lunes, 13 de febrero de 2012

191. Santa Clara, perfume de 800 años CONTINUACIÓN

PIANTICELLA
Poemario espiritual de Santa Clara
de fr. Rufino María Grández, capuchino


Nota de envío
Para el día de santa Clara del año pasado (11 agosto 2012) subimos a nuestro blog la entrada número 78, cuyo título dice: “Santa Clara, perfume de 800 años”.  Para la fiesta de Santa de Clara de 2013, la estadística daba este resultado:
Núm. 78: Santa Clara, perfume de 800 años: 1.138 visitas
Núm. 191 (el presente): Santa Clara, perfume de 800 años. CONTINUACIÓN: 950 visitas.
Para poner al alcance de nuestros visitantes – especialmente hermanos y hermanas de la familia franciscana – poemas que pueden servir para celebraciones de santa Clara, ponemos aquí este poemario seguido de las composiciones que el autor ha dedicado a santa Clara.
11 agosto 2013. Fr. Rufino María Grández 




Chiara
 indegna serva di Cristo e
Pianticella
(Plantita)
del beatissimo padre Francesco
(Regla de santa Clara, capítulo I)

Índice
1. Nada posee Clara
2. Es la esposa del Rey la virgen Clara
3. Clara, pequeña planta
4. Con pleno corazón te bendecimos
5. Encuentro matutino del amor
6. La verde palma alzada con tu diestra
7. Del Padre, Dios Altísimo, eres hija
8. Secuencia de santa Clara
9. Lloraba la virgen Clara
10. Fui de la nada a la vida
11. Es Pascua en esta celdilla
12. ¡Vete, alma mía, segura!
13. Clávame tus ojos bellos
14.  Amor a ti cuerpo a cuerpo
15. Te llamaré hermana mía
16. La savia y gracia de los orígenes
17. Tanta belleza en los ojos
18. Con verde y fragante palma
19. Encuentro matutino del amor
20. Francisco y Clara  juntos, alma y alma
21. Su santidad fue sencilla
22. De esencias del Evangelio
23. Clara, cristiana y hermana
24. Clara, penúltima azucena


1. Nada posee Clara
   
    Noticia. Durante los Ejercicios espirituales que di a las Clarisas Capuchinas de Zaragoza, que fueron de la Ascensión a Pentecostés de 1976, compuse este “Tríptico de Santa Clara (Para una celebración franciscana)”.
    Letra y música. Rufino María GRÁNDEZ [letra] - Fidel AIZPURÚa [música], capuchinos (Fraternidad de Capuchinos, Burlada / Falces, Navarra), Himnos para el Señor. Editorial Regina, Barcelona 1983, 250 páginas.

             I
Nada posee Clara,
nada le pertenece;
como lirio del huerto
libre respira y crece.

Nada coge en su mano,
nada que aquí fenece;
pobre en la Cruz se abraza
con Cristo que padece.

Nada de lo que fluye
su párpado estremece;
Clara mira y escucha
al Verbo que acontece.

            II
Nada nos espantaba,
nada nos detenía;
éramos cual guerreros
en batalla bravía.

Amador más amante,
más audaz en porfía
entre amadores no era;
nada nos reprimía.

Nada apagaba el fuego,
nada resplandecía
más claro que el amante;
nada nos contenía.

             III
Clara virgen amable,
esposa enamorada,
dulce nos es tu nombre,
muy suave tu fragancia.

El gozo de la Cruz
danos, benigna hermana,
danos tu amor castísimo
y la pobreza santa.

Gloria al Hijo doliente
en la Cruz levantada,
gloria a Jesús excelso
en la paz de la patria. Amén.


2. Es la esposa del Rey la virgen Clara

    Noticia. El himno está fechado en Zaragoza, con la siguiente indicación: “En la reunión de nuestro equipo para preparar el Curso de Santa Clara (9 julio 1980)”. Se trata del Curso por correspondencia, dirigido por Fidel Aizpurúa. Pasó a las Liturgia de las Horas de la Familia Franciscana.
    Letra y música. Rufino María GRÁNDEZ [letra] - Fidel AIZPURÚa [música], capuchinos (Fraternidad de Capuchinos, Burlada / Falces, Navarra), Himnos para el Señor. Editorial Regina, Barcelona 1983, 250 páginas.

Es la esposa del Rey la virgen Clara,
virgen y esposa cual la Iglesia santa,
para el divino Amor su sueño es vela
y canto el despertar antes del alba.

Ni muro ni castillo aquel recinto
que en caridad congrega a las hermanas;
es San Damián bello jardín clausura
para el coloquio santo de la amada.

Allí palpita el mundo doloroso
en el cuerpo de Clara y su plegaria;
junto al altar, junto a la cruz es madre,
y en silencio engendra, gime, abraza.

Pobre de corazón, como en Belén
nuestro Señor nacido en unas pajas,
pobre como en la Cruz el Dios altísimo
que se nos da sin retenerse nada.

Hermana de los ángeles contempla
al Vencedor con cara iluminada,
y en el destierro clama peregrina:
Tráeme al olor de tu fragancia.

Que Cristo se levante, inmenso, santo,
que derrame la luz de su mirada:
¡la Iglesia te bendice, Bienamado,
y en ti se goza con la virgen Clara! Amén.


3. Clara, pequeña planta

    Letra y música. Rufino María GRÁNDEZ [letra] - Fidel AIZPURÚA [música], capuchinos (Fraternidad de Capuchinos, Burlada / Falces, Navarra), Himnos para el Señor. Editorial Regina, Barcelona 1983, 250 páginas..

Clara, pequeña planta:
en el huerto de Cristo
eres tallo fragante
de amor incorruptible.
    ¡Salve, virgen cristiana!
    ¡Salve, rey de las vírgenes!

Clara, virgen sensata:
tu lámpara encendida
ha llenado la casa
de la divina gloria.
    ¡Salve, llama en vigilia!
    ¡Salve, Cristo esperado!

Clara, pobre en la tierra:
tu cuerpo es holocausto,
cual pan de eucaristía
por la vida del hombre.
    ¡Salve, madre fecunda!
    ¡Salve, cruz creadora!

Clara, paz en la cumbre:
al morir abrazabas
a la santa pobreza,
bienamada de Cristo.
    ¡Salve, en tu bello tránsito!
    ¡Salve, Cristo inclinado!

Clara, hoy invocada:
tu amor sigue exhalando
como precioso nardo
para el feliz Esposo.
    ¡Salve, vive con Cristo!
    ¡Salve, Rey por los siglos! Amén.



4. Con pleno corazón te bendecimos

    Noticia sobre letra y música. Este himno fue compuesto a petición de las Clarisas de España con motivo del VIII Centenario de Santa Clara. La música se le pidió a Carmelo Erdozáin, sacerdote de Navarra, ya famoso por sus cantos publicados con las correspondientes grabaciones. Se publicó partitura aparte (ver Escritores de la Provincia ...1261) Este también fue grabado en una cassette editada por el autor de la música, al final de 15 cantos para la Misa, en doble versión: con música y letra y sólo versión instrumental. Fue publicado en el Boletín que las Clarisas fueron sacando durante varios meses para aquella circunstancia: Boletín Informativo del VIII Centenario, n. 5 (1993) 6. Posteriormente se publicó en Cantoral de Santa Clara Cuautitlán Izcalli, 2003.

Estribillo
Con pleno corazón te bendecimos.
a ti, belleza y luz de nuestros himnos,
oh Cristo, cuya gloria brilla en Clara,
reflejo de tu amor y de tu Pascua.


Estrofas
De Asís la luz ha venido
y Clara nos la señala;
de un rostro desde la cruz
la paz y el bien se derrama;
venid, hermanos, venid:
mirad
adonde Clara miraba.
                 
                   2
Hermana a ti te decimos,
como Francisco te llama;
tu corazón silencioso
al mundo hermano se abraza;
venid, hermanos, venid:
que estáis
muy dentro de esta morada.

                   3
Cristiana muy pobrecita,
muy limpia y muy liberada,
sencilla Clara que vives
feliz con Cristo sin nada;
venid, hermanos, venid:
llenad
de paz y amor vuestras almas.

                   4
Sendero amable, alegría,
y bella flor de esperanza,
oh Clara, a Dios te confías,
fiada de su Palabra;
venid, hermanos, venid:
creed
que amor de Dios no defrauda.



5. Encuentro matutino del amor
Pobreza-amor-virginidad: tres en uno
(Himno en la solemnidad de santa Clara)

    Noticia. Las reciente celebración del 750 aniversario del Tránsito de Santa Clara trajo una floración de ilusiones y celebraciones. No se extinga la hermosura que provoca el recuerdo de Clara. Con tal ánimo va esta composición, obsequio a mis hermanas y gracia de este día, tras la hermosa Vigilia en torno a la Vida y Tránsito de Clara de ayer noche (Casa de Formación Santa Verónica, 11 agosto 2005).

    En el entramado de estos versos hay un anhelo: amor. Palabra que a todos se concede, pero que, a lo mejor - sin quitar a Dios misericordioso el regalo de sus dones, todos gratuitos, quizás sólo pocos, por gracia se la saben.
    Ante clara, criatura virginal, quizás emblema del paraíso, puede desatarse nuestros pensamiento: ¿Cuál fue exactamente su carisma?
    Una vez que Cristo, a los 18 años, se lo regaló como un anillo nupcial, su carisma es lo que se produjo en su corazón, cuando aquella noche del Domingo de Ramos, junto al altar de la Virgen, dejó su cabellera. Lo que pasa en el fondo de nosotros mismos, y lo percibimos con un rayo que es más intuición que inteligencia, eso es nuestro carisma.
    Lo que nos atrevemos a percibir en Clara es un amor, puro y fragante, abierto a Jesucristo, como una flor se abre al rocío de la mañana. ¿O es que Clara es un mero esquema, proyecto de nuestros sueños, soñado en las horas puras en las que no se sueña, y sale a flote lo mejor de uno mismo?
    Clara - me parece que mi saeta es certera - es exactamente lo que yo ansío: el amor triunfante, como sea, aunque haya de pasar por la cruz.
    La pobreza no vale en sí misma, es - para Clara - el “status”, donde cobra cuerpo el amor. Por eso, la pobreza simple es el amor, es la belleza misma (pues nada más bello que un corazón dado al Amor); es el carisma, si es la dote del todo donada de la esposada enamorada.
    El carisma de Clara, nacida de Francisco, es el todo ella para el amor, haciendo incluso que la pobreza, superabundante, no sea otra cosa que el abrazo a su Esposo, de quien nada necesita sino a él mismo... Cuando se tiene a Jesús todo lo demás ha caído, pues Jesús es el todo y el único Suficiente.
    Quiera el Señor llevarnos, en esta hora, por los blancos caminos de su amor, y encontrar en el amor la virginidad que, este caso, es lo mismo que la pobreza.

Encuentro matutino del amor
tu vida, hermana Clara, cual la mía:
un ímpetu que anhela y rasga el cielo
y emprende tras Jesús su travesía.

Pobreza es tu pureza, bella virgen,
pobreza es sólo Él en tus caricias;
pobreza es tu cantar de soledades
pues sólo Él, Jesús, es compañía.

Tu pecho, hermana, es tierno como un nido,
es todo para Él a quien cobijas,
regalo que te da, virginidad,
al cálido vaivén de tus delicias.

Pobreza pura, el último misterio
de carne casta, rama florecida,
Clara, fontana fresca del amor,
resurrección de Cristo en esta vida.

¡Oh, quién pudiera en mí a ti encontrarte
oh, quién pudiera ver lo que uno ansía,
mendigo yo, oh Clara, de tu mano,
mendigo sin palabras si me miras!

