domingo, 24 de abril de 2011

36. Domingo de Pascua 2011. Tríptico pascual.

Hermanos:
Quiero hoy subir a la terraza de esta su pobre casa (así decimos en México) y enviar al mundo entero un poema de amor a Jesús Resucitado. Y diré al secreto de los vientos: ¡Felicidades, oh Mundo, porque el Amor ha vencido!

De alguna manera quiero cumplir aquello del Evangelio: “Lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea” (Mt 10,27). Soy un cristiano. ¡Gracias, Señor, por la fe que me has dado! ¡Gracias, por saber que en la Pascua de tu amado Hijo Jesús nace la nueva creación!
Hermano que por las vías del Internet hasta llegado a  este sitio, mi homilía se hace poesía; acepta este Tríptico pascual. Que Jesús, el Viviente llene de vida todos los poros de nuestro cuerpo, todo el hálito de amor con que fuimos creados – cuerpo y alma – en el Día de Dios para nosotros.

 

TRÍPTICO PASCUAL 2011

I
¡Felicidades, oh Mundo!

Solo en Pascua conocimos la Trinidad. Los padres en el siglo IV (San Hilario de Poitiers, San Basilio de Cesarea) se debatieron por dar forma a la fe, echando mano de la racionalidad. Y tuvieron que afirmar que el Dios de la fe es Padre, esencia en sí misma completa; el Jesús de Nazaret, es esencia completa, Dios de Dios; que el Espíritu tiene la misma esencia radical: es Dios. Si no salvamos esto, se deshace la Encarnación. Mas ¿cómo decirlo en otras palabras que no sean los términos griegos que ellos fijaron? La poesía tiene unos atisbos, con mano y anillo de la mística. No es que acertemos a decirlo, pero hay que intentarlo.
En la Cruz estaba el Hijo, pero igual estaba el Padre y el Espíritu Santo. La Cruz es Trinidad. Exactamente igual como la Pascua es Trinidad.
Si esto no es real, nuestra fe cae por tierra.


¡Felicidades, oh Mundo,
porque el Amor ha vencido!

1. Dios es Dios siendo donado,
Dios es Dios siendo conmigo,
Dios es Pascua ensangrentada,
Dios es amor dolorido.

¡Felicidades, oh Mundo,
porque el Amor ha vencido!

2. Dios es Dios manando amor,
Dios es Dios correspondido,
Dios es fuerza y es unión,
Dios es Dios porque es Dios trino.

¡Felicidades, oh Mundo,
porque el Amor ha vencido!

3. Dios es amor, dijo Juan,
y nadie mejor lo ha dicho,
roto amor omnipotente,
que en la cruz es sacrificio.

¡Felicidades, oh Mundo,
porque el Amor ha vencido!

4. Dios es Él saliendo a mí,
Dios es su propio delirio,
y su retorno es su triunfo
llevándome a mí consigo.

¡Felicidades, oh Mundo,
porque el Amor ha vencido!

5. Dios es presente futuro,
Dios es sepulcro vacío;
Dios es palabra sonada,
Dios es silencio el más íntimo.

¡Felicidades, oh Mundo,
porque el Amor ha vencido!

6. Yo fui pecado perdón,
Dios es mi amor infinito;
Dios es Dios, Misericordia,
Dios es mío, soy su hijo.

¡Felicidades, oh Mundo,
porque el Amor ha vencido!

7. Yo soy Adán, yo soy Eva,
creado en el Paraíso;
Dios es mi padre y mi esposo,
Dios es mi Dios, Jesucristo.

¡Felicidades, oh Mundo,
porque el Amor ha vencido!

8. Dios es mi paz y mi ser
y lo confieso transido,
Dios es mi espera llegando
y mi gemido dulcísimo.

¡Felicidades, oh Mundo,
porque el Amor ha vencido!

9. Dios es Jesús, mi Jesús,
y a ti, Mundo, te lo digo;
¡ea!, vivientes, vayamos,
a Dios, en el fuego ardidos.

¡Felicidades, oh Mundo,
porque el Amor ha vencido!

10. ¡Dios es Pascua, Dios es Pascua!
en el mes de abril florido,
y mi alma está danzando
porque mi ser es divino.

