sábado, 6 de noviembre de 2021

1689. Era viuda y era pobre – Rima espiritual al eco de Mc 12,41-44

 

Era viuda y era pobre


El Evangelio de este domingo nos presenta una escena encantadora:

41 Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; 42 se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante. 43 Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. 44 Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Es admirable y gozo contemplar esta hermosura escondida de la Iglesia.

Y, al mismo tiempo, con cierta intuición espiritual, la viuda, como icono de la Iglesia, nos tarslada de alguna manera a la profunda crisis que está padeciendo la Iglesia, una de cuiyas manifestaciones es el caso de los abusos desubiertos. El Papa se ha expresado ante los Obispos franceses, reñidos en asalblea plenaria en Lourdes (2-8 nov.), dirigiéndose al Presidente:

“Mientras atraviesas la tormenta causada por la vergüenza y el drama del abuso infantil de la Iglesia, te animo a que lleves tu carga con fe y esperanza, y la llevo contigo. …

Estoy seguro de que juntos, y bajo la guía del Espíritu Santo, encontrarán los medios para rendir homenaje a las víctimas y consolarlas; exhortar a todos los creyentes a la penitencia y conversión de corazones; tomar todas las medidas necesarias para que la Iglesia sea un hogar seguro para todos; atender al Pueblo santo de Dios herido y escandalizado; finalmente retomamos con alegría la misión, definitivamente orientada hacia el futuro”

 

Era viuda y era pobre,

y humilde cual flor pequeña;

echó lo que ella tenía

y Jesús hizo las cuentas.

 

Mirad el puro Evangelio,

que es amor de pura entrega;

ha dado cuanto tenía,

sin medir a Dios la ofrenda.

 

Fue el encanto de Jesús,

cautivado al solo verla:

¡Feliz, bienaventurada!;

mis discípulos aprendan.

 

Evangelio es sencillez

y esta divina pobreza,

que tiene todo al tener

a Dios cual sola riqueza.

 

Evangelio es abandono,

fiado en el Padre a ciegas,

y decirle como hijo:

Tú serás mi Providencia.

 

Hoy te consagro, mi Padre,

mi ser y mi vida entera:

Tú eres mi hoy y futuro,

único Amor que me llena.

 

          * * *

Y, pecador, yo medito

en lo que hoy me rodea,

buscando consolación

y contemplando esta escena.

 

La de las dos moneditas,

la viuda pobre es la Iglesia;

la que echó lo que tenía

y se quedó muy contenta.

 

Desde el cielo la miró

el Padre que  nos sustenta;

y la vio muy complacido

que, al ser humilde, era bella.

 

Iglesia en que yo nací,

siempre admiré tu belleza,

servicial, contemplativa,

Iglesia, la misionera.

 

Te vi grande y esplendente,

brillando en toda la tierra,

y me sentía orgulloso

de que tal Madre tuviera.

 

Vinieron años borrosos,

que han puesto manchas muy feas,

en tu hermosa faz de esposa,

para tu Esposo dispuesta.

 

El corazón vigilante

confía y muy firme espera,

se está gestando en silencio

una hermosa primavera.

 

Las páginas doloridas

que dejaron los profetas,

nos claman a los creyentes

que Dios cumple sus promesas.

 

Postrada, sí, y humillada,

tiritando de vergüenza,

ha sido y será la amada

de quien la abraza y la besa.

 

Y así te contemplo y miro,

más allá de las miserias:

eres su esposa querida

y en amarte se recrea.

 

Y más humilde y hermosa,

Iglesia de mi querencia,

que fuiste santificada

con la sangre de sus venas.

 

La viuda del Evangelio

estos misterios me enseña:

vence el amor, vencerá,

y vendrá la paz serena. Amén.

 

Madrid, sábado 6 noviembre 2021

viernes, 5 de noviembre de 2021

1688. Dom. XXXII, B – Jesús y la viuda pobre

Jesús y la viuda pobre
Mc 12,38-44


Texto evangélico:

38 Y él, instruyéndolos, les decía: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, 39 buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; 40 y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».

 41 Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; 42 se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante. 43 Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. 44 Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

 

Hermanos:

1. Este pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar nos remite a una escena que ocurre en los días finales de la vida de Jesús, a algo sucedido en los días que llamamos la Semana Santa. Los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas han acumulado muchas enseñanzas y episodios de la vida de Jesús en estos últimos días. Así suele ocurrir que lo que pasa en los últimos días de una persona, para quienes convivimos con ella es lo que se queda más en la memoria.

Hemos escuchado un párrafo de un discurso muy crítico pronunciado Jesús contra determinados escribas, que, de algún modo, representa lo que es el estilo y el modo de ser de la casta como tal: ¡Cuidado con los escribas! No todos serán como los que describe Jesús, pero parece que esto es una tónica dominante.

Esto, por una parte. Y acto seguido asistimos a una escena encantadora: la viuda pobrecita, aquella sencilla mujer que, sin criticar a nadie, echó para Dios en la hucha del templo todo lo que llevaba en el bolsillo. Era muy poco, pero era todo.

