sábado, 31 de octubre de 2026

2124 (1068) Dom XXXI A – Todos los Santos

 

Cristo, corona de Todos los Santos

Mt 5,1-12a

Texto

Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

 

Hermanos:

1. Al escuchar hoy la Palabra de Dios, vemos cómo las lecturas que habrían correspondido a este domingo (XXXI del tiempo ordinario) han sido sustituidas por las que pertenecen a la Solemnidad de Todos los Santos. Una fiesta que ha cundido popularmente por todas partes, y que al mismo tiempo la asociamos a la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos, que será mañana, 2 de noviembre. Hoy tantas personas irán al cementerio a honrar a sus muertos y pedir por ellos. Son dos celebraciones distintas, aunque instintivamente la asociamos, con la confianza de que quienes hoy son difuntos pasarán al coro triunfal de todos los Santos.

Con sabiduría espiritual podemos comenzar preguntándonos qué celebramos, y por qué celebramos. Tenemos que aclararnos.

El catálogo de Santos canonizados por la Iglesia Católica es larguísimo y va engordando año tras años. Además de ello las diócesis y las órdenes religiosas tienen sus santos, canonizados por la Iglesia, que no han pasado al Calendario General de la Iglesia, así, por ejemplo, nosotros capuchinos tenemos un Santoral de santos y beatos, reconocidos por la Iglesia, que los celebramos litúrgicamente, pero que no figuran en el Calendario general.

Este mismo viernes pasado la prensa navarra nos sorprendía con la noticia de que han introducido la acusa de beatificación de don Javier Osés. Pero si hemos conocido a este digno y simpático sacerdote, que fue un tiempo Rector del Seminario de Pamplona. Y terminó siendo obispo de Jaca y de Huesca. Al cumplir los 75 años presentó su renuncia, y al poco tiempo moría por efecto de un cáncer. Era navarro, de Tafalla. Si todo va por buen camino, un día podría estar en los altares, y ya no sería don Javier Osés, sino el Beato Javier Osés. El proceso diocesano ha sido introducido en su diócesis de Huesca.

La Guerra civil española venía de una auténtica persecución religiosa. Se habían quemado imágenes, iglesias, conventos, y tantos, tantísimos, - curas, frailes, monjas y seglares - fueron matados por ser lo que eran, católicos convencidos, no por delitos probados que hubiesen cometido. Después de decenios, cuando las cosas se calmaron, comenzaron poco a poco las beatificaciones y hoy son más de 2.000 los que están en los altares.

2. Entonces, hermanos, cuando decimos Todos los Santos, ¿qué queremos decir?, ¿qué queremos celebrar?

Algunos podrán pensar: Son de verdad santos todos los que están, pero no están todos los que son, y hoy queremos meter a todos, sin olvidar a nadie, aunque no sepamos los nombres. Pus no es este, no, el sentido de la fiesta. No pensemos que en el cielo hay grados, escalafones, como en una universidad, donde hay estudiantes que están haciendo una carrera, licenciados y doctores. Los santos serían los que han alcanzado el primer rango, vendrían luego, los de segundo, los de tercera, los del común. La Iglesia nunca ha dicho, ni jamás podrá decir: San Francisco es más santo que aquel cura corriente que le hicieron mártir porque le sorprendieron celebrando misa.

Hermanos, nos equivocamos si nosotros queremos establecer categorías de santos. Solo Dios conoce los corazones, solo Dios sabe.

Además, sin que esto sea ninguna broma, tenemos que decir que en el cielo no hay Santos; los santos son para la tierra. En el cielo no hay obispos, no hay vírgenes, no hay casa ni solteros, no hay maridos ni mujeres.

Una vez le pusieron a Jesús una consulta que era una trampa. Había una mujer que se casó con un hombre, y este marido murió sin dejar hijos. Para cumplir la Ley entonces la mujer se casó con el hermano del difunto para dar descendencia; pero ocurrió lo mismo, y así siete veces. Entonces, en la resurrección de los muertos, ¿cuál será el marido, porque fueron los siete?

Y Jesús dijo: Estáis en una ignorancia total. El cielo será otra cosa. El cielo es un mundo nuevo. En el cielo no hay maridos ni mujeres, no hay parejas, no hay padres, hijo abuelos, y bisabuelos. Será algo mucho más hermoso que no podemos imaginar. En el cielo seremos divinamente hijos de Dios.

 

3. Sigamos, pues, diciendo quién es santo. Cuando los domingos proclamamos el “Gloria” en la misa, le decimos a Jesucristo: porque solo tú eres santo, solo tú Señor, solo tú Altísimo, Jesucristo, en la gloria de Dios Padre, Amén.

Hoy queremos celebrar la santidad de Jesús, que se expande sobre todo su pueblo santo. Todos los cristianos somos santos, porque, mediante el bautismo y la gracia participamos de la santidad de Jesús. Somos santos, somos consagrados a la santidad de Dios; somos hijos en el Hijo, hemos sido deificados.