¡Felicidades, oh Mundo,
porque el Amor ha vencido!
II
El cuerpo sacrosanto de Jesús

Este himno está compuesto gustando y saboreando el capítulo 9 del libro de “Joseph Ratzinger – Benedicto XVI”, Jesús de Nazaret II (acontecimiento teológico del año): La resurrección de Jesús de entre los muertos, sin duda el capítulo más importante del libro.
El capítulo que estudia estos puntos:
1. Qué sucede en la resurrección de Jesús.
2. Los dos tipos diferentes de testimonios de la resurrección
2.1: La tradición en forma de confesión – La muerte de Jesús – La cuestión del sepulcro vacío – El tercer día – Los testigos.
2.2: La tradición en forma de narración – La apariciones de Jesús a Pablo – Las apariciones de Jesús en los Evangelios.
3. Resumen: La naturaleza de la resurrección y su significación histórica.

El capítulo es de alta teología, rigurosa y técnica, con una hermenéutica en diálogo con la ciencia, tratando de combinar la hermenéutica histórica y la hermenéutica teológica. El Papa Teólogo (que en el Prólogo de su obra, vol. I, acepta el disentimiento con razones, pues su obra no es un acto “magisterial”), como testigo de fe y como artífice de teología, es consciente de lo que claramente dijo en el último Sínodo: “Hoy, el llamado mainstream (corriente principal) de la exégesis en Alemania niega, por ejemplo, que el Señor haya instituido la Santa Eucaristía y dice que el cuerpo de Jesús permaneció en la tumba. La Resurrección no sería un hecho histórico, sino una visión teológica. Esto sucede porque falta una hermenéutica de la fe: se consolida entonces una hermenéutica filosófica profana, que niega la posibilidad de la entrada y de la presencia real de lo Divino en la historia. La consecuencia de la ausencia del segundo nivel metodológico es la creación de un profundo foso entre exégesis científica y lectio divina. Y ello a veces provoca también una cierta perplejidad en la preparación de las homilías… (Intervención personal del 14 de octubre de 2008).
Quede la cita, que lógicamente para muchos pensadores requiere un eco…, no lo niego; pasemos al canto de la fe.

El cuerpo sacrosanto de Jesús
¿en dónde le pusieron, donde mora,
si no lo consumió la corrupción
como a mortal de raza pecadora?

El cuerpo de Jesús se fue hasta el Padre,
caricia de unas manos salvadoras,
y en fuego del Espíritu ascendido,
la carne corruptible se hizo Gloria.

El cuerpo de Jesús es la semilla,
del Reino del amor que arranca ahora,
la Trinidad transforma lo creado:
pasó lo viejo, empieza nueva Historia.

Que no permitirás que tu Elegido
conozca de la muerte la carcoma:
es nueva creación su cuerpo virgen,
cual nuevo Adán, primera flor preciosa.

Y en él divinizados los humanos,
el ésjaton rompió, sonó la hora:
Yo dije “dioses sois”: ¡Jesús, te escucho,
arrásame, prendido ya en tu ola!

¡Señor Resucitado, Cristo luz,
raudal divino de misericordia:
la gloria y la alabanza en el regazo
de Dios, un solo Dios y tres Personas! Amén.

III
El pan y la sal
Cántico pascual de comunión

“Joseph Ratzinger – Benedicto XVI” en Jesús de Nazaret II, estudia los testimonios neotestamentarios de la resurrección bien sea como “confesión” y como “narración”. De la narración del principio de Hechos y en concreto de Hch 1,2-3, dice así:
“Aparecer – hablar – comer juntos: éstas son las tres automanifestaciones del Resucitado, estrechamente relacionadas entre sí, con las cuales Él se revela como el Viviente.
Para comprender correctamente el tercer elemento que, como los dos primeros, se extiende a lo largo de los ‘cuarenta días’, es de capital importancia la palabra usadas por Lucas: synalizómenos. Traducida literalmente, significa ‘comiendo con ellos sal’ Indudablemente, Lucas ha elegido a propósito esta palabra. ¿Cuál es su significado? En el Antiguo Testamento el comer en común pan y sal, o también solo sal, sirve para sellar sólidas alianzas (cf. Nm 18,19; 2 Cro 13,5). (…) El ‘comer sal’ de Jesús después de su resurrección, que de este modo se nos muestra como signo de la vida nueva y permanente, hace referencia al banquete nuevo del Reino con los suyos” (Jesús de Nazaret II, Ed. Planeta y Encuentro, 314-315)

1. Mi Jesús Resucitado,
comiste el pan y la sal
con los tuyos como amigo
después de resucitar,
Cristo vivo de la fe
y presencia familiar.

2. Y les hablaste del Reino
que ellos iban a anunciar
desde allí, Jerusalén,
a los confines del mar:
Jesús, Palabra del Padre,
que no se puede agotar.

