sábado, 2 de enero de 2021

1475. Domingo II de Navidad 2020 – Dios encarnado, presencia y compañía


Dios encarnado, presencia y compañía

Jn 1,1-18

Texto evangélico

Jn1 1 En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

2 Él estaba en el principio junto a Dios.

3 Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

5 Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.

6 Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan:

7 este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

8 No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

9 El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

10 En el mundo estaba; | el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

11 Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

12 Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

13 Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, | ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

14 Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

15 Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». 

16 Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

17 Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.

18 A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

 

Hermanos:

1. La Navidad nos trae muchas vivencias, de familia y de costumbres sociales. Unas las deseamos y las disfrutamos de todo corazón: una cena de Nochebuena en familia es algo muy bonito y agradable, que crea unidad y amor entre los seres queridos. Y si esto está motivado por pensamientos de fe, porque hay un Niño Jesús allí en medio, en quien de verdad creemos, y al que rezamos también en Nochebuena en familia, entonces, sin duda la alegría se aumenta.  Y luego en la vida lo recordaremos con mucho agrado.

Pero también las fiestas navideñas traen otras vivencias de costumbres y culturas, que pueden dar ambiente, pero que quizás no dan lo que el corazón realmente anhela y busca. No es cuestión que nos detengamos en ello. L menciono en contraste con lo que ahora queremos decir y grabar en el corazón como mensaje de este Domingo segundo de Navidad. Al venir a la iglesia nosotros buscamos cosas que no encontramos en una sala, ni siquiera en el comedor de nuestra casa. Buscamos oración y contemplación, y aquí estamos celebrando el misterio.

2. Hermanos, hoy es un Domingo contemplativo del misterio. Las tres lecturas, que despliegan un panorama divino ante nuestros ojos convergen en lo mismo. Son la contemplación de un Dios, que sale de sí mismo, que llega hasta nosotros para recoger nuestra vida, divinizarla, hacerla suya, para que nosotros, ya en  la tierra, vivamos a lo divino, con una vida iluminada, transformada y plena.

En el primer mensaje que ha llegado a nosotros, la Sabiduría de Dios, personificada, nos hablaba de esta manera:

“Yo salí de la boca del Altísimo, | y como niebla cubrí la tierra.

Puse mi tienda en las alturas, | y mi trono era una columna de nube” (Sir 24,3-4).

Esto es una poesía, ciertamente; pero necesitamos de la más bella poesía para hablar de las cosas de Dios, que son las verdaderamente bellas de la existencia. Estoy hablando de estas cosas, hermanos, precisamente en este 2 de enero, que la Iglesia recuerda a San Gregorio Nacianceno. Cuando el Papa Benedicto XVI nos dio unas catequesis sobre este santo (8 y 22 de agosto de 2007), nos dijo que este santo místico, llamado el Teólogo, obispo y doctor de la Iglesia, escribió cerca de 18.000 versos en griego para hablarnos de sus experiencias y de Dios.

Esta Sabiduría que habla es Dios, Dios mismo que en forma de nube acompañaba a su pueblo por el camino del desierto hacia la tierra prometida.

Y luego el texto sagrado va desplegando la acción de la Sabiduría en medio de Israel:

“Arraigué en un pueblo glorioso, | en la porción del Señor, en su heredad” (v. 12). El pueblo santo de Dios, el pueblo de Israel, se siente depositario de la Sabiduría de Dios. El texto sagrado dice que “En la ciudad amada encontré descanso, | y en Jerusalén reside mi poder” (v. 11). Está en el Templo, está en Ley del Señor.

Una de las cosas más bellas que nosotros hemos heredado del pueblo judío es la conciencia de que en la Alianza está la Sabiduría.

3. Ahora bien, en cristiano todo esto tiene una resonancia nueva. Lo hemos escuchado a san Pablo, cuando abre su Carta a los Efesios con un himno glorioso a Cristo:

“Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, | que nos ha bendecido en Cristo | con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.

Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo | para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.

Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, | según el beneplácito de su voluntad, | a ser sus hijos,

para alabanza de la gloria de su gracia, | que tan generosamente nos ha concedido en el Amado” (Ef 1,3-6).

Si todo esto es real – como ciertamente lo es, y en ello nos jugamos nuestra fe – estas cosas solo se pueden decir celebrando el culto de Jesús, Hijo de Dios, Verbo Encarnado, celebrando, como lo estamos haciendo, su nacimiento muerte y resurrección.

 

4. Hoy volvemos a repetir el mismo himno que sonó en la misa solemne de la Natividad del Señor: El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

Esta simple frase bien puede ser la identidad total de la fe que profesamos. Con ella decimos no solo que Dios es hombre, sino que Dios es carne. Carne es el ser humano en su ser débil, contingente, destinado a la muerte.

Cristo sufrió no por ser hombre, sino por ser hombre-carne. Sufrió la oscuridad, el miedo, el temor, la muerte. Y definitivamente nos ha revelado que Dios es carne; que, si Dios no es carne, no es Dios.

Dios no es idea, no es sistema, no es abstracción, no es ideal, no es programa, no es moral… No es nada de esto, porque todo esto está fuera de  nosotros, Dios es carne; y en mi  carne encuentro la carne de cristo, la carne de Dios.

Y por eso podemos decir que Dios es encuentro, y que por eso Dios es presencia y compañía.

Últimamente se ha divulgado por las redes sociales el testimonio de un intelectual vasco, que ha dado el paso de la Universidad a la fe, de la violencia que él aceptaba como vía de liberación, al servicio, fuente de servicio y de felicidad.

5. Hermanos, Dios es el Dios de  mi vida, el Dios de la Trinidad que baja hasta mi  carne y se hace para siempre presencia junto a mí y compañía que nunca me va a abandonar.

Todo esto lo tenemos que experimentar como realidad e historia concreta de mis días, y tiene que haber voces, de teólogos y poetas que nos lo digan hermosamente, como lo hemos oído de labios de san Juan.

 

Señor Jesús, hijo de Dios, Hijo de hombre, hermano mío, Dios mío, haz que esta fe sea fuego y explosión en mi corazón, y sea servicio de amor al mundo que tú has amado y yo quiero amar. Amén.

 

Madrid, 2 enero 2021.

viernes, 1 de enero de 2021

1474. 1 de enero, octava de Navidad - SANTA MARIA MADRE DE DIOS

 

Himno de Santa María,

Madre de Dios

 

¡Oh Santa Madre de Dios,

que invocamos los cristianos,

sin este divino título

Jesús Dios sería falso!

 

El Hijo y la Madre unidos,

lo infinito y lo creado,

haciendo una Madre pura

por el Verbo Inmaculado.

 

A ti, Virgen celestial,

tus hermanos nos llegamos,

eres hermana en Adán,

y Madre en Dios humanado.

 

Divina maternidad

por el Espíritu Santo,

cielos y tierra se postran

y en la fe santa adoramos.

 

Dios es ahí, y es presencia,

y adoramos contemplando,

al descender a nosotros,

una mujer lo ha engendrado.

 

Y un gozo consustancial

surge por vernos salvados,

salvación por una Madre

Theotókos sin pecado.

 

¡Gloria a Dios siempre Viviente,

presente y Sacramentado,

y gloria a la Madre bendita,

en la que Dios se ha entregado! Amén.

 

Madrid, 1 enero 2021.