jueves, 21 de abril de 2011

34. Viernes Santo: El beso a la Santa Cruz


Hermanos:

Viernes Santo tiene en la liturgia de la Iglesia una celebración austera, solemne y augusta. En una carta sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales de la Congregación para el Culto Divino (16 enero 1988), el sentido mistérico del Viernes Santo se expresa así: “En este día ‘en que ha sido inmolada nuestra víctima pascual, Cristo’, la Iglesia, meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo y adorando la Cruz, conmemora su nacimiento del costado de Cristo dormido en la Cruz e intercede por la salvación de todo el mundo”.
Cuatro elementos que van a quedar muy bien integrados en la celebración postmeridiana, en torno a las 3 de la tarde:
- Meditación
- Adoración de la Cruz
- Conmemoración objetiva del misterio acontecido
- Intercesión.
Viernes Santo es la primera parte del Triduo Pascual, pasado el Pórtico de la celebración vespertina de la Cena del Señor en Jueves Santo. Y a propósito del Triduo Pascual la citada Carta nos habla de los signos litúrgicos y sacramentales: “En esta celebración del misterio, por medio de signos litúrgicos y sacramentales, la Iglesia se une en íntima comunión con su esposo”.
¿Cuáles son los signos litúrgicos y sacramentales del Viernes Santo? Como signos litúrgicos de la celebración del Viernes Santo podemos considerar: las vestiduras rojas (triunfo martirial de Cristo, en lugar de la vestiduras negras, color de luto, de la liturgia precedente); la postración rostro en tierra al comienzo de la celebración; la sobriedad y los silencios de toda la celebración; la hora misma de la celebración.
Y ¿cuáles podemos considerar como “signos sacramentales” del Viernes Santo. Nos atrevemos a señalar hacia los siguientes: La privación de la celebración de la Eucaristía (se comulga las especies consagradas en Jueves Santo); la proclamación de la Escritura, y en especial el Evangelio de la Pasión (dado que dentro de la proclamación objetivamente se contiene la presencia eficaz de Cristo), el ayuno sacramental del Viernes y Sábado Santo (porque este ayuno significa místicamente al privación del Esposo), y la ostensión de la Cruz.
La espiritualidad de Viernes Santo consiste, por tanto, en dejarse llevar por el significado objetivo de la acción sagrada y entrar en comunión con Cristo.
El punto y momento cenital de la celebración es la adoración de la santa Cruz. La adoración a la santa Cruz va acompañada de un beso. ¿Cuál es este beso de amor? Permítasenos decirlo con un poema, poema que evoca una escena de Viernes Santo, y que tiene su introducción.

* * *

Amado mío, flor de mis cantares
Coloquio después de la Adoración de la Cruz

Era en Roma, Tre Fontane, la tarde de Viernes Santo cuando ya se habían concluido los santos Oficios en la Pasión del Señor. La capilla estaba en penumbra, envuelta en santo silencio. Estaba solitaria. No, un hermano – él me lo contaba -, escondido en un ángulo donde veía sin ser visto, oraba silenciosamente.
En esto se oyó el chasquido de la puerta, y se sintieron unos pasos. La Hermanita caminaba con precaución, descalza, sin sandalias. Era como el Ángel de la Consolación. Su hábito era una saya de tela áspera, azulada. Y en el halda, un tanto alzada, como si fuera un delantal, traía un envoltorio.
Llegó hasta el Crucifijo, que estaba en el suelo; se arrodilló, hizo una profunda reverencia inclinando la frente hasta el suelo. Entonces soltó el envoltorio que traía y lo echó junto al Crucificado. Nadie la veía; así creía. Tomó el santo Crucifijo en sus manos y comenzó a besarlo de aquella manera... El hermano orante contenía el aliento y, atónito, no sabía qué hacer; suavizaba la garganta para no emitir un suave carraspeo.
La Hermanita tomó los pétalos que había traído y con los dedos, los pétalos y los labios iban mullendo el cuerpo de Jesús. Entonces su corazón comenzó a decir (y yo ahora me la represento y la estoy oyendo):

1. Amado mío, flor de mis cantares,
ahora con mis manos te acaricio,
y guardo suspendidos mis anhélitos
pues miro dulcemente, y miro y miro.

2. Amado mío, gracias infinitas,
Dulzura mía, flores he traído:
del campo son, por mí coleccionadas,
y nadie las tocó, sino el rocío.

(3. En este punto vi a la enamorada,
que abría el delantal de su vestido,
y el cuerpo de Jesús ella cubría
con pétalos de suave colorido,

4. En éxtasis miraba y sonreía
con ojos del amor humecidos;
estaba de rodillas, inclinada,
era la luz muriente del estío).

5. Amado…, Amado mío, yo te adoro
con pétalos tus llagas toco y limpio:
con besos yo perfumo tu cabeza,
esposo mío, herido, Dios dulcísimo.

6. Escúchame el aliento que me sale
del corazón, igual que el tuyo herido:
¿hay algo en mí que no se llame amor,
un átomo en tu fuego no encendido?

(7. Estaba la mujer hablando sola
- así creía –, sola, sin testigo;
hablaba y se callaba y contemplaba
y quedo, quedo daba algún suspiro.

8. Y, mientras, amasaba con sus manos
aquellas sus caricias al Ungido;
los dedos parecían cuerdas puras
el arpa suave era el Crucifijo).

9. Mas yo quiero besarte como esposa
en tu caliente pecho, ahora dormido,
en tu divina frente y en tus labios,
besar tu corazón y tus latidos.

