viernes, 13 de mayo de 2011

47. La Divina Pastora


(Sábado anterior al Domingo del Buen Pastor)
Hermanos:

1. Hoy, 13 de mayo, es la Virgen de Fátima, una fiesta de la Virgen donde hay tres niños – Lucía, Jacinto y Francisco -, donde hay una ovejas del pequeño rebaño familiar, y donde hay una madre, una señora vestida de blanco que viene a visitar a unos niños y a pedirles que recen, que hagan penitencia por los pecados del mundo.
Hoy, 13 de mayo, hace 30 años que un hermano musulmán, el turco Alí Mehmet Agsá, quizás no por sí mismo, sino como sicario de alguien quiso asesinar al hombre de la blanca túnica, Juan Pablo II. La bala penetró en el vientre; el tiro pudo haber sido mortal..., pero la Virgen, como si desviara la bala con su mano,  no lo permitió. Es una manera de interpretar las cosas, y tenemos derecho a hacerlo. Fue un milagro de la Madre. Lo que sí es cierto, y esto podemos verlo como milagro,  es que Juan Pablo II, como buen cristiano, fue a la cárcel a visitar a su agresor y le tendió su mano de perdón.
Hoy, 13 de mayo es la Virgen de Fátima en el paisaje campestre de Cova d’Iría. Y mañana es la Divina Pastora, no por ser 14 de mayo, sino por ser sábado víspera del domingo IV de Pascua, que es el Día del Buen Pastor.

2. La Divina Pastora es una de las innumerables fiestas de la Madre, con que nosotros, cristianos católicos queremos honrar a la Madre del Señor. Bien sabemos que María no es una persona Divina, que en rigor teológico no se puede hablar de la Divina Pastora. Por eso, el título litúrgico es otro: Madre del Divino Pastor, o Madre del Buen Pastor.
Ahora bien, esa familiaridad que ha tenido el cristiano, sintiéndose hijo de María, con su Madre, la Santísima Virgen, le ha llevado a venerar a la Virgen con ese atuendo de Pastora, en medio de un rebaño, que es el rebaño de su Hijo, aquel que declaró: “Yo soy el Buen Pastor”.
La cosa empezó hace más de tres siglos. Y bueno será recordar esta historia de devoción, de amor, de conversiones..., de celo misionero. Lo haré tomando pie de una carta que en su día, al cumplirse tres siglos de esta devoción (1703-2003) escribió el superior general de los hermanos menores capuchinos, John Corriveau, a los capuchinos de Andalucía y a los demás capuchinos que en nuestras iglesias hemos cultivado esta devoción.

4. El capuchino P. Isidoro de Sevilla, “este hermano nuestro, gran devoto de la Virgen María,  una noche del mes de junio de 1703, tuvo no se sabe si “un   sueño misterioso, un éxtasis, una inspiración divina, o una simple idea”, así escribe su biógrafo el P. (Ambrosio de) Valencina, de representar a la Virgen vestida de humilde Pastora, cosa que llevó a cabo por encargo suyo el pintor D. Alfonso Tovar. En la pintura está la santísima Virgen sentada sobre una roca bajo un frondoso árbol desde cuyas verdes ramas le saludan las avecillas del bosque.  Es encantadora su sonrisa y mueve a  devoción la piedad y ternura con que mira a una oveja blanca que acaricia con su diestra. Una airosa toca cubre  parte de sus rizados cabellos que descansan sobre una pellica sujeta por un cinturón de piel. Todo su traje es el de una Pastora humilde, pero hace su cuerpo tan hermoso y galán que parece aquel que describiera el Cantar de los Cantares. Allá a lo lejos se ve entre celajes a una oveja errante acometida por el lobo del infierno, que el ángel del Señor, radiante de hermosura, defiende con su espada de fuego.
Así la contemplaron por primera vez los ojos atónitos de millares de sevillanos en procesión por la ciudad hispalense el 8 de septiembre del año 1703”.
Bajo la protección de la Madre del Buen Pastor y con el estandarte de la Divina Pastora los misioneros capuchinos han predicado el Evangelio en diversas regiones de América. Virgen misionera, hasta el punto de que la Orden Capuchina ha tomado a la Madre del Buen Pastor como Patrona de sus misiones.
Ocurre, además, que algunas Congregaciones religiosas se han acogido a la Divina Pastora, a la Madre del Buen Pastor, para sentirse, como rebaño de Jesús, también rebaño de María, rebaño protegido por tan dulce Madre.

5. La Virgen representada audazmente como Divina Pastora no es una revelación de una verdad nueva de la mariología, en modo alguno. Es una expresión plástica, muy en sintonía con el alma andaluza, de ese catecismo de verdades sobre la Madre del Señor que nos enseña nuestra fe cristiana:
- María  es la Madre de Jesús, la Madre del Señor.
- Todo lo que ella es lo es por el Hijo que tiene en brazos.
- María protege el rebaño de su Hijo, rebaño que somos nosotros; lo cuida en verde pradera, lo alimenta.
- María defiende del lobo infernal a los que su Hijo le ha encomendado.
- María, que en la Cruz fue constituida Madre, es la Madre misionera. Los misioneros la han llevado consigo en un estandarte para llamar a “la misión”, entregar el perdón y el Evangelio.
Todas estas cosas nos sugiere la imagen campestre de María.

6. Lo que acabo de recordar son motivos que a mí, hermano menor capuchino, me han impulsado a ofrecer a María, como zagal suyo, un ramo de versos, que sirvan para su fiesta.
Algunos hermanos, algunas hermanas, lo agradecerán. Pues aquí los pongo.

Madre del Buen Pastor y Divina Pastora de las almas
(Sábado anterior al Buen Pastor, este año 14 de mayo de 2011)

I
La audacia del amor te ha revestido

Divina Pastora de las almas.  Como el amor rompe las palabras, porque es el anhelo irresistible de lo divino, no nos sorprenda que las sencillas gentes le hayan llamado a María, Madre de Jesús, la Divina Pastora. Querían decir con ello, simplemente, que Jesús es el Buen Pastor. Tan Buen Pastor, tan amante de su rebaño, que a su Divina Madre le ha confiado sus cuidados.
El Buen Pastor protege a su rebaño, lo defiende, lo alimenta, lo conduce a claros  manantiales, le da el alimento de la vida eterna.
Y el Buen Pastor quiso tener a su Madre junto a sí en esta obra de amor y redención.
Cuando cantamos a la buena Pastora, a la Madre del Buen Pastor, estamos narrando un Evangelio espiritual, estamos cantando la Canción del Buen Pastor, que dio su vida por sus ovejas.
(Oh Jesús, Buen Pastor, condúcenos bajo tu suave cayado!

La audacia del amor te ha revestido
con el campestre atuendo de Pastora,
María, dulce Madre que nos cuidas,
de Cristo, Buen Pastor, su servidora.

Acaso te digamos, al mirarte,
que eres bella en el campo y que enamoras;
la esposa amada, Pascua y Paraíso,
canción de amor de cuanto el hombre añora.

Mas eres, sobre todo, Buena Madre,
la toda y siempre Madre, la Piadosa,
la que en la Cruz tomó bajo su manto
al hijo que Jesús te dio en su hora.

Asístenos, defiéndenos del malo,
oh siempre fiel, oh siempre vencedora,
amparo de tentados y caídos,
que toda pena alivia y acomoda.

Oh Virgen misionera de sencillos,
llevada en estandarte cual Señora,
las flores brotarán en las praderas,
oh Madre del amor, consoladora.

