Cartas de un hermano
menor
a una hermana clarisa
capuchina
en torno a santa Clara y
su Forma de vida (2007),
reeditadas hoy (2012)
con motivo de los 800 años
del comienzo de la vida
evangélica de Clara (Assisi, 1212)
Carta 11
La oración continua de
la esposa y madre
Mi
querida Lidia:
De lo
último que conversábamos - Audite, poverelle - sigue resonando en mis
oídos aquello de “Vivate in veritate”. Hay palabras y criterios que la vida
acrisola más y más, y la Verdad, que ahora escribo de intento con mayúscula, es
eso.
La
Verdad es el poso de la Vida, como el Amor. Las dos se juntan, se confunden,
porque en su origen, que es Dios, la dos son Una. No quiero ahora extenderme en una
contemplación tan deleitosa como es la contemplación de la Verdad... Estamos
hablando de las esencias de santa Clara, de esos puntos cardinales de su ser,
mediante los cuales ella se ha orientado a la Trinidad y al mundo, ella..., nuestra
hermana Clara, que ha vivido en un mundo traspasado de ideas muy discutibles.
Vamos,
pues, a gozarnos en nuestro coloquio invisible, tan grato para mí por sentirte
tan cerca, corazón a corazón, hablando de la oración de Clara. Que ella eleve
la nuestra hasta donde debe estar: Jesús, que es la imagen total, humanada, del
Dios de la Gloria.
Para
comenzar, una pequeña curiosidad, que tiene su importancia, pero no una
significación definitiva. Bien sabes, Lidia querida, que como “las palabras no
son inocentes” (eso me lo has oído más de una vez..., muchas..., no está mal ir
a un “escrute” de palabras: ¿cuántas veces aparece esta palabra en los textos
que traemos entre manos? Ahora, la palabra oración.
La
palabra “oración” aparece en las Fuentes Clarianas 55 veces: tres veces, sólo
3, le pertenecen a ella, en la Forma de Vida; 16 al que escribió su Vida
en la Leyenda de Santa Clara (Celano, seguramente); y 36, nada menos que
36, a sus hermanas del monasterio que dieron testimonio en el proceso de
canonización.
La
curiosa observación adquiere más expresividad, si junto a ella ponemos otra, penitencia,
y comparamos. La palabra “penitencia” aparece en las mismas fuentes sólo 14
veces (la palabra “penitencias”, ninguna), y consideramos que la palabra
“penitencia” en algunas ocasiones significa no una práctica de penitencia o
aflicción, la “mortificación de la carne”, sino un estilo de vida equivalente a
la “conversión”. Por ejemplo, en el Testamento: “Una vez que el Altísimo Padre
celestial, poco después de la conversión de nuestro beatísimo padre
Francisco, se dignó, por su misericordia y gracia, iluminar mi corazón para
que, a ejemplo y según la doctrina, hiciese yo penitencia, voluntariamente le prometí obediencia,
juntamente con las pocas hermanas que el Señor me había dado a raíz de mi conversión...”
(Testamento, 24-25; cf. Igual en RCla VI,1).
Decía
que la repetición de las palabras o la ausencia de las mismas no es, de por sí
sola, el índice de la importancia que tal tema tiene en la vida del santo o santa.
Por ejemplo, ¿cuántas veces aparece la Virgen María en la Regla de san Francisco?
Ninguna. De aquí, ¿qué se deduce? Nada, no es asunto que a san Francisco le ha
interesado tratar en la Regla, porque bien sabemos, por las fuentes biográficas,
cuál era la ardentísima devoción que Francisco profesaba diariamente a María.
La inmensa soledad
Para
seguir hablando de oración, mi querida Lidia, deseo nombrar otra palabra, que
es misterio que circunda el ser. Soledad.
Yo
puedo definir la oración diciendo que es el acceso al “tú”; se entiende, al Tú
divino. Nosotros, pobrecitos humanos, seamos “hombre”, seamos “mujer”, vivimos
confinados en nuestro propio “yo”, que es simultáneamente
- un
misterio de soledad,
- y
una ansia irrefrenable de apertura al “otro”.