En la primera carta que escribió san Pablo, que es la primera carta a los Tesalonicenses, es decir, a los cristianos de la ciudad de Tesalónica, en Grecia, les llama “hermanos santos”. No es un cumplido, no es una cortesía para capatar su cariño y benevolencia. Es la confesión de la dignidad que cada uno llevamos dentro. Somos hermanos santos, porque hemos sido santificados por el contacto con Jesucristo.

Somos santos, hemos nacido para ser contagiados con la santidad de Jesús y vivir santamente hasta la muerte.

El mismo san Pablo, que les había saludado diciéndoles “hermanos santos”, al final de la carta les dice:

 

“Que el mismo Dios de la paz os santifique totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, se mantenga sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que os llama es fiel, y él lo realizará”.

Ya veis, pues, hermanos, cuál es el ideal de nuestra vida cristiano: vivir en ese amor con todas las consecuencias, que eso es la santidad. Es como si uno dijera: Yo siempre he querido a mis padres, y cada día les quiero más; creo que no les he faltado al respeto nunca, y hasta les he ayudado en sus necesidades y en su enfermedad.

 

4. Para expresar el ideal de santidad, en esta solemnidad de Todos los Santos se escoge el Evangelio de las Bienaventuranzas. Las Bienaventuranzas no son unas reglas de conducta, unas virtudes que debemos practicar.

¡Bienaventurados, dichos, felices… vosotros, los pobres de espíritu, porque Dios os ha dado el Reino de los cielos!

Jesús nos está hablando a los jefes y prominentes del pueblo, sino a la gente sencilla que le sigue.

Jesús nunca dijo: Dichosos los ricos, qué suerte tienen… Con el dinero se abren todas las puertas, y hasta la política funciona con el dinero y la corrupción.

Jesús está viendo lo que Jesús está haciendo en el mundo, y ve que la vida es un milagro, si uno se deja conducir por Dios.

Jesús nos dice que los limpios de corazón verán a Dios, ya lo están viendo.

Dichosos los que lloran por lo que hay que llorar

Dichosos los perseguidos por defender causas nobles. Jesús murió por eso, por defender el verdadero Reino de Dios.

Y cuando se recordaban estas cosas, los primeros cristianos ya habían padecido la primera persecución en tiempos de Nerón; luego habían de venir otras, y más feroces.

Y así entendemos aquella visión que tuvo san Juan. Desterrado en la isla de Patmos, que no ha contado en el Apocalipsis: “Después de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con voz potente:«¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!».

Estamos celebrando esa victoria de Cristo.

 

En el siglo IV las Iglesias cristianas de Oriente comenzaron a celebrar en una fiesta a todos los santos mártires, como fiesta pascual. Con el correr de la historia también se fue celebrando en los pueblos de Europa.  Y en el siglo IX, es decir, en los años ochocientos y tantos, y así hace más de mil años estamos celebrando la fiesta de todos los santos.

 

Glorifiquemos a Cristo, corona de todos los santos. Y pidámosle que brille la santidad en todos los estamentos de la sociedad. Naturalmente que un empresario tiene que ser santo, y necesitamos que sea empresario, que pueda ranos trabajo y prosperidad, y que sea santo, que una cosa no va en contra de la otra. Pidámosle que nos dé gobernantes santos,q ue un día la Iglesia los pueda poner en los altares como modelos e intercesores.

Y, sobre todo, hermanos, pidámosle que to, es decir, cada uno que me escucha sea santo. No hace falta que sea conocido ni

 Pretendo ser modelo de nadie. Pero sí quiero ser santo, agradar en todo a Jesús y servir a mis hermanos, que eso es ser santo.

 

Señor Jesús, tú solo eres santo, y a ti te glorificamos por toda la eternidad. Yo quiero ser santo, y te pido que tu santidad envuelva mi vida. Yo quiero ser santo como esos santos y santas que he conocido en mi vida, que no van a estar en los altares, pero que son el resplandor de tu gloria. Tú solo eres santo, tú eres la corona de todos los santos. A ti la gloria por toda la eternidad. Amén.

 

Pamplona, 31 octubre 2026

domingo, 25 de octubre de 2026

2123 (1067) Dom XXX A – El amor, que sustenta la Ley y los Profetas

 

2123 (1067) Dom XXX A – El amor, que sustenta la Ley y los Profetas 

El amor, que sustenta la Ley y los Profetas

Mt 22,34-40

Texto

34Los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar 35y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: 36«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». 37Él le dijo: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. 38Este mandamiento es el principal y primero. 39El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. 40En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».

Hermanos:

1. Todas las palabras de Jesús tienen a misma dignidad, porque todas son palabras del Hijo de Dios, palabras perfectas, que traen al corazón revelación y paz.  Tantas veces lo hemos dicho, añadiendo a demás que ciertas palabras tienen un atractivo especial, porque son síntesis y resumen todo. Y así ocurre con el texto de hoy, que es uno de los pronunciamientos que Jesús hace al final de su vida. Estamos en la Semana Santa.

