domingo, 25 de octubre de 2026

2119 (1063) Jesús y la parábola de los dos hijos enviados a la viña

 

2119 (1063) Jesús y la parábola de los dos hijos enviados a la viña

 

Jesús y la parábola de los dos hijos enviados a la viña

Mt 21,28-32

Texto

28¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. 29Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. 30Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue. 31¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?». Contestaron: «El primero». Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. 32Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis». 

Hermanos:

1. El centro de toda homilía es Cristo, principio luminoso que recalcó el Papa Benedicto XVI tras celebrarse un sínodo en torno a la Palabra de Dios.

En esta parábola, crítica, viva y realista, Cristo, centro del mensaje, no está protagonizado por ninguno de los dos personajes que entra en acción, sino que hay que buscarlo en otro lado. Veámoslo con detalle para el mensaje que Jesús nos transmite en estos días finales de su vida. Lo que el evangeista nos ha contado sucede en un momento posterior a la entrada de Jesús en Jerusalén, su ciudad amada. Jesús está haciendo un balance de vida, para que los judíos que le escuchan saquen las consecuencia, y hoy las saquemos igualmente nosotros.

2. Un padre tiene dos hijos, el malo y el bueno por llamarlos de alguna manera. Y le dice al primero: Vete a trabajar hoy a la viña. Este hijo desaprensivo le dice de mala manera: NO me apetece, no quiero…, o no me da la gana. O inventad la frase que queráis; en resumen: no voy.

Pero luego reflexiona y piensa: Pero ¡qué sirvengüenza!, ¡qué manera de tratar a mi padre! Bueno…, voy a la viña, aunque le había dicho: no voy.

El mismo para se acerca al segundo hijo, al hijo educado y bueno, con la misma orden: ¡Hala, hijo, vete a trabajar a la viña! Y el hijo educado responde: Pues no faltaba más, claro que sí.

Pero pasó lo que pasó: Si o tenía hoy otras obligaciones…, si esto o lo otro… El caso es que no fue. Bonitas palabras, pero el hijo modoso y educado hizo su voluntad antes que ha voluntad de su padre.

3. Esto no es un cuento, sino que lo ha vivido Jesús como nos lo va a explicar.

Jesús tiene una pregunta que lanza a sus oyentes: ¿Qué os parece? ¿Cuál de los dos hijos hizo la voluntad de su padre?

Y le responden sin dudar: el primero, el hijo malo, el sinvergüenza.

Y aquí comienza el mensaje.

Evidentemente Jesús no alaba la mala contestación que de pronto da su padre el hijo maleducado; lo que alaba es que, al final, el hijo displicente es el que cumplió lo que el padre quería, mientars que el hijo formal y educado, a la hora de la verdad, no hizo lo que el padre le había mandado.

Jesús está comprobando que los escribas, los fariseos son el hijo bueno, de hermosas apariencias, pero que no cumplen la voluntad de Dios que envía sus mensajeros.

Y dice unas palabras que suenan feo, pero que son la pura verdad: En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis.

Nunca dijo Jesús que las prostitutas sigan tranquilas y sigan haciendo lo que están haciendo. Las prostitutas han reconocido su mal comportamiento, su pecado; se han arrepentido, y han aceptado el mensaje de conversión de Juan el Bautista; han acogido de esta manera el reino de Dios. Las prostitutas ya nunca serán las prostitutas; Jesús las ama con todo su corazón, ya no están en el pecado, han dejado la mala vida pasada.

En cambio los fariseos, aferrados a sus interpretaciones de la Ley de Moisés, no han cambiado; se creen santo y que pueden enseñar la santidad.

Las prostitutas arrepentidas han acertado en el nuevo camino emprendido; van derechas al reino de Dios. En cambio los escribas y fariseos, no. Encerrados en sí mismos, no aceptaron ni la predicación de Juan ni ahora aceptan las predicación de Jesús.

Jesús, que vino, ante todo a salvar a su pueblo, ha fracasado. Es triste decirlo, pero así fue. Lo confiesa al principio el Evangelio de Juan: Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron.

Ahora bien, otros sí lo recibieron y lo seguimos recibiendo.

4. Para hacer su obra Jesús nos dio todo lo que nos podía dar, porque nos dio su vida entera: se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz, nos ha dicho san Pablo, citando seguramente un himno cristiano.

5. Hermanos, al pensar y meditar en esta homilía, me resultaba imposible apartar el pensamiento del viaje apostólico que está haciendo estos días en Francia, de viernes a lunes, 25 al 28 se septiembre. El viernes lo inició en Paris, el sábado está en Lourdes. Por estos medios de Internet podemos seguir, día a día, todo lo que el Papa está diciendo.