En el
balanceo de estas dos modalidades está nuestra identidad. ¡Cómo quisiera yo
abrirme al otro (el varón a la mujer, y viceversa) y, al mismo tiempo, qué
inmenso muro se levanta entre tú y yo, para que esta fusión, a la que tiende el
ser se vaya realizando tan suavemente, tan modestamente..., nunca en esa medida
que el corazón enamorado atisba! Como si la criatura, hecha para la criatura,
llevara dentro - así lo es - su vocación de estar hecha para el ser divino.
Vivir
en soledad, incluso dentro de un perfecto matrimonio, es confesar en ansia
congénita de lo divino, como única medida plenificante. Y la vida religiosa, en
el mejor de los casos, lleva consigo - ¡ay...! - una profunda soledad. Vivir en
soledad no es vivir en la fantasía, aunque la soledad avive la potencia pura de
la fantasía, sino vivir en las riberas de lo eterno. Compartir la soledad
mediante el amor más acendrado es ideal sublime de nuestra peregrinación.
La
soledad, pues, la soledad que Dios produce tiene un componente esponsal, según
entiendo, lo mismo que el amor. El amor es solitario, porque es unitivo.
Y
justamente la oración es la apertura de la soledad al amor, la inhabitación de
nuestro desierto interior por la Presencia.
Quizás
en el camino de la vida, hemos conocido grandes amores, que, luego, no sé qué
misteriosa realidad los ha apartado. Si así es, Lidia, observa qué vibración ha
dejado en tu corazón el amor conocido, gustado... Esa vibración, que retorna,
que aletea en tu corazón (lo sé por el mío) se llama nostalgia. ¿Qué es
la nostalgia, sino la querencia inmortal del amor?
¡Ojalá
que la nostalgia humedeciese nuestra tierra interior con lágrimas! La nostalgia
nos dice, como secreto Evangelio, que el amor vivido era auténtico, y se
aposentaba en las raíces del ser. El amor se mezcla, a veces, con errores; y
los errores del amor, si el amor es divino, se llaman pecado (Bueno,
entiéndeme, otros errores no son pecado). No obstante, el amor auténtico no
queda evaluado por el acierto o por el error, sino por ese poso de verdad que
queda dentro cuando todo pasa, cuando la vida purifica los sentimientos no
puros que a veces se mezclan en nuestras vivencias (A esto me refiero al decir
los errores no pecado). La nostalgia que permanece, como remanente indestructible,
es un clamor a gritos de que el amor había sido verdadero, y, es más, continúa
siéndolo, aunque se crea un amor perdido.
Es
muy bella la nostalgia; como pudor del amor, es un manto pudoroso que vela el
recuerdo de la persona amada.
Todo
esto que te estoy diciendo, muy amada, es para que veas, al traducir mis
propios sentamientos, que la oración está cercada por el bello seto de la soledad.
Y lo
voy desgranando ante mis ojos y los tuyos, porque entre nosotros dos está Clara
y siento como que ella nos dijera: “Es verdad. La oración fue mi soledad
viviente, la oración fue mi amor al Esposo, la oración fue mi respiración
nocturna y diurna; la oración era mi yo extendido en un abrazo abierto a mi
Amor. La oración era la misma comunión que ahora, de modo misterioso, estáis
atisbando...”
La recámara, de que nos habló Jesús (Mt 6,6)
La
palabra de Jesús nos da el secreto de estos pensamientos que, a suaves
golpecitos, están tocado nuestro corazón. Oigámosle con la traducción más minuciosa
de sus expresiones.
“Mas
tú, cuando ores, entra en tu recámara y, echada la llave a tu puerta, haz
oración a tu Padre , que está en lo secreto; y tu Padre, que mira a lo secreto,
te dará la paga” (Mt 6,6). Amadísima Lidia, si alguien intentara enseñarme
oración fuera de esta torrentera de luz que vienen de las palabras de Jesús,
sería un blasfemo. La oración es “mi Padre y yo, yo y mi Padre”, la ruptura de
la soledad existencial, mediante un abrazo divino. Jesús nos lanza a lo
infinito, a un Dios personal, que Jesús, para hablarnos - él solo nos puede
hablar - lo llama “tu Padre”, y yo, al escuchar tal lenguaje, lo transformo en
“mi Padre”.
