lunes, 6 de febrero de 2012

186. Paisajes del corazón y Mártires de Nagasaki

Meditación sobre los distintos estados
que crea el Espíritu Santo en el corazón



Hermanos:
1. El Oficio de lectura (que antes se llamaba Maitines) es una hora litúrgica dedicada a meditación, contemplación y disfrute de la fe leyendo las santas Escrituras y las páginas bellas que a lo largo de los siglos ha ido produciendo esa fe que nos nutre.
La semana pasada, el viernes de la IV semana del tiempo ordinario, nos ofrecía este oficio de lectura un texto del siglo IV – época de oro de la patrística griega -, una homilía de autor anónimo, realmente admirable y delicioso. Los especialistas examinan el origen este tipo de literatura, pero no es mi asunto detenerme ahora en ello. (Véase, por ejemplo, Jaume Fábregas y Alexandre Olivar, La voz de los Padres en la Liturgia de las Horas. Los autores eclesiásticos del Oficio de lectura. Biblioteca Litúrgica. Centro de Pastoral Litúrgica. Barcelona 2002, en concreto, Homilías anónimas, pp. 133-134).
El pasaje que traemos a colación procede, según la inscripción, de las Homilías de un autor espiritual del siglo cuarto (Homilía 18, 7-11: Patrologia Griega de Migne 34, 639-642).
Al leer este texto venerable, inmediatamente acuden al espíritu las delicadas reglas de discernimiento de  espíritus que ha trabajado san Ignacio en los Ejercicios Espirituales desde su propia experiencia espiritual y desde al experiencia que ha encontrado en la Iglesia. Lo del discernimiento de los varios espíritus que agitan el interior del hombre viene a ser como la filigrana de los Ejercicios Espirituales.
Si abrimos los ojos a la creación vemos lo que se presenta a nuestra vista: paisajes de infinidad de representaciones, paisajes de incontables matices y tonalidades…, paisajes que, a veces, embriagan con una embriaguez de belleza. Así es el corazón: esos paisajes que se dan, por gracia, cuando nos visita el Espíritu Santo y uno, con sencillez, se abre a la gracia.
Al transcribir el texto, vamos notando con los paréntesis estos cambios de paisaje.

* * *
Los que han llegado a ser hijos de Dios y han sido hallados dignos de renacer de lo alto por el Espíritu Santo y poseen en sí a Cristo, que los ilumina y los crea de nuevo, son guiados por el Espíritu de varias y diversas maneras, y sus corazones son conducidos de manera invisible y suave por la acción de la gracia.
(Primer paisaje. Llorando con amor) - A veces, lloran y se lamentan por el género humano y ruegan por él con lágrimas y llanto, encendidos de amor espiritual hacia el mismo.
 (Segundo paisaje. Alegría y abrazo al mundo) - Otras veces, el Espíritu Santo los inflama con una alegría y un amor tan grandes que, si pudieran, abrazarían en su corazón a todos los hombres, sin distinción de buenos o malos.
(Tercer paisaje. Humildad, el último de todos) - Otras veces, experimentan un sentimiento de humildad que los hace rebajarse por debajo de todos los demás hombres, teniéndose a sí mismos por los más abyectos y despreciables.
(Cuarto paisaje. Gozo inefable) - Otras veces, el Espíritu les comunica un gozo inefable.
(Quinto paisaje. Valor para el combate) - Otras veces, son como un hombre valeroso que, equipado con toda la armadura regia y lanzándose al combate, pelea con valentía contra sus enemigos y los vence. Así también el hombre espiritual, tomando las armas celestiales del Espíritu, arremete contra el enemigo y lo somete bajo sus pies.
(Sexto paisaje. Silencio y bienestar iefable) - Otras veces, el alma descansa en un gran silencio, tranquilidad y paz, gozando de un excelente optimismo y bienestar espiritual y de un sosiego inefable.
(Séptimo paisaje. Inteligencia y sabiduría) - Otras veces, el Espíritu le otorga una inteligencia, una sabiduría y un conocimiento inefables, superiores a todo lo que pueda hablarse o expresarse.
(Octavo paisaje. Nada en especial) - Otras veces, no experimenta nada en especial.
De este modo, el alma es conducida por la gracia a través de varios y diversos estados, según la voluntad de Dios que así la favorece, ejercitándola de diversas maneras, con el fin de hacerla íntegra, irreprensible y sin mancha ante el Padre celestial.
Pidamos también nosotros a Dios, y pidámoslo con gran amor y esperanza, que nos conceda la gracia celestial del don del Espíritu, para que también nosotros seamos gobernados y guiados por el mismo Espíritu, según disponga en cada momento la voluntad divina, y para que él nos reanime con su consuelo multiforme; así, con la ayuda de su dirección y ejercitación y de su moción espiritual, podremos llegar a la perfección de la plenitud de Cristo, como dice el Apóstol: Para que seáis colmados hasta poseer toda la plenitud de Cristo.