10. Estoy besando a Dios de carne humana,
comiendo los pecados que has sufrido,
besando estoy perdón, ternura y gracia,
a Cristo Nazareno en el suplicio.

(11. Miraba y derramada su mirada,
amando con silencio compungido,
y a veces parecía que una espada
punzaba el corazón hasta el martirio.

12. Las flores le ayudaban en el duelo,
las flores eran labios encendidos,
y entre los dedos eran blanco lienzo
del tálamo nupcial del sacrificio).

13. ¿Por qué, mi Creador, mi silencioso,
tal cosa los mortales cometimos?;
¿por qué callabas tú nuestra locura,
clavándote nosotros a martillo?

14. Acaso del amor solo sepamos
un eco cierto dentro recibido,
que amor de Dios es muerte del amante
y amante en este amor eres tú mismo.

15. Amado mío, lecho de mi amor,
tu amor yo aprendo, muero y resucito;
mi amor de gratitud sea tu rúbrica,
y el corazón en trueque yo rubrico.

16. Tu amor es nuestro cielo y bien seguro,
que tú eres Dios y bien lo has merecido:
Jesús, hermano bueno y clementísimo,
perdón total, bondad a lo infinito.

17. Ya sé cuál ha de ser el canto firme,
felicidad sin fin a tus oídos:
te amo, Dios, en carne y en Espíritu,
te amamos por los siglos de los siglos. Amén. 

martes, 19 de abril de 2011

33. Jueves Santo: Sobre el pecho de Jesús


Meditación para la Hora Santa
Hermanos:

1. La celebración vespertina del Jueves Santo, con la Misa titulada “En la Cena del Señor” es el pórtico del Triduo Pascual, que recuerda del modo más grave y solemne la Muerte, Sepultura y Resurrección del Señor. La Vigilia Pascual, que comienza ya anochecido el sábado y acaba antes de levantar la aurora del domingo – que puede durar dos, tres, cuatro o cinco horas – será la explosión de la alegría, inicio de las fiestas pascuales que se prolongan durante cincuenta días. Observemos con atención: el comienzo  de Jueves Santo es la Pascua judía, primera lectura de esta tarde, leyendo el capítulo 12 del libro del Éxodo. Luego san Pablo nos introduce en la celebración de la Cena del Señor en la comunidad cristiana de Corinto (1Co 11,23-26), texto bellísimo, testimonio primordial de la Eucaristía. Y finalmente san Juan nos lleva a aquella Cena de despedida de Jesús con el Evangelio del lavatorio de los pies (Jn 13,1-15).

2. Tres son los misterios que debemos vivir y contemplar en esta celebración vespertina del Jueves Santo, como nos advierten los libros litúrgicos: la institución de la sagrada Eucaristía, la institución del Sacerdocio (“Haced esto en conmemoración mía”); y el mandamiento del amor, el mandamiento del Señor, según aquellas palabras que Jesús dice, sentado a la mesa, tras el lavatorio: “os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn 13,15). Prolongando el discurso o palabras de sobremesa Jesús dirá: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amados, amaos también unos a otros” (Jn 13,34).
El evangelista san Juan enmarca todo el acontecimiento sagrado con una frase que nos toca el alma. Haciendo que la historia sea contemplación amorosa, porque lo que pasó es lo que hoy está pasando; nos dice: “Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1). Es el primer versículo del relato pascual que aquí comienza.
¡Noche de amor que, pasando por Getsemaní y la Cruz, terminará en el seno del Padre con la resurrección de su Hijo!
San Juan habla de “los suyos”: a estos va dirigido el Evangelio, a nosotros; san Juan habla del paso de este mundo al Padre, que eso va a ser el relato crucial de la pasión y muerte: la celebración solemne, humilde y majestuosa del paso al Padre.

3. Concluida la celebración vespertina, permanece el Santísimo expuesto hasta la medianoche, cuando, avanzando las horas, entramos en Getsemaní. A los cristianos se nos invita a una Hora Santa ante el sagrario. ¡Qué hermosa y sabrosa es esta Hora eucarística del jueves Santo!                          
Silencio y adoración, para que el amor deje fluir sus palabras, recordando…, recordando… lo que tampoco cabe en las palabras. Para recordar acudimos a la Escritura, y en una hora de adoración ante el sagrario vamos combinando textos, salmos y otras súplicas. Que el silencio domine sobre las palabras.
En este clima espiritual  podemos acercarnos, reverentes, con adoración y ternura, a la humanidad santísima de Jesús, sacramentalmente presente en el sagrario.
Tengamos la filial audacia de acercarnos al pecho sacratísimo de Jesús y reposar allí. Y sírvannos estas palabras de meditación e instrucción.
                                                  
* * *

4. En el Evangelio se habla del pecho de Jesús, del seno de Jesús, del costado de Jesús. Palabras distintas que tienen su propio matiz.
En la encíclica que el Papa Juan Pablo II, dentro semana y media Beato Juan Pablo II, escribió sobre la Eucaristía – Ecclesia de Eucharistia, La Iglesia nacida de la Eucaristía – y que firmó el Jueves Santo del año 2003, nos decía así:
AEs hermoso estar con Él y, reclinados sobre su pecho como el discípulo predilecto (cf. Jn 13, 25), palpar el amor infinito de su corazón. Si el cristianismo ha de distinguirse en nuestro tiempo sobre todo por el *arte de la oración+, )cómo no sentir una renovada necesidad de estar largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento? (Cuántas veces, mis queridos hermanos y hermanas, he hecho esta experiencia y en ella he encontrado fuerza, consuelo y apoyo!@ (n. 25).
Este texto nos da la clave para lo que podría ser esta noche nuestra Hora Santa.