No
cabe oración verdadera sino “ante mi Dios”, el mío, por muy hereje que tú
pienses, desde tu conciencia (no te hablo a ti, Lidia mía), que soy yo. La
oración, como acto supremo de la fe y de la religión, nos emplaza ante nuestro Dios, nuestro Dios
personal, único y verdadero.
La
oración unifica a todos los hombres y es la alianza ante el último misterio
ante el que todos estamos convocados por el amor del solo y único Dios Creador.
La
oración se hace, pues, en la recámara simbólica que Jesús nos abrió.
Para hablar de la oración de Clara
Para
hablar de la oración de Clara Celano (o quien fuera el autor de la Leyenda - es
igual -, no lo vamos a repetir), tuvos dos manantiales:
- lo
que ya se había escrito de la oración de Francisco,
- lo
que las hermanas, en abundancia, dijeron testimoniando sobre lo que ellas
habían visto.
De la
oración de Francisco se había escrito: Totus non tan orans quam oratio
factus (2Cel 95): Todo él no tanto uno que oraba, sino uno “hecho oración”:
oratio factus. Estas dos palabras son lo que mejor se ha escrito de la
oración de Francisco
La
oración de Clara fue, como la de Francisco, un fenómeno de totalidad. Toda
ellla fue oración; toda ella fue amor al esposo.
El texto de la Leyenda
Es
necesario, pues, que conozcamos este texto que se escribe como resumen de la
oración de Clara.
DEL EJERCICIO DE LA SANTA ORACIÓN
19. Así, muerta anticipadamente a la carne y
del todo ajena a la vida del mundo, ocupaba su alma de continuo en santas
oraciones y divinas alabanzas. Había clavado en la Luz eterna el ardentísimo
dardo de su ansia íntima y, trascendiendo la esfera de las realidades
materiales, abría más plenamente el seno de su alma al torrente de la gracia.
Después de completas, oraba largo rato con las hermanas, y en tanto que en ella
se desataban lluvias de lágrimas, las excitaba también en las demás. Y una vez
retiradas éstas a reponer sus cansados miembros sobre duras camas, ella
permanecía en oración, despierta e infatigable, para recoger entonces
furtivamente la vena del divino susurro, mientras el sueño se había apoderado
de las otras.
Muchísimas
veces, postrada rostro en tierra en oración, riega el suelo con lágrimas y lo
acaricia con besos: diríase que tenía siempre a su Jesús entre las manos,
llorando a sus pies, besándoselos. Una vez, mientras lloraba en lo profundo de
la noche, se le apareció el ángel de las tinieblas en figura de un niño negro,
diciéndole: "No llores tanto, que te vas a quedar ciega". Y ella le
respondió de inmediato: "No quedará ciego quien verá a Dios"; el
diablo, confundido, desapareció. Aquella misma noche, después de maitines,
estando Clara en oración y bañada en llanto como de costumbre, se acercó el
consejero engañoso: "No debieras llorar tanto insistió, no suceda que al
fin, derretido el cerebro, vaya a desagüársete por las narices; porque, además,
vas a quedar con la nariz torcida". Le respondió ella a bocajarro:
"No padece ninguna tortura el que sirve al Señor"; así lo puso en
fuga y desapareció.
20. Hay abundantes pruebas de la mucha fuerza
que sacaba del horno de su fervorosa oración, de la gran dulzura con que la
regalaba en ella la bondad divina. Cuando, por ejemplo, retornaba con júbilo de
la santa oración, traía del fuego del altar del Señor palabras ardientes que
encendían también los corazones de las hermanas. Advertían con admiración que
de su rostro emanaba una cierta dulzura y el semblante aparecía más radiante
que de ordinario.
Ciertamente
Dios había dispuesto para su pobrecilla un convite de su dulcedumbre, y
trasparentaba al exterior, a través de los sentidos, el alma colmada en la
oración por la luz verdadera. Así, en medio del mundo variable, unida a su
noble Esposo con lazo indisoluble, se deleita en las cosas celestes con gozo
inmutable; así, en medio del rodar versátil de lo humano, afirmada en virtud
sobrehumana, y guardando en vaso de arcilla un tesoro de gloria, mientras vive
con el cuerpo en la tierra, mora ya su alma en el cielo.