El viernes habló a esa comunidad prominente, que se llama la UNESCO, y que es la Organización internacional de la Onu (Naciones unidas) para promover la educación, la ciencia y la cultura. En su discurso citó la primera frase que tiene la Constituciónd e la UNESCO, y que dice así:

Los gobiernos de los Estados Partes en la presente Constitución, en nombre de sus pueblos, declaran: - y ahora viene las palabras que el Papa citó -

Que, puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz.

Sorprendente que la Unesco, que no es una Organización religiosa, pusiera, como primer principio este criterio, que es puro Evangelio.

Merece la pena que nos aprendamos de memoria esta primera frase de la UNESCO, que se escribió después de la segunda Guerra Mundial, la mayor calamidad que ha conocido la humanidad en sus historia. Fijémonos bien:

“Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz.”

Dentro de unos dáis será la fiesta de san Francisco, el 4 de octubre, con la particularidad de que este años estamos celebrando los 800 años de este acontecimiento, que llamamos el tránsito de san Francisco. San Francisco se nos presenta como un modelo de paz, de acogida, de perdón. Esa oración de la paz, que no es de él, lo retrata muy bien:

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz!

Que allí donde haya odio, ponga yo amor;

donde haya ofensa, ponga yo perdón;

donde haya discordia, ponga yo unión;

donde haya error, ponga yo verdad;

donde haya duda, ponga yo fe;

donde haya desesperación, ponga yo esperanza;

donde haya tinieblas, ponga yo luz;

donde haya tristeza, ponga yo alegría.

¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto

ser consolado como consolar;

ser comprendido, como comprender;

ser amado, como amar.

Terminemos, pues, hermanos, alzando la mirada hacia Jesús en la Cruz y rezándole:

Señor Jesús, que has muerto por nosotros, por mí, para que acojamos el reino de Dios que tú nos traes, abre de par en par neustro corazón para que sepamos acoger tu mensaje de amor y entregarlo a los demás, a nuestros hermanos, los hombres.

Pamplona, sábado, 26 septiembre 2026

(Memoria de 72 mártires capuchinos españoles en los años 1936 y 1937).

 

2118 (1062) Jesús nos habla del trabajo y de la gracia

 

2118 (1062) Jesús nos habla del trabajo y de la gracia 

Jesús nos habla del trabajo y de la gracia

Mt 20,1-16

Texto

1Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. 2Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. 3Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo 4y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. 5Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. 6Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. 7Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. 8Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. 9Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. 10Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. 11Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: 12“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. 13Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? 14Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. 15¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. 16Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos». 

Hermanos:

1. Una vez más nos encontramos con palabras sorprendentes de Jesús: sorprendente lo que Jesús cuenta de los trabajadores enviados a la viña, y sorprendente el final que pone el Evangelio: los últimos serán primeros y los primeros últimos. Tenemos que examinar con mucho cuidado lo que Jesús nos dice, con cuidado, con respeto, con sabiduría, y Dios nos libre de entretenernos con cosas curiosas que él no ha dicho. Jesús nos va a aclarar qué es el esfuerzo, el mérito y el trabajo, y qué es la gracia, que nos viene directamente de Dios como un regalo de amor.

Estamos en tiempos antiguos, cuando no hay Estatuto de trabajadores, en el cual derechos y deberes, ausencias, días libres, todo ello perfectamente reglamentado.

2. Tenemos al propietario de una viña que necesita trabajadores para su viña; no sé dice a qué tipo de trabajos, quizás la vendimia.

Y sale a primera hora del día y hace un contrato. Fijémonos bien en estas palabras, que son esenciales. Dice Jesús: Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Todo correcto. Un denario en aquellos tiempos era un salario justo, lo que hoy diríamos un salario familiar.

Cuántas veces, al escuchar esta parábola, de una escena parecida que en mi pueblo agrícola contemplábamos de niños.  Hombres en la plaza contratados de jornaleros para mañana. Naturalmente que todo aquello ya pasó a la historia.

Para la lección que Jesús quiere sacar, nos pinta cómo este propietario vuelve a salir cuatro veces más: a media mañana, a mediodía, a media tarde y al caer la tarde. Si queremos atenernos a las palabras rigurosas del Evangelio y al reloj de aquel tiempo tiempo, tendríamos que traducir: a la hora tercia (que son las 9 de la mañana), a la hora sexta (que son las 12), a la hora nona y a la hora undécima, cuando solo falta una hora para terminar lo que sería un día solar, un día de trabajo.