(Honor a Jesucristo que te hizo
reflejo de su amor y su corona,
en él se multiplique la alabanza,
al darnos tú su gracia redentora! Amén.

Tres Ojitos (Chihuahua), 25 de abril de 2007.


II
Pastora de las almas, dulce Madre

Quizás “La Madre del Buen Pastor” y “La Divina Pastora de las almas” afectivamente sean dos títulos distintos y complementarios de la misma verdad manante del Evangelio. La Virgen Divina Pastora de las almas, que vimos en el Seminario Seráfico de la Divina pastoral (Alsasua, Navarra) y que estaba en los camarines de las iglesias capuchinas, es, con detalles variados, la que el Venerable Padre Isidoro de Sevilla describió al pintor que la había de pintar.
 “En el centro y bajo la sombra de un árbol, la Virgen santísima sedente en una peña, irradiando de su rostro divino amor y ternura. La túnica roja, pero cubierto el busto hasta las rodillas, de blanco pellico ceñido a la cintura. Un manto azul, terciado al hombro izquierdo, envolverá el entorno de su cuerpo, y hacia el derecho en las espaldas, llevará el sombrero pastoril y junto a la diestra aparecerá el báculo de su poderío. En la mano izquierda sostendrá al Niño y posará la mano derecha sobre un cordero que se acoge a su regazo. Algunas ovejas rodearán la Virgen, formando su rebaño y todas en sus boquitas llevarán sendas rosas, simbólicas del Ave María con que la veneran...”
Evocando a esta Pastora de nuestra infancia, adolescencia y juventud, a esta Pastora Madre y Misionera, cantamos hoy, con muchos recuerdos entrañables, al inicio de nuestra Provincia de Capuchinos de España (26 abril 2011).

1. Pastora de las almas, dulce Madre,
visión de amor y paz en nuestra infancia,
mi pecho está muy lleno de recuerdos
cual prado pastoril con flores blancas.

2. Mullido es tu pellico de pastora,
la túnica de rojo hermoseada,
y llevas un cayado en tu derecha
y un sombrero que ondea hacia la espalda.

3. Tu reino es la ternura de tus ojos
que llega hasta nosotros y nos calma,
que somos a tus pies los corderillos
felices de pastar junto a tus plantas.

4. En ti Jesús está porque es tu Hijo,
tesoro tuyo, fuente de la gracia
el Salvador invicto del rebaño,
el Buen Pastor que a todos nos abraza.

5. A ti venimos, Madre, los hermanos,
redil y hogar de múltiples cañadas;
oh Virgen del Calvario, misionera,
seguros al amor de tu mirada.

6. La gracia que de niños nos mostraste
también ahora muestra en abundancia;
y en tu dulce regazo abandonados,
dejando todo, no pedimos nada.

7. ¡Jesús, oh Buen Pastor de tus ovejas,
que desde el cielo a tu rebaño guardas,
con las flores campestres que te gustan
amor brindamos y decimos gracias! Amén.

Puebla de los Ángeles, 12 mayo 2011

domingo, 8 de mayo de 2011

46. Día de la madre: 10 de mayo


Mujer, Madre, Esposa
Hermanos:

1. Todo el mundo sabe en México que el día 10 de mayo es el Día de la Madre, caiga el día que caiga. Y muchos, muchísimos, en México saben que el día 15 de mayo es el Día del Maestro. No es tan seguro que se sepa cuándo es el Día del Padre o el Día del Abuelo. La Madre y el Maestro son dos figuras que merecen un altar especial. Ser maestro, ser maestra, es como una forma subsidiaria, adventicia, colaboradora... de ser “madre”.
El que lee la Sagrada Escritura topa en los libros sapienciales con un poema muy bello, tejido con cierto capricho, que se titula..., en el libro bíblico de los Proverbios no tiene título, que el título se lo ponemos nosotros, y podría ser éste: Elogio de la Mujer, esposa y madre. Antes se decía: “la Mujer fuerte”, porque el texto suena así: Mulierem fortem, quis inveniet? Una Mujer fuerte ¿quién la hallará? (Y la versión del episcopado español retiene estas palabras). Pero hoy eso de “mujer fuerte”  se intenta verter con otros epítetos: una mujer hacendosa, valerosa, una mujer entera, una mujer cabal... ¿dónde está?, ¿quién la encontrará? Porque esa mujer es el tesoro del mundo.
“Sus hijos se levantan
y la llaman dichosa,
su marido proclama su alabanza” (Pro 31, 28).


2. Los poetas, los literatos, se han esmerado por entonar el Canto a ese Mujer valiente, hacendosa, verdadera esposa, verdadera madre. Hubo un poeta español, de honda raigambre cristiana, que tiene una pieza literaria muy hermosa, un poema castellano amplio (272 versos) premiado en unos Juegos Florales: José María Gabriel y Galán (1870-1905). La poesía se titula “El Ama”, y canta a su madre (que se llamó doña Bernarda) y canta a su esposa (la campesina Desideria). El sensible poeta, maestro de escuela, había dejado este oficio, para dedicarse a su hacienda de labranza y ganado, y evocando con idilio esta vida, canta a la mujer madre y esposa. Oigamos las primeras secuencias.

Yo aprendí en el hogar en qué se funda
la dicha más perfecta,
y para hacerla mía
quise yo ser como mi padre era
y busqué una mujer como mi madre
entre las hijas de mi hidalga tierra.
Y fui como mi padre, y fue mi esposa
viviente imagen de la madre muerta.
¡Un milagro de Dios, que ver me hizo
otra mujer como la santa aquella!
Compartían mis únicos amores
la amante compañera,
la patria idolatrada,
la casa solariega,
con la heredada historia,
con la heredada hacienda.
¡Qué buena era la esposa
y qué feraz mi tierra!
¡Qué alegre era mi casa
y qué sana mi hacienda,
y con qué solidez estaba unida
la tradición de la honradez a ellas!
Una sencilla labradora, humilde,
hija de oscura castellana aldea;
una mujer trabajadora, honrada,
cristiana, amable, cariñosa y seria,
trocó mi casa en adorable idilio
que no pudo soñar ningún poeta.
¡Oh, cómo se suaviza
el penoso trajín de las faenas
cuando hay amor en casa
y con él mucho pan se amasa en ella
para los pobres que a su sombra viven,
para los pobres que por ella bregan!

3. ¿Qué dice en el corazón la palabra “madre”? Dice “amor”; ahora bien, amor sobresaliente, con tres características ideales que podemos perfilarlas de este modo.
Primero: El amor de una madre es un amor entero, amor a fondo perdido. No es un amor calculado, utilitario, que espera retribución.
Segundo: Es un amor silencioso. Con ello queremos decir que no es un amor ostentoso, protagonista. Un deportista, por el propio oficio, entra en pelea, buscando ganar, el primer puesto, el triunfo y la fama. Una madre ama en el silencio: largos años en que el hijito, la hijita, requiere a la madre en todo y para todo. Una madre de verdad se entrega en el silencio y la oscuridad.
Tercer rasgo de este amor “trinitario”. El amor de una madre es un amor hasta el fin, perseverante, sin traición, hasta lo último, pase lo que pase.