Tenía
la costumbre de avisar para maitines a las jovencitas, a las que, llamando
sigilosamente por medio de una campanilla, excitaba a alabar al Señor. Frecuentemente,
mientras aún dormían las demás, encendía ella las lámparas; muchas veces tocaba
ella con sus propias manos la campana. No había en su claustro lugar para la
tibieza, no lo había para la desidia; sino que con fuerte estímulo aguijoneaba
la posible flojera, para orar y servir al Señor.
El convite, las palabras, el semblante
De
este número segundo consagrado a la oración de Clara (número 20), tan bello, me
place destacar tres términos, que podemos tomarlos como ejercicio de examen
para la oración.
El
primero es que la oración nos introduce en un convite celestial, lo que
quiere decir que la oración, por sí, es una experiencia convivial con el
Esposo.
- La
oración arranca de la bondad de Dios,
- y
llena el corazón de dulzura.
Al
autor también le agrada, en este lenguaje místico, hablar de la oración con la
imagen del horno ardiente sobre el altar. Esto es: la oración encienden. El fervor
no es otra cosa sino el hervor (en el fondo, es la misma palabra).
Hierve el agua, produce su hervor, cuando la brasa encendida ha calentado el
recipiente.
El
segundo punto que destacamos es lo que se refiere a las palabras . El que
ha entrado en oración ha experimentado una transformación de su ser entero, de
su corazón, y las palabras de su boca nacen ahora de la nueva sabiduría que se
le ha comunicado.
Por eso,
la predicación sagrada debe estar unida esencialmente a la oración, no a la
academia y a la escuela, sino al contacto de revelación que se produce en el
cara a cara con Dios. La oración lleva consigo la revelación del Ser divino.
Esta y no otra es la oración de Jesús, y este es el manantial de su ministerio.
En san Juan se desarrolla ampliamente tales comunicaciones, por ejemplo en el
capítulo V, en el “discurso sobre las obras de Jesús”.
El
tercer rasgo se refiere al rostro. Esto es verdad: las personas que vienen
de la oración vienen con el rostro hermoso, transfigurado como el rostro de
Moisés cuando salía de la Tienda del Encuentro. El resplandor espiritual del
rostro lo ha descrito Pablo, aplicado a todos los cristianos, de esta forma:
“Mas todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo
la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más
gloriosos: así es como actúa el Señor, que es Espíritu” (2Co 3,18).
Sin
esta representación sublime, cada uno puede acudir a sí mismo, y ante su
corazón dar testimonio de esta experiencia espiritual: La oración, no sé cómo,
nos pone un rostro más agradable: la serenidad y la paz emanan de la cara de un
corazón apaciguado.
La oración de la esposa en la clausura, el
silencio, el ayuno, la aflicción y la intercesión
En la
vida de Clara hay puntos distintos que cada uno de por sí merece su examen y
estudio al pormenor; por ejemplo el ayuno, que fue rigurosísimo. Y las palabras
que acabamos de escribir mencionan algunos de ellos: clausura, silencio... Cada
una de estas realidades tienen un referencia fontal; proceden de la misma
fuente. Es la esposa frente al Esposo que vive así, que tiene que vivir así,
porque le nace del corazón; es la madre en la Iglesia, que intercede por los
miembros del Cuerpo de Cristo.
Todos
esos ejercicios son parte de una ascesis, que dominan y modelan la propia
persona, pero son mucho más que ascesis: son vida, son atmósfera. El orante
reclama el silencio, porque está lleno de una palabra contemplativa y esponsal.
El silencio entonces no es un “medio”, sino que, que por sí mismo, queda
traspasado en vida...
Y de
esta manera la oración permanente de Clara, esposa y madre, es el eje que
articula todas esas realidades de su vida amorosa, contemplativa.
La
oración de Clara - pensamos - va por estos rumbos.
Apéndice
LA ORACIÓN EN SANTA CLARA
En los meses de abril-mayo de 2003, con motivo
del VIII Centenario del Transito de santa Clara se tuvo un curso clariano; en
el cual se trabajó un taller sobre el proceso de santa Clara, con diez temas
diferentes. El Equipo V trabajó el tema de LA ORACIÓN EN SANTA CLARA, y estuvo
constituido por las hermanas: Cecilia Barajas Cuarenta, María Catalina
Esquivel Cerda, Verónica Montalvo Márquez, María Dolorosa Hernández Ramos, María Cristiana
Albino, María Coleta Villegas Meléndez. Los resultados de su trabajo fueron los
siguientes.
