domingo, 25 de octubre de 2026

2116 (1060) Donde dos o tres están reunidos en mi nombre

 

2116 (1060) Donde dos o tres están reunidos en mi nombre

  

2116 (1060) Donde dos o tres están reunidos en mi nombre

Mt 18-20

Texto

 15Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. 16Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. 17Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. 18En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos. 19Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. 20Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

 

Hermanos:

1. Hace dos domingos nos preguntábamos qué es realmente la Iglesia, al escuchar la confesión inspirada de Pedro en Cesarea de Filipo y decirle Jesús: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré la Iglesia.

Nos aclarábamos e insistíamos en que la Iglesia no se sustenta sobre la piedra de Pedro, porque esta piedra puede fallar, sino sobre la presencia de Jesús, que nunca nos ha de fallar. Yo construiré mi Iglesia, terminaba Jesús. La Iglesia no es la Iglesia de Pedro, que falló y negó cobardemente a su Maestro, sino sobre la presencia firme y misericordiosa de Jesús. Pase lo que pase, Jesús ha de estar siempre con nosotros, y esta es nuestra seguridad absoluta.

2. Creo que no hacemos traición a los textos sagrados, si ahora desde este esquema interpretamos el Evangelio que acabamos de escuchar. Jesús nos habla, con consejos diversos, sobre este plan de su Iglesia. Su Iglesia se define como una comunión de amor.  Entre unos y otros somos hermanos, es decir, miembros de una misma familia, pero hermanos pecadores. Y ¿qué puede suceder? Lo que puede suceder, y sucede, es que unos a otros nos ofendemos. Y una ofensa es una quiebra en el amor, que hay que restaurar.

Si mi hermano me ha ofendido… si tu hermano ha pecado contra ti, dice claramente el texto, ¿qué debemos hacer? Hablar y resolver entre los dos el asunto. Es un duro encuentro; mi hermano me ha ofendido, y yo me puedo quejar y reprenderle para hacer las paces: “repréndelo estando los dos a solas”, dice el texto. La verdad por delante. No se resuelven las cosas diciendo: No, no ha pasado nada, que lo mejor ha pasado mucho. Una calunia puede destruir una vida…

“Arreglaos a solas”, dice Jesús. Y Jesús intrduce la maravillosa palabra del perdón; debemos perdonarnos. El perdón no es de persona débiles e impotente. El perdón es propio de persona nobles.

Este es uno de los secretos de la vida cristiana: saber perdonarnos. Por eso Jesús lo lo puso dentro del Padrenuestro: Padre, perdónanos nuestras deudad como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Debemos perdonarnos, hermanos; y muy especialmente a la hora de la muerte; que pasemos al otro mundo sin ningún rencor en nuestro corazón.

3. Pero volvamos otra vez al detalle: en el conflicto la cosa hay que resolverla a solas, a ser posible, sin que pase hacia afuera, sin hacer drama de los sucedido.

Con todo, puede ocurrir que esta solución no se alacance, porque dos no se entienden si uno no quiere.  La cosa se ha puesto seria, y entonces hay que llamar a dos testigos. Eloos, ajenos a lo que ha pasado, pueden dar un veredicto con imparcialidad.

Pero el pecado es pecado, y cuando ele pecado se retuerce y retuerce sobre sí mismo, lo que tendría que ser solución no lo es; y, al contrario, las cosas se empeoran.

4. Si esto ocurriera hay que dar el tercer paso: díselo a al comunidad, la Iglesia. La Iglesia es auna comunidad de amor, de doctrina, de culto y de oración; pero siendo una comunidad completa también tiene la facultad y el poder de decir: esto vale y esto no vale.  No se asdmite eso de que cada uno tenga su opinión y todos en paz; es no es la paz que Jesús ha traído.

Por lo tanto, si ni siquiera hace caso a la Iglesia, ¡fuera!, ya deja de ser hermano. Dice Jesús: considéralo como un pagano o un publicano. Frase muy dura, pero del todo verdadera y del todo necesaria.

