jueves, 2 de mayo de 2024

1972. Letrillas de amor

1972. Letrillas de amor


La mayor revelación que ha llegado del cielo a la tierra es esta: Dios me ama. Y tiene razón Aristóteles, cuando dice: Dios no ama. Lo recordaba Benedicto XVi, al escribir su primera encíclica “Dios es amor, Deus caritas est”: “La potencia divina a la cual Aristóteles, en la cumbre de la filosofía griega, trató de llegar a través de la reflexión, es ciertamente objeto de deseo y amor por parte de todo ser —como realidad amada, esta divinidad mueve el mundo—, pero ella misma no necesita nada y no ama, sólo es amada” (Metafisica XII,7). Dios no ama, no puede amar, porque el que ama es un indigente de amor, y Dios no necesita nada.

Pues eso es la revelación: que Dios ama; mejor dicho, porque el amor es siempre concreto, “Dios me ama”, hasta morir de amor, morir de amor por mí. Esto es un disparate y una locura infinita. Pues esto es el amor de Dios, y cada ser humano vale lo que vale el amor de Dios a él.

San Pablo llegó a decir: “Estoy crucificado con Cristo; 20vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gal 2,19-20).

Aquí se desquicia toda filosofía. Me amó y se enetregó por mí. Dios muere en Jesús por amor a mí. Es el amor infinito vertido en mi historia finita. Nadie lo puede entender, porque es revelación de fe. Pero el amor de Dios es ese.

No será irrespetuoso cantar unas “letrillas de amor” en torono a ese Amor infinito.



 

Yo soy amado por Dios,

así lo creo y lo siento,

y es un divino portento

que pone mi vida en pos.

 

Amado por Dios, mi Padre,

como Jesús era amado,

y el universo a su lado,

sin nada que lo descuadre.

 

Mi Dios es paz y armonía

que mi vida santifica,

cosa grande, cosa chica

todo suena a sinfonía.

 

Dios es amor infinito,

y yo me pierdo en su playa,

y ahora, cuando me vaya,

leerá su manuscrito.

 

Y me va a felicitar,

por su obra y maravilla,

no soy yo, es él quien brilla

como ofrenda de su altar.

 

Mi virtud es la esperanza,

que es la hija del amor,

y un celeste resplandor

hacia sus brazos me lanza.

 

Dios es milagro divino

que se encarna en cada uno;

no me mido con ninguno,

porque yo soy su destino.

 

Puedo sentir sin falacia

su caricia y su consuelo;

soy su Evangelio y anhelo

que él sea en mí todo gracia.

 

Que soy pecador lo sé,

pero es mayor su perdón,

y de todo corazón

suyo soy y lo seré.

 

Y mi vida es celestial,

si estoy leyendo a San Juan,

porque en sus versos están

las aguas del manantial.

 

El amor es vida entera

desde ya en la concepción;

Dios habita en un embrión

como en patria verdadera.

 

No se puede dialogar

en donde la vida empieza,

si amor y vida es certeza

no es posible negociar.

 

Dios es amor, todo amor,

que es igual que caridad,

y en mí su divinidad

me la dio en su Redentor.

 

Quisiera corresponder,

mas al hacerlo no puedo,

que siempre atrás yo me quedo,

y aquí querer no es poder.

 

Amor que de Dios nos viene

es siempre amor excesivo,

amor gratis, sin recibo,

es el amor que nos tiene.

 

No ha de ser merecimiento

el cielo que nos espera;

será la gracia postrera

del padre al hijo sediento.

 

El ser amado y amar

descubrí cual vocación,

y cantando esta canción

al morir quiero cantar.

 

El amor es sencillez,

historia de cada día,

no quiero otra membresía,

ni otro título ni prez.

 

Ya me amas, y más ámame,

- digo el dislate mayor,

Cuerpo de Dios amador - ,

y cuando haya de ir, llámame.

 

Esa es mi vida cristiana,

que en el bautismo empezó,

y hasta el fin quiero ser yo,

yo en Jesús que amando sana.