3. Jesús viviente, en quien creo
mi pan, mi sal, mi manjar,
y mi celeste alianza
te he venido a comulgar:
he buscado tus palabras,
me diste todo y tu paz.

4.  Tu Eucaristía banquete
esa es mi vida pascual:
visión, presencia y comida,
tres vivencias en tu altar:
y la Iglesia que congregas
es tu morada y mi hogar.

5. Con la sal de tu festín
quiero mi vida salar,
con tu sangre del Espíritu
quiero mi sangre inmortal,
con tus labios amorosos
quiero el amor predicar.

6. Jesús viviente a quien palpo,
Jesús de mi intimidad,
enséñame la Escritura,
tu Pascua sacramental,
muéstrame tus santas llagas
y veré a la Trinidad.

7. Juntos en torno a la mesa,
con la sal que tú me das,
miro a tus ojos divinos
para un pacto de amistad:
¡Yo te amo como puedo:
tú mírame y ten piedad! Amén.

Puebla de los Ángeles, Pascua 2011
Rufino María Grández Lecumberri,
Hermano menor capuchino

Para las Felicitaciones pascuales anteriores, en forma de Himnos para la Liturgia, desde 1977 véase: mercaba.org | Rufino Ma Grández | El Año litúrgico | Pascua.

viernes, 22 de abril de 2011

35. Sábado Santo: El Rey descansa


Hermanos:

Las directrices litúrgicas de la Iglesia, que son norma y catequesis, nos dicen: “Durante el Sábado santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, su descenso a los infiernos y esperando en la oración y el ayuno su resurrección. Se recomienda con insistencia la celebración del Oficio de Lectura y de las Laudes con participación del pueblo (cf. n. 40). Cuando esto no sea posible, prepárese una celebración de la Palabra o un ejercicio piadoso que corresponda al misterio de este día” (Carta de la Congregación del Culto Divino sobre “La preparación y celebración de las fiestas pascuales”, 16 enero 1988).
Sábado Santo, que también nos trae el recuerdo de la Madre, la Soledad de María, desde el momento que tuvo en su regazo al Hijo muerto (La Pietá, de Miguel Ángel), soledad, que ha sido fuente de consolación para innumerables madres que cruelmente se han visto privadas de sus hijos, madres que han perdido a sus hijos en la guerra…, aunque nosotros pretendamos añadir dudosamente: “por el bien de la patria”).

Es oportuno recordar lo que enseña el Catecismo de la Iglesia Católica sobre el artículo del Credo “Descendió a los infiernos”

632 Las frecuentes afirmaciones del Nuevo Testamento según las cuales Jesús "resucitó de entre los muertos" (Hch 3,15; Rm 8,11; I Co 15,20) presuponen que, antes de la resurrección, permaneció en la morada de los muertos. Es el primer sentido que dio la predicación apostólica al descenso de Jesús a los infiernos; Jesús conoció la muerte como todos los hombres y se reunió con ellos en la morada de los muertos. Pero ha descendido como Salvador proclamando la buena nueva a los espíritus que estaban allí detenidos.

633 La Escritura llama infiernos, sheol o hades a la morada de los muertos donde bajó Cristo después de muerto, porque los que se encontraban allí estaban privados de la visión de Dios. Tal era, en efecto, a la espera del Redentor, el estado de todos los muertos, malos o justos, lo que no quiere decir que su suerte sea idéntica como lo enseña Jesús en la parábola del pobre Lázaro recibido en el "seno de Abraham". "Son precisamente estas almas santas, que esperaban a su Libertador en el seno de Abraham, a las que Jesucristo liberó cuando descendió a los infiernos". (…)
634 "Hasta a los muertos ha sido anunciada la Buena Nueva..." (1 Pe 4,6). El descenso a los infiernos es el pleno cumplimiento del anuncio evangélico de la salvación. Es la última fase de la misión mesiánica de Jesús, fase condensada en el tiempo, pero inmensamente amplia en su significado real de extensión de la obra redentora a todos los hombres de todos los tiempos y de todos los lugares porque todos los que se salvan se hacen partícipes de la Redención.
635 Cristo, por tanto, bajó a la profundidad de la muerte para "que los muertos oigan la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivan". Jesús, "el Príncipe de la vida" (Hch 3,15), aniquiló "mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo y libertó a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud" (Hb 2,14-15). En adelante, Cristo resucitado "tiene las llaves de la muerte y del Hades" (Ap 1,18) y "al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos" (Flp 2,10).