3. Llega la hora de pagar. Págales a todos un denario, dice el amo al capataz, que todos tengan un sueldo familiar; y empieza por los últimos.

Y aquí viene la queja de esta parábola imaginativa. Si a los últimos les ha pagado un denario, dicen los de la primera hora, a nosotros que hemos aguantado de sol a sol, nos pagará mucho más. Y comienzan a protestar: No hay derecho, esto es una injusticia.

El amo llama a uno de los que protestan y aquí se deshace todo el misterio. Fijémonos en las palabras que dice Jesús: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.

4. Sobre esto debemos reflexionar. Ciertamente que este amo es muy especial. No ha faltado a la justicia con nadie, pero se ha comportado de una manera muy especial con los últimos y los que han trabajado pocas horas. Les podía haber dicho: Mira, amigo, a ti te voy a dar la mitad.

Habría sido correcto. Incluso la parábola tiene una frase que suena a reproche: ¿Qué hacéis aquí todo el día sin trabajar? Es que nadie nos ha contratado… Una frase que suena a excusa. “Pues tendríais que haber buscado, como sea. No se puede dejar la familia sin ese sueldo que lo necesita.

Este amo discurre de un modo muy especial. Es justo con todos ciertamente, pero además es bueno, compasivo. Y hasta se podría pensar que es demasiado bueno, que se pasa de bueno…

Jesús lo describe con esa frase: ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. Tenemos, por tanto, un amor que es justo con sus trabajadores, y que, además, es bueno. Aquí de las relaciones laborales nos pasamos a otro terreno.

5. Pero ahora, hermanos, vienen nuevas reflexiones y hasta aplicaciones a la vida de hoy.  Comencemos por unas aplicaciones sociales. Hoy uno de los problemas mayores de la humanidad es el de la inmigración. Los que hemos vivido muchos años en un país de América podemos entenderlo mejor.  ¿Por qué ese flujo tan enorme de gentes caminando y caminando de los países de   Centroamérica hacia los EE.UU., y tantos mexicanos que quieren cruzar la frontera? ¿Es que EE. UU. es más bonito? No es por eso, no; van en busca de medio de vivir, saliendo de su pobreza. Pero tienen que tener su contrato, sus papeles, porque, si no, esto esto es un gran desbarajuste… Efectivamente, tiene que tener sus papeles. Pero seamos comprensivos, seamos humanos, que algunos de ellos no habrán ido a la escuela y ni sabrán leer ni escribir. Seamos comprensivos, seamos humanitarios. Lleguemos a unos acuerdos. La justicia no resuelve todo. La justicia tiene que ir unida a la bondad, a la caridad, y también en la vida laboral.

Problemas de primera categoría, que los estamos viviendo igualmente en España, y que enzarzan a los políticos. Queremos que las cosas se hagan bien, sin duda. Pero pensemos siempre que el emigrante está en condiciones de inferioridad, y seamos acogedores. El amor tenga la última palabra.

Hermanos, podríamos seguir y seguir reflexionando sobre estos asuntos, y tiene que ser la gente experta, experta en derecho, experta en humanidad la que nos den buenos criterios.

6. Pero la parábola va más allá. Si nos detenemos en aplicaciones sociales, deformamos el último sentido. La frase final de la parábola es fulminante: Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos». ¿Quiénes son los primeros, y quienes son los últimos? Los primeros son los judíos, el pueblo de Abraham, de Isaac y de Jacob, al que se le había entregado la revelación de Dios. Los últimos somos los que hemos llegado de fuera, de los pueblos paganos, de Grecia, de Roma, del confín de la tierra. Pero ¿qué ha ocurrido? Que las cosas se han vuelto al revés: que los últimos somos los primeros, que los últimos hemos aceptado a Jesús, y los primeros no, se han quedado a la cola. Esto ha hecho sufrir muchísimo a San Pablo, y lo trata en sus cartas. ¿Qué méritos teníamos? Ninguno. Pero eso es precisamente la gracia: Dios regala sus dones porque Él así lo quiere.

Pero san Pablo tiene una respuesta increíble. Al final, también mi pueblo judío volverá al Señor. Israel se convertirá. Cuándo y cómo no lo sabemos. Pero Israel se convertirá. ¿Por qué? Porque los dones y la promesa de Dios son irrevocables. Escuchad a san Pablo, que era judío hasta el tuétano, escribiendo a los romanos:

“Pues no quiero que ignoréis, hermanos, este misterio, para que no os engriáis: el endurecimiento de una parte de Israel ha sucedido hasta que llegue a entrar la totalidad de los gentiles y así todo Israel será salvo, como está escrito: Llegará de Sión el Libertador; alejará los crímenes de Jacob; y esta será la alianza que haré con ellos cuando perdone sus pecados. Según el Evangelio, son enemigos y ello ha revertido en beneficio vuestro; pero según la elección, son objeto de amor en atención a los padres, pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables” (Rom 11,25-29).

