viernes, 24 de septiembre de 2021

1666. Dom. XXVI, B – En nombre de Jesús

 

En nombre de Jesús

Mc 9,38-48


Texto evangélico:

 38 Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros». 39 Jesús respondió:          «No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí.

40 El que no está contra nosotros está a favor nuestro. 41 Y el que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa.

 42 El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.

43 Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la gehenna, al fuego que no se apaga. 45 Y, si tu pie te induce a pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la gehenna. 47 Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la gehenna, 48 donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

 

Hermanos:

1. En esta sección del Evangelio de san Marcos que acabamos de escuchar, tenemos un episodio de la vida de Jesús, que provoca un comentario en labios de Jesús; y diversas sentencias que él ha pronunciado. Y son tan gráficas esas tres que se refieren a la mano, al pie, y al ojo, miembros del cuerpo que utilizamos en cada momento.

Se nos habla de diversas cosas; pero no debemos olvidar que el anuncio de toda homilía es Cristo, siempre tiene que ser él. “Debe quedar claro a los fieles que lo que interesa al predicador es mostrar a Cristo, que tiene que ser el centro de toda homilía”, así escribía el Papa Benedicto XVI en la exhortación apostólica “Verbum Domini” (n. 59). Y en el Evangelio de hoy esto está muy resaltado: el centro de este mensaje es Cristo.

 

2. La primera sentencia de Jesús es esta: quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. No siendo del grupo de Jesús, no siendo hoy de la religión de Jesús, ¿se puede hacer un milagro en nombre de Jesús? Sorpresa, para meditarlo: Se puede. Jesús no está condicionado por su propia comunidad. Esto es admirable. Jesús es el poder de Dios, el amor de Dios. Y uno puede invocarle, y Dios actuará.

Nosotros somos, sí, del grupo de Jesús, y hemos de confesar que elñ milagro en nombre de Jesús existe, y en determinados momentos podemos invocar su santo nombre para que Dios, incluso a través de nosotros, pecadores haga milagros. El milagro existe. Pero hace falta fe en Jesús.

 

3. La siguiente sentencia también es maravillosa. El dar un vaso de agua por ser de Cristo no quedará sin recompensa. Un vaso de agua lo tiene hasta la familia más pobre. Un vaso de agua dado por ser de Cristo es lo mismo que dárselo a él. Y un vaso de agua dado a Cristo es un vaso de agua dado a Dios. Nos lo recordará Jesús en la descripción del juicio final: Cada vez que lo hiciste con uno de estos, los más pequeños, conmigo lo hiciste. Un vaso de agua, una monedita, dados por amor a Jesús no quedará sin recompensa eterna. Y no hace falta que nadie se entere: Dios ya lo ha visto, Dios ya lo sabe.

Esa imagen de Jesús debemos grabarla en el corazón. Jesús es el viviente, que lo tenemos a nuestro lado y en todo momento. Nosotros, como cristianos, hemos consagrado nuestra vida totalmente a Cristo, el Señor.

 

4. Y después viene, hermanos, la terrible sentencia a favor de los pequeñuelos, pequeñuelos por ser niños – igual niños que niñas – o pequeñuelos por otras limitaciones de la vida. El que escandalicen a estos de estos pequeños que creen – san Mateo precisará: “que creen en mí” – más le valiera que le pusiera como collar esa gran rueda de molino y lo hundieran en el mar.

Para Jesús el niño, el pequeño, es sagrado porque Dios lo ha creado como hijo, y porque el niño es indefenso.

Esta terrible frase del Evangelio no la podemos borrar y hemos detenerla muy presente cuando hablamos de la pederastia; y correspondientemente cuando se habla del aborto, que es otra manera de atacar a la vida indefensa.

Jesús es el defensor de la vida. Como nadie ha defendido la vida, porque la vida no es un comercio humano. La vida es algo divino, propiedad de Dios, y nadie tiene derecho a actuar sobre la vida si Dios es el Creador. Naturalmente que si uno no es creyente, entonces elabora otro pensamiento, y ponen derecho, en el estado, en el gobierno, en el hombre, en la mujer, que Dios no ha otorgado. Grabemos firmemente en el corazón la palabra que hemos escuchado: El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.

 

5. Siguiendo con el mismo Evangelio encontramos esos dichos de Jesús que se refiere a la mano, al pie y al ojo. Es el mismo pensamiento repetido tres veces y expresado de esa forma tan llamativa: cortar la mano, cortar el pie, arrancar el ojo… antes que ofender a Dios.