 

Es Pascua, hermanos, es Pascua

del Señor Resucitado,

sea él glorificado,

y el corazón brasa y ascua.

 

¡Viva Jesús, el bendito,

en cielo, tierra y el mar,

que el mundo se ha de llenar

de ese su gozo infinito!

Amén, aleluya.

Ciudad de México, 2 mayo 2024.

sábado, 27 de abril de 2024

1971. Yo soy la vid, nos decía – Poema espiritual

 Yo soy la vid, nos decía – Poema espiritual

Nuestra homilía ha girado en torno a dos frases o dos mensajes del texto de este Domingo V de Pascua (Jn 15,1-8):

- Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador (v. 1- Yo soy la vid, vosotros los sarmientos (v. 5).

Es un texto contemplativ0; y en él la palabra “permanecer” aparece 7 veces. Jesús nos quiere llevar, a través de él, hasta el Padre. El Padre, morada permanente de Jesús, es lo infinito, que abarca cielo y tierra, física y psicología, proyecto y destino. El Padre es el summum de nuestra peregrinación, y Jesús nos dice que ya está, que el que ha visto a él ha visto al Padre, como le dijo a Felipe. Él nos pide solo una cosa: “permanecer”. Este es el contenido de esta aspiración que tratamos de poner en verso y también - ¡ojalá! – en poesía.

Yo soy la vid, nos decía,
y mi Padre está conmigo;
mi Padre es el viñador
de este viñedo escogido.

Si un racimo no da fruto,
porque a mí no estaba unido,
lo corta y lo tira afuera
como a sarmiento perdido.

Ay de aquel que no da fruto
que será cual desperdicio,
y juntos los desechados
arderán en su suplicio.

Pero a aquel que fructifica
lo hiere con corte y filo
para que arroje más fruto
unido a mi sacrificio.

Soy sarmiento de mi vid
y de su savia yo vivo
y de esa savia vital
en racimo fructifico

Oh que hermoso y qué sabroso
el racimo esclarecido,
mas no lo digáis a mí,
que de una cepa he surgido.

Cantadle a la cepa fuerte,
que ha engendrado  tales hijos,
y con verdes vestimentas
embellece el colorido.

Viñedos de nuestras tierras,
que a Jesús han conmovido,
y ha tejido alegorías
con su secreto divino.

Yo soy la vid, él proclamaba,
lo ha dicho y lo ha repetido,
y vosotros los sarmientos
de mi seno nutritivo.

Soy su racimo, y un día
seré su copa de vino,
para brindar en la Iglesia
a gloria de Jesucristo.

Permaneced: su consigna,
permaneced en mí mismo,
como yo con el Padre
somos un solo designio.

El Padre y yo con vosotros
somos un trío fundido,
porque el amor unifica
cielo y tierra en un latido.

El cielo es mansión ya vuestra
y el Padre no es un vecino,
el Padre es cielo y visión
es plenitud y respiro.

Vivir en Dios aquí abajo
es haberlo conseguido,
es vivir divinamente
como hijos del Altísimo.

Permaneced, solo eso,
que es un coloquio continuo,
creatura y Creador
en un abrazo divino.

En el trajín cotidiano
y en los momentos más íntimos,
la vida fluye la misma:
es su aliento que transpiro.

Mi horizonte y mis proyectos
hasta el cielo han transcendido,
y por la vid comprendí
que lo divino es sencillo.

Permaneced, solo así,
solo así que él me lo dijo,
porque todo lo demás
a él, Jesús, lo confío.

Ya mi vida es un milagro
en la paz del paraíso,
el dolor y la alegría
son del mismo manantío.

Por eso, pedid sin miedo,
y
 obtendréis vuestro pedido…,
pues al pedir solo quiero
lo que él me ha conseguido.

Soy, Jesús, en tu presencia
de amor pensado y nacido
y vivir en el amor 
es vida y rumbo legítimo.

Gracias, oh revelación,
por cuanto aprendo a tu oído,
y sean las Escrituras
mis manantiales y ríos. Amén, aleluya.

Cuautitlán Izcalli, sábado, 27 abril 2024.


Cuautitlán Izcalli, sábado 27 abril 2024.