En resumen, hermanos, de todo cuanto hemos dicho:

Dios es justo, infinitamente justo; y Dios es bueno, solo Dios es bueno, infinitamente bueno, que tantas veces nos parece que se pasa de la raya. Y nosotros somos lo que somos porque Dios es buenos. Nosotros, representados por los de la hora undécima. Tratemos de ver la bondad de Dios en los regalos de nuestra vida. Todo es gracia, dijo Santa Teresita en un momento delicado de su vida. Digamos también nosotros: Dios mío, todo es gracia.

Señor Jesús, enséñanos a contemplara la bondad de Dios en todos los actos de nuestra vida. Amén.

Pamplona, sábado 19 septiembre 2026.

2117 (1061) Jesús nos enseña la gracia del perdón absoluto

 

 

2117 (1061) Jesús nos enseña la gracia del perdón absoluto

Mt 21-35

Texto

21Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». 22Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

 23Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. 24Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. 25Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. 26El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. 27Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.

 28Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. 29El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. 30Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. 31Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. 32Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. 33¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. 34Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. 35Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano». 

Hermanos:

1. Seguimos reflexionando sobre la imagen de la Iglesia que Jesús ha presentado, que es la comunidad que nosotros debemos ir creando, con la ayuda y presencia de Jesús, pues se trata de su Iglesia.

El Evangelio que acabamos de escuchar sigue inmediatamente a la última frase del Evangelio del domingo anterior: Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Insistíamos en que la Iglesia no es la Iglesia de Pedro, sino la Iglesia de Jesús, “mi Iglesia”. Por eso, por ser su Iglesia, que Él sigue cuidando desde el cielo, la Iglesia tiene la garantía de perseverar hasta el final, hasta la vuelta del Señor.

Es bellísimo el panorama que Jesús nos ha ofrecido de su obra, pero cuenta con que somos pecadores, y que hay que perdonar. De esto hablábamos.

2. Ahora, de este asunto, Pedro, especial responsable, pide una aclaración, porque ya sabemos que las cosas tienen que tener un límite justo y razonable. Comienza, pues, el Evangelio, diciendo: Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Siete veces es mucho, acaso muchísimo, porque dice el refrán: A la tercera va la vencida. Incluso, hay otro dicho: Una y no más; y se entiende: que si no, me lo pagarás.

Y ahora Jesús responde de repente con una frase curiosa que se inventa: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. No lo dice para que saquemos la computadora y hagamos la multiplicación: 7 por 70 igual a 490…, sino para que entendamos esta verdad, que de repente no se entiende: Perdonar, si se pide perdón, hay que perdonar siempre, absolutamente siempre.

3. Antes de entrar en los detalles de la parábola, detengámonos en este punto. Jesús ha explicado que si uno ha cometido un pecado serio, tiene que reconocerlo, es decir, confesarlo y  pedir perdón. Si uno no quiere reconocerlo después de aquellas tres instancias de que hablábamos – a solas, con dos o tres testigos, y la mimsma comunidad - , entonces, considéralo ya fuera de la comunidad. Él no ha querido ser hermano; él queda fuera de la comunidad.

Uno es excluido por un pecado muy grave que no ha querido reconocer, y expulsado de la comunidad.

4. Pero si un día dice: Fui un necio, me arrepiento de lo que hice, quiero volver a la Iglesia, la iglesia tiene que aceptarlo. La Iglesia es su familia y tiene que aceptarlo; la Iglesia es su familia, es su casa.

Recordad, hermanos, aquello del hijo pródigo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como uno de tus jornaleros. Y así piensa su hermano.

Pero el padre dice: De ninguna manera; vamos a celebrar un banquete, porque, al fin, ha vuelto mi hijo. Esta y no otra es la Iglesia que quiere Jesús, la Iglesia del perdón y la acogida.

5. Pero en esta parábola profundizamos en lo que es el milagro del perdón. Jesús, que habla al pueblo campesino, se inventa una fantasía, un cuento de algo que no ha existido en la realidad; pero que, a lo mejor, en otra realidad muy verdadera sí que está existiendo.

