1905. Dom XVIII A – 6 de agosto: Transfiguración del Señor
Mt 17, 1-9
Texto
1 Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. 2 Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. 3 De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. 4 Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». 5 Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. 7 Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis». 8 Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. 9 Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».
Hermanos:
1. Vamos leyendo este año, capítulo tras capítulo, este año el Evangelio de san Mateo, y hoy no tocaba el capítulo 17, que acabamos de escuchar, sino el 14. Esto requiere una aclaración muy sencilla: que hoy es domingo, sí, yes día 6 de agosto, una fiesta del Señor: la Transfiguración de Jesús, Una fiesta que nos ha llegado de Oriente y que la Iglesia, desde hace tantos siglos, ha querido respetar. Las lecturas correspondientes a la Transfiguración del Señor no estropean el domingo; al contrario, lo embellecen, porque el Domino es siempre la celebración del misterio pascual de Jesús: su muerte y su resurrección, y, como lo vamos a ver, en el misterio de la Transfiguración tocamos al vivo este misterio total del Señor.
2. “Seis días después”, así comienza el relato. ¿Después de qué? Después de que Jesús había lanzado el primer anuncio de su Pasión, tras la confesión de Pedro. “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”, le había dicho Pedro por revelación de mi Padre que está en los cielos.
A partir de aquel momento Jesús comenzó a anunciar abiertamente que el Mesías tenía que padecer mucho, ser rechazado y condenado. No era ese el Mesías que ellos soñaban. Entonces “Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».” (Mt 16,22-23).
Pues seis días después de esta escena Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan y subió al monte.
3. Jesús subió al monte, pero no para transfigurarse, para hacer una representación sagrada y animar a los apóstoles. San Lucas nos aclara cuando explícitamente anota que Jesús subió al monte a orar. Es que lo necesitaba él y los necesitaban sus confidentes. En este momento crucial de su vida Jesús necesitaba orar al Padre; el monte de la Transfiguración, que la tradición ha identificado como el Monte Tabor, y el Monte de los Olivos van a la par: son montes de oración, de lucha y agonía, como todos los tenemos en nuestra vida. Los montes de encuentro con Dios, que los debemos buscar: montes de intimidad. En Jesús esto era habitual: la oración en la noche, la oración en la madrugada antes de salir el sol, la oración en la soledad, la oración en el monte.
Jesús no fue a transfigurarse; el Padre se la concedió, sin él buscarla.
4. Siempre repetimos que el Evangelio es revelación de Jesús. ¿Cuál es la revelación de hoy? La revelación de este suceso es la revelación del misterio total de Jesús, misterio de dolor, misterio de gloria.
En la vida de Jesús todo es revelación de su persona; pero hay ciertos episodios y momentos, en los cuales esta revelación se nos entrega de un modo más claro y total para nuestra comprensión. Así el Bautismo, cuando Jesús se abaja a al condición de los pecadores, y el Padre lo proclama como el Hijo amado; la Transfiguración, que estamos viendo; la entrada a Jerusalén, que él mismo ha organizado; la Santa Cena, en la que vienen a desembocar todos los misterios.
Durante la oración de Jesús apareció algo que nadie esperaba: y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
Jesús es luz, como la luz original del mundo, lo primero que Dios creó para que el mundo fuera mundo e historia. Sin luz la nada es nada; con luz la nada deja de ser nada..
Y continúa el texto sagrado al que nos hemos acercado: De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
A decir verdad, estos dos eprsonales centrales de la historia de salvación del Antiguo Testamento, no vinieron de fuera; vinieron de dentro. Jesús los llevaba consigo; eran parte de su vida, eran su compañía. Y conversaban. San Lucas nos ha dicho de qué conversaban. No conversaban de esos temas que a nosotros nos interesan y dan para decenas de páginas en los periódicos diarios, problemas nacionales y mundiales. Conversaban del Éxodo que se iba a cumplir en Jerusalén; conversaban, pues, de la muerte de Jesús, y de lo que venía tras de la muerte, porque el Éxodo es el paso de una situación a otra.
5. Y ahora es cuando ocurre el éxtasis, la revelación, la adoración:
Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí!
Y la voz del Padre:
Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo.
Ante estas palabras quedamos nosotros como los apóstoles, en adoración.
¿Quién es Jesús? El Hijo amado en quien el Padre halla todas sus complacencias. Sólo de éls e puede decir tales palabras. Pero he aquí que el Padre nos lo entrega, nos hace partícipes de esas delicias: Escuchadlo. Escuchadlo es lo mismo que Obedecedle, seguidle, todo lo que él ha vivido, todo lo que él ha dicho sea vuestra vida.
Hermanos: Estamos diciendo estas cosas para este domingo en que culmina la Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa. Escuchemos lo que diga el Papa a los Jóvenes en la Misa conclusiva de hoy.
Al llegar tuvo un gran discurso ante el Presidente de la República, el Presidente de la Asamblea, el Cuerpo Diplomático, representantes de la sociedad civil y de la cultura. El Papa, como Papa y como papa Francisco, es hoy un líder de prestigio mundial. Allí, como un gran estadista de conciencia cristiana, les decía: “Pongámonos a trabajar, pues, con creatividad para construir juntos. Imagino tres laboratorios de esperanza en los que todos podemos trabajar juntos: el medio ambiente, el futuro y la fraternidad” . Y desarrolló estos tres temas.
Hoy en la Eucaristía, ante los miles y miles de jóvenes creyentes que van a recibir a Jesús en la comunión, y antes los pies de la Virgen María que, como en el misterio de la Visitación vino hace un siglo a visitarnos visitando a Portugal en Fátima, el Papa nos va a decir que en Jesús, precisamente en Jesús, muerto y resucitado, está nuestra felicidad y la respuesta esperanzada a todos los problemas. Ese y no otro es el verdadero mensaje cristiano.
Hermanos, miremos a Jesús. Pedro, en la segunda carta, lo recordará.: “ él recibió de Dios Padre honor y gloria cuando desde la sublime Gloria se le transmitió aquella voz: «Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido». Y esta misma voz, transmitida desde el cielo, es la que nosotros oímos estando con él en la montaña sagrada” (2Pe 3,17-18).
El rofeta Daniel contempló en una visión celestial:
“Seguí mirando. Y en mi visión nocturna | vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo. | Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia.
A él se le dio poder, honor y reino. | Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron. | Su poder es un poder eterno, no cesará. | Su reino no acabará” (Dan 7.13-14).
Señor Jesús, la fe me lleva hasta tu divina presencia. Tú estas presente, porque vives, y te puedo contemplar, transfigurado en la intimidad de la oración, y en los acontecimientos de la vida, porque tú eres el Viviente, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Pamplona, sábado, 5 agosto 2023.