4. En una palabra, el amor de una madre de verdad, entera y verdadera, es el amor que cumple en sí la misma misión del amor, como si el amor materno fuese el prototipo del amor.
¿Idealizamos el amor de una madre? Sin duda, pero es que necesitamos idealizar y concretar en un ser lo que es el amor, suprema revelación que Dios ha dado a los seres humanos de nuestro origen y destino: nacimos del amor de Dios y vamos a desembocar en ese mismo amor. En suma, Dios es amor, y de alguna manera quiero verlo reflejado en una criatura. Esa es la madre.
La Virgen María para los cristianos es ciertamente la Virgen, mas el título preferido de la Virgen es que es la Madre de Jesús y nuestra Madre. En ella todo lo que expresa la palabra “Madre” halla su ecuación perfecta.
Los teólogos quieren hablar del “rostro materno de Dios”, llevando a lo infinito esa intuición del amor materno, amor-ternura, que está tan instintivamente asociada a la figura de la Madre. ¿Diremos que el Espíritu Santo es el rostro materno de Dios? No, cualquier concreción resulta infinitamente estrecha y hasta molesta. Dios es padre, Dios es madre, Dios es amor perfecto sin nombre, y Dios llega a mí en lo concreto. Y por ser así, humilde y narrativo, puedo decir – y lo digo – Dios llega a mí por el amor de un padre, por el amor de una madre. De mi caso personal, con sentido reconocimiento, sí que lo digo.

5. Día de la madre, pero Día del hijo que quiere decir una palabra a la Madre, a su madre. Olvidemos en esta hora que hubo madres, y las hay, que no aceptaron su divina misión en esta tierra. Pero yo quiero hacer un homenaje a mi madre, y siento en el corazón la necesidad de decir “¡Gracias!”. ¿Lo diré con versos? ¿Lo diré con flores?
Lo diré como pueda, pero lo diré de verdad. Lo diré, sobre todo, con una vida digna de sus ojos.
Lo diré con besos.
Lo diré con palabras.
Lo diré con silencios.
Madre: quisiste lo mejor para mí. Yo también quiero lo mejor para ti. Recibe, madre, la ofrenda de mi vida, que a Dios la entregué, pues él me la dio. Recibe, madre, el perfume de mi vida..., y piensa que tú estás ahí.
Madre, hasta el cielo.
Mi madre, Saturnina Lecumberri (1908-2008),
viuda de Rufino Grández (1907-1947),
y yo con ella en Navidad de 2006

Nota. Si quiere el amable lector saber los sentimientos íntimos que abrigo para con mi madre, le ruego que abra este archivo (pulsando simplemente): Sonetos celestiales para mi madre.

sábado, 7 de mayo de 2011

45 Emaús, camino hasta Jesús


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Hermanos:

1. Vamos avanzando en los cincuenta días pascuales, y de los siete domingos que tiene este tiempo, el más hermoso del año, estamos hoy en el domingo tercero. Sepamos esta breve ilustración litúrgica: De estos 7 domingos de Pascua en los tres primeros se va proclamando cada domingo una de las apariciones de Jesús narrada en los Evangelios – hoy la aparición a los discípulos de Emaús –; el domingo IV está dedicado, todos los años, a Jesús Buen Pastor; y en los tres últimos (V, VI, y VII, que no se llama VII sino Día de Pentecostés) el Evangelio nos propone palabras del Señor referentes al Espíritu Santo, prometido para Pentecostés, corona de la Pascua.
Observen que en Pascua no se lee el Antiguo Testamento. Esto es para significar cómo el Antiguo Testamento, que como escrito de la primera Alianza, sigue teniendo vigor en la Iglesia, pues todo él es como una inmensa profecía, al llegar la Pascua de Jesús, plenitud de todas las esperanzas, nos centramos en ella, en esta esperanza cumplida, y tratamos de saborear lo que no tiene fondo, porque es el don total de Dios.
Con diversos cortes de los Hechos de los Apóstoles vamos viendo, ante todo, el primer anuncio de los Apóstoles, la vida de la comunidad, los ministerios de la comunidad, la predicación del Evangelio y la misión hasta los confines de la tierra.

2. Hoy, domingo III, se nos representa ante los ojos lo que pasa con los discípulos de Emaús, uno Cleofás y su compañero, cuyo nombre desconocemos. San Lucas es un narrador magistral, y su relato de Emaús es una pieza maestra. Los literatos tienen una material exquisito sobre el arte de narrar: el encanto de lo sencillo, sorpresa de lo imprevisto, intriga o misterio de lo que va a venir, entrada directa de lo divino, apoteosis de la fe. El literato tiene pasto de análisis; pero el teólogo y el espiritual tienen una mina inexhausta de sentido, para reflexionar sobre puntos como estos:
- Qué es la fe vibrante y la fe turbada.
- Qué son los ojos retenidos y los ojos abiertos de cara a la fe.
- Qué es la comunidad como ámbito de una presencia.
- Qué es el diálogo y la catequesis de Jesús Resucitado.
- Qué es la Escritura como fuente de la Resurrección.
- Qué es la experiencia sacramental de Cristo.
- Qué es la “fracción del pan”.
- Qué significa en la Iglesia: “¡Se ha aparecido a Simón!”

3. Fue aquel día memorable. Dos discípulos regresaban de Jerusalén a su pueblo, distante como 11 kilómetros. Discípulos en este movimiento que Jesús había suscitado, y, al parecer muy adictos, quizás del círculo de familia. La conversación va y viene sobre los acontecimientos de esos días, que no acaban de digerir. De pronto se incorpora un tercer viandante. Será seguramente otro que vuelve como ellos de los días de Pascua y va a su aldea; en todo caso es uno que ciertamente viene de Jerusalén. La conversación sigue con el desconcierto que han creado los acontecimientos.
San Lucas, fino escritor, que de profesión había sido médico, simplemente relata. Y el buen redactor, en su modo de escribir, sin decir, muchas veces dice, es decir sugiere.
Resulta una especie de sutil ironía – ironía sacra y paradoja – el que estos dos viandantes pregunten al que se acaba de juntárseles
- Pero ¡cómo!, ¿eres tú el único forastero que no sabe lo que ha pasado estos días en Jerusalén?
Y Jesús, el único que de verdad sabía lo que había ocurrido, haciéndose el ignorante, entra en la conversación:
- Pues ¿qué ha ocurrido?
- Lo de Jesús de Nazaret, que ese sí era un profeta poderoso ante Dios y ante los hombres.
- Y ¿qué?
- Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo juzgaron y lo condenaron, y lo entregaron  para que lo crucificaran.
¡Con qué dolor sonaron aquellas palabras! Y ¡cómo cayeron en el corazón de Jesús como para que este pensara: Hay que levantar a estos hombres, hay que resucitarlos, porque están derribados!
- Nosotros creíamos..., esperábamos...; no es que...., pero, en fin, no sabemos ya que pensar.
Bueno, es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo han ido al sepulcro y cuentan que han tenido una visión; fueron de nuestro grupo..., el sepulcro estaba vacío pero a él no lo vieron...