Si la Iglesia no es comunión, es una comunidad rota y deja de ser lo que es, pìerde su propia esencia, se descompone a sí misma. Es una drama que sufrimos, el principal drama. La Iglesia de Jesucristo es unidad de fe y de amor. Y entonces existe la comunión. Esta rotura ha existidos desde siglos, existe, y existe también la amenaza de nuevas rupturas con los problemas que van apareciendo.

Justamente la función primerísima del Papa es hacer la unidad, y lo que se ha propuesto este papa León XIV, como lo dijo en su primera homilía y presentación al mundo, fue esto: hacer la unidad. Incluso, antes de ser Papa había escogido como lema una frase de san Agustín, que dice: In Illo Uno unum, es decir: en Aquel que es Uno, que es Jesucristo, seamos Uno.

5. Pero sigamos con el Evangelio, que dice: Si no os hace caso, comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos. Repite lo que ya había dicho a Pedro.

Pero ahora viene lo más bonito; escuchemos y grabemos esta frase para siempre dentro de nuestros corazón: Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Para comprenderla mejor en su contexto, recordemos que Jesús de niño y de mayor iba los sábados a la sinagoga de su pueblo de Nazaret. Y cuando ya en la vida pública predicó en la sinogaga de su pueblo, dicen los Evangelios que un sábado fue a la sinagoga “según su costumbre”.

La sinagoga y la observancia del sábado ha salvado la fe de Israel a través de los siglos, y no ha desaparecido como han ido despareciendo las religiones de griegos y romanos. En la sinagoga se conservaban y se veneraban los rolos sagrados: la Ley, los Profetas y los Hagiógrafo, Torá, Nebihim y Ketumbim, como los llaman los judíos. Los tres unidos, j7ntando la primera letra de cada una de estas palabras, se dice la TaNaK, y estos on son las santa Escrituras.  La sinagoga es el lugar donde se escucha la Palabra de Dios y se ora.  Una sabio judío dijo: Donde haya diez judíos tiene que haber una sinagoga.  Y cuando se junta un determinada número para orar (creo que tienen que ser diez) viene entre ellos la Shekináh, es decir, la Presencia de Dios.

6. Jesús ha sido educado en este espíritu, y cuando funda su Iglesia, ¿va a tomar este esquema? Sorprendentemente nos dice lo que acabamos de escuchar: Que donde estén dos (mejor tres) reunidos en su nombre, allí está él.

Jesús nunca nos dijo que su Iglesia va a ser una institución potente. Basta dos o tres y ya son Iglesia, y él será la Shekiná, él será la misma presencia de Dios. Asume él su ser divino para decirnos que eso es la obra de Dios.

Evidentemente que con el correr de los siglos la Iglesia se formará con sus errvicios e instituciones. Pero nunca olvidemos esta raíz: Donde están dos o tres reunidos en su nombre, allí está él. Esa es su Iglesia.

Y al estar en unión y comunión con Jesús estamos en comunión con el Padre; por eso Jesús nos garantiza que lo que pidamos ene sta comunión de amor, se nos concederá.

Esto es maravilloso; esto es para meditarlo y volverlo a meditar hasta que se nos llene el corazón de paz y de confianza. Imaginad a dos o tres hermanos, o una familia, enviados a misión a tierras no cristiana. Acaso de momento no tienen la Eucaristía, si no hay un sacerdote, pero sí tienen la Presencia de Jesús, que es lo que radicalmente constituye la Iglesia, y sí cuentan con el poder infalible de la oración, porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos. 

Señor Jesús, una vez más, gracias por tu dvina enseñanza, que llena el corazón de consuelo. Tú están en mediod e nosotros en todos los sagrarios de la tierra. Y aunque no tuviéramos sagrados tú están donde dos o tres se reúnen en tu nombre. Haz que sintamos siempre tu divina Presencia, y que de esa Presencia brote el amor que nos une. Amén.

 

Pamplona, sábado 5 de septiembre de 2026.

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