¡Jesús, oh Dios, festín de enamorados,
belleza y paz, y luz de bienvenida:
a ti suba el incienso de los votos;
acéptalos, cual gloria que en ti brilla! Amén.


6. La verde palma alzada con tu diestra

Himno narrativo y oblativo
(Apertura del 750 aniversario del Tránsito de Santa Clara).

    Noticia. Himno compuesto en la Casa de Formación Santa Verónica (Cuautitlán Izcalli), el domingo V de Cuaresma, 4 de abril de 2003, para iniciar el 750 aniversario del Tránsito de Santa Clara el siguiente Domingo de Ramos.
    Letras y música. Musicalizado por el P. Vicente Saurí Ferriol, OFMCap (Fraternidad de Capuchinos, Alicante, España). Partitura.

    El relato de la Legenda sanctae Clarae (escrito probablemente por Tomás de Celano) dice así:
    “Se acercaba el día solemne de Ramos cuando la doncella, fervoroso el corazón, fue a ver al varón de Dios, inquiriendo el qué y el cómo de su conversión.
    Ordénale el padre Francisco que el día de la fiesta, compuesta y engalanada, se acerque a recibir la palma mezclada con la gente y que, a la noche, saliendo de la ciudad, convierta el mundano gozo en el luto de la pasión del Señor.
    Llegó el Domingo de Ramos. La joven, vestida con sus mejores galas, espléndida de belleza entre el grupo de las damas, entró en la iglesia con todos. Al acudir los demás a recibir los ramos, Clara, con humildad y rubor, se quedó quieta en su puesto. Entonces, el obispo se llegó a ella y puso la palma en sus manos. A la noche, disponiéndose a cumplir las instruccio-nes del santo, emprende la ansiada fuga con discreta compañía. Y como no le pareció bien salir por la puerta de costumbre, franqueó con sus propias manos, con una fuerza que a ella misma le pareció extraordinaria, otra puerta que estaba obstruida por pesados maderos y piedras.
    Y así, abandonados el hogar, la ciudad y los familiares, corrió a Santa María de Por-ciúncula, donde los frailes, que ante el pequeño altar velaban la sagrada vigilia, recibieron con antorchas a la virgen Clara. De inmediato, despojándose de las basuras de Babilonia, dio al mundo «libelo de repudio»; cortada su cabellera por manos de los frailes, abandonó sus variadas galas”.

La verde palma alzada con tu diestra
entrega el corazón y a Cristo aclama;
y rojas de ternura tus mejillas,
el Pan de vida sella una alianza.

Aquella misma noche en la Porciúncula
Francisco y los hermanos la esperaban;
salieron con antorchas por la esposa,
con cánticos de amor la festejaban.

La ofrenda virginal de sus cabellos
cayó sagrada sobre el ara santa;
ya Clara es de Jesús, por siempre bella,
plantita de Francisco, dulce hermana.

Hicieron pacto Clara y la Pobreza
la una de la otra enamorada,
Jesús Crucificado estaba en medio
y al lado, Virgen fiel, María estaba.

Esposa y virgen Clara, flor de Cristo,
nosotros recordamos tu llamada,
miramos a Jesús, contigo hermanos,
unidos y pegados a tu alma.

Contigo tras las huellas del Amado,
siguiendo paso a paso sus pisadas,
contigo hasta tu tránsito sereno,
de puro amor tu vida coronada.

Jesús, sendero y ánimo de humildes,
que en obediencia y paz la muerte abrazas,
a ti la gloria sea sin medida,
que muestras tu bondad mostrando a Clara. Amén.


7. Del Padre, Dios Altísimo, eres hija

(Himno para el 750 aniversario del Tránsito de Santa Clara)

    Noticia. Compuesto en la casa de Formación Santa Verónica (Cuautitlán Izcalli) el 28 de febrero de 2003, entregado juntamente con “¡Vete, alma mía, segura!” con esta dedicatoria: “A las Madres Presidentas de las Capuchinas, que lanzaron la iniciativa de este Año Jubilar Clariano, y a todas mis hermanas capuchinas de México”
   
Rufino M. GRÁNDEZ, OFMCap., El bello tránsito de Clara, en: Selecciones de Francisca-nismo, n. 93, 32 (2003) 424-435. En este artículo se recoge la siete composiciones en honor de santa Clara, con sus correspondientes introducciones, a saber: 1. La verde palma alzada con tu diestra; 2. Del Padre, Dios Altísimo, eres hija; 3. Francisco y Clara juntos; 4. Fui de la nada a la vida; 5. El coro de los hermanos; 6. Vete, alma mía, segura; 7. Clávame tus ojos bellos.

    Los hermanos y hermanas de la familia franciscana conocen aquella mínima “Forma vitae” que Francisco escribió para Clara y el recinto de San Damián, y que Juan Pablo nos ha recordado en el mensaje del VIII centenario del Nacimiento. “ «Por inspiración divina os habéis hecho hijas y siervas del altísimo y sumo Rey, el Padre celestial, y os habéis desposado con el Espíritu Santo, eligiendo vivir según la perfección del santo Evangelio». A Clara y sus hermanas se las llama esposas del Espíritu Santo: término inusitado en la historia de la Iglesia, donde la religiosa, la monja, siempre es calificada como esposa de Cristo...”
    En la primera estrofa contemplamos a santa Clara en esa perspectiva trinitaria con que Francisco la ha visto, a ella y a sus hermanas: hijas y siervas del Altísimo, enamoradas de Cristo pobre en la cruz, esposas del Espíritu Santo, como María en la Anunciación.
    En las siguientes evocamos aquel pasaje tan conocido del espejo en que la hermana Inés de Praga (hoy santa Inés de Bohemia) debe contemplar a Jesús en los momentos de la vida del esposo; fiel retrato, sin duda, del alma contemplativa de Clara.
    Y en la quinta estrofa nos introducimos reverentes en el momento del Tránsito - ya anunciado en la cuarta - tal como lo recordaron las hermanas en sus testimonios, y tal como fervorosamente, con estos datos, lo escribió fray Tomás de Celano. Contó la cuarta testigo, sor Amada, que el viernes anterior a la muerte, la madre Clara le dijo: “¿Ves tú al Rey de la gloria, al que yo estoy viendo?”. Y otra hermana (sor Bienvenida) “contempló esta feliz visión: ...he aquí que ve entrar una procesión de vírgenes vestidas de blanco”. El mismo delicado biógrafo recoge aquella perla de plegaria, que varias hermanas (sor Felipa, sor Bienvenida, sor Angelita) escucharon a la madre, tres días antes de la muerte, conversando ella con su alma: “Vete segura (alma mía)...; el que te creó te santificó...; como la madre al hijo te ha amado con amor tierno. Tú, Señor, seas bendito porque me creaste”.
    Es el tránsito de santa Clara, que quisiéramos fuera el nuestro.

Del Padre, Dios Altísimo, eres hija;
del Hijo, pobre en cruz, la enamorada;
y esposa del Espíritu fecundo,
oh Clara de Francisco, nuestra hermana.

Allí en Belén te postras adorando,
enternecida, blanda la mirada;
y ves en un pesebre a la Pobreza,
al tierno Rey, reinando en unas pajas.

Lo ves desnudo, bello en el suplicio,
doliente cuerpo, alma ensangrentada;
y allí el amor, sin velos ni secretos,
abierto el corazón, Jesús te habla.

Y aquel divino espejo que refleja
la gloria que anhelamos de la patria,
alzado del sepulcro te contempla
te está llamando a ti, desde su Pascua.

Al tránsito feliz de eternas nupcias
acude el Rey con vírgenes sagradas;
y al Padre Creador que te creó,
te lanzas jubilosa dando gracias.

¡Oh clara Trinidad que das la paz
y llenas de hermosura nuestras almas,
que toda bendición sea corona
de tu infinito amor, que es nuestra gracia! Amén.

SECUENCIA, TRÁNSITO Y LETRILLAS
(Al concluir la celebración del 750 aniversario de su Tránsito)
           
8. Secuencia de santa Clara

    Noticia. Esta “Secuencia” fue compuesta en la Casa de Formación Santa Verónica (Cuautitlán Izcalli) el 7 de julio de 2004, con la intención de que sirviera de “Secuencia” en la Misa de Santa Clara de este año, conclusión del 750º aniversario del Tránsito. Y fue entregado a la Hna. Teresa Martínez, de la Comunidad de Cortazar, miembro de la Comisión que preparaba la solemne clausura del 750º aniversario en los Franciscanos de Acámbaro. Al acto fue convocada la familia clariana y franciscana. Téngase presente que la  Reliquia de Santa Clara había visitado México. Le puso la música, muy agradable, muy fina, el capuchino Lorenzo Ondarra.
Lorenzo Ondarra [OFMCap.], ¡Oh Clara, luz en la Iglesia!: Secuencia de santa Clara A una voz y acompañamiento de órgano. Edición informática LOK, Donostia (San Sebastián) 2004. 4 páginas. Dirigirse al autor la música: Fraternidad de capuchinos / Calle Oquendo, 22.

1. ¡Oh Clara, luz en la Iglesia,
plantita de san Francisco,
la claridad de Jesús
en ti refleja su brillo!

2. Aquel Domingo de Ramos
tomaste el ramo de olivo;
el corazón extasiado
tan sólo miraba a Cristo.

3. De noche, y en la Porciúncula,
con voto fue el sacrificio;
Francisco lo recogía
y hermanos eran testigos.

4. Una familia, un carisma,
nacieron juntos y unidos:
guardar el puro Evangelio
fue regla desde el principio.

5. Ser franciscana y hermana,
abría el nuevo camino;
ser pobre para el Esposo
con corazón indiviso.

6. Y San Damián fue el jardín
la casa y el paraíso;
allí una Forma de vida
mostraba Jesús al vivo
                                       
7. Fuiste tenaz cual diamante,
guiada por quien te dijo:
Que nadie te desoriente
con un proyecto distinto.

8. Tu fuiste madre entrañable,
de amor humano y divino;
por el Espíritu Santo
apóstol desde tu sitio.

9. Hoy celebramos tu Tránsito
junto a tu lecho contigo;
ya viene el Rey de la gloria
con su cortejo escogido.

10. ¡Bendito seas, mi Dios,
ternura hasta lo infinito,
mi Padre que me creaste,
y en todo me has bendecido!

11. Cerraste, suave, los ojos
el día de San Rufino,
y despertaste en el cielo
junto a tu hermano Francisco.

12. ¡Oh Clara, bella plantita,
del huerto de Jesucristo,
ruega al Señor por nosotros
nos lleve un día consigo! Amén.


9. Lloraba la virgen Clara
Elegía pascual al eco del Llanto de San Damián

    Noticia. Concluido el 750ª aniversario del Tránsito de Santa Clara esta letra está compuesta en Alfaro, La Rioja, 22 de septiembre de 2004, encontrándome de vacaciones junto a mi madre. La rima fue entregada a las Monjas de la Concepción del pueblo, donde tengo una hermana.

