domingo, 25 de octubre de 2026

20129 (1064) Jesús y su amada viña de Israel

 

 

 

Jesús y su amada viña de Israel

Mt 21,33-44

Texto

[En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:]

 33Escuchad otra parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. 34Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. 35Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. 36Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo.

37Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. 38Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. 39Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. 40Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». 41Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».

42Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? 43Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. 

Hermanos:

1. Avanzamos en la lectura del Evangelio según san Mateo, y el texto de hoy sigue inmediatamente a la lectura del domingo pasado, la parábola de los dos hijos enviados justamente a la viña de su padre. El hijo descarado que dice “No quiere”, pero luego se arrepiente y va; y el hijo sumiso y educado que dice: “Claro que sí, ya voy”, pero luego, por lo que sea no va.

¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? El que fue a trabajara a la viña, aunque de repente contestó muy grosero a su padre.

Recordad lo que dijimos: estamos en la Semana Santa, semana final de la vida del Señor, y Jesús está haciendo un balance de su ministerio. Y aquella terminación estremecedora, dirigida a las autoridades de Israel y a los fariseos, que eran los espirituales, los guardianes y maestros de la Ley: En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios.

Es terrible esta sentencia.

2. Pues hoy, hermanos, más de lo mismo, con el mismo mensaje, pero con unas notas particulares que penetran más en el fondo del alma, como lo vamos a ver con humildad, y contando con la gracia de Dios. Jesús ha fracasado en lo que más quería, y esto fue el dolor de su vida, y, definitivamente, esto fue el motivo de la condena en cruz y de su muerte. Jesús condenado por su propio pueblo, que había venido a salvar, y al que quería con toda su sangre y su alma.  El Sanedrín, la suprema autoridad religiosa de Israel, condenó a Jesús como indeseable, incluso como blasfemo de Dios.

Pero veamos los detalles.

3. Un propietario tenía una viña. Una imagen totalmente familiar en la cultura de aquel pueblo, y confió la viña, la arrendó a unos trabajadores. La viña – ya lo dicen los salmos y no una sola vez – es la casa de Israel; Israel es la viña de Dios. Señor, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa.

Una imagen entrañable que recogerá Jesús en sus discursos, como cuando en la Cena, en sus palabras de despedida, nos habla de la vid y los sarmientos.

A la hora de la cosecha, el propietario de la viña manda a sus criados a recoger los frutos que le correspondían. Y aquí comienza el drama: Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.

Estamos hablando de cosas religiosas, no de historietas para entretenernos. ¿Quién eran estos enviados? Los profetas. En todas las épocas Dios fue enviado profetas a su pueblo, hombres que les dieran la verdad, que les enseñaran el verdadero camino de la salvación. Pero tantas y tantas veces, lo mismo ayer como hoy, es muy mal oficio tener que decir la verdad. Cuando hay dureza y pecado se rechaza la verdad, y se quita de en medio, como sea, al que la dicesu Jesús nos lo ha advertido: el que quiera ser discípulo tiene que estar dispuesto a todo. Aquellos enviados terminaron fatal: apaleados, matados, apedreados.  A san Pablo le hicieron esto: lo sacaron fuera de la ciudad y lo apedrearon.

Segundo intento y el mismo resultado.

4. Y ahora viene el secreto de la parábola, lo que estremece el corazón, porque Jesús va a hablar muy claro: Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labrado-res, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.

Está contando Jesús su historia; más claro imposible.

Entrando más profundo en estos pensamientos, hemos de pensar que Jesús se sentía judío hasta el tuétanos de Israel. Su identidad de snagre iba unida a una identidad religiosa. El pueblo de Israel era el pueblo de Abraham, con una historia milenaria, al que Dios había confiado, precisamente a este pueblo, el don de la Ley, revelación de amor. Con ninguna nación obró así, decía el salmo 147.

Pero ahora Jesús veía cómo el proyecto de Dios había sido falsificado, precisamente por los dirigentes – las autoridades judías, los escribas y fariseos – que debían salvar este privilegio de Dios con este pueblo singular. Pero no le hicieron caso; hablando humanamente, diremos que fracasó.

Jesús es el Hijo enviado, el heredero, expulsado fuera de la viña y matado, como cuentan los Evangelio.

Cómo hubo de sufrir Jesús por este rechazo precisamente de su pueblo. Realmente la historia de Jesús de Nazaret ha sido un drama.

5. Pero hay más: Jesús escogió un grupo selecto de confidentes y amigos, sus doce apóstoles, que iban a ser el germen de su proyecto. Y uno de ellos lo traicionó. Más le valdría no haber nacido, dijo del modo más tremendo que se puede decir de una persona.

A lo mejor iríamo demasiado lejos, si nos desviamos en otros pensamientos semejantes que pertenecen a nuestra propia historia. Cada uno de nosotros tiene su propia identidad de nacimiento y de país, que va unida a toda una historia, a una cultura y, con frecuencia, a una religión. A los que me escucnan desde España les puedo decir, que un visitante que va a Cataluña y sube al monasterio de Monserrat, en aquella montañas rocosas, encuentra, al entrar en el área de la abadía, una inscripción en piedra que dice: “Cataluña será cristiana o no será”; es decir si Cataluña deja de ser cristiana deja de ser Cataluña. ¿Quién dijo esta frase? Un célebre obispo catalán en el siglo XIX, el obispo de Vic Josep Torres i Bages. Él veía  Cataluña como obra de Dios y no como mera convención humana. Cosa que determinadas corrientes políticas de ninguna manera lo aceptarían.

Cosa semejante podríamos decir de lo que ha sido la fe católica en la construcción de España a lo largo de los siglos, principio que en la actualidad la constitución española lo rechaza.

Estos pensamientos, hermano, a personas pensantes pueden hacerles sufrir mucho, al constatar cómo crímenes reales pasan a ser derecho legales de los ciudadano. En las última estadísticas oficiales, más de cien miel abortos legales han cortado la vida a esa criaturas que envían a ser ciudadanos en mi país con los mismo derecho que yo tengo.

6. Volviendo al texto directo del Evangelio. Jesús, judío, qué nos dice de la viña que él ha venido a cuidar y salvar. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».

Pues así va a ser, y Jesús es el primero en sufrir este drama. Claro que Dios quiere salvar a todos, porque todos son, somos, sus hijos.

Jesús va a pagar con suropia muerte la ingratitud de su propio pueblo. Nunca jamás podremos imaginar nosotros tanto dolor.

Vanos a detener aquí nuestras reflexiones, querido hermanos, y sacar las consecuencias personales. nosotros hemos sido favorecidos de ese don de la viña de Dios. Nosotros somos la heredad de Dios. Nosotros tenemos a nuestra disposición, gratis, los dones que Jesús nos ha traído del cielo. Sepamos verlos, sepamos reconocerlos, sepamos agradecerlos.

Jesús es nuestra riqueza, con su vida, con su doctrina, con su presencia que nos acompaña.

Señor Jesús, abre mis ojos y mi corazón a descubrir estas divinas realidades. Contigo poseemos todos los bienes; haz que yo sepa apreciarlos y disfrutarlos hasta el abrazo final que espero darte a la hora de mi muerte. Amén.

 

Pamplona, sábado 3 octubre 2026

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