domingo, 25 de octubre de 2026

2114 (1058) Jesús dice a Pedro: Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia

 

2114 (1058) Jesús dice a Pedro: Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia

 

Jesús dice a Pedro: Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia

Mt 16,13-20

Texto

 13Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». 14Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». 15Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». 16Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». 17Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.  19Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». 20Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

 

Hermanos:

1. Estas palabras que acabamos de escuchar nos trasladan a uno de los momentos más sagrados de la vida de Jesús y son para nosotros el texto más representativo de la Iglesia que Jesús ha querido. Para saber exactamente qué es la Iglesia, no se puede prescindir de otra pregunta equivalente: Quién es Jesús. Jesús y su Iglesia son lo mismo. La Iglesia es la obra que Jesús ha querido realizar en su vida. Cuando Dios todo poderoso creó al hombre, sacándolo de la nada, lo hizo a imagen y semejante de él; somos imagen de Dios, semejanza de Dios. Pues del mismo modo, Jesús fundó a su Iglesia a su imagen y semejanza, y la hizo Iglesia santa, porque él es santo. Tratemos de entrar en este inefable misterio. 

2. Jesús, en un cierto retiro, apartado de la gente, quiso dar una revelación especial a sus Doce discípulos. Una revelación tan misteriosa que, al final, les prohibió que lo dijeran a la gente. Termina el Evangelio: Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

El que no sabe que Jesús es el Mesías, el enviado de Dios, el Hijo amado del Padre, no puede saber qué es la Iglesia.

3. ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Las opiniones de los hombres han sido y son diferentes. Todos ven que él es un ser misterioso, pero no aciertan en lo que verdaderamente es.  Unos (dicen) que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.

En otro lugar del Evangelio se nos dice que Herodes pensaba que era Juan el Bautista, a quién él había ordenado matar. Ninguna de estas respuestas es la verdadera. Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?  

Habla Simón, que toma la palabra decidido e inspirado, y dice proclamando: ¡Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo! ¿D3e dónde podía saber Simón esa respuesta? De sus estudios, de su universidad, no, porque estudios no los tenía, ni era rabino ni hijo de rabinos. De su santidad, tampoco, porque Simón ni era profeta ni era precisamente un santo, aun siendo buena persona.

Jesús se no lo dijo, y la palabra de Jesús fue la primera revelación: ¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Esta es una revelación no menor que la revelación que Moisés había recibido en el Monte Sinaí, cuando Dios le comunicó la Ley divina de la Alianza que Él había establecido con su pueblo. Es la mayor revelación que hasta ahora se había dado al mundo.

Y esta verdad debemos mantenerla íntegra hoy: a Jesús solo se le puede conocer por revelación del Padre.  Ya puedo ser yo un estudioso dedicado toda la vida a estas cosas, profesor de universidad y escritor de sabios libros. El conocimiento de quién es Jesús solo me lo puede dar el Padre del cielo. Solo Dios, el Padre, conoce quién es su Hijo; solo Él lo puede revelar.

4. Pero ahora viene la segunda revelación, igual a la primera, cuando Jesús añade, como palabra que sólo él puede decir: Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. 

Esta misteriosa palabra de Jesús ha dividido dramáticamente a los que nos profesamos discípulos de Jesús, cristianos, arguyendo que no puede significar tanto como pretende la Iglesia Católica. Y hace más de mil años estamos divididos.

Bien que Jesús diera uno poderes especiales a Simón, a quien le cambió el nombre y le llamó, Piedra, Kefá o Cefas, como en alguna ocasión lo llama san Pablo. Pero estos poderes fueron  un privilegio personal para él y no pasaron a sus sucesores.  Pero los Católicos decimos que no fueron simplemente personales, que Jesús está pensando en su Iglesia como tal y mientras exista la Iglesia, hasta la vuelta del Señor. En esta fase que Jesús dirige a Simón, la palabra principal sobre la que hay que poner el acento no es “Tú eres Padero”, sino “Yo edificaré mi Iglesia”.

 Jesús va a edificar su casa para todos los siglos: e, como podía haber hablado centro espiritual de la alianza ya nao va a ser Jerusalén, cantada por los profetas y por la literatura espiritual que siguió a los profetas. El centro espiritual va a ser “mi Iglesia”. Jesús nunca  habló de Roma ni de otra ciudad, como podía haber hablado; porque no se trata de ninguna ciudad, por gloriosa que pueda ser. Se trata de una comunidad, “mi Iglesia”, “mi familia”.  Mi Iglesia está constituida por mi Presencia y mis Discípulos. Esa es la única Iglesia de Jesús, la que no puede fallar hasta su vuelta. La Presencia de Jesús en jamás de los jamases nos puede fallar, y donde está Jesús está todo el amor del Padre y el abrazo del Espíritu Santo.

Simón Pedro con mucha sinceridad le dijo a Jesús en la Cena: aunque todos te nieguen, yo nunca. Lo decía con sinceridad, pero con soberbia. Y a las pocas horas, aquella misma noche, ante las palabras de una criada, Pedro le dijo que no sabía de qué le estaba hablando, que no conocía a ese personaje. Si pedro hubiese sido el fundamento de la Iglesia, en ese momento la iglesia se habría derrumbado. Pero hay una Presencia que no se retira, y esa Presencia es Jesús. Pase lo que pase, la Iglesia será la presencia de Dios en mediod e nosotros, el don de la Encarnación que se prolonga por los siglos.

Vino Martín Lutero, un monje de la Orden de san Agustín, talento superdotado. Quiso corregir los abusos de la Iglesia, que eran en buena parte verdaderos; pero su soberbia le perdió, acaso también otras tendencias de pecado, acaso la impureza. Que la Iglesia nos e basa en la inteligencia de ningún hombre, sino en la humildad, que produce la Presencia de Jesús.

El año pasado, 2025, se cumplían 60 años de los decretos del Concilio Vaticano II sobre los decretos en torno a los Sacerdotes y en torno a los Seminaristas, y el Papa aprovechó la ocasión para escribirnos sobre la Fidelidad, que es nuestro futuro, si va unidad a la conversión constante. Ese es el camino: la sencillez y la humildad, que hemos de mantener con la conversión de cada día. Entonces sí se manifestar que Jesús es la Presencia que nos hace felices.

Estoy pensando y diciendo estas cosas desde mi diócesis, venerable diócesis desde tiempo de los romanos, donde es honrado el gran poeta cristiano Aurelio Prudencio, y junto a la Pila Bautismal de mi pueblo donde yo recocí la gracia del bautismo a los pocos días de nacer.  Hoy mi diócesis no tiene ningún seminarista. Y he visto con dolor que en estos diez últimos años algunos presbíteros han dejado el ministerio.

Compartimos esta situación, pero no el desaliento. Porque nuestro futuro no está en tal o cual personaje, sino en la presencia de Jesús, que sigue asistiendo, que sigue llamando.

Dichoso tú, Simón. Porque eso que me estás diciendo no te lo has inventado tú, sino que te lo ha inspirado mi Padre que está en los cielos. Sobre esa Palabra del Padre que tú has pronunciado, Yo edificaré mi Iglesia.

Esa la Iglesia que está edificando Jesús, y esa Iglesia, que tiene las llaves del reino de los cielos, somos nosotros.

 Señor Jesús, nos sentimos felices por pertenece a tu santa Iglesia. Que tu presencia sea nuestra fortaleza; que nunca  nos apartemos de la sencillez y la humildad. Amén.


Alfaro (La Rioja), Parroquia de San Miguel Arcángel, 21 agosto 2026 [S. Pío X, Papa].

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