Hay un punto de unión entre las dos partes del Evangelio de este domingo, y es precisamente la mención de la viuda. Devoran los bienes de las viudas, dice Jesús en sus palabras contra los escribas, y ahora viene justamente la escena de la viuda. Vamos a detenernos primero en esta escena maravillosa de la viuda alabada por el Señor.

 

2. Todos somos sensibles a las cosas bellas de la vida, pero hay, en ocasiones, una belleza divina, escondida, que quizás no sepamos apreciar. Jesús y sus discípulos acompañantes están en el área del templo, delante del arca de las ofrendas. Va pasando la gente y van echando sus ofrendas. Y hay cosas que se notan. Muchos ricos echaban mucho, cuenta el Evangelio. Y he aquí que pasa una sencilla mujer, una viuda. Sus vestidos la delatan. Y esta he echados dos moneditas.

Se diría que para los ingresos del templo esas dos moneditas ni van ni vienen; no aumenta el caudal. Es igual que las eche o que se las guarden. No es este el comentario de Jesús, sino que el Señor se ha quedado impresionado. Seguramente que no ha podido decirle nada: ¿Muy bien, señora, felicidades!

Cuántas cosas hermosas vamos viendo en el camino de la vida, que tocan las fibras sensibles del corazón, y que no tenemos ocasión de decirles a sus autores: Qué hermoso hacer así.

Hoy, si supiéramos el nombre de aquella mujer podríamos ponerla en los altares, porque Jesús ya la ha bendecido. Esta mujer sencilla, de la que no sabemos más que esta anécdota, es la digna representante de tantas personas sencillas como ella que llenan la Iglesia de hermosura.

Hoy recordamos a la viuda de Sarepta, la que socorrió al profeta Elías, también con todo lo que tenía. Es un ejemplo.

 

3. Pero de aquella acción Jesús sacó un Evangelio para nosotros. San Marcos nos lo cuenta: 43 Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. 44 Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Esta mujer, que recibe todo el aplauso de nuestro corazón, nos da una santa envidia. Jesús  nos dice que ha dado “todo” lo que tenía para vivir. El domingo pasado escuchábamos al Señor cuando nos recordaba que Dios es nuestro Dios y que hay que amarle con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas; no con la mitad ni con las tres cuartas partes: con todo. Pues he aquí el ejemplo. Esta mujer, que a lo mejor era analfabeta, es una mujer que ama a Dios con todo el corazón.

Esta mujer, que a lo mejor está representando a nuestra propia madre, nos está enseñando cómo hay que amara Dios: desde la sencillez y la humildad, desde el anonimato, con todo lo que yo tengo para vivir. La iglesia es grande y permanece incólume, porque  unca han faltado ni van a faltar amadores de este estilo.

Hermanos, el amor, si es verdadero, es amor total y amor gratis. Amor total, sin reservarse nada; amor para siempre. Y amor gratis, no esperando un pago.

Hoy la Iglesia está viviendo momentos de mucha tribulación y necesita más que esas inteligencia críticas, que nos quieren dar lecciones de cómo hay que cambiarlo todo al compás de un mundo nuevo que se nos ha echado encima (análisis que, por otra parte, no despreciamos), hoy la Iglesia necesita de esos amadores – lo mismo hombre que mujeres – que en la humildad y el anonimato, estén dispuesto a amar del todo y toda la vida, sin pretender negociar con el amor y recibir pro ello una fama u otro beneficios: amor total y gratis; servir al hombre, al necesitado, y dejar que Dios disponga lo demás: las obras que permanecen y las que pasan; los nombres famosos y los que quedan en el olvido. La viuda del Evangelio, alabada por Jesús, días antes de la muerte en cruz, es para nosotros guía y modelo: dar a Dios todo lo que tenemos para vivir.

 

3. Y frente a esta escena, tenemos el aviso del Señor: Cuidado con los escribas. Los escribas con los doctos, los que han estudiado la Ley, los que saben interpretar las Escritura, los guardianes de la fe y las buenas costumbres, los maestros que deben guiarnos por el camino de la salvación. ¡Cuidado con los escribas!, dice Jesús. ¿Por qué? Porque su posición privilegiada les ha hecho caer en el orgullo, que es el peor enemigo de Dios. Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, 39 buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes.

Las palabras de Jesús, como son vivas y vivificantes no son palabras de ayer para que saquemos consecuencias hoy. Son palabras vivas que nos las está diciendo hoy a nosotros. Y así, por ejemplo, a los que tenemos como oficio predicar el Evangelio: ¡Cuidado con lo que decís! Solo podéis hablar desde la humildad y la sinceridad de nuestra vida, desde la oración y el humilde deseo de hacer bien a los demás; nunca jamás desde la prepotencia y el orgullo, que tan fácilmente se nos puede filtrar.

 

Vamos a terminar mirando a Jesús. Él es nuestro Sumo Sacerdote que ha entrada en el cielo. Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, para salvar a los que lo esperan (Heb 9,28).

 

Señor Jesús, en ti ponemos toda nuestra confianza. En medio de los caminos inseguras de nuestra vida, condúcenos. Que tu humildad traspase toda nuestra vida. Protege a tu santa Iglesia, dentro de la cual nos has elegido, y guárdala en el amor total y para siempre. Amén.

 

Madrid, viernes 5 noviembre 2021.