sábado, 16 de marzo de 2024

1952. El mismo Dios de los cielos Rima espiritual al eco del Evangelio del Dom IV de Cuaresma

Rima espiritual al eco del Evangelio
del Dom IV de Cuaresma (Jn 3,14-21)


Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18 El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. 19 Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. 20 Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. 21 En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».


El mismo Dios de los cielos,
el todo santo y glorioso,
cuando creó cielo y tierra,
pensó venir con nosotros.

Y por amor envió,
al propio Hijo del trono,
para vivir y morir
en nuestras penas y odios.

Por amor, por solo amor,
para salvarnos a todos,
porque nadie era excluido,
ni fiel ni facineroso.

La culpa había dañado
en sus raíces y tronco
al árbol de nuestra raza
con mortal virus dañoso.

Ser hombre, ser pecador…,
no lo sabrán los filósofos,
pero la fe me lo advierte
en mi pecho doloroso.


Y por mí, que así lo creo,
que a sus ojos soy precioso,
a mi familia envió
al que era su amor y gozo.

No envió para juzgar
y hacer el balance roto,
para ser el juez del mundo
y ver todos los destrozos.

Que el Evangelio nos dice
lo contrario de esta foto,

Dios vino para salvarme
en sus brazos amorosos.

Amor que yo no comprendo,
que el Dios de amor está loco,
pues viendo nuestra locura,
él descendió hasta mi lodo.

Con el amor y la fe
nuestro Dios lo ha dicho todo;
Dios me ama, Dios me ama,
calle ya todo alboroto.

Él no vino a condenar
a la cárcel con cerrojo;
él solo vino a salvar
a los hombres temerosos.

El que cree está salvado,
dijo el Misericordioso,
esta es la fe de la Iglesia,
que yo, cristiano, pregono.

Creer es mirarle a él,
mirar a su bello rostro,
y entender lo que nos dice
que se adivina muy pronto.

Es hacer su voluntad,
dejando atrás mis antojos,
y decirle: yo soy tuyo,
como soy, de todos modos.

Voy en busca de la luz,
de la verdad deseoso,
y Jesús, mi redentor,
es y será mi tesoro.

Dios es gracia, Dios es gracia,
Dios es amor hasta el colmo;
y de ese amor me traspasa
el cuerpo y alma hasta el fondo.

Él mora dentro de mí,
Él me abraza y yo le adoro;
Y gratis me lo regala,
si lo quiero y no me opongo.

Dios es libre, Dios me ama,
y por su amor yo sí lloro…,
por su amor arrepentido,
y a ese amor yo me dono.

Caminaré por la vida,
limpio a la luz de sus ojos,
su piedad para conmigo
es mi gloria sin sonrojo.

A ti, Jesús, mi alabanza
y esto versos temblorosos;
hpy eres tú mi energía
y mañana mi reposo. Amén.

Cuautitlán Izcalli, lunes, 11 marzo 2024.

1951. Dom IV Cuaresma B. Dios envió a su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él

Dios envió a su Hijo al mundo para
que el mundo se salve por él
Jn 3,14-21


Texto

14 Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que cree en él tenga vida eterna. 16 Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18 El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. 19 Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. 20 Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. 21 En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».

Hermanos:

1. Hemos llegado ya a la mitad de la Cuaresma. Dentro de tres domingos será la Pascua del Señor, precedida por esos días tan especiales que llamamos la Semana Santa.

Seguimos escuchando a San Juan, como el domingo anterior, cuando Jesús expulsó a los vendedores del templo., al que llamó la Casa de mi Padre. Jesús defendió de esta manera tan singular la santidad de Dios. La santidad de Dios está en el Templo, ciertamente, pero, sobre todo, la santidad de Dios está en el pueblo santo de Dios, que somos los cristianos, santificados en al bautismo para que nuestra vida sea de acuerdo al Evangelio que Jesús nos ha predicado.