Dice, pues el Señor: Que había un rey, allá en oriente, y que quiso poner orden con sus magnates. Le presentaron a uno que le debía 10.000 talentos. ¿Qué son 10.000 talentos? Una cantidad que es difícil imaginar en neustras cuentas bancarias, porque no tenemos monedas de comparación. Recuerdo que en una versión anterior habían puesto: Muchos millones. Pero es mejor que las cosas queden como las dijo Jesús. Y luego había otro deudor, que acaso nos dé la clave de estas cuentas.  Otro duedor le debía, a su vez a este magnate, 100 denarios. Dicen los que han estudioado estos  monetarios que 100denario con respecto a 10.000 talentos es la diferencia de uno a un millón. Y con este cálculo ya podemos entendernos mejor.

Jesús habló varias veces de denarios. Un denario era un sueldo diario de un trabajador sencillo. 100 denarios serían el sueldo mínimo de cien días de trabajo de un trabajador sencillo, no especializado. Vamos a hablar con euros, aunque no podamos gaan tizar de que las cifras son exactas. Uno debía cien denarios. Si ganaba 1.500 euros al mes, 50 al día (por un suponer), el sueldo de dien días serían 5.000 euros. Este era el segundo deudor; pero el primero, el de los 10.000 talentos era un millón de veces más. Es decir. El primer deudor, este gran magnate, le debía al rey 5.000 millones de euros. ¿Quién tiene esa cantidad?

El rey pide cuentas. El gran deudor no tiene para pagar, y entonces el rey poderoso ordena que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. Repito: es un cuento para decir luego una verdad.

Y dice Jesús: que el hombre arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.

No le dice que se lo perdone, sino que aguarde.

Y ahora viene un milagro: el rey se lo perdonó todo. Pero aquí no termina la historia, porque ahora viene lo feo.

6. Porque resulta que este señor también tenía sus negocios, y un deudor le debía cienco dólares, 5.000 euros. Pero de pronto el hombre no tenía a mano ese dinero, y fíjense la frase que había dicho antes: que el hombre a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.

Pero aquel magnate, aquel deudor perdonado, no tenía corazón, y dijo: De ninguna manera, que me lo pagfue ahora mismo, porque me lo debe, y si no, a la cárcel.

Y la historia termina de una manera tremenda. Que la gente de su entorno, indignada, fue a contárselo al rey. Y rey, furioso, ordenó: Ahora no perdono.

“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda”.

7. Esto es un cuento, una parábola, hermanos. Pero no es un cuento lo que ahora viene. Dice Jesús en conclusión:

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.

La conclusión es demasiado seria. Pensémosla. Ya los antiguos nos habían dicho cosas muy hermosas y verdaderas sobre el perdón, como nos o recuerda la primera lectura de hoy:

Si un ser humano alimenta la ira contra otro,

¿cómo puede esperar la curación del Señor?

Si no se compadece de su semejante,

¿cómo pide perdón por sus propios pecados?

Si él, simple mortal, guarda rencor,

¿quién perdonará sus pecados?

Piensa en tu final y deja de odiar,

acuérdate de la corrupción y de la muerte

y sé fiel a los mandamientos.

 

Entonces Jesús, ¿qué hace? ¿Simplemente repite lo que otros ya habían dicho? No, hermanos, Jesús habla de “mi Padre”. Mi Padre es el que perdona, el que perdona todo y lo perdona siempre, porque yo, que soy su hijo, he pagado la deuda contraía por mis hermanos. Jesús ha muerto para el perdón de nuestros pecados. Y a Él le debemos eterna gratitud.

Hoy san Pablo nos dice: Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor.

Este es el mensaje. Yo, pecador, he sido perdonado, y Jesús, mi hermano, me ha abrazado y me ha dado un puesto en casa, para vivir siempre con él. Yo perdono a todos los que me hayan ofendido y pido perdón a todos los que haya podido ofender. Jesús es nuestro hermano, y solo así podemos ser felices.

Señor Jesús, tú nos has enseñado las maravillas del perdón; haz que vivamos siempre en la gracia que tú nos has traído, el perdón absoluto hasta el cielo. Amén.

 

Pamplona, 12 de septiembre de 2026.

2116 (1060) Donde dos o tres están reunidos en mi nombre

 

2116 (1060) Donde dos o tres están reunidos en mi nombre

  

2116 (1060) Donde dos o tres están reunidos en mi nombre

Mt 18-20

Texto

 15Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. 16Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. 17Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. 18En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos. 19Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. 20Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

 

Hermanos:

1. Hace dos domingos nos preguntábamos qué es realmente la Iglesia, al escuchar la confesión inspirada de Pedro en Cesarea de Filipo y decirle Jesús: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré la Iglesia.

