sábado, 15 de diciembre de 2018

1145 Adviento, Dom II C – Alegraos siempre en el Señor


Alegraos siempre en el Señor
Lc 3,10-18 – Flp 4,4-7

Texto evangélico:
10 La gente le preguntaba: «Entonces, ¿qué debemos hacer?». 11 Él contestaba: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».
 12 Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
 «Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros?». 13 Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido».
14 Unos soldados igualmente le preguntaban: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?». Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga».
Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, 16 Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; 17 en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga». 18 Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio.

Hermanos:
1. Tercer Domingo de Adviento. Como ya anunciamos, el segundo y tercer Domingo de Adviento, el Evangelio nos presenta a Juan Bautista, el Precursor del Señor, el que está a la puerta señalándonos que ya llega.
Hoy san Lucas nos da una estampa de lo que era la predicación del Bautista. Con términos en uso, diríamos que Juan Bautista es un predicador social. Es el profeta de Dios que predica la justicia social, el compartir, la solidaridad. Si en su tiempo tenía actualidad, hoy estas palabras claras y tajantes cobran no menos actualidad. Cada estamento de la sociedad – obreros y empleados, profesionistas y empresarios, civiles y empleados del gobierno, laicos y eclesiásticos – debemos preguntarnos con lealtad si cumplimos correctamente, sin trampas, sin corrupción, la legítima legislación laboral; si somos artífices de una genuina sociedad de hermanos.
2. Eso es el primer cuadro de la predicación del Bautista; pero su mensaje no termina ahí. Si no suena a estilo académico, diríamos que el Bautista tiene una predicación moral y una predicación teológica. Es decir, no solamente es el profeta que reclama el cumplimiento de las leyes de la alianza; es, además, y sobre todo, el Precursor, el que anuncia la llegada del que ha de venir.
Estas son sus palabras: Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

3. Juan nos invita, pues, a que miremos a Jesús. Mirando a Jesús, en este domingo III de Adviento, yo quiero anunciar con palabras del apóstol Pablo, este mensaje de gracia que se nos envía. A este domingo se le llama “Gaudete”, palabra latina que significa “Alegraos” y que traduce al latín aquello que san Pablo había escrito en griego a los fieles de la Iglesia de Filipos: Alegraos.
Vamos a recoger este mensaje de “Alegraos”, que es el mensaje del ángel a María, el día de la Encarnación: Alégrate, María, llena de gracia; el Señor está contigo.
Nos dice el apóstol Pablo: “Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Flp 4,4-7).

4. Cuando Lucas nos ha referido lo que predica Juan el Bautista, concluye diciendo: “Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio”. Las palabras del Bautista que urgía respetar los deberes sociales de cada estado son Evangelio. Es así.
Pues Evangelio, puro Evangelio, es la consigna que da y explica san Pablo cuando dice: Alegraos siempre en el Señor.

5. Recibir estas palabras y acogerlas generosamente en el corazón es una revelación de Dios,
La alegría que anuncia Pablo no es otra que esa misma alegría por la salvación que ha anunciado Jesús en su Evangelio. La alegría es una vivencia que brota del Evangelio verdadero, y que debe acompañar en todo omento al discípulo de Jesús, como fruto de la acogida de este Evangelio.
Hay razones poderosas para estar angustiados y preocupados al advertir signos que dicen que esta sociedad marcha a la deriva, y en los medios religiosos, donde vivimos las personas que hemos consagrado la vida – nuestras actividades exclusivamente a Dios, así lo decimos – hay tristes razones para el pesimismo. Con todo eso, hay una razón suprema para disfrutar de una alegría celestial que nadie nos la puede quitar: que Jesús, Dios de amor y vida, está con nosotros. Nos basta.
Sí, nos basta a los que creemos en Jesús, porque, pase lo que pase, Jesús es el manantial inagotable de nuestra alegría, de nuestra seguridad en el Dios de nuestra salvación. Pablo pide a los cristianos de Filipos esa alegría sólida y permanente.

6. Hablando de la oración cristiana, dice el Catecismo de la Iglesia Católica que no se puede estar siempre en meditación; pero sí se puede estar siempre en contemplación. Estas son las palabras exactas: “No se puede meditar en todo momento, pero sí se puede entrar siempre en contemplación, independientemente de las condiciones de salud, trabajo o afectividad. El corazón es el lugar de la búsqueda y del encuentro, en la pobreza y en la fe” (Catecismo, 2710). La contemplación es radicalmente esa atención amorosa al Señor, que unifica nuestros sentimientos hacia él.
De modo semejante, “estar siempre alegres en Señor” es afianzarse en él, como sustento constante de nuestra vida en circunstancias favorables o adversas. Toda la Sagrada Escritura está atravesada por una fuerza misteriosa que el da vigor y la abre a la esperanza. Esa es la alegría de Dios que es la fuerza de su pueblo.
El mensaje del Adviento ante un Dios de amor-presencia, un Dios que vino, que vendrá, que viene es mensaje de alegría en el Señor.
El Dios de la alegría y de la paz, el Dios del perdón y de la fraternidad, el Dios de la esperanza es el Dios de los cristianos.

Señor Jesús, fuente inagotable de todas nuestras alegrías, pase lo que pase en la vida, llénanos de la alegría que mana de ti y concédenos compartirla con los hombres, con quienes convivimos, que son nuestros hermanos. Amén.

Guadalajara, Jalisco, sábado 15 diciembre 2018.

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