* * *
La liturgia, en el Oficio de lectura, tiene hoy una pieza bellísima, que viene de Oriente. Ignoramos cuál es su autor. Acaso un monje, un obispo… transido de piedad. Escuchémosla.
Homilía antigua sobre el grande y santo Sábado
(Patrologia Griega, Migne, vol. 43, 439. 451. 462-463)

¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra temió sobrecogida, porque Dios se durmió en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.
Va a buscar a nuestro primer padre como si fuera la oveja perdida. Quiere absolutamente visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de su prisión y de sus dolores a Adán y a Eva.
El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: «Mi Señor esté con todos». Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: «Y con tu espíritu». Y tomándolo por la mano le añade: Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz.
Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: «salid»; y a los que se encuentran en las tinieblas: «iluminaos»; y a los que dormís: «levantaos».
A ti te mando: despierta tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.
Por ti yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.
Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.
Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.
Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.
El trono de los querubines está preparado, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos, se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes, y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad.

* * *
De nuestra parte, hemos querido honrar el Grande Sábado y compusimos un himno, que ha pasado a los libros oficiales de la Iglesia.

Este himno para Sábado Santo – sólo para este día – es un canto nupcial. Es el canto nupcial de la esposa que llora a su Esposo. Lo llora con paz, con el alma ungida de sentimientos celestiales; lo llora con consolación y con infinita ternura.
Dios está en este cuerpo, cobijado bajo las alas del Espíritu. Es el mismo el cuerpo de la cruz, el cuerpo de la tumba, el cuerpo de la resurrección. Canta la esposa.

Venid al huerto, perfumes,
enjugad la blanca sábana:
en el tálamo nupcial
el Rey descansa.

Muertos de negros sepulcros,
venid a la tumba santa:
la Vida espera dormida,
la Iglesia aguarda.

Llegad al jardín, creyentes,
tened en silencio el alma:
ya empiezan a ver los justos
la noche clara.

Oh dolientes de la tierra,
verted aquí vuestras lágrimas;
en la gloria de este cuerpo
serán bañadas.

Salve, cuerpo cobijado
bajo las divinas alas;
salve, casa del Espíritu,
nuestra morada. Amén.

Este himno puede verse en mercaba.org (Rufino Ma. Grández | Cuaresma): Venid al huerto, perfumes.

POSTDATA (23 abril 2011). En el día de ayer (22 abril 2011), Viernes Santo, la Radio Televisión Italiana (RAI I) emitíó un programa grabado en directo días antes ("A sua immagine") en el cual el Papa respondió a 7 preguntas seleccionadas y llegadas desde múltiples puntos de la tierra (Japón, Costa de Marfil...). He aquí la pregunta respuesta número 5 sobre el "Descenció a los infiernos".
Locutora. La quinta pregunta, sobre la Muerte y la Resurrección de Cristo, llegaba desde Italia: "Santidad: ¿Qué hizo Jesús en el intervalo de tiempo entre su muerte y su resurrección? Ya que en el Credo se dice que Jesús, después de la muerte, descendió a los infiernos, ¿podemos pensar que es algo que nos pasará también a nosotros, después de la muerte, antes de ascender al Cielo?
     Benedicto XVI: Naturalmente, no podemos definir el cuerpo glorioso, porque está más allá de nuestra experiencia. En cuanto al viaje del alma, tenemos que tener presente que el alma de Jesús está siempre en contacto con el Padre, y al mismo tiempo este alma humana se extiende hasta los últimos confines del ser humano. En este sentido, va profundamente a los más perdidos, a los que no han llegado a la meta de su vida, y trasciende el continente del pasado.
     Estas palabras, del ‘descendimiento a los infiernos', quieren decir que también el pasado estaba asumido por Jesús. No comienza en el año 0 ó 30 la Redención, sino que va al pasado, abraza el pasado, a todos los hombres de todos los tiempos. Jesús toma de la mano a Adán y eleva a la humanidad para llevarla a lo alto. Crea el acceso a Dios, porque el hombre no puede llegar a Él. Toma en sus manos al hombre y le abre el acceso a una realidad que nosotros llamamos Cielo.
     Este descendimiento a los infiernos, a las profundidades del pasado de la humanidad, es una parte esencial de la misión redentora de Cristo, y no se aplica a nuestra vida, es distinto. Nosotros, tras nuestra muerte, tenemos delante el rostro de Jesús, y esta mirada purificante para todos nosotros, que será en mayor o menor medida según las necesidades de ser limpiados de cada uno de nosotros, nos hace capaces de vivir con Dios, con los santos, con nuestros seres queridos que nos han precedido.