1970. Dom V B Yo soy la vid y vosotros los sarmiento

1970. Dom V B  Yo soy la vid y vosotros los sarmiento  

Jn 10,8-18

Texto

1Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. 

2A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. 3Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; 4permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 

5Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. 6Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. 7Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. 8Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.

 

Hermanos:

1. Estamos en el domingo V de Pascua; ya hemos pasado la raya de la mitad de los cincuenta días de Pascua. Hemos contemplado a Jesús Resucitado en sus apariciones, primeros tres domingos pascuales; hemos escuchado a Jesús Buen Pastor que guía a su Iglesia, así el domingo pasado; y hoy y los domingos siguientes vamos a escuchar palabras de despedida que Jesús dice en la Cena.

La primera lectura es de los Hechos de los Apóstoles, y en Pascua nunca se lee el Antiguo Testamento, para significar que las promesas están cumplidas; los Hechos de los Apóstoles nos cuentan cómo nace la Iglesia comenzando en Jerusalén, cómo se va expandiendo por las regiones vecinas hasta llegar a Roma, donde se acaba el libro, sin llegar a narrar el martirio de Pedro y de Pablo. En estas lecturas de los Hechos vamos viendo cómo vive en unidad la Iglesia en Jerusalén, cómo nacen los ministerios al servicio de la caridad, cómo comienza la misión, cómo llega a los confines de la tierra.

Centrémonos en el Evangelio.

2. El Evangelio de san Juan, sin querer hacer de menos a ninguno de los Evangelios anteriores, que ya estaban escritos, adopta un tono distinto. Jesús habla con graves sentencias, en un estilo de revelación, de entrada a un conocimiento misterioso que se ofrece a los iniciados, a nosotros que hemos recibido el Espíritu Santo en el bautismo. Para uno que no es creyente y discípulo de Jesús, seguramente que el Evangelio de san Juan no le dice nada. Le parecerá como una elucubración espiritual, digna de respeto, y casi como un libro esotérico. Tampoco podrá aceptar los otros tres libros que nos hablan de la vida de Jesús. Pero el Cuarto Evangelio, así llamado el Evangelio de san Juan, tiene ese carácter de revelación que trae Jesús.

 

3. La alegoría de la vid es justamente eso. Es la revelación de la intimidad de Jesús con el Padre – tema que atraviesa todo el Evangelio – intimidad a la que somos invitados todos nosotros, sus discípulos. Jesús vive en unidad plena con el Padre, hasta el grado de decir: “Yo y el Padre somos uno”, y nosotros de hemos de vivir en unidad y fusión con Jesús, “permaneciendo” en él y a través de él con el Padre. “Permanecer” es una palabra que se repite hasta siete veces en la sección de este Domingo.

Este pasaje de hoy podemos resumirlo en dos frases o mensajes centrales:

Jesús es la Vid y mi Padre es el viñador.

Jesús es la Vid y nosotros los sarmiento.

Tratemos de recibir lo que el Señor nos quiere comunicar. Bien es cierto que cada uno recibe la Palabra de Dios con unos perfiles que quizás el otro ni los puede sospechar.

1Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. El labrador, exactamente el que trabaja la tierra, en este caso el que cultiva la viña, el viñador. Nunca se le había dado a Dios este nombre.

Jesús es la vid “verdadera”. Pero ¿es que hay alguna vid que sea falsa? La vid o es lo que es o no es vid. Al decir “verdadero” Jesús nos quiere elevar a otro plano de realidades. Lo mismo cuando nos dice que él es el verdadero pan de la vida. El pan de la mesa es pan, de mejor o peor calidad, pero es pan, pero si nos dice que él es el pan verdadero, nos quiere hablar de otro pan, de otra alimentación, de otra vida.