Allí en Jerusalén tuvo una entrevista nocturna con Nicodemo, un doctor de la Ley, que pertenecía al Sanedrín y que fue a ver a Jesús en busca de la verdad. Nicodemo defendió a Jesús en el Sanedrín y aparecerá, sobre todo, a la hora de la muerte de Jesús. Allí estaba con José de Arimatea, que pidió el cuerpo de Jesús apara enterrarlo en su sepultura.

 

2. El texto que hemos escuchado es la terminación del diálogo con Nicodemo. Comienza el texto con esta frase: Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Los judíos entendían esta frase, por pertenecer a sus libros sagrados. El pueblo había murmurado y pecado en el desierto, y aparecieron serpientes abrasadoras, serpientes de veneno mortífero. El pueblo se arrepintió, pidió perdón, y Dios les perdonó. “Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió: «Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla»” (Núm. 21,7-8).

Una serpiente de bronce no era un rito mágico, sino que Moisés, de parte de Dios, la puso como un signo de fe. La serpiente fue alzada y quien la miraba con fe, era curado, era salvado.

Jesús toma este signo sagrado y se lo aplica: Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Jesús es elevado, es alzado. Es la Cruz y lo que sigue a la Cruz. En otra ocasión Jesús dirá: “Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,31-32).

La fe, que es el abandono en el amor que Dios nos ha mostrado, eso es nuestra salvación. Una mirada a la Cruz con fe redime todos nuestros pecados. Hermanos, que no falte la Cruz, el Crucifijo, la imagen de Jesús crucificado, en nuestros hogares; un crucifijo devoto ante el que podamos orar. Desde la Cruz Jesús atrae a todos hacia él.

 

3. Pero ahora viene la frase principal que queremos recoger en nuestros corazones, para que marque toda la dirección de nuestra vida: Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Vamos a hacer algunas reflexiones, que nos convenzan y penetren. ¿Quién es Dios y dónde está Dios? Dios es el Infinito y está más allá de todo. Dios es transcendente, que nunca podrá ser abarracado por nadie. Esto es verdad, pero hay otro modo de responder, que en esta ocasión nos puede ser más oportuno. Dios está dentro el mundo, aun estando fuera; y es el que lo penetra todo, lo dirige todo, lo gobierna todo.

Y el texto sagrado dice que el Hijo de Dios ha sido enviado al medio del mundo para salvar a todos. Estas palabras de fe nos están afirmando dos cosas:

1) La primera, que Dios está en medio del mundo, y que Él debe ser la referencia suprema de todo. Hablar de Dios no es salirse del mundo, sino ir al centro del mundo, a todas las cosas. Dios está aquí.

2) Y la segunda verdad es no menos llamativa. Dios está aquí no para condenar, sino, todo lo contrario, para salvar.

Si aceptamos estas dos cosas nuestra vida queda iluminada de otra manera.

 

4. Hermanos, Dios no es inútil, algo que puede valer para los que creen, pero que no lo necesitamos para dar sentido a la sociedad y a nuestros trabajos. No es así. Dios es lo esencial, y sin Él no pdoemso concebir nuestra felicidad.

Ayer, 8 de marzo (estoy grabando estos pensamientos el sábado, día 9, víspera del IV domingo de Cuaresma) era mundialmente el Día no solo de la Mujer trabajadora, sino el Día de la Mujer sin más. Pudimos ver, a través de la pantalla, caravanas y caravanas de mujeres que habían salido a la calle, reclamando sus derechos, protestando, con toda razón, por tantos feminicidios que nos ofenden a todos.  Desde el lugar en donde vivo, me digo: Vamos a ver qué dicen los periódicos de mi tierra. Y de repente, sin pensar en malas intenciones, me encuentro con la fotografía de esta pancarta: “Yo elijo cómo me visto y con quién me desvisto”.

Y, como tenemos cabeza para pensar, pienso: No, hermana, esos no son los derechos de la dignidad de la mujer; estás organizando tu vida a tu aire y voluntad lo que piensas que son los valores de tu vida, y estás prescindiendo de un Dios de amor. Dios quiere nuestra felicidad, segura y fuerte, pero no es ese el camino.

“Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante” (Jn 10,10), nos dijo también Jesús.

