sábado, 1 de diciembre de 2018

1139 Dom. I Adviento - C – Jesús, gloria y paz al final de la historia


Jesús, gloria y paz  al final de la historia
Lc 25-28. 34-36

Texto evangélico:
Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».

34Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; 35 porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. 36 Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

Hermanos:
1. Empezamos el Adviento, que este año queda reducido a lo más que se puede reducir. La cuarta semana de Adviento se inicia en el domingo día 23, pero ya el 24 es vísperas de Navidad. Cuatro domingos de Adviento que la liturgia nos presenta para que consideremos el misterio de Cristo en su luz suave y fascinadora. Es lo que vamos a hacer este primer domingo.
Pero antes recordemos lo que dicen los documentos litúrgicos acerca del sentido del Adviento. ¿Qué es el Adviento? He aquí la respuesta que nos da el misal de la Iglesia en sus páginas introductorias:
“El tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se, nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre” (Num. 39 de las “Normas universales: El Año Litúrgico y el Calendario Romano General”,  Praenotanda).
Estos criterios para entender el año litúrgico de la Iglesia pertenecen a la catequesis y las tendríamos que aprender desde pequeños.

2. El Adviento se abre presentando en el Evangelio ese segundo aspecto que recalca la liturgia: Jesús glorioso fin de la historia humana. Es la imagen final de Jesús que nos presentan los Evangelios, y cuanto más lo pensamos más nos fascina esta imagen.
Jesús ha visto el drama de la historia humana. No se ha hecho ilusiones con un humanismo superficial. El panorama de la vida lleva consigo un misterio. Es innegable. Si somos críticos y abrimos los ojos a la realidad veremos las profundas, las dolorosas contradicciones de la historia humana, en todas las épocas.
Los hombres por una vocación que surge del fondo del alma y nadie nos la podrá quitar hemos nacido para ser hermanos y para ser felices. Y cuando los hombres nos ponemos a pensar, proyectamos en nuestras creaciones de pensamiento estos dos anhelos de vida:
-         Ser hermanos unos de otros con un buen entendimiento;
-         Ser felices.
Pero la realidad cotidiana ataca de frente estos dos anhelos de nuestra legítima dignidad y felicidad. La guerra y la muerte son el pan de cada día.
Y esto que nos pasa hoy – que no nos entendemos – presumimos que nos va a pasar siempre… Es doloroso leer la historia de la humanidad como una historia calada de dolor, jalonada de batallas, y no precisamente – como tendría que ser -  como inmensa aventura de hermanos en búsqueda ascendente de paz, de armonía, de conquista y de amor.

3. Miremos a Jesús, el guía de nuestra fe, el que inicia y consuma nuestra fe, como dice la carta a los Hebreos. Jesús ha visto su propia historia como el Adviento de Dios, coronada con un inmenso triunfo que él puede compartir con toda la humanidad. Jesús vive el Adviento de Dios y predica el Adviento de Dios, el Reino de Dios. No olvidemos que la palabra Adviento significa literalmente llegada de Dios, y que vine a ser en su contenido palabra sinónimo de Reino de Dios. El Reino de Dios, el Adviento de Dios, ha irrumpido en la historia, y se ha cumplido en la misma venida de Jesús, don de gracia para toda la humanidad.
El Adviento de Dios, es decir, el Adviento que Jesús ha vivido tiene su final apoteósico en el remate de la vida de Jesús. El futuro de Jesús se hace historia nuestra. Nuestra historia, suavemente invadida por la historia de Dios, se hace escatología, y el final pertenece a la realidad integral del presente. Esto es vivir la vida en escatología, con este dinamismo vital que el ha impreso Jesús, el Señor de la historia.

4. Es cierto que Jesús ha hablado de desconcierto humano antes del final, de un caos de vida, que él ha llamado la tentación, cuando nos enseñó a pedir al Padre en la oración del Padrenuestro que Dios nos libre de esta hora, que es la tentación.
Vivir hoy la parusía del Señor, es decir, el Adviento futuro de Jesús, es vivir en pureza y santidad, con esa luz benéfica de Jesús que ilumina toda nuestra, la transforma y la diviniza. De ahí arranca nuestra felicidad.
San Pablo nos propone hoy un programa de vida transfigurada, mirando el Señor de nuestra historia. Dice el texto sagrado tomado del primer escrito que conservamos del apóstol, la primera carta a los fieles de Tesalónica, que él había evangelizado al pasar de Asia Menor a Europa:
“En cuanto a vosotros, que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos a vosotros; y que afiance así vuestros corazones, de modo que os presentéis ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos” (1Tes 3,12-13).
El amor mutuo, franco y sin miedo, que, como obra de Dios, es el sentido de la existencia humana, es el comienzo de nuestra felicidad eterna.

5. El Jesús final de nuestra historia lo vamos a contemplar en el don de la Encarnación. Los profetas escribieron mensajes como el que hemos escuchado hoy, en labios de Jeremías:
“Ya llegan días —oráculo del Señor— en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legítimo que hará justicia y derecho en la tierra. En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: “El Señor es nuestra justicia” (Jer 33,14-15). 

Hermanos:
¡Qué hermosa es nuestra fe, que podemos meditar y cantar! El programa de Adviento es, ante todo, un programa de contemplación: y  desde ahí se convertirá en un programa de purificación y de donación.
Señor Jesús, luz del Adviento, haz que vivamos el Adviento de Dios como tú lo viviste. Y hoy confesamos: Nuestro Adviento eres tú. Amén.

Guadalajara, 1 diciembre 2018.

1 comentario:

  1. Dios creo el Universo y las leyes inmutables que lo rigen. Gracias a esas leyes todo el Universo existe dentro de un orden. Pero nos podemos hacer una pregunta muy sencilla. ¿Qué sucedería si Dios suspendiera de repente esas leyes que rigen y ordenan el Universo?. La respuesta, en principio, es sencilla: LAS POTENCIAS DE CIELO SERÁN SACUDIDAS. El cosmos dejaría de ser. Todo lo que es.... dejaría de ser. El edificio del cosmos se derrumbaría.... y sería el final. Un final rápido.
    Saludos.
    Juan José.

    P.D. Le en enviado un email y no tengo constancia de que lo haya leído. Espero que lo haga si Dios quiere.

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