jueves, 25 de marzo de 2021

1558. Anunciación 2021 – Ahora desde la cumbre

 

Ahora desde la cumbre - quiero cantar a María

Ayer miércoles, 24 de marzo, día anterior a la solemnidad de la Anunciación del Señor, el Santo Padre ha hablado de la Virgen como la que nos lleva a Cristo, como madre. María es la que nos enseña el camino (icono de la Hodiguitría). El Papa, con lenguaje sencillo y catequético, nos ha mostrado a María como Madre, nuestra Madre. Y desde el principio ha marcado ciertas líneas teológicas. Y ha dicho en concreto: “Cristo es el Mediador, el puente que atravesamos para dirigirnos al Padre (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2674).  Es el único Redentor: no hay co-redentores con Cristo. Es el Mediador por excelencia, es el Mediador. Cada oración que elevamos a Dios es por Cristo, con Cristo y en Cristo y se realiza gracias a su intercesión. El Espíritu Santo extiende la mediación de Cristo a todo tiempo y todo lugar: no hay otro nombre en el que podamos ser salvados (cf. Hch 4,12). Jesucristo: el único Mediador entre Dios y los hombres”. Y en determinado momento se ha expresado así: “la Virgen que, como Madre a la cual Jesús nos ha encomendado, envuelve a todos nosotros; pero como Madre, no como diosa, no como corredentora: como Madre”.

Bien sabemos que el Mediador es uno, que el Redentor es uno, que el Sacerdote es uno. Y con todo, se ha dado a María el título de “Mediadora” (Mediadora de todas las gracias), y hay un movimiento para darle el título de Corredentora.

“Según informaciones facilitadas el año pasado por el cardenal Juan Sandoval, arzobispo emérito de Guadalajara (México), en los últimos veinte años han hecho llegar un comunicado al Papa pidiendo la proclamación del dogma [de María Corredentora] 570 obispos (incluidos cardenales) de 79 países, miles de sacerdotes, religiosos y religiosas y 8 millones de fieles laicos” (Cari filii, 1 junio 2018).

En todo esto subyace un problema de primer orden en la Teología: Cuál es el puesto verdadero de la Madre de Jesús (San Juan nunca la llama María), en realidad revelada, y, en consecuencia, cuál es el legítimo lenguaje.

He aquí lo que de nuestra parte queremos cantar y decir en esta “Rima del Evangelio”, pensando que estamos en el sentir de la teología católica y de la Iglesia. María está en la confluencia de los misterios, María, por su participación materna en la Encarnación, es la “armonía de los misterios”. Y todo ello comenzó en la anunciación del Verbo Encarnado. Con este espíritu va esta rima del Evangelio.

Ahora desde la cumbre
quiero cantar a María,
y brindarle en mi cantar
humildad y valentía.

Quiero mirar a sus ojos,
a ella, la Hodiguitría,
la que al Hijo nos conduce,
que ella, Madre, es recta vía.

Quiero mirar a sus manos,
y siento que me acarician,
y sus labios en silencio
me están diciendo mi vida.

La Virgen de mi niñez
y la de Teología,
sabiéndolo o sin saber
es esa que Dios quería.

¿Qué es eso que yo aprendí
del Mester de Clerecía?
Que María, la creyente,
es de la fe la armonía.

Dios no creó el universo
como piezas divididas;
con las galaxias y estrellas
Dios creó la sinfonía.

Lo visible no es el todo,
que hay más lejos todavía,
ante el trono del eterno
hay quien canta melodía.

Lo visible y lo invisible
son un todo sin estría,
y la unidad que los une
es Nazaret, aquel “fíat”.

No sé decirte, oh Madre,
la más bella poesía,
prefiero callarme en paz
y recibir tu sonrisa.

Tu vida es la densidad
del Dios de las maravillas,
encarnación sin la madre
es cual la nada vacía.

Al predicar a tu Hijo,
yo lo diga o no lo diga,
lo que del hijo decimos
va también por la elegida.

Si Dios fuera sencillez,
la mujer es la Sencilla,
y si fuera gratuidad,
María es la gracia misma.

Vistas las cosas por fuera,
una más de la familia,
con los ojos del Espíritu,
la que al Hijo alumbraría.

Nada sé, y ya me callo,
sin soberbia, sin envidia;
cuánto gozo con saber
que es esto sabiduría.

Oh Virgen santa de amor,
sé propicia y compasiva,
adéntranos en la fe,

¡oh dulce Virgen María! Amén.

Madrid, Anunciación del Señor 2021.

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