Pues lo mismo aquí. Jesús es la vid, pero no la vid de estos viñedos. La vid que cultivan los viñadores nos sirve de referencia para hacer una alegoría de realidades diferentes, verdaderas y sublimes. Y la primera aplicación que Jesús hace en esta alegoría es así, hablando el trabajo del Padre: 2A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Un sarmiento que no dé frutos que no dé su racimo, está de sobra: ¡Fuera! Pero si este sarmiento, si esta vid, está dando fruto, hay que podarla; hay que meterle la podadera e ir cortando y cortando para que dé fruto. Es muy delicado el trabajado de podar, y si uno no ha trabajado mucho en la vid no puede ser podador, porque hará un estropicio. Al podar con la podadera la vid sufre, pierde en apariencia y hasta se queda fea; pero si no se hace esta tarea, la vid no dará esos racimos recios y fragantes, a los que está destinada.

3. Hermanos, la lección es más que evidente. Tiene que venir la podadera en nuestra vida para que demos frutos sólidos y sabrosos. Los escritos sagrados, y en concreto la Carta los Hebreos nos dice que Jesús por el sufrimiento humano aprendió la obediencia y llegó a la perfección; fue “consumado” – esta es la palabra – por el sufrimiento. Eso le hacía ser hermano nuestro en todo.

A lo mejor el sufrimiento nos viene por la maldad humana, por la injusticia. No importa; detrás está la mano de Dios. Hace falta mucha fe para verlo así. Porque a lo mejor hasta tengamos que luchar contra esa injusticia que no debiera existir.

Otras veces el sufrimiento viene sin saber por qué, sin culpa de nadie: un niño que nace con una malformación de unos padres ejemplares en todo sentido; un cáncer en el cuerpo, sin ningún abuso de comida o bebida que pueda explicarlo. ¿Por qué, por qué, Dios mío? Un abandono que se ha producido, una muerte que nadie esperaba. ¿Por qué, Dios mío? ¿En qué te he ofendido? No es eso; Dos te ha sometido a la prueba porque te ama y quiere que des más fruto: que tu fe sea más pura, que tu amor sea más entregado.

Esto es, pues, una primera aplicación de la alegoría. Pero sigamos más adentro, que no es menos importante.

4. 5Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Esa es la segunda parte de esta alegoría.

Hasta podríamos decir que todo el Evangelio de san Juan gira en torno a este pensamiento: nuestra unión total en Jesús, para que por nuestra unión con él alcancemos la unión total con Dios, con el Padre, y así se abre en nuestra vida el mundo infinito de las realidades divinas. Quien a Dios tiene, nada le falta; solo Dios basta, escribió en unos versos sencillos santa Teresa, que sin duda los cantaban las hermanas.

El sarmiento sin la cepa es nada, porque de la cepa recibe la savia que va a nutrir los racimos. El cristiano, separado de Jesús, es nadie, porque sin mí no podéis hacer nada.

Esta unión con Jesús tiene dos características:

Es a una unión recíproca: yo con él y él conmigo. ¿Es un matrimonio? Es más; el poder divino que nos une nos compenetra totalmente, como no puede acontecer en ningún matrimonio de la tierra.

Y además Jesús nos da una palabra que repite y repite. Esta unión se llama “permanecer”. Es una unión que lo unifica todo y da pleno sentido a nuestra vida, pues Dios lo envuelve todo.

Acaso estamos empleando un lenguaje que llamarán místico, pero la realidad es así.

Pero aquí no termina. Hay una aplicación o derivación increíble: 7Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.

¿Esto quiere decir que si yo tengo un ser querido muy enfermo y pido la curación, esa curación se va a producir? No es precisamente ese el sentido, porque quizás esa misma enfermedad, e incluso la muerte, es una gracia especialísima que Dios le está concediendo. Lo que Jesús nos está diciendo es que si hay entre él y yo una unión perfecta, han desaparecido todos los miedos, y sus quereres son los míos y los míos los suyos. Cuando hay plena confianza no hay permisos que pedir. Tú ya sabes que puedes disponer de lo mío, como tuyo. Esto es lo que Jesús nos está diciendo.

Hermanos, estamos hablando no con un lenguaje moralizador, sino con un lenguaje de perfectos. Pero estamos leyendo simplemente el Evangelio que la Iglesia nos propone.

Terminemos simplemente.