El amor, nos dice Jesús, es el resumen de todo. Algún día después, en la Cena del Jueves Santo, Jesús dirá como despedida: os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como Yo os he amado.

San Pablo, repitiendo lo que Jesús ya había dicho, escribió a los cristianos de Roma estas palabras:

“A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho, el no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor” ( Rom 13,8-10).

 

2. Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal? En el monte Sinaí,

Dios, el Dios de la revelación y del amor, el Dios de la Alianza, que eligió a un pueblo para manifestarle los deseos de su corazón, les dio los Diez Mandamientos, el Decálogo, escrito en Tablas de piedra. Pero para mejor cumplirlos vinieron después, por medio de Moisés, muchos preceptos y mandatos del Señor, que se contienen en los cinco primeros libros de la Biblia, que llamamos el Pentateuco. Con el correr de los siglos los judíos habían contado uno a uno todos los mandamientos y preceptos de la Biblia, y salía nada menos que 613, aunque no todos de la misma importancia. Había muchos mandamientos referentes a lo puro e impuro de cara al culto, lo que se podía comer y no se podía comer, y muchos preceptos referentes a reglas de purificación sexual, referentes, en especial, a la mujer.

Y todos estos mandamientos eran todos ellos sagrados, porque manifestaban la voluntad precisa de Dios en todos los detalles. Si yo amo de verdad a unas personas, ya sé que detalles son los que le gustan, y en esos detalles quiero agradarle, en todo.

3. ¿Cuál es el principal mandamiento? La pregunta es buena, y  nes.

Y un rabino erudito y piadoso nos podría responder: El primer mandamiento de Dios es justamente el primero que aparece en los libros sagrados con estas palabras: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó. 28Dios los bendijo; y les dijo Dios: «Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla” (Gen 1,27-28). El matrmonio es un vínculo de amor entre un hombre y una mujer, y es un proyecto de procreación. Por medio del matrimonio se continúa la obra de Dios en el mundo. El mundo judío ortodoxo sigue pensando de esta manera, y nos pueden decir cosas admirables de la santidad y belleza del matrimonio. El matrimonio no es un consejo; es el primer precepto del Señor.

Es cierto también que en este liberalismo en el que hoy  se debate la humanidad, una corriente judía no ortodoxa te dirá que es posible también el matrimonio entre homosexuales, porque entre homosexuales se lleva a cabo la vinculación en el amor, objetivo supremo del matrimonio.

No entramos en estos temas, sino que nos centramos en el asunto: el primer mandamiento es el matrimonio, porque el matrimonio, y solo el matrimonio salva a la especie humana.

Otros sabios judíos nos podrá decir: No, el primer mandamiento es la observancia del Shabbath, del Sábado. Porque la Palabra de Dios nos dice que Dios creó el mundo en siete días, y el séptimo descanso, lo reservó para sí. Dios creó el Sábado, y esa es la principal maravilla, y es lo que Dios nos manda, que el sábado lo consagremos a él.

4. Jesús nos responde de otra manera. Lo había dicho la Biblia: “Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Deut 6,4-5).

Amar a Dios es la cosa más grande que puede hacer el hombre, amar a Dios. Ahora bien, no está dicho todo, si no se dice, acto seguido lo que vamos a escuchar: Y a tu prójimo como a ti mismo. Y las dos cosas están unidas y son inseparables: una no puede existir sin la otra. Es decir, mirada la vida hacia arriba o mirada en derredor, lo que tenemos que hacer es una sola cosa: amar.

5. Decididos a ir por este camino del amor, queremos preguntarnos con lealtad qué es realmente el amor. Los pensadores de todos los tiempos han pensado sobre el amor, que parece ser la esencia misma de la vida.

El gran pensador Aristóteles, cumbre de la filosofía griega, que vivió en el siglo IV antes de Cristo (388-322) escribió un libro sobre Moral, titulado Ética a Nicómaco. Se piensa que ese tal Nicómaco era su hijo. Una parte importantísima del libro está dedicada a hablar del amor y la amistad.

“Después de esto podríamos continuar tratando de la amistad: es, en efecto, una virtud, o va acompañada de virtud, y, además, es lo más necesario para la vida. Sin amigos nadie quema vivir, aun cuando poseyera todos los demás bienes; hasta los ricos y los que tienen cargos y poder parecen tener necesidad sobre todo de amigos; porque ¡de qué sirve esa clase de prosperidad si se la priva de la facultad de hacer bien, que se ejerce preferentemente y del modo más laudable respecto de los amigos! ¿O cómo podr1a tal prosperidad guardarse y preservarse sin amigos? Porque cuanto mayor es, tanto más peligra. En la pobreza y en los demás infortunios se considera a los amigos como el único refugio. Los jóvenes los necesitan para evitar el error; los viejos para su asistencia y como una ayuda que supla las menguas que la debilidad pone a su actividad.... Parece darse de un modo natural en el padre para con el hijo, y el hijo para con el padre, no sólo entre los hombres, sino entre las aves, y en la mayoría de los animales, y entre los miembros de una misma raza, sobre todo entre los hombres; por eso alabamos a los que aman a sus semejantes. Puede verse en los viajes cuán familiar y amigo es todo hombre para el hombre. Parece además que la amistad mantiene unidas a las ciudades, y que los legisladores consagran más esfuerzos a ella que a la justicia… “

Y este gran filósofo distingue tres clases de amistad, de amor. Las resumo:

Te amo porque me proporcionas placer. No hablamos de pecado, sino de placer: somos amigos porque nos entretenemos juntos y la pasamos bien.