La oración en santa Clara la vamos encontrando
en cada paso de su vida, se podría decir como afirman otros documentos que es
una persona hecha oración. Para llegar a esta misma afirmación tomaremos el
proceso de la santa, donde sus mismos testigos nos hacen la narración.
Santa Clara antes de entrar a la vida monástica
(Se desarrolla este tema)
Santa Clara es perfilada como mujer orante en el
monasterio
Al entrar al monasterio uno de sus realces
importantes de su vida es precisamente su vida orante como iremos observando.
Santa Clara era una persona orante, los testigos
hacen una separación entre oración y contemplación sabiendo que hay una
diferencia de grados en estas formas según parece.
Los textos son:
1. Testigo sor. Pacífica n°7
|
La oía cuando estaba en oración
|
Misma Testigo n° 9
|
Volvía de la oración
|
2. Testigo sor Bienvenida n° 16 n° 15
|
Se puso en oración
Santa Clara, hace la señal de la cruz a un
fraile, que se quedó adormecido donde la madre solía hacer oración
|
2.
Testigo sor Bienvenida n° 17
|
Solía entrar a orar
|
1.
Testigo sor Pacifica n° 19
|
Nunca dejó sus acostumbradas oraciones aún
enferma
|
3 Testigo sor Felipa n° 30
|
En la noche de navidad, no pudiendo levantarse
para ir a la capilla. Realiza una oración diciendo: «¡Oh Señor Dios! Aquí me
han dejado sola contigo, en este lugar» entonces tuvo la audición prodigiosa
|
Misma
testigo n° 10
|
Quedó curada cuando madonna hizo la señal de
la cruz, con la oración del Señor del Padre nuestro
|
Misma testigo n° 18
|
Recurrió en ayuda de su acostumbrada oración
confiando en el Señor siendo fiadora de las hnas. en el caso de los sarracenos
|
Misma testigo n° 25
|
Fue tan solícita en la contemplación
|
4. Testigo Amada n° 7
9. Testigo sor Francisca n° 5
12. Testigo sor Beatriz n° 9
|
Ella gravemente enferma de hidropesía, habiéndole
puesto encima la mano, rogó a Dios, por su sanación y así fue
Había curado a sor Bienvenida de una llaga
bajo el brazo y a sor Cristiana, de la sordera de un oído con la señal de la
cruz y sus oraciones
|
4. Testigo sor Amada n° 13
|
Tenía amor a la pobreza y a la oración
|
Misma Testigo n° 14
7. Testigo sor Balbina n° 6
10 . Testigo sor Inés n° 9
14. Testigo sor Angeluccia n° 3
|
Por las oraciones de la madre no se sufrió el
menor daño (hablando de los sarracenos)
Vio a la madre orar
Por sus oraciones se libró la ciudad
|
Misma testigo n°20
7. Testigo sor Balbina n° 14
|
Los demonios habían confesado que las
oraciones de santa Clara los abrazaba
|
6. Testigo sor Cecilia n° 4
|
En oración
|
Misma testigo n° 11
|
En algún peligro recurrían a la ayuda de la
oración
|
7. Testigo sor Balbina de messer Martín de
Coccorano n° 3
|
Era diligentísima y solícita en la oración y
contemplación
|
Misma testigo n°4
|
La virtud de sus oraciones
|
Misma testigo n°12
|
Tenía una habitación donde solía hacer oración
|
13. Testigo sor Cristiana n° 4
|
Sobre la oración
|
14. Testigo sor Angeluccia n° 9
|
Les exhortaba a que cuando viesen los árboles
alabasen a Dios; y que al ver a los hombres y a las demás criaturas, alabasen
a Dios siempre, por todas y en todas las cosas
|
En este trabajó no incluimos el Tránsito de
santa Clara donde se ora a la Santísima Trinidad explícitamente.