Justamente también la prensa de mi país me dice que el domingo día 10 va a haber una gran concentración en Madrid en favor de la vida. El ds de amor que Jesús ha predicado es el Dios de la vida.

 

5. En fin, hermanos, esta imagen de Dios que nos presenta Jesús llena todo el ser de seguridad interior, de gozo y esperanza. Él nos pide una cosa: que tengamos fe, porque el hombre es capaz de aceptar y de rechazar. El que pone a Dios en el centro de su vida, ha encontrado la clave, y, pase lo que pase, nunca se arrepentirá.

Quisiera termina con la última frase del texto evangélico: el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Miremos a Jesús alzado en la Cruz y alzado a la derecha del Padre:

Señor Jesús, tú eres el Dios con nosotros, el Dios vivo y verdadero que diriges nuestra vida, que nos das el sentido de nuestra existencia. Tú eres la felicidad que esperamos y que ya hemos empezado a disfrutar. Tú eres nuestra salvación; tú eres la vida eterna. Amén.

Cuautilán Izcalli, sábado, 9 marzo 2024.


1950. El celo de tu casa me devora – Himno a la santidad de la Iglesia

 1950. El celo de tu casa me devora
Himno a la santidad de la Iglesia

El celo de tu casa me devora, o “me devorará”, según otra lectura crítica. Y la verdad es que Jesús murió por salvar la santidad de Dios. Al fin, el Templo de Dios, la verdadera Casa de Dios, no va a ser un edificio monumental que el paso de los siglos lo van  a erosionar. El Templo del Señor, la Casa de Dios, la Casa de mi Padre, va a ser la Comunidad del Reino que inicia Jesús con su Palabra, con sus signos, con su Cuerpo Resucitado. La Casa de Dios somos nosotros. La Comunidad de Jesús es la Comunidad de los Santos. Y este lenguaje pasará, como lenguaje de fe, a la Iglesia. No podemos renunciar a él, porque es Palabra revelada de las santas Escrituras. Somos “hermanos santos”. Por citar solo el cuerpo de Cartas paulinas, leamos:

“…Pero ahora voy a Jerusalén, para el servicio de los SANTOS, pues Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una colecta para los pobres que hay entre los SANTOS de Jerusalén. Tuvieron el gusto y además estaban obligados a ello; pues si los gentiles han compartido los bienes espirituales de los SANTOS, ellos por su parte deben prestarles ayuda en lo material” (Rom 15,25-27). Y en la despedida de la misma carta: “Os recomiendo a Febe, nuestra hermana, que además es servidora de la Iglesia que está en Cencreas; recibidla en el Señor de un modo que sea digno de los SANTOS y asistidla en cualquier cosa que necesite de vosotros” (16,1-2). “Saludad a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, y a Olimpas y a todos los SANTOS que están con ellos” (16, 15).

(Puede verse: Rom 8,27; 12,12; 1 Cor 6,1; 14,34; 16,1.15; 2 Cor 131,12; Ef 1,1. 15. 18. 19; 3,8. 18. 19; 4,11; 5,3; Flp 1,1; 4,21; Col 1,1; 1 Tim 5, 19; Flm 4). El mismo san Pablo se llama a sí mismo santo, como miembro de la Comunidad de Cristo: “A mí, el más insignificante de los SANTOS, se me ha dado la gracia de anunciar a los gentiles la riqueza insondable de Cristo” (Ef 3,8).

La Iglesia de Jesús en la que vivimos es santa. Y yo, pecador convertido a Jesucristo, soy unos de los SANTOS de esta Comunidad, y como Santo quiero permanecer, por su gracia, hasta el final de mi vida.

 

El celo de tu casa me devora,

y vivo y muero en esa santidad;

la Casa de mi Padre es bella y santa,

y es mi Iglesia, mi amor y mi heredad.

 

Y hermanos santos son quienes la habitan,

salvados del pecado y cenagal,

la gracia los envuelve y santifica,

nacidos en la fuente bautismal.

 

La Casa de Jesús, Casa del Padre,

la llamo y llamaré Casa natal,

y santo yo he de ser en compañía

de mi familia, que es fraternidad.