5. En la Última Cena los doce apóstoles estaban alrededor de Jesús, y cada uno tenía su puesto, pero no sabemos el puesto exacto más que de uno, del discípulo amado, que dice el Evangelio que estaba Aen el seno de Jesús@ (Jn 13,23). Las Biblias suelen traducir Aal lado de Jesús@. Eso de estar Aen el seno de Jesús@ puede parecer muy atrevido..., pero lo cierto es que la palabra exacta es ésa y no otra, “in sinu Iesu”. Podía haber empleado el evangelista perfectamente la palabra de al lado de Jesús. El griego, la lengua en que se escribió el Evangelio, es una lengua muy rica en recursos; pero no dijo Aal lado de Jesús@, sino Aen el seno de Jesús@... El que escribe y escoge una palabra y deja otra por algo lo hace.
Pues bien, el discípulo amado, ocupaba este sitio; estaba Aen el seno de Jesús@. Y, cuando Pedro le hizo seña, se recostó Asobre el pecho de Jesús@, supra pectus Iesu (Jn 23,25), palabra distinta, en griego, a Aseno de Jesús@.
Y esto de recostarse sobre el pecho de Jesús se le quedó a san Juan como una identificación muy bella y muy dulce. En las apariciones, leemos esta frase: APedro se vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había  recostado en su pecho y le había dicho: * Señor, )quién es el que te va a entregar? + ...@ (San Juan 21,20).
El seno de Jesús, el pecho de Jesús, ambas expresiones nos hablan de la intimidad que Jesús otorgó al discípulo amado, y que es la intimidad que quiere brindar al discípulo que hoy se acerca a él. Son frases espirituales del Evangelio que están hablándonos con un lenguaje que sin dificultad ninguna podemos entenderlo.

6. Del costado de Jesús se nos habla cuando la lanzada del soldado (Jn 19,34) y cuando las apariciones (Jn  20,20). En el calvario del costado herido de Jesús (nada indica el Evangelio si la herida fue en la parte derecha o en la izquierda) brotó sangre y agua, sin duda símbolos de vida en la Iglesia; acaso el Espíritu, los sacramentos.
Y cuando Jesús se apareció en la tarde de la resurrección a los discípulos en el Cenáculo, les mostró las manos A(y el costado!@ (Jn 20,20). Ocho días después se lo mostró a Tomás...
De nuevo nos encontramos ante un texto espiritual que está sugiriendo... todo, la intimidad, el amor, el secreto, la maravilla de lo más recóndito de Jesús.
Durante siglos la imagen del Corazón de Jesús ha sugerido eso; era una forma de concretar lo que ya estaba dicho en el Evangelio.

7. En estos años se ha difundido mucho (ampliamente en México) una imagen cercana, la Divina Misericordia. El Papa el año 2000 determinó que el domingo II de Pascua fuera llamado ADomingo II de Pascua o de la Divina Misericordia@, y así se escribe en los nuevos misales. La imagen de la Divina Misericordia es la imagen de Jesús como se mostró a santa Faustina Kowalska (1905-1938): del corazón de Jesús salen dos haces de luz, uno blanco y otro rojizo, significando el agua y la sangre del costado. Y una inscripción dice: AJesús, en Ti confío@.
En este domingo de la Divina Misericordia, 1 de mayo de 2011, nuestro amado papa Juan Pablo II será beatificado.

8. Noche de Jueves Santo…, noche grávida de silencio y amor, noche de consagración, preludio de la noche pascual. En esta noche mi corazón tiene una palabra que decir a Jesús, que es la palabra de mi vida y de mi tránsito a la eternidad:
¡Jesús mío, Dios mío, te amo!
Amén.

Nota. Al hablar del “seno” y del “pecho” de Jesús, me remito a lo que escribí en la revista popular “El Mensajero de San Antonio” (Capuchinos, Zaragoza, España, junio 2003).

lunes, 18 de abril de 2011

32. Miércoles Santo



Sobre el Tercer Cántico  del Siervo de Yahweh
Is 50,4-9
Meditación y canto

Texto bíblico
“El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo,
para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído,
para que escuche como los discípulos.
El Señor Dios me abrió el oído;
Yo no me resistí ni me eché atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
las mejillas a los que mesaban mi barba;
no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.
El Señor me ayuda,
por eso no sentía los ultrajes;
por eso endurecí el rostro como pedernal,
sabiendo que no quedaría defraudado.
Mi defensor está cerca,
¿quién pleiteará contra mí?
Comparezcamos juntos,
¿quién me acusará?
Que se acerque.
Mirad, el Señor Dios me ayuda,
¿quién me condenará?”

Meditación y canto
Misteriosa y estremecedora vocación del Siervo: así lo intuimos en el Tercer Cántico del Siervo de Yahweh.
La intimidad de Dios, abierta por la escucha filial de cada mañana, es el fundamento y clave de esta vocación. La escucha arma de valor; vendrán golpes y salivazos El Siervo expone su cara como duro pedernal; no se echa atrás.
Así es el Siervo para que desde aquí construyamos la verdadera cristología de la santa humanidad de Jesús. El Siervo confía porque tiene la absoluta certeza de que Dios es su justificador, su vencedor.
Esta visión del Siervo entró en el corazón de Pablo cuando, hablando de la seguridad confiada que se ha dado al cristiano escribía, recordando este pasaje del Cántico del Siervo: "Si Dios está por nosotros ¿quién estará contra nosotros? El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es quien justifica. ¿Quién condenará?" (Rm 8,31-34).
Jesús es, pues, este Siervo, y mirándole a él cantamos.

