La mayor revelación que ha llegado del cielo a la
tierra es esta: Dios me ama. Y tiene
razón Aristóteles, cuando dice: Dios no
ama. Lo recordaba Benedicto XVi, al escribir su primera encíclica “Dios
es amor, Deus caritas est”: “La
potencia divina a la cual Aristóteles, en la cumbre de la filosofía griega,
trató de llegar a través de la reflexión, es ciertamente objeto de deseo y amor
por parte de todo ser —como realidad amada, esta divinidad mueve el mundo—,
pero ella misma no necesita nada y no ama, sólo es amada” (Metafisica XII,7).
Dios no ama, no puede amar, porque el que ama es un indigente de amor, y Dios
no necesita nada.
Pues eso es la revelación: que Dios ama; mejor
dicho, porque el amor es siempre concreto, “Dios me ama”, hasta morir de amor,
morir de amor por mí. Esto es un disparate y una locura infinita. Pues esto es
el amor de Dios, y cada ser humano vale lo que vale el amor de Dios a él.
San Pablo llegó a decir: “Estoy crucificado con
Cristo; 20vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi
vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se
entregó por mí” (Gal 2,19-20).
Aquí se desquicia toda filosofía. Me amó y se
enetregó por mí. Dios muere en Jesús por amor a mí. Es el amor infinito vertido
en mi historia finita. Nadie lo puede entender, porque es revelación de fe.
Pero el amor de Dios es ese.
No será irrespetuoso cantar unas “letrillas de
amor” en torono a ese Amor infinito.
Nuestra homilía ha girado en torno a dos frases o
dos mensajes del texto de este Domingo V de Pascua (Jn 15,1-8):
- Yo soy la verdadera vid, y mi
Padre es el labrador (v. 1- Yo soy la vid, vosotros los sarmientos (v. 5).
Es un texto contemplativ0; y en él la palabra
“permanecer” aparece 7 veces. Jesús nos quiere llevar, a
través de él, hasta el Padre. El Padre, morada permanente de Jesús, es lo
infinito, que abarca cielo y tierra, física y psicología, proyecto y destino.
El Padre es el summum de nuestra peregrinación, y Jesús nos dice que ya está,
que el que ha visto a él ha visto al Padre, como le dijo a Felipe. Él nos pide
solo una cosa: “permanecer”. Este es el contenido de esta aspiración que
tratamos de poner en verso y también - ¡ojalá! – en poesía.
Yo soy la
vid, nos decía, y mi Padre
está conmigo; mi Padre es
el viñador de este
viñedo escogido.
Si un racimo
no da fruto, porque a mí
no estaba unido, lo corta y
lo tira afuera como a sarmiento
perdido.
Ay de aquel
que no da fruto que será
cual desperdicio, y juntos los
desechados arderán en
su suplicio.
Pero a aquel
que fructifica lo hiere con
corte y filo para que
arroje más fruto unido a mi
sacrificio.
Soy
sarmiento de mi vid y de su
savia yo vivo y de esa
savia vital en racimo
fructifico
Oh que
hermoso y qué sabroso el racimo
esclarecido, mas no lo
digáis a mí, que de una
cepa he surgido.
Cantadle a
la cepa fuerte, que ha
engendrado tales hijos, y con verdes
vestimentas embellece el
colorido.
Viñedos de
nuestras tierras, que a Jesús
han conmovido, y ha tejido
alegorías con su
secreto divino.
Yo soy la
vid, él proclamaba, lo ha dicho
y lo ha repetido, y vosotros
los sarmientos de mi seno
nutritivo.
Soy su racimo, y un día seré su copa
de vino, para brindar
en la Iglesia a gloria de
Jesucristo.
Permaneced:
su consigna, permaneced
en mí mismo, como yo con
el Padre somos un
solo designio.
El Padre y
yo con vosotros somos un
trío fundido, porque el
amor unifica cielo y
tierra en un latido.
El cielo es
mansión ya vuestra y el Padre
no es un vecino, el Padre es
cielo y visión es plenitud
y respiro.
Vivir en
Dios aquí abajo es haberlo
conseguido, es vivir
divinamente como hijos
del Altísimo.
Permaneced,
solo eso, que es un
coloquio continuo, creatura y
Creador en un abrazo
divino.
En el trajín
cotidiano y en los
momentos más íntimos, la vida
fluye la misma: es su
aliento que transpiro.