***
Las vidas de los santos – muy particularmente los diarios y cartas espirituales que nos han dejado – manifiestan de modo palmario la verdad estos paisajes diferentes que se dan dentro de nosotros.
Hoy celebramos la memoria de los Mártires de Nagasaki (año 1597), y es un gozo leer las cartas escritas camino del martirio. ¿Se puede ir al martirio con el corazón ungido de gozo que produce el Espíritu Santo? Así nos lo cuentan ellos y así es fue la realidad. Oigámosles.

***
De las cartas de san Pedro Bautista, camino del martirio
(De 4 de enero y 2 de febrero de 1597: Edición Archivo Iberoamericano 5 [1916], pp. 303-309).

A seis hermanos de los que acá estamos nos han tenido presos muchos días, y nos sacaron por las calles públicas de Meaco con tres japoneses de la Compañía, uno de los cuales era hermano recibido ya, y otros cristianos, que por todos somos veinticuatro. Y después de esto se dio sentencia que nos crucificasen en Nagasaki, donde ahora vamos de camino por tierra, que son más de cien leguas de Castilla, por ser en este mes y llevamos a caballo, y muy bien guardados, porque levamos algunos días más de doscientos hombres para nuestra guardia. Con todo eso, vamos muy consolados y alegres en el Señor, porque la sentencia que se dio contra nosotros dice que porque predicamos la ley de Dios contra el mandato del rey nos mandan crucificar, y a los demás por ser cristianos.
Los que tuvieren espíritu de morir por Cristo ahora tienen buena ocasión. Lo que yo siento es que se animarían mucho los cristianos si por acá viesen religiosos de nuestra Orden; aunque puede tener por cierto que, mientras durase este rey, no se conservarán muchos días en Japón en nuestro hábito, porque luego los trasladarán a la otra vida, ad quam nos perducat (a la que Dios nos conduzca).
La sentencia que se dio contra nosotros traen públicamente delante de nosotros, escrita en una tabla. Dice que porque hemos predicado la ley de Nauan contra el mandato de Taycosama, y que en llegando a Nagasaki nos crucifiquen; por lo cual estamos muy alegres y consolados en el Señor, pues que por predicar su ley perdemos las vidas.
Venimos seis frailes y dieciocho japoneses, contenidos en la sentencia; unos por predicadores y otros por cristianos. De la Compañía de Jesús viene un hermano y un dóxico y otro hombre.
Sacáronnos de la cárcel y subiéronnos en unas carretas, y a todos los dichos cortaron a cada uno un pedazo de una oreja, y así nos pasearon por las calles de Meaco, con mucho aparato de gente y lanzas. Volviéronnos a la cárcel, y otro día nos llevaron bien atados, las manos atrás, y a caballo, a Usaca; y otro día nos sacaron de la cárcel y nos pasearon en caballos por las calles de la ciudad, y nos llevaron a Sacay y allí hicieron lo mismo, y con pregón público en todas tres ciudades. Entendimos que nos quitarán las vidas, pero a la vuelta supimos en Usaca que mandaban viniésemos a Nagasaki a lo dicho.
Por amor a Dios pedimos todos con mucho fervor oren por nosotros, que el viernes que viene, creo, sin falta nos crucificarán, según lo que acá he oído. En ese mismo día nos cortaron en Meaco parte de una oreja. Por grandes mercedes de Dios tenemos todo lo dicho. Ayudas, hermanos carísimos, de oraciones, para que sean gratas a su Majestad nuestras muertes, que en el cielo, donde esperamos ir, Deo volente (si Dios quiere), seremos gratos, y acá no he estado olvidado de vuestras caridades, antes los he tenido y tengo en mis entrañas.
Adiós, hermanos carísimos, que no hay lugar para más. Usque in coelum. Mementote mei (Hasta el cielo. Acordaos de mí).

NOTA. Sobre este grupo de mártires hemos amplia noticia, agregando un himno en mercaba.org / Flos sanctorum / 6 febrero. Véase: Mártires de Nagasaki.