Te amo porque me proporcionas utilidad. Es, por ejemplo, la amistad de los negocios.

Te amo porque eres bueno, y al amarte los dos somos más bueno, y en esa bondad encuentro el mayor placer y la mayor utilidad.

Realmente un maravilloso tratado de la amistad, escrito por un filósofo que todavía no había conocido a Jesucristo.

6. El amor, por tanto, es la esencia de la vida. Y Jesús, con la tradición más pura del Antiguo Testamento, nos está diciendo que el amor de Dios, las relaciones con Dios deben configurar las relaciones con el prójimos. Los judíos se glorían de poseer el código más humanitario que se haya escrito en la antigüedad. Seguramente que están en lo correctos. En la liturgia de hoy, hemos escuchado, de una sección del Éxodo, normas realmente admirables:

“No maltratarás ni oprimirás al emigrante, pues emigrantes fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.

No explotarás a viudas ni a huérfanos. Si los explotas y gritan a mí, yo escucharé su clamor, se encenderá mi ira y os mataré a espada; vuestras mujeres quedarán viudas y vuestros hijos huérfanos.

Si prestas dinero a alguien de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero cargándole intereses.

Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo”.

En suma, hermanos, el amor, el verdadero amor es el secreto de la vida, que Jesús ha proclamado mirando al Padre.

Señor Jesús, haz que experimentemos que t´`u nos amas con el mismo amor con el que el Padre te ha amado a ti, y que nosotros sepamos difundir este amor a todos los hombres como hijos tuyos. Amén.

 

Pamplona, sábado 24 octubre 2026.

 


Domingo Mundial de Misiones

Mt 28,1-4

 

Aviso

Hoy la Iglesia celebra el Domingo Mundial de Misiones. Es oportuno tomar la misa de la Evangelización de los pueblos, y podemos elegir entre diversos Evangelios. Como este año estamos leyendo el Evangelio de san Mateo, elegimos el texto de san Mateo, que son las palabras finales de su Evangelio. 

Texto

16Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. 17Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. 18Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. 19Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; 20enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

 

Hermanos:

1. Domingo misional, domingo del Domund por ser penúltimo domingo del mes de octubre, pero este año con la particularidad de que justamente ahora se cumplen los 100 de que comenzó esta gran fiesta misionera, que moviliza a toda la Iglesia, y por esta circunstancia se va a celebrar con especial realce.

Vayamos a lo hondo del Evangelio para saber qué nos dice Jesús, y cuál es la encomienda que nos entrega al despedirse de nosotros En aquel monte de Galilea Jesús proclama cuatro verdades solemnísimas, que son el fundamento de toda la misión de la Iglesia en este mundo.

La primera que Dios le ha entregado todo poder en el cielo y en la tierra. Nadie sino solo él, en todos los siglos, pudo decir tal declaración.

La segunda, que su voluntad es que todos los pueblos sean discípulos suyos, mediante el Evangelio y el Bautismo.

La tercera, que la enseñanza del Evangelio no termina en una doctrina, sino que tiene que pasar a ser vida: guardar todo lo que os he mandado.

Y la cuarta, una promesa en firme, la promesa de una presencia: Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos.

Con el auxilio de la gracia divina vamos a tratar de entrar en lo que nos dice Jesús.

2.  Lo primero de todo Jesús nos dice que a él se le ha dado – es decir, Dios, mi Padre, me ha dado – pleno poder en el cielo y la tierra. Está afirmando de este modo su filiación divina. Ninguno otro protagonista de la historia humana pudo jamás decir tal cosa. Esta verdad la alcanza la fe y solo la fe, y es el fundamento de todo lo que viene. A lo largo de la humanidad han ido apareciendo múltiples religiones, con sus dioses, mitos y tradiciones, y también con sus profetas o máximos representantes. Uno que mira desde fuera acaso diría: el cristianismo es un fenómeno más de este fenómeno universal. Por tanto, todas las religiones merecen sumo respeto, y el ser humano es libre para pertenecer a cualquiera de ellas.

Aquí se nos presenta un problema de primerísima importancia. Si yo (cualquiera de nosotros) hubiera nacido en el seno del budismo, sería en este momento un convencido budista, quizás un ferviente budista, adicto a mi religión, a mis devociones, a mis prácticas, adorador de Dios a mi modo.

