La
fidelidad hasta el don del martirio
Retiro
espiritual – Verano 2019
Dedicado a las
hermanas de la Orden de la Inmaculada Concepción,
a las personas
consagradas que tengan a bien leer estas consideraciones,
a cuantos abran
esta meditación cristiana.
Fr. Rufino María
Grández, capuchino
Momentos
o aspectos de este retiro
Presentación
I.
Quiénes eran y qué pasó
II.
Dónde estuvo su fidelidad
III.
Qué nos anuncian en esta hora de la Iglesia
IV.
Homilía del Cardenal Angelo Becciu
V.
Himno en la memoria de las mártires
Presentación
1.
El 15 de enero de 2019, el Papa Francisco firmó el decreto de martirio
de María del Carmen Lacaba y de otras 13 religiosas concepcionistas
franciscanas. Los trabajos para la beatificación de estas 14 mártires se
iniciaron en junio de 2002. La causa diocesana fue clausurada en febrero de
2010.
Diez de ellas pertenecían a la comunidad
madrileña del monasterio de San José; dos a la comunidad de Escalona (Toledo),
y las otras dos a la de El Pardo (Madrid).
“[P. Rainerio García, de Nava] - Este
fraile fue el principal responsable de la etapa diocesana del proceso de
beatificación de estas religiosas, que luego continuó el capuchino Alfonso
Ramírez Peralbo en el Vaticano y que culminó en enero de 2019 con el decreto de
martirio firmado por el Papa Francisco. Fueron muchos años de trabajo,
recopilando información y testimonios para poder demostrar que estas hermanas
concepcionistas franciscanas prefirieron morir a traicionar su fe durante la
persecución religiosa de los años 30 del siglo XX” (Laura Daniele, en ABC,
domingo 30 junio 2019).
2. El rito de la celebración, a las 11 de
la mañana del sábado 22 de junio, fue bellísimo, y cualquier lector de estas
páginas interesado puede verlo en el archivo que ha quedado íntegro, como fue
emitido, por la Cadena TRECE de la Televisión Española.
3. Ahora bien, quienes pudimos estar de
modo presencial en aquel acto, pudimos experimentar, con un gozo que se renueva
al recordarlo (acaso fue un gozo hasta las lágrimas), cómo aquella celebración
fue un homenaje a Jesús, muerto y resucitado, el Testigo Fiel, primero de todos
los mártires de Dios. El contenido espiritual de la fiesta se expresa en la
Oración colecta de las Beatas Mártires:
Dios,
Padre nuestro,
que
a las beatas María del Carmen y Compañeras,
vírgenes
y mártires, con la ayuda de la Madre de Dios
las
llevaste a la imitación de Cristo
hasta
el derramamiento de su sangre,
concédenos
por su ejemplo e intercesión,
confesar
la fe con fortaleza, de palabra y de obra,
en
la confesión de tu nombre.
Por
nuestro Señor Jesucristo…
Aquel “Pueblo de Reyes, Asamblea santa, Pueblo sacerdotal, ¡bendice a tu Señor!”
del bendito Lucien Deiss (1921-2007), de la Congregación del Espíritu Santo, seguramente
el músico reciente que mejor ha logrado con sus cantos el sentido de la Sagrada
Liturgia, ese canto uniendo cielo y tierra allí en Madrid, como podría ser en
una capilla de barrio, te rasgaba el alma de exultación, de amor…, de
Evangelio.
4. La
misma celebración fue gracia que vino a nuestro corazón. Acaso el Señor
quiera renovar esta gracia al recordar la memoria de lo sucedido. He aquí el
testimonio de una persona especialmente significada, el P. Rainerio García,
capuchino de 94 años, hermano carnal de la que hoy es la Beata Beatriz García:
“«Ha sido
una gracia de Dios, un regalo muy grande. Nunca pensé que iba a poder
vivirlo», asegura el sacerdote, que ha recibido a ABC en el convento de la
Parroquia de San Antonio en el madrileño barrio de Cuatro Caminos. … «La
ceremonia de beatificación ha sido una especie de sofocón emocional. Desde
entonces tengo un estado de ánimo optimista tanto en mi vida personal como
religiosa. Algo se me ha quedado prendido en el corazón y siento una
disposición personal distinta», asegura el fraile, que no esconde su
profunda tristeza por la tergiversación que algunos medios de comunicación han
hecho de la beatificación. «Estas mujeres fueron asesinadas por los
milicianos por odio a la fe, no desaparecieron así sin más como han dicho
algunos periodistas», subrayó” (Laura Daniele, periodista, ABC, domingo 30
junio 2019).
Un “sofocón
emocional” no es un aire que va y que pasa. Dentro del sofocón puede latir una
gracia muy pura. El “Gustad y ved qué
bueno es el Señor”, interpretado litúrgicamente por una Cantora de la
Catedral fue para recibir la gracia de un sofocón emocional…
5. Material informativo del que nos servimos para
este retiro:
Ante todo, los textos bíblicos de esta Misa de
glorificación fueron los siguientes:
Después de la Carta apostólica de la proclamación,
estableciendo la memoria para el 6 de noviembre, fechada por el Papa Francisco
el 3 de junio de 2019, séptimo de nuestro pontificado, el canto de Aclamación
fue Christus vincit, Christus, regnat,
Christus imperat.
Liturgia de la palabra:
Primera lectura: Muy a gusto presumo de mis debilidades: 2Cor 12,1-10
Salmo responsorial: Gustad y ved qué bueno es el
Señor
Evangelio: No
os agobiéis por el mañana, Mt 6,24-34.
Al final, tras las palabras de agradecimiento de la
madre María del Carmen Mariñas, Coordinadora de la Orden de la Inmaculada
Concepción en España y Portugal, y la bendición pontifical, se cantó el Himno
de la Virgen de la Almudena, subiendo hasta la peana de la Virgen e incensado
la sagrada imagen.
Como material auxiliar para este retiro nos
servimos de:
a)
Eucaristía
de Beatificación de las Mártires Concepcionistas de Madrid.
