verdad esplendente del ser que el
hombre recto advierte, que es más fuerte y hermosa que esa otra luz de
libertad que el opositor ha encontrado.
Tres miradas de cara a
estos problemas humanos
Gira y gira en torno a lo mismo (aborto y homosexualidad en
matrimonio), hay tres miradas que yo puedo adoptar:
- la del hombre mayor que, por su edad,
cree tener algún poso de sabiduría;
- la del consejero y confidente que,
sentado en el confesionario, escucha y en la mera escucha va percibiendo otros
caudales de sabiduría;
- la del discípulo de las Escrituras que
estudia a los Profetas y se estremece al oírlos clamar.
En este triple plano continúo mi
reflexión.
Como persona que pertenezco al senado de
las personas mayores, ya he dicho: indulgencia hasta el límite de todo lo que se pueda
llamar indulgencia. Humilde conocimiento, por tanto, de la situación que uno no
ha vivido en propia carne, ni, de modo abierto, en la sociedad que nos educó.
De alguna manera los que hemos ido caminando con ideas “clásicas”, las de toda
la vida, necesitamos, si no una conversión, sí una exquisita atención a lo que
se nos ha echado encima, no dando por supuesto, en modo alguno, el que por el hecho de que algo sea nuevo es lo mejor, y quizás ni
siquiera bueno…
Como confidente en el confesionario, he aquí
que los sacerdotes, aceptados a esa confidencia de la verdad, tenemos una
fuente limpísima de verdades. Cuando una persona lleva dentro un aborto de quince o de treinta años…, y con lágrimas
lo dice ante Dios, se derrumba ese castillo de arena de los sonados derechos de
la mujer (“Nosotras parimos, nosotras decidimos”), y con serena humildad,
poquito a poco, comienza a sanarse el corazón. Cuando uno asiste a esta
humanísima escena humana, el empaque del legislador parece sencillamente
ridículo, porque entonces, en esa confesión, se han enfrentado la madre y la
vida, y la madre amorosamente se ha rendido ante la vida. El argumento ha sido
la vida sin más.
Y hay otra instancia: la voz de los
profetas; porque resulta ante un grupo de alumnos y alumnas voy desgranando, como profesional de las Escrituras, los
oráculos de los profetas, por este orden cronológico: Amós (siglo VIII a.C.), Oseas, Miqueas, primer Isaías, Jeremías,
Ezequiel…
Y la constante en nuestras explicaciones es
esta: ¿Quién es el Dios de los profetas, para percibirlo no como el Dios de
otros tiempos, sino como el Dios viviente?
O abordando los grandes asuntos de otra
manera: ¿Qué pasa en Dios cuando el
hombre peca? Porque Dios queda destrozado, al decir de la Biblia, ya que el
hombre le interesa… ¿Qué pasa en el hombre? ¿Por qué son tan fulminantes los
profetas contras los jueces corruptos y ladrones, contra los sacerdotes
insensatos, contra los profetas vanos, contra los ricos prepotentes, contra
todos los que se han prostituido dejándose seducir por Baal…? Por citar un
texto, casi al azar: “Porque del pequeño al grande todos van tras su provecho,
/ del profeta al sacerdote todos andan entre fraudes. / Han curado la herida de
mi pueblo, pero solo en apariencia, diciendo: ‘Todo va bien’, y nada iba bien”.
Palabras desoladoras del doliente Jeremías (8,10-11) que como ningún otro se ha
identificado con la suerte de su pueblo. Claro que ningún profeta tiene sentido,
sin la última palabra que dice, que es la ternura de Dios, que todo lo sana.
El estudio de los profetas es de lo más
revulsivo que tiene la Biblia y obsesivamente nos vamos diciendo en clase que no queremos
arqueologismos, que estamos hablando, ni más ni menos, que de Dios hoy y aquí.
Con una mirada transoceánica miro a
España; miro al Ebro, que me vio nacer. Y con inmensa gratitud, sí, pero con
sentido dolor desde aquí va mi abrazo…, con mi súplica de ternura y esperanza,
que porque la amo, y solo porque la amo, he emitido mi elegía por ella y por
los derechos de Dios.
Guadalajara, Jalisco (un tiempo Nueva
Galicia), viernes, 09 de noviembre de 2012.
Fr. Rufino María Grández (de Alfaro, La
Rioja).
No hay comentarios:
Publicar un comentario