jueves, 21 de abril de 2011

34. Viernes Santo: El beso a la Santa Cruz


Hermanos:

Viernes Santo tiene en la liturgia de la Iglesia una celebración austera, solemne y augusta. En una carta sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales de la Congregación para el Culto Divino (16 enero 1988), el sentido mistérico del Viernes Santo se expresa así: “En este día ‘en que ha sido inmolada nuestra víctima pascual, Cristo’, la Iglesia, meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo y adorando la Cruz, conmemora su nacimiento del costado de Cristo dormido en la Cruz e intercede por la salvación de todo el mundo”.
Cuatro elementos que van a quedar muy bien integrados en la celebración postmeridiana, en torno a las 3 de la tarde:
- Meditación
- Adoración de la Cruz
- Conmemoración objetiva del misterio acontecido
- Intercesión.
Viernes Santo es la primera parte del Triduo Pascual, pasado el Pórtico de la celebración vespertina de la Cena del Señor en Jueves Santo. Y a propósito del Triduo Pascual la citada Carta nos habla de los signos litúrgicos y sacramentales: “En esta celebración del misterio, por medio de signos litúrgicos y sacramentales, la Iglesia se une en íntima comunión con su esposo”.
¿Cuáles son los signos litúrgicos y sacramentales del Viernes Santo? Como signos litúrgicos de la celebración del Viernes Santo podemos considerar: las vestiduras rojas (triunfo martirial de Cristo, en lugar de la vestiduras negras, color de luto, de la liturgia precedente); la postración rostro en tierra al comienzo de la celebración; la sobriedad y los silencios de toda la celebración; la hora misma de la celebración.
Y ¿cuáles podemos considerar como “signos sacramentales” del Viernes Santo. Nos atrevemos a señalar hacia los siguientes: La privación de la celebración de la Eucaristía (se comulga las especies consagradas en Jueves Santo); la proclamación de la Escritura, y en especial el Evangelio de la Pasión (dado que dentro de la proclamación objetivamente se contiene la presencia eficaz de Cristo), el ayuno sacramental del Viernes y Sábado Santo (porque este ayuno significa místicamente al privación del Esposo), y la ostensión de la Cruz.
La espiritualidad de Viernes Santo consiste, por tanto, en dejarse llevar por el significado objetivo de la acción sagrada y entrar en comunión con Cristo.
El punto y momento cenital de la celebración es la adoración de la santa Cruz. La adoración a la santa Cruz va acompañada de un beso. ¿Cuál es este beso de amor? Permítasenos decirlo con un poema, poema que evoca una escena de Viernes Santo, y que tiene su introducción.

* * *

Amado mío, flor de mis cantares
Coloquio después de la Adoración de la Cruz

Era en Roma, Tre Fontane, la tarde de Viernes Santo cuando ya se habían concluido los santos Oficios en la Pasión del Señor. La capilla estaba en penumbra, envuelta en santo silencio. Estaba solitaria. No, un hermano – él me lo contaba -, escondido en un ángulo donde veía sin ser visto, oraba silenciosamente.
En esto se oyó el chasquido de la puerta, y se sintieron unos pasos. La Hermanita caminaba con precaución, descalza, sin sandalias. Era como el Ángel de la Consolación. Su hábito era una saya de tela áspera, azulada. Y en el halda, un tanto alzada, como si fuera un delantal, traía un envoltorio.
Llegó hasta el Crucifijo, que estaba en el suelo; se arrodilló, hizo una profunda reverencia inclinando la frente hasta el suelo. Entonces soltó el envoltorio que traía y lo echó junto al Crucificado. Nadie la veía; así creía. Tomó el santo Crucifijo en sus manos y comenzó a besarlo de aquella manera... El hermano orante contenía el aliento y, atónito, no sabía qué hacer; suavizaba la garganta para no emitir un suave carraspeo.
La Hermanita tomó los pétalos que había traído y con los dedos, los pétalos y los labios iban mullendo el cuerpo de Jesús. Entonces su corazón comenzó a decir (y yo ahora me la represento y la estoy oyendo):

1. Amado mío, flor de mis cantares,
ahora con mis manos te acaricio,
y guardo suspendidos mis anhélitos
pues miro dulcemente, y miro y miro.

2. Amado mío, gracias infinitas,
Dulzura mía, flores he traído:
del campo son, por mí coleccionadas,
y nadie las tocó, sino el rocío.

