María inmaculada, perfume de Dios
Pensamientos espirituales
Pensamientos espirituales
ante la solemnidad de nuestra Madre
Inmaculada
Y sabéis que él se manifestó para quitar los pecados,
y en él no hay pecado (1 Jn 3,5).
I
PERSPECTIVA PARA MIRAR A MARÍA:
MARIOLOGÍA
Perspectiva
1.
María Inmaculada es un misterio de contemplación, descubierta en la fe
contemplativa de la Iglesia, y mantenida en esta misma fe.
Y hoy
donada contemplativamente – es decir, amorosamente – a la fe de los creyentes.
La contemplación de la Iglesia, concretada ahora en este fiel que escribe, es
el objeto de estos pensamientos.
2. Si
salimos de la contemplación, desviamos el enfoque que nos ha dado la revelación.
Si la contemplación la convertimos en “discurso”, la conquista de María es nuestra
y deja de ser revelación. María en todo su misterio es “revelación de
Evangelio”.
3.
Ahora bien, la contemplación arraiga en
la historia. Si a la contemplación
no estuviera sustentada por una historia que la ha originado, el pensamiento producido
y expresado sería mera fantasía, creada por nuestra interioridad.
4. Pero
esta verdad esencial debemos entenderla. María tuvo historia, como todo ser
humano; sin embargo esa “historia de María” en realidad no se escribió al
estilo de una biografía, que nos da el devenir del biografiado. En una biografía
tenemos la posibilidad de narrar al personaje (acaso héroe para nuestro
corazón) por fuera, en la sucesión de
los acontecimientos; incluso por dentro,
en la aparición de sus sentimientos personales ante sí mismo y ante la vida:
Qué hizo y cómo era.
La
“historia de María” no pertenece a la “historiografía”. No tenemos otra fuente
para hablar de ella que los Evangelios. Los Evangelios no son “narraciones” al
uso de las crónicas; son confesiones de fe en
forma narrativa, derivadas de lo que un día pasó. María tuvo su “historia
evangélica”, “historia de salvación”.
Por la mera historiografía
llegamos en la fe a puntos ciegos, sin salida. Un ejemplo. “La lengua
materna de Jesús fue el arameo. Lo hablaba según una forma dialectal corriente
en Galilea. No sabemos con certeza si sabía leer y escribir…” (Pagola, Jesús. Aproximación histórica, Anexo 1. Breve
perfil histórico de
Jesús). No es una
afirmación, sino una hipótesis. La misma hipótesis vale para la madre de Jesús,
para Pedro y Andrés, para los otros apóstoles, salvo para el recaudador de
impuestos…
No parece
que sea el camino.
Tres
conclusiones
Primera. No conocemos la historia de María como la historia de un compañero, de una
compañera.
Segunda. No conocemos la psicología de María como conozco mi propia psicología o, en
parte, la psicología de un compañero, de una compañera.
Por
tanto, cuando “reconstruimos” la historia de María, la psicología de María, nos
servimos de la “analogía”: Así ocurre en una niña, en una adolescente, en una
madre…, pues así, de modo semejante, tuvo que ocurrir en María.
Este conocimiento
por analogía es absolutamente relativo:
-
Como
no ha habido ninguna niña inmaculada, no podemos saber cómo era la Niña María,
y no vale decir “como las demás niñas” (cómo era yo de niña, si la lectora es
una mujer).
-
Como
no ha habido nadie que haya sido Madre de Dios por haber concebido por obra del
Espíritu Santo no sabemos, por comparación, por analogía, cómo vivía esta
jovencita su divina maternidad.
Tercera. El acceso a María,
el recto conocimiento de María, se obra por la fe, solo por la fe, y mediante
los datos que encontramos en los santos Evangelios.
Desde
aquí bien podemos decir: Todo lo que sabemos de María lo sabemos:
-
Desde
Jesús, desde el
acontecimiento de Jesús,
-
Por
Jesús, “a través de”
Jesús.
-
Y
para Jesús, para
gloria del Verbo Encarnado.
En suma: si se quita la
referencia a Jesús, desaparece por completo el misterio de María.
Para nosotros:
-
Jesús
es la clave de conocimiento de María
-
Y
Jesús es la Tradición viva de María.
-
Y,
en consecuencia, la Iglesia ha mirado a Jesús para saber quién era y es la
Madre de Jesús, el Señor. Jesús es la “norma” del conocimiento de María, la
única fuente para conocer a la que la Iglesia, ya en los Evangelios reconoce
con “la Madre de mi Señor” (Lc 1,43), y los Concilio como “la Engendradora de
Dios” (Theotókos. Éfeso 431, y antes
la oración “Bajo tu amparo”).
II
CONOCIMIENTO CONTEMPLATIVO DE MARÍA
CRISTOLOGÍA - Inmaculada, tres preguntas
Primera. ¿Qué es la Inmaculada Concepción? Es la
verdad de fe que afirma que María, hija de Adán, no contrajo la culpa de Adán,
sino que fue concebida sin pecado original.
Segunda. ¿Por qué? No por ningún mérito personal, pues no era
sujeto de mérito, sino por la voluntad de Dios para que el Hijo de Dios tuviera
una digna morada. Así lo afirma la oración de la Inmaculada.
Tercera. ¿De dónde sabemos
esta verdad? La Inmaculada Concepción, lo mismo que la Asunción de María –
que viene a ser la verdad correlativa, correspondiente – la sabemos por la
“tradición espiritual” de la Iglesia.