    “La señora Clara [Madonna Clara, más bien], en verdad Clara por la santidad de sus méritos, primera madre de todas las otras   fue la primera planta de esta Santa Orden  , se acercó con las demás hijas a contemplar al Padre, que ya no les hablaba y que, habiendo emprendido otras rutas, no retornaría a ellas.
    Al contemplarlo, rompieron en continuos suspiros, en profundos gemidos del corazón y copiosas lágrimas, y con voz entrecortada comenzaron a exclamar: «Padre, Padre, ¿qué vamos a hacer?, ¿Por qué nos dejas a nosotras, pobrecitas? ¿A quién nos confías en tanta desolación? ¿Por qué no hiciste que, gozosas, nos adelantáramos al lugar a donde vas !as que quedamos ahora desconsoladas? ¿Qué quieres que hagamos encerradas en esta cárcel, las que nunca volveremos a recibir las visitas que solías hacernos? (...) ».
    Mas el pudor virginal se imponía sobre tan copioso llanto; muy inoportuno resultaba llorar por aquel a cuyo tránsito habían asistido ejércitos de ángeles y por quien se habían alegrado los ciudadanos y los familiares de Dios. Dominadas por sentimientos de tristeza y alegría, besaban aquellas coruscantes manos, adornadas de preciosísimas gemas y rutilan-tes margaritas; retirado el cuerpo, se cerró para ellas aquella puerta que no volvería a abrirse para dolor semejante. ¡Cuanta era la pena de todos ante los afligidos y piadosos lamentos de estas vírgenes!” (1 Cel 116-117).

Lloraba la virgen Clara,
lloraba con sus hermanas:
lloraba de inmensa pena,
de gozo pascual lloraba.

Miraban el cuerpo blanco,
de puro amor lo miraban,
y mirándole entre lágrimas
su soledad le contaban.

Le hablaban del todo huérfanas,
con una espada en el alma;
y cuanto más lo miraban
los ojos se abrillantaban.

Besaban las santas llagas,
las vírgenes lo besaban;
los labios se enternecían
cuando las llagas besaban.

Las llagas de pies y manos
ungían con su mirada,
y con ojos de mujer
mirando, lo acariciaban.

La llaga de su costado
a la derecha manaba,
ríos de amor de Jesús
salían de aquella llaga.

Clara la reconocía
la llaga que al pecho estaba,
y con pureza amorosa
Clara virgen la besaba.

Lloraban en San Damián
bajo el Cristo que miraba:
en la cruz o en este cuerpo,
¿en dónde Jesús estaba?

El dolor y la alegría
eran uno y se mezclaban:
una liturgia celeste
de lágrimas perfumada.

Era el amor sin rubores,
eran las pobres hermanas;
lloraba la virgen Clara
y todas juntas amaban.


10. Fui de la nada a la vida
(Letrilla en torno al Tránsito de santa Clara)
   
    Noticia. Letrilla escrita el 2 de marzo de 2003, en Casa de Formación Santa Verónica (Cuau-titlán Izcalli), en el clima del 750º aniversario del Tránsito de Santa Clara.

Fui de la nada a la vida
convocada por mi Dios;
desde el principio fui amada:
todo mi ser es amor;
por haber sido creada
bendito seas, Señor.

Nací de aquella caricia
y he vivido de su unción,
mi vida fue pura gracia,
mi tránsito es redención;
por haber sido creada
bendito seas, Señor.

Yo he sido un regalo suyo,
lo siente mi corazón;
y al volver a su regazo
yo le devuelvo este don;
por haber sido creada
bendito seas, Señor.

Mi ternura fue Francisco,
fue tu gracia y bendición;
mi alma y la suya eran
un alma que Dios juntó;
por haber sido creada
bendito seas, Señor.

¡Oh alma mía bendita,
redimida en la Pasión,
canta, gozosa, a Jesús,
que en sus brazos me llevó;
por haber sido creada
bendito seas, Señor.

Yo bendigo a mis hermanas,
soy de ellas sin condición,
yo las bendigo y las amo,
y conmigo tuyas son;
por haber sido creada
bendito seas, Señor.


11. Es Pascua en esta celdilla
(Letrilla en torno al Tránsito de santa Clara)

    Noticia. Letrilla compuesta en torno al Tránsito de Santa Clara, en la Casa de Formación Santa Verónica (Cuautitlán Izcalli), el 3 de marzo de 2003.
                                         
Es Pascua en esta celdilla
que Clara se está muriendo;
sean de gozo las lágrimas,
porque es el Tránsito y premio.

Soy el hermano Junípero,
me llaman el Saetero;
mi corazón es aljaba,
llena de divinos versos.

Mirando a la dulce Hermana,
del horno que arde por dentro
he sacado una centella
que ha recogido en el pecho.

A Cristo Crucificado,
van esos dardos de fuego;
por el divino costado
se abre la puerta del cielo.

Es Pascua en esta celdilla
que Clara se está muriendo;
sean de gozo las lágrimas,
porque es el Tránsito y premio.

Soy el hermano León,
confidente de secretos,
soy de Francisco y de Clara
archivo de los recuerdos.

Y en la verdad de este tránsito,
humildemente me acerco,
y mi ternura se vierte
de mis labios a este lecho.

Loado, Señor Jesús,
toda paz, todo consuelo;
por ti luchamos unidos
y hasta el final lucharemos.

Es Pascua en esta celdilla
que Clara se está muriendo;
sean de gozo las lágrimas,
porque es el Tránsito y premio.

Yo soy fray Ángel de Rieti
y lloro con gran contento,
fui de los Tres que escribimos
nuestros recuerdos en Greccio.

Oh Clara, urna preciosa,
que guardas un Testamento,
te marchas de San Damián,
nos dejas tu santo cuerpo.

Tú serás siempre memoria
de todos nuestros anhelos,
has de ser pura fragancia
oreo de nuestro huerto.

Es Pascua en esta celdilla
que Clara se está muriendo;
sean de gozo las lágrimas,
porque es el Tránsito y premio.

Yo soy hermano Rainaldo
y a las hermanas confieso;
y a la madre, reverente,
también le doy mi consejo.

“Que sepas, querido hermano,
que hubo un día del encuentro,
y desde entonces Francisco
fue mi senda de Evangelio.

Y no hubo tristeza o pena
que hiciera mella en mis huesos;
no hubo dolor que no fuera
por Jesús dulce sustento”.
                                       
Es Pascua en esta celdilla
que Clara se está muriendo;
sean de gozo las lágrimas,
porque es el Tránsito y premio.



12. ¡Vete, alma mía, segura!
(Letrilla en torno al Tránsito de santa Clara)

    Noticia. Esta letrilla fue escrita en Casa de Formación Santa Verónica (Cuautitlán Izcalli), en marzo de 2003, en el clima del 750º aniversario del Tránsito de Santa Clara, evocando lo que nos dice la Leyenda de Santa Clara, inspirada principalmente en los datos del Proceso.
    Letra y música. Rosa María Riera (Clarisa), Canto y Alabanza Folleto musical y CD. Ediciones de San Pablo.
    Esta letra se ha comenzado a usar como canto de despedida en el funeral de una hermana.
Fue cantada – más bien, escuchada – en el funeral de mi madre (Monasterio de la Concepción, Alfaro, 16 agosto 2008), que murió en la Asunción de María (2008), a punto de cumplir 100 años.

Vete, alma mía, segura
a la morada de Dios,
desata las ataduras,
que el tiempo ya se cumplió.
¡Vete, alma mía, segura!

A bodas están llamando
ya el Esposo se adornó;
vírgenes hacen cortejo
y vienen para esta unión.
¡Vete, alma mía, segura!

Traen coronas preciosas,
María, de más valor.
La Reina ya se ha inclinado
con su abrazo me envolvió.
¡Vete, alma mía, segura!

Dios te llamó de la nada
y por amor te creó,
y derramó su hermosura,
te miró y santificó.
¡Vete, alma mía, segura!

Como madre con su niño,
mi Dios se me enterneció.
Bendito, que me creaste,
oh mi dulce Creador.
¡Vete, alma mía, segura!

Tu hora, mi Dios, es mía,
dispuesta, mi Dios, estoy:
y eternamente soy tuya
para alabanza y amor.
¡Vete, alma mía, segura! Amén.


13. Clávame tus ojos bellos
(Letrilla para evocar aquel Domingo de Ramos)

    Noticia. Letrilla compuesta en el convento de capuchinas de San Juan de La Maguana, República de Santo Domingo (7 octubre 1992), visitando a las Capuchinas, esta fundación que nació de las Hermanas Capuchinas de España.

Clávame tus ojos bellos,
dulce Jesús enclavado,
clávalos dentro del pecho,
que el corazón yo te he dado.

Amores de Asís perdí
por otro amor conquistada,
juglares de cortesía
adiós os dice mi alma;
son dieciocho primaveras
que a esta doncella engalanan,
adiós, donceles garridos
de San Rufino en la plaza;
a ti, Jesús mis cabellos:
clávame tus ojos bellos.

Clávame tus ojos bellos,
dulce Jesús enclavado,
clávalos dentro del pecho,
que el corazón yo te he dado.

Cuando la vida es sonrisa,
otra sonrisa buscaba;
el pordiosero en la puerta
algo de ti me mostraba
y más yo de ti quería:
tenerte como la amada,
de día y noche contigo,
de todo afán despojada,
amor de Dios humanado:
dulce Jesús enclavado.

Clávame tus ojos bellos,
dulce Jesús enclavado,
clávalos dentro del pecho,
que el corazón yo te he dado.

A oscuras me fui de noche
donde Francisco velaba,
y en el altar de la Virgen
dejé mis trenzas cortadas.

¡Qué libre y feliz me vi
como pobre consagrada,
qué anchura en el universo
contemplado en mi atalaya!
Desde la cruz que es tu lecho
clávalos dentro del pecho.
                                                               
Clávame tus ojos bellos,
dulce Jesús enclavado,
clávalos dentro del pecho,
que el corazón yo te he dado.

Y así respiro la vida
que se respira en tu aura,
tu frente cae hacia al mundo,
tu sangre de amor nos baña.

¡Oh valeroso Señor,
rendido en una montaña,
cuando despiertes, contigo
iremos todos al alba!

Y en tanto velo a tu lado,
que el corazón yo te he dado.
Clávame tus ojos bellos,
dulce Jesús enclavado,
clávalos dentro del pecho,
que el corazón yo te he dado.


14.  Amor a ti cuerpo a cuerpo

    Noticia. Letrilla escrita en San Juan de la Maguana, República de Santo Domingo, en el monasterio de capuchinas, 8 octubre 1992.  Las cartas de santa Clara a santa Inés de Praga nos dan la clave de inspiración de estos versos
    Estrofas I-III: Amándole, sois casta; abrazándole os haréis más pura; aceptándolo sois virgen.
    Estrofas IV-VI: Su poder es más fuerte,   su generosidad más alta, su aspecto más hermoso, y todo su porte más elegane. Y ya os abraza estrechamente Aquel que ha ornado vuestro pe-cho con piedras preciosas. (Véase Carta I,2)   

Amor a ti cuerpo a cuerpo,
tocando al Verbo humanado,
es fuente de castidad,
oh Cristo en la cruz colgado.

Abrazos de ardiente esposa
junto a tu santo costado
es delicia toda pura,
oh Esposo crucificado.

Y entrar hundida en tu pecho,
y acogerte en el regazo
es de tu virgen fecunda,
oh Rey de florido tálamo.

Oh Cristo, mi fiel Esposo,
vigor se siente en tu brazo,
suave luz en tu mirada
y honor en tu porte raudo.

Se enlace mi brazo al tuyo
y mi susurro a tu cántico
y el cielo destile miel
desde tu boca a mis labios.

Con Clara, Señor, dichosa,
nosotras amor cantamos;
a ti la gloria en el Padre,
oh noble Esposo exaltado. Amén.



15. Te llamaré hermana mía

(Letrillas en la fiesta de santa Clara,
a modo de un Juglar a lo divino)

A Clara de Asís, hermana de sangre en el Espíritu,
y a las demás hermanas clarisas, clarisas-capuchinas,
porque el carisma, en masculino o femenino, es uno,
respirando en la belleza del amor.
En la fiesta de santa Clara,
como solaz, anhelo y testimonio,
esta secuencia que, si no es litúrgica,
es, cierto, muy verdadera.

