2117 (1061) Jesús nos enseña la gracia del perdón absoluto
Mt
21-35
Texto
21Acercándose
Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces
tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». 22Jesús
le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta
setenta veces siete.
23Por esto, se parece
el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus
criados. 24Al
empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. 25Como no tenía con
qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su
mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. 26El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten
paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. 27Se compadeció el
señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
28Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. 29El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. 30Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. 31Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. 32Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. 33¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. 34Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. 35Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Hermanos:
1. Seguimos reflexionando sobre
la imagen de la Iglesia que Jesús ha presentado, que es la comunidad que
nosotros debemos ir creando, con la ayuda y presencia de Jesús, pues se trata
de su Iglesia.
El Evangelio que acabamos de
escuchar sigue inmediatamente a la última frase del Evangelio del domingo
anterior: Donde dos o tres están reunidos
en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Insistíamos en que la
Iglesia no es la Iglesia de Pedro, sino la Iglesia de Jesús, “mi Iglesia”. Por
eso, por ser su Iglesia, que Él sigue cuidando desde el cielo, la Iglesia tiene
la garantía de perseverar hasta el final, hasta la vuelta del Señor.
Es bellísimo el panorama que Jesús nos ha ofrecido de su obra, pero cuenta con que somos pecadores, y que hay que perdonar. De esto hablábamos.
2. Ahora, de este asunto, Pedro,
especial responsable, pide una aclaración, porque ya sabemos que las cosas
tienen que tener un límite justo y razonable. Comienza, pues, el Evangelio,
diciendo: Acercándose Pedro a Jesús le
preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?
¿Hasta siete veces?».
Siete veces es mucho, acaso
muchísimo, porque dice el refrán: A la tercera va la vencida. Incluso, hay otro
dicho: Una y no más; y se entiende: que si no, me lo pagarás.
Y ahora Jesús responde de repente con una frase curiosa que se inventa: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. No lo dice para que saquemos la computadora y hagamos la multiplicación: 7 por 70 igual a 490…, sino para que entendamos esta verdad, que de repente no se entiende: Perdonar, si se pide perdón, hay que perdonar siempre, absolutamente siempre.
3. Antes de entrar en los
detalles de la parábola, detengámonos en este punto. Jesús ha explicado que si
uno ha cometido un pecado serio, tiene que reconocerlo, es decir, confesarlo
y pedir perdón. Si uno no quiere
reconocerlo después de aquellas tres instancias de que hablábamos – a solas,
con dos o tres testigos, y la mimsma comunidad - , entonces, considéralo ya
fuera de la comunidad. Él no ha querido ser hermano; él queda fuera de la
comunidad.
Uno es excluido por un pecado muy grave que no ha querido reconocer, y expulsado de la comunidad.
4. Pero si un día dice: Fui un
necio, me arrepiento de lo que hice, quiero volver a la Iglesia, la iglesia
tiene que aceptarlo. La Iglesia es su familia y tiene que aceptarlo; la Iglesia
es su familia, es su casa.
Recordad, hermanos, aquello del
hijo pródigo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco
llamarme hijo tuyo, trátame como uno de tus jornaleros. Y así piensa su
hermano.
Pero el padre dice: De ninguna manera; vamos a celebrar un banquete, porque, al fin, ha vuelto mi hijo. Esta y no otra es la Iglesia que quiere Jesús, la Iglesia del perdón y la acogida.
5. Pero en esta parábola
profundizamos en lo que es el milagro del perdón. Jesús, que habla al pueblo
campesino, se inventa una fantasía, un cuento de algo que no ha existido en la
realidad; pero que, a lo mejor, en otra realidad muy verdadera sí que está
existiendo.
Dice, pues el Señor: Que había un
rey, allá en oriente, y que quiso poner orden con sus magnates. Le presentaron
a uno que le debía 10.000 talentos. ¿Qué son 10.000 talentos? Una cantidad que
es difícil imaginar en neustras cuentas bancarias, porque no tenemos monedas de
comparación. Recuerdo que en una versión anterior habían puesto: Muchos
millones. Pero es mejor que las cosas queden como las dijo Jesús. Y luego había
otro deudor, que acaso nos dé la clave de estas cuentas. Otro duedor le debía, a su vez a este
magnate, 100 denarios. Dicen los que han estudioado estos monetarios que 100denario con respecto a
10.000 talentos es la diferencia de uno a un millón. Y con este cálculo ya
podemos entendernos mejor.