 

Oh dulce mi destino, el más amable,

mi excelsa vocación de vida y paz,

ser claro resplandor del solo Santo,

Jesús, el Redentor de todo mal.

 

Jesús, él va delante en el sendero

y su camino es senda de humildad;

la Madre le siguió, la humilde esclava,

la llena de hermosura y de verdad.

 

Camino de la Iglesia, mi camino,

en tiempo de bonanza y tempestad,

la Iglesia es santa, y santa la confieso

y en ella goza el alma y gozará.

 

La santa Eucaristía es el convite

que nos abre a la mesa celestial;

el Santo de los Santos se hace mío,

tan todo entero mío, que es manjar.

 

Honor a mi Señor, Feliz y Santo,

de toda santidad el manantial,

nosotros, peregrinos, te alabamos.

Verbo santo en la santa Trinidad. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, dom. III de Cuaresma, 3 marzo 2024.

1949. Dom III Cuaresma B. Jesús purifica el templo de Dios


Jesús purifica el templo de Dios
Mc 9,2-10

Texto

13Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. 14Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, 15haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; 16y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». 17Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora». 

18Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». 19Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». 20Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». 21Pero él hablaba del templo de su cuerpo. 22Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. 

23Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; 24pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos 25y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Hermanos:

1. Vamos avanzando en este sagrado tiempo de Cuaresma, y estamos ya en el tercer domingo. El día final de este mes de marzo, después de haber recorrido un itinerario de seis semanas (la última la llamamos al Semana Santa) será la Pascua del Señor, centro de nuestra fe y eje de todas las fiestas.

Recordemos una vez más: Primer domingo de Cuaresma: el desierto y las tentaciones; segundo domingo, la transfiguración del Señor, en una alta montaña adonde había acudido a orar con sus tres predilectos, el monte tabor, los tres predilectos que iban a estar junto a él en el Monte de los Olivos Y ahora vienen los tres domingos siguientes, con el Evangelio variable según sea el año A, B, o C, porque las lecturas se distribuyen en tres años.

Este año es el año segundo de los tres, el año B, y las lecturas que vamos a hacer son del Evangelio de San Juan, lecturas que nos adentran en el misterio divino y humano de la persona de Jesús. Hoy la purificación del Templo de Dios, que Jesús la llama “la Casa de mi Padre”. Es un hecho que nos cuentan con detalle cada uno de los cuatro evangelistas.

Pero sucede algo sorprendente: Los tres primeros Evangelios, es decir, Mateo, Marcos, Lucas, ponen este episodio al final de la vida de Jesús, en la Semana Santa, Y justamente una palabra que Jesús pronuncia sobre el templo, la llevan ante el juicio de Caifás (cinco días después) para hallar una causa para condenar a Jesús, aunque los mismo Evangelios dicen que los testigos falsos no acaban de concordar exactamente sobre lo que Jesús había dicho sobre el templo. San Juan, sin embargo, coloca esta escena al principio de la vida de Jesús. ¿Es que Jesús purificó dos veces el templo de Dios con este gesto de soberanía que le otorgaba la misión que él había traído a la tierra? Seguramente que no, sino más bien podemos pensar que san Juan se ha tomado la libertad de colocar este episodio al principio para dejar bien claro quién es este enviado de Dios, a quien él llama al principio, el Verbo de Dios, la Palabra creadora de Dios por quien se hizo el cielo y al tierra; y para darnos a entender con esta escena de majestad divina qué es lo que pretende Jesús en la tierra: hacer que su Comunidad, que es el verdadero templo de Dios, inaugurado en la Resurrección de Jesús, sea un templo limpio, resplandeciente con la santidad misma de Dios. Y el templo de Dios somos nosotros, nos dirá san Pablo.

Veamos, pues, los detalles de esta escena que, de repente, nos deja desconcertados.