Podemos pensar que su oración era por lo regular
centrada en la Segunda persona por estos datos recogidos:
11. Testigo sor Bienvenida n° 2
|
Dice que le enseñó a amar a Dios sobre todas
las cosas, confesar íntegramente sus pecados y, la amaestró a tener siempre
en la memoria la pasión del Señor
|
3. Testigo sor Felipa n° 1
|
La hizo meditar cómo por la salvación de la
humanidad nuestro Sr. Jesucristo soportó la pasión y murió en la cruz
|
14. Testigo sor Angeluccia n° 8
|
La exhortó a tener en la memoria aquella agua
bendita que salió del costado derecho de nuestro Señor Jesucristo pendiente
de la cruz
|
3. Testigo sor Felipa n° 30
|
Fue tan solícita en la contemplación, que un
viernes santo, pensando en la pasión del Señor, estuvo insensible durante
todo el día y gran parte de la noche siguiente.
|
Características de esta oración
Las características de esta oración como lo
redactan los testigos son:
Oración asidua
1. Testigo Sor Pacífican°9
|
Oración
asidua y solícita
|
2. Testigo Sor Bienvenida n°9
|
Asidua en la oración de día y de noche
|
3. Testigo Sor Felipa n° 3
|
Asidua en la oración
|
4. Testigo Sor Amada n°4
|
Era asidua en la oración y en la contemplación
|
Permanencia en oración
1. Testigo Sor Pacífica n° 9
|
Permanecía largo tiempo
|
11. Testigo Sor Bienvenida n °5
|
Permanente en oración y contemplación
|
20. Testigo Messer Juan Ventura de Asís n° 5
|
Desde la casa de sus padres ayunaba y
permanecía en oración, se creía que desde el principio estaba inspirada por
el Espíritu Santo.
|
10. Testigo Sor Inés n° 10
|
Exhortaba a las hermanas a permanecer en la oración
|
13. Testigo Cristiana de messer Bernardo de
Suppo de Asís n° 9
|
Por mandato de la madre, había llamado a las
hermanas para permanecer en oración (el peligro de los sarracenos, y para
librar a la cd. de Asís)
|
Su oración era vigilante
1. Testigo Sor Pacífica n° 7
|
Velaba en la oración durante la noche
|
6. Testigo Sor Cecilia n° 3
|
Vigilante en la oración y sublime en la
contemplación
|
10. Testigo Sor Inés n° 3
|
Después de completas quedaba largo tiempo en
oración
|
14. Testigo Sor Angeluccia de messer Angeleio
de Espoleto n°. 2
|
La madonna Clara enferma se incorpora en el
lecho y velaba en oración. Lo mismo hacía por la hora tercia.
|
Que posturas y formas realizaba santa
Clara al orar
1 Testigo sor Pacífica n° 7
misma n° 9
|
Se acostaba en tierra y tenía por almohada un
canto rodado (piedra en forma redonda con un paño), y la oía cuando estaba en
oración.
Permanecía largo tiempo tendida en tierra,
humildemente postrada
|
2. Testigo sor Bienvenida n° 9
|
Sobre la media noche despertaba a las hermanas
para alabar a Dios y aquellas que no se levantaban usaba su campanilla
|
3. Testigo sor Felipa n° 7
|
Tenía el don de lágrimas especialmente al
recibir el cuerpo del Señor
|
6. Testigo sor Cecilia n° 4
|
En la oración derramaba abundantes lágrimas, y
con las hermanas manifestaba alegría espiritual.
|
9. Testigo sor Francisca n ° 2
Misma Testigo n° 3 y la testigo 3. sor Felipa
en n° 19
|
Frente al cofrecito del santo sacramento, se
postró en tierra en oración, rogó con lágrimas “ Señor, guarda Tú a estas
siervas tuyas, pues yo no las puedo guardar” y también “Señor, plázcate
defender también a esta ciudad”
Reunió a las hermanas, puso ceniza sobre su
cabeza y las mando orar, y en aquel día de oración las hermanas hicieron
penitencia, ayunando a pan y agua, y algunas no probaron bocado
|
10. Testigo sor Inés n° 3
n°9
|
En la oración derramaba abundantes lágrimas
Vio orar a la santa con lágrimas muy humildemente,
con las manos juntas y los ojos elevados al cielo (sarracenos)
|
11. Testigo sor Bienvenida n ° 1
7. Testigo sor Balbina n° 12
|
Con llagas bajo el brazo se llegó a la santa y
ella conmovida se levanto de su lecho y, arrodillándose, oró al señor. al
terminar hizo la señal de la cruz, rezo un Padre nuestro, le tocó las llagas
con su mano descubierta y quedó curada
Tenía fuerte dolor en la cadera, se lo confió
a la madre, se echó justo sobre su cadera, le aplicó un paño de su cabeza y
ella sano. Se encontraban donde solía hacer oración.