Catedral de La Almudena, Madrid 22 junio 11 h. formato pequeño, 39 pp.
(Ofrecido a los asistentes).
b) Alfonso Ramírez Peralbo, ofmcap, Beatas María del Carmen Lacaba
Andía y XIII Compañeras. Breves biografías, folleto amplio de 36 pp.
(Ofrecido a los asistentes).
c)
Rainerio García de Nava
(Ursicio García Villa), Odisea
Martirial de Catorce Concepcionistas. Edita: Federación Concepcionista
Franciscana de Santa Beatriz. Toledo (Plaza de la Concepción, 1). Año 2004. 327
pp. Presentación de Sor María del Carmen de los Ríos Pérez, presidenta O.I.C.
(pp. 8-10).
6.
Información periodística: - Religión digital / - ABC / - Véase lo que publiquen
las revistas “Ecclesia” y “Vida Nueva”
I. Quiénes eran y qué pasó
La áurea muchedumbre de Mártires de la
Guerra no puede quitar nada el esplendor de la fidelidad de cada uno de ellos.
Aunque las beatificaciones se hagan en grupo, el examen de la causa es siempre
personal, uno a uno. He aquí los datos hasta noviembre de 2018 de los 1891
mártires beatificados, fenómeno único en la historia de la Iglesia.
“Durante
el pontificado de San Juan Pablo II se beatificaron a 471 mártires asesinados
en el periodo 1931-1939 en España. 530 lo fueron durante el
pontificado de Benedicto XVI, y con Francisco la cifra ascienda a 890.
De los 1.891 mártires ya
beatificados 9 eran obispos, 274 sacerdotes seculares o diocesanos, 1.499
religiosos (incluidos religiosos sacerdotes, no sacerdotes y religiosas),
un diácono, un subdiácono y 107 seglares, incluidos cuatro seminaristas. Once
de ellos son ya santos” (Javier LOZANO,
Este martes la Iglesia celebra la memoria
litúrgica de estos perseguidos - 1.891 mártires asesinados por odio a la fe en
España durante la Guerra Civil están ya en los altares, en Religión en
Libertad: 6 noviembre 2018).
A este número de 1.891 mártires
beatficados hay que añadir otros que vinieron después. Así el 9 de marzo en la
Catedral de Oviedo fueron beatificados 9 seminaristas sacrificados en el
periodo comprendido entre 1934 y 1937, teniendo el mayor 25 años y el más
joven, 18. Con ellos se alcanza el número de 1.900, al que hay que añadir las
14 mártires de hoy…
___________________
Diez
de ellas pertenecían a la comunidad madrileña del monasterio de San José; dos a
la comunidad de Escalona (Toledo), y las otras dos a la de El Pardo (Madrid).
¿Qué
pasó en Madrid en el año 1936, de febrero a junio? He aquí una estadística que
leyó en el Congreso de Diputados Gil Robles: “En el curso de cuatro meses desde
febrero a junio – meses de gobierno de las izquierdas –se han cometido solo en
Madrid 269 asesinatos y 1.287 heridos: se quemaron o destruido 160 iglesias, 69
centros políticos o particulares destruidos, 312 asaltos, 10 periódicos
totalmente destruidos y asaltados y destrozos a otros 33; 146 explosiones de
bombas, se han organizado 113 huelgas generales y 138 atracos parciales”
(citado por Rainerio, Odisea…, 176)
Mártires de San José
En
1936, las monjas del monasterio de San José fueron expulsadas del mismo. La
comunidad se dispersó, y algunas hermanas se refugiaron en un piso de la calle
Francisco Silvela, 19. El 7 de noviembre de 1936, cuando bajaban a refugiarse
en el entresuelo, un grupo de milicianos entró preguntando por las religiosas:
habían sido denunciadas por la portera de un edificio vecino. Las sacaron a
todas y las subieron a un camión. Nunca más se supo de ellas[1].
El 14 de junio de 1946,
en homenaje a las religiosas martirizadas, la calle situada entre las de Ortega
y Gasset y Alcalá de Madrid sustituyó su nombre de calle Luis Sagasti por el de
calle de las Mártires Concepcionistas.
La comunidad de San José, de Madrid, a la que
pertenecían diez de las 14 mártires concepcionistas. He aquí la semblanza de cada religiosa, publicada en la prensa con motivo del decreto de beatificación.
Madre
María del Carmen Lacaba Andía:
Isabel del Carmen
Lacaba Andía nació en Borja (Zaragoza) el 3 de noviembre de 1882. El 4 de
noviembre de 1902 ingresó en el monasterio de San José. Las religiosas
valoraron positivamente su labor con las novicias. Y en 1935 fue elegida madre
abadesa. Elevó a la comunidad a un gran nivel espiritual, basándose en el amor
fraterno y en la práctica del Evangelio. Centraba su vida en la oración. En
julio de 1936 tomó la decisión de permanecer con las religiosas más ancianas,
una de las cuales estaba inválida. Fue una madre espiritual llena de amor,
comprensión y servicialidad. Recibió la palma del martirio a los 54 años de
edad y 34 de vida religiosa.
Sor
María Petra Pilar de los Dolores:
Petra Manuela Pairós
Benito nació en Pamplona (Navarra) el 29 de abril de 1864. Maestra nacional,
ingresó en Orden de la Inmaculada Concepción el 28 de noviembre de 1887. En
1936 era la madre vicaria del monasterio. Persona de oración, cultivaba su
relación de gran intimidad con el Señor en un rezo constante. Tenía facilidad
para escribir, y publicó varios ensayos, como La religiosa concepcionista a los pies de Jesús Sacramentado.
Poseía una exquisita delicadeza y cariño en el trato con las personas,
especialmente con los pobres, por lo que se la conoce como sor M. ª Petra Pilar
de los Desamparados. Cuando recibió la palma del martirio, tenía 72 años de
edad y 49 años de vida religiosa.