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.  San Juan nos habla de tres Pascuas en la vida pública de Jesús, Jesús fue, pues, a la Pascua, como había ido de niño, entonces llevado por sus padres. Fue a la Pascua y donde encuentra una escena en la plaza del templo, es decir, en lo que se llama el “atrio de los gentiles”, podían transitar judíos y no judíos, una algarabía como suele ocurrir en los lugares cercanos a los templos. El Evangelio nos habla de dos cosas: Han colocado puesto de cambio de moneda. El tributo al templo hay que pagarlo no con moneda romana, que es moneda pagana (seguramente impura), sino con moneda judía. Las autoridades no ven mal este proceder, porque, al fin, se trata de beneficio al Templo de Dios.

Por otra parte, en aquella plaza se venden animales para las ofrendas del templo; hay jaulas de palomas y muchas cosas más. San Juan apunta que había “bueyes, ovejas y palomas”. Aquello resulta un mercado popular.  Podemos imaginar todo el folklore que allí se organiza. San Marcos nos da también otro detalle: no permitía que transportaran bultos de un lado a otro por la plaza. Sin conocer las costumbres judías, podemos imaginar que allí también se vendían comidas para los peregrinos. Estamos, como he indicado antes en la plaza del público en general, en el atrio de los gentiles, no en el atrio de las mujeres, no en el atrio de los varones.

Y ahora viene la sorpresa y la revelación. Para Jesús todo aquello es una profanación de la santidad de Dios, que mora en el Templo. Y en un arrebato sagrado toma unos cordeles para deshacer aquel mercado. La frase exacta de est Evangelio es esta: “haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes” ¡Fuera de aquí, fuera! Los cordeles bien podemos suponer que eran para arrear a los animales.

San Marcos también ha sido muy duro al describir la escena, aunque solo san Juan habla de cordeles. San Marcos dice: “se puso a echar a los que vendían y compraban en el templo, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas” (Mc 11,15). San precisa el detalle de las palomas: “16y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre»”.

Ciertamente que es difícil de interpretar esta escena, porque a Jesús lo veremos siempre como defensor de Dios, pero de otro modo, con otras actitudes y modales. Mi Casa se llamará Casa de Oración para todos los pueblos, habían dicho los profetas. Y aquí Jesús, a esta Casa de Oración, la llama Casa de mi Padre.

Lo que le reprochan los judíos no es que haya tomado un látigo para hacer lo que acaba de hacer, sino “¿Quién te ha mandado a ti hacer lo que has hecho?” “¿Qué autoridad tienes tú para hacer esto? ¿Es que te crees que el Templo es tuyo? ¿Qué signos nos muestras para obrar así?

Y ahora cae la palabra misteriosa de Jesús: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

El Evangelio se ha escrito para los creyentes, para los discípulos, y a nosotros, que hemos aceptado la divinidad de Jesús, no nos escandalizan estas palabras que a otros pueden escandalizar. Estas palabras snso están diciendo: que el Dios único y verdadero, el Dios de la santidad, que ha hecho una alianza de amor con su pueblo, va a hacer una comunidad santa y el templo de esa comunidad va a ser el cuerpo de Jesús resucitado.

Cando la mujer samaritana le pregunte a Jesús dónde hay que adorar a Dios, si en Garizim, como hacen los samaritanos, o en Jerusalén, como hacen los judíos, Jesús le responderá:

Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre… Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así*. 24 Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad» (Jn 4,21-24).

Hermanos, estas cosas que estamos escuchando, este Evangelio que llega a nuestro corazón, nos llevan a unas preguntas esenciales, frente a las cuales debemso tomar un a clara postura de un modo personal y también de un modo colectivo.

-         La fe no es una cultura hermosa que hemos heredado y en la cual nos sentimos cómodos, y mucho menos un folklore religioso que se renueva año tras año.

-         La fe nos son las procesiones de Semana Santa, que están bien, sin duda, aunque sean una oferta de turismo.

-         La fe tampoco es un templo, por muy bello y venerable que sea (se acaba de comenzara la restauración del baldaquino de Bernini, después de más de trescientos años, por un presupuesto de 700.000 euros; muy bien que se haga…, como proyectan para comenzar el Año Santo de la Redención, en el cuarto de siglo de 2025).

