domingo, 10 de abril de 2022

 

1756. La gracia del Domingo de Ramos – Himno de entrada

Toda la Iglesia ha acudido


Lo que la Iglesia celebra el Domingo de Ramos no es la simple memoria de lo que un día pasó en el monte de los Olivos y en la vaguada del Cedrón. Celebramos una realidad viva, presente y operante. Nuestras celebraciones son “sacramentales”. Quiere decir que el “signo”, lo visible, la escenografía y el simbolismo de nuestros gestos esconden real y verdaderamente una realidad superior que opera por la virtud divina. No celebramos propiamente el que un día Jesús “entró” en Jerusalén, por una decisión personal que él tomó (como hemos explicado en la homilía); celebramos el hecho real de que hoy, aquí, ahora Jesús “entra” en su Iglesia. Los corazones la viven según la inspiración y el impulso del Espíritu.

Para la familia franciscano, en la cual el carisma de hermanos y hermanas como carisma del Espíritu es el mismo, la celebración del Domingo de Ramos tiene una significación especial, por cuanto que es el día del Nacimiento de la vocación y consagración de Clara en la Iglesia. He aquí la página que para la posteridad nos ha legado Fray Tomás de Celano en la Legenda de santa Clara.

 

Cómo, convertida por el bienaventurado Francisco,

pasó del siglo a la religión

7. Muy pronto, para que el polvo mundano no empañe en adelante el espejo de aquella alma intacta ni el contagio de la vida secular fermente su juventud ázima, el piadoso padre se apresura a sacar a Clara del siglo tenebroso.

Se acercaba el día solemne de Ramos cuando la doncella, fervoroso el corazón, fue a ver al varón de Dios, inquiriendo el qué y el cómo de su conversión.

Ordénale el padre Francisco que el día de la fiesta, compuesta y engalanada, se acerque a recibir la palma mezclada con la gente y que, a la noche, saliendo de la ciudad, convierta el mundano gozo en el luto de la pasión del Señor.

Llegó el Domingo de Ramos. La joven, vestida con sus mejores galas, espléndida de belleza entre el grupo de las damas, entró en la iglesia con todos. Al acudir los demás a recibir los ramos, Clara, con humildad y rubor, se quedó quieta en su puesto. Entonces, el obispo se llegó a ella y puso la palma en sus manos. A la noche, disponiéndose a cumplir las instrucciones del santo, emprende la ansiada fuga con discreta compañía. Y como no le pareció bien salir por la puerta de costumbre, franqueó con sus propias manos, con una fuerza que a ella misma le pareció extraordinaria, otra puerta que estaba obstruida por pesados maderos y piedras (4).

8. Y así, abandonados el hogar, la ciudad y los familiares, corrió a Santa María de Porciúncula, donde los frailes, que ante el pequeño altar velaban la sagrada vigilia, recibieron con antorchas a la virgen Clara. De inmediato, despojándose de las basuras de Babilonia, dio al mundo «libelo de repudio»; cortada su cabellera por manos de los frailes, abandonó sus variadas galas.

Ni hubiera estado bien que la Orden de florecientes vírgenes que surgía en aquel ocaso de la historia se fundara en otro lugar que en el santuario de quien, antes que nadie y excelsa sobre todas, fue ella sola juntamente madre y virgen. Éste es el mismo lugar en el que la milicia de los pobres, bajo la guía de Francisco, daba sus felices primeros pasos; de este modo quedaba bien de manifiesto que era la Madre de la misericordia la que en su morada daba a luz ambas Órdenes. En cuanto hubo recibido, al pie del altar de la bienaventurada María, la enseña de la santa penitencia, y cual si ante el lecho nupcial de esta Virgen la humilde sierva se hubiera desposado con Cristo, inmediatamente san Francisco la trasladó a la iglesia de san Pablo, para que en aquel lugar permaneciera hasta tanto que el Altísimo dispusiera otra” (Legenda, nn. 7-8).