Jesús habló varias veces de
denarios. Un denario era un sueldo diario de un trabajador sencillo. 100
denarios serían el sueldo mínimo de cien días de trabajo de un trabajador
sencillo, no especializado. Vamos a hablar con euros, aunque no podamos gaan
tizar de que las cifras son exactas. Uno debía cien denarios. Si ganaba 1.500
euros al mes, 50 al día (por un suponer), el sueldo de dien días serían 5.000
euros. Este era el segundo deudor; pero el primero, el de los 10.000 talentos
era un millón de veces más. Es decir. El primer deudor, este gran magnate, le
debía al rey 5.000 millones de euros. ¿Quién tiene esa cantidad?
El rey pide cuentas. El gran
deudor no tiene para pagar, y entonces el rey poderoso ordena que lo vendieran
a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. Repito:
es un cuento para decir luego una verdad.
Y dice Jesús: que el hombre arrojándose a sus pies, le suplicaba
diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
No le dice que se lo perdone,
sino que aguarde.
Y ahora viene un milagro: el rey se lo perdonó todo. Pero aquí no termina la historia, porque ahora viene lo feo.
6. Porque resulta que este señor
también tenía sus negocios, y un deudor le debía cienco dólares, 5.000 euros.
Pero de pronto el hombre no tenía a mano ese dinero, y fíjense la frase que
había dicho antes: que el hombre a sus
pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Pero aquel magnate, aquel deudor
perdonado, no tenía corazón, y dijo: De ninguna manera, que me lo pagfue ahora
mismo, porque me lo debe, y si no, a la cárcel.
Y la historia termina de una
manera tremenda. Que la gente de su entorno, indignada, fue a contárselo al
rey. Y rey, furioso, ordenó: Ahora no perdono.
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda”.
7. Esto es un cuento, una
parábola, hermanos. Pero no es un cuento lo que ahora viene. Dice Jesús en
conclusión:
Lo
mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón
a su hermano.
La conclusión es demasiado seria.
Pensémosla. Ya los antiguos nos habían dicho cosas muy hermosas y verdaderas
sobre el perdón, como nos o recuerda la primera lectura de hoy:
Si un ser humano alimenta la ira
contra otro,
¿cómo puede esperar la curación
del Señor?
Si no se compadece de su
semejante,
¿cómo pide perdón por sus propios
pecados?
Si él, simple mortal, guarda
rencor,
¿quién perdonará sus pecados?
Piensa en tu final y deja de
odiar,
acuérdate de la corrupción y de
la muerte
y sé fiel a los mandamientos.
Entonces Jesús, ¿qué hace?
¿Simplemente repite lo que otros ya habían dicho? No, hermanos, Jesús habla de
“mi Padre”. Mi Padre es el que perdona, el que perdona todo y lo perdona
siempre, porque yo, que soy su hijo, he pagado la deuda contraía por mis hermanos.
Jesús ha muerto para el perdón de nuestros pecados. Y a Él le debemos eterna
gratitud.
Hoy san Pablo nos dice: Si vivimos, vivimos para el Señor; si
morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor.
Este es el mensaje. Yo, pecador, he sido perdonado, y Jesús, mi hermano, me ha abrazado y me ha dado un puesto en casa, para vivir siempre con él. Yo perdono a todos los que me hayan ofendido y pido perdón a todos los que haya podido ofender. Jesús es nuestro hermano, y solo así podemos ser felices.
Señor
Jesús, tú nos has enseñado las maravillas del perdón; haz que vivamos siempre
en la gracia que tú nos has traído, el perdón absoluto hasta el cielo. Amén.
Pamplona, 12 de septiembre de
2026.
No hay comentarios:
Publicar un comentario