1. Te llamaré hermana mía,
Clara entrañable, soñada,
luz pura en la madrugada,
mi muy dulce poesía.

2. La vía de la belleza
es la vía del amor
y su hermoso resplandor
es escondida pureza.

3. La belleza es confidencia
corazón a corazón,
dejando que la razón
se rinda ante otra querencia.

4. Es alta contemplación
más pura que el puro anhelo,
que Jesús rasga su velo
para ser revelación.

5. Clara hermana en mi suspiro,
en mi doliente inquietud,
tú sabes de gozo y cruz,
y sabes cómo le miro.

6. Mi vida no es otra cosa
que un cotidiano gemido,
porque llevo el pecho herido
por un pétalo de rosa.

7. No será loca locura
esta lágrima que brota
de una ambición nunca rota,
de un beso que me tortura.

8. ¿Qué anhelo ya en este mundo,
mientras subo la colina 
y mi vida ya se inclina
al ocaso rubicundo?

9. Amor, silencio y… amor,
y por él… la voz ardiente,
que antes callará la fuente,
que calle el predicador.

10. Clara amor apetecido,
comensal a vera mía,
comensal de Eucaristía,
Clara, lirio que yo cuido.

11. Clara y yo: esto es secreto,
de nuestra tierna mirada
y la diestra entrelazada,
mientras yo,  sensible, aprieto.

12. Clara, la fiesta que torna,
eres tú maternidad,
virginal fecundidad,
fuente que a la Iglesia adorna.

13. La senda de lo sencillo
de lo sublime es la senda,
el Evangelio es mi ofrenda,
Clara luz…, de fiel anillo.

14. Clara hermana, siento el eco
de una llamada que suena,
al amor, la paz serena
en un misterioso hueco.

15. Del Eterno Femenino
el hombre nació con sed:
no es la sed de la avidez;
es el tránsito más fino.

16. ¿No es Unidad el Dios Uno,
y trino porque es amor?
Ósculo Consolador,
une lo que yo desuno.

17. Y Clara hermana recuerda
la llama que no se apaga,
y Clara aviva la llaga,
que amor con dolor concuerda.

18. Sin el amor todo es paja,
y la paja al fuego va;
pero el amor que se da...
del Verbo Dios es alhaja.

19. En alas del corazón
caminito del amor,
que si fue el hermoso albor,
será el abrazo y fusión.

20. Esto escuché en San Damián,
Clara, por eso lo canto;
y ¡lo extraño tanto…, tanto…
con mi mochila y mi pan!
Amén.

Puebla, 5 de agosto de 2009, la Virgen de las Nieves.


16. La savia y gracia de los orígenes
(1209 2009)
Himno memorial y oblativo

A hermanas capuchinas
al concluir el 8° centenario
de la aprobación de la vida franciscana

Es muy bella la gracia de los orígenes, contemplar cómo Dios condujo a Francisco, y con Fran-cisco, y por medio de él, a la joven Clara. El primer toque fue: “Cómo Dios visitó su corazón por una enfermedad y por un sueño” (1Cel 3-5); siguió la “época de la gruta” (1Cel 6); ruptura con su padre (1Cel 15). En la “nueva vida”, Francisco es va a servir a un monasterio como mozo de cocina (1Cel 16), y pronto “se fue adonde los leprosos” (1Cel 17), punto capital en la experiencia de Francisco (Test 2; 1Cel); les besa la mano y la boca (2 Cel 9; LM 1,5). Jesús había dicho: “limpiad a los leprosos” (Mt 10,8); y a él mismo le tuvimos como leproso (et nos putavimus eum quasi leprosum et percussum a Deo et humiliatum
Is 53,4). En la soledad “se le apareció Cristo Jesús en la figura de crucificado (LM 1,5). La relación con Jesús crucificado se concreta en locución a partir de 2 Celano (1246; véase 2 Cel 10; LM 2,1).
Luego “ cierto día” (1Cel 22) fue el encuentro en la Porciúncula, donde Francisco, a la vera de la Eucaristía, halló el Evangelio, incluso antes de tener hermanos - Evangelio de misión - que fue como la iluminación radial de su carisma. Para el primer seguidor, Bernardo, la norma de vida fue el Evangelio (Mt 19,21; cf. 1Cel).
Y todo esto (que los críticos estudiarán con mucho rigor y discernimiento) llegó a su plenitud a los pies del Papa Inocencio III (1Cel 32-33). Nacía la vida franciscana en la Iglesia.
Y bajo aquella confirmación pontificia ("confirmavit" dirá en su Testamento), sin que Francisco lo supiera, iba a nacer la vida de la hermana Clara, gemela de corazón. Cuando años más tarde Dios les hizo encontrarse, la joven Clara Favarone comprendió que su gracia evangélica era la gracia que el Señor Altísimo había revelado y concedido al hermano Francisco. Una solo carisma en dos proyecciones distintas.
Clara asumió la pobreza de Francisco ("Privilegium paupertatis", 1228) y luego el Papa Inocencio IV refrendó con su autoridad todo lo vivido que ahora, en víspera de la muerte de santa Clara (1253). Era el programa que dejaba a las hermanas pobres de San Damián, y a todas las que se había de adherir a la misma inspiración. Al inicio de su Regla, la hermana Clara plasmará la esencia de su ideal, con tres consignas:
  ser franciscanas (vivir el evangelio en la fibra de Francisco),
- ser pobres,
  ser hermanas.
En la primera línea de su Regla, santa Clara dice que su forma de vida es “La forma de vida de la Orden de las Hermanas Pobres, instituida por el bienaventurado Francisco...”
Todo esto lo recordamos, y de un cierto modo sacramental, lo vivimos hoy, actualizado por la fuerza del Espíritu.


Estribillo
Ser pobres siendo menores
ser entrañables hermanas,
ser de Jesús, el esposo,
es nuestro anhelo y su gracia.

Estrofas
1. La savia de los orígenes
junta a Francisco con Clara:
un corazón, un carisma,
una misión que nos llama:
¡Oh Jesús, nuestro Evangelio,
sé pasión de enamorada!

Ser pobres siendo menores
ser entrañables hermanas,
ser de Jesús, el Esposo,
es nuestro anhelo y su gracia.

2. Ser hermana capuchina
con Verónica hermanada,
del Maestro ser discípula,
junto al sagrario ser llama:
¡Oh Jesús, rostro del Padre,
a ti va nuestra mirada!

Ser pobres siendo menores
ser entrañables hermanas,
ser de Jesús, el Esposo,
es nuestro anhelo y su gracia.

3. Cantar de ardientes amores
es mi canción exhalada,
mi trabajo y mi silencio
es melodía a sus plantas.
¡Oh Jesús, dulce susurro,
tú eres verdad que no engaña!

Ser pobres siendo menores
ser entrañables hermanas,
ser de Jesús, el Esposo,
es nuestro anhelo y su gracia.

4. Ser luz de Cristo radiante
en clausura retirada,
de su sabor ser la sal
y levadura en la masa:
¡Oh Jesús, don del Espíritu,
hazme Evangelio que irradia!
Ser pobres siendo menores
ser entrañables hermanas,
ser de Jesús, el Esposo,
es nuestro anhelo y su gracia.

5. Ser tuya y toda del mundo,
ser amor que todo abraza,
ser unidad anhelante
y tierna y dulce esperanza:
¡Oh Jesús, amor primero,
conságrame en tu alianza!

Ser pobres siendo menores
ser entrañables hermanas,
ser de Jesús, el Esposo,
es nuestro anhelo y su gracia.

6. Ser alabanza de gloria
para cantar sus hazañas,
oh Hijo en la Trinidad,
a ti la gloria y las gracias.
¡Oh Jesús, alfa y omega,
sé mi bienaventuranza! Amén.

Ser pobres siendo menores
ser entrañables hermanas,
ser de Jesús, el Esposo,
es nuestro anhelo y su gracia.

Puebla, 30 de junio de 2009


17. Tanta belleza en los ojos

De la belleza de Clara, reflejo de Cristo,
y de la belleza de Cristo, que a Clara enamoraba


Noticia. La víspera de santa Clara y el día de santa Clara vimos por la noche el largometraje Clara y Francisco (Chiara e Francesco), que dura 210 minutos, emitido por la RAI en octubre de 2007. La joven artista Mary Petruolo tenía en el rodaje de esta película 17 años. Amplia información en Internet, incluida una entrevista de Mary con el P. Raniero Cantalamessa.
Puebla, 12 de agosto 2009

I
ERA MUY BELLA

Que Clara era una joven muy bella es un dato histórico seguro. En el proceso lo testifi-caba, a más de cuarenta años, un señor de Asís, Messer Rainieri de Bernardo: “Como era bella de rostro, se trató de darle marido; y muchos de sus parientes le rogaban que consin-tiese en casarse; pero ella jamás accedió. Y el testigo mismo le había rogado muchas veces que accediese, y ella no quería ni oírle” (Proceso de San Clara 18,7).
Este dato de su hermosura, con un misterios encanto que irradiaba de su ser, lo ha acentuado toda la tradición, y las artes figurativas lo expresan maravillosamente (así en el film Chiara e Franceso de Fabrizio Costa, que al aparecer en la pequeña pantalla, octubre de 2007, es seguido por una audiencia de 9 millones de italianos).
La hermosura es largamente más que la buena apariencia; es irradiación y transparencia; es al primera puerta que anuncia el amor. Contemplemos la hermosura de Clara para contemplar allí mismo otra cosa. Y contemplemos luego (II parte) la hermosura del rostro de Cristo, que hermoseaba el rostro de la virgen Clara.

Tanta belleza en los ojos
desde el jardín de tu alma…
y en tus labios y mejillas,
tanta pureza en tu cara…

¿De este mundo dolorido,
o del otro, hermana Clara…?
¿Quién quiere ser bella esposa,
como Clara, virgen blanca?

Van y vuelan pensamientos
a zaga de cosas santas;
y siento que el cuerpo flota,
aun sin salir de mi casa.

Es cual divina Ascensión
dar a Clara la mirada,
porque lo mismo que ella
yo en mi alma deseaba.

¡Vuela en alto, corazón,
lánzate con nuevas alas,
vuela al mar de la pureza,
vuela, canta, duerme y habla!

Yo defino la belleza:
“Es mi vida franciscana”,
y en el talle de mujer
más bella…, bella con ganas.

¡Oh belleza santidad,
que es belleza en cuerpo y alma,
perfume que ya se huele
del cuerpo santo de Pascua!

Belleza, amor derretido
en silencio remansada,
belleza de san Damián
de pobreza engalanada.

Humilde virginidad
agua rota en la montaña,
de la luz cuerpo palpable,
de la luz muy digna hermana.

Y al fin será la Belleza,
cuando el dolor se deshaga,
y detrás de este aposento
pase a la divina estancia.

II
EL ROSTRO DE CRISTO

“Cuius pulchritudinem sol et luna mirantur” (Clara, Tercera carta de a Inés de Bohemia, 16)
“Cuius pulchritudinem omnia beata caelorum agmina incessabiliter admirantur…” (Clara, Cuarta carta a Inés de Bohemia, 10).

Y nadie podrá llamar
al Amor Belleza clara,
que el Amor y la Belleza
serán la misma sustancia.

Bello Amor, qué dulce eres,
cuando a Jesús  nos regalas,
y yo encuentro mi verdad
en la paz de su mirada.