Señor Jesús, tú eres la vid y yo soy el sarmiento unido a ti. Que nunca me separe de ti, para que mi vida sea un racimo sabroso para deleite tuyo, mío, y de mis hermanos. Amén, aleluya.

Cuautitlán Izcalli, sábado, 27 de abril de 2024.

jueves, 25 de abril de 2024

1969. Romancillo espiritual en la fiesta de San Marcos, evangelista

Evangelista san Marcos



Hoy, 25 de abril, es la fiesta de San Marcos evangelista. No fue apóstol, uno de los doce, pero sí fue apóstol misionero, muy apreciado, compañero de Pablo y de Bernabé.

Los Hechos de los Apóstoles nos hablan de él en el capítulo 12 (v. 11 y v. 25)) y especialmente en el capítulo 15, 37-41.

Las cartas de san Pablo lo recuerdan en tres ocasiones:

Col 4,10:10 Os saluda Aristarco, que está preso conmigo, y Marcos, el primo de Bernabé. Ya tenéis instrucciones sobre él: en caso de que vaya a visitaros, recibidlo

2 Tim 4,9: Lucas es el único que está conmigo. Toma a Marcos y tráelo contigo, pues me es útil para el ministerio.

Filemón 23 Te saludan Epafras, compañero de prisión por Cristo Jesús; 24 Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores.

Es particularmente significativo el texto de la primera Carta de Pedro, que es un pasaje que se lee en la liturgia de hoy en una extensión bastante amplia: 1 Ped 5 . 13 Os saluda la comunidad que en Babilonia* comparte vuestra misma elección, y también Marcos, mi hijo”.

Todos los cuatro Evangelio tienen el mismo valor para nuestra fe en Jesús, pero cada uno tiene su particular característica. Marcos, considerado el más antiguo, fuente para Mateo y Lucas, los cuales tuvieron también otras tradiciones (en especial, la llamada fuente Q de dichos de Jesús), tiene el encanto de la simplicidad y profundidad. Desde la primera línea, y a modo de título, llama a Jesús, el Mesías, HIJO DE DIOS.

Queremos saborear esta dulzura escondida y esta profundidad sin fondo que encontramos en el Evangelio de San Marco. Para ello van estos versos, este romancillo espiritual.

 

 


Evangelista san Marcos

que comienza el Evangelio

llamando Hijo de Dios

a este Jesús Nazareno.

 

Si en cada línea no lees

este título primero,

no entenderás lo que escribo

como vocero de Pedro.

 

De Pedro y la Iglesia entera,

recogiendo lo que encuentro,

yo testigo, fiel testigo,

escritor y misionero.

 

***

El sencillo evangelista

comienza abriendo el sendero,

con el austero Bautista

que viste piel de camello.

 

El que bautiza con agua

anuncia el Bautismo nuevo,

el Bautismo del Espíritu

para el mundo venidero.

 

Viene Jesús al Jordán,

se hace el milagro más bello:

Tú eres mi Hijo, el amado,

y eres mi gozo perfecto.

 

Al impulso del Espíritu

Jesús se marcha al desierto,

porque ha de estar con el Padre

para el anuncio del Reino.

 

Sale Jesús proclamando:

Ya se cumplieron los tiempos,

e irrumpe el Reino de Dios,

rendíos a él creyendo.

 

Junto al lago vio discípulos

y ellos fueron los primeros,

y anunció en Cafarnaúm

el final del viejo imperio.

 

Empezaron los milagros,

curando Jesús a enfermos,

y aquella tarde inicial

fue una avalancha sin cuento.

 

Era él, haciendo el bien;

las sinagogas y cerros

contemplaron maravillas,

aunque imponía silencio.

 

Fue aclamado con fervor,

mas no por los fariseos,

que su palabra rompía

todos los lazos estrechos.

 

Son puras todas las cosas

dijo el divino Maestro,

si el corazón está puro

sin maldad y sin veneno.

 

Su vida pura y preciosa,

que hizo el Nuevo Testamento

terminó en Eucaristía,

que nos dejó en su recuerdo.

 

Y la Pasión dolorosa

al amor le puso el sello;

era verdad lo que dijo,

Hijo de Dios verdadero.