(3. En este punto vi a la enamorada,
que abría el delantal de su vestido,
y el cuerpo de Jesús ella cubría
con pétalos de suave colorido,

4. En éxtasis miraba y sonreía
con ojos del amor humecidos;
estaba de rodillas, inclinada,
era la luz muriente del estío).

5. Amado…, Amado mío, yo te adoro
con pétalos tus llagas toco y limpio:
con besos yo perfumo tu cabeza,
esposo mío, herido, Dios dulcísimo.

6. Escúchame el aliento que me sale
del corazón, igual que el tuyo herido:
¿hay algo en mí que no se llame amor,
un átomo en tu fuego no encendido?

(7. Estaba la mujer hablando sola
- así creía –, sola, sin testigo;
hablaba y se callaba y contemplaba
y quedo, quedo daba algún suspiro.

8. Y, mientras, amasaba con sus manos
aquellas sus caricias al Ungido;
los dedos parecían cuerdas puras
el arpa suave era el Crucifijo).

9. Mas yo quiero besarte como esposa
en tu caliente pecho, ahora dormido,
en tu divina frente y en tus labios,
besar tu corazón y tus latidos.

10. Estoy besando a Dios de carne humana,
comiendo los pecados que has sufrido,
besando estoy perdón, ternura y gracia,
a Cristo Nazareno en el suplicio.

(11. Miraba y derramada su mirada,
amando con silencio compungido,
y a veces parecía que una espada
punzaba el corazón hasta el martirio.

12. Las flores le ayudaban en el duelo,
las flores eran labios encendidos,
y entre los dedos eran blanco lienzo
del tálamo nupcial del sacrificio).

13. ¿Por qué, mi Creador, mi silencioso,
tal cosa los mortales cometimos?;
¿por qué callabas tú nuestra locura,
clavándote nosotros a martillo?

14. Acaso del amor solo sepamos
un eco cierto dentro recibido,
que amor de Dios es muerte del amante
y amante en este amor eres tú mismo.

15. Amado mío, lecho de mi amor,
tu amor yo aprendo, muero y resucito;
mi amor de gratitud sea tu rúbrica,
y el corazón en trueque yo rubrico.

16. Tu amor es nuestro cielo y bien seguro,
que tú eres Dios y bien lo has merecido:
Jesús, hermano bueno y clementísimo,
perdón total, bondad a lo infinito.

17. Ya sé cuál ha de ser el canto firme,
felicidad sin fin a tus oídos:
te amo, Dios, en carne y en Espíritu,
te amamos por los siglos de los siglos. Amén. 

martes, 19 de abril de 2011

33. Jueves Santo: Sobre el pecho de Jesús


Meditación para la Hora Santa
Hermanos:

1. La celebración vespertina del Jueves Santo, con la Misa titulada “En la Cena del Señor” es el pórtico del Triduo Pascual, que recuerda del modo más grave y solemne la Muerte, Sepultura y Resurrección del Señor. La Vigilia Pascual, que comienza ya anochecido el sábado y acaba antes de levantar la aurora del domingo – que puede durar dos, tres, cuatro o cinco horas – será la explosión de la alegría, inicio de las fiestas pascuales que se prolongan durante cincuenta días. Observemos con atención: el comienzo  de Jueves Santo es la Pascua judía, primera lectura de esta tarde, leyendo el capítulo 12 del libro del Éxodo. Luego san Pablo nos introduce en la celebración de la Cena del Señor en la comunidad cristiana de Corinto (1Co 11,23-26), texto bellísimo, testimonio primordial de la Eucaristía. Y finalmente san Juan nos lleva a aquella Cena de despedida de Jesús con el Evangelio del lavatorio de los pies (Jn 13,1-15).

2. Tres son los misterios que debemos vivir y contemplar en esta celebración vespertina del Jueves Santo, como nos advierten los libros litúrgicos: la institución de la sagrada Eucaristía, la institución del Sacerdocio (“Haced esto en conmemoración mía”); y el mandamiento del amor, el mandamiento del Señor, según aquellas palabras que Jesús dice, sentado a la mesa, tras el lavatorio: “os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn 13,15). Prolongando el discurso o palabras de sobremesa Jesús dirá: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amados, amaos también unos a otros” (Jn 13,34).
El evangelista san Juan enmarca todo el acontecimiento sagrado con una frase que nos toca el alma. Haciendo que la historia sea contemplación amorosa, porque lo que pasó es lo que hoy está pasando; nos dice: “Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1). Es el primer versículo del relato pascual que aquí comienza.
¡Noche de amor que, pasando por Getsemaní y la Cruz, terminará en el seno del Padre con la resurrección de su Hijo!
San Juan habla de “los suyos”: a estos va dirigido el Evangelio, a nosotros; san Juan habla del paso de este mundo al Padre, que eso va a ser el relato crucial de la pasión y muerte: la celebración solemne, humilde y majestuosa del paso al Padre.