viernes, 3 de febrero de 2012

185. Estallido del reino – Jesús tiene urgencia

Domingo 5 del tiempo ordinario, ciclo B
Evangelio de San Marcos 1,29-39

Hermanos:
1. El Evangelio según san Marcos, que nos guía este año, para iniciar la vida pública de Jesús tiene una secuencia dinámica de acontecimientos que se nos antojan una verdadera invasión del Reino de Dios en esta era de Jesús. Esta es la cadena que presenta el evangelista:
- Cuando se retira Juan, porque "fue entregado", entra Jesús en escena.
- Como bandera de salida se nos da en concisas palabras cuál era el mensaje: El tiempo se ha cumplido, el reino de Dios irrumpe, convertíos creyendo en el Evangelio.
- Al punto arranca Jesús a dos parejas de hermanos – Andrés y Simón, Santiago y Juan – para hacerlos apóstoles del reino. Dejan padre, negocio y redes y siguen, fascinados, a Jesús.
- Primera aparición de Jesús: el sermón en la sinagoga de Cafarnaúm, que derroca el poderío del demonio.
Y aquí comienza el Evangelio de hoy:
-     Jesús, con los cuatros discípulos, va a la casa de Cafarnaúm, y cura a la suegra de Simón.
-      Al ponerse el sol, le llevaron “todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta” (1, 22-23). San Marcos no ha tenido reparo en decir que toda la ciudad estaba a la puerta de la casa de estos pescadores, que es el espectáculo de la miseria humana llamando a las puertas de Jesús.
-         Sigue la escena: De madrugada, sin previo aviso (sin comer nada, se supone) se va solo a un lugar secreto a orar a su Dios y Padre. Jesús tiene hambre de Dios, está fascinado por su Padre.
-         Van a buscarle y, al encontrarle, le dicen: Todo el mundo te busca.
-   Jesús no regresa, no se detiene; sigue su camino adelante a recorrer toda Galilea “predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios” (v.29).

2. Esta estampa misionera nos remite, ante todo, a sucesos muy reales de la vida de Jesús.
El discípulo amoroso de Jesús guarda preguntas en su corazón que quisiera ver respondidas: ¿Cómo era realmente Jesús? ¿Qué rasgos de su personalidad podríamos capturar con el Evangelio, dando de antemano por supuesto que hay algo que nos supera en absoluto y que jamás podremos captar?
Por de pronto, lo que aquí vemos de modo palmario es que Jesús no es un rabino adscrito a una escuela y a una institución. Jesús es un profeta por libre, que se siente invadido por el Espíritu de Dios, y que inicia una era nueva. Hace falta valor en los discípulos para arriesgarse en una empresa de Dios, que humanamente es solo aventura, y que nadie anticipa cómo va a terminar.
Su punto de apoyo va a ser la sinagoga, es decir, el lugar de la comunidad de Dios. Jesús se dirige al Israel de Dios, porque esa es la comunidad que él quiere construir, la Comunidad de Dios.
No habla el lenguaje erudito de los profesionales que rebuscan en la Biblia. Sin duda que ha meditado en la Biblia, pero hace poco uso de ella. Seguro que tiene una interpretación global de puras esencias para ver el querer de Dios, sin dejarse aprisionar por las frases, los puntos y comas. Se muestra paradójicamente como hombre del pueblo de Israel y liberal.

3. La fuerza contundente de Jesús tiene una prueba que salta a los ojos: los enfermos y los endemoniados. Por su manera de actuar y por lo que dice podemos captarles perfectamente cuál es su mensaje y cuáles sus intenciones:
- Jesús quiere la libertad: ¡Fuera las ataduras que nos encadenan! El demonio es el cruel señor que hay que derrocar. Jesús quiere que todos nos sintamos hijos de Dios libres.
- Jesús quiere la salud; él ha venido para dar vida, vida en abundancia. La enfermedad es un signo sombrío de la muerte. Y el destino del ser humano, que ha de pasar por la muerte, no es la muerte, sino la vida. En la liturgia de hoy la miseria del ser humano nos la transmite el libro de Job, imagen tipo de quien sufre sin vislumbrar un cambio de existencia. “Al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se me hace eterna la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba” (Jb 7,4)
- Jesús quiere el perdón (que está inherentee n el emnsaje de "Convertíos" y que aparecerá de modo directo en la secuencia del relato), porque la vida que él alumbra es la vida de gracia e intimidad con Dios.

4. Los relatos acumulados y concentrados en este primer día evangélico nos anticipan el panorama pleno de la vida, semblanza y misión de Jesús. Realmente Jesús es el amigo del hombre; es el abogado de toda enfermedad y dolencia; el que de ninguna manera puede aceptar al adversario como inquilino del mundo.
Este episodio de la suegra de Pedro, que parecería un episodio no digno de la categoría del Evangelio, es todo un síntoma. Está enferma con una calentura. ¿Qué podía ser? Lo ignoramos; en todo caso algo no grave, sino pasajero… No hay que importunar al maestro con estas menudencias. Pero le hablan a Jesús y le exponen esta sencilla necesidad. Jesús se acerca, le agarra de la mano y la levanta. Todo ello es tan absolutamente humano…, y simultáneamente es un acto divino.
La mujer se levantó, se le pasó la fiebre y se puso a servirles, como si fuera la primera diaconisa de la comunidad cristiana. Su ser y su corazón es servir a Jesús y los suyos. Se pueden ver en ella felizmente representadas esas beneméritas mujeres que siempre han estado cercanas al altar, al apoyo de nuestros sacerdotes. Ya veis una escena cotidiana, nimbada de divino resplandor. Este es Jesús, nos está diciendo clamorosamente el texto sagrado: Jesús metido en la casa familiar, Jesús de lo cotidiano, sensible a esos menesteres de nuestra casa y cocina. En una palabra, Jesús divinamente humano.