Mi horizonte
y mis proyectos hasta el
cielo han transcendido, y por la vid
comprendí que lo
divino es sencillo.
Permaneced,
solo así, solo así que
él me lo dijo, porque todo
lo demás a él, Jesús,
lo confío.
Ya mi vida
es un milagro en la paz
del paraíso, el dolor y
la alegría son del
mismo manantío.
Por eso,
pedid sin miedo, y obtendréis
vuestro pedido…, pues al
pedir solo quiero lo que él me
ha conseguido.
Soy, Jesús,
en tu presencia de amor
pensado y nacido y vivir en
el amor es vida y rumbo legítimo.
Gracias, oh
revelación, por cuanto
aprendo a tu oído, y sean las
Escrituras mis
manantiales y ríos. Amén, aleluya.
1Yo soy la
verdadera vid, y mi Padre es el labrador.
2A todo sarmiento
que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé
más fruto. 3Vosotros ya estáis limpios por la
palabra que os he hablado; 4permaneced en
mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no
permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
5Yo soy la vid,
vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto
abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. 6Al que no
permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen
y los echan al fuego, y arden. 7Si permanecéis
en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se
realizará. 8Con esto recibe gloria mi Padre,
con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.
Hermanos:
1.
Estamos en el domingo V de Pascua; ya hemos pasado la raya de la mitad de los
cincuenta días de Pascua. Hemos contemplado a Jesús Resucitado en sus
apariciones, primeros tres domingos pascuales; hemos escuchado a Jesús Buen Pastor
que guía a su Iglesia, así el domingo pasado; y hoy y los domingos siguientes
vamos a escuchar palabras de despedida que Jesús dice en la Cena.
La
primera lectura es de los Hechos de los Apóstoles, y en Pascua nunca se lee el
Antiguo Testamento, para significar que las promesas están cumplidas; los
Hechos de los Apóstoles nos cuentan cómo nace la Iglesia comenzando en
Jerusalén, cómo se va expandiendo por las regiones vecinas hasta llegar a Roma,
donde se acaba el libro, sin llegar a narrar el martirio de Pedro y de Pablo.
En estas lecturas de los Hechos vamos viendo cómo vive en unidad la Iglesia en
Jerusalén, cómo nacen los ministerios al servicio de la caridad, cómo comienza
la misión, cómo llega a los confines de la tierra.
Centrémonos
en el Evangelio.
2.
El Evangelio de san Juan, sin querer hacer de menos a ninguno de los Evangelios
anteriores, que ya estaban escritos, adopta un tono distinto. Jesús habla con
graves sentencias, en un estilo de revelación, de entrada a un conocimiento
misterioso que se ofrece a los iniciados, a nosotros que hemos recibido el
Espíritu Santo en el bautismo. Para uno que no es creyente y discípulo de
Jesús, seguramente que el Evangelio de san Juan no le dice nada. Le parecerá
como una elucubración espiritual, digna de respeto, y casi como un libro
esotérico. Tampoco podrá aceptar los otros tres libros que nos hablan de la
vida de Jesús. Pero el Cuarto Evangelio, así llamado el Evangelio de san Juan, tiene
ese carácter de revelación que trae Jesús.
3.
La alegoría de la vid es justamente eso. Es la revelación de la intimidad de
Jesús con el Padre – tema que atraviesa todo el Evangelio – intimidad a la que
somos invitados todos nosotros, sus discípulos. Jesús vive en unidad plena con
el Padre, hasta el grado de decir: “Yo y el Padre somos uno”, y nosotros de
hemos de vivir en unidad y fusión con Jesús, “permaneciendo” en él y a través
de él con el Padre. “Permanecer” es una palabra que se repite hasta siete veces
en la sección de este Domingo.
Este
pasaje de hoy podemos resumirlo en dos frases o mensajes centrales:
Jesús
es la Vid y mi Padre es el viñador.
Jesús
es la Vid y nosotros los sarmiento.
Tratemos
de recibir lo que el Señor nos quiere comunicar. Bien es cierto que cada uno
recibe la Palabra de Dios con unos perfiles que quizás el otro ni los puede
sospechar.
1Yo soy la verdadera vid, y mi Padre
es el labrador. El labrador, exactamente
el que trabaja la tierra, en este caso el que cultiva la viña, el viñador. Nunca
se le había dado a Dios este nombre.