Sor
María Eustaquia de la Asunción:
Eustaquia Monedero de
la Calle nació en Anaya (Segovia) el 20 de septiembre de 1864. El 28 de febrero
de 1887 ingresó como religiosa en el monasterio de San José. Le fue encomendado
el oficio de hermana enfermera, destacando por su paciencia, cariño y solicitud
para el cuidado de las hermanas enfermas y ancianas. Un proceso de enfermedad
reumática fuerte y degenerativa la dejó incapacitada. En 1936, quedó a merced
de las milicias socialistas de Las Ventas, que la sacaron del piso sin que
pudiera valerse por sí misma y bajar las escaleras. Sufrió desamparo,
espantosos dolores físicos y un trato soez e inhumano. Recibió la palma del
martirio a los 72años de edad y 49 de vida religiosa.
Sor
María Balbina de San José:
Manuela Balbina
Rodríguez Higuera nació en Madrid el 10 de marzo de 1886. Ingresó en el
noviciado de las Redentoristas de Vitoria (País Vasco), pero por motivos de
salud tuvo que volver a su casa. Una vez recuperada, ingresó en el monasterio
de San José el 2 de julio de 1919. Alma amante del silencio, de la oración, de
la lectura, su comportamiento con los enfermos era ejemplar, siempre llena de
cariño y ternura. Supo luchar con fortaleza y voluntad, venciendo todo miedo y
preocupación, cuando llegó el momento de «dar su vida por Cristo». Recibió la
palma del martirio a los 50 años de edad y 17 de vida religiosa.
Sor
María Guadalupe de la Ascensión:
Mª de las Nieves
Rodríguez Higuera nació en 1892 en Madrid. Ingresó en el monasterio de San José
con 35 años de edad, hizo la profesión de votos simples el 7 de enero de 1928,
recibiendo el nombre de sor Ascensión. Religiosa humilde, llena de confianza
fraterna y con espíritu de servicio, estuvo a su cargo el servicio de la
portería y torno, y fue hermana enfermera. En 1936, asistía a las hermanas del
piso de Francisco Silvela, 19. Tenía 44 años de edad y nueve de vida religiosa
cuando recibió la palma del martirio.
Sor
María Beatriz de Sta. Teresa:
Narcisa García Villa
nació en Nava de los Caballeros (León) el 18 de marzo de 1908. Ingresó en el
monasterio de San José el 17 de junio de 1924. Fue responsable de sacristía e
iglesia, secretaria de la comunidad y tornera. Era un alma de vida musical, de
gran intimidad con Dios, amante de la penitencia y amiga de sus hermanas.
Cuando recibió la palma del martirio tenía 28 años de edad y doce de vida
religiosa.
Sor
María Clotilde del Pilar Campos Urdiales:
M. ª del Pilar nació el
4 de junio de 1897 en Valdealcón, localidad del municipio de Gradefes (León).
Cuando tomó la decisión de entrar a la vida religiosa, su familia se opuso,
pero luchó hasta obtener el permiso y la bendición de sus padres. Ingresó en el
monasterio de San José como hermana en abril de 1923. Tomó el hábito el 5 de
octubre de 1923, con el nombre de sor Clotilde. Tenía un amor profundo hacia la
Virgen María. En 1936 había estado ingresada en el hospital, donde fue sometida
a una operación que le causó muchos e insoportables dolores, pero nunca se
quejó de nada. Recibió la palma del martirio a los 39 años de edad y 13 de vida
religiosa.
Sor
María del Santísimo Sacramento:
Manuela Prensa Cano
nació el 25 de junio de 1887 en El Toboso (Toledo). Cuando tenía 8 años se
trasladó a vivir a Madrid, ya que sus padres fueron los recaderos o mandaderos
del monasterio de San José. Entró religiosa concepcionista franciscana
vistiendo el hábito el 5 de abril de 1905 y tomando el nombre de sor María del
Santísimo Sacramento. Era la organista de la comunidad, y directora de coro e
iglesia. Llegó a ser secretaria, y abadesa de la comunidad. Cultivó su alma por
medio de una vida interior de recogimiento y silencio, siempre dada a la
presencia de Dios, lo que la condujo a ser maestra de novicias. Antes de morir,
transmitió a las hermanas el ánimo de superación, y la idea muy clara de que
tenían que «morir por Cristo». Cuando recibió la palma del martirio tenía 49
años de edad y 31 de vida consagrada.
Sor
María Juana de San Miguel:
Juana Josefa Ochotorena
Arniz nació el 27 de diciembre de 1860 en Arraiza (Navarra). Ingresó en el
monasterio como hermana, tomando el nombre de María Juana de San Miguel. Era un
alma muy interior, silenciosa en extremo, sencilla y dada intensamente a la
contemplación. Asidua lectora del Evangelio, meditaba diariamente un pasaje de
la Pasión de nuestro Señor. En 1936 era una de las hermanas enfermas, pero «no
lo sabía nadie, solo la madre abadesa», y sufría en silencio su delicada y
dolorosa enfermedad. Recibió la palma del martirio a los 75 años de edad y 57
de vida religiosa.
Sor
María Basilia de Jesús Díaz Recio:
Nació el 14 de junio de
1889 en la aldea burgalesa de Santa Coloma de Rudrón. Ingresó en el monasterio
de San José como hermana el 10 de enero de 1921. Practicó el desprendimiento
interior y exterior en grado extraordinario, madurando su corazón y su vida,
para ofrecerlos al Señor el día de su martirio. Cuando recibió la palma del
martirio, tenía 47 años de edad y 15 de vida religiosa.
