miércoles, 3 de marzo de 2021

1523. El Juglar de la Eucaristía - Montaña de mi alegría

 Montaña de mi alegría


Introibo ad altare Dei, ad Deum qui laetificat iuventutem meam. Así decíamos al pie del altar. Así aprendimos de niños, muy niños, cuando aprendimos a ser monaguillos en la iglesia de la Concepción, de las Monjas Concepcionistas… Así dijimos cuando recibimos la sagrada unción, en plena juventud. Alternando sacerdote y monaguillo iban diciendo todo el bellísimo salmo 42. El sacerdocio era una inmensa alegría de juventud.

Se acerca el Día del seminario, DÍA DE SAN JOSÉ, en este Año Santo de San José. Por eso, el lema escogido suena así: “Padre y hermano, como san José”. Hombre soy y todo lo humano me interesa. Sería blasfemia hablar del Sacerdocio de Jesús solo o principalmente desde la Estadística, pero hombre soy y las estadísticas son humanas. Y veo que nuestros seminarios están en un profundo declive (como nuestras casas de formación, al par que nuestras casas de formación en la vida religiosa). Santifica, Señor, a tu Iglesia, dándonos sacerdotes santos. Fue la plegaria del día de mi ordenación. Hoy vuelvo con humildad y gratitud. Era verdad, y el Señor es fiel. El Señor viene, y constantemente viene. Y podemos cantar con el salmista. Con el salmista cantaré.

 

Montaña de mi alegría

es la santa Eucaristía.

 

Sin propio merecimiento,

solo porque él lo quería

soy humilde sacerdote

para su pueblo y mi dicha.

 

Me llegaré hasta el altar

y el alma será mi cítara,

me postraré en su presencia

humillando mis rodillas.

 

Qué gozo de amanecer

cantar con las avecillas

ser sacerdote del mundo

abierto a sus maravillas.

 

Consagraré a su mirada

cuanto amanece a su vista,

Jesús lo ha santificado,

será ofrenda de mi misa.

 

Montaña de mi alegría

es la santa Eucaristía.

 

Te ofrecí mi juventud,

que hicieras lo que quisieras,

y nunca me arrepentí

del sueño de primavera.

 

Que tu luz y tu verdad,

cual celestes mensajeras,

sean mis regias madrinas

llevándome por la senda.

 

Hoy vuelvo con la mirada

desde la cumbre cimera,

y una voz joven me dice:

No temas, sé su profeta.

 

Tú, joven del Evangelio,

mucho más de lo que piensas,

alguien primero ha pensado,

piensa que llama a tu puerta.

 

Montaña de mi alegría

es la santa Eucaristía.

 

Pan y vino de los campos,

fruto de manos curtidas,

son la ofrenda de los hombres

en don de Dios convertidas.

 

Qué temblor cuando pronuncio

las palabras sacratísimas,

y por obra de Dios vivo

Dios se hace en mi boca comida.

 

Dios hasta mí en carne y sangre,

que mi cuerpo diviniza,

y yo Tienda del Altísimo

por mi verbo construida.

 

En silencio voy adentro,

mirándome mis mejillas:

¡No es posible, Dios amante,

esa locura infinita!

 

Montaña de mi alegría

es la santa Eucaristía.

 

Si he de ser buen Sacerdote,

seré el último en la fila,

humilde como Jesús,

el más humilde que exista…

 

Porque humildad es servicio,

es hermandad ofrecida,

dispuesto a lavar los pies

con besos y una caricia.

 

Sacerdote junto al pecho

que de secretos latía,

donde Juan se recostó

y escribió lo que escribía.

 

Sacerdote de la Cruz

con la Madre y tres Marías,

recogiendo aquella sangre

que del cuerpo descendía.

 

Montaña de mi alegría

es la santa Eucaristía.

 

Para anunciar luego al mundo,

que es mi entrañable familia,

que el Amor fue regalado

en la Cruz donde él moría.

 

Sacerdote del perdón,

donde Dios tiene su dicha,

donde toda Santidad

al pecador diviniza.

 

Te adoro, Jesús amado,

con palabras pobrecitas,

tú sabes cuánto te quiero

… pues mira todas mis cuitas.

 

¡Bendice a tu Iglesia santa

como quieres bendecirla,

con los santos Sacerdotes

que ella siempre necesita!

 

Madrid, 2 de marzo de 2021.

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