Jesús, discípulo y Siervo,
al corte de madrugada;
con vocación de iniciado
escucha hondo hasta el alma.

Jesús, el Siervo y profeta
junto a la fuente sagrada;
con los oídos abiertos
en su morada cerrada.

Jesús, aliento y consuelo,
que el Padre se lo regala;
la lucha es fiera, muy fiera,
las fuerzas, fuerzas humanas.

No declinó la mejilla
a la burla y bofetada;
y a los sangrantes azotes
no retiró sus espaldas.

Como roca diamantina
presentó su bella cara,
a insultos y salivazos
su rostro se abrillantaba.

Mi Dios será mi justicia:
¿quién contra mí se levanta?:
Mi Dios será mi poder:
¿qué adversario es el que ataca?

Pasión del Crucificado,
Escudo de mi esperanza:
¡A ti la gloria y las gracias,
Vencedor de mi batalla! Amén.

(Escribí el Miércoles Santo, 19 marzo 2008).


El poema y su introducción fue publicado por el autor en: mercaba.org - Rufino Ma. Grández - El año litúrgico - Cuaresma - VI. Himnos para Pasión y Semana Santa.

31. Martes Santo


Martes Santo

Sobre el Segundo Cántico  del Siervo de Yahweh
Is 49,-6
Meditación y canto

Texto bíblico
Escuchadme, islas; atended,
pueblos lejanos.
El Señor  me llamó desde el vientre materno,
de las entrañas de mi madre,
y pronunció mi nombre.
Hizo de mi boca una espada afilada,
me escondió en la sombra de su mano;
me hizo flecha bruñida, me guardó en su ajaba,
y me dijo: «Tú eres mi siervo, Israel,
por medio de ti me glorificaré.»
Y yo pensaba: «En vano me he cansado,
en viento y en nada he gastado mis fuerzas».
En realidad el Señor defendía mi causa.
Y ahora dice el Señor;
el que me formó desde el vientre como siervo suyo,
para hacer que le devolviese a Jacob,
para que le reuniera a Israel;
he sido glorificado a los ojos de Dios.
Y mi Dios era mi fuerza.
«Es poco que seas mi siervo
Para restablecer las tribus de Jacob
y traer de vuelta a los supervivientes de Israel.
Te hago luz de las naciones,
para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

Meditación y canto
El Siervo es "Jesús Abandonado". Abandonado no es fracasado; bien al contrario, es el paso redentor que el Padre aguarda para que pueda hacerse la unidad del mundo disperso. El Siervo ha de ser no sólo la restauración de Israel en el exilio, sino la luz del mundo, y la congregación de todos los pueblos.
Escribimos este himno el día del funeral de Chiara Lubich (1920-2008), que ha tenido lugar a las 3 de la tarde del Martes Santo, en la basílica de San Pablo Extramuros, presidido por el Cardenal Secretario de Estado Tarsicio Bertone. Chiara Lubich murió en olor de santidad el "viernes de pasión" (14 de marzo). "Jesús Abandonado" ha sido uno de los puntales de su espiritualidad, tan hermosa y esperanzadora. La primera lectura de la misa funeral ha sido el texto de Job 19: Yo sé que mi Redentor vive; en el salmo responsorial se escuchaba el gemido humilde de Jesús: Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado? En la segunda lectura resonaban frases de san Juan en su apremiante exhortación a la unidad (Primera de Juan). El Evangelio estaba tomada de la Oración de Jesús al Padre antes de iniciar la Pasión, rogando por la unidad de los creyentes.

1. La flecha bruñida,
que hiende los vientos,
y limpia se clava;
la espada afilada,
que surca la carne
y el alma traspasa;
¿quién es o quién tiene
la espada afilada,
guardada en su aljaba?

2. La boca que habla
sentencias de fuego,
que sana o que mata;
los labios de brasa
que encienden y queman
que endulzan o braman;
¿quién es esa gracia
del cielo venida,
quién es la Palabra?

3. Del vientre elegido,
del seno llamado,
antes del principio;
de virgen nacido,
por ella adorado,
por ella mecido;
Jesús es el Hijo,
el Siervo obediente,
el todo querido.

4. ¡Oh Siervo bendito,
es poco que seas,
del pueblo el camino;
retorno de exilio,
pastor del rebaño
disperso y perdido.
Jesús, has vencido.
serás luz del mundo,
Mesías ungido.

5. No fue tu tarea
fulgor y fracaso
ni escasa cosecha;
salvaste la tierra
de todo enemigo
en toda pelea;
Jesús, dulce presa,
del Padre amoroso,
que asiste en la prueba.

6. Victoria y certeza
tu esposa adorada
te canta en la espera.
Jesús, bella senda,
que lleva a la paz,
tu paz gloria sea.
En luz sempiterna;
ya no abandonado
Jesús ¡vive y reina! Amén.

El poema y su introducción fue publicado por el autor en: mercaba.org - Rufino M° Grández - El año litúrgico - Cuaresma - VI. Himnos para Pasión y Semana Santa.