4. Hermanos, hay un momento en que los pensamientos se revuelven y giran como un molino, y podemos estar “piensa y piensa” sin solución. Si los ojos están retenidos, si la fe está aprisionada, daremos vueltas y vueltas, pero los cangilones de la noria no recogen agua, porque están averiados. La fe de los sencillos engendra vida, y la fe ilustrada ¡naturalmente que también!, pues esta fe ilustrada es necesaria en la Iglesia. En cambio, la ciencia y más ciencia, como erudición, como saber deslumbrante, nos tiene retenidos los ojos, aunque estemso conversando más y más.
Los discípulos agraciados cuando en la fe lo vieron todo, comentaron la forma que tenía Jesús de explicar las Escritura.s Era una forma que encendía el corazón. “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24,32).
En aquella célebre encíclica de Pío XII, Divino afflante Spiritu (1943), que impulsaba tan valientemente el método científico para desentrañar la Biblia, el Papa explicaba este versículo a los maestros de Sagrada Escritura en los Seminarios: “Por lo cual, la exposición exegética ha de ser principalmente teológica, evitando inútilmente disputas y omitiendo todo aquello que sea fuente de vana curiosidad más bien que fomento de verdadera doctrina y de piedad sólida; propongan el sentido llamado literal, y principalmente el teológico, con tanta solidez, explíquenlo con tanta maestría, incúlquenlo con tal fervor, que sus alumnos lleguen a experimentar en cierto modo lo mismo que los discípulos de Jesucristo cuando, yendo a Emaús, al oír las palabras del Maestro, exclamaron: ¿No ardía, en verdad, nuestro corazón en nosotros mientras nos explicaba las Escrituras?” (n. 27).
Muchas veces ha venido a mi mente este pasaje de la encíclica desde que, sentado en el pupitre como alumno, oí la cita a mi profesor. El buen maestro de Escritura debe contagiar pasión de la palabra divina, no por alzar la voz o por gestos patéticos, sino simplemente por penetrar con sabiduría el texto sagrado, lo que dice el texto. Sin salirse del texto, uno... como que entra – debe entrar – en el fuego.

5. Lo que se nos antoja como más divino en el episodio de Emaús es cuando Jesús, vencido por los amigos, se queda con ellos y se sienta a la mesa. Ahora, de repente la escena cobra una sacralidad litúrgica. Hay cuatro expresiones que son propias de la Eucaristía, o de la fracción del pan (v. 35), como dice el texto, a saber:
- tomó el pan,
- pronunció la bendición,
- lo partió
- y se lo dio, o, mejor: se lo iba dando.
Entonces es cuando lo vieron, y entonces Jesús se retiró, se desvaneció su figura, desapareció.
Lo anterior había sido una “aparición”; lo de ahora era la verdad de la fe.

6. Nosotros, hermanos, no estamos en “lo anterior”, que era como anuncio y soporte de lo siguiente. Nosotros estamos en lo siguiente, en la “desaparición”, que es la verdadera presencia y comunión en la fe. ¡Ahora es cuando Jesús estaba vivamente presente!
No jugamos con las palabras, sino que estamos comunicando la profunda teología de la escena. Jesús habita en su Iglesia por la fe; Jesús vive en mí por la fe.
Jesús resucitado, yo creo en ti, en tu presencia en la Iglesia, en tu presencia en al Eucaristía. Te creo y te comulgo en la fe.
Pero de la abundancia de tus dones te pido una chispa de fuego divino para que mi corazón se encienda cuando leo las Escrituras, y una gota de la dulzura celestial para que saboree tu presencia en la Eucaristía.
Jesús de Emaús, Jesús de mi Parroquia, hacia tti iendo mi mirada. Amén.

Como himnos litúrgicos para este domingo véase:¿No serás tú, buen amigo?; La ruta de Emaús sigue sus pasos

viernes, 6 de mayo de 2011

44. Bajo el cobijo de Jesús de la Misericordia


Homilía a los Seminaristas del Seminario palafoxiano de Puebla de los Ángeles, con motivo del Titular del Primero de Teología.
Hermanos:

1. Me agradó mucho que los alumnos de primer curso de Teología, con los cuales me aplico en el estudio de la Sagrada Escritura, me invitaran a presidir esta celebración titular, que como es costumbre es compartida por todo el Seminario.
Les saludo, pues, a todos con cariño, y sin otros previos vamos a entrar directamente en el Evangelio donde encontramos a ese Jesús de la Misericordia que nos congrega.

2. Los textos sagrados escogidos para hoy vienen del domingo anterior, Domingo II de Pascua que desde el año 2000 es designado también como Domingo de la Divina Misericordia. Vamos a centrarnos en este versículo de san Juan que viene a ser el manantial de la fiesta. Jesús resucitado “les mostró las manos y el costado” (Jn 20,20), un versículo que adquiere su plenitud cuando se lo pone al lado de otro del mismo evangelista: “uno de los soldados con su lanza le traspasó el costado, y salió al punto sangre y agua” (19,34).
Hay tres palabras que usa san Juan y que rondan entorno al mismo misterio. Son palabras necesarias para comprender lo que pasa en la Cena, lo que pasa en la Cruz y lo que pasa en la Resurrección. Me estoy refiriendo, siempre con el Evangelio de san Juan, al seno de Jesús (kolpos), al pecho de Jesús (stethos), al costado de Jesús (pleura). In sinu Iesu; supra pectus Iesu, y latus eius.
En griego no se confunden, ni tampoco en latín. Estas tres palabras, que pueden ser tres vías de meditación están referidas a una cuarta, que Juan no la pronuncia, pero la insinúa: el corazón, el corazón de Jesús (kardía). ¿De dónde sale la sangre sino del corazón? En el Nuevo Testamento se habla bastantes veces del corazón, del corazón humano, pero nunca del corazón de Jesús. Sí, en cambio, de las entrañas de Jesús, de las vísceras de Jesús. “Testigo me es Dios de cuánta soledad siento de todos vosotros en las entrañas de Cristo Jesús” (Flp 1,8). Es importante advertir esas matizaciones afectivas de nuestros organismo biológico y de nuestro psiquismo para ver que el amor de Dios a nosotros es amor concreto, amor que duele. La Madre Teresa de Calcuta decía que hay que amar hasta que duela.
En la Cena el discípulo amado estaba en el seno de Jesús (in sinu Iesu) cuando del seno pasó al pecho de Jesús, se recostó sobre el pecho de Jesús (supra pectus Iesu) para preguntar al Señor, por indicación de Pedro: ¿Quién es el traidor? Y Jesús le reveló este secreto de su corazón.
Como bien se percibe, no es lo mismo estar junto a Jesús, en el seno de Jesús, “in sinu Iesu”, que descansar sobre el pecho de Jesús. Un riguroso analista del lenguaje traduce: “Él, dejándose caer confiadamente sobre el pecho de Jesús, le dice: Señor, ¿quién es?” (Jn 13,25) (Nuevo Testamento trilingüe de Bover - O’Callaghan).

