Yo pido a Lucas su pluma
La
gran expedición misionera que Jesús organiza puede crear sus problemas a una
exégesis histórico-crítica, por ser praxis desconocida en los otros tres
Evangelios y en la vida de la Iglesia que aparece en las cartas. En una
auténtica exégesis espiritual es la misión de la iglesia como tal, la misión de
hoy, que no puede basarse en los recursos humanos, que son los que cuetan en
toda política, en toda mercadotecnia. La Iglesia tendrá siempre esta tentación:
acomodarse al modo de los triunfos humanos.
El
texto me está sugiriendo que yo tengo la misión de Jesús, y que esta misión, en
lo oculto y desconocido, es una misión de alcance universal.
Al
anunciar este mensaje a una comunidad de clausura, a un Noviciado, he recordado
a santa Teresa de Jesús, que unión su reclusión contemplativa a la expansión
del protestantismo, que se expandía por Francia:
“…Y
como me vi mujer y ruin e imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en
el servicio del Señor, y toda mi ansia era, y aún es que, pues tiene tantos
enemigos y tan pocos amigos, que esos fuesen buenos, determiné a hacer eso poquito
que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección
que yo pudiese y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo,
confiada en la gran bondad de Dios, que nunca falta de ayudar a quien por Él se
determina a dejarlo todo; y que, siendo tales cuales yo las pintaba en mis
deseos, entre sus virtudes no tendrían fuerza mis faltas y podría yo contentar
en algo al Señor; y que, todas ocupadas en oración por los que son defendedores
de la Iglesia y predicadores y letrados que la defienden, ayudásemos en lo que pudiésemos
a este Señor mío…” (Camino de Perfección I,2).
Yo pido a Lucas su pluma
y sus pies de mensajero,
que cantar quiero en romance
la misión del misionero.
¿De dónde sacó esta página
el dilectísimo médico,
que fue llamado a escribir
delicias del Evangelio?
Fue su propio retratista
quien fuera fiel compañero
de aquel indómito Pablo
que rompió caminos nuevos.
Es la misión de la iglesia
La misión que está surgiendo,
que puso en marcha Jesús
el Misionero del Reino.
El Padre tiene su campo,
los hombres del mundo entero,
la mies ha granado ya,
tanta, que no hay cosecheros.
La mies es mucha, hasta más,
y pocos son los obreros;
¡oh Padre, envía piadoso,
que tus campos están llenos!
Marchad, decía Jesús,
pero sin bolsa y dinero,
que a cuenta del Padre corre
el hospedaje y sustento.
Anunciad perdón y amor
y curad a los enfermos,
que el Reino de Dios es vida
de las almas y los cuerpos.
Dad gratis por todas partes
los bienes puros del cielo,
que el Hijo vino a la tierra
como el Hijo y heredero.
10. Y cread fraternidad
de cultura, raza y pueblos,
en torno a una mesa unidos
como hermanos verdaderos.
Ha de haber lobos voraces
y os mando como corderos;
no temáis, que el Reino se abre,
y en la Cruz fui yo el primero.
Y aquellos setenta y dos
cual campeones volvieron:
¡Hasta los mimos demonios
se rinden a nuestro imperio!
Mas una palabra suya
el divino Nazareno,
tenía para poner
al Padre amado en su puesto.
Alegraos, sí, y gozaos
con delicado consuelo,
no por el mal despeñado
que ese no es vuestro trofeo.
Alegraos, mis apóstoles,
porque Dios, el Padre bueno,
ha grabado vuestros nombres
en su pecho, muy adentro.
Y la ternura y la paz
serán el premio secreto;
venid, que ese es mi alivio
con un abrazo sincero. Amén.
Guadalajara, Jalisco,
domingo 3 de julio de 2022
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