Jesús es la vid
“verdadera”. Pero ¿es que hay alguna vid que sea falsa? La vid o es lo que es o
no es vid. Al decir “verdadero” Jesús nos quiere elevar a otro plano de
realidades. Lo mismo cuando nos dice que él es el verdadero pan de la vida. El pan
de la mesa es pan, de mejor o peor calidad, pero es pan, pero si nos dice que él
es el pan verdadero, nos quiere hablar de otro pan, de otra alimentación, de
otra vida.
Pues
lo mismo aquí. Jesús es la vid, pero no la vid de estos viñedos. La vid que
cultivan los viñadores nos sirve de referencia para hacer una alegoría de
realidades diferentes, verdaderas y sublimes. Y la primera aplicación que Jesús
hace en esta alegoría es así, hablando el trabajo del Padre: 2A todo sarmiento
que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé
más fruto.
Un
sarmiento que no dé frutos que no dé su racimo, está de sobra: ¡Fuera! Pero si
este sarmiento, si esta vid, está dando fruto, hay que podarla; hay que meterle
la podadera e ir cortando y cortando para que dé fruto. Es muy delicado el
trabajado de podar, y si uno no ha trabajado mucho en la vid no puede ser
podador, porque hará un estropicio. Al podar con la podadera la vid sufre,
pierde en apariencia y hasta se queda fea; pero si no se hace esta tarea, la
vid no dará esos racimos recios y fragantes, a los que está destinada.
3.
Hermanos, la lección es más que evidente. Tiene que venir la podadera en
nuestra vida para que demos frutos sólidos y sabrosos. Los escritos sagrados, y
en concreto la Carta los Hebreos nos dice que Jesús por el sufrimiento humano
aprendió la obediencia y llegó a la perfección; fue “consumado” – esta es la
palabra – por el sufrimiento. Eso le hacía ser hermano nuestro en todo.
A
lo mejor el sufrimiento nos viene por la maldad humana, por la injusticia. No
importa; detrás está la mano de Dios. Hace falta mucha fe para verlo así.
Porque a lo mejor hasta tengamos que luchar contra esa injusticia que no
debiera existir.
Otras
veces el sufrimiento viene sin saber por qué, sin culpa de nadie: un niño que
nace con una malformación de unos padres ejemplares en todo sentido; un cáncer
en el cuerpo, sin ningún abuso de comida o bebida que pueda explicarlo. ¿Por
qué, por qué, Dios mío? Un abandono que se ha producido, una muerte que nadie
esperaba. ¿Por qué, Dios mío? ¿En qué te he ofendido? No es eso; Dos te ha
sometido a la prueba porque te ama y quiere que des más fruto: que tu fe sea
más pura, que tu amor sea más entregado.
Esto
es, pues, una primera aplicación de la alegoría. Pero sigamos más adentro, que no
es menos importante.
4.
5Yo soy la vid,
vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto
abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Esa es la segunda parte de esta alegoría.
Hasta
podríamos decir que todo el Evangelio de san Juan gira en torno a este
pensamiento: nuestra unión total en Jesús, para que por nuestra unión con él alcancemos
la unión total con Dios, con el Padre, y así se abre en nuestra vida el mundo infinito
de las realidades divinas. Quien a Dios
tiene, nada le falta; solo Dios basta, escribió en unos versos sencillos
santa Teresa, que sin duda los cantaban las hermanas.
El
sarmiento sin la cepa es nada, porque de la cepa recibe la savia que va a nutrir
los racimos. El cristiano, separado de Jesús, es nadie, porque sin mí no
podéis hacer nada.
Esta
unión con Jesús tiene dos características:
Es
a una unión recíproca: yo con él y él conmigo. ¿Es un matrimonio? Es más; el
poder divino que nos une nos compenetra totalmente, como no puede acontecer en
ningún matrimonio de la tierra.
Y
además Jesús nos da una palabra que repite y repite. Esta unión se llama
“permanecer”. Es una unión que lo unifica todo y da pleno sentido a nuestra
vida, pues Dios lo envuelve todo.
Acaso
estamos empleando un lenguaje que llamarán místico, pero la realidad es así.