|
14. Testigo sor Angeluccia n° 2
|
La madonna Clara estaba enferma y, sin
embargo, de noche se incorporaba en el lecho y velaba en oración, con
abundantes lágrimas. Y lo mismo por la mañana, hacia la hora de tercia
|
Consecuencias de su oración
Después de la oración las hermanas podían
ver en ella:
1. Testigo sor Pacífica n° 9
|
Al venir de la oración animaba, confortaba,
hablaba siempre palabras de Dios. Las hermanas se alegraban como si viniese
del cielo
|
2. Testigo sor Bienvenida n° 11
n° 17
|
Se confesaba frecuentemente y con gran
devoción recibía el santo sacramento de nuestro Señor Jesucristo temblando
toda ella
Donde madonna solía entrar a orar ella había
visto un gran resplandor, que creyó que fuese fuego material
|
3. Testigo sor Felipa n° 3
|
Su conversación y sus palabras eran siempre de
las cosas de Dios nunca de cosas mundanas
|
4. Testigo sor Amada n° 4
|
Volvió de la oración su rostro parecía más
claro y bello que el sol. Y sus palabras rezumaban una dulzura indecible, su
vida parecía celestial
|
6. Testigo sor Cecilia n ° 3
n° 4
n° 6
|
Su rostro más claro de lo acostumbrado, de su
boca cierta dulzura
Con las hermanas manifestaba alegría
espiritual. Jamás estaba alterada, sino que con mucha mansedumbre y benevolencia
adoctrinaba a las hermanas, y reprendía con diligencia en caso necesario
Tenía tal fervor de espíritu que deseaba
soportar con gusto el martirio por amor al Señor ( Marruecos)
|
14. Testigo sor Angeluccia n° 3
|
Se cree firmemente que sus oraciones libraron
una vez al monasterio de la violencia de los sarracenos y en otra ocasión a
la ciudad de Asís del asedio de los enemigos
|
18. Testigo Messer Ranieri de Bernardo de Asís
n ° 5
|
Como ella era santa, enseñó también a sus
hijas a servir a Dios en santidad, tal como se ve hoy en ellas
|
Conclusión
Después
de haber analizado los textos del proceso, hemos llegado a la conclusión que el
secreto de la santidad de Nuestra Madre santa Clara, se debe a su oración
profunda, de donde dimanan todas las virtudes y cualidades con que la vemos
adornada. Santa Clara pasó por el mundo como extranjera, por su desprendimiento,
más con el alma continuamente empeñada en santa oración, fue su corazón
ardientísimo, abriéndose siempre a la gracia divina. Se puede decir sin temor a
equivocarse que su ardiente amor a Cristo la lleva a la oración y la oración la
lleva a esparcir amor. Producto de su oración fue toda su vida, en lo cual
podemos poner de relieve:
En el
trato maternal con las hermanas, en que ellas mismas quedaban impresionadas de
su rostro resplandeciente por la oración y sobre todo su trato finísimo.
Con
el beatísimo padre Francisco, que encontró en santa Clara luz y consolación.
Con
los magistrados (papas y demás), siempre tenía las palabras adecuadas, tanto
para ayudarlos con sus oraciones como para defender el ideal franciscano.
Nunca
hubo nadie que haya recurrido a tan gran madre sin encontrar su consuelo y su
intercesión .
Vemos
pues la santidad de vida de tan gran Señora, que al consagrar su corazón al
Señor de la gloria, los frutos de su oración siguen latentes sosteniendo a la
Iglesia, y esos frutos palpables somos cada una de nosotras y de todas aquellas
que vibran con el ideal evangélico. Jesús – pobre- crucificado. Nosotras
debemos decir que nuestra Madre santa Clara sigue siendo maestra de oración,
pues es oración misma.