Mártires de El Pardo (Madrid)
En 1936, las religiosas
fueron expulsadas de su monasterio, después de haber soportado el 21 de julio
una noche de angustias. Varios vecinos las acogieron en sus casas. Después, los
milicianos las expulsaron del pueblo. Estas dos hermanas se refugiaron en la
casa de la madre del capellán del monasterio. Después, les dieron asilo en casa
de unos bienhechores, hasta que unos milicianos las descubrieron y se las
llevaron junto al matrimonio que las acogió y otro familiar de estos. Lograron
obtener la libertad para sus bienhechores. En la madrugada del 22 de agosto de
1936 fueron llevadas por la carretera de Aragón hasta Vicálvaro, donde fueron
insultadas y fusiladas en un descampado. Los cadáveres fueron arrojados a las
puertas del cementerio, donde el enterrador los fotografió y enterró en un
lugar que marcó secretamente. El 24 de mayo de 1939, los dos cuerpos fueron
identificados por la fotografía tomada por el sepulturero, procediendo a su
traslado al cementerio del monasterio de El Pardo. Al cerrarse este monasterio
en 2015, el 28 de noviembre del mismo año sus restos se trasladaron al
protomonasterio casa madre de Toledo, donde se veneran en la actualidad, junto
a los de la fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción, santa Beatriz de
Silva.
Madre
Inés de San José
Inés Rodríguez
Fernández nació en Avedillo (Zamora) el 2 de noviembre de 1889. El 14 octubre
de 1908 ingresó en las concepcionistas del monasterio de El Pardo, entregándose
a la oración. En 1935 fue elegida abadesa, y anteriormente había sido maestra
de novicias. Recibió la palma del martirio a los 47 años de edad y 28 de vida
religiosa.
Sor
María del Carmen de la Purísima Concepción
M. ª del Carmen
Rodríguez Fernández nació en Avedillo (Zamora) el 28 de octubre de 1895. El 16
de junio de 1914 entró en el monasterio de El Pardo. Era la hortelana de la
huerta conventual, humilde, natural y sencilla. Recibió la palma del martirio a
los 41 años de edad y 21 de vida religiosa.
Mártires de Escalona (Toledo)
En 1936, las monjas de
la comunidad de Escalona fueron obligadas a abandonar su monasterio. Trasladadas
a la comandancia de la localidad, fueron interrogadas y presionadas para
renegar de la fe y abandonar la vida religiosa. Ante la resistencia de las
monjas, fueron conducidas a la Dirección General de Seguridad en Madrid, y
después llevadas a la cárcel habilitada en un convento de capuchinas. Al
finalizar la contienda, toda la comunidad regresó a Escalona, a excepción de
sor María de San José (abadesa) y sor M. ª de la Asunción, que fueron separadas
del resto del grupo para ser conducidas a la checa. Fueron fusiladas en octubre
de 1936.
Madre
María de San José Ytoiz:
Recién nacida, en 1871,
fue puesta en el torno de la casa de acogida de Pamplona (Navarra). Vivió su
niñez en dos casas de acogida. En 1893 solicitó el ingreso en el monasterio de
la Encarnación de Concepcionistas Franciscanas de Escalona. Entró como
religiosa de coro y emitió su profesión religiosa el 29 de enero de 1894.
Destaca su gran docilidad, su pronta obediencia y su filial confianza. En
noviembre de 1911 fue elegida abadesa, cargo que llegó a ejercer 25 años por
sus cualidades y valores personales. Su relación con las hermanas de la
comunidad era muy maternal. Recibió la palma de martirio a los 66 años de edad
y 44 de vida religiosa.
Sor
María de la Asunción Pascual Nieto:
Nació el 14 de agosto
de 1887 en Villorobe (Burgos). El 6 de junio de 1909 ingresó en el monasterio
de las concepcionistas de Escalona como religiosa de coro y cantora. Ejerció
como enfermera, sacristana, tornera y portera. Era muy devota de la Santísima
Virgen María en su Inmaculada Concepción, y muy querida por toda la comunidad.
En 1936 era la madre vicaria. Recibió la palma del martirio a los 49 años de
edad y 27 de vida consagrada.
II. Dónde estuvo su fidelidad
Elementos
espirituales que configuran su martirio
Nota
orientativa
Las Actas
de los Mártires son uno de los más bellos documentos que conserva la
tradición cristina. Con ellas se puede tejer una “Teología del Martirio”. Pero
la historia de los mártires no terminó con las persecuciones del Imperio
romano. El siglo XX ha sido, por antonomasia, el Siglo de los Mártires
(Véase la obra clásica: Andrea Riccardi,
El siglo de los mártires). Y el siglo
XXI está siendo dolorosamente un siglo de martirio.
La intención profunda de este retiro es poner nuestra vida cristiana en trance de
martirio, como pide el seguimiento, según el Evangelio.
El peligro mayor de nuestra vida
religiosa hoy (a mi modesto parecer) es que, ante el “cansancio” y la
“desilusión”…, nos contentemos con una áurea
mediocridad espiritual, de alguna manera compensada por los laudables, y
muy laudables, servicios sociales donde se va centrando la sensibilidad
presente.
Y un peligro no imaginario de la vida de
la Iglesia es que la diplomacia y el
oportunismo silencien razones evangélicas que son las determinantes en
nuestra vida.
Obviamente en puntos así, al entrar en
diálogo, aparecen las posturas contrastadas. Al final, solo el amor, en una
entrega incondicional y diaria, tiene la palabra final.
He aquí, pues, algunos puntos, solo
algunos, que in vitan a la reflexión.
1.
Gracia
personal compartida. Quiénes fueron escogidas.
Para comprender el significado espiritual de este
acontecimiento, que pertenece a la Orden de la Inmaculada Concepción y a toda
la Iglesia, hemos de partir de unas verdades clave que pertenecen a la
“teología de la gracia”:
- El martirio es “gracia”, nunca es mérito, premio,
conquista.
- Nadie es digno de la gracia del martirio, como
nadie es digno de recibir la sagrada comunión, ni nadie es digno de llamar a
Dios, con Jesús, “Padre”.
- Ahora bien, concedida la gracia, esa gracia,
siendo personal, es gracia comunitaria. El martirio de mi hermana es gracia no
solo para ella; es gracia para mí. Yo también, por la misericordia de Dios,
hubiera respondido así. Esta gracia eclesial estrecha nuestra fraternidad. No
buscamos la gloria de los mártires, sino ver en ellos la gloria de Cristo
Crucificado.