3. Concluida la celebración vespertina, permanece el Santísimo expuesto hasta la medianoche, cuando, avanzando las horas, entramos en Getsemaní. A los cristianos se nos invita a una Hora Santa ante el sagrario. ¡Qué hermosa y sabrosa es esta Hora eucarística del jueves Santo!                          
Silencio y adoración, para que el amor deje fluir sus palabras, recordando…, recordando… lo que tampoco cabe en las palabras. Para recordar acudimos a la Escritura, y en una hora de adoración ante el sagrario vamos combinando textos, salmos y otras súplicas. Que el silencio domine sobre las palabras.
En este clima espiritual  podemos acercarnos, reverentes, con adoración y ternura, a la humanidad santísima de Jesús, sacramentalmente presente en el sagrario.
Tengamos la filial audacia de acercarnos al pecho sacratísimo de Jesús y reposar allí. Y sírvannos estas palabras de meditación e instrucción.
                                                  
* * *

4. En el Evangelio se habla del pecho de Jesús, del seno de Jesús, del costado de Jesús. Palabras distintas que tienen su propio matiz.
En la encíclica que el Papa Juan Pablo II, dentro semana y media Beato Juan Pablo II, escribió sobre la Eucaristía – Ecclesia de Eucharistia, La Iglesia nacida de la Eucaristía – y que firmó el Jueves Santo del año 2003, nos decía así:
AEs hermoso estar con Él y, reclinados sobre su pecho como el discípulo predilecto (cf. Jn 13, 25), palpar el amor infinito de su corazón. Si el cristianismo ha de distinguirse en nuestro tiempo sobre todo por el *arte de la oración+, )cómo no sentir una renovada necesidad de estar largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento? (Cuántas veces, mis queridos hermanos y hermanas, he hecho esta experiencia y en ella he encontrado fuerza, consuelo y apoyo!@ (n. 25).
Este texto nos da la clave para lo que podría ser esta noche nuestra Hora Santa.

5. En la Última Cena los doce apóstoles estaban alrededor de Jesús, y cada uno tenía su puesto, pero no sabemos el puesto exacto más que de uno, del discípulo amado, que dice el Evangelio que estaba Aen el seno de Jesús@ (Jn 13,23). Las Biblias suelen traducir Aal lado de Jesús@. Eso de estar Aen el seno de Jesús@ puede parecer muy atrevido..., pero lo cierto es que la palabra exacta es ésa y no otra, “in sinu Iesu”. Podía haber empleado el evangelista perfectamente la palabra de al lado de Jesús. El griego, la lengua en que se escribió el Evangelio, es una lengua muy rica en recursos; pero no dijo Aal lado de Jesús@, sino Aen el seno de Jesús@... El que escribe y escoge una palabra y deja otra por algo lo hace.
Pues bien, el discípulo amado, ocupaba este sitio; estaba Aen el seno de Jesús@. Y, cuando Pedro le hizo seña, se recostó Asobre el pecho de Jesús@, supra pectus Iesu (Jn 23,25), palabra distinta, en griego, a Aseno de Jesús@.
Y esto de recostarse sobre el pecho de Jesús se le quedó a san Juan como una identificación muy bella y muy dulce. En las apariciones, leemos esta frase: APedro se vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había  recostado en su pecho y le había dicho: * Señor, )quién es el que te va a entregar? + ...@ (San Juan 21,20).
El seno de Jesús, el pecho de Jesús, ambas expresiones nos hablan de la intimidad que Jesús otorgó al discípulo amado, y que es la intimidad que quiere brindar al discípulo que hoy se acerca a él. Son frases espirituales del Evangelio que están hablándonos con un lenguaje que sin dificultad ninguna podemos entenderlo.

6. Del costado de Jesús se nos habla cuando la lanzada del soldado (Jn 19,34) y cuando las apariciones (Jn  20,20). En el calvario del costado herido de Jesús (nada indica el Evangelio si la herida fue en la parte derecha o en la izquierda) brotó sangre y agua, sin duda símbolos de vida en la Iglesia; acaso el Espíritu, los sacramentos.
Y cuando Jesús se apareció en la tarde de la resurrección a los discípulos en el Cenáculo, les mostró las manos A(y el costado!@ (Jn 20,20). Ocho días después se lo mostró a Tomás...
De nuevo nos encontramos ante un texto espiritual que está sugiriendo... todo, la intimidad, el amor, el secreto, la maravilla de lo más recóndito de Jesús.
Durante siglos la imagen del Corazón de Jesús ha sugerido eso; era una forma de concretar lo que ya estaba dicho en el Evangelio.

