Sin pastor y sin profeta
El texto evangélico, que sigue al lavatorio de los pies, está ungido de misterios. Jesús, turbado en su espíritu, anuncia que entre los discípulos hay un traidor. En una lectio divina nos adentramos en el texto. Pedro, el pastor solícito, pregunta a Juan – el amante, el contemplativo, el profeta silencioso - ¿Quién es? Juan del “seno” de Jesús (del lado de Jesús), pasa al “pecho” de Jesús. Son dos palabras distintas en le texto original y la versión actual así las ha conservado. Y con el secreto y confidencia que Jesús le entrega paso el aviso al pastor. La traición ha existido y existe en la Iglesia, y en ella pastor y profeta forman unidad.
1. Sin pastor y sin
profeta
la Iglesia no existiría;
el pastor es el que cuida,
el profeta el que
vigila
2. El pastor en el rebaño
estimula y planifica,
el amante silencioso
desde el pecho profetiza.
3. No existe Pedro sin
Juan,
ni Juan sin Pedro camina;
brazos sin sanos pulmones
son brazos sin energía.
4. Por ser la Iglesia
entrañable
en pecho de amor nacida,
sin la salud de este pecho
la Iglesia
perecería.
5. Que no es de más ni de
menos,
de perfección ni valía,
que no es de sabios decir
tradición o progresía.
6. Que la túnica
inconsútil,
de las manos de María,
nadie la pudo rasgar
cuando en Cruz Jesús
moría.
7. Un volcán duerme en la
Iglesia,
volcán de amor que calcina,
y el monte está reventando
por el fuego que
crepita.
8. Jesús sufrió la
traición
de una horrible villanía,
quien era elegido apóstol
resultó ser un
espía.
9. Y espantoso ha sido y
es
que la traición se prosiga,
que en el coro de elegidos
haya malicia e intriga.
10. Tu pasión del corazón
nadie
pudo compartirla,
para ti fue tu crisol,
para nosotros, justicia.
11. Mas tras el bocado
aquel,
el dueño de la mentira,
Satanás el enemigo,
entró en un alma suicida.
12. Salió, al fin, y era
de noche,
aunque la luna lucía,
noche negra de pecado
y la Gloria amanecía…
13. Naufrago en tanto
misterio,
perdido sin ver salida;
mas Jesús oraba al Padre
y
el amor lo esclarecía.
14. Ahora es glorificado
el
Hijo – Jesús decía –
y el Padre en él lo será,
cuando el Padre lo decida.
15. El recuerdo no es
historia
de aquello que sucedía,
que es misterio y sacramento
de esta pandemia
homicida.
16. Y de otra dolencia
dura
que hiere a nuestra familia,
de la Iglesia en que nacimos
hoy herida y
dolorida.
17. Jesús hablaba de
Gloria
y su Pasión ofrecía,
y a todos nos enseñaba
que el Padre así lo quería.
18. Y un aleteo muy suave
de mi corazón subía:
orar, sufrir, aceptar
y siempre sin rebeldía.
19. Orar sin desfallecer,
y entrar en la paz divina,
como testigo de amor,
y Dios tendrá iniciativa.
20. ¿Qué espera Jesús de
mí?
Una oblación muy sencilla:
Que me una de verdad
a la que él hace en la Misa. Amén.
Madrid, Semana Santa (29 marzo 2021)
No hay comentarios:
Publicar un comentario