2.
La
gracia de “virgen y mártir”
En la Iglesia estas mis hermanas son veneradas como
“vírgenes y mártires”. En ellas se junta, por la misericordia del Señor, no por
méritos propios, la doble corona de la virginidad y del martirio. Todo sea para
gloria de Cristo, el Señor.
3.
La
persecución
La muerte de las hermanas fue (hablando en general)
un “tiro de gracia” muerte por fusilamiento, pero esta muerte, en ellas y en
sus hermanas no asesinadas, fue precedida por el largo calvario de la
persecución, lo cual significa morir con una larga agonía. La persecución
también son páginas de martirio. Mantenerse fiel en la persecución es no menos
heroico que mantenerse fiel en los instantes del tiro de gracia. Las cartas de
san Pablo son un testimonio elocuente: “nos persiguen y aguantamos; nos
calumnian y respondemos con buenos modos; nos tratan como a la basura del
mundo, el desecho de la humanidad; y así hasta el día de hoy” (1Cor 5,12-13).
Las religiosas del monasterio de San José, desde el
día 19 de julio se alojaron en un
piso para 5 o 6 personas, y allí vivían 18 monjas…, en qué condiciones
higiene y de escasez absoluta…
4.
Salvar
el Santísimo Sacramento
La Eucaristía era el centro de la vida de la
comunidad. Salvar la Eucaristía ha sido en tiempo de persecución un objetivo
primero. En el Monasterio de San José
(Madrid) el día 2 de mayo. “Ese mismo día de las manifestaciones se personó en
el convento de San José un padre franciscano vestido de seglar e informó a la
Madre sobre las violentas manifestaciones que se estaban produciendo en toda la
ciudad. Reunieron a las religiosas en el coro para consumir el Santísimo en un
ambiente de nerviosismo y angustia, luego las religiosas fueron a sus celdas,
vistieron de seglar y abandonaron el convento” (Rainerio García, Odisea
martirial…, 175).
5.
Más
hermanas que nunca: confidencias de santidad
Cuenta Sor María del Sagrario a propósito de ella y
Sor Beatriz: “Durante los cinco o seis primeros días que estuvimos en el piso
de Manuel Silvela, antes de que se produjera la dispersión y acogidas en las
casas particulares, solía salir por las noches al balcón [era un séptimo piso]
con Sor Beatriz, no teníamos peligro de ser vistas, porque estábamos protegidas
por los visillos.
En aquellas horas de silencio, prensado nuestro
corazón por las fuertes emociones a las que estábamos sometidas y la pavorosa
incertidumbre de nuestro futuro, dedicábamos muchos ratos a sabrosas
confidencias, nuestra confianza mutua era grande y por eso nos comunicábamos
con libertad fraterna las mutuas preocupaciones y aspiraciones espirituales.,
cómo vamos a ser
Afloraba siempre en nuestras conversaciones lo
agradecidas que debíamos estar al Señor por el beneficio maravilloso de la
vocación. Las dos reconocíamos que hasta entonces no habíamos sido lo
suficientemente generosas con el Señor. Y siempre terminábamos aquellos
momentos de intimidad, espontáneas, con expresiones parecidas a estas: ¡Dios
mío! ¡Si volvemos al convento, cómo vamos a ser! (Rainerio, Odisea…, 184)
6.
Miedo
a morir: El martirio no es heroísmo, es gracia
Ante el martirio se pueden sentir los tirones de la
naturaleza que no quiere morir. Jesús lo sintió en Getsemaní. Pero viene la gracia
del Señor a través de los hermanos, de las hermanas. No estoy preparada para
morir… “Sor María Beatriz, en un gesto de cariño fraterno, abrazó fuerte y fraternamente
a la religiosa, mientras le decía para darle ánimos y destruir sus temores: Pero criatura ¿qué temes?, ¿no sabes que el
martirio es un nuevo Bautismo?” (Rainerio, Odisea…, p. 185).
7.
La
“exhortación al martirio”
(El día 19 de julio) “Las religiosas participan a
las ocho de la mañana, como de costumbre, en la Eucaristía. Cuando iban silenciosas
y recogidas camino del comedor, recibieron orden de volver al coro para
consumir el Santísimo. Había ya en las monjas cierto nerviosismo, porque en la
tarde anterior oyeron muchas voces y gritos de Mueran las monjas, en las calles
inmediatas. La indicación de consumir el Santísimo disparó su imaginación.
“EL P. Capellán con rostro grave, donde se podía
leer honda preocupación, después de consumir el Santísimo les dirigió unas
palabras a afrontar con absoluta confianza en el Señor el momento incierto y
nada tranquilizador por el que pasaba España. Al terminar sus breves palabras
les hizo esta pregunta: ‘Si las
circunstancias lo pidieran, ¿estaríais dispuesta a dar la vida para manteneros
fieles a vuestros compromisos de almas consagradas?’ Todas contestaron con un
sí firme e incondicional” (Rainerio, Odisea…, p. 179),
El día 21 de julio se produjo un horrísono tiroteo.
La Abadesa, sosteniendo en sus manos un cuadro de la Virgen, les decía: “¡Hijas mías! que nuestra Madre la Virgen
“Remendadita” nos ayude a permanecer fieles a nuestro ser de religiosas y a los
agrados compromisos que nos unen al Señor, Recemos siempre unas por otras”
(Rainerio, Odisea…, p. 179)
8. No huir: Salvar a las ancianos e
imposibilitadas – Morir perdonando
Leyendo las crónicas que se han podido hilvanar con
los relatos de testigos y de supervivientes nos conmueve tantos detalles que
dan tanta hermosura a las “Actas de los Mártires”. Es justo que las hermanas
investiguen y aprecien estos detalles… Si las hermanas pudieron zafarse y huir,
y de alguna manera desentenderse y “apostatar” de su condición de monjas…, no lo
hicieron. Se extremó la caridad con las ancianas e imposibilitadas… Llegó el
día final, 8 de noviembre, del piso de Manuel Silvela…
- “Vayan saliendo las monjas de tres en tres,
empezando por las más jóvenes”
- “Salieron del piso de tres en tres como mansas
corderas al matadero”
- “La Madre Carmen fue la última para entrar en los
coches. Se despidió conmovida de los porteros con apretón de manos, besó a la
hija María Teresa Alcaraz y al mismo tiempo que la besaba, y estrechaba fuerte
sus manos, dejó en ellas ciento cincuenta pesetas, eran tos los recursos con
que contaba entonces la Comunidad de Concepcionistas de Sagasti” (Rainerio,
Odisea…, 200-201).