5. Hemos de tomar clara conciencia del hontanar vivo que modela el ser de Jesús. Está muy lejos en su actuación de presentarse como un mesías esperado de política y revolución.
Veámoslo en esa marcha oscura, cuando antes del amanecer Jesús ha desaparecido de casa, sin previo aviso. Ha ido para encontrarse a solas con Dios, su Padre.
Si nos preguntamos: ¿Cuál es la necesidad más fuerte que siente en su interior Jesús de Nazaret? La respuesta aflora espontánea: La necesidad primordial de Jesús es sencillamente Dios,  su necesidad radical que no la puede llenar nadie sino solo Dios, es justamente esa: estar con Dios. Dios es su confidente y su casa, no sustituible por ninguna otra. Los coloquios con Dios no le van a abandonar en ningún momento de su vida, porque desde ahí es de donde saca su mensaje y su fuerza.

6. Para coronar estas reflexiones sobre el texto, vayamos al final. Jesús habla de ir a predicar: “Vamos a otra parte, a las aldeas cercanas para predicar también allí; que para esto he salido. Así recorrió toda Galilea predicando…” Predicar…, predicar… Jesús fue, ante todo, un predicador: ese fue su oficio. Jesús por la predicación entró en el santuario divino, y por la predicación alcanzó al hombre. Y esta predicación de ninguna manera estuvo confinada en una cátedra; porque nacía de  la vista de la acción de Dios en medio de nosotros. A esto le llamaba el reino de Dios.
Pablo lo aprendió de tal modo que la predicación fue sentido y vocación plenaria de su vida: “No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!” (1Co 9,16).
Me agarro a esta frase de Pablo que quiero hacerla mía: No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!
Que este Evangelio de mi corazón y mis labios sea mi salvación y el gozo de cuantos me escuchen. Amén.
Puebla de los Ángeles, viernes 3 febrero 2012.
Todos te buscan, Señor
Sobre Mc 1,37

Estribillo
Todos te buscan, Señor:
yo también como el primero,
que es decirte que te quiero,
en cuanto alcanza mi amor.

Estrofas
1. Todos te buscan, Señor,
se lanzan sobre tu cuerpo,
hogar de la Trinidad,
salud, perdón y consuelo.
Y a muchos tú los curabas,
que ha llegado el tiempo nuevo,
y la ternura del Padre
se destila por tus dedos.

2. Todos te buscan, Señor,
con ansia de ti sedientos,
te dicen con regocijo
Simón y sus compañeros.
Y decirlo es una súplica,
sacar del pecho un anhelo:
nosotros, por ti encontrados,
gozosos te seguiremos.

3. Todos te buscan, Señor,
a Jesús le están diciendo,
que antes que el sol amanezca
orando estaba en secreto.
Buscador de Dios orante,
corazón siempre despierto,
confidente día y noche
de los misterios del Reino.

4. Todos te buscan, Señor,
pues tú les buscabas a ellos:
vayamos a predicar
el Reino por otros pueblos,
que para esto he salido,
y por esto vivo y muero;
vayamos rumbo a la vida,
del Dios vivo, misioneros.

5. Todos te buscan, Señor,
todos, Jesús Nazareno,
y aun desde el propio pecado
van buscando sin saberlo.
Tú eres la fe deseada,
Tú eres el íntimo encuentro:
¡qué gozo, Dios humanado,
vivir y morir en vuelo! Amén.

Puebla, 31 enero 2012.

Postdata espiritual. Ayer escribía la homilía para compartirla con quienes deseen entrar a esta stancia de Evangelio. Hoy, 4 de febrero de 2012, en la Orden Capuchina, celebramos la memoria de San José de Leonessa (Rieti), 1556-1612, predicador.
Justamente hoy se cumplen 400 años de su muerte en Amatrice (Rietti). En el Oficio Divino tenemso esta joya, que no me resisto a dejar de transcribir:
"El Evangelio y la buena noticia de la venida del Señor al mundo por  medio de la Virgen no debe escribirse en pergaminos, sino en el corazón y en nuestras entrañas. La ley escrita y la ley de gracia se diferencian en esto: aquélla fue esculpida en piedra, mientras que la nueva ley se imprime en el corazón del hombre por la infusión del Espíritu Santo y de su gracia. Dios prometió por boca del profeta Jeremías: Voy a firmar con vosotros una alianza eterna, distinta de la que pacté con vuestros padres; y sobre esta nueva alianza agrega: Y pondré mi temor en sus corazones. 
Por consiguiente, cada cristiano debe ser un libro abierto, en el que se pueda leer el mensaje evangélico. Pablo escribía a los de Corinto: Vosotros sois nuestra carta, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo por medio de nuestro ministerio; no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne del corazón. El pergamino es nuestro corazón; el autor, el Espíritu Santo; el medio, nuestro ministerio, porque mi lengua es ágil pluma de escribano. 
¡Ojalá la lengua del predicador, movida por el Espíritu Santo, mojada en la sangre del Cordero inmaculado, se convierta hoy en ágil pluma sobre vuestros corazones!"
A él en su día le dedicamos este Himno para la Liturgia de las Horas:

¡Qué hermoso resplandece el crucifijo,

en un predicador arrebatado;

Jesús es la bandera del amor:

José de Leonisa lo alza en alto!