(Ejecución. Cada estrofa, de nueve versos de arte menor, tiene tres "tresillos", asonantados, separados por el signo de ";", concertando el primero con el tercero, y el segundo libre. Las dos primeras en el ritmo a-a, las dos siguientes en i o; las dos últimas en e-a.
Nota. Nos remitimos a la exégesis de estos textos que presentamos en "Inmersos en la Pasión de Jesús, el Hijo y el Siervo", en: Oración de las Horas 30, 1999, Material para la celebración, *1-8).
(Información ulterior. El Papa Benedicto XVI dijo tras conocer la noticia: "He recibido con emoción la noticia de la muerte de Chiara Lubich, al final de una vida larga y fecunda caracterizada incansablemente por su amor hacia Jesús abandonado. En esta hora de separación dolorosa estoy cercano espiritualmente y con afecto a los familiares y a toda la Obra de María -Movimiento de los Focolares, que ella fundó, como a todos los que han apreciado su compromiso constante por la comunión en la Iglesia, el diálogo ecuménico y la hermandad entre todos los pueblos. Doy gracias a Dios por el testimonio de su existencia dedicada a la escucha de las necesidades del ser humano contemporáneo en plena fidelidad a la Iglesia y al Papa. Mientras confío su alma a la Bondad Divina para que la acoja en el seno del Padre, deseo que cuantos la conocieron y encontraron admirando las maravillas que Dios cumplió a través de su entrega misionera sigan sus huellas manteniendo vivo su carisma. Con esos votos invoco la intercesión maternal de María e imparto a todos la bendición apostólica".
La Confraternidad Argentina Judeo – Cristiana por su parte expresó: "el mundo pierde una mujer excepcional, madre y guía espiritual de muchísimos hombres, su generosidad en el vivir la plenitud de la Palabra de Dios fue más allá del mundo cristiano”
De la agencia Zenith, 12 abril 2011: La biografía oficial de Chiara Lubich, titulada “LlevarTe el mundo entre los brazos” fue presentada ayer en el Palacio de la Cancillería de Roma, con testimonios, temores, esperanzas y la idea de que la figura de la fundadora del Movimiento Focolar no se puede encerrar solo en una biografía…)

(Escribí: Martes Santo, 18/III/2008)

domingo, 17 de abril de 2011

30. Lunes Santo


Sobre el primer Cántico del Siervo de Yahvé
Is 42,1-7
Meditación y Canto
Texto bíblico

Mirad a mi siervo,
a quien sostengo;
mi elegido,
en quien me complazco.
He puesto mi espíritu sobre él,
manifestará la justicia a las naciones.
No gritará, no clamará,
no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará,
la mecha vacilante no la apagará.
Manifestará la justicia con verdad.
No vacilará ni se quebrará,
hasta implantar la justicia en el país.
En su Ley esperan las islas.

Esto dice el Señor, Dios,
que crea y despliega los cielos,
consolidó la tierra con su vegetación,
da el respiro al pueblo que la habita
y el aliento a quienes caminan por ella:
“Yo, el Señor,
te he llamado en mi justicia,
te cogí de la mano, te formé
e hice de ti alianza de un pueblo
y luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la cárcel,
de la prisión a los que habitan en tinieblas”


Nuestra meditación y canto
Desde la renovación de la sagrada Liturgia el Lunes, Martes y Miércoles Santo, están marcados por el Primero, Segundo y Tercer Cántico del Siervo del Señor. El Lunes escuchamos a Isaías 42,1 7.

No tengamos miedo en llamar a Jesús "Siervo", pues el ser Siervo es el camino verdadero que nos conduce a descubrir la filiación. Jesús Hombre es Jesús Siervo, y en su servicio, que culmina en la Cruz, descubrimos su divina filiación. Hijo, Siervo y Elegido, en la realidad concreta de Jesús, significan lo mismo: la relación absolutamente única que mantiene con el Padre
Estamos invitados los cristianos a descubrir la relación que se establece entre el Padre y Jesús. Jesús es indigencia ante el Padre, y es, al mismo tiempo, la delicia del Padre. El Misterio de la Pascua, que junta en uno la suma impotencia y la suma gloria, está significado en el seno de la Trinidad. Cuando el Padre mira a su Hijo Encarnado, ya estamos en el Misterio Pascual, porque allí aparece la indigencia y la plenitud.
En suma, Jesús es el Elegido.


1. El Siervo brilla hermoso a nuestros ojos,
misterio y complacencia de Dios mismo;
no hay nombre para él, mas si lo hubiera:
los tres son uno: Hijo, Siervo y Elegido.

2. No puede haber segundo, porque es Único,
y colma todo amor desde el principio:
vertido está mi Dios en su Unigénito,
su historia y su futuro es este Hijo.

3. El Hijo de los cielos, Nazareno,
nos dio su filiación en el servicio,
sirviendo en obediencia nos decía,
ser siervo es la forma de ser Hijo.

4. Por eso dice el Padre: "Mi elegido",
mi bien total unido a mi destino,
serás por siempre mío, en el Espíritu,
por siempre yo seré tu Dios contigo.

5. Si no resuena el grito por las plazas,
si no ejerce violencia, haciendo juicio,
si no apaga la mecha que aún humea,
¿en dónde está el Mesías escondido?

6. ¡Jesús, el Elegido y el Viviente,
Jesús en Cruz, la enseña y el camino,
Jesús, crisol de todo premio y mérito:
por siempre vive y reina como Ungido! Amén.