3. Somos llamados, pues, a esa confidencia superior, a esa intimidad que se activa en el corazón. Afinando nuestro pensamiento, podremos decir que también es distinto reposar sobre el corazón de Jesús, que meterse dentro de este corazón. Meterse en ese corazón es lo mismo que meterse en la Trinidad por la puerta del Verbo Encarnado.
¿Qué pasa en el corazón de Jesús, que quiere ser la morada de los íntimos, que son sencillamente los que el Evangelio de Juan llama sin más “los suyos”?
¡El corazón de Jesús! Hubo un día feliz en el que en la Iglesia se tomó la efigie de este corazón para decir de una manera visual, sensitiva y afectiva cómo el centro y compendio de toda la revelación se muestra en ese corazón. El año 1956 Pío XII, al cumplirse el centenario de la introducción de la fiesta del Corazón de Jesús para toda la Iglesia, escribió una encíclica con este título de Isaías: Haurietis acquas: Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador (Is 12,3). Decía, citando a otro Papa, que en esa imagen está el “compendio de toda la religión”. “¿No están acaso contenidos en esta forma de devoción el compendio de toda la religión y aun la norma de vida más perfecta, puesto que constituye el medio más suave de encaminar las almas al profundo conocimiento de Cristo Señor nuestro y el medio más eficaz que las mueve a amarle con más ardor y a imitarle con mayor fidelidad y eficacia?” (Pío XI, en su encíclica Miserentissimus Redemptor).
Hermanos seminaristas, ese fue el examen final de toda mi Teología: Mostrar cómo el corazón de Jesús es el resumen denso de toda la Teología, de donde arranca la Moral. Para ello había que acudir a la doctrina de la encíclica, mostrando cómo el corazón de Jesús de Nazaret es el punto de confluencia del amor descendente de Dios y del amor ascendente de la criatura, y éste diversificado según los distintos amores que respiran en el corazón humano según los diversos conocimientos de donde fluyen: conocimiento anhelante de nuestra reflexión, conocimiento infuso, conocimiento beatífico. De hecho, hoy el corazón de Jesús sigue amando en el cielo, pues allí está su santa humanidad. El corazón de Jesús es una versión de lo que en otro lugar dirá san Juan por dos veces: “Dios es amor” (1Jn 4), título que Benedicto XVI ha dado a su primera encíclica.

4. En nuestras clases bíblicas, recorriendo la materia de este año – Pentateuco y libros históricos, desde Josué hasta los Macabeos – este ha sido el hilo conductor de todo cuanto hemos explicado. La historia humana – y humana es la historia bíblica, desde la muerte de Abel, primer homicidio de la humanidad, hasta la muerte de Bin Laden el domingo pasado – tiene una clave, inmanente y trascendente: Dios está ahí. En la muerte de un justo o de un terrorista, Dios está ahí, porque hay alguien que en su muerte ha asumido nuestras muertes. Murió uno por todos dice san pablo, pronunciando no un juicio político de la historia, sino el veredicto teológico último.

5. La imagen de Jesús de la misericordia, que ha presidido nuestras lecciones, que ha querido ser el sello de cuanto hemos anunciado, la firma de nuestra búsqueda mental, tiene debajo una firma: ¡Jesús mío, en ti confío! Ese es el remate de la revelación, la palabra que nos está diciendo y pidiendo Dios en este momento.

6. Hermanos seminaristas de primer curso y hermanos seminaristas de todo el Seminario, leamos la Escritura con pasión y sabiduría. Que no se obstruya nuestro camino por tantas mentiras, asesinatos, rebeldías que van regando todo el camino de la historia. Dios está ahí, exactamente igual a como Dios está en el centro de mi pobre vida. Dios es amor. ¡Sea Dios el amor de mi vida!
¿Qué más les puedo decir?

7. Que Dios nos dé la gracia de saber escuchar en la vida, tan dura y cruel en algunas personas, este mensaje celestial. Hacer teología, tarea laboriosa, es también un suave deleite para el espíritu. Llevar esos pensamientos a una vida ensangrentada de dolor es una nueva gracia. Dios está en nuestros pensamientos, ciertamente. Pero ese mismo Dios, hermanos, en las gentes rudas y hostiles, a los que la vida no les ha dado gratos ámbitos para pensar.

8. Hoy, y aquí en la Eucaristía,  Jesús nos abre las manos y el costado, para que nos dejemos inundar de todo lo  que sale de ahí: la ternura de Dios. Y luego, para que nosotros mismos nos metamos ahí, en el hueco de la roca – dice el cantar de los cantares – en ese dulcísimo corazón, que es la puerta de la Trinidad.
María, la Madre del Señor, la que estuvo al pie de la Cruz, nos reciba en su silencio humilde que cubre los siglos, nos haga fieles discípulos de su Hijo, nos haga santos sacerdotes.
Amén.

1. Jesús, Misericordia regalada,
océano de amor a lo infinito,
sabiendo la verdad del Evangelio,
de ti, mi Salvador, de ti me fío:
          ¡Jesús, en ti confío!

2. Contigo he recorrido la Escritura,
y allí te vi, allí desde el principio:
reflejo de tu Padre y del Espíritu,
que eras el que eres, siempre el mismo:
          ¡Jesús, en ti confío!

3. No manchan los pecados tu figura,
no empañan nuestros yerros tus designios:
la Ley y los Profetas van narrando,
y amor es la canción que percibimos:
          ¡Jesús, en ti confío!

4. Jesús manante amor, hogar del mundo,
que así quedó tu corazón herido,
el agua con la sangre inmaculada
son vida, gracia y paz, divino río:
          ¡Jesús, en ti confío!

5. La Iglesia va a su fuente generosa,
y bebe en ti su Espíritu y su brío;
eterno Sacerdote que intercedes
y asocias a ministros elegidos:
          ¡Jesús, en ti confío!

6. Jesús, Misericordia celestial
y gloria en el camino ya cumplido:
Jesús en Trinidad, fin alcanzado,
escóndeme en tus brazos, bendecido:
          ¡Jesús, en ti confío!

Rufino María Grández, OFMCap.




miércoles, 4 de mayo de 2011

43. Jesús de la Misericordia


Hermanos:

1. En la reflexión u homilía anterior dejé aquí mi palabra al eco de la celestial celebración del Beato Juan Pablo II. Que sea bendición para la humilde Iglesia del Señor Jesús. Ahora completo, pero ya no mirando la figura del Papa santo, sino de aquel a quien aclamamos “tu solus sanctus, tu solus dominus, tu solus altissimus, Iesu Christe”. Cristo es el único que merece el nombre de Santo; los demás – estén en el cielo o peregrinemos en la tierra – por redundancia. Somos, sí, los santos del Señor.
Vengamos, pues, a sondear el mensaje del domingo pasado, que Juan Pablo II, quiso que se llamara Domingo II de Pasca o de la Divina Misericordia.

2. Detrás de ello hay una religiosa polaca, sor María Faustina Kowalska. Murió joven, a los 33 años, en Cracovia, el año 1938. Veintisiete años después (21 octubre 1965) el joven arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla, introdujo el Proceso informativo de esta causa, que se cerró dos años más tarde (20 octubre 1967) para pasarlo a Roma, en una sesión presidida por el arzobispo de Cracovia que lo era el ya Cardenal Karol Wojtyla. Siendo Papa la beatificó en el Domingo de la Divina Misericordia (18 de abril de 1983), y la canonizó en el Domingo de la Divina Misericordia (30 de abril de 2000).
Caminos de la Providencia que se sirve de circunstancias muy pequeñas para llevar a cabo cosas grandes. Sor Faustina era una humilde, humildísima religiosa, comenzando a dar a esta palabra un sentido literario elemental. Su formación no pasó de la escuela primaria, pues sus estudios fueron tres años tan solo, más exactamente: “Su educación escolar no duró ni siquiera tres años: al cumplir 14 años abandonó la casa familiar para trabajar de sirviente en Aleksandrów y Lodz, y mantenerse a sí misma y ayudar a sus padres” (Sor Ma. Elzbieta Siepak, en la Introducción a la publicación del “Diario: La Divina Misericordia en mi alma”). La pobreza real de una familia, e incluso del entorno, marca muy decisivamente la ruta de la vida.
Dios por medio, y la joven Elena, que así se llamaba de bautismo, pudo ser religiosa en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia. Esta santa religiosa, con el consejo apremiante de su confesor, escribió en los cuatro últimos años de su vida un Diario. Ese Diario son seis Cuadernos, que el lector interesado los encuentra íntegros en Internet, llenando un archivo inmenso de unas 700 páginas (depende, claro, del formato de impresión, texto dividido en 1828 números. Véase el archivo como: santa_maria_faustina_kowalska.htm). Y en esas páginas el hombre espiritual puede pasearse para ver las maravillas que Dios hace con personas humildes.
Es cierto que esta humilde mujer se siente con una vocación que trasciende su persona y su convento. “Tú eres la secretaria de Mi misericordia; te he escogido para este cargo, en ésta y en la vida futura (Diario, 1605), (…) para que des a conocer a las almas la gran misericordia que tengo con ellas, y que las invites a confiar en el abismo de Mi misericordia”  (Diario, 1567).
Esto, sin embargo, no quiere decir que el Señor llame a todos a ir por el camino específico, incluidas las devociones particulares que Jesús ha inculcado a su fidelísima Faustina: la imagen, la coronilla de la Divina Misericordia, la hora de la Misericordia (viernes a las 3 de la tarde).