El cielo será su gozo,
que del amor se rebasa,
y la belleza, la túnica
que transparenta las almas.

Mas ya Jesús tiene rostro,
porque la fe se adelanta:
yo vivo y amo y espero:
tu presente es mi esperanza.

Y con ojo penetrante,
yo miro como una lanza;
Dios es belleza, si no,
el mundo sería nada.

Y el Hijo fascinador
es la belleza que mata:
dulce muerte del sentido,
que la unión la deseaba.

¡Oh Cristo, luz de los cielos,
lucecita en mí encarnada,
mírame, que yo te mire
con mi carne enamorada!


18. Con verde y fragante palma

Rima espiritual
para el octavo centenario
del inicio de nuestra madre y hermana,
santa Clara de Asís
en Santa María de la Porciúncula (1212-2912)

1. Con verde y fragante palma
y el alma en ardientes ascuas,
celebremos la memoria
de nuestra madre y hermana.
Es una historia de amor
de Jesús Esposo en Clara,
seguida por ocho siglos
en la misma caravana.

2. Celebremos la belleza
de Cristo en Ramos y Pascua;
a cuyas plantas rendía
Clara virgen su mirada.
Francisco la recibía,
la cabellera cortaba,
y ante el altar del Señor
Clara a Cristo se entregaba.

3. Celebremos la pobreza
de una hermana iluminada,
que al ver al Pobre en la cruz
se vio cual pobre llamada.
Hermanas pobres serán
siendo así puras hermanas,
y la santa caridad,
será la armonía santa.

4. Celebremos esa vida,
que es Evangelio que mana;
la oración humilde y simple
será la constante llama.
Y la santa Eucaristía
nutrida con la Palabra,
será el pan en el desierto
y el festín que Dios regala.

5. Celebremos al Espíritu,
que a Clara llevaba en alas,
la divina inspiración
todos sus pasos guiaba.
El Espíritu nos lleva
a la divina morada,
y desde Dios Trinidad
al mundo en misión nos lanza.

6. Celebremos a la Iglesia,
que la Iglesia es nuestra casa;
nuestras penas y alegrías
en la Iglesia se desgranan.
Dulce Madre de la fe,
caricia que da confianza,
tú guardas pura y fecunda
nuestra vida franciscana.

7. ¡Honor al Verbo de Dios,
el Germen de toda gracia;
honor a ti, mi Jesús,
mi corazón y esperanza!
Por el camino amoroso
que tú revelaste a Clara,
condúcenos hasta el Padre
con tu mano ensangrentada. Amén.

Puebla de los Ángeles, 17 julio 2011

Para “Gotitas Capuchinas”, con amor
fr. Rufino María Grández

Puebla de los Ángeles (México), Santa Clara 2011.

Se ruega fraterna y gentilmente:
al usar este Poemario,
citar procedencia y autoría
En alabanza de Cristo. Amén.
Puebla de los Ángeles, 13 febrero 2012


Añadido (10 julio 2012)


19. Encuentro matutino del amor

“…Permite una evocación para entrar  en este Jardín de San Damián con poesía. Un jardín es un templo de poesía.
Clara es como una palabra que guardo escondida,  acaso como una crisálida, de la que nace la mariposa. He aquí el himno  compuesto para celebrar a santa Clara, como al eco del 750 aniversario de su Tránsito, que movió tal oleada de cosas hermosas” (Esencias de santa Clara, 1).

Encuentro matutino del amor
tu vida, hermana Clara, cual la mía:
un ímpetu que anhela y rasga el cielo
y emprende tras Jesús su travesía.

Pobreza es tu pureza, bella virgen,
pobreza es sólo Él en tus caricias;
pobreza es tu cantar de soledades
pues sólo Él, Jesús, es compañía.

Tu pecho, hermana, es tierno como un nido,
es todo para Él, a quien cobijas,
regalo que te da, virginidad,
al cálido vaivén de tus delicias.

Pobreza pura, el último misterio
de carne casta, rama florecida,
Clara, fontana fresca del amor,
resurrección de Cristo en esta vida.

¡Oh, quién pudiera en mí a ti encontrarte
oh, quién pudiera ver lo que uno ansía,
mendigo yo, oh Clara, de tu mano,
mendigo sin palabras si me miras!

¡Jesús, oh Dios, festín de enamorados,
belleza y paz, y luz de bienvenida:
a ti suba el incienso de los votos;
acéptalos, cual gloria que en ti brilla! Amén.

Tres Ojitos (Chihuahua), 20 febrero 2007
(Esencias de san Clara, 1)


20. Francisco y Clara juntos, alma y alma

Francisco y Clara juntos, alma y alma,
unida la Oración y la Palabra;
un solo corazón que se dilata,
un único carisma por la gracia.

Francisco en un espejo se retrata,
y Clara es su plantita delicada;
no existe el pobrecillo sin la hermana,
sin él la flor nacida fuera nada.

Y en esta comunión de regla y vida
queremos ser nosotros su familia,
en oración callada y ofrecida
y en la misión al mundo enardecida.

Jesús crucificado, que unificas
el corazón humano que te ansía,
condúcenos, Señor, bajo tu guía,
y da al sincero amor sabiduría.

¡Oh Dios de la unidad, oh Trino y Uno,
destino de quien busca el absoluto,
a ti la gloria viva, eterno fruto,
y todo nuestro amor como tributo! Amén.

Lago de Guadalupe, 12 de diciembre de 2002
(Esencias de san Clara, 2)



21. Su santidad fue sencilla
Santa Clara de Asís vista por su hermana Beatriz
en el proceso de canonización

Testimonio de Beatriz
1. Sor Beatriz de messer Favarone de Asís, monja del monasterio de San Damián, declaró bajo juramento que la testigo fue hermana carnal de madonna Clara, de santa memoria, cuya vida había sido casi angélica desde su niñez ya que fue virgen y permaneció siempre en virginidad. Y era solicita en las buenas obras de santidad, y tanto que su buena fama se divulgó entre todos los que la conocían.

Conversión de santa Clara
2. Y dijo que, habiendo oído san Francisco la fama de su santidad, muchas veces se acercó a ella para predicarle; y la virgen Clara aceptó su predicación y renunció al mundo y a todas las cosas terrenas, y se fue a servir a Dios tan pronto como le fue posible.
3. Y vendió toda su herencia y parte de la herencia de la testigo y la dio a los pobres.
4. Y luego, san Francisco la tonsuró ante el altar, en la iglesia de la Virgen María, llamada de la Porciúncula, y después la llevó a la iglesia de San Pablo de las Abadesas. Y, como sus parientes quisieron sacarla de allí, madonna Clara agarró los manteles del altar y se descubrió la cabeza, mostrándola rapada; y de ningún modo quiso acceder, ni se dejó sacar de allí, ni regresar con ellos.
5. Más tarde, san Francisco, fray Felipe y fray Bernardo la llevaron a la iglesia del Santo Angel de Punzo, donde estuvo poco tiempo y de donde fue llevada a la iglesia de San Damián, lugar en que el Señor le dio más hermanas que gobernar.
Preguntada por cómo sabía las cosas antedichas, contestó que, siendo ella su hermana, unas cosas las había visto y otras las había oído de la misma madonna Clara y de otros.
Preguntada sobre cuánto tiempo hacía, contestó: unos cuarenta y dos años.

Vida religiosa de santa Clara en el monasterio
6. Dijo también la testigo que, siendo madonna Clara abadesa en el monasterio, se condujo en su gobierno tan santa y tan prudentemente, y tantos milagros hizo Dios por medio de ella, que todas las hermanas y todos los que la conocieron la tuvieron y la tienen como santa.
Preguntada por en qué estaba la santidad de madonna Clara, respondió que estaba
                  en la virginidad,
                  en la humildad,
                  en la paciencia y afabilidad,
                  en la corrección necesaria,
                  en las dulces exhortaciones a las hermanas,
                  en la asiduidad en la oración y la contemplación,
                  en la abstinencia y el ayuno,
                  en la aspereza del lecho y del vestido,
                  en el desprecio de sí misma,
                  en el fervor del amor de Dios, en el deseo del martirio;
                  y, por encima de todo, en el amor al Privilegio de la Pobreza.
                 
7. Preguntada por cómo sabía las cosas antedichas, contestó: porque había visto que ella practicaba todas estas cosas, y porque era su hermana carnal y había vivido con ella en el monasterio durante unos veinticuatro años. Y antes había tratado y vivido con ella, como hermana suya. Y aseguró que era tal la bondad de madonna Clara, que su lengua no era capaz de expresarla.
8. Preguntada sobre qué milagros había obrado el Señor por medio de ella, contestó que Dios había curado a algunas hermanas al trazar ella la señal de la cruz sobre las mismas. Y otros muchos milagros; pues Dios, por sus oraciones, defendió al monasterio de los sarracenos, y a la ciudad de Asís del asedio de los enemigos, según se cree públicamente.
Preguntada por cómo sabía esto, contestó: porque vio cuando ella hizo oración y cuando huyeron los sarracenos sin hacer ningún daño a ninguna ni al monasterio. Y luego de haber hecho oración, al día siguiente, el ejército que estaba a las puertas de la ciudad de Asís se retiró
9. Preguntada sobre la curación de las hermanas, contestó que por medio de madonna Clara habían sido curadas sor Bienvenida, sor Cristiana y otras más.
Preguntada sobre cómo lo sabía, contestó que primero las había visto enfermas y muy mal, hasta que la santa madre, trazando sobre ellas la señal de la cruz, con la oración, las curó v después las había visto sanas.
(Proceso de canonización)


                  1. Su santidad fue sencilla,
                  transparente como el agua:
                  fue virgen, toda de Cristo,
                  virgen solo por gracia.

                  2. Humilde, paciente, afable;
                  era madre y fue la hermana,
                  suave en la corrección,
                  muy dulce cuando exhortaba.

                  3. Fiel en la santa oración,
                  y en contemplación muy alta,
                  en la abstinencia y ayuno
                  como esposa enamorada.

                  4. Pobre en el lecho y vestido
                  como el Niño en unas pajas;
                  era toda para todas
                  y de sí misma olvidada.

                  5. Y ardientemente por Cristo
                  el martirio deseaba:
                  en la santa Eucaristía
                  su vida a Dios inmolaba.
     
                  6. Su secreto y privilegio
                  lo que más de todo amaba,
                  era la santa Pobreza
                  que Francisco le enseñara.

                  7. En milagros florecía
                  la gracia que Dios le daba,
                  mas su hermosa santidad
                  en los milagros no estaba.

                  8. Oh Clara, Virgen humilde,
                  nuestra madre y nuestra hermana,
                  condúcenos hasta Cristo,
                  por sus huellas y palabras.

                  9. ¡A ti, Cristo, Esposo amado,
                  el amor y la alabanza,
                  a ti el gozo y nuestros cánticos,
                  oh Hijo, luz de la patria! Amén.

Tres Ojitos (Chihuahua), 23 de marzo de 2007
(Esencias de santa Clara, 5)


22. De esencias del Evangelio

Si hoy en la Iglesia, desde hace varios decenios, estamos viviendo una Edad de Oro en los Estudios clarianos, queda todavía una palabra por decir. ¿Cuál? Acaso la mía...
La Iglesia nos ha lanzado a la “fidelidad creativa”. Ser fiel no significa repetir lo que ya se hizo, sino hacer algo nuevo desde la inspiración de donde se hizo lo que se hizo. Y este es el desafío de la vida clariana hoy en la Iglesia.
Las esencias evangélicas de santa Clara están en el primer capítulo de su Forma vitae (Clara no habla de Regla, sino de una Forma o Manera de vida..., que queda abierta); en el capítulo primero - repetimos - y en el capítulo sexto, en el que cita a Francisco. Tres referencias, un “sagrado trío” resumen el meollo de la vida de Clara: ser pobre, ser hermana, ser de Francisco. ¿Tendremos valor?
Este himno - o esta cantinela juglaresca, o esta rima - quiere lanzarnos a ello. Con la gracia de Dios, lancémonos. Clara, “mujer nueva” (ministros generales en un centenario); Clara “nueva vida”, Clara “lluvia y río”.
Quiéralo el Señor en su misericordia.


