lunes, 1 de marzo de 2021

1522. El Juglar de la Eucaristía - Celebrar es comulgar con una viva presencia

Celebrar es comulgar con una viva presencia

Una antigua usanza que existió en nuestros conventos fue el poner versos festivos y devotos, que era un elemento decorativo para claustros y espacios abiertos, al tiempo que un estímulo simpático de devoción. En mis años de estudiante de Teología en Pamplona, a las orillas del Arga, esta décima se aposento en el corazón. Estaba en el pasillo del piso superior – edificio que entonces fue derruidos – en un cartelón, una décima con firma de nuestro gran Beato Fray Diego José de Cádiz (1743-1801), que la puedo repetir de memoria:

El amor a Dios avisa

al ministro del altar

se ponga a considerar

que no hay devoción con prisa.

Diga despacio la Misa:

mire que las Misas son

viva representación

de Su Cruz y de Su afrenta

y ha de dar estrecha cuenta

del fruto de Su Pasión.

         

Si voy a Internet, en busca de esta curiosidad, encuentro esta copla bella, graciosa y enjundiosa, con la misma autoría del Beato Diego José de Cádiz: con un devoto cuadro eucarístico en Revista Roma N° 101 - Octubre de 1987, p. 17. Y en años más recientes en la “Real Congregación de la Vela y Hermandad del Prendimiento de Cádiz”, en 2018 (Elisa Montero).

Como queriendo o sin querer intenté indagar más por los entresijos de Internet, y he aquí que me encontré esta piadosa en la obra de un franciscano, un siglo antes de que la pudiera escribir el Beato Diego José de Cádiz. El título de esa obra, tal como aparece en portada, dice así: “Manogito [sic] de flores, cuya fragancia descifra los misterios de la misa y oficio divino: Da esfuerzo a los moribundos, enseña a seguir a Christo, y ofrece seguras armas para hacer la guerra al demonio, ahuyenta las tempestades, y todo animal nocivo; con otras curiosidades, que se hallarán por la Tabla, que va al fin, compuesto por el P. Fr. Juan Nieto, Religioso Menor de S. Francisco, en la Provincia de Santiago. Barcelona: En la Imprenta de Maria Angela Martí viuda, en la plaza de San Jayme. Año 1763” [Una edición anterior en Salamanca 1701, con un juicio de aprobación de 1689. En Internet: Biblioteca Alicante]. En el capítulo V encontramos 8 décimas dedicadas a la preparación del Sacerdote que va a celebrar la Santa Misa.

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Cómo celebrar la Eucaristía

La Eucaristía pide un “ars celebrandi”, y los liturgistasmucho nos pueden decir.

Pero igual, acaso más, pide la homilía y la predicación en general, y, de hecho, el joven capuchino después de la ordenación hacía el “Curso de Elocuencia” o “Curso de Oratoria”, con clases y ejercicios prácticos.

El Beato Diego José de Cádiz fue el Predicador del siglo XVIII. Y Marcelino Menéndez y Pelayo se detiene largamente en analizar este fenómeno, y concluye: “Orador más popular, en todos los sentidos de la palabra, nunca le hubo, y aun puede decirse que Fr. Diego de Cádiz era todo un hombre del pueblo, así en sus sermones como en sus versos, digno de haber nacido en el siglo XIII y de haber andado entre los primeros hermanos de San Francisco” (Historia de los Heterodoxos Españoles, libro VI, capítulo III, punto VII)).

Fray Diego José de Cádiz, que podían predicar ante 10.000 asistentes (y más) reconoce que tiene el don de la predicación, y confiesa su rotundo fracaso ante la oratoria. Es muy ilustrativo conocer sus propias palabras.

