viernes, 19 de septiembre de 2014

596. Domingo XXV A - Dios de amor, Dios desconcertante, Dios sorpresa



Homilía para el domingo XXV del tiempo ordinario, ciclo A
Mt 20,1-16


El reino de los cielos se parece a un propietario que al amane­cer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que es­taban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo ha­cia mediodía y a media tarde, e hizo lo mis­mo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. Le res­pondieron: “Nadie nos ha contratado”.  Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño dijo al capa­taz: “Llama a los jornaleros y págales el jor­nal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atar­decer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también reci­bieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bo­chorno”. 
Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajusta­mos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Hermanos:
1. Las palabras de Jesús, el Maestro, el Señor, son siempre iluminación, liberación, paz, Nos introducen en el mundo de Dios. Quisiéramos, mediante este Evangelio, preguntarnos una vez más cómo es Dios, el Dios que Jesús ha evangelizado, cómo es el Dios de Jesús. Y vamos a encontrar, si humildemente nos acercamos al texto, que
- Dios es desconcertante,
- que Dios es sorpresa,
- que en definitiva Dios es amor.
Tenemos que entender, en primer lugar, los elementos de la parábola que Jesús presenta.

2. Se trata de un propietario de una viña que tiene urgencia de las labores de su hacienda; se trata de la vendimia. Y este viñador sale a la plaza, a contratar trabajadores cinco veces al día. Es cierto que el amo sale a contratar trabajadores (en mi pueblo agrícola esto se hacía así en mi niñez; hoy no). Y es muy fácil que Jesús fuerce, en realidad, esa suposición de salir cinco veces al día, para resaltar más viva la enseñanza que quiere infundir. Sale cinco veces al día, a saber:
- al amanecer
- a media mañana (hora tercia)
- al medio día (hora sexta)
- a media tarde (hora nona)
- al caer de la tarde (hora undécima).
Es una división romana del día, de las doce hora de luz. Los primeros van a la viña a las 6 de la madrugada, al filo de amanecer; los últimos a las 5 de la tarde, cuando falta una hora, para que termine el día a las 6 de la tarde. Los primeros trabajan doce horas; los últimos, una hora tan solo. Los primeros han aguantado todo el peso del día, el calor y el bochorno; los últimos, a la caída de la tarde, han trabajado con la brisa del día, cuando no había ni calor ni bochorno. Los primeros han trabajado duro, están derrengados; los últimos han tenido el trabajo más suave que se puede tener. Hay una diferencia evidente entre los primeros y los últimos. Y los del medio, ir calculando según las horas del día, según el trabajo correspondiente.

2. Aparentemente, en una que podríamos llamar “justicia social”, los primeros se han ganado 12, los segundo 9, los terceros 6… etcétera, conforme a las horas que han trabajado. Cada uno vale lo que trabaja y punto. Ha sido un gran conquista el decidir que el sueldo de la mujer no tiene que ser inferior al del hombre por el mismo trabajo; la justicia social lo reclama así. Ahora bien, hermanos, la parábola va por otro rumbo.

3. El administrador, bajo la orden del dueño empieza a pagar por el último, al cual el da un sueldo completo, un denario, que calculamos sería lo que requiere una familia para vivir dignamente en las condiciones modestas y pobres del tiempo.
Al llegar los primeros, protestan contra el amo. Y la respuesta del amo es contundente:
Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajusta­mos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?
Este amo no ha hecho injusticia a nadie. Es justo con todos; pero ocurre que además de ser justo es bueno, es generoso, es dadivoso, es espléndido; sobre todo, con los últimos, a los que les ha regalado casi todo el sueldo. No han trabajado más que unas horas, y les ha regalado un sueldo completo. Les ha regalado, insistimos, porque no es una paga proporcional al trabajo, sino que es un puro regalo.
¿Y es que tu ojo va a ser malo, porque yo soy bueno?, dice textualmente el Evangelio, que han traducido: ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

4. Con esta frase Jesús baja al fondo de nuestro corazón y nos descubre que somos envidiosos. Nos da envidia que el otro tenga buena suerte, que le venga caído del cielo lo que quizás nosotros, con mucho sudor y trabajo, no conseguimos o conseguimos a duras penas. Y esto descubre la maldad escondida.
Pero Jesús va más adelanté y lo que nos quiere decir en esta parábola no es tanto cómo es el hombre, malo y envidioso, sino cómo es Dios, su Padre que él anuncia.