Evidentemente que Jesús no nos manda mutilar el cuerpo. Pero es una maneja de hablar que quizás nosotros por cobardía, o por falta de visión de las realidades sobrenaturales, no nos atrevemos a emplear. Cortar la mano, cortar el pie, arrancar el ojo nos está diciendo que en la vida puede haber momentos, en la vida matrimonial, en la vida sacerdotal, en la vida de cualquier ser humano en que se imponen decisiones totales. Lo hemos podido ver en enfermos cercanos a nosotros. Ha aparecido la gangrena en un dedo del pie. Se han examina el caso y los doctores han dicho que hay que cortar el dedo. Pero la gangrena ha subido. Se ha vuelto a la consulta y a los análisis, y el dictamen ha sido terrible: hay que cortar el pie, mejor dicho, la pierna hasta encima de la rodilla. Era la única manera de salvar esa vida. En el orden espiritual ocurre lo mismo.

 

En conclusión de todo lo dicho, hermanos: Cuanto más leemos el Evangelio más luminosa queda la figura de Jesús. Realmente él es el centro de nuestra fe: Jesús creído en la fe; Jesús celebrado en la Eucaristía, que es el misterio pascual; Jesús vivido en el corazón, Jesús manifestado en nuestra vida, en la dulzura y paz de nuestro semblante y nuestra mirada, en la fuerza y esperanza de todos nuestros actos.

 

Terminamos con una plegaria: Jesús, tú eres el centrod e la revelación del Padre; sé el centro de nuestra vida. Amén.

 

Madrid, viernes 24 de septiembre de 2021

jueves, 23 de septiembre de 2021

1665. San Pío de Pietrelcina - 23 de septiembre

 

Himnos y Rimas

en oración con el Padre Pío


 

Noticia

San Pío de Pietrelcina (1887-1968) fue canonizado por el Papa Juan Pablo II el domingo 16 de junio de 2002. En la misma fecha, y durante el rezo de Ángelus, el Papa disponía que la celebración de S. Pío de Pietrelcina fuera memoria obligatoria en el Calendario universal de la Iglesia, fijada para el día 23 de septiembre.

El capuchino P. Elías Cabodevilla, de grata memoria, gran conocedor y divulgador de la espiritualidad del Padre Pío, desde Navarra organizó una peregrinación papara la canonización en Roma y visita de los lugares del Padre Pío. Tuve la gracia de participar en ella, y, al regreso, en el mismo mes de junio del año 2002 fueron escritos estos tres himnos para la liturgia. La “Liturgia de las Horas – Propio de la familia franciscana” ha tomado para Laudes: La Cruz pascual ha hundido sus raíces; y para Vísperas: Humilde Padre Pío.

 

Humilde Padre Pío

Oficio de lectura

(o común para otras horas)

 

El Padre Pío se definió a sí mismo como "un frate che prega", un fraile que ora. A esta frase aludimos al decir de él hermano que ama y ora. Pero el Padre Pío llevó por 50 años (1918 1958) las llagas de Cristo y ésta es su verdadera efigie: clavado en Cruz con Cristo. Fue, sobre todo, en la celebración del Santo Sacrificio de la Misa donde él vivió la Pasión del Señor. Por ello glorificamos los dones del Altísimo.

El Padre Pío consumió su vida en el confesonario. A ello apunta la segunda estrofa del himno. Al contemplar a Cristo compasivo, transmite el perdón que Cristo nos da: y entregas absolviendo la gracia del bautismo. El cristiano queda de nuevo santificado por el Santo Jesucristo.

Quien piensa en el Padre Pío piensa en la "Casa Sollievo della Sofferenza". Tú buscas y tú encuentras al Sufrimiento Alivio. Y siempre, detrás del humilde siervo, vemos a Jesús; aquí, detrás de aquel moderno hospital, al Médico divino.

La iglesia donde celebraba misa, la antigua o la nueva, está dedicada a Santa María de las Gracias. La Madre de las Gracias te guarda a su cobijo. Y él respondía a esta ternura desgranando sin pausa muchos rosarios cada día. Ésta es la fe de los sencillos en la Iglesia.

En la doxología, empezando por Cristo Redentor, nos elevamos al Padre y al Espíritu, que es el Aura del principio. A la santa Trinidad ascienda amor y gloria por siglos infinitos.

 

Humilde Padre Pío,

clavado en Cruz con Cristo,

hermano que ama y ora

y ofrece el Sacrificio:

en ti glorificamos

los dones del Altísimo.