“El don o gracia de predicación, no sólo lo conozco, como V. P. R. me lo propone, sino que lo tengo así confesado en algunos de los papelitos, que, ignorándolo yo, se han impreso, asegurando que Mihi omnium sanctorum mínimo data est gratia haec evangelizare. Lo conozco, Padre mío, y sería un ladrón de la gloria de Dios   negase o me apropiase lo que ni es mío, ni merezco, etc. Y para que V. P. R. se confirme más en ello, quiero confesar-le sencillamente una verdad, la que no me he avergonzado de manifestarla alguna vez que se ha ofrecido. Esta es, que ignoro enteramente las reglas de la oratoria y el modo de formar según ellas un sermón.

Es verdad que antes de concluir los estudios me puse repetidas veces a estudiarlas, por la necesidad de prepararme para los exámenes y para aprender a predicar, etc., pero lo es también que en todas me humilló Dios con negarme aun la inteligencia de los términos, de modo que nunca fui capaz de comprender cosa alguna, y siempre me fue preciso dejar aquel estudio sin haber llegado jamás ni á promediarlo. Esto propio se ha repetido después en cuantas ocasiones he intentado este preciso estudio, estimulado de la conciencia que me acusaba de mi ninguna instrucción en la oratoria sagrada, ni profana, cuyas retóricas ni en el siglo ni en la Religión he saludado” (Carta al capuchino catalán, P. Jaime de Puigcerdà, Ronda [Málaga], 30 agosto 1793)

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Celebrar la Eucaristía ese empalmar con el misterio y, en lo posible, llevar a todos al centro del misterio. ¿Cómo? No lo sé…

Ni es el momento de indagar. Que un coro vaya a cantar y no participen la comunión de la acción sagrada, no la “adorna”; más bien la estropea. Porque la Eucaristía de ninguna manera es un espectáculo…

En este momento soy tan solo un Juglar de la Eucaristía.

“Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi Cuerpo,

que será entregado por vosotros”

“Tomad y bebed todos de él,

porque este es el cáliz de mi Sangre,

Sangre de la alianza nueva y eterna,

que será derramada por vosotros y por muchos

para el perdón de los pecados.

Haced esto en conmemoración mía”.



Celebrar es comulgar

con una viva presencia,

y dejarse embriagar

de esa presencia que llena.

 

Vivir lo que está ocurriendo

en el cielo y en la tierra:

Jesús, misterio real

en su Pascua verdadera.

 

La palabra es signo bello

de una escondida belleza,

palabras de la Escritura

creadoras de una esencia.

 

El sí de la Encarnación

marcó una historia concreta,

y al Hijo lo trajo al tiempo

y al espacio de una aldea.

 

Y el Verbo se hizo en el tiempo

que el sacramento conserva;

sacramento, Trinidad

viviente en la santa Iglesia.

 

          * * *

Una anciano Sacerdote,

jubilado y con su dieta,

está celebrando Misa

con una anciana asistenta.

 

Sus ojos brillan de luz,

mientras su voz se hace lenta,

pero no puede faltar,

pues la Misa le sustenta.

 

Y en este ocaso de nieve

la paz le envuelve y recrea;

su Misa es contemplación,

unido a la Iglesia entera

 

* * *

 

Hoy las nupcias del Cordero

las vivimos en la Cena,

la esposa se ha embellecido

y el Esposo goza en ella.

 

El alma pura y humilde

es su vestido de fiesta;

los ángeles le acompañan,

y una alegría serena.

 

Eucaristía del Reino,

que es herencia y es promesa,

geografía de Dios,

que santifica el planeta

 

          * * *

Celebrar es compartir

cuanto se sirve en la mesa:

el manjar y la bebida,

y el canto que el alma alegra.

 

En la mesa de Jesús,

los pobres su preferencia,

y verlos en la familia

es mucho más que colecta.

 

          * * *

Gracias, Jesús del Cenáculo,

por tu feliz providencia;

te fuiste y no te marchaste,

que te quedaste más cerca.

 

¡Con un coro de alabanza,

gracias con todas las fuerzas,

a ti, que eres y serás

Pascua florida y eterna! Amén


Madrid, Jesús de Medinaceli, lunes de la II semana de Cuaresma,

1 de marzo de 2021.

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