La
“tradición” de la Iglesia no puede ser considerada como una cadena
“historicista” (eso lo digo y tú lo repites), sino como una acción progresiva
del Espíritu Santo que va descubriendo gradualmente el depósito de la fe.
TRINIDAD
Si
María concibe por la acción inmediata de Dios, por obra del Espíritu Santo,
María es “la esposa del Espíritu Santo”
(S. Francisco) y de alguna manera queda elevada al rango de la Trinidad.
María
terrenal adquiere una condición celestial, quiere decir trinitaria.
Por eso
María es invocada como “Hija predilecta de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa
del Espíritu Santo”.
María,
criatura hija de Adán como yo, pasa a la santidad e Dios. María es el perfume
de Dios.
María
es el paradigma de la creación, es la obra de Dios.
ANTROPOLOGÍA
María
es la clave del tratado “De gratia”. Es la gracia en el paradigma puro. María
es nadie; por eso Dios obra en ella todo.
Si
algunos de nuestros hermanos protestantes, no bien informado, reprochan que los
católicos adoramos a la Virgen, la respuesta es evidente con el misal en la
mano:
-
Mira
este grueso misal con el que celebramos al Eucaristía. Hay muchas fiesta de la
Virgen…, muchas. Pero no encontrarás en el Misal – repito, en el Misal . u a
sola oración dirigida a la Virgen. “Dios todopoderoso y eterno, que para
preparar una digna morada a tu Hijo, hiciste en María esto y esto…”
Así ora la Iglesia al
celebrar la Eucaristía.
VÏA MÍSTICA
El
teólogo, que por definición es un orante contemplativo, y trata de proyectar el
misterio inefable en un entramado intelectual, apenas quiere fondear en el misterio
de María, se pierde en una zona sagrada.
La
Teología, acercándose al Sol, es admirativa, exclamativa, adorativa… y así
sucesivamente.
De esta
actitud amorosa surge una figura de María “endiosada”…, dicen, irreal, ajena a
la vida
Efectivamente
si al pretendido teólogo o espiritual le falta la humildad, que da el tono y el
equilibrio a la vida y al pensamiento.
Gregorio
Nacianceno, teólogo místico hasta al entraña, se extasía ante el misterio. No
es un iluso, y ante el misterio contempla la santidad de María, la virginidad
de María, y habla así ante sus fieles: “El Hijo de Dios en persona, aquel que
existe desde toda la eternidad, aquel que es invisible, incomprensible,
incorpóreo, principio de principio, luz de luz, fuente de vida e inmortalidad,
expresión del supremo arquetipo, sello inmutable, imagen fidelísima, palabra y
pensamiento del Padre, él mismo viene en ayuda de la criatura, que es su
imagen: por amor del hombre se hace hombre, por amor a mi alma se une a un alma
intelectual, para purificar a aquellos a quienes se ha hecho semejante, asumiendo
todo lo humano, excepto el pecado.
Fue concebido en el seno de la Virgen,
previamente purificada en su cuerpo y en su alma por el Espíritu (ya que
convenía honrar el hecho de la generación, destacando al mismo tiempo la
preeminencia de la virginidad);
y así, siendo Dios, nació con la naturaleza humana que había asumido, y unió en
su persona dos cosas entre sí contrarias, a saber, la carne y el espíritu, de
las cuales una confirió la divinidad, otra la recibió” (Sermón 45, lectura del martes de la I semana de Adviento).
III
LA
VIRGEN MARÍA EN MI INTIMIDAD CON DIOS
Guía espiritual
1. La Virgen María, en la Teología (en la
contemplación teológica de la Iglesia) es punto de confluencia de todos los misterios
de Dios. Es una realidad espiritual que yo la puedo experimentar en mi alma,
como vida de Dios.
2.
Existe
una “experiencia espiritual” mariana. Dice el Concilio, hablando de la Virgen: “La
Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la experimenta continuamente y la
recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protección
maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador” (Lumen Gentium,
62).
3.
Desde
ahí es posible entablar un diálogo espiritual con María, la Madre de mi Señor.
4.
Porque,
ciertamente, por su Hijo es la Madre de la Iglesia (memoria instituida este año
como obligatoria)
5.
Yo
puedo ponerme bajo el amparo de la Virgen María y en ella experimentar la
ternura de Dios.
6.
La
función esencial de María es ser “madre”. Contando con la armonía de la fe, a
una madre puedo pedirle todo (lo mismo algo que necesito para mis estudios como
la sanación de un cáncer como… una gracia de oración).
7.
Desde
la atura de la fe puedo releer el Evangelio con pureza, con ingenuidad de niño,
con la seguridad de que todo es verdad, divinamente verdad. En María se
encuentra el Hijo y los hijos.
8. En nuestro pensamiento y amor está
constantemente “recreada”: Divinizada (y nunca podremos acceder a su misterio
de Madre de Dios y Pobre de Yahvé, la más pobre de los pobres) y humanizada,
con todas las vestimentas de todos los pueblos de la tierra, con todas las
advocaciones que salen del corazón gimiente.
Guadalajara, 4 diciembre
2018
Rufino María Grández
Nota. Unas reflexiones en este sentido véase en
nuestro blog de “Las herniosas palabras del Señor”:
149. María Inmaculada. La toda pura, la
toda bella, la toda madre
323. Retiro para la Inmaculada.
471. La Inmaculada en la peana del corazón
y de las palabras
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