5. Y por de pronto Dios es desconcertante. Las matemáticas de Dios no se ajustan a las matemáticas del hombre.
A veces Dios pone las cosas al revés, como las está viendo Jesús. Jesús está viendo que los últimos son los primeros. ¿Quiénes son los primeros? Los judíos, sin ninguna duda. ¿Quiénes son los últimos? Los paganos. Ahora resulta que, al anunciar el reino y la misericordia de Dios, los primeros, que son los judíos, no le escuchan y le rechazan. En cambio, los últimos, los pecadores y paganos sí le escuchan y se convierten.
Esto concuerda con otro dicho de Jesús: Muchos son los llamados, y pocos los elegidos. Los elegidos son los judíos, el pueblo de Abraham, y esto han resultado ser pocos, los pocos; en cambio, los llamados, los que vienen de la gentilidad son muchos, los muchos, los que pasan al reino de Dios porque lo están acogiendo.
Realmente Dios es desconcertante. Y, pro lo mismo, Dios es sorpresivo. Nos sorprende y entra en la historia.

6. Pero todo esto tiene una razón. Dios es bueno, Dios es infinitamente bueno, Dios es compasivo. ¿Qué van a hacer estos hombres que no han trabajado más que una hora? ¿Les voy a dejar sin comer? No, les voy a dar un sueldo como a los primeros; se lo voy a regalar.
Nos quedamos pensando: Realmente Dios es bueno, infinitamente bueno, Dios es compasivo. Y seguramente querrá mostrarse bueno y compasivo conmigo y acaso yo no le deje.

7. Señor Jesús, gracias por enseñarnos esta doctrina. Que yo llegue a experimentar en mi propia carne la infinita bondad de Dios, tu Padre.

Guadalajara, Jal. viernes, 19 septiembre 2014.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

595. En la cumbre de La Verna – Llagas de san Francisco



En la cumbre de La Verna


En 1224, en el mes de septiembre y en torno a la fiesta de la Santa Cruz, dos años antes de su feliz tránsito recibió Francisco de Asís en el monte de La Verna las llagas de Cristo glorioso. Sufrió un éxtasis de amor y experimentó la presencia de Alguien inefable, que le produjo simultáneamente un gozo dulcísimo porque aquella presencia era la de un ser en gloria, y un dolor entrañable porque el glorificado tenía llagas. Francisco fue introducido de esta manera en el secreto del misterio pascual de Jesús: gustaba la dicha embriagadora de la resurrección y el paso del Viernes Santo.
Tomás de Celano dejó constancia sobria de este acontecimiento singular (1228). La tradición sucesiva adornará el episodio con muchos detalles.

Durante su permanencia en el eremitorio que, por el lugar en que está, toma el nombre de Alverna, dos años antes de partir para el cielo tuvo Francisco una visión de Dios: vio a un hombre que estaba sobre él; tenía seis alas, las manos extendidas y los pies juntos, y aparecía clavado en una cruz. Dos alas se alzaban sobre su cabeza, otras dos se desplegaban para volar, y con las otras dos cubría todo su cuerpo. Ante esta contemplación, el bienaventurado siervo del Altísimo permanecía absorto en admiración, pero sin llegar a descifrar el significado de la visión. Se sentía envuelto en la mirada benigna y benévola de aquel serafín de inestimable belleza; esto le producía un gozo inmenso y una alegría fogosa; pero al mismo tiempo le aterraba sobremanera el verlo clavado en la cruz y la acerbidad de su pasión. Se levantó, por así decirlo, triste y alegre a un tiempo, alternándose en él sentimientos de fruición y pesadumbre. Cavilaba con interés sobre el alcance de la visión, y su espíritu estaba muy acongojado, queriendo averiguar su sentido. Mas, no sacando nada en claro y cuando su corazón se sentía más preocupado por la novedad de la visión, comenzaron a aparecer en sus manos y en sus pies las señales de los clavos, al modo que poco antes los había visto en el hombre crucificado que estaba sobre sí.