Imaginamos que en todas las religiones hay santos a su modo, hombres y mujeres, que agrandan a su Dios o a sus dioses según su comprensión. ¿Tenemos algo que censurar? Absolutamente nada. Todas las religiones serias son caminos que conducen a Dios.  Nacido en ese tipo de cultura y tradición, venido al mundo en una familia así, yo no habría tenido otra posibilidad de elección. Es que ni siquiera habría pasado por mi mente otra alternativa.

Y el único Dios que existe y puede existir, el único Dios verdadero, ¿me habría amado menos en esas condiciones que lo que hoy me ama con todo su corazón divino? Pregunta sumamente delicada, y acaso insidiosa, que no debemos hacer, sino que debe discurrir por otra vertiente.

El concilio Vaticano II nos ha dicho que debemos respetar todas las religiones, porque bien practicadas son camino de salvación; pero nunca dijo que todas valen lo mismo, siendo camino de salvación, que no tiene sentido la misión cristiana y que a nadie hay que molestar en sus creencias. El concilio Vaticano II sigue diciendo que en Jesús está la verdadera y única salvación, y que la Iglesia debe anunciarlo. En determinado momento San Juan Pablo II dijo que la misión está en sus comienzos. Hay una inmensa tarea por delante. Los miles de millones que no conocen a Cristo son más que los que le conocemos y nos llamamos cristianos.

3. Hace cien años, pues, se iniciaba, pues, este proyecto llamado DOMUND, que ha movilizado a tantos corazones, de mayores y de niños. Qué alegría ver a los niños pidiendo dinero con sus huchas para las misiones, que els habían dado en los colegios. Pero entendamos correctamente las cosas; la finalidad de este domingo va mucho más allá que recoger dinero para hacer seminarios, capillas, iglesias, escuelas y hospitales en países donde trabajan los misioneros y carecen de recursos para ello. La finalidad y el objetivo del Domund era y es

1.    Oración ferviente al Señor para acelerar su reinado en el mundo.

2.   Hacer comprender a todos los fieles el formidable problema misionero.

3.   Estimular el fervor misionero de los sacerdotes y de los fieles.

4.   Dar a conocer mejor la Obra de la Propagación de la Fe.

5.   Solicitar la ayuda económica en favor de las misiones.

 

Cuando se celebró aquella conferencia de obispos de Latinoamérica y Caribe en Aparecida, Brasil, el año 2007, en el que actuó muy activo el entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, luego Papa Francisco, se habló mucho de discípulos misioneros. Se escribió en el documento final:

“La vocación y el compromiso de ser hoy discípulos y misioneros de Jesucristo en América Latina y El Caribe, requieren una clara y decidida opción por la formación de los miembros de nuestras comunidades, en bien de todos los bautizados, cualquiera sea la función que desarrollen en la Iglesia.

Miramos a Jesús, el Maestro que formó personalmente a sus apóstoles y discípulos. Cristo nos da el método: “Vengan y vean” (Jn 1, 39), “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6). Con Él podemos desarrollar las potencialidades que están en las personas y formar discípulos misioneros. Con perseverante paciencia y sabiduría Jesús invitó a todos a su seguimiento. A quienes aceptaron seguirlo los introdujo en el misterio del Reino de Dios, y después de su muerte y resurrección los envió a predicar la Buena Nueva en la fuerza de su Espíritu.

Su estilo se vuelve emblemático para los formadores y cobra especial relevancia cuando pensamos en la paciente tarea formativa que la Iglesia debe emprender en el nuevo contexto sociocultural de América Latina” (n. 276).

 

4. La misión de Jesús pasa a ser misión de la Iglesia. Lo que anunció Jesús es lo que nosotros debemos anunciar: anunciamos el amor de Dios, el perdón de los pecados, la salvación, la vida de hermanso que debemos vivir. El Papa nos ha propuesto un lema para este Día Mundial de las Misiones; ha tarsladado al Domund el lema que él se puso cuando le hicieron obispos: “In Illo Uno, Unum”: Seamos Uno en aquel que es uno. Y para el Domund: “Uno en Cristo, unidos en la misión”.

Jesús nos ha prometido su presencia y su compañía. Lo hemos oídos: Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos. Es la última frase del Evangelio.

Una vez un profesor de Teología me definía qué es la misión: Es la colaboración de la Iglesia en lo que Jesús está haciendo desde el cielo.

“Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer”, nos dijo Jesús en la Cena.

Esa es nuestra misión, hermanos: ver, aprender, colaborar. Jesús en el centro, Jesús es el que guía.

No quiero terminar esta homilía sin un recuerdo para el santo de este 18 de octubre, que desaparece, por ser domingo. Se trata de san Lucas. Era médico, por tanto, un hombre instruido, culto, era un excelente escritor. Se hizo discípulo de fue, fue misionero al lado de san Pablo, y luego nos escribió el tercer Evangelio, investigando todo lo que se había transmitido sobre Jesús y así nos escribió el Tercer Evangelio, el Evangelio de San Lucas. Y luego escribió también los Hechos de los Apóstoles. Misionero, pues, de primerísima categoría.