9.
Morir
en coherencia a como se ha vivido (la muerte no se improvisa)
En el piso donde se alojaron las hermanas de Madrid
(19 julio) “Rezaban las Horas litúrgicas, los quince misterios del rosario,
hacían las lectura espirituales, las letanía de los Santos, dos horas de
oración y el tiempo que dedicaban a sus labores muchas lo dedicaban también
para la oración” (Testimonio de una de las encerradas, en: Rainerio, Odisea…,
182).
10. Morir intercediendo: Valor oblativo
de la vida consagrada - Morir en oración y sacrificio
La comunidad de San José en su primera salida (2 de
mayo de 1936) pudo volver a los tres días al convento, viviendo en pura zozobra
de lo que pudiera pasar cualquier día. “Sor María del Rosario recoge este
sentimiento generalizado entre las religiosas: Desde esta fecha hasta el 18 de
julio, vivíamos en el convento con el sobresalto y el convencimiento de que
podíamos ser víctimas de los revolucionarios en cualquiera de sus intentonas,
apenas se hacía otra cosa sino orar, hacer penitencia y entre otras cosas e
hacía diariamente rogativas penitenciales con los pies descalzos y otros
instrumentos de penitencia” (Rainerio, Odisea…, 176).
Los
que expusieron su vida por acoger en sus casas a las hermanas.
Hay un detalle de profundo sentido eclesial que hemos de apreciar en su valor
cristiano. Dar acogida a un posible condenado a muerte es exponerse a la
muerte. Pero nunca han de faltar cristianos, cristianas, dispuestos a arrostrar
la muerte de Jesús.
11. Morir confesando la fe: Viva Cristo
Rey.
“Estamos profundamente impresionados por los testimonios relacionados con
su martirio. En el asalto al monasterio de Madrid, los atacantes gritaban:
"¡Mueran las monjas!"; y ellas morirán exclamando: "¡Viva
Cristo Rey!". En el caso de los religiosos de El Pardo, los verdugos,
cuando descubrieron a las monjas con las personas que las habían acogido
después del asalto del monasterio, les preguntaron "¿Vosotras sois
monjas?". Las monjas respondieron: "Sí, por la gracia de
Dios"” (El Cardenal en la
homilía).
12. La sangre de los mártires es
semilla
Un pensamiento final siempre fecundo. El martirio de
un cristiano, sea conocido o ignorado, sea exaltado en el Martirologio
Cristiano o por siempre oculto, habiendo sido un acto de amor, es sangre
vivificante en la Iglesia. Solo el amor puede salvar al mundo. Solo el amor
puede renovar la Iglesia.
III. Qué nos anuncian en esta hora de la
Iglesia
1. Quienes profesamos la vida religiosas
hace ya décadas (cincuenta y sesenta años) miramos atónitos la evolución que se ha
dado, tanto en la sociedad civil como en la marcha general de la Iglesia y muy
específicamente en neutras familias religiosas.
Nunca en nuestros años juveniles
hubiéramos pensado que las cosas podrían haber cambiado tanto.
Un ejemplo, la evolución estadística de
la vida religiosa. “Basta
referirnos a un dato objetivo: la población de los monasterios. Cuando se
publicó Sponsa Christi ecclesia, las
contemplativas en el mundo eran 55.834 profesas solemnes, 3.819 profesas
temporales, y 2.426 novicias, en total 62.079. En estos momentos, contando
profesas solemnes, temporales y novicias están alrededor de 43.000. En los
últimos 60 años la población de vida contemplativa femenina ha disminuido en
19.079, con una edad media muy superior a la de entonces”[2].
2. A
este panorama numérico desolador se añade lo que nunca habríamos pensando del
escándalo en la Iglesia de la pedofilia, según los datos que comunicaba el
Santo Padre en la alocución final del Encuentro tenido en febrero pasado en
Roma con los representantes de las conferencia episcopales de todo el mundo.
Datos estremecedores, si bien – falso consuelo – comparados con la extensión de
este fenómeno en otros estamentos de la sociedad civil, sean muy pequeños. El
llamado que el 20 de agosto de 2018 hizo el Papa a todo el mundo católico, invitándonos
al ayuno y la penitencia, porque “si un miembro sufre, todos sufren con él”, fue
altamente significativo.
El
Cardenal en su homilía ha aludido a situaciones en que se debate hoy nuestra fe
en una sociedad que no respira con el sentido cristiano de la vida:
“Frente a las actitudes de cierre hacia
las personas más necesitadas,
frente a la indiferencia religiosa,
frente al relativismo moral,
frente a la arrogancia de los más
fuertes hacia los más débiles,
frente a los ataques contra la unidad
de la familia
y el carácter sagrado de la vida
humana,
no podemos olvidar la belleza del
Evangelio.
La palabra de Dios echa siempre nuevas
raíces.
Sobre estas raíces, nosotros,
discípulos del Señor debemos y podemos crecer” (Homilía del Cardenal)
3. Ante
esta situación alborotada…, caótica…, puede surgir el desaliento y el cansancio
y la deserción espiritual. Pero, sorprendentemente – Dios es siempre sorpresa
en nuestra vida – justamente en este momento puede surgir el panorama más bello
en nuestra vida.