Pero
aquí no termina. Hay una aplicación o derivación increíble: 7Si permanecéis en
mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
¿Esto
quiere decir que si yo tengo un ser querido muy enfermo y pido la curación, esa
curación se va a producir? No es precisamente ese el sentido, porque quizás esa
misma enfermedad, e incluso la muerte, es una gracia especialísima que Dios le
está concediendo. Lo que Jesús nos está diciendo es que si hay entre él y yo
una unión perfecta, han desaparecido todos los miedos, y sus quereres son los
míos y los míos los suyos. Cuando hay plena confianza no hay permisos que
pedir. Tú ya sabes que puedes disponer de lo mío, como tuyo. Esto es lo que
Jesús nos está diciendo.
Hermanos,
estamos hablando no con un lenguaje moralizador, sino con un lenguaje de
perfectos. Pero estamos leyendo simplemente el Evangelio que la Iglesia nos
propone.
Terminemos
simplemente.
Señor Jesús, tú eres la
vid y yo soy el sarmiento unido a ti. Que nunca me separe de ti, para que mi
vida sea un racimo sabroso para deleite tuyo, mío, y de mis hermanos. Amén,
aleluya.
Hoy, 25 de abril, es la fiesta de San Marcos
evangelista. No fue apóstol, uno de los doce, pero sí fue apóstol misionero,
muy apreciado, compañero de Pablo y de Bernabé.
Los Hechos de los Apóstoles nos hablan de él en el
capítulo 12 (v. 11 y v. 25)) y especialmente en el capítulo 15, 37-41.
Las cartas de san Pablo lo recuerdan en tres
ocasiones:
Col 4,10:10 Os saluda Aristarco, que está preso
conmigo, y Marcos, el primo de Bernabé. Ya tenéis instrucciones sobre él: en
caso de que vaya a visitaros, recibidlo
2 Tim 4,9: Lucas es el único que está conmigo.
Toma a Marcos y tráelo contigo, pues me es útil para el ministerio.
Filemón 23 Te saludan Epafras, compañero de
prisión por Cristo Jesús; 24 Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis
colaboradores.
Es particularmente significativo el texto de la
primera Carta de Pedro, que es un pasaje que se lee en la liturgia de hoy en
una extensión bastante amplia: 1 Ped 5 . 13 Os saluda la comunidad que en
Babilonia* comparte vuestra misma elección, y también Marcos, mi hijo”.
Todos los cuatro Evangelio tienen el mismo valor
para nuestra fe en Jesús, pero cada uno tiene su particular característica.
Marcos, considerado el más antiguo, fuente para Mateo y Lucas, los cuales
tuvieron también otras tradiciones (en especial, la llamada fuente Q de dichos
de Jesús), tiene el encanto de la simplicidad y profundidad. Desde la primera
línea, y a modo de título, llama a Jesús, el Mesías, HIJO DE DIOS.
Queremos saborear esta dulzura escondida y esta
profundidad sin fondo que encontramos en el Evangelio de San Marco. Para ello
van estos versos, este romancillo espiritual.
Evangelista san Marcos
que comienza el Evangelio
llamando Hijo de Dios
a este Jesús Nazareno.
Si en cada línea no lees
este título primero,
no entenderás lo que
escribo
como vocero de Pedro.
De Pedro y la Iglesia
entera,
recogiendo lo que
encuentro,
yo testigo, fiel testigo,
escritor y misionero.
***
El sencillo evangelista
comienza abriendo el
sendero,
con el austero Bautista
que viste piel de camello.
El que bautiza con agua
anuncia el Bautismo nuevo,
el Bautismo del Espíritu
para el mundo venidero.
Viene Jesús al Jordán,
se hace el milagro más
bello:
Tú eres mi Hijo, el amado,
y eres mi gozo perfecto.
Al impulso del Espíritu
Jesús se marcha al desierto,
porque ha de estar con el
Padre
para el anuncio del Reino.
Sale Jesús proclamando:
Ya se cumplieron los
tiempos,
e irrumpe el Reino de Dios,
rendíos a él creyendo.
Junto al lago vio
discípulos
y ellos fueron los
primeros,
y anunció en Cafarnaúm
el final del viejo
imperio.
Empezaron los milagros,
curando Jesús a enfermos,
y aquella tarde inicial
fue una avalancha sin
cuento.
Era él, haciendo el bien;
las sinagogas y cerros
contemplaron maravillas,
aunque imponía silencio.