(Escribí: Lunes Santo, 28/III/2008)
El poema y su introducción fue publicado por el autor en: mercaba.org - Rufino M° Grández - El año litúrgico - Cuaresma - VI. Himnos para Pasión y Semana Santa.

lunes, 11 de abril de 2011

29. Jesús entra en Jerusalén rumbo a la Pascua


Meditación sobre Mt 21,1-11
Hermanos:

1. Quienes hemos tenido la gracia de vivir un tiempo suficientemente largo en Jerusalén, guardamos dentro del corazón, con especial ternura, el recuerdo de las procesión de las palmas, que dura (apelando a mi memoria) como dos horas y media. Se hace el domingo de Ramos por la tarde, congregada la comunidad católica en Betfagé, donde el convento de los Franciscanos, y allí se toman las palmas que previamente se han cortado y preparado. Los que van a cantar el triunfo de Jesús acuden de Jerusalén y de otros lugares de la Tierra Santa. Y se asocian peregrinos llegados de todo el mundo. Es una procesión popular, comenzando en este lugar, que está detrás del Monte de los Olivos. Caminamos cantando y se sube, con el corazón lleno de amores, al Monte de los Olivos. Desde la cima se contempla, hermosa, la Ciudad Santa, y se va bajando, bajando… Dominus flevit, donde lloró Jesús aquel día del homenaje. Huerto de los Olivos y torrente Cedrón; se baja y se sube para entrar por la Puerta de la Ciudad que da a la Vía Dolorosa. No llegamos al Templo; nos detenemos en el patio de la iglesia de santa Ana, y allí el Patriarca de Jerusalén da la bendición.
Llevar en tus manos una palma, un ramo de olivo es ir diciéndole a Jesús: Jesús, tú sabes cuánto te amo; mi vida es tuya. Somos millones y millones los que hemos ido caminando por la Historia mirándote a ti, y todos perpetuamos tu santa memoria. Cantares del corazón que quizás nunca tengan letra, pero que Jesús los sabe, los oye y los entiende.
Queremos hacer viva una página del Evangelio que apasionadamente y adorando vivió la comunidad cristiana en Palestina, en Antioquía, en Grecia, luego en Roma…, y que nos transmitió este íntimo misterio y quedó escrito en los Evangelio de San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan.

2. Hoy meditamos de la mano de san Mateo, en esta página que nuestras parroquias la han escuchado al bendecir los ramos para la humilde procesión, o la simple entrada al templo. Luego, en este Domingo de Ramos, que es Domingo de la Pasión del Señor, se proclamará (y seguramente con tres lectores, si bien no es obligatorio) el texto de la Pasión según el Evangelio de san Mateo. El sacerdote hará unas reflexiones, a modo de homilía, al eco de esa historia de amor que se llama la Pasión, la más bella historia de amor que se haya escrito. Y de este modo se abre la Semana Santa.
Nosotros, ahora, reflexionamos contemplando aquel episodio, sencillo y majestuoso, que Jesús provocó y aceptó.

3. Al leer atentamente el texto sagrado, que en Mateo tiene once versículos, nuestra primera sorpresa es comprobar que, al redactar lo ocurrido, se dedican más versículos a los preparativos que a la puesta en marcha del homenaje. Esto tiene su delicado sentido. El evangelista nos está diciendo que captemos bien el alma de la escena, que aquello no fue un folklore hermoso, preámbulo trágico de lo que pasó luego en Viernes Santo. Bien, al contrario, la entrada en Jerusalén es un misterio del corazón de Jesús.
El conjunto del episodio se compone de dos escenas:
- la primera, lo que sucedió en el corazón de Jesús de Nazaret para decirles a los discípulos que fueran a la aldea de enfrente y trajeran una borrica;
- la segunda, la marcha a Jerusalén con una alfombra de mantos, con una aclamación de ramas de árboles, que esparcían también por el camino, al tiempo que gritaban “Hosanna”.

4. Nunca Jesús había apetecido un homenaje en la vida; pero ahora sí. En este pasaje del Evangelio, lo mismo que en la preparación de la Cena Pascual, Jesús, con mente divina, prevé los acontecimientos, los prepara y los dirige. De alguna manera es el conductor de la fiesta que la gente le va a preparar. Es muy importante lo que él quiere hacer. No es efecto de una casualidad, sino un proyecto diseñado por Dios. Es como si estuviésemos asistiendo al día de la creación. El mundo no viene  de la nada ,del azar, sino que es fruto de un proyecto del corazón de Dios.
Pues cosa parecida ocurre cuando, acercándose a Jerusalén – en un camino que había sido el camino postrero de su vida – llegan a Betfagé, y entonces “envió a dos discípulos diciéndoles: “Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, y me los traéis”.  De esta manera Jesús quiere coronar su vida e iniciar el Misterio Pascual.
Captemos, pues, este significado doble que lleva dentro el episodio que compartimos: se va a cerrar la vida y la actividad de Jesús, con un homenaje que el Padre ha dispuesto; y se va a abrir el Misterio Pascual con la acogida que la Ciudad de Jerusalén, representada por los sencillos, el nuevo pueblo de Dios, la santa Iglesia en la que estamos, le ha preparado.

5. Todo esto está ungido de misterio. Es un sacramento, diremos con un lenguaje teológico; y por ello el evangelista narrador, nos invita a reflexionar: “Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Decid a la hija de Sión: Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila” (véase Isaías 62,11 y Zacarías 9,9).  Jesús vive al aura de los profetas, como se había transparentado en el monte de la Transfiguración, cuando surgieron, desde el corazón de Cristo, Elías y Moisés. Dios estaba por medio; es lo que Jesús veía y las santas Escrituras se tenían que cumplir.
Para esto entró Jesús en Jerusalén, para que se cumpliera la Palabra de las Escrituras. Los discípulos hicieron esto con inmenso gozo. Lo dice deleitosamente el narrador: “Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús; trajeron la borrica y el pollino, echaron encima los mantos y Jesús se montó”. No podía tener Jesús mejor montura: los mantos de sus discípulos sobre el lomo de la borrica.