 

Al hacer nuestra celebración fraterna de forma sencilla (la celebración solemne, con el pueblo, será parroquial), tomamos la “Forma tercera (del Misal): Entrada breve”. “Mientras el sacerdote se dirige al altar, se canta la antífona de entrada [n. 18] u otro canto que haga alusión a la entrada del Señor”.  Proponemos el Himno compuesto para la ocasión.

(Nota. Puede verse el Himno, con su explicación: En Betfagé nos unimos (compuesto en Belén, 1985), de RUFINO MARÍA GRÁNDEZ (letra) – FIDEL AIZPURÚA (música), capuchinos, Himnario de las Horas. Editorial Regina, Barcelona 1990, pp. 59-64. En:https://www.mercaba.org/Espiritualidad/Rufino/CUA/VI_Domingo_de_Ramos.htm)

 

1. Toda la Iglesia ha acudido,

al eco de tus deseos,

oh Jesús que nos convocas

a celebrar tu trofeo

de amor en cruz que se entrega

recibido en sacramento.

 

2. La humilde cabalgadura

aguardaba este momento,

que en esta entrada divina

se inaugura el nuevo Reino:

la paz y el amor venían

sin armas en un jumento.

 

3. Y en homenaje de amor

nuestros mantos por el suelo,

cual rendidos corazones

a ti, Jesús Nazareno,

te digan que eres el Rey

y el Evangelio es tu cetro.

 

[Hermanas de la Orden de Santa Clara:

Llamadas a ser esposas

de quien nos da anillo y velo,

hermanas pobres por siempre

como Clara ser queremos.

Tú serás nuestra belleza

y el solo merecimiento.]

 

4. Unidos en la pandemia,

que  nos hace más fraternos,

a ti, Señor, proclamamos

Rey de reyes indefenso,

Rey del amor a los pies,

cuyo imperio es verte siervo.

 

5. Entra Jesús, en tu Iglesia,

Esposa de tus anhelos,

Jerusalén de tus lágrimas,

y de tu gozo secreto;

el amor que tú le diste

florecerá en el silencio.

 

6. ¡Bendito tú, que te acercas,

Hijo de Dios verdadero!

Sea tu Misericordia

gloria divina en los cielos.

Y en esta ruta contigo

Sea energía y consuelo. Amén.

 

(Pamplona, Víspera de Domingo de Ramos, 9 abril 2022 – Fr. Rufino María Grández)

viernes, 8 de abril de 2022

1755. Domingo de Ramos 2022.– Jesús entra como rey de amor en la ciudad santa de Jerusalén

 


Jesús entra como rey de amor en la ciudad santa de Jerusalén

Lc 19,28-40


Texto evangélico:

28 Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén. 29 Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos, 30 diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente; al entrar en ella, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado nunca. Desatadlo y traedlo. 31 Y si alguien os pregunta: “¿Por qué lo desatáis?”, le diréis así: “El Señor lo necesita”». 32 Fueron, pues, los enviados y lo encontraron como les había dicho. 33 Mientras desataban el pollino, los dueños les dijeron: «¿Por qué desatáis el pollino?». 34 Ellos dijeron: «El Señor lo necesita». 35 Se lo llevaron a Jesús y, después de poner sus mantos sobre el pollino, ayudaron a Jesús a montar sobre él. 36 Mientras él iba avanzando, extendían sus mantos por el camino. 37 Y, cuando se acercaba ya a la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto, 38 diciendo: «¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas». 39 Algunos fariseos de entre la gente le dijeron:

«Maestro, reprende a tus discípulos». 40* Y respondiendo, dijo: «Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras».

Hermanos:

 1. El Domingo de Ramos tiene en la celebración cristiana de la sagrada liturgia un doble colorido: domingo de gloria al ver a Jesús entrando como rey de amor en la ciudad santa de Jerusalén, coreado por los discípulos que le aclaman, entrada que él mismo ha provocado; domingo de dolor, porque todos los años, en este día, se lee en la misa un relato de la Pasión del Señor.

En esta homilía, con la gracia de Dios, queremos acercarnos a ese primer misterio de gloria, que nos revela la conciencia y la figura que Jesús tiene de sí mismo, la que él tuvo y la que ha perdurado por los siglos hasta hoy.