 

Tu corazón contempla

al Hijo compasivo,

y entregas absolviendo

la gracia del bautismo:

por ti decimos gracias

al Santo Jesucristo.

 

Amigo de dolientes,

que son tus preferidos,

tú buscas y tú encuentras

al Sufrimiento Alivio:

en ti reconocemos

al Médico divino.

 

La Madre de las Gracias

te guarda a su cobijo.

Y tú vas desgranando

sin pausa tus cariños:

en ti la Iglesia siente

la fe de los sencillos.

 

A Cristo Redentor,

que a amar al hombre vino,

al Padre que lo envía

y al Aura del principio

ascienda amor y gloria

por siglos infinitos. Amén.

 

 

La Cruz pascual ha hundido sus raíces

Laudes

 

“Un reclinatorio, un altar, un confesonario”, ésta es la vida y carisma del Padre Pío (Alessandro da Ripabottoni).

Para cantar a Cristo Redentor en los Laudes matutinos por su siervo Pío de Pietrelcina, miramos esas manos que un día fueron llagadas ante el crucifijo, orando en el reclinatorio, después de haber celebrado la Eucaristía (20 septiembre 1918), y que se hicieron fuente de gracia absolviendo en el confesonario. Desde entonces las llagas que llevaba por dentro, le acompañaron toda la vida, 50 años, hasta la víspera de su muerte (23 septiembre 1968).

Todo arranca de la Cruz pascual, que ha hundido sus raíces en el fecundo huerto de la Iglesia. Esas llagas son la vida del Padre Pío. Él se sintió llamado a una “grandísima misión”; él, efigie de Jesús Crucificado, fue asociado a la obra redentora de Cristo. Por ello, en ti glorificamos al Amado, que a su misión de amor te abrió la puerta.

El Padre Pío, con su diestra alzada en sacramento, ha dejado fluir el río vivo de la gracia, acogiendo y perdonando. Recordamos a Jesús que vio a los ángeles celebrando fiesta ante el trono de Dios por un pecador que se convierte.

En la doxología nos atrevemos a llamar a Jesús Sangre de tu Padre, porque el amor infinito del Padre latía en la Sangre del Hijo. Glorificamos a Cristo Redentor, misericordia desbordada de Dios, que con sus llagas gloriosas de Pascua es la vida de la nueva creación.

 

La Cruz pascual ha hundido sus raíces

en el fecundo huerto de la Iglesia;

con sangre de Jesús está regado

y brotan rojas rosas y azucenas.

 

Las cinco heridas, fuentes del Espíritu,

nos dicen que Dios ama con sus venas;

metido en esas llagas alguien sufre

y en él se quedan dentro y fuera impresas.

 

Efigie de Jesús Crucificado,

herido padre Pío, don y ofrenda,

en ti glorificamos al Amado

que a su misión de amor te abrió la puerta.

 

Un río vivo fluye de tus manos

a quien, buscando a Cristo, a ti se acerca,

y por tu diestra alzada en sacramento

los ángeles de Dios celebran fiesta.

 

¡Oh buen Jesús, oh Sangre de tu Padre,

en El la gratitud y gloria sea,

a ti, misericordia desbordada,

que en tus gloriosas llagas nos recreas! Amén.

 

 

El Hijo es holocausto de obediencia

Vísperas

 

En la hora de la tarde brillan los misterios vespertinos: la Eucaristía y la muerte de Jesús. Contemplamos a Jesús muriendo: holocausto en obediencia. La cruz es el altar del mundo. Contemplamos al pecador   a mí   a quien se le abre el Paraíso, al alzarlo Jesús hasta su Cruz y hasta el triunfo de su resurrección.

En esta escena se anuncia ya el futuro.

Ésta es la imagen del Señor en la que debemos encuadrar al Padre Pío al iniciar las Vísperas.

Recordamos en este himno al Padre Pío como víctima de amor   así se había ofrecido al Señor   y recordamos aquellas expresiones suyas que lo definen en su misión de intercesor, unido a Jesús: "Puedo olvidarme de mí mismo, pero no de mis hijos espirituales. Incluso puedo asegurar que, cuando el Señor me llame, yo el diré: Señor, yo me quedo a la puerta del Paraíso; entraré cuando haya entrado mi último hijo".

La hora de la tarde nos está evocando el cielo, pero el cielo que ha alcanzado la cruz de Jesucristo.

 

El Hijo es holocausto de obediencia

sobre el altar del mundo,

y se abre el Paraíso al pecador,

alzado por tu Cruz hasta tu triunfo.