 Concluyamos orando:

Señor Jesús, hemos oído tu mensaje: Creer en ti y en tu Evangelio, vivirlo y anunciarlo, ser tus discípulos misioneros.  No nos avergonzaremos de ser cristianos, y con nuestra vida y como tú nos inspires queremos anunciar los bienes que nos has traído. Amén.

 

Pamplona,  Sábado 17 de octubre de 2026.

 

2121 (1065) Jesús y la boda del Reino de Dios: alegría y tragedia

 

2121 (1065) Jesús y la boda del Reino de Dios: alegría y tragedia

  

Jesús y la boda del Reino de Dios: alegría y tragedia

Mt 22,1-4

Texto

1Volvió a hablarles Jesús en parábolas, diciendo: 2«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; 3mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. 4Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. 5Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, 6los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. 7El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. 8Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. 9Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.

10Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. 11Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta 12y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca. 13Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. 14Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

Hermanos:

1. Esta parábola comienza con una introducción que pone el mismo evangelista, en este caso san Mateo: Jesús volvió a hablarles en parábolas.

Estamos en la semana final de la vida del Señor. Y lo que va a decir es más de lo mismo. Él lo lleva muy en el corazón y para él es, sin duda, de primerísima importancia. Una vez más nos encontramos con el lenguaje desconcertante de Jesús. Una parábola que nos transporta al mundo más maravilloso de la belleza y acaba siendo una tragedia. Y la parábola termina con una aplicación, de la que ya hablamos en otra ocasión, eso de los primeros y de los últimos. Vamos, pues, a afrontar el mensaje de Jesús, y en cuanto se da a una pobre criatura, vamos a conocer por dentro el alma de Jesús, todo ello pidiendo la gracia del Espíritu Santo.

2. El Reino de los cielos se parece a una boda. Esto es muy bello, bellísimo. Es precioso que Jesús piense así: que lo que él nos trae, el Reino de Dios, sea un festín, al cual estamos invitados.

Y más precioso todavía que el que organiza esta boda, el Rey Padre nuestro nos diga que es la boda de su Hijo, y su Hijo es Jesús.

Recordad, hermanos, lo que nos ha contado el mismo evangelista san Mateo muchos capítulos antes: “Los discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán” (Mt 9,1-15).

Los discípulos de Juan Bautista y también los mejores fariseos son muy devotos y hacen muchos ayunos voluntarios.

Jesús responde que estamos en una boda, y que en una boda no se ayuna; y además que él es el Esposo en esta boda.  ¿Podemos pensar que Jesús ha vivido su ministerio, su predicación, con la alegría que reina en una boda, y que además él era el Esposo en esta boda? Según el texto evangélico, sí. Ya llegarán días, añade Jesús, en que arrebatarán al Esposo, aludiendo a su muerte violenta, y entonces sí ayunarán.

Los profetas habían anunciado la llegada del Reino de Dios al monte Sión, en Jerusalén, la liberación del pueblo oprimido y la llamada a todos los pueblos como festín, en un texto grandioso: “Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, | en este monte, un festín de manjares suculentos, | un festín de vinos de solera; | manjares exquisitos, vinos refinados. Y arrancará en este monte | el velo que cubre a todos los pueblos, | el lienzo extendido sobre todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. | Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros, | y alejará del país el oprobio de su pueblo | —lo ha dicho el Señor—.Aquel día se dirá: Aquí está nuestro Dios” (Is 25,6-9).

Jesús ha vivido en su corazón estos anuncios.

Una boda es una fiesta de alegría y felicidad: vestidos de estreno, comida superior, que no es la de todos los días, grata conversación con parientes y amigos, música que levanta los ánimos y da un ambiente muy agradable, acaso también danza de las parejas…

 

3. En la parábola de hoy estamos en una boda. Es la boda del Hijo del Rey, y el Rey ha preparado todo por lo grande, porque es nada menos que la boda de su Hijo. Y comienza la acción.

Los mensajeros van a transmitir la invitación a los invitados, y, sorpresa, no aceptan, rechazan la boda.

Segunda invitación a los que tendrían que acudir a la boda y anuncio del menú: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.

Y aquí comienza el drama: No puedo ir, tengo cosas más importantes que una boda.

Y en esta fantasía Jesús dice algo más terrible, porque, en el fondo está contando una historia: … los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. Es lo que decía el domingo pasado en la parábola de los viñadores homicidas, que es el texto que precede a esta parábola.

Esa tragedia se paga con otra tragedia; estamos en una fantasía oriental para contar verdades: El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

4. Y entonces, ante semejante situación el Rey toma una decisión, que nosotros no la hemos visto en ninguna boda a la que hayamos asistido.

Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos.

A una boda  no se invita a cualquiera, sino solo a los selectos, que, por supuesto, son los buenos. Pero Dios sí, nos ha invitado a todos, buenos y malos, a todos sin excepción.