Nos aclarábamos e insistíamos en que la Iglesia no se sustenta sobre la piedra de Pedro, porque esta piedra puede fallar, sino sobre la presencia de Jesús, que nunca nos ha de fallar. Yo construiré mi Iglesia, terminaba Jesús. La Iglesia no es la Iglesia de Pedro, que falló y negó cobardemente a su Maestro, sino sobre la presencia firme y misericordiosa de Jesús. Pase lo que pase, Jesús ha de estar siempre con nosotros, y esta es nuestra seguridad absoluta.

2. Creo que no hacemos traición a los textos sagrados, si ahora desde este esquema interpretamos el Evangelio que acabamos de escuchar. Jesús nos habla, con consejos diversos, sobre este plan de su Iglesia. Su Iglesia se define como una comunión de amor.  Entre unos y otros somos hermanos, es decir, miembros de una misma familia, pero hermanos pecadores. Y ¿qué puede suceder? Lo que puede suceder, y sucede, es que unos a otros nos ofendemos. Y una ofensa es una quiebra en el amor, que hay que restaurar.

Si mi hermano me ha ofendido… si tu hermano ha pecado contra ti, dice claramente el texto, ¿qué debemos hacer? Hablar y resolver entre los dos el asunto. Es un duro encuentro; mi hermano me ha ofendido, y yo me puedo quejar y reprenderle para hacer las paces: “repréndelo estando los dos a solas”, dice el texto. La verdad por delante. No se resuelven las cosas diciendo: No, no ha pasado nada, que lo mejor ha pasado mucho. Una calunia puede destruir una vida…

“Arreglaos a solas”, dice Jesús. Y Jesús intrduce la maravillosa palabra del perdón; debemos perdonarnos. El perdón no es de persona débiles e impotente. El perdón es propio de persona nobles.

Este es uno de los secretos de la vida cristiana: saber perdonarnos. Por eso Jesús lo lo puso dentro del Padrenuestro: Padre, perdónanos nuestras deudad como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Debemos perdonarnos, hermanos; y muy especialmente a la hora de la muerte; que pasemos al otro mundo sin ningún rencor en nuestro corazón.

3. Pero volvamos otra vez al detalle: en el conflicto la cosa hay que resolverla a solas, a ser posible, sin que pase hacia afuera, sin hacer drama de los sucedido.

Con todo, puede ocurrir que esta solución no se alacance, porque dos no se entienden si uno no quiere.  La cosa se ha puesto seria, y entonces hay que llamar a dos testigos. Eloos, ajenos a lo que ha pasado, pueden dar un veredicto con imparcialidad.

Pero el pecado es pecado, y cuando ele pecado se retuerce y retuerce sobre sí mismo, lo que tendría que ser solución no lo es; y, al contrario, las cosas se empeoran.

4. Si esto ocurriera hay que dar el tercer paso: díselo a al comunidad, la Iglesia. La Iglesia es auna comunidad de amor, de doctrina, de culto y de oración; pero siendo una comunidad completa también tiene la facultad y el poder de decir: esto vale y esto no vale.  No se asdmite eso de que cada uno tenga su opinión y todos en paz; es no es la paz que Jesús ha traído.

Por lo tanto, si ni siquiera hace caso a la Iglesia, ¡fuera!, ya deja de ser hermano. Dice Jesús: considéralo como un pagano o un publicano. Frase muy dura, pero del todo verdadera y del todo necesaria.

Si la Iglesia no es comunión, es una comunidad rota y deja de ser lo que es, pìerde su propia esencia, se descompone a sí misma. Es una drama que sufrimos, el principal drama. La Iglesia de Jesucristo es unidad de fe y de amor. Y entonces existe la comunión. Esta rotura ha existidos desde siglos, existe, y existe también la amenaza de nuevas rupturas con los problemas que van apareciendo.

Justamente la función primerísima del Papa es hacer la unidad, y lo que se ha propuesto este papa León XIV, como lo dijo en su primera homilía y presentación al mundo, fue esto: hacer la unidad. Incluso, antes de ser Papa había escogido como lema una frase de san Agustín, que dice: In Illo Uno unum, es decir: en Aquel que es Uno, que es Jesucristo, seamos Uno.

5. Pero sigamos con el Evangelio, que dice: Si no os hace caso, comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos. Repite lo que ya había dicho a Pedro.