1. De esencias del Evangelio
fue tu vida, lluvia y río,
Clara de Asís en la Iglesia
nuestra guía y desafío.

2. Oh Clara, nueva palabra,
voz de Dios sin vocerío,
enséñanos la labor
de nuestro libre albedrío.

3. Porque el amor es sorpresa,
nueva forma, nuevo brío,
y el esposo está a la espera
de oír lo que nunca ha oído.

4. Cumpliste tú tu belleza
con aquel primer plantío,
y el jardín de San Damián
quiere nuevo sembradío.

5. Es Hoy en el mundo amado,
es Hoy con bello rocío;
Jesús, muriendo de amor,
de amor busca señorío.

6. Una pobreza muy pura
una hermandad sin hastío,
y beber de san Francisco,
tal fue tu sagrado trío.

7. Clara, evangélica y bella,
refresco de nuestro estío,
eres amor, cuerpo y alma,
colmado el vaso vacío.

8. Eres hoy nuestro futuro,
el estreno que yo ansío
y esa humilde profecía
que señala nuestro envío.

9. Dulce madre, mi familia,
en la cual feliz sonrío,
que tu velo virginal
sea siempre mi atavío.

10. A Jesús, el más hermoso,
amor hasta el desvarío:
¡oh amor de todo amor,
de amadores el Navío! Amén.

Puebla, fiesta de Santa Clara 2007.
(Esencias de santa Clara, 12)

23. Clara, cristiana y hermana


Poema construido sobre la carat que el Papa Juan Pablo II escribió a las Clarisas el 11 de agosto de 1993, VIII centenario del Nacimiento de santa Clara. Véase la entrada 272. Clara, una vida hecha de pura Eucaristía.
Publicado en el número 272. Clara, una vida hecha pura Eucaristía (5 de agosto de 2012).


1. Clara cristiana y hermana,
enamorada a porfía,
y del Espíritu esposa,
como la Virgen María.

2. Clara de humilde pobreza
que santa unidad hacía,
Clara, la contemplativa,
silencio de cada día.

3. El tálamo de la Cruz
de heridas resplandecía,
rosas de amor que Jesús
a Clara esposa ofrecía.

4. El pesebre de Belén,
donde el tierno Rey yacía,
caliente de dulces besos
el misterio predecía.

5. Riquísima de pobreza,
Clara, hecha Eucaristía,
Clara de la Trinidad,
adoración y alegría.

6. Clara, anhelo, intimidad,
la que mi búsqueda ansía,
maestra de ruta hermosa,
me confío: sé mi guía.

7. Oh Cristo luz, que iluminas,
alzado, la travesía,
sé, Cristo, el Rey de la gloria,
oh gozo de nuestra latría. Amén.

24. Clara, penultima azucena (Como Poeta de tierra)
(Tomado de este blog, núm. 275. Clara, penúltima azucena, 8 de agosto de 2012)


1. Como Poeta de tierra
que canta a su enamorada,
yo te canto, Clara mía,
de mis ensueños aliada.

2. Clara que yo contemplo,
maceta de mi ventana,
ojos que puedo mirar,
y de mis sienes almohada.

3. Clara de mis cansancios,
que no me cansa pensarla,
candado en mi corazón
con una palabra sabia.

4. Clara, silencio turgente
y muerte como crisálida,
acaso tú me comprendas
lo que al decirlo se mancha.

5. Muy pura más que la nieve,
por Jesús santificada,
cuerpo que parece de alma,
alma de carne inmolada.

6. Yo desatado por ti,
¿qué voy diciendo, mi hermana?
Yo voy tejiendo deseos,
deseos de blanca lana.

7. Porque soñarte es soñarme,
en brisa de suave playa,
barquero a la mar abierta,
gaviota batiendo alas.

8. Clara escondida en mis libros,
y más en mi alma llana,
nido de plumas caricia,
y verso que me desgrana.

9. Acaso oración no cumpla
con palabras tan profanas;
no busqué en el diccionario,
que estaban todas sembradas.

10. Clara nocturna en mi vela,
semilla de mi alborada,
eres, Clara de Jesús,
alberca de mis miradas.

11. Ya no me voy, que no puedo,
aunque mi copla se acaba,
que nada hermoso termina,
si nace en  noche sagrada.

12. Clara de Asís, Favarone,
y del mundo Ciudadana,
muy apretado a tus brazos,
un beso que se me escapa...

(¡Hasta ahora, Clara, Clara…!).

Guadalajara, actualizado 8 agosto 2012, Santo Domingo de Guzmán.

sábado, 11 de febrero de 2012

190. Nostalgia de Lourdes

Virgen Lourdes – Día del Enfermo

Hoy es día de la Virgen de Lourdes (11 de febrero). Lourdes es un milagro de la Iglesia. Son 67 los milagros de Lourdes oficialmente reconocidos como tales hasta 2008. Lourdes es un Evangelio viviente. El milagro de Lourdes es la ternura de Dios, la misericordia de Dios.
Escribo desde el otro lado del Atlántico, y desde aquí miro con “nostalgia” a Lourdes, donde he estado varias veces. ¿Qué es lo que encuentra un cristiano en Lourdes?
Lo primero que se vive, que se palpa, que se comparte en Lourdes es la oración. Sencillamente en Lourdes se ora, y uno pasea silencioso orando. Luego se postra con humildad y confianza ante la imagen de la Virgen Inmaculada en la gruta de Massabielle. Toma un cirio; deposita la moneda correspondiente, y lo deja allí para que en el momento oportuno arda ante la Virgen.
La oración tiene desde un lugar privilegiado en una carpa donde está de continuo el Santísimo Sacramento. En Lourdes se adora a Jesús Eucaristía.
Al atardecer es la procesión de las antorchas, con la bendición del Santísimo Sacramento, con los enfermos llevados amorosamente en sus carritos. En la iglesia subterránea, con capacidad para unos cuantos miles de fieles, se corona la procesión con la Bendición de Jesús Sacramentado.
La oración, los enfermos, la paz, las piscinas en que se bañan los enfermos que lo solicitan…, la sonrisa acogedora de María: ese es mi recuerdo de Lourdes, y en este momento, mi nostalgia de Lourdes.
Lourdes es Evangelio de gracia, Evangelio de los sencillos.
En este ámbito espiritual de “la Virgen de Lourdes – Día de los Enfermos”, evoco dos textos exquisitos de Benedicto XVI:
- uno sobre la sonrisa de María, que él la vio allí en Lourdes;
- otro, sobre el Monte de Olivos y el Sacramento de los Enfermos (Pasión y Ascensión), tal como lo ha meditado para el mensaje de Lourdes que nos da dado este año.

La sonrisa de María explicada por Benedicto XVI en Lourdes
“… El salmista, vislumbrando de lejos este vínculo maternal que une a la Madre de Cristo con el pueblo creyente, profetiza a propósito de la Virgen María que “los más ricos del pueblo buscan tu sonrisa” (Sal 44,13). De este modo, movidos por la Palabra inspirada de la Escritura, los cristianos han buscado siempre la sonrisa de Nuestra Señora, esa sonrisa que los artistas en la Edad Media han sabido representar y resaltar tan prodigiosamente. Este sonreír de María es para todos; pero se dirige muy especialmente a quienes sufren, para que encuentren en Ella consuelo y sosiego. Buscar la sonrisa de María no es sentimentalismo devoto o desfasado, sino más bien la expresión justa de la relación viva y profundamente humana que nos une con la que Cristo nos ha dado como Madre.
Desear contemplar la sonrisa de la Virgen no es dejarse llevar por una imaginación descontrolada. La Escritura misma nos la desvela en los labios de María cuando entona el Magnificat: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador” (Lc 1,46-47). Cuando la Virgen María da gracias a Dios nos convierte en testigos. María, anticipadamente, comparte con nosotros, sus futuros hijos, la alegría que vive su corazón, para que se convierta también en la nuestra. Cada vez que se recita el Magnificat nos hace testigos de su sonrisa. Aquí, en Lourdes, durante la aparición del miércoles, 3 de marzo de 1858, Bernadette contempla de un modo totalmente particular esa sonrisa de María. Ésa fue la primera respuesta que la Hermosa Señora dio a la joven vidente que quería saber su identidad. Antes de presentarse a ella algunos días más tarde como “la Inmaculada Concepción”, María le dio a conocer primero su sonrisa, como si fuera la puerta de entrada más adecuada para la revelación de su misterio.
En la sonrisa que nos dirige la más destacada de todas las criaturas, se refleja nuestra dignidad de hijos de Dios, la dignidad que nunca abandona a quienes están enfermos. Esta sonrisa, reflejo verdadero de la ternura de Dios, es fuente de esperanza inquebrantable. (…)
Quisiera decir humildemente a los que sufren y a los que luchan, y están tentados de dar la espalda a la vida: ¡Volveos a María! En la sonrisa de la Virgen está misteriosamente escondida la fuerza para continuar la lucha contra la enfermedad y a favor de la vida. También junto a Ella se encuentra la gracia de aceptar sin miedo ni amargura el dejar este mundo, a la hora que Dios quiera” (Homilía del Santo Padre Benedicto XVI Basílica de Nuestra Señora del Rosario, Lourdes. Lunes 15 de septiembre de 2008).

Unción de los Enfermos. Monte de los Olivos: Pasión y Ascensión del Señor

“… Este sacramento nos lleva a contemplar el doble misterio del monte de los Olivos, donde Jesús dramáticamente encuentra, aceptándola, la vía que le indicaba el Padre, la de la pasión, la del supremo acto de amor. En esa hora de prueba, él es el mediador «llevando en sí mismo, asumiendo en sí mismo el sufrimiento de la pasión del mundo, transformándolo en grito hacia Dios, llevándolo ante los ojos de Dios y poniéndolo en sus manos, llevándolo así realmente al momento de la redención» (Lectio divina, Encuentro con el clero de Roma, 18 de febrero de 2010). Pero «el Huerto de los Olivos es también el lugar desde el cual ascendió al Padre, y es por tanto el lugar de la Redención … Este doble misterio del monte de los Olivos está siempre “activo” también en el óleo sacramental de la Iglesia … signo de la bondad de Dios que llega a nosotros» (Homilía, S. Misa Crismal, 1 de abril de 2010). En la unción de los enfermos, la materia sacramental del óleo se nos ofrece, por decirlo así, «como medicina de Dios… que ahora nos da la certeza de su bondad, que nos debe fortalecer y consolar, pero que, al mismo tiempo, y más allá de la enfermedad, remite a la curación definitiva, a la resurrección (cf. St 5,14)» (ibíd.).
Este sacramento merece hoy una mayor consideración, tanto en la reflexión teológica como en la acción pastoral con los enfermos. Valorizando los contenidos de la oración litúrgica que se adaptan a las diversas situaciones humanas unidas a la enfermedad, y no sólo cuando se ha llegado al final de la vida (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1514), la unción de los enfermos no debe ser considerada como «un sacramento menor» respecto a los otros. La atención y el cuidado pastoral hacia los enfermos, por un lado es señal de la ternura de Dios con los que sufren, y por otro lado beneficia también espiritualmente a los sacerdotes y a toda la comunidad cristiana, sabiendo que todo lo que se hace con el más pequeño, se hace con el mismo Jesús (cf. Mt 25,40)” (Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI con ocasión de la XX Jornada mundial del Enfermo, 11 de febrero de 2012).
Puebla de los Ángeles (México), 11 febrero 2012.
Un himno para el oficio de la Virgen de Lourdes en mercaba.org: De blanca túnica viste

viernes, 10 de febrero de 2012

189. El eterno femenino: Santa Escolástica

En torno a la lectura del monje benedictino san Gregorio Magno sobre san Benito y su hermana santa Escolástica