-         La fe es entrar en la santidad de Dios y transformar toda la vida por la fuerza de esa santidad, que se nos da por la gracia de Jesucristo.

Creer es creer en la santidad de Dios y vivir según según esa santidad. Y decir a Jesús, como le decimos en el Gloria de la Misa: que estas sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros, porque solo tu eres Santo, solo tu Señor, solo tu Altísimo Jesucristo.

La fe no son sentimientos y menos apariencia; la fe te agarra en al profundidad del ser.  Termina el Evangelio de hoy y con ello terminamos

23Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; 24pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos 25y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Señor Jesús, danos la fe verdadera que tú nos has predicado, y haznos santos con la santidad de Dios que tú tienes en tu ser. Amén.

Cuautilán Izcalli, sábado 2 marzo 2024.

1948. Más blancos que la blancura – Rima espiritual sobre la Transfiguración del Señor

1948. Más blancos que la blancura – 
Rima espiritual sobre la Transfiguración del Señor, 
domingo II de Cuaresma.

El sagrado icono de la Transfiguración del Señor (meta-morfosis, dicen los griegos), es una imagen completa de quién es Jesús, Hijo de Dios, Hijo del hombre. Ocurre además que esa “luz tabórica”. Que resplandece en su rostro y en sus vestidos, envuelve también a la Profecía (Elías) y a la Torá (Moisés), y me envuelve también a mí, que quedo en él transfigurado. Toda la historia de Dios queda glorificada por el resplandor de Cristo, a quien han mirado la Ley y los Profetas. Y la Iglesia entera – yo, que soy Iglesia – queda transfigurada por esa Gloria que se manifestó en el Monte santo. La Transfiguración de Jesús anuncia el logro de mi vida, y me lanza al futuro, en que ha de triunfar su santa Pascua.

Mas no lo contéis a nadie: vividlo, y Dios hará lo demás.

Como cristiano, a todos los transfigurados por la gracia de Jesús dedico en la fe esta sencilla rima espiritual en la fe de la Iglesia.

 


Más blancos que la blancura

eran aquellos vestidos,

porque era la luz divina

la que brillaba en el Hijo.

 

Mi Jesús en el Tabor,

el Sinaí de sus íntimos,

hablaba con Moisés

y con Elías, su amigo.

 

Hablaban los tres como hablan

los de antiguo conocidos,

y hablaban de la Pasión

como sagrado destino.

 

Pero una voz les cortó,

cuando Dios Padre intervino:

Este es mi Hijo, mi amado

escuchadle… con cariño.

 

Escucha, Israel, escucha,

abre perfecto el oído,

palabras de amor y vida

son esas que yo te dicto.

 

Escucha, Israel amado,

como mi pueblo elegido,

que una alianza de amor

con sangre hemos convenido.

 

Tendrás en mis mandamientos

mis secretos compartidos,

y su observancia será

mejor que los sacrificios.

 

Escucha, Israel, escucha,

que escucharás mis latidos,

por amor y solo amor

te digo lo que te digo.

 

Dios hablaba y escribía

la Torá desde el principio,

y aquella voz creadora

recreaba el Paraíso.

 

Mas hoy en el Monte santo

la voz del Padre amantísimo,

entregaba el Evangelio,

secreto definitivo.

 

Este es mi Hijo, escuchadle;

suene su voz por los siglos,

que más que mi Hijo amado

nada me guardo escondido.

 

Él es mi Sabiduría

y todo mi regocijo,

y el que lo escuche tendrá

la entrada en el Uno y Trino.

 

Este es mi Hijo, Jesús,

el compañero y vecino,

el que bajó de los cielos

para hacer cielo este sitio.

 

 Caminar voy caminando,

como puedo, pobrecillo,

pero conmigo camina

el que bien sabe el destino.

 

Por la fe que me traspasa

Transfigurado lo he visto:

Creo en Jesús, creo en él,

Viviente, Dios encendido.

 

Pero volvieron los ojos

y era otro, aunque era el mismo:

el cotidiano Jesús…,

y los demás eran idos.

