La flor del Domingo
Entera se deja ver
esta flor que es toda bella
y mientras la miro y miro
mi alma de paz se llena.
Yo la traje a mi escritorio
diciéndole que me diera
lo que ella lleva escondido:
una divina presencia.
La veo y toco infinito
cuando mis ojos contemplan;
su raíz en Dios se hunde
y toda esplendor destella.
Parece estarme diciendo:
“Comunicar es mi esencia;
no soy yo quien tú me ves,
que soy Quien a ti se acerca”.
Abriendo sus tiernos pétalos,
es frágil y sin defensa,
yo seré su defensor
si sé entregarme de veras.
Es bella, que no puede ser
más bella en su realeza,
que Dios se deshizo en ella
por Madre Naturaleza.
Pedestal de su hermosura
las hojas que la rodean,
como una corte escogida
para mi amada pequeña.
Yo pienso en Jesús sin tacha,
al contemplar su pureza,
pienso que el mundo es hermoso
por Quien lo cuida y sustenta.
Quiero besarla y lo haré
inclinando mi cabeza:
¡Te venero, humilde hermana
y divina mensajera!
Madrid, en vigilia de Domingo
XXXIII del tiempo ordinario 2020

Dios les bendiga
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