1. Hoy (10 de febrero) es la memoria de Santa Escolástica, hermana de san Benito. Y como todos los años leemos en el Oficio una página de los Diálogos de san Gregorio Magno, papa (540-604), que es una delicia: el encuentro final de Escolástica con su hermano Benito. Y la muerte de la santa tres días después.
Tenemos que recordar que este hombre nacido en familia de raigambre eclesiástica, fue Prefecto de Roma, cargo sumo en la vida social y política, y se hizo monje; fue el primer monje llegado a Papa. Escribió el Libro de los Diálogos, porque literariamente es un diálogo entre Gregorio y un monje, llamado Pedro. En él se colecciona, de modo edificante, una serie de Vidas ejemplares y milagros de antiguos monjes  (De Vita et Miraculis Patrum Italicorum et de aeternitate animarum es el título propio); y el Libro II está íntegramente dedicado a  recoger la vida de san Benito. No se trata de una biografía crítica, sino de una vida de florecillas y milagros del ideal del monje. Una de las florecillas más bellas es la que se refiere al final de su hermana Escolástica. Recojamos el capítulo íntegro (quitado el principio y el final en la liturgia), sin olvidar que san Gregorio está hablando de su padre san Benito, a quien no conoció.


CAPÍTULO XXXIII
EL MILAGRO DE SU HERMANA ESCOLÁSTICA

GREGORIO.- ¿Quién habrá, Pedro, en esta vida más grande que san Pablo? Y sin embargo tres veces rogó al Señor que le librara del aguijón de la carne (2Co 12,8) y no pudo alcanzar lo que deseaba. Por eso, es preciso que te cuente del venerable abad Benito cómo deseó algo y no pudo obtenerlo. En efecto, una hermana suya, llamada Escolástica, consagrada a Dios todopoderoso desde su infancia, acostumbraba a visitarle una vez al año. Para verla, el hombre de Dios descendía a una posesión del monasterio, situada no lejos de la puerta del mismo. Un día vino como de costumbre y su venerable hermano bajó donde ella, acompañado de algunos de sus discípulos. Pasaron todo el día ocupados en la alabanza divina y en santos coloquios, y al acercarse las tinieblas de la noche tomaron juntos la refección.
Estando aún sentados a la mesa entretenidos en santos coloquios, y siendo ya la hora muy avanzada, dicha religiosa hermana suya le rogó:
- "Te suplico que no me dejes esta noche, para que podamos hablar hasta mañana de los goces de la vida celestial".
A lo que él respondió:
- "¡Qué es lo que dices, hermana! En modo alguno puedo permanecer fuera del monasterio".
Estaba entonces el cielo tan despejado que no se veía en él ni una sola nube. Pero la religiosa mujer, al oír la negativa de su hermano, juntó las manos sobre la mesa con los dedos entrelazados y apoyó en ellas la cabeza para orar a Dios todopoderoso. Cuando levantó la cabeza de la mesa, era tanta la violencia de los relámpagos y truenos y la inundación de la lluvia, que ni el venerable Benito ni los monjes que con él estaban pudieron trasponer el umbral del lugar donde estaban sentados. En efecto, la religiosa mujer, mientras tenía la cabeza apoyada en las manos había derramado sobre la mesa tal río de lágrimas, que trocaron en lluvia la serenidad del cielo.
Y no tardó en seguir a la oración la inundación del agua, sino que de tal manera fueron simultáneas la oración y la copiosa lluvia, que cuando fue a levantar la cabeza de la mesa se oyó el estallido del trueno y lo mismo fue levantarla que caer al momento la lluvia. Entonces, viendo el hombre de Dios, que en medio de tantos relámpagos y truenos y de aquella lluvia torrencial no le era posible regresar al monasterio, entristecido, empezó a quejarse diciendo:
- "¡Que Dios todopoderoso te perdone, hermana! ¿Qué es lo que has hecho?".
A lo que ella respondió:
- " Te lo supliqué y no quisiste escucharme; rogué a mi Señor y él me ha oído. Ahora, sal si puedes. Déjame y regresa al monasterio".
Pero no pudiendo salir fuera de la estancia, hubo de quedarse a la fuerza, ya que no había querido permanecer con ella de buena gana. Y así fue cómo pasaron toda la noche en vela, saciándose mutuamente con coloquios sobre la vida espiritual.
Por eso te dije, que quiso algo que no pudo alcanzar. Porque si bien nos fijamos en el pensamiento del venerable varón, no hay duda que deseaba se mantuviera el cielo despejado como cuando había bajado del monasterio, pero contra lo que deseaba se hizo el milagro, por el poder de Dios todopoderoso y gracias al corazón de aquella santa mujer. Y no es de maravillar que, en esta ocasión, aquella mujer que deseaba ver a su hermano pudiese más que él, porque según la sentencia de san Juan: Dios es amor (1Jn 4,16), y con razón pudo más la que amó más (Lc 7,47) 53.
PEDRO.- Ciertamente, me gusta mucho lo que dices.

2. Ahora pongamos de protagonista no a san Benito, sino a su hermana. ¿Quién es santa Escolástica? En este encuentro de amistad, Escolástica es “el eterno femenino” que fascina al hombre. Eterno del principio y del final, y, por lo tanto, que fascina y fascinará el hombre.
El ser humano – hombre o mujer – ha nacido para el amor; y el amor, en su expresión más pura, es relación recíproca. En esta relación la mujer tiene un encanto, una fascinación, que es don de creación puesto por el  Creador, que el hombre no lo tiene. Al fin, los dones son gracia y no son conquista.
“Ce que femme veut, Dieu le veut”: lo que quiere una mujer Dios lo quiere, es un proverbio que en el siglo XIX apareció en una colección de proverbios. Seguramente que este dicho, en su origen, tiene un sentido meramente profano, pero esconde una misteriosa intuición, como una chispa, de valor universal.
La tradición monástica – y muy en especial la tradición cisterciense – se ha especializado en el estudio del amor y la amistad. Claro que para gustar estas mieles hace falta un corazón purificado, un paladar exquisito. Dice Jesús, con una frase muy dura, que no se puede echar las perlas a los puercos (Mt 7,6); las perlas, las cosas santas, son el Evangelio y también el Evangelio tiene su secreto del arcano. La amistad divina entre dos seres humanos – hombre y mujer - es también parte del secreto del arcano.
El varón espiritual hambrea la amistad, y la amistad es – o, al menos, tiende a ser – el encuentro en la intimidad.
Un monje trapense escribía  sobre “Existir en el corazón del otro: intimidad y madurez ética”. La dimensión del amor como intimidad tiene estos componentes: confianza mutua, ternura, afecto y apertura de corazón. Y concluía: “la intimidad es el camino que Dios quiere que todos sus hijos, varones y mujeres, transiten para encontrar su verdadera identidad y volverse más humanos. La autotrascendencia es imposible sin la experiencia de intimidad. Cuando amamos íntimamente rompemos la armazón de nuestro pequeño mundo, lo trascendemos y nos donamos a los otros. Hemos sido creados para existir en el corazón de otro y en el seno de Dios” (citado por Bernardo Olivera, ocso, en Amistades Transfiguradas: Amigos y Amigas por el Reino, Publicaciones Claretianas, Madrid, 2000, pp 35-36).
Nuestra inclinación nativa de pervertir las cosas de Dios, nos puede traicionar, como dice la experiencia.
Pero el amor existe, y la pureza existe, y la amistad de dos corazones puros existe. El Señor lo haga, que nosotros, por solo nosotros mismos, de ninguna manera podríamos.
Fiat! Fiat!
Puebla de los Ángeles, Santa Escolástica 2012.

Como himno para la fiesta de santa Escolástica puede verse en mercaba.org la composición Gemela en cuerpo y alma de Benito.

jueves, 9 de febrero de 2012

188. Si quieres, puedes limpiarme

Domingo 6 del tiempo ordinario, ciclo B
Evangelio de san Marcos 1,40-45

Hermanos:
1. Hoy aparece en escena un leproso  que se postra ante Jesús y con humildad suplica: Si quieres, puedes limpiarme. Este episodio, de alto valor simbólico. inmediatamente nos traslada al hoy que vivimos para reconocernos en el enfermo y venir suplicantes hasta Jesús con un ruego nacido en lo más íntimo y personal de uno mismo: Si quieres, puedes limpiarme.
Cualquiera de nosotros, con cierta penetración espiritual, se identifica con el enfermo para decir al Señor: No voy a buscar leproso por ningún lado; soy yo que necesito de tu plena curación.
Pero nos interesa primero ver y observar qué es lo que realmente pasó, en cuanto se puede alcanzar. Vamos a intentarlo.

2. Se trata de un leproso, único milagro de este género que se narra en Marcos. Un leproso era un muerto en vida, y excluía al enfermo de la Comunidad santa del pueblo de Dios. Le obligaba a estar alejado de la convivencia humana; no podía entrar en Jerusalén. Es muy duro recordar las prescripciones del libro del Levítico, capítulo 13, mencionadas en la primera lectura: “Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza. El que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: "Impuro, impuro!" Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento” (Lv 13,44-46). Textos que difícilmente se podrían leer en una leprosería, según comentaba una misionera que había servido a estos enfermos.
Le lepra era, pues, la última miseria humana, y una curación de lepra es equivalente a una resurrección de muertos.
El leproso, rompiendo barreras, se acerca a Jesús – cosa que no le está permitida – y se postra de rodillas ante él; como tampoco le está permitido a Jesús extender la mano y tocarle, porque instantáneamente quedará contaminado de impureza ritual. El texto que se lee en la liturgia – siguiendo la versión latina, Nova Vulgata, que nos da la pauta en casos de duda – dice que se “se compadeció” y por eso, extendió la mano – acaso como Moisés en los prodigios del Éxodo – y  le curó. Pero otra lectura de antiguos manuscritos dice, en lugar de “se compadeció”, “se airó”, se indignó; evidentemente que no contra el enfermo, sino contra aquella circunstancia que Jesús debe enfrentar. Lo cual, aunque chocante, es muy razonable. El ser humano, uno de nosotros, ante la presencia del mal, siente indignación, un malestar que se parece a una rabia contenida: ¿Por qué…? ¿Por qué, Dios mío? El mundo no está hecho para eso.
El hombre y la mujer han nacido para la felicidad, para el amor, no para la desgracia. Hemos nacido para la comunión y la convivencia, no para la separación, no para agitar delante un letrero y gritar: No me toquéis. No hemos nacido para errar por la vida harapientos y desgreñados. Hemos venido a este mundo para ser familia humana, a la que Jesús ha recibido como hijos de Dios y hermanos suyos.
Nada extraño que semejante situación provoque en el fondo del ser rechazo e indignación, sentimientos que perfectamente ha podido vivir Jesús.