Jesús es el mensaje, el Evangelio,

su siervo mensajero es el heraldo:

él es la medicina, él es la fuerza,

él es la luz, el rostro contemplado.

Y fueron sus caminos hasta Oriente,

y en garfios de martirio fue colgado;

mas Cristo lo quería voz y seña,

y torna a Italia, sano y liberado.

Apóstol andariego de los pobres,

tu fe contemplativa es un regalo;

tu fe cristiana es Monte de piedad

para el hambriento y el necesitado.

José de Leonisa, fuego ardiente,

pasión de Dios que busca ser amado;

condúcenos por senda franciscana

de Paz y Bien perenne en nuestros labios.

¡Honor a Jesucristo, Misionero,

que vive y ama y reina y sigue hablando:

que el mundo entero rinda su homenaje,

en unidad divina, oh Todo Santo! Amén.


jueves, 2 de febrero de 2012

184. Presentación del Señor, Hypapanté: La fiesta del Encuentro


Meditación

1. “Oblación y encuentro” era el título de nuestra homilía anterior (n. 183) en la fiesta de la Presentación del Señor.
En efecto, los dos polos que concentran el sentido de la celebración de hoy – la Presentación del Señor – son, en cuanto se puede dividir una única realidad espiritual,  
- el uno teológico-trinitario: Cristo, primogénito consagrado al Padre, en manos de María. Por este motivo la fiesta se llama escuetamente “Presentación del Señor”.
- El otro eclesial: Cristo sale al encuentro de su Pueblo, que lo espera como Pueblo de la Alianza y lo recibe en la persona del anciano Simeón y de la anciana y piadosa Ana. Desde aquí la fiesta se llama en oriente Hypapanté: el Encuentro.
La liturgia siempre celebra el misterio en síntesis y unidad. Aquí no podemos separar a Cristo de María: son unidad en al celebración; ni tampoco podemos escindir a Cristo de la Iglesia.
Los protagonistas visibles de la Fiesta en la liturgia, de acuerdo, por otro lado, a la misma perspectiva evangélica con el Niño y su Madre María, y los ancianos Simeón y Ana. Simeón y Ana son la Iglesia que recibe al Señor que entra en su Templo Santo, si bien la escena – como notábamos – se desarrolla fuera del Templo. Es otra área espiritual la que ha inaugurado Jesús con su venida.
José queda en la penumbra.
Los iconos de Oriente que en este día ven una de las Doce grandes Fiestas del año nos presentan, en sus luces de oro, estas figuras que transmiten el mensaje del misterio revelado: presentación y encuentro.

2. La liturgia oriental gusta de un lenguaje místico y numerosas composiciones se deleitan en él. Romano (o Román) el Poeta, el Meloda (Melódico) (+555), introduce de modo lírico-místico la fiesta: “Desde lo alto de los cielos lo vieron los incorpóreos y dijeron: Hoy asistimos a un espectáculo maravilloso y extraordinario. Aquél que creó a Adán es tenido en brazos como Niño, Aquél que es inconmensurable es estrechado entre los brazos de aquel anciano. Aquél que es transportado sobre los hombros de los querubines ha hecho morada entre los hombres. Aquél que plasma a los niños en el seno de las madres se hace niño en una Virgen, y permanece unido al Padre y al Espíritu Santo, eterno junto a ellos" (Este y otros textos semejantes pueden verse en el artículo que el monje Manuel Nin - benedictino; rector del Pontificio Colegio Griego de Roma – escribía en L’Osservatore Romano en la Presentación del Señor de 2011).
La antigua liturgia oriental se complace en gustar los contenidos dogmáticos alcanzados por los primeros concilios que apuntalaron el dogma trinitario salvando, ante todo la divinidad de Cristo. El mismo Poeta se expresa así en la liturgia, haciendo hablar a la Virgen María: "¿Qué apelativo encontraré para Ti, Hijo mío? ¿Te diré hombre perfecto? Pero yo sé que fue divina tu concepción. Y si te llamo Dios, me sorprendo viéndote en todo semejante a mí. ¿Debo ofrecerte mi leche o mi alabanza? Tus hechos te proclaman Dios sin tiempo, aunque te hayas hecho hombre, oh amigo de los hombres".