Fue aclamado con fervor,
mas no por los fariseos,
que su palabra rompía
todos los lazos estrechos.
Son puras todas las cosas
dijo el divino Maestro,
si el corazón está puro
sin maldad y sin veneno.
Su vida pura y preciosa,
que hizo el Nuevo
Testamento
terminó en Eucaristía,
que nos dejó en su
recuerdo.
Y la Pasión dolorosa
al amor le puso el sello;
era verdad lo que dijo,
Hijo de Dios verdadero.
No termina en el Calvario
el Jesús en quien creemos,
hay un sepulcro vacío
que grita que está en los
cielos.
Y al final dijo Jesús:
Lanzaos al mundo entero,
y este mensaje de amor
predicadlo al Universo.
***
Qué alegría para el alma
tomar con los propios
dedos
las palabras que san
Marcos
escribió del Hijo eterno.
Aquel Jesús que vivió
donde hoy hay tanto fuego,
no se perdió en el pasado,
sino que vive y o siento.
Leer las sagradas páginas
es divino sacramento,
porque una presencia viva
está oculta en lo que leo.
Gracias, san Marcos
querido
por el regalo que has
hecho,
yo te bendiho gozoso
y seguiré bendición.
Tu Evangelio es un lesoro,
y al escucharlo lo beso;
es un torrente de gracia
y ha de ser mi compañero. Amén, aleluya.
Cuautitlán
Izcalli, 25 abril 2024, San Marcos
Evangelista
La resurrección de Jesús se acopla
divinamente al Cantar de los Cantares, libro que la Iglesia lee en Navidad
cantando los amores del esposa: “…el Cantar de los cantares, en el que se
prefigura la unión Dios y el hombre en Cristo: “Dios Padre celebró las bodas de
Dios su Hijo en el instante en que lo unió a la naturaleza humana en el seno de
la Virgen, cuando el que era Dios antes de todos los siglos determinó hacerse
hombre al final de los tiempos” (San Gregorio Magno, Homilía 43 de los
Evangelios)” (Ordenación Liturgia de las
Horas, 148).
Si se lee en
Navidad, con no menos razón podemos disfrutarlo en Pascua.
El Cantar de los
cantares comienza: “¡Que me bese con los besos de su boca”.En los lances de amor la amada busca al
amado, y dice:
“…buscaré al amor
de mi alma». | Lo busqué y no lo encontré. 3Me encontraron los centinelas | que
hacen la ronda por la ciudad. | —«¿Habéis visto al amor de mi alma?». 4En
cuanto los hube pasado, | encontré al amor de mi alma. | Lo abracé y no lo
solté” (Cant 3,2-4), ¿Cómo no recordar
a María Magdaleno, llorando en busca del Amado. y preguntando a quien cree ser
el hortelano: Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo
has puesto y yo lo recogeré»”
(Jn 20,15)?
Al son del amor,
vayan estos versos, con la convicción de que el amor es lo más verdadero de la
verdad y los santos deseos son las alas del amor.Puedo decir con
sencillez que en su día, hace décadas, compuse “Estaba al alba María, llamándole con sus lágrimas”. Vuelven los
amores, porque el amor no envejece, si es verdadero. Estaba al alba María – yo también – porque era le enamorada.
Que me bese con besos de sus labios en el adentro puro de mi alma, y sienta yo volar hasta su cuerpo sabiendo que mi vida es ya su Pascua.
Que me abrace con brazos amorosos y me aprieta a su carne inmaculada, y haga paz en todos mis sentidos, y sea yo su paz que se derrama.
Que perfume mi cuerpo su perfume y envuélvame y penetre su fragancia, y limpio de pecado, bautizado, mi vida por su gracia sea santa.
Que el aire que le lleva me transporte, el Espíritu Santo de su entraña, ultimidad de Dios en su secreto, y sea espiritual mi historia humana
Que sea yo vidente y su testigo, y mi palabra sea su Palabra, vidente y misionero caminante y vean que si voy es Él quien pasa.
¡Mi Jesús, mi Señor Resucitado, la roca del sepulcro es tu alabanza, trituraste con tu cruz toda maldad y con tu Padre reinas en la Patria! Amén, aleluya.
Cuautitlán Izcalli, martes de la IV semana de Pascua, 23
abril 2024 (Día del Libro, de la Flor, de la Poesía; y en Cataluña Día de San Jordi)