-
Gracias, Dios mío, PADRE mío, porque de noche me instruyes internamente, con la
luz del Espíritu.
- Toma
mi vida sin condiciones como una oblación de amor.
- Me
abandono totalmente en tus manos.
- No
pido el triunfo o la prosperidad de la Iglesia, ni el esplendor de la vida religiosa,
ni la prosperidad de la familia a la que pertenezco.
- No
soy yo quien te debe dictar mis deseos sobre la obra del Hijo de tu amor.
- Me
entrego al amor por amor y sin más horizontes que tu amor y tu santa gloria.
- Haz,
oh Padre Santo, en mí y en mis hermanos, los hombres, lo que quieras, cuando
quieras y como quieras.
- Solo
anhelo que mi vida sea una respiración de amor: vivir de tu amor y morir en ese
amor que me está dando vida.
- Amén,
amén.
IV. Homilía del Cardenal Angelo Becciu
Prefecto de la Congregación para las
Causas de los Santos
Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las
necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo, pues
cuando estoy más débil, entonces es cuando soy fuerte
Queridos hermanos y hermanas:
Estas palabras de San Pablo,
proclamadas en la primera lectura, las podemos aplicar hoy a las catorce monjas
de la Orden Franciscana de la Inmaculada Concepción, (Concepcionistas)
asesinadas durante la persecución religiosa que pretendía eliminar a la Iglesia
en España. Ellas permanecieron fuertes en la fe: non se asustaron ante los
ultrajes, las angustias ni las persecuciones. Estuvieron dispuestas a sellar
con su vida la Verdad que profesaban con sus labios, asociando el martirio de
Jesús a su martirio de fe, de esperanza y de caridad”.
La beata María del Carmen (en el siglo
Isabel Lacaba Andía) y sus trece compañeras eran monjas de la misma familia
monástica, pero de tres monasterios diferentes: el Monasterio de Madrid, el
Monasterio de El Pardo y el Monasterio de Escalona. Todas, perseverando en su
consagración a Dios, dieron su vida por la fe y como prueba suprema de amor”.
Fue precisamente la aversión a Dios y a la fe cristiana lo que determinó su
martirio. Sufrieron, en efecto, la persecución y la muerte por su estado
de vida religiosa y su total adhesión a Cristo y a la Iglesia. Sus verdugos
eran milicianos que, guiados por el odio contra la Iglesia Católica, fueron los
protagonistas de una persecución religiosa general y sistemática contra las
personas más representativas de la Comunidad Católica. Las nuevas Beatas
ciertamente tenían bien presente la exhortación del divino Maestro: "Buscad
sobre todo el reino de Dios y su justicia" (Mt 6, 33).
Son ejemplo y aliciente para todos, pero sobre todo para las monjas
Concepcionistas, y también para todas las consagradas que dedican totalmente su
vida a la oración y a la contemplación. En esta preciosa misión orante, las
religiosas de clausura están llamadas a gustar y ver cuán bueno es el Señor,
para testimoniar a todos lo envolvente que es el Amor de Dios”.
“Tres veces oré al Señor... Y él me
dijo: "Te basta mi gracia” (2 Corintios 12:
8-9). Estas palabras de San Pablo, que acabamos de escuchar, parecen inspirar
los mensajes dejados por estas catorce mártires. En diferentes lugares y
tiempos, enfrentaron su oferta de sacrificio al Señor con generosidad y coraje.
La integridad espiritual y moral de estas mujeres nos ha llegado a través de
testigos directos e indirectos y también a través de documentos. Estamos
profundamente impresionados por los testimonios relacionados con su martirio.
En el asalto al monasterio de Madrid, los atacantes gritaban: "¡Mueran
las monjas!"; y ellas morirán exclamando: "¡Viva Cristo
Rey!". En el caso de los religiosos de El Pardo, los verdugos, cuando
descubrieron a las monjas con las personas que las habían acogido después del
asalto del monasterio, les preguntaron "¿Vosotras sois monjas?".
Las monjas respondieron: "Sí, por la gracia de Dios"; [1] esto
equivalía a una sentencia de muerte que los milicianos ejecutaron sin ninguna
otra razón. Por su parte, las monjas de Escalona, alejadas de su comunidad,
fueron expulsadas del Ayuntamiento por los milicianos locales y enviadas a la
Dirección General de Seguridad en Madrid, para obligarlas a abandonar la fe y
pasar a la apostasía. Para forzar a las monjas más jóvenes a hacer esto, las
dos monjas más ancianas fueron separadas del grupo y llevadas a un callejón sin
salida, donde fueron torturadas y finalmente fusiladas.
Todos los testimonios que hemos recibido nos permiten afirmar que estas monjas concepcionistas murieron porque eran discípulas de Cristo, porque no querían renegar de su fe y de sus votos religiosos. Cuando, al comienzo de la guerra, en la zona republicana, las comunidades se mudaron a los hogares de familiares o amigos, se adaptaron sin quejarse, dando ejemplo de heroísmo. Nunca tuvieron una actitud de animosidad hacia los que fueron la causa de su sufrimiento, sino que respondieron con caridad. Se encaminaron al sacrificio glorificando a Dios y perdonando a sus verdugos, siguiendo el ejemplo de Cristo que dijo en la cruz: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34).
Todos los testimonios que hemos recibido nos permiten afirmar que estas monjas concepcionistas murieron porque eran discípulas de Cristo, porque no querían renegar de su fe y de sus votos religiosos. Cuando, al comienzo de la guerra, en la zona republicana, las comunidades se mudaron a los hogares de familiares o amigos, se adaptaron sin quejarse, dando ejemplo de heroísmo. Nunca tuvieron una actitud de animosidad hacia los que fueron la causa de su sufrimiento, sino que respondieron con caridad. Se encaminaron al sacrificio glorificando a Dios y perdonando a sus verdugos, siguiendo el ejemplo de Cristo que dijo en la cruz: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34).