 

 5. Y ahora viene la segunda parte de la parábola, que no la esperábamos. Resulta que el Rey entra a saludar a los comensales y ve a uno que no lleva el traje de boda. Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca.

La parábola no se ocupa de curiosidades que, a lo mejor, el lector de hoy quisiera saber: Ese que viene de los cruces de los caminos no tiene traje de boda. Es evidente. La parábola no  entra en esa circunstancia. Claro que todos los invitados tenían la oportunidad del traje conveniente, pero este individuo quiere participar en la boda, como si no fuera boda, como si fuera una comida de amigos, una comida en el campo.

Pero esto no es así. Lo que celebra la comunidad cristiana no es una merienda de amigos en la que cada uno va como se le antoja. La comunidad cristiana celebra el memorial del Señor, el Banquete del Señor, y todos tenemos que ir con vestiduras regias, con traje de boda, es decir, con el alma limpia.

En la Iglesia caben todos, sin duda, todos. No hay clases sociales privilegiadas, no hay títulos de ninguna especie que puedan ser los preferidos. Todos hemos sido lavados en la sangre del Cordero inmaculado, como dicen los libros sagrados. Y ya en los primerísimos tiempos de la vida cristiana, san Pablo advirtió a los fieles de Corinto que si uno come la Cena del Señor de cualquier forma, como sui fuese una comida cualquiera, come y be su propia condenación.

En la Iglesia cabemos todos, pero quien se había dedicado a la prostitución a partir de su entrada a la Iglesia debe dejar su antigua vida de pecado, y el que había sido corrupto, ladrón y estafador, no podrá nunca volver a las andadas. 

6. Y al final otra vez una alusión a llamados y elegidos. ¿Qué significa en esta parábola y en este contexto? Los intérpretes nos dicen cómo el evangelista que nos transmite la revelación de Jesús nos está diciendo que la llamada de Dios es ciertamente gratuita para todos, que nadie tiene méritos para pertenecer a la Iglesia, pero una vez llamados, debemos ser coherentes. Una llamada gratuita, pero exigente. Un cristiano de verdad debe ser en su corazón y en su comportamiento limpio y sincero, queriendo agradar a su Señor en todo.

Conclusión de esta parábola para nosotros que escuchamos a Jesús después de tantos siglos, la oración que ahora le dirigimos:

Señor Jesús, haz que yo, sencillo cristiano, comprenda que tu Iglesia es un banquete nupcial, que tú eres el Esposo que nos dignificas, que la vida debe estar llena de belleza y alegría, estando tú presente; y que, pase lo que pase, mi amor a ti, por tu gracia, va ser amor fiel hasta el final. Amén.


Pamplona, viernes 9 de octubre de 2026.

20129 (1064) Jesús y su amada viña de Israel

 

 

 

Jesús y su amada viña de Israel

Mt 21,33-44

Texto

[En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:]

 33Escuchad otra parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. 34Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. 35Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. 36Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo.

37Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. 38Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. 39Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. 40Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». 41Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».

42Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? 43Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. 

Hermanos:

1. Avanzamos en la lectura del Evangelio según san Mateo, y el texto de hoy sigue inmediatamente a la lectura del domingo pasado, la parábola de los dos hijos enviados justamente a la viña de su padre. El hijo descarado que dice “No quiere”, pero luego se arrepiente y va; y el hijo sumiso y educado que dice: “Claro que sí, ya voy”, pero luego, por lo que sea no va.

¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? El que fue a trabajara a la viña, aunque de repente contestó muy grosero a su padre.

Recordad lo que dijimos: estamos en la Semana Santa, semana final de la vida del Señor, y Jesús está haciendo un balance de su ministerio. Y aquella terminación estremecedora, dirigida a las autoridades de Israel y a los fariseos, que eran los espirituales, los guardianes y maestros de la Ley: En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios.

Es terrible esta sentencia.

2. Pues hoy, hermanos, más de lo mismo, con el mismo mensaje, pero con unas notas particulares que penetran más en el fondo del alma, como lo vamos a ver con humildad, y contando con la gracia de Dios. Jesús ha fracasado en lo que más quería, y esto fue el dolor de su vida, y, definitivamente, esto fue el motivo de la condena en cruz y de su muerte. Jesús condenado por su propio pueblo, que había venido a salvar, y al que quería con toda su sangre y su alma.  El Sanedrín, la suprema autoridad religiosa de Israel, condenó a Jesús como indeseable, incluso como blasfemo de Dios.

Pero veamos los detalles.

3. Un propietario tenía una viña. Una imagen totalmente familiar en la cultura de aquel pueblo, y confió la viña, la arrendó a unos trabajadores. La viña – ya lo dicen los salmos y no una sola vez – es la casa de Israel; Israel es la viña de Dios. Señor, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa.

Una imagen entrañable que recogerá Jesús en sus discursos, como cuando en la Cena, en sus palabras de despedida, nos habla de la vid y los sarmientos.