3. Lo más conocido en esta espiritualidad es la imagen del Jesús de la Misericordia. Así se le presentó el Señor en una visión que tuvo en su celda el 22 de febrero de 1931: “Al anochecer, estando yo en mi celda – escribe en el Diario – vi  al Señor Jesús vestido con una túnica blanca.  Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho.  De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido.  ( …)  Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti  confío  (Diario 47).  Quiero que esta imagen (…) sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia “  Diario, 49)”.
Qué significaban esos rayos que salían del corazón de Jesús? “El Señor Jesús, preguntado por lo que significaban, explicó: “El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas.  El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas (….). Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos”  (Diario, 299). Purifican el alma los sacramentos del bautismo y de la penitencia, mientras que la alimenta plenamente la Eucaristía. Entonces, ambos rayos significan los sacramentos y todas las gracias del Espíritu Santo cuyo símbolo bíblico es el agua y también la nueva alianza de Dios con el hombre contraída en la Sangre de Cristo” (Sor Ma. Elzbieta Siepak, antes citada).

4. Ahora tenemos que pasar de sor Faustina a quien inspira todo esto. Más aún, para entender a la religiosa que ha escrito este Diario fecundo y meticuloso, hasta tendríamos que olvidarnos de todos estos particulares, e ir en directo a la fuente evangélica en que se inspiran: la cruz de Cristo, y ese corazón que late de amor, y que después de expirar se convierte en fuente espiritual. E igualmente tendremos que acudir al relato de la resurrección en que, según san Juan, Jesús, aparecido a los discípulos, “les mostró las manos y el costado” (Jn 20,20).
Durante siglos hemos pensado los cristianos en el Corazón de Jesús, que no era una devoción de una santa (santa Margarita María de Alacoque) y de la Compañía de Jesús, sino una fiesta de la Iglesia, en la cual podíamos ver “como un compendio de toda la religión cristiana “ (Pío XII). “Dios es amor” fue la primera encíclica de nuestro querido Papa Benedicto XVI. El Corazón de Jesús es la expresión bellísima, inexhausta, del amor de Dios.
Pero ¿de qué amor?, podemos preguntar para mejor precisar. Del amor descendente, y del amor ascendente. En el corazón de Jesús se nos da todo el amor de Dios que desciende hasta nosotros, que nos envuelve y nos salva. Y, al mismo tiempo, en el corazón latiente de Jesús, podemos ver todo el amor que la humanidad que pro el cauce del hombre Jesús asciende al Padre. Por ello, el corazón de Jesús es el punto de encuentro de ese amor total que desciende y asciende, el corazón de Jesús y solo él. Si así contempla la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, ya no estoy hablando de una devoción – de las promesas del Corazón de Jesús, de los Nueve primeros viernes al corazón de Jesús – sino que hablamos de la revelación de Jesús en cuanto tal en el Evangelio.

5. Cosa semejante, incluso paralela, podemos decir de Jesús de la Misericordia. Cuando sor Faustina vio el cuadro que un pintor encargado había pintado con los datos que ella dio, he aquí lo que cuenta. “Fui a la capilla y lloré muchísimo. ¿Quién te pintará tan bello como Tú eres?” (Diario, 313).
Puede ser que hasta la misma imagen no nos agrade... No importa. Vayamos directamente al Evangelio de Juan, que ha sido él el que nos ha introducido en la intimidad con dos escenas paralelas, la de la Cruz y la de la Resurrección. ¿Qué hay en este corazón que mana sangre y agua, y que Jesús muestra a los suyos en la tarde de la resurrección? ¿Qué hay dentro de ese corazón que alienta y de cuyo soplo viene el Espíritu Santo para el perdón de los pecados?
Habrá que recordar lo que ya hace muchos siglos nos dijeron los Padres de la Iglesia, como fruto de sus meditaciones que compartieron con el pueblo cristiano. El día de Viernes Santo oíamos estos párrafos de una catequesis bautismal de San Juan Crisóstomo, pronunciada el año 388:

“Del costado salió sangre y agua. No quiero, amado oyente, que pases con indiferencia ante tan gran misterio, pues me falta explicarte aún otra interpretación mística. He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la eucaristía. Pues bien, con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: con el agua de la regeneración y con la renovación del Espíritu Santo, es decir, con el bautismo y la eucaristía, que han brotado, ambos, del costado. Del costado de Jesús se formó, pues, la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva.
Por esta misma razón, afirma san Pablo: Somos miembros de su cuerpo, formados de sus huesos, aludiendo con ello al costado de Cristo. Pues del mismo modo que Dios formó a la mujer del costado de Adán, de igual manera Jesucristo nos dio el agua y la sangre salidas de su costado, para edificar la Iglesia. Y de la misma manera que entonces Dios tomó la costilla de Adán, mientras éste dormía, así también nos dio el agua y la sangre después que Cristo hubo muerto” (Catequesis bautismales, tercera).
Hermanos de ayer, hermanos internautas de hoy. Nuestra fe es amor y tiene un lenguaje de amor. A mas de mil seiscientos años de distancias los predicadores de ayer, los predicadores de hoy vamos a la misma fuente del corazón de Cristo, y encontramos lo que Juan contemplo y de lo que Dios testimonio y que nunca acabaremos de contemplar: Dios es amor. Dios es Misericordia. Y ese amor, y esa misericordia se llama: JESÚS.
Amén.