3. En estas circunstancias el enfermo ha implorado: “Si quieres, puedes limpiarme”, frase desgarradora que revela lo hondo de la miseria. Y frase no menos emotiva la palabra rotunda de Jesús: “Quiero, queda limpio”.
El enfermo ha roto murallas para llegar a Jesús, y no menos murallas ha roto Jesús  para llegar hasta lo más hondo del enfermo. “Y la lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio” (v. 42). Se le quita la lepra y queda limpio. ¿Un simple modismo de lenguaje para decir con dos expresiones lo mismo, o acaso se nos quiere decir algo más? El sacramento aquí fue el signo y la palabra: Jesús tocó cariñosamente, sin repugnancia, al enfermo, y pronunció una palabra, o mejor, dos palabras: Quiero; queda limpio. Y pasó lo que pasó al principio del mundo. Dijo Dios: Sea la luz; y la luz fue. “Queda limpio”. La lepra se fue a la nada y se produjo la salud: Quedó limpio, como si naciera una nueva creatura. Un sanado por Jesús es ciertamente una nueva creatura.

4. Jesús le despidió y le mandó con severidad, con cierta energía e incluso aspereza: “No se lo digas a nadie”.
Indagando el sentido de todo esto, uno piensa que Jesús, desde lo más íntimo de sí mismo, está obrando a impulso de una fuerza divina de amor a la que no puede resistir. Nos está presentando el texto sagrado  ese Jesús humilde que no busca fama ni propaganda. “No lo digas; tampoco hace falta decirlo al sacerdote, cómo ha sido. Preséntales tu testimonio, nada más; que vean que estás limpio, tú, antes leproso, y que eres digno de participar en la Comunidad de Dios”.
Pero el hombre, también a impulso de una fuerza interior que no puede resistir, no le obedeció. Y no solamente lo dijo, sino que lo fue divulgando, con aparente perjuicio de Jesús, que ya tenía que ser famoso sin remedio. Cuando llegaba a una población, aunque intentara pasar desapercibido y tratara de ocultarse, era imposible: famoso sin remedio a quien acudían de todas partes.
Ya tenemos a un leproso, excluido de todos, del templo y de la convivencia, hecho ahora misionero de Cristo, predicador de Cristo. Ni nos interesa saber lo que pasó al dar su testimonio ante el sacerdote. Ni a nosotros nos interesa ni tampoco al evangelista que no lo ha contado. Lo que sí nos interesa es saber, para aplicarlo cada quien a sí mismo, que un leproso curado tiene que ser un misionero.
Aquí el misionero es Misionero contando la propia historia. Y eso convence. Un sanado por Jesús no solamente es un eterno agradecido, sino un Misionero que canta las maravillas que Dios continúa haciendo en el mundo por medio de su Hijo.

5. Como cristianos debemos ser personas libres, personas que en el Nuevo Testamento han superado aquellas viejas esclavitudes de lo puro e impuro, como nos lo ha recordado Pablo: “Así pues, ya comáis, ya bebáis o hagáis lo que hagáis, hacedlo todo para gloria de Dios” (1Cor 10,31).
Personas libres, y al mismo tiempo personas iluminadas, que han  visto la gloria de Dios en Cristo.
Personas, en su suma, que al haberse encontrado con Cristo, sienten alas para volar y anunciarlo. Al grito de “Con Jesús en el corazón, conectados a la misión” estos días primeros de febrero (2-5 febrero), más de 10.000 niños de toda la República han celebrado en esta ciudad de Puebla, el XV Congreso Nacional de la Infancia y Adolescencia Misionera (XV CONIAM).
Si somos discípulos, discípulos convencidos, somos discípulos misioneros.
Sea, pues, este el último pensamiento del leproso curado por Jesús, narración de los comienzos del Evangelio: El leproso curado se ha convertido en predicador.
Amén.


Si quieres, puedes limpiarme
Soliloquio de Comunión

Estribillo
Entre el querer y el poder
hay infinita distancia,
y el amor en abundancia
los juntó en el mismo ser.

Estrofas
1. Soy un leproso, mi Dios,
que quiero mas yo no puedo,
y un milagro de tu amor
necesito y es mi ruego.
Si quieres, puedes limpiarme,
como el leproso confieso,
y estoy mirando a tus ojos
que me digan: Sí, lo quiero.

2. Mi vida es tu voluntad,
tu querer es mi deseo;
tu voz, oculta en el alma,
con gratitud yo la acepto.
Cuanto has pensado de mí
dímelo, que es mi proyecto;
que sea tu corazón
mi divino semillero.

3. Ante tus ojos me he visto
en mis raíces enfermo;
las opiniones ajenas
no me dan paz ni consuelo.
Porque eres tú mi verdad,
mi nuevo descubrimiento,
lo más mío de mí mismo,
en la tierra luz del cielo.

4. Y aunque soy un pecador,
y aunque leproso me veo,
me reconozco agraciado,
colmado de amor inmenso.
Soy feliz cuando te miro
y me abandono y espero,
Jesús, perenne milagro,
y siempre mi canto bello.

5. Jesús, misterio pascual,
yo cantaré tu Evangelio,
palabra que a mí me das
al sentirte sacramento.
Soy contigo, mi Señor,
digno de tu santo cuerpo,
que todo lo purificas
con tu abrazo puro y tierno. Amén.

Puebla, de los Ángeles, 9 febrero 2012

miércoles, 8 de febrero de 2012

187. Parroquia de mi Bautismo

Baptisterio de mi parroquia
En homenaje a la iglesia donde fui bautizado

Sea este un homenaje que rindo, agradecido, a la iglesia parroquial en la que recibí el sacramento del santo bautismo. El 9 de diciembre del año de gracia de 1936 este hijo de Dios que ahora escribe fue bautizado solemnemente (según consta en el Libro 34 de Bautizados, folio 166) por el Párroco Don Cesáreo Artiga. El niño que recibía las aguas bautismales había nacido, como asienta el acta, el día 5 del mismo mes... Venero, en tamaño diminuto, la fotocopia del texto sacado del libro, que obviamente es el Diploma más glorioso que he recibido en esta vida.
Le tengo devoción al Día de mi bautismo y no he dejado de venerar la Pila bautismal en la que recibí el sacramento.
Hoy vuelven estos recuerdos, porque de mi pueblo – Alfaro, La Rioja, España – me envían las fotos de mi Iglesia parroquial, reabierta al culto, después de seis años de obras de reparación. Hoy esta Iglesia Colegiata de San Miguel es famosa, como se puede ver en Internet, por varios títulos de arte y hasta de turismo menor, porque en mi pueblo ha venido a anidar, y especialmente en San Miguel, la mayor Colonia de cigüeñas del mundo...
Pero para mí, cristiano, mi Parroquia es otra cosa. Allí me bautizaron; para ella mi gratitud de por vida. El animoso grupo de “Alfajóresis”, que nos mima a los ocho Misioneros del pueblo que estamos regados por el mundo – desde la India por toda América Latina – acaba de enviar las fotos de la reapertura, presidida por el Obispo. Al instante, desde el amor, ha brotado un poema por mi Parroquia, por la Pila Bautismal en la que fui bautizado. Versos tan sencillos como el amor que los ha inspirado:

Parroquia de San Miguel,
Parroquia de mi bautismo,
aquel año treinta y seis,
hoy a mis setenta y cinco.

Te bendigo con amor,
yo, Sacerdote de Cristo,
por tus dignos sacerdotes
cuyos ejemplos he visto,
por tantos santos y santas
que de tu altar se han nutrido,
por la vida que hoy florece
de un manantial siempre vivo.

Hoy me gozo al contemplarte,
renovado el edificio.
Parroquia de San Miguel
de mi pueblo muy querido,
mi beso y mi gratitud:
el Señor sea contigo.

Desde Puebla de los ángeles, 7 febrero 2012

* * *

Baptisterio de la diócesis

Es este el lugar elegido por Cristo

Himno al Baptisterio de Calahorra,
en el lugar donde sufrieron el martirio los santos Emeterio y Celedonio.

De la parroquia y baptisterio de mi pueblo, paso al Baptisterio de la que hoy es la diócesis de mi Parroquia, Calahorra, a 24 km. de Alfaro.
Himno compuesto tras haber leído el texto correspondiente en la Historia de las Sedes episcopales de la Diócesis de Calahorra..., que escribió el buen amigo don Eliseo Sáinz Ripa, benemérito sacerdote.

Durante la persecución de Diocleciano (284-305) dos soldados al servicio del Imperio, Emeterio y Celedonio, sufrieron el martirio junto al río Cidacos en el "municipium" de Calagurris, hoy Calahorra. El hecho ocurrió en torno al año 298. El martirio tuvo actas, destruidas, como otros documentos cristianos, a raíz del mandato de Diocleciano el 303.
Cuando vino la paz con el edicto de Milán (313) y en unos años que no podemos precisar, sobre el lugar del martirio de los venerados Emeterio y Celedonio, se levantó una edícula Baptisterio. El poeta Aurelio Prudencio, nacido el año 348, él mismo con buena probabilidad hijo de Calagurris, vio de niño y de mayor este Baptisterio, y le dedicó un poema. La edición de sus obras la hizo en Roma el año 405, a sus 57 años de edad. Del Baptisterio de Calahorra dicen los estudiosos que es el Primer Baptisterio del que tenemos noticia literaria, aunque no quede resto monumental.
Un himno a un Baptisterio teológicamente esto es hermoso, y particularmente conmovedor si acaso el poeta está cantando a su propio Baptisterio. Sí, es emocio-nante poder cantar y venerar la propia fuente bautismal.
La composición está hecha en versos dísticos, contraponiendo de continuo dos realidades: el martirio y el bautismo. Son dos gracias que llevan al mismo destino: el reino de Cristo. El himno es el Hymnus VIII del Peristephanon y comienza: "Electus Christo locus est". Intentamos una versión de nuestra parte, versión libre, cambiando, por de pronto, los dísticos en estrofas ternarias, dada la densidad del lenguaje del poeta latino.
Véase la reciente obra de ELISEO SÁINZ RIPA, Sedes episcopales de La Rioja. Vol. I. Siglos IV XIII. Logroño, Diócesis de Calahorra y La Calzada Logroño, 1994. Véase p. 62, nota 10. Véase: Alfonso Ortega   ISIDORO RODRÍGUEZ, Obras completas de Aurelio Prudencio. Edición bilingüe. BAC 427. Madrid 1981.

1. Es este el lugar elegido por Cristo:
un día la sangre ensalzó a dos testigos
y el agua hoy nos limpia con santo bautismo.

2. Aquí dos varones sufrieron suplicio,
el triunfo purpúreo en rojo teñido,
¡oh muerte bellísima, fausto destino!

3. Aquí la fontana es perdón compasivo
de Dios que se vierte en el agua vertido
y el viejo pecado fenece extinguido.

4. Aquel que anhelante con vivo deseo
ansíe la escala que asciende hasta el reino.
que venga y se hunda, que arda sediento.

5. Aquí coronados con bello trofeo
dos fieles cristianos, probados, vencieron;
y ahora esta fuente nos abre los cielos.

6. Venía el Espíritu a darles la palma,
el ramo de olivo, enseña sagrada,
y hoy cubre las aguas, donando su gracia.

7. El sacro rocío de sangre o de agua
la tierra materna saciada lo exhala;
destila fecunda, de Dios impregnada.

8. Señor del lugar es Jesús, es el Hijo
que tuvo el costado en la cruz bien herido,
y el agua y la sangre manaron al vivo.

9. Entrad por aquí, por las llagas de Cristo:
abiertas a hierro en duro martirio
o hendidas en ondas del santo bautismo. (Logroño, 27 septiembre 1994).

Puebla de los Ángeles, 8 febrero 2012