El relato de san Lucas nos da fres claves, que son tres haces luminoso para llegar al corazón del misterio:

- la entrada

- la replica contundente a quienes quiere apagar ese entusaismo espiritual que Jesús provoca,

- y las lágrimas de Jesús, bajando por la pendiente de los Olivos y teniendo ante los ojos la Ciudad santa de David que se yergue con la Puerta Oriental.

 

2. Maestro, reprende a tus discípulos». (Que se callen) 40 Y respondiendo, dijo: «Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras.

Nunca Jesús había pedido un homenaje a su persona; nunca había hecho un signo portentoso en beneficio de su propia gloria, como desafiando a ssu enemigos.

En su doctrina para él y los suyos hay una dominante: El que quiera ser el primero, que sea el último de todos. Jesús nunca ha utilizado el poder o la fama como una palanca apostólica.

Él ha concebido su vida como un camino hacia Jerusalén, es decir como un camino hacia el rechazo y la muerte. Pero la vida tiene sus momentos, que Dios mismo va marcando, como historia suya; y callarse cuando hay que hablar e cobardía. Y hoy es el día: si estos callan, gritarán las piedras.

Hay unas viejas sentencias bíblicas bien conocidas del sabio Eclesiastés o Qohélet:

“Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo:

Tiempo de nacer, tiempo de morir; | tiempo de plantar, tiempo de arrancar;

tiempo de matar, tiempo de sanar; | tiempo de destruir, tiempo de construir;

tiempo de llorar, tiempo de reír; | tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar;  tiempo de arrojar piedras, tiempo de recogerlas; | tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse” (Qo 3,1-5).

 

3. Jesús, en su oración, ha visto y vivido su entrada en Jerusalén como algún día después verá la preparación de la Cena Pascual. Id a la aldea de enfrente, encontraréis un pollino que nadie ha montado todavía…; el Señor lo necesita.

Y se organiza de este modo un homenaje que es una liturgia celestial de glorificación a Dios por todo loq que había hecho con sus Hijo, por todos los milagros de amor que él había derramado en este mundo. Esta liturgia es semejante, es continuadora de aquella primera liturgia de la Encarnación cuando el Niño nació en la campiña de Belén, donde pastoreó David: «¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas. 

4. Hermanos: Estamos ante el cierre de la vida de Jesús. Este es el balance espiritual que hace ante la presencia del Padre en la misión que se le ha confiado. La gente sencilla lo ha amado y lo ha recibido. El amor ha triunfado.

Pero hemos de saber, hermanos, que para ponderar el triunfo de Jesús, hemos cortado el relato. La verdad completa de lo que pasó es que el día del triunfo fue el día de las lágrimas.

Sigue el Evangelio de san Lucas:

 41 Al acercarse y ver la ciudad, lloró sobre ella, 42 mientras decía: «¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos. 43 Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, 44 te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra.

Porque no reconociste el tiempo de tu visita».

Aquel día lloró Jesús. Tres veces nos hablan los textos sagrados de las lágrimas de Jesús. Lloró ante la tumba de su amigo Lázaro, y la gente comentó: ¡Cuán lo quería! Llora hoy al ver la guerra que dentro de unos años va a destruir su ciudad querida, y llorará en el Huerto de los Olivos. Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial (Heb 5,7).

Lágrimas de Jesús, recogidas por el Padre, que hoy quisiéramos verter ante todas esas terribles muertes inocentes que estamos contemplando.

5. Hermanos, Semana Santa es la Semana de la Pasión del Señor. Acabamos de entrar. Son misterios de amor que nunca alcanzaremos a comprender; misterios de amor para meditar con agradecimiento y para responderlos con la misma moneda de amor. Amor con amor se paga.

Señor Jesús, te pedimos que estos días santos sean de meditación, de acción de gracias y de amor. Sálvanos por tu santísima Pasión. Y mueve los corazones de los hombres para que caminemos por el camino del amor que tú nos has mostrado.

Pamplona, viernes de la V semana de Cuaresma, 8 abril 2022