7. En estos años se ha difundido mucho (ampliamente en México) una imagen cercana, la Divina Misericordia. El Papa el año 2000 determinó que el domingo II de Pascua fuera llamado ADomingo II de Pascua o de la Divina Misericordia@, y así se escribe en los nuevos misales. La imagen de la Divina Misericordia es la imagen de Jesús como se mostró a santa Faustina Kowalska (1905-1938): del corazón de Jesús salen dos haces de luz, uno blanco y otro rojizo, significando el agua y la sangre del costado. Y una inscripción dice: AJesús, en Ti confío@.
En este domingo de la Divina Misericordia, 1 de mayo de 2011, nuestro amado papa Juan Pablo II será beatificado.

8. Noche de Jueves Santo…, noche grávida de silencio y amor, noche de consagración, preludio de la noche pascual. En esta noche mi corazón tiene una palabra que decir a Jesús, que es la palabra de mi vida y de mi tránsito a la eternidad:
¡Jesús mío, Dios mío, te amo!
Amén.

Nota. Al hablar del “seno” y del “pecho” de Jesús, me remito a lo que escribí en la revista popular “El Mensajero de San Antonio” (Capuchinos, Zaragoza, España, junio 2003).

lunes, 18 de abril de 2011

32. Miércoles Santo



Sobre el Tercer Cántico  del Siervo de Yahweh
Is 50,4-9
Meditación y canto

Texto bíblico
“El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo,
para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído,
para que escuche como los discípulos.
El Señor Dios me abrió el oído;
Yo no me resistí ni me eché atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
las mejillas a los que mesaban mi barba;
no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.
El Señor me ayuda,
por eso no sentía los ultrajes;
por eso endurecí el rostro como pedernal,
sabiendo que no quedaría defraudado.
Mi defensor está cerca,
¿quién pleiteará contra mí?
Comparezcamos juntos,
¿quién me acusará?
Que se acerque.
Mirad, el Señor Dios me ayuda,
¿quién me condenará?”

Meditación y canto
Misteriosa y estremecedora vocación del Siervo: así lo intuimos en el Tercer Cántico del Siervo de Yahweh.
La intimidad de Dios, abierta por la escucha filial de cada mañana, es el fundamento y clave de esta vocación. La escucha arma de valor; vendrán golpes y salivazos El Siervo expone su cara como duro pedernal; no se echa atrás.
Así es el Siervo para que desde aquí construyamos la verdadera cristología de la santa humanidad de Jesús. El Siervo confía porque tiene la absoluta certeza de que Dios es su justificador, su vencedor.
Esta visión del Siervo entró en el corazón de Pablo cuando, hablando de la seguridad confiada que se ha dado al cristiano escribía, recordando este pasaje del Cántico del Siervo: "Si Dios está por nosotros ¿quién estará contra nosotros? El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es quien justifica. ¿Quién condenará?" (Rm 8,31-34).
Jesús es, pues, este Siervo, y mirándole a él cantamos.

Jesús, discípulo y Siervo,
al corte de madrugada;
con vocación de iniciado
escucha hondo hasta el alma.

Jesús, el Siervo y profeta
junto a la fuente sagrada;
con los oídos abiertos
en su morada cerrada.

Jesús, aliento y consuelo,
que el Padre se lo regala;
la lucha es fiera, muy fiera,
las fuerzas, fuerzas humanas.

No declinó la mejilla
a la burla y bofetada;
y a los sangrantes azotes
no retiró sus espaldas.

Como roca diamantina
presentó su bella cara,
a insultos y salivazos
su rostro se abrillantaba.

Mi Dios será mi justicia:
¿quién contra mí se levanta?:
Mi Dios será mi poder:
¿qué adversario es el que ataca?

Pasión del Crucificado,
Escudo de mi esperanza:
¡A ti la gloria y las gracias,
Vencedor de mi batalla! Amén.

(Escribí el Miércoles Santo, 19 marzo 2008).


El poema y su introducción fue publicado por el autor en: mercaba.org - Rufino Ma. Grández - El año litúrgico - Cuaresma - VI. Himnos para Pasión y Semana Santa.