(Puebla, 4 de mayo de 2011).

martes, 3 de mayo de 2011

42. La Cruz de mayo


Hermanos:

1. Quiero comenzar esta homilía con una ilustración que es bueno saber para quedar informados de cómo nacen ciertas fiestas en la Iglesia. El día 13 de septiembre del año 335 se consagró en Jerusalén la basílica que hoy se llama del Santo Sepulcro, lugar céntrico de las peregrinaciones cristianas, y que los orientales prefieren llamar la Anástasis, es decir, Resurrección, Basílica de la Resurrección del Señor.
Allí se venera el lignum crucis, el leño de la Cruz, que fue hallado, según tradición por santa Elena, la madre de Constantino. El día siguiente a la dedicación, es decir, el 14 de septiembre, se hacía la ostensión de la Santa Cruz, del leño sagrado, celebración y fiesta que pasó  a las Iglesias de Oriente. Siglos más tarde pasaría a Occidente.
Diversos avatares de la historia hicieron que la Santa Cruz tuviese otra fiesta el 3 de mayo: la Cruz de mayo y la Cruz de septiembre. En tiempo del Beato Juan XXIII se suprimió la Cruz de mayo, pues en realidad, aunque con matices distintos (invención, yexaltación), era una doble de la otra. La Iglesia lo que celebrar es la Exaltación de la Santa Cruz (In exaltatione sanctae Crucis)

2. Ahora bien, en México, viendo los obispos cuánto arraigo popular tenía la Cruz de mayo, pidieron a la Santa Sede que se siguiera celebrando. Y así se hace. La fiesta de la Santa Cruz es de por sí el Viernes Santo, cuando adoramos a la Cruz ,pues en ella estuvo pendiente la salvación del mundo.
La Cruz de mayo tiene en México una nota peculiar: es la fiesta del gremio de la construcción. “Los albañiles acostumbran colocar, en lo alto de la fachada de la casa en construcción, una cruz de madera adornada con flores y papel de china, previamente bendecida por un sacerdote La fiesta de la Santa Cruz es motivo de jolgorio para los albañiles y estos festejan con cohetes, música, baile y platillos típicos, con familiares y amigos, en la "obra" donde estén trabajando.
Esta tradición data de la época colonial a partir de la formación de los gremios y según viejas crónicas fue impulsada por Fray Pedro de Gante” (Información recogida al azar en Internet).

3. De hecho hay un simbolismo hermoso entre la Cruz y el edificio. ¡Cuántos edificios son coronados con la señal de la Cruz! Por de pronto, las iglesias. Si vemos una torre con una cruz, al punto deducimos: Es una iglesia.
Pero la cruz campea en lugares y actividades, que a nosotros nos evocan al Salvador. Una sepultura cristiana lleva una cruz, que dice más que todo lo que puedan decir las palabras.
La Cruz ha sellado nuestra civilización cristiana. La cruz en los montes, dominando el paisaje e invitando a la adoración; la cruz en los cruces de los caminos, marcando un rumbo en la vida; la cruz en las entradas de las ciudades.
La Cruz, la Santa Cruz ha sido el nombre de muchas instituciones cristianas. La Cruz con el Crucificado, es decir, el Crucifijo, que debe tener su puesto de honor en una familia cristiana, y este podría ser el dormitorio. En suma, la Cruz es la identidad del cristiano, y el signo de profesión de nuestra fe. La Cruz no puede ser una adorno convencional y artístico; de sí misma está destinada a ser algo más: un signo testimonial (nunca agresivo) de la fe que profesamos.

4. Conocida es en España la “guerra de los crucifijos” que hemos tenido, gracias a Dios resuelta. Hay que quitar los crucifijos de las escuelas, porque es un signo confesional, y la escuela es laica y no puedo imponer creencias. Después de sentencias y recursos, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) decidió que no había por qué quitarla.
Según la sentencia, "un crucifijo colgado de una pared es un símbolo esencialmente pasivo, cuya influencia sobre los alumnos no puede ser comparada a un discurso didáctico o a la participación en actividades religiosas".
También agrega el texto que la presencia de crucifijos no está asociada a la enseñanza obligatoria del cristianismo; no es un adoctrinamiento, sino la expresión de la identidad cultural y religiosa de los países de tradición cristiana y "nada indica que las autoridades se muestren intolerantes hacia los alumnos de otras religiones, no creyentes o de otras convicciones filosóficas".
Esta solución consensuada, políticamente correcta (que agradecemos que así sea), no toca la entraña de lo que quiere significar para nosotros, cristianos por gracia de Dios, el símbolo adorable de la Cruz. El crucifijo no es simplemente un signo cultural, y por ello digno de respeto; es el símbolo mismo de Jesús, Dios y Redentor, que nos ha purificado de nuestros pecados por la sangre de su cruz, y en ella nos ha entregado todo el amor de Dios. A esa Cruz, que adoramos en Viernes Santo, seguimos venerando cuando la contemplamos. Ante esa Cruz rezamos con hermosos himnos, antífonas y oraciones que ha ido creando la liturgia a través de siglos de amor.

5. Y también de nuestra parte a esa Cruz cantamos con versos que, germinados en este corazón personal, quieren respirar con el aliento y la fe de la Iglesia.

Brille la Cruz del Verbo, luminosa,
brille como la carne sacratísima
de aquel Jesús nacido de la Virgen
que en la gloria del Padre vive y brilla.

Gemía Adán doliente y conturbado,
lágrimas Eva junto Adán vertía;
brillen sus rostros por la Cruz gloriosa,
Cruz que se enciende cuando el Verbo expira.

¡Salve, Cruz de los montes y caminos,
junto al enfermo suave medicina,
regio trono de Cristo en las familias,
Cruz de nuestra fe, salve Cruz bendita!

Reine el Señor crucificado
levantando la Cruz donde moría;
nuestros enfermos ojos buscan luz,
nuestros labios el río de la vida.

Te adoramos, oh Cruz que fabricamos
pecadores con manos deicidas;
te adoramos, ornato del Señor,
sacramento de nuestra eterna dicha. Amén

(Puebla, 3 mayo 2011)

Para ver la explicación de este himno, véase: Brille la Cruz del Verbo, luminosa. Otros himnos sobre la Santa Cruz: El árbol de la vida fue plantado; Gloriosa, amable Cruz de Jesucristo.



lunes, 2 de mayo de 2011

41. Beato Juan Pablo II - El día después


Soliloquio desde el corazón de la Iglesia
Ayer fue beatificado el Papa Juan Pablo II, que durante XXVII años cruzó por el curso de la vida  de la Iglesia peregrina (1978-2005), y de mi vida en concreto Algo misterioso llamaba a mi corazón para levantarme a las 3 de la madrugada (hora de México) y encender el televisor hasta las 6 del día, cuando se cerró el programa con un  beso de los cardenales al ataúd – ya relicario de Papa – que de las Grutas Vaticanas subía los altares. Era el amanecer y los hermanos ya estábamos convocados para la oración, pero tuve tiempo para ir a la computadora y ver si ya estaba recogida en Internet la homilía de Benedicto XVI. Estaba; la imprimí cuidadosamente, para mi uso íntimo y para servirme de ella en las tres misas que tenía asignadas en este domingo; y así lo hice.
El día fue demasiado breve para cargar con tantas vivencias que suscitaba en mi espíritu este evento histórico en la Iglesia. Y al despertar esta mañana, iban y venían, mecidas en el albor del día, que es una hora privilegiada de encuentro con la verdad.
Quizás a algún confidente respetuoso le puedan hacer algún bien, en ese parentesco universal que nos une.