3. Esta alta espiritualidad no podemos forzarla para apropiárnosla como algo que nos brote a nosotros del corazón.
En cambio, vemos con mucho agrado la finura con la que la liturgia occidental en el oficio divino de hoy ha recogido el Misterio del encuentro. Lo podemos considerar en el Oficio de lectura, oficio pensado para la contemplación. Se abre el oficio con este Invitatorio: Mirad, el Señor llega a su templo santo, venid, adorémosle, que alude al texto de Malaquías (3,1-4), que va a resonar en la Misa.
Son muy bellas tres antífonas de la salmodia, preciosamente enlazadas con su salmo correspondiente, combinando el aspecto cristológico y eclesial de la fiesta.
Ant. 1. Éste está predestinado para ruina o resurgimiento de muchos en Israel. Con el salmo 2, interpretado mesiánicamente desde los albores de nuestra fe.
Ant. 2. ¡Levántate y resplandece, Jerusalén, pues llega tu luz y la gloria del Señor alborea sobre ti! Con el salmo 18, primera parte: El cielo proclama la gloria de Dios, salmo que la Iglesia lo reza con sentido cristológico.
Ant. 3. Goza y alégrate, nueva Sión, mira a tu Rey que viene a ti, humilde y salvador de su pueblo. Y aquí rezamos el salmo 44, salmo nupcial que evoca las nupcias de Cristo esposo con su Iglesia: Me brota del corazón un poema bello.
Tras la primera lectura, que es el pasaje del Éxodo sobre la consagración de los primogénitos (Ex 13, con selección de versículos) tenemos un delicado responsorio que nos introduce en el misterio del encuentro. Es el encuentro esponsal de Cristo con su Iglesia, y María es la portadora de la Luz.
R. Adorna tu tálamo, Sión, y recibe a Cristo, tu rey: * a quien la Virgen concibió y dio a luz, permaneciendo virgen después del parto; ella adoró a quien había engendrado.
V. Simeón tomó al Niño en sus brazos y, dando gracias, bendijo al Señor.
R. A quien la Virgen concibió y dio a luz, permaneciendo virgen después del parto; ella adoró a quien había engendrado.


Predicación catequética de san Sofronio, obispo de Jerusalén
(Disertación 3, Sobre el Hipapanté, 6. 7)

Meditación oportunísima para este día este texto catequético de san Sofronio (que, traducido al castellano sería San Prudencio, San Prudente), que fue patriarca de Jerusalén en los años 634 al 638.
La fiesta ya venían celebrándose en Jerusalén hacía, al menos tres siglos. El patriarca pastor nos introduce, con palabras exhortativas, en los contenidos espirituales de este Encuentro (Hypapanté) de Cristo con su Iglesia.
* * *
Corramos todos al encuentro del Señor los que con fe celebramos y veneramos su misterio, vayamos todos con alma bien dispuesta. Nadie deje de participar en este encuentro, nadie deje de llevar su luz.
Llevamos en nuestras manos cirios encendidos, ya para significar el resplandor divino de aquel que viene a nosotros -el cual hace que todo resplandezca y, expulsando las negras tinieblas, lo ilumina todo con la abundancia de la luz eterna-, ya, sobre todo, para manifestar el resplandor con que nuestras almas han de salir al encuentro de Cristo.
En efecto, del mismo modo que la Virgen Madre de Dios tomó en sus brazos la luz verdadera y la comunicó a los que yacían en tinieblas, así también nosotros, iluminados por él y llevando en nuestras manos una luz visible para todos, apresurémonos a salir al encuentro de aquel que es la luz verdadera.
Sí, ciertamente, porque la luz ha venido al mundo, para librarlo de las tinieblas en que estaba envuelto y llenarlo de resplandor, y nos ha visitado el sol que nace de lo alto, llenando de su luz a los que vivían en tinieblas: esto es lo que nosotros queremos significar. Por esto avanzamos en procesión con cirios en las manos, por esto acudimos llevando luces, queriendo representar la luz que ha brillado para nosotros, así como el futuro resplandor que, procedente de ella, ha de inundarnos. Por tanto, corramos todos a una, salgamos al encuentro de Dios.
Ha llegado ya aquella luz verdadera que viniendo a este mundo ilumina a todo hombre. Dejemos, hermanos, que esta luz nos penetre y nos transforme.
Ninguno de nosotros ponga obstáculos a esta luz y se resigne a permanecer en la noche; al contrario, avancemos todos llenos de resplandor; todos juntos, iluminados, salgamos a su encuentro y, con el anciano Simeón, acojamos aquella luz clara y eterna; imitemos la alegría de Simeón y, como él, cantemos un himno de acción de gracias al Engendrador y Padre de la luz, que ha arrojado de nosotros las tinieblas y nos ha hecho partícipes de la luz verdadera.
También nosotros, representados por Simeón, hemos visto la salvación de Dios, que él ha presentado ante todos los pueblos y que ha manifestado para gloria de nosotros, los que formamos el nuevo Israel; y, así como Simeón, al ver a Cristo, quedó libre de las ataduras de la vida presente, así también nosotros hemos sido liberados del antiguo y tenebroso pecado.
También nosotros, acogiendo en los brazos de nuestra fe a Cristo, que viene desde Belén hasta nosotros, nos hemos convertido de gentiles en pueblo de Dios (Cristo es, en efecto, la salvación de Dios Padre) y hemos visto, con nuestros ojos, al Dios hecho hombre; y de este modo, habiendo visto la presencia de Dios y habiéndola aceptado, por decirlo así, en los brazos de nuestra mente, somos llamados el nuevo Israel. Esto es lo que vamos celebrando año tras año, porque no queremos olvidarlo.