6. He aquí, pues, que Jesús va a terminar su vida como Rey: así lo quiere, así lo ha decidido. Ya hemos entrado en los fueros del amor, que tiene su lenguaje, sus símbolos, y hasta sus divinas Escrituras.
Y la gente hizo lo propio: le rindió a Jesús un vasallaje de amor. “La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada”.
La gente iba delante y detrás de Jesús, cabalgando en una borriquilla, iba lanzando vítores. Aclamaban a Jesús con aclamaciones que las sabían del Templo, porque son palabras tomadas del salmo:
¡Hosanna al Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en las alturas!

Le daban a Jesús el título de “el Hijo de David”. No es “hijo de David”, como José, esposo de María; es “el Hijo de David”, el único. Jesús es el Mesías.
Son palabras que en su sentido total las tomamos cada día al coronar el Prefacio en la misa. Hay muchos Prefacios en los libros litúrgicos, pero no hay más que un “Sanctus”, el mismo para todos los Prefacios. Allí aclamamos al Señor, Dios del universo, y allí, con doble Hosanna, aclamamos a Jesús, Señor glorioso, que viene a la comunidad, presente en la Eucaristía: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!

Esta multitud (que seguramente era una modesta multitud), precisamente ésta…, no podrá condenar a Jesús.
Esta multitud es la que respondió a la turba en el Templo, cuando preguntaron: “¿Quién es este?”, esta multitud respondió: “Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”.

7. Cuando la comunidad cristiana, prolongando el homenaje de aquella multitud, conmemora el acontecimiento, quiere completar lo que entonces se inició. Yo, creyente del Evangelio, soy partícipe activo hoy de aquel homenaje sencillo, que luego en la Historia se ha hecho homenaje universal.
Nosotros vivimos el acontecimiento no como el recuerdo de algo pasado, sino como el evento de una presencia.
Desde hace muchos siglos la liturgia tiene un bello himno medieval del obispo Teodulfo de Orleans (+810) para dar la bienvenida, a la puerta del templo, a Cristo que entra en su Iglesia, en su comunidad. Este himno, de múltiples estrofas, comienza así:
Gloria, laus et honor tibi sit, rex Christe redemptor,
cui puerile decus prompsit Hosanna pium.
¡Gloria, alabanza y honor a ti, oh Cristo, rey, redentor,
a quien aquella hermosura de niños prorrumpía en el piadoso Hosanna!

Por todo esto, Domingo de Ramos es una celebración esplendente de belleza y de íntimas vivencias.
¡Oh Jesús, divino Redentor, entra en mi corazón – las puertas tienes plenamente abiertas – y entra en el corazón de tu Iglesia, que tú has purificado con tu sangre, y que hoy te aclama con todos los fieles! Amén.

Como himnos espirituales para este día véase: En Betfagé nos unimos, Jerusalén, Iglesia del Mesías

miércoles, 6 de abril de 2011

28. Yo soy la resurrección y la vida


Domingo V de Cuaresma, ciclo A
Jn 11,1-45

Hermanos:

1. Comencemos recordando que el Evangelio de la Resurrección de Lázaro es la tercera gran catequesis bautismal que la Iglesia brinda hoy a los catecúmenos que en Pascua van a recibir las aguas vivificantes y van a pasar de la muerte a la vida. Jesús da el agua viva que se hace dentro un manantial que salta hasta la vida eterna (la Samaritana); Jesús es la luz de Dios, luz que da la hermosura a este mundo y me abre la ruta de mi vida (ciego de nacimiento); Jesús es la vida inmortal, mi vida, mi anhelo infinito (Evangelio de hoy, resurrección de Lázaro).
Podemos tomar como palabra central de este Evangelio la solemne proclamación que hace Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida”, y la interpelación de fe que hace a Marta: “¿Crees esto?”.
En estas dos frases se ha centrado el Papa, cuando en el Mensaje para Cuaresma que en su momento dirigió a los fieles, nos dice:
“Cuando, en el quinto domingo, se proclama la resurrección de Lázaro, nos encontramos frente al misterio último de nuestra existencia: «Yo soy la resurrección y la vida... ¿Crees esto?» (Jn 11, 25-26). Para la comunidad cristiana es el momento de volver a poner con sinceridad, junto con Marta, toda la esperanza en Jesús de Nazaret: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo» (v. 27). La comunión con Cristo en esta vida nos prepara a cruzar la frontera de la muerte, para vivir sin fin en él. La fe en la resurrección de los muertos y la esperanza en la vida eterna abren nuestra mirada al sentido último de nuestra existencia: Dios ha creado al hombre para la resurrección y para la vida, y esta verdad da la dimensión auténtica y definitiva a la historia de los hombres, a su existencia personal y a su vida social, a la cultura, a la política, a la economía. Privado de la luz de la fe todo el universo acaba encerrado dentro de un sepulcro sin futuro, sin esperanza”.