El testimonio de estas beatas
constituye un ejemplo vivo y cercano para todos. Su muerte heroica es un signo
elocuente de que la vitalidad de la Iglesia no depende de proyectos o cálculos
humanos, sino que proviene de la adhesión total a Cristo y su mensaje de
salvación. De ello eran muy conscientes estas monjas nuestras que sacaron
fuerzas no de un deseo de protagonismo personal, sino de un amor sin reservas
por Jesucristo, incluso a costa de sus vidas. Su existencia es como un mensaje
directo a las personas consagradas y a los fieles laicos de hoy. A los
consagrados, las nuevas beatas dicen que permanezcan fieles a la vocación y
gocen de la pertenencia a la Iglesia, sirviéndola a través de su Instituto, en
una vida intensa de comunión fraterna, en la perseverancia y en el testimonio
de su propia identidad religiosa. A los fieles laicos, recuerdan la necesidad
de escuchar y obedecer dócilmente la Palabra de Dios, que todos estamos
llamados a vivir y anunciar en virtud del bautismo.
"La fuerza se manifiesta plenamente en la debilidad (2 Cor
12, 9), respondió el Señor al apóstol Pablo”. Hoy damos gracias por esta
fuerza que también se ha convertido en la fuerza de los mártires en tierra de
España. La fuerza de la fe, de la esperanza y del amor, que se ha mostrado más
fuerte que la violencia. Ha sido derrotada la crueldad del pelotón de ejecución
y del sistema entero del odio organizado. Cristo, que se hizo presente junto a
los mártires, vino a ellas con la fuerza de su muerte y de su martirio. Al
mismo tiempo vino a ellas con la fuerza de su resurrección. El martirio, en
efecto, es una revelación particular del misterio pascual que sigue actuando y
se ofrece a los hombres de todos los tiempos como promesa de vida nueva.
Así escribía el famoso escritor romano Tertuliano: "Sanguis
martyrum - semen christianorum"; la sangre de los mártires es la
semilla de los cristianos.(2)
No podemos dudar de la fecundidad
de esta semilla, aunque las fuerzas que tratan de erradicar el ‘semen
christianorum’, es decir, los valores cristianos, de las conciencias y del
tejido de nuestras sociedades, parezcan crecer de formas diferentes. Frente a
las actitudes de cierre hacia las personas más necesitadas, frente a la
indiferencia religiosa, frente al relativismo moral, frente a la arrogancia
de los más fuertes hacia los más débiles, frente a los ataques contra la
unidad de la familia y el carácter sagrado de la vida humana, no podemos
olvidar la belleza del Evangelio. La palabra de Dios echa siempre nuevas
raíces. Sobre estas raíces, nosotros, discípulos del Señor debemos y podemos
crecer. Estas catorce nuevas beatas, que perseveraron en la fe incluso en el
momento de la oblación suprema nos animan a continuar con alegría y esperanza
dando testimonio en todo ambiente del amor y la misericordia de Dios, que nunca
nos abandona, especialmente en la hora del fracaso y la derrota.
Nos encomendamos a su intercesión, cuya
existencia se ha convertido para toda la Iglesia, especialmente para el pueblo
de Dios que peregrina en España, en un poderoso faro de luz, en una invitación
apremiante a vivir el Evangelio de manera radical y con sencillez, ofreciendo
un valiente testimonio de la fe que supera toda barrera y abre horizontes de
esperanza y fraternidad.
¡Beata María del Carmen Isabel Lacaba
Andía y compañeras mártires, rogad por nosotros!
IV. Himno en la memoria de las mártires
El
coro de las vírgenes te alaba
a
ti, Jesús, Esposo bienamado,
y
no olvida la Iglesia su memoria
que
fuera ingratitud no recordarlo.
Oh
Cristo que cautivas corazones
y
ayer y hoy y siempre has cautivado,
amor
misericordia, amor fragante,
amor
de todo amor inmaculado.
Es
bueno recordar a las hermanas,
hermanas
que vistieron nuestro paño,
y
en ti abrazando al hombre a quien querían
al
pie de tu sagrario se inmolaron.
El
odio no manchó sus corazones,
que
amaron sin colores y sin bandos,
sor
Isabel y Petra y Asunción
y
nombres todos que hoy saboreamos.
Hermanas
nuestras sois y os prometemos
seguir
humildemente vuestros pasos,
si
desde el cielo, al lado de María
rogáis
por quienes hoy peregrinamos.
¡Honor
a Jesucristo, rey de Mártires,
honor
a ti, Señor, el solo Santo,
honor
a ti, que amor y solo amor,
amor
y corazón sigues sembrando! Amén[3].
(Redacción final: Alfaro, La Rioja, 3 julio
2019,
en el 491 aniversario del inicio de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos,
con la bula “Religionis Zelus” (3 de julio de 1528),
III Jornada de la Familia Capuchina)
con la bula “Religionis Zelus” (3 de julio de 1528),
III Jornada de la Familia Capuchina)
Fr.
Rufino María Grández, capuchino
Misionero
de la Misericordia,
[1] En los últimos tiempos me ha llegado información de que fueron
asesinadas en mitad de la calle y luego pasó un camión y se llevó los
cadáveres», comentó el padre Alfonso, que
lleva más de 30 años dedicado a distintas causas de canonización. (Laura
Daniele, en ABC 25 junio 2019: Beatificación de mártires de la persecución
religiosa «El hecho de ser religiosas era un motivo para matarlas»)
[2] Véase: + Fr.
José Rodríguez Carballo, ofm, Arzobispo Secretario CIVCSVA, Vida contemplativa femenina: guardián de
gratuidad y riqueza de fecundidad apostólica. Presentación de Cor Orans,
Instrucción aplicativa para la vida contemplativa femenina. Viernes, 5 de
octubre de 2018 - Seminario diocesano de Ávila
[3] Este himno fue puesto en
Internet en el blog de “Las hermosas palabras del Señor”: 1160. El coro de las
vírgenes te alaba – Mártires Concepcionistas-