A la hora de la cosecha, el propietario de la viña manda a sus criados a recoger los frutos que le correspondían. Y aquí comienza el drama: Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.

Estamos hablando de cosas religiosas, no de historietas para entretenernos. ¿Quién eran estos enviados? Los profetas. En todas las épocas Dios fue enviado profetas a su pueblo, hombres que les dieran la verdad, que les enseñaran el verdadero camino de la salvación. Pero tantas y tantas veces, lo mismo ayer como hoy, es muy mal oficio tener que decir la verdad. Cuando hay dureza y pecado se rechaza la verdad, y se quita de en medio, como sea, al que la dicesu Jesús nos lo ha advertido: el que quiera ser discípulo tiene que estar dispuesto a todo. Aquellos enviados terminaron fatal: apaleados, matados, apedreados.  A san Pablo le hicieron esto: lo sacaron fuera de la ciudad y lo apedrearon.

Segundo intento y el mismo resultado.

4. Y ahora viene el secreto de la parábola, lo que estremece el corazón, porque Jesús va a hablar muy claro: Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labrado-res, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.

Está contando Jesús su historia; más claro imposible.

Entrando más profundo en estos pensamientos, hemos de pensar que Jesús se sentía judío hasta el tuétanos de Israel. Su identidad de snagre iba unida a una identidad religiosa. El pueblo de Israel era el pueblo de Abraham, con una historia milenaria, al que Dios había confiado, precisamente a este pueblo, el don de la Ley, revelación de amor. Con ninguna nación obró así, decía el salmo 147.

Pero ahora Jesús veía cómo el proyecto de Dios había sido falsificado, precisamente por los dirigentes – las autoridades judías, los escribas y fariseos – que debían salvar este privilegio de Dios con este pueblo singular. Pero no le hicieron caso; hablando humanamente, diremos que fracasó.

Jesús es el Hijo enviado, el heredero, expulsado fuera de la viña y matado, como cuentan los Evangelio.

Cómo hubo de sufrir Jesús por este rechazo precisamente de su pueblo. Realmente la historia de Jesús de Nazaret ha sido un drama.

5. Pero hay más: Jesús escogió un grupo selecto de confidentes y amigos, sus doce apóstoles, que iban a ser el germen de su proyecto. Y uno de ellos lo traicionó. Más le valdría no haber nacido, dijo del modo más tremendo que se puede decir de una persona.

A lo mejor iríamo demasiado lejos, si nos desviamos en otros pensamientos semejantes que pertenecen a nuestra propia historia. Cada uno de nosotros tiene su propia identidad de nacimiento y de país, que va unida a toda una historia, a una cultura y, con frecuencia, a una religión. A los que me escucnan desde España les puedo decir, que un visitante que va a Cataluña y sube al monasterio de Monserrat, en aquella montañas rocosas, encuentra, al entrar en el área de la abadía, una inscripción en piedra que dice: “Cataluña será cristiana o no será”; es decir si Cataluña deja de ser cristiana deja de ser Cataluña. ¿Quién dijo esta frase? Un célebre obispo catalán en el siglo XIX, el obispo de Vic Josep Torres i Bages. Él veía  Cataluña como obra de Dios y no como mera convención humana. Cosa que determinadas corrientes políticas de ninguna manera lo aceptarían.

Cosa semejante podríamos decir de lo que ha sido la fe católica en la construcción de España a lo largo de los siglos, principio que en la actualidad la constitución española lo rechaza.

Estos pensamientos, hermano, a personas pensantes pueden hacerles sufrir mucho, al constatar cómo crímenes reales pasan a ser derecho legales de los ciudadano. En las última estadísticas oficiales, más de cien miel abortos legales han cortado la vida a esa criaturas que envían a ser ciudadanos en mi país con los mismo derecho que yo tengo.

6. Volviendo al texto directo del Evangelio. Jesús, judío, qué nos dice de la viña que él ha venido a cuidar y salvar. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».

Pues así va a ser, y Jesús es el primero en sufrir este drama. Claro que Dios quiere salvar a todos, porque todos son, somos, sus hijos.

Jesús va a pagar con suropia muerte la ingratitud de su propio pueblo. Nunca jamás podremos imaginar nosotros tanto dolor.

Vanos a detener aquí nuestras reflexiones, querido hermanos, y sacar las consecuencias personales. nosotros hemos sido favorecidos de ese don de la viña de Dios. Nosotros somos la heredad de Dios. Nosotros tenemos a nuestra disposición, gratis, los dones que Jesús nos ha traído del cielo. Sepamos verlos, sepamos reconocerlos, sepamos agradecerlos.

Jesús es nuestra riqueza, con su vida, con su doctrina, con su presencia que nos acompaña.

Señor Jesús, abre mis ojos y mi corazón a descubrir estas divinas realidades. Contigo poseemos todos los bienes; haz que yo sepa apreciarlos y disfrutarlos hasta el abrazo final que espero darte a la hora de mi muerte. Amén.

 

Pamplona, sábado 3 octubre 2026