Puebla, Presentación del Señor 2012

Hypapanté
(El Encuentro)

Sal a su encuentro, Israel,
y tus brazos sean trono,
tu corazón abandono
de quien todo puso en él.

Llega el Rey, llega el Señor
Jesús, el Divino Infante,
Dios hecho ternura amante
rendido ante mí de amor.

Serena avanza María
Madre del Verbo Encarnado
y a su Hijo consagrado
al Padre se lo confía.

Ser de Dios es su destino
y su pura intimidad,
Jesús de la Trinidad
en el fulgor matutino.

Y ser el siervo doliente,
hermano de sus hermanos,
ser dádiva en nuestras manos
para todos don presente.

Adora a tu Salvador,
Israel iluminado,
y al verte todo agraciado
sé profeta anunciador.

Bendice con Simeón,
con Ana, la profetisa,
y pregona a viento y brisa
que Jesús es salvación.

¡Loor a la Trinidad,
historia de nuestra casa!
¡Sea luz que el alma abrasa
y dulcísima verdad! Amén.

Puebla de los Ángeles, 2 febrero 2012.

miércoles, 1 de febrero de 2012

183. Presentación del Señor: Oblación y encuentro

Día de la vida consagrada
A los hermanos y hermanas 
que han entregado su vida al Señor
como una oblación de amor



Hermanos:

1. El año 1997 el Beato Juan Pablo II instituyó el día 2 de febrero como fiesta de la vida consagrada en ese espíritu que ya había fomentado su antecesor el Siervo de Dios Pablo VI. Este santo pontífice nos habló bellamente de la Presentación del Señor, que es fiesta del Señor y de su Madre:
“También la fiesta del 2 de febrero, a la que se ha restituido la denominación de la Presentación del Señor, debe ser considerada para poder asimilar plenamente su amplísimo contenido, como memoria conjunta del Hijo y de la Madre, es decir, celebración de un misterio de la salvación realizado por Cristo, al cual la Virgen estuvo íntimamente unida como Madre del Siervo doliente de Yahvé, como ejecutora de una misión referida al antiguo Israel y como modelo del nuevo Pueblo de Dios, constantemente probado en la fe y en la esperanza del sufrimiento y por la persecución (cf. Lc 2, 21-35)” (Marialis cultus, exhortación apostólica fecha el día de la Presentación del Señor de 1974, n. 7).
Fiesta de la Presentación, llena de encanto. Para nosotros, quienes hemos expresado la consagración bautismal por medio de unos votos de castidad en celibato, de pobreza y de obediencia, esta fiesta nos dice a gritos silenciosos que la vida alcanza su máxima belleza cuando se la ha visto como una oblación de amor: amor exhaustivo a Jesucristo, amor gratuito a los hombres, nuestros hermanos.  Lo vamos a considerar, penetrando el relato evangélico fragante de poesía y teología.

2. Pero antes, traigamos al recuerdo el primer relato que encontramos de esta fiesta, con la que concluimos el misterio de Navidad. Una mujer consagrada, la andariega virgen Eteria (o Egeria) hizo una devota y culta peregrinación a los Lugares Santos en los años 381-384 y de ello dejó un famoso relato, tan importante para la liturgia, porque dejó constancia de cómo se celebraban “in situ” las primeras fiestas cristianas. Escribe y cuenta:
“A los cuarenta días (…) se celebra aquí (Jerusalén) una gran solemnidad. Ese día se hace procesión en la Anástasis, todos marchan y actúan con sumo regocijo, como si fuera Pascua. Predican también todos los presbíteros y el obispo, siempre sobre lo que trata el evangelio de la fiesta, de cuando a los cuarenta días José y María llevaron al templo al Señor, y lo vieron Simeón y la profetisa Ana, hija de Fanuel; de las palabras que dijeron, al ver al Señor, o de la ofrenda que hicieron sus padres. Así se realiza todo por su orden y según costumbre, se hace la ofrenda y así finaliza la misa”.