 

Este Jesús Sacramento,

de mi oración y mis libros,

el cotidiano que adoro,

es mi todo y mi sentido.

 

Mi vida transfigurada

la arrojo en su pecho y nido,

no quiero ser otra cosa

que amor en él recibido.

Y no lo digáis a nadie,

que dirán que es un delirio:

demasiado extraordinario

para verse tan sencillo.

 

Bañado en la luz tabórica

yo soy yo y me identifico:

soy lo que soy, yo confieso

por lo que visto y oído.

 

Soy de Jesús resplandor,

suyo soy, por ser discípulo,

y no aspiro a nada más

que es el todo a lo que aspiro.

 

Sé, Jesús, milagro en mí,

sé el que eres, yo te pido,

y hazme tuyo, todo tuyo,

y lo vean tus adictos. Amén.


 

Cuautitlán Izcalli, sábado precedente al domingo II de Cuaresma,

24 febrero 2024

1947. Dom II Cuaresma B. Jesús transfigurado en monte


Jesús transfigurado en monte

Mc 9,2-10



Texto

2Seis días más tarde Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, sube aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. 3 Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. 4 Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. 5 Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». 6 No sabía qué decir, pues estaban asustados. 7 Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo». 8 De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. 9 Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. 10 Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos.

Hermanos:

1. Todos los años el primer domingo de Cuaresma es el desierto y las tentaciones; y el segundo domingo, todos los años, es el Evangelio de la Transfiguración de Jesús delante de los tres predilectos: Pedro, Santiago y Juan.  En un caso y en otro cambian los Evangelios, pero no las es penas. Este contraste nos dice algo. El desierto habla del arduo camino que hay que recorrer, Jesús va delante; la Transfiguración anticipa el punto de llegada: la Pascua. Sin desierto no hay Pascua, peor también sin Pascua no hay desierto. El protagonista es el mismo, y se trata de un solo misterio.

Y la vida humana es así: un misterio de contraste, el dolor y el gozo de una felicidad que es nuestra se funden en una misma persona.

2. En todo caso, la Transfiguración del Señor es un momento de la vida de Jesús, que pone ante los ojos un retrato total de quien es Jesús; es un tratao completo de cristología. No nos sorprenda que la Iglesia, siguiendo la tradición de neustros hermanos de Oriente, haya tomado la Transfiguración de Jesús para venararla no solo como una estampa de Cuaresma, sino como una fiesta en sí misma. El día 6 de agosto se celebra todos los años la Transfiguración del Señor.

Tengo entendiendo que en el Oriente cristiano, los que s3 dedicaban a pintar los santos iconos del Señor, de la Madre de Dios, de los Santos, comenzaban su itinerario espiritual pintando la Transfiguración, y la pintaban de rodillas, en ayuno y oración.

 

3. Vamos ahora a precisar detalles para gustar de este misterio de alegría que se nos propone para que lo descubramos.

Seis días después, dice el evangelista. Seis días después, ¿de cuándo? Seis días después del primer anuncio solmene de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, que siguió a la confesión valiente e iluminada de Pedro: Tú eres el Mesías.

Efectivamente, Jesús aceptó este título: el Mesías, sí, ero no el Mesías triunfal que ellos imaginaban, sino el Mesías rechazada y sufriente, que el Dios del cielo habría de reivindicar por la resurrección. Seis días después de que Jesús dijo a Pedro “Apártate de mí, Satanás, tú piensas como los hombres, no como Dios”, seis después, tomó Jesús aparte a tres predilectos, Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos – precisamente a esos tres que más tarde los apartó consigo cuando llegaron al Huerto de los Olivos – a un monte alto. No sabemos qué monte era, pero la tradición lo ha identificado como el monte Tabor, el monte más alto de Galilea, la tierra de Jesús. Quisiéramos saber los detalles puntuales. ¿Los llevó para transfigurarse? Es lícito pensar que no. San Lucas en este punto nos da un detalle esencial: los llevó consigo para orar.