Pero ahora viene lo más bonito; escuchemos y grabemos esta frase para siempre dentro de nuestros corazón: Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Para comprenderla mejor en su contexto, recordemos que Jesús de niño y de mayor iba los sábados a la sinagoga de su pueblo de Nazaret. Y cuando ya en la vida pública predicó en la sinogaga de su pueblo, dicen los Evangelios que un sábado fue a la sinagoga “según su costumbre”.

La sinagoga y la observancia del sábado ha salvado la fe de Israel a través de los siglos, y no ha desaparecido como han ido despareciendo las religiones de griegos y romanos. En la sinagoga se conservaban y se veneraban los rolos sagrados: la Ley, los Profetas y los Hagiógrafo, Torá, Nebihim y Ketumbim, como los llaman los judíos. Los tres unidos, j7ntando la primera letra de cada una de estas palabras, se dice la TaNaK, y estos on son las santa Escrituras.  La sinagoga es el lugar donde se escucha la Palabra de Dios y se ora.  Una sabio judío dijo: Donde haya diez judíos tiene que haber una sinagoga.  Y cuando se junta un determinada número para orar (creo que tienen que ser diez) viene entre ellos la Shekináh, es decir, la Presencia de Dios.

6. Jesús ha sido educado en este espíritu, y cuando funda su Iglesia, ¿va a tomar este esquema? Sorprendentemente nos dice lo que acabamos de escuchar: Que donde estén dos (mejor tres) reunidos en su nombre, allí está él.

Jesús nunca nos dijo que su Iglesia va a ser una institución potente. Basta dos o tres y ya son Iglesia, y él será la Shekiná, él será la misma presencia de Dios. Asume él su ser divino para decirnos que eso es la obra de Dios.

Evidentemente que con el correr de los siglos la Iglesia se formará con sus errvicios e instituciones. Pero nunca olvidemos esta raíz: Donde están dos o tres reunidos en su nombre, allí está él. Esa es su Iglesia.

Y al estar en unión y comunión con Jesús estamos en comunión con el Padre; por eso Jesús nos garantiza que lo que pidamos ene sta comunión de amor, se nos concederá.

Esto es maravilloso; esto es para meditarlo y volverlo a meditar hasta que se nos llene el corazón de paz y de confianza. Imaginad a dos o tres hermanos, o una familia, enviados a misión a tierras no cristiana. Acaso de momento no tienen la Eucaristía, si no hay un sacerdote, pero sí tienen la Presencia de Jesús, que es lo que radicalmente constituye la Iglesia, y sí cuentan con el poder infalible de la oración, porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos. 

Señor Jesús, una vez más, gracias por tu dvina enseñanza, que llena el corazón de consuelo. Tú están en mediod e nosotros en todos los sagrarios de la tierra. Y aunque no tuviéramos sagrados tú están donde dos o tres se reúnen en tu nombre. Haz que sintamos siempre tu divina Presencia, y que de esa Presencia brote el amor que nos une. Amén.

 

Pamplona, sábado 5 de septiembre de 2026.

2115 (1059) Jesús nos dice: Si alguno quiere venir en pos de mí

 

2115 (1059) Jesús nos dice: Si alguno quiere venir en pos de mí

  

2115 (1059) Jesús nos dice: Si alguno quiere venir en pos de mí

Mt 16,21-27

Texto

21Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. 22Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte». 23Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios». 24Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. 25Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. 26¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?

 

Hermanos:

1. pata entender a fondo este Evangelio, hemos de recordar lo que escuchamos el domingo pasado, la espléndida confesión de Pedro: Tú eres el Mesías el Hijo de Dios vivo.  Jesús le aseguró eue esa respuesta no se la había inventado él, sino que había sido una inspiración, una revelación del Padre del cielo.

Y fue el momento en que Jesús iba a completar su identidad, hablándoles de su propio destino.

Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Esto resultaba extraño, absolutamente contrario a lo que ocurre en las conquistas y triunfos humanos. Las naciones se han ido formando mediante conquistas humanas de unos pueblos contra otros; yen estos triunfos hay un jefe que guía, que sobresale por encima de todos los demás, el conquistador, el caudillo.

2. Comprendemos mejor la reacción de Pedro, que se lo lleva aparte, ahora con más confianza que anteriormente, y como si tuviera una autoridad especial le quiere dar un buen consejo: ¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte.

Jesús rechaza de plano ese mal consejo, como venido de Satanás. «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

El que hace un momento hablaba por inspiración de Dios, ahora habla como si fuera inspirado por Satanás, aunque lo que está diciendo lo dice con la mejor buena voluntad.

Grabemos la frase de Jesús: tú piensas como los hombres, no como Dios.