3. Del Oriente cristiano la fiesta pasó al Occidente: fiesta de la ¨Presentación del Señor y Purificación de María, fiesta de La Candelaria, fiesta que los misioneros llevaron a América como fiesta misionera, puesto que Jesús es proclamado por el anciano Simeón “luz para alumbrar a las naciones” (Lc 2,32).
Después de narrar la circuncisión del Señor, a los ocho días de nacer, dice el texto sagrado: “Cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor”, y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor, “un par de tórtolas o dos pichones” (Lc 2,22-24).
Para presentarlo al Señor, esta es la frase principal, y, sin embargo, nada se dice del momento del rito sacerdotal. En realidad, quien lo presenta al Señor, más que el Sacerdote es María. ¿María es Sacerdotisa? No, hermanos, María es mucho más que sacerdotisa. María es la Madre del Verbo Encarnado, la que presenta y ofrece a su Hijo, la que con su Hijo consagra plenamente su vida, renovando la consagración que pronunció el día de la Encarnación: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.

4. Esta es la primera misa de María, por hablar con un lenguaje no usual y en sí algo sorprendente. Lo que importa percibir es que el destino de la Madre y del Hijo es uno: una vida y una misión.
No tiene relieve en el relato lo que pasó con el sacerdote de turno que recibió y presentó al Niño. Lo que sí tiene importancia y significado para san Lucas es lo que pasó fuera del Templo con dos personas que no eran sacerdotes, sino unos fieles de Israel, el anciano Simeón y la ancianita Ana, adicta al templo con vigilias, ayunos y oraciones.
El anciano Simeón tomó en sus brazos al Niño y como sacerdote del Altísimo, sin serlo, bendijo a Dios, y su bendición fue al mismo tiempo una profecía, que María y José escucharon llenos de estremecimiento. Después este anciano bendijo a María y a José, con la autoridad que Dios ponía en las palabras del siervo profeta. Había proclamado a Jesús “luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel” (v. 32). Y ahora lo contempla en medio de la historia humana como “signo de contradicción”, “y a ti misma una espada te traspasará el alma” (v.35). La misma espada que atraviesa a Jesús, atraviesa el alma de María, porque el destino y misión de los dos es uno solo. Cosa que el anciano profeta Simeón no ha dicho a José, sino solo a María.

5. Las líneas evangélicas que comentamos claramente nos dicen que Jesús es un don sin retorno para Dios, y un don sin reserva para los hombres, sin que le echen atrás las contradicciones en que se va a ver envuelto. El ser de Dios es un “ser para Dios”, un “ser para el mundo”, una frase que no es meramente afectiva, sino que es una forma de definir teológicamente al identidad de Jesús. Yo entro felizmente en esta definición, pues Jesús es todo para Dios y todo para mí.
Y así llegamos, mis amados hermanos y hermanas, a ese punto que mencionábamos al principio: la consagración bautismal que nosotros – por pura gracia de Dios, no por fuerzas nuestras - hemos querido hacerla visible en los votos de castidad, pobreza y obediencia.
¿Cuál de los tres votos es el más precioso? Los tres son igual, porque cada uno de los tres entrega la totalidad del ser desde su raíz, expresada desde una ladera y otra. Los tres tienen una misma referencia: la vida de Cristo, ser como él ha sido. Los tres, una misma medida: la totalidad.
No nos podemos gloriar. Es una elección que Dios, desde su plena gratuidad, ha hecho para nosotros. Es un don grande que Dios nos ha regalado y al que nosotros respondemos con amor desde el amor.

6. Hoy espiritualmente concluye Navidad. Hoy en México las familias traen a su Divino Niño para presentarlo al Señor, a veces con vestidos exóticos. No es raro ver al Niño Doctor, vestido con bata blanca de clínica y con un aparato dispuesto a auscultarnos el corazón, una forma muy ingenua – y un tanto discutible – de decir que el Divino Infante es el médico de nuestras almas.
Presentar al Divino Niño es ponerlo en brazos de María para que ella lo consagre al Señor, consagración que está pidiendo que en ella vaya también la nuestra. Dios nos ha consagrado a sí, dejémonos consagrar por él.
Fiesta que también la Iglesia de Oriente llama fiesta del Encuentro (Hypapante): Jesús, ofrecido al Padre por manos de María, sale al encuentro de su pueblo. Los pobres y humildes, aquí como en Belén, son los primeros favorecidos del encuentro, Simeón y Ana.
Todo esto, ungido de poesía, es muy bello. Acojamos, hermanos, a Jesús, el Consagrado a Dios, que sale a nuestro encuentro. Amén.
Puebla de los Ángeles (México), 1 febrero 2012.

Véase tres himnos compuestos para la Presentación del Señor: La Virgen oferente; Dos tórtolas declaran tu pobreza;  En brazos de María presentado.