 

En esta tarde ungida por tu gracia

se anuncia ya el futuro,

oh Cristo, Sacerdote en el Calvario,

abrázanos a ti cual hijos tuyos.

 

Tu víctima de amor, tu siervo Pío,

oraba por los suyos;

y estar allí en la puerta te pedía,

en tanto que no viera entrar al último.

 

Jesús orante, oh toda bendición

y sacrificio augusto,

concédenos ser hostia y alabanza

y con san Pío estar contigo juntos.

 

Divina Trinidad de cielo y tierra,

presente en nuestro culto,

oh gloria y luz misterio de la Iglesia,

en ti sea el amor y el gozo sumo. Amén.

 

____________

 

Bienvenido, Padre Pío

 

El día 24 de enero de 2006 llegó la Reliquia del Padre Pío a nuestra casa de Santa Verónica (Cuatitlán Izcalli, México). Le dimos la Bienvenida en el Portón de hierro, acompañando la Reliquia procesionalmente con lámparas encendidas. Comenzaba la noche. He aquí una rima leída en la capilla.

 

Bienvenido, Padre Pío,

el del corazón llagado.

Verónica te recibe,

tu hermana del mismo hábito.

Dos corazones se encuentran,

al pie del Crucificado,

dos corazones amantes

entre hermanas y entre hermanos;

tú vas a estar con nosotros

muy querido y muy honrado.

Sed bienvenido, San Pío,

a este pueblo mexicano,

a esta tierra de Juan Diego,

junto a la Virgen postrado.

 

          * * *

En ti vemos a Jesús

que mana de tu costado;

tu sangre es Eucaristía,

que se muestra en un milagro.

Eres perdón y ternura

cuando levantas la mano;

eres coloquio divino

al subir al monte santo.

Eres Calvario de amor

en el altar sacrosanto:

eres la contemplación

mirando el pan consagrado.

Eres ofrenda preciosa

un don que Dios ha aceptado,

un fraile humilde que reza

un sacerdote callado,

río de gracia divina,

sentado al confesonario.

Junto a María, la Madre,

la Virgen de tu rosario,

eres niño que confía,

secreto de enamorado.

Al portón del Paraíso

quieres estar vigilando,

y no entrar mientras no entre

el último del rebaño.

         

          * * *

Padre Pío, hermano nuestro,

mil gracias por visitarnos,

porque eres el Evangelio

que Jesús ha predicado.

Háblanos, oh Padre Pío,

que nosotros escuchamos.

Contágianos de tu espíritu,

de tu porte franciscano,

y cuando hayas de seguir

peregrino hacia otros lados,

tu perfume sea el signo

de que por aquí has pasado.

 

 

Como brisa del Espíritu

Despedida al Padre Pío

 

(Leída en la capilla, cuando despedimos al Padre Pío, después de la Misa que celebró el P. Elías Cabodevilla).

 

Como brisa del Espíritu

has pasado, Padre Pío.

¿Qué nos dejas, dulce hermano,

lleno de dones divinos?

Te pusimos sobre el ara,

donde está solo el Santísimo,

pues tu sangre del costado

manaba de la de Cristo.

¿Qué nos dejas, de regalo,

al darte el adiós sentido?

 

          * * *

Un rosario perfumado

en vuestras manos prendido:

amad a la Madrecita

con la ternura de niño;

sentid que está a vuestro lado

para llevaros al Hijo,

que es la Madre de las Gracias

porque el Señor lo ha querido.

 

Mi vida os la han contado,

y me la habéis intuido:

soy un misterio de amor

como san Pablo lo ha dicho;

cristiano del Pueblo santo,

sacerdote capuchino.

 

Mi vida fue expiación

junto al altar del martirio;

mi vida fue intercesión

en el mismo sacrificio.

Mi vida, misericordia,

testigo del Compasivo.

Entrad en la Eucaristía,

id al Calvario conmigo;

no tengáis prisa en la Cruz

gustad a Dios que ha venido:

sentíos hostia purísima,

llorad al dulce cobijo.

Sentíos su comunión,

un corazón, un latido.

“Yo soy toda de mi amado

y mi amado es todo mío”.

 

          * * *

Pasé por Santa Verónica,

como un hermano acogido,

yo con vosotros me quedo:

¡adiós en el Cuerpo Místico!

 

Casa de Santa Verónica, 30 de enero de 2006

 

(Desde Madrid, Convento de Jesús de Medinaceli, en la memoria del Padre Pío, 23 de septiembre de 2021)