 

No termina en el Calvario

el Jesús en quien creemos,

hay un sepulcro vacío

que grita que está en los cielos.

 

Y al final dijo Jesús:

Lanzaos al mundo entero,

y este mensaje de amor

predicadlo al Universo.

 

***

 

 

Qué alegría para el alma

tomar con los propios dedos

las palabras que san Marcos

escribió del Hijo eterno.

 

Aquel Jesús que vivió

donde hoy hay tanto fuego,

no se perdió en el pasado,

sino que vive y o siento.

 

Leer las sagradas páginas

es divino sacramento,

porque una presencia viva

está oculta en lo que leo.

 

Gracias, san Marcos querido

por el regalo que has hecho,

yo te bendiho gozoso

y seguiré bendición.

 

Tu Evangelio es un lesoro,

y al escucharlo lo beso;

es un torrente de gracia

y ha de ser mi compañero.  Amén, aleluya.

Cuautitlán Izcalli,  25 abril 2024, San Marcos Evangelista



martes, 23 de abril de 2024

1968. Cantar de Pascua para la santa Comunión

 

Que me bese con besos de sus labios

Cantar de Pascua para la santa Comunión

La resurrección de Jesús se acopla divinamente al Cantar de los Cantares, libro que la Iglesia lee en Navidad cantando los amores del esposa: “…el Cantar de los cantares, en el que se prefigura la unión Dios y el hombre en Cristo: “Dios Padre celebró las bodas de Dios su Hijo en el instante en que lo unió a la naturaleza humana en el seno de la Virgen, cuando el que era Dios antes de todos los siglos determinó hacerse hombre al final de los tiempos” (San Gregorio Magno, Homilía 43 de los Evangelios)” (Ordenación Liturgia de las Horas, 148).

Si se lee en Navidad, con no menos razón podemos disfrutarlo en Pascua.

El Cantar de los cantares comienza: “¡Que me bese con los besos de su boca”.  En los lances de amor la amada busca al amado, y dice:

“…buscaré al amor de mi alma». | Lo busqué y no lo encontré. 3Me encontraron los centinelas | que hacen la ronda por la ciudad. | —«¿Habéis visto al amor de mi alma?». 4En cuanto los hube pasado, | encontré al amor de mi alma. | Lo abracé y no lo solté” (Cant 3,2-4), ¿Cómo no recordar a María Magdaleno, llorando en busca del Amado. y preguntando a quien cree ser el hortelano: Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré»” (Jn 20,15)?

Al son del amor, vayan estos versos, con la convicción de que el amor es lo más verdadero de la verdad y los santos deseos son las alas del amor.Puedo decir con sencillez que en su día, hace décadas, compuse “Estaba al alba María, llamándole con sus lágrimas”. Vuelven los amores, porque el amor no envejece, si es verdadero. Estaba al alba María – yo también – porque era le enamorada.

Que me bese con besos de sus labios
en el adentro puro de mi alma,
y sienta yo volar hasta su cuerpo
sabiendo que mi vida es ya su Pascua.

Que me abrace con brazos amorosos
y me aprieta a su carne inmaculada,
y haga paz en todos mis sentidos,
y sea yo su paz que se derrama.

Que perfume mi cuerpo su perfume  
y envuélvame y penetre su fragancia,
y limpio de pecado, bautizado,
mi vida por su gracia sea santa.

Que el aire que le lleva me transporte,
el Espíritu Santo de su entraña,
ultimidad de Dios en su secreto,
y sea espiritual mi historia humana

Que sea yo vidente y su testigo,
y mi palabra sea su Palabra,
vidente y misionero caminante
y vean que si voy es Él quien pasa.

¡Mi Jesús, mi Señor Resucitado,
la roca del sepulcro es tu alabanza,
trituraste con tu cruz toda maldad
y con tu Padre reinas en la Patria! Amén, aleluya.

Cuautitlán Izcalli, martes de la IV semana de Pascua, 23 abril 2024
(Día del Libro, de la Flor, de la Poesía; y en Cataluña Día de San Jordi)