2. El ser humano se debate entre la muerte y la vida. Le rodea la muerte, que es una amenaza constante de destrucción, mientras que uno siente la llamada a la vida como llamada del ser.
¿Qué es la resurrección? Acaso nos parezca que acertamos respondiendo del modo más simple: “Resucitar es volver a la vida”. No es verdad, hermanos. Resucitar no es “volver” a la vida, sino “ir” a la vida, avanzar adelante en el destino final de plenitud. Volver a la vida para otra vez morir, esa reviviscenica no sería resucitar, sino retrasar la muerte. Si siempre hemos de estar en trance de muerte, eso es un suplicio eterno. La resurrección verdadera no puede ser una marcha atrás, sino una marcha hacia adelante.
Cuando Jesús resucitó no volvió a la vida de antes, no cogió su cuerpo en el estado de antes, que como materia está destinada a la corrupción; al contrario, siguió el camino de la vida hasta el final. La semilla arrojada en el surco no volvió a ser semilla sino que floreció como árbol de vida inmortal, por decirlo también con una comparación de este mundo.

3. En el Evangelio encontramos tres milagros de Jesús que llamamos “resurrección”: la resurrección del hijo de la viuda de Naím, cuando lo sacaban del pueblo y lo llevaban a enterrar, según cuenta Lucas (Lc 7,11-17), la resurrección de la hija de Jairo, jefe de la sinagoga de Cafarnaúm, que refieren los tres sinópticos (Mt 9,18-26; Mc 5,21-43; Lc 8,40-56), niña de 12 años que acababa de morir; y la resurrección de Lázaro, que acabamos de proclamar.
¿Qué es realmente la muerte? Una respuesta provisional la tienen los médicos. Morir es dejar de respirar; así ha sido la experiencia milenaria. Hoy se dice que la muerte se establece en el cerebro, cuando las células dejan de emitir sus radiaciones; esa muerte cerebral es la muerte médica. Un encefalograma plano es signo de que la vida ha dejado de latir; ya no hay vida.
Un cristiano puede decir que morir es pasar a la eternidad e iniciar el destino eterno. Si esto es la muerte, una marcha adelante para siempre, las resurrecciones narradas en el Evangelio no pueden concebirse como un arrancar a las personas del destino eterno, ya conseguido, y hacerles repetir el camino de nuestra peregrinación.
En este encuentro de la ciencia y la fe, a la ciencia le otorgamos sus derechos, y a la fe, que excede el mismo conocimiento, le damos los suyos.
En la historia salvífica, el poder desbordante de Dios se manifiesta en sus siervos también mediante la resurrección de muertos. El profeta Elías resucita al hijo de la viuda de Sarepta (1Re 17,17-24), y cosa semejante hará su discípulo Eliseo con el hijo de la mujer sunamita (2Re 4,35-37). Y en el Nuevo Testamento Pedro resucita en Jafa a una discípula llamada Tabita (Hech 9,40); y en Tróade Pablo devuelve al vida al joven Eutico que, mientras escuchaba a Pablo cayó de la ventana y murió, si bien Pablo dijo: “No os inquietéis. Todavía sigue con vida” (Hch 20,10).
Estos episodios del Nuevo Testamento responden, sin duda, al mandato que el Señor da en el envío a los apóstoles: “Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido; dad gratis” (Mt 10,8).
Y con este anuncio mesiánico el mismo Jesús ha respondido a los enviados del Bautista: “Id y anunciad a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados” (Mt 11,5).
El científico que quiera discutir, desde el plano de la ciencia, todas las implicaciones de la resurrección de los muertos, tiene que partir del carácter teológico de estos relatos, que en ningún caso quieren dar una prueba de laboratorio.
4. Hermanos, cuando Jesús dice “Yo soy la resurrección” se dirige a Marta, se dirige a la Iglesia, se dirige a mí. Jesús no habla de ciencias de la naturaleza. Habla de la integridad y del destino del hombre. Cuántas veces los sacerdotes hemos recordado estas palabras ante un cadáver. Oigámosle:
“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto vivirḠy el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”.
Jesús me está hablando de mi muerte, de su vida y de la participación que yo puedo tener de su vida, y que por la misericordia infinita del Padre, voy a tener.
Nadie puede pensar en la muerte haciéndose el valiente; nadie puede mirar a la muerte como un fanfarrón, despreciándola, como si fuese cosa broma, de juego o de chiste. Morir no es tomar una copa y seguir adelante. Morir es afrontar la eternidad y abrir las muertas de la inmortalidad.
Hemos nacido para la vida y la inmortalidad; hemos nacido para la gloria y el amor; hemos nacido para la felicidad sin fin, la cual no puede medirse con ninguna experiencia de este mundo.
Jesús nos garantiza solemnemente que esto es verdad, y añade y concreta que él es “la resurrección y la vida”. Definitivamente Jesús es mi vida y mi resurrección.
Más aún, esta es la verdad radial de nuestra fe cristiana. Será la meditación constante de la Pascua, cuando entremos a gozar, en esperanza, de la vida plena que tenemos en Jesús.

5. Los profetas intuyeron, pero no pudieron darnos la vida que nos da Jesús. Leemos hoy el anuncio de Ezequiel, cuando Dios habla: “Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os sacaré de ellos… Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis” (Ez 37,12.14).
Concluyamos con la soberana afirmación de san Pablo: “Y si el Espíritu de quien resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros” (Rm 8,11).
Hermanos, esta es nuestra esperanza: la resurrección y la vida. Amén.
Sobre el evangelio de hoy puede verse como cántico de comunión Yo soy la resurrección - También puede verse un poema compuesto para la fiesta de santa Marta: Sed bienvenida Alegría.