Es un aviso muy serio que llega hasta nosotros: Los pensamientos de los hombres, tantas veces, tantísimas veces son muy dijstintos de los pensamientos de Dios.

Nosotros, por un misterioso instinto que no alcanzamso a explicar, pensamos que el logro de nuestra vida es el triunfo y la gloria, la salud, la riqueza, todo eso que en los medios de publicidad te da prestigio y renombre. Triunfar en la vida es conseguir el primer puesto en todo aquello que la televisión, las redes sociales te presentan como lo más apetecible.

3. Jesús ha visto su destino al revés. Jesús  no va a triunfar así. Su triunfo va a ser el amor. Nadie en la historia humana ha sido o sigue siendo tan amado como Él, pero el camino ha sido el sufrimiento.

Jerusalén, la ciudad amada por Dios, cantada hasta el delirio por los profetas y los salmos, va a ser la ciudad de su tormento, porque precisamente allí va a padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

No cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén, dijo una vez Jesús. Esos son los pensamientos de Dios. Pero son pensamientos antiguo. El profeta Jeremías, seis siglos antes de Jesús, es un ejemplo.

Dios le había dicho, en su juventud, que no tomase mujer; lo consagraba como profeta. Ya había sido un profeta fiel y auténtico. Pasaron los años, y el profeta se desahoga ante Dios, en sus oraciones y confesiones, como escuchamos hoy:

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir;

has sido más fuerte que yo y me has podido.

He sido a diario el hazmerreír,

todo el mundo se burlaba de mí.

…

La palabra del Señor me ha servido

de oprobio y desprecio a diario.

Pensé en olvidarme del asunto y dije:

«No lo recordaré; no volveré a hablar en su nombre»;

pero había en mis entrañas como fuego,

algo ardiente encerrado en mis huesos.

Yo intentaba sofocarlo, y no podía.

Pero nunca se arrepintió Jeremías de haber cumplido la misión que Dios le había confiando para la salvación de su pueblo.

4. Todos estos pensamientos, hermanos, tienen ahora una culminación, hermanos: el verdadero discípulo de Jesús, acepta no solo la doctrina de Jesús, sino el estilo y la vida de Jesús como destino y vida propios. Dice, pues, Jesús, el Señor, el Mesías, el Hijod e Dios vivo:

Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.

Estas palabras de Jesús tienen su actualidad y la tendrán en toda época de la historia. Nos hace falta una luz especial del Espíritu Santo, para poder convivir en una sociedad tan variada y secularizada como es la sociedad en que vivimos.  El criterio fundamental permanece y voy a citar. Escribo esta homilía en mi pueblo, en unos días vacacionales, en mi pueblo patria, como dije en la homilía anterior de varios santos, el principal San Ezequiel Moreno.  En los escritos de este santo su Testamento nos estremece, firmado unos meses antes de su muerte, de que un cáncer a la garganta le obligara a volver a España:

"No hago testamento, porque soy religioso y nada tengo [...] Confieso, una vez más, que el liberalismo es pecado, enemigo fatal de la Iglesia y reinado de Jesucristo y ruina de los pueblos y naciones; y queriendo enseñar esto, aun despues de muerto, deseo que en el salón donde se expone mi cadáver, y aun en el templo durante las exequias, se ponga a la vista de todos un cartel grande que diga: 'El liberalismo es pecado'".

Quizás otro obispo, santo como él, hubiera manifestado sus “ultimas disposiciones”, como así las llama, de otra manera. En todo caso este santo bien nos manifiesta que el seguimiento a Jesús, nos lleva a un radicalismo total.

Jesús no quiso hacer componendas con la autoridades judías para llegar a un acuerdo.

Fue condenado Jesús por el tribunal judío, por blasfemo, por haberse manifestado como hijo del Bendito.

De nuevo le preguntó el sumo sacerdote: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?». Jesús contestó: «Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene entre las nubes del cielo». El sumo sacerdote, rasgándose las vestiduras, dice: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?» Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?». Y todos lo declararon reo de muerte. (Mc 14,61-64).

Y entonces lo entregaron al poder civil de los romanos para formalizar esta sentencia.

5. Estemos preparados, hermanos. Mientras tanto cumplamos la consigna que hoy nos da san Pablo: Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual. Y no os amoldéis a este mundo (Rom 12,1-2).

Concluyamos mirando y orando a Jesús:

Señor Jesús, que nos has salvado por tu Pasión dolorosa, gracias por este don infinito. Concédeme la fidelidad a tu mensaje en toda circunstancia de mi vida. Amén.

 Alfaro (La Rioja), viernes 28 agosto 2026.