1. Nos guste o no, o nos agrade más o menos, definitivamente el polaco Karol Wojtyla, Juan Pablo II, y ahora cálidamente Beato Juan Pablo II, ha subido y muy alto en el pódium de la historia del siglo XX. Si la historia concede apellidos a Reyes y Papas, ya  a este Ciudadano universal, desde su muerte, algunos quería llamarle Juan Pablo II, el Grande. Personalmente no me agrada que le pegaran ese mote de honor, que para mi modo de ver es una amenaza a esa humildad y sencillez de quienes seguimos al único Señor, al Siervo Jesús de Nazaret.
Los políticos, los seculares, lo podrán junto de cara a la era del Comunismo: él derrocó el comunismo en Europa; primero con Solidaridad en Polonia, y después, desde Polonia, en la Unión Soviética. En su juventud fue víctima del comunismo imperante; ahora, vencedor.
Ciertamente que Juan Pablo II en la coyuntura histórica de la Iglesia del siglo XX, tan zarandeada por el secularismo que iba irrumpiendo y afianzándose, el Papa ha sido el mejor embajador de la Iglesia Católica para los creyentes católicos y frente al mundo. El Papa venido de lejos ha hecho que la Iglesia tuviera presencia, lugar y crédito ante el mundo. Nadie ha visitado tantas naciones; nadie ha recibido tantas aclamaciones.
Pero quizás haya profetas o serios pensadores, que sugieran: No, esa gloria ha sido precisamente la debilidad de su pontificado. El triunfo de masas no es justamente el camino de Jesús. Las multitudes que hoy aclaman quizás mañana voten leyes en contra de los principios que firmememente enseña el Papa. Era un comentario surgido en España, cuando dos millones salieron a aclamar al Papa en Madrid, también el gobierno (1982) y al poco tiempo venían las leyes en pro de una sociedad muy distintra de la que el Papa proponía.
México ha amado, ha idolatrado al Papa. Esto es cierto y nos complace. Años antes de la muerte le levantaron una majestuosa estatua de bronce ante la Basílica en la Villa. Con todo, en esta ocasión, los críticos hacen una evaluación del paso del Papa por México y América, evaluación que ya antes la había sugerido el  mismo Papa ante el episcopado.
Un periódico mexicano, con filo crítico frente a la beatificación, acumulaba datos: En 1970 el 96,17 % del censo de la ciudadanía se profesaba católico; en 1980 había bajado el porcentaje al 92,62 %, pese a la primera visita. Hubo cuatro visitas más y el censo del pasado año (2010) dice que el 82,72 % son católicos. Dicen además las estadísticas que en 2008 sólo el 73,69 % pasan por el sacramento del bautismo en católico.
Estos datos en sí alarmantes, porque son datos que se aumentan de modo progresivo, no anulan el fervor sincero que los mexicanos han manifestado al Santo Padre, pero sí nos abren los ojos a una realidad palmaria: la fe de multitudes – que nos agrada y hasta nos consuela y fortalece - no es precisamente la fe que construye la Iglesia.



2. El Papa ciertamente ha batido todos los records de cosas grandes, como lo indican al dar noticias de su pontificado en cifras. Y la última cifra ha sido la de su beatificación.  L'Osservatore Romano de hoy, que por honestidad profesional trata de ser lo más objetivo posible, habla en portada de millón y medio de peregrinos, venidos de todo el mundo, y muestra una foto aérea en la que la plaza de San Pedro se desborda por la Via della Conciliazione hasta el Castel Sant'Angelo. Los que han llegado a Roma semejaban, mirando la plaza y las calles, como un inmenso mar... Pero no era solo Roma. Como no ha ocurrido con otros santos, al tiempo que se preparaba o se celebraba la beatificación, había estadios y centros de convenciones que congregaban a multitudes en vigilias de oración u homenajes para honrar a: “Juan Pablo – Segundo – te quiere todo el mundo”.
Negar estos homenajes apoteósicos y no abrirse al caudal de cariño que los mueve sería cerrase orgullosamente a la evidencia. Mirabilis Deus in sanctis suis: Dios es admirable en sus santos.


 Foto de 1995 escogida para presidir la beatificación
3. Con todo, no es esa la “vera effigies” que la Iglesia guarda de quien, con tan larga bendición, fuera pastor, testigo de la fe, misionero..., de quien empalmó con la hora de la juventud y defendió, como antropología, un humanismo filosófico abierto al Evangelio.
Hay que volver a los píos años de su juventud en los tiempos de la piadosísima Polonia, en medio de la lucha engendraba santos portadores de la piedad tradicional. La devoción a la Virgen era un puntal clave. Cuando los hermanos de mi generación vimos que el Papa elegido tenía como lema el “Totus tuus”, nosotros sabíamos perfectamente qué significada, porque esa era la espiritualidad que se nos había infundido desde niños seminaristas: ad Iesum per Mariam, la consagración de esclavos de amor a la Virgen María. Luego vimos que el Papa, a sus cincuenta años de sacerdote, haciendo el repaso de su vida, en el libro sobre el sacerdocio Don y Misterio, explicaba detalles. Y más tarde abría su corazón a la familia montfortiana, con el motivo (acaso excusa) de conmemorar los 160 años del descubrimiento del Tratado de la verdadera devoción a la Virgen María de San Luis María Grignion de Montfort. Les decía: “A mí personalmente, en los años de mi juventud, me ayudó mucho la lectura de este libro, en el que "encontré la respuesta a mis dudas", debidas al temor de que el culto a María, "si se hace excesivo, acaba por comprometer la supremacía del culto debido a Cristo" (Don y misterio, BAC 1996, p. 43). Bajo la guía sabia de san Luis María comprendí que, si se vive el misterio de María en Cristo, ese peligro no existe. En efecto, el pensamiento mariológico de este santo "está basado en el misterio trinitario y en la verdad de la encarnación del Verbo de Dios" (ib.)” (Carta del 8 de diciembre de 2003).
Esta forma de devoción, que no se puede imponer a nadie para seguir el camino de la perfección cristiana, da razón de uno de los secretos más puros y constantes del alma del Beato Juan Pablo. Esto explica sus documentos marianos, sus visitas a los santuarios de la Virgen en su viajes apostólicos, y también y, sobre todo, la linfa de su fervor cristológico. El centro de su corazón no es la Virgen, la Madre; es Cristo. Cristo Jesús, Redentor.
Todo esto queda dentro del corazón de la Iglesia. Los analistas sociológicos dirán otra cosa con otro lenguaje mucho más en consonancia, pero los que antes del Concilio hemos seguido el camino en ese tono espiritual y esa praxis piadosa, lo comprendemos muy bien, y vemos con evidencia – al mismo tiempo que con sabroso gozo – que de ese foco del amor a María y a Jesús se deriva todo: su ímpetu sacerdotal, su afán de misionero universal, su gran proyecto de llevar a la Iglesia al Tercer Milenio por los caminos marcados por el Vaticano II.
Para siempre Juan Pablo será alguien en nuestra vida, en mi vida personal (como lo es Pablo VI, por quien tengo celo para que cuanto antes suba a la misma peana, con su rostro humilde, con su corazón fragante, con su mente modernísima abierta al mundo).
Yo guardaré el volumen que ahora contemplo ante mí: el volumen de sus 14 encíclicas. Pero fueron igualmente maravillosos los documentos que originó para preparar, celebrar y concluir el Año Bimilenario de la Redención (Año Jubilar del 2000), e iniciar el tercer Milenio: Tertio Millennio ineunte, éste una auténtica joya de vida espiritual.
Hermano, hermana, que me has hecho la gracia de leer este soliloquio y confidencia, pasó el Día, y van a volver las aguas a sus cauces normales, también los sentimientos sublimados con la emoción de la jornada de ayer. Pasaron las fiestas, pero algo para siempre ha quedado en mi corazón, que de alguna manera he tratado de expresarlo.
Concluyo, querido confidente, amada confidente: que sea la verdad la medida de nuestra serenidad; y que sea el amor el balbuceo de algo que quisiera decir y que, bajando los ojos, no puedo decir... Comprenderás: el amor es siempre más, por eso como nada participa del ser divino.
Hermano Juan Pablo, Beato Juan Pablo, ruega por mí.

Puebla de los Ángeles (México), 2 de mayo de 2011, san Atanasio de Alejandría.