Pasado este trance extático, Francisco vio aparecer en sus manos, pies y costado las llagas de Cristo Crucificado. La transfixión del humilde y pobre discípulo de Jesús nos da la clave para interpretar lo que fue su vida y para entrar en el secreto de la Regla y Vida que trazó para sí y para sus hermanos.
He aquí unos versos que en ciertos momentos acaso puedan servir para conmemorar la figura del Hermano Francisco, sobre todo el día de la Impresión de las Llagas.

(Años más tarde, cuando Fray Tomás de Celano escribe la Vita II (1246-1247) vuelve sobre episodio que es el secreto de la vida de Francisco.

La devoción a la cruz. Un misterio oculto. “Y para terminar, ¿quién podría decir, quién podría comprender cuán lejos estaba de gloriarse si no es en la cruz del Señor? (Gál 6,14; Adm 5). Sólo a quien lo ha experimentado le es dado saberlo. De seguro que, aun cuando de alguna manera percibiéramos en nosotros aquellas cosas, no encontraríamos de ningún modo -para expresar realidades tan excelentes y maravillosas- palabras que están ya envilecidas por su aplicación a lo cotidiano y vulgar. Y tal vez por eso tuvo que ser revelado en la carne lo que no hubiera podido ser explicado con palabras. Hable, pues, el silencio donde falla la palabra, que también lo significado clama cuando falla el signo. Baste a los hombres saber sólo esto: que no está todavía del todo claro por qué apareció en el Santo aquel sacramento, pues, cuando él se ha dignado hacer alguna revelación, lo que se refiere a la razón y a la finalidad nos lo ha dejado pendiente del futuro (10). Resultará veraz y digno de fe quien tendrá por testigos la naturaleza, la ley y la gracia.” (2 Celano 203).

En la cumbre de La Verna
se dieron cita de amor
las llagas del Redentor
y un gozo de Pascua eterna.

Jesús en gloria venía,
Hijo de Dios humanado;
tenía el cuerpo llagado
y el rostro resplandecía.

(Oh Jesús, el más hermoso
entre los hijos de Adán,
libres tus brazos están
para el abrazo de Esposo!



Y Francisco se ha quedado
de gracia y amor transido;
de Cristo se encuentra herido
en manos, pies y costado.

Ved en carne Regla y Vida
y el libro de nuestra Alianza;
amor que la sangre alcanza
es la Palabra cumplida.

Recibe, oh Cristo, benigno,
el débil cuerpo mortal:
es nuestra ofrenda pascual
en fe, en espera y en signo. Amén.

En Lecároz (Navarra), abril de 1976
(capítulo provincial extraordinario de los hermanos menores capuchinos de
Navarra-Cantabria-Aragón).


Meditatio

Concentrando nuestros pensamientos, desde la vivencia de la fe de un cristiano ¿qué están diciendo en la Iglesia las llagas de san Francisco. Desde mi percepción está diciendo tres cosas.

1. Que el misterio de la Encarnación es real. El Verbo se hizo carne, dice Juan (Jn 1,14). Y Dios condenó el pecado en la carne, dice Pablo (Rom 8,3). Efectivamente, Dios es carne. Que un hijo de Dios, una hija de Dios, reciba en su cuerpo las llagas de Cristo está manifestando que Dios es carne; que la Encarnación  es real. La Encarnación de Jesús, Hijo de Dios irradia en alguien que está unido a Cristo.

2. Las llagas de san Francisco (de santa Verónica Giuliani y de otros santos y santas) están diciendo que Cristo es el amor de mi vida, que mi amor está crucificado (Amor meus crucifixus est), que mi ser está en comunión vital, que soy suyo, absolutamente suyo, para siempre suyo. Que Cristo es esposo y en mi propia carne se realiza la unión esponsal.

3. Que, definitivamente, como padece Cristo padezco yo, mi cuerpo doliente apertura a la Iglesia y al mundo. Mi carne doliente es ofrenda y unión con la carne doliente de mis hermanos los hombres, El dolor impregna la vida, Ahí estamos, en comunión.

Guadalajara, Jal., Impresión de las Llagas de San Francisco 2014