4. Estamos en un momento crucial de la vida de Jesús. Aquel entusiasmo del principio se ha ido amainando, y dentro el grupo apostólico pueden surgir dudas ante el panorama fututo que se va oscureciendo. Jesús habla del rechazo y la muerte como camino necesario para que Dios pueda implantar su reino en el mundo. Verdaderamente los caminos de Dios son muy distintos de los caminos del hombre. Y es necesaria la luz y la fuerza de la oración.

Y allá en el monte ocurre lo que nadie había proyectado, que de pronto, aparecen los amigos de Jesús que él llevaba por dentro. No vinieron de fuera; vinieron de dentro, hablaban con Jesús.

Jesús, humano y al mismo tiempo Hijo de Dios, vivía el mundo de Dios en su propio ser. Estaba viviendo la profecía, representada por Elías, el más sorprendente de los profetas; estaba viviendo la Lay de la Alianza de Dios con los hombres, representada por Moisés. San Marcos nos da este detalle bellísimo y conmovedor: que los vestidos de Jesús se hicieron de una blancura divina, que no hay tintorería en el mundo que pueda dar ese color. Jesús es todo divino ciertamente.

Fue una escena acaso de segundos no más, el tiempo necesario, no más, para que Pedro, en un éxtasis que nunca había tenido en la vida, dijera: Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Pero más importante que lo que Pedro dijo era lo que el padre declaró: Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo.

5. Y de pronto, volvieron la mirada, y no había nada, lo de siempre: Jesús solo, Jesús normal. ¿Pero es que había cambiado la realidad interior? ¿No nos daremos cuenta de que, aunque no lo veamos, Jesús es el que vive con Dios, el que mora en esas realidades maravillosas de las santas Escrituras, en compañía de Elías, de Moisés, de todos los personajes que han escrito los libros santos?

Hermanos, seguramente que a lo largo de nuestra vida no se nos va aparecer el Señor en una visión esplendorosa delante de los ojos, como con frecuencia se cuenta de los santos: Jesús Niño en los brazos, como se pinta a San Antonio y a otros Santos, Jesús Crucificado como se apareció a san Francisco cuando recibió las llagas, Jesús Resucitado…, o u brazo de Jesús como vio Santa Teresa, Jesús en al Hostia santa de la Eucaristía. No se nos va aparecer; pero no hace falta. Ellos vieron la cabeza y era el Jesús de todos los días, el habitual, todo normal y corriente. Pero, repitamos el pensamiento dicho: Jesús ¿era menos Jesús, menos maravilloso, con su ropa de todos los días, que con la túnica resplandeciente como el sol o como la nieve? Era el mismo, era el Hijo de Dios. Los ojos de la fe nos lo hacen descubrir, y a lo mejor, una lucecita clara del corazón te loe stá diciendo: es él, es el Jesús del Evangelio.

No lo contéis a nadie…. No lo podrían entender. Aguardad a que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos. Y los tres apóstoles privilegiados se preguntaban entonces: ¿Qué querrá decir eso de “resucitar de entre los muertos”?

Nosotros, hermanos, somos afortunados. Sabemos qué quiere decir eso de “resucitado de entre los muertos”.

Concluyendo, hermanos, el misterio de la Transfiguración, por la gracia de la fe, lo tengo yo en mi casa y lo puedo experimentar, lo tengo en la iglesia, ante el Sagrario y en todas las celebraciones cristiana, lo tengo también en mi trabajo. La presencia de Jesús, el Viviente, es la presencia de Jesús TRANSFIGURADO. Es el Hijo amado, gocémonos con él. El Padre nos dice: Escuchadle. Escuchadle quiere decir: obedeced. Escucha, Israel, el Señor nuestro es solamente uno, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu emnte, con todas tus fuerzas. Era el Schemá, el comienzo y síntesis de toda la Ley. Nuestro Schemá es Jesús, el Hijo amado, presentado por el Padre: Escuchadle.

Señor Jesús, por la fe que me las dado, te veo ante mis ojos. Eres el Hijo amado del Padre, te escucharé, te obedeceré. Tú será el Evangelio de toda mi vida. Amén. 

Cuautitlán Izcalli, viernes 23 febrero 2024