Alegraos siempre en el
Señor
Lc 3,10-18 – Flp 4,4-7
Texto evangélico:
10 La gente le preguntaba: «Entonces,
¿qué debemos hacer?». 11 Él contestaba: «El que tenga dos túnicas,
que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».
12 Vinieron también a bautizarse
unos publicanos y le preguntaron:
«Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros?». 13
Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido».
14 Unos soldados igualmente le
preguntaban: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?». Él les contestó: «No hagáis
extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con
la paga».
Como
el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan
si no sería el Mesías, 16 Juan les respondió dirigiéndose a todos:
«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no
merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu
Santo y fuego; 17 en su mano tiene el bieldo para aventar su parva,
reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga».
18 Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el
Evangelio.
Hermanos:
1. Tercer Domingo de Adviento. Como ya
anunciamos, el segundo y tercer Domingo de Adviento, el Evangelio nos presenta
a Juan Bautista, el Precursor del Señor, el que está a la puerta señalándonos
que ya llega.
Hoy san Lucas nos da una estampa de lo
que era la predicación del Bautista. Con términos en uso, diríamos que Juan Bautista
es un predicador social. Es el profeta de Dios que predica la justicia social,
el compartir, la solidaridad. Si en su tiempo tenía actualidad, hoy estas
palabras claras y tajantes cobran no menos actualidad. Cada estamento de la
sociedad – obreros y empleados, profesionistas y empresarios, civiles y empleados
del gobierno, laicos y eclesiásticos – debemos preguntarnos con lealtad si
cumplimos correctamente, sin trampas, sin corrupción, la legítima legislación
laboral; si somos artífices de una genuina sociedad de hermanos.
2. Eso es el primer cuadro de la
predicación del Bautista; pero su mensaje no termina ahí. Si no suena a estilo
académico, diríamos que el Bautista tiene una predicación moral y una predicación
teológica. Es decir, no solamente es el profeta que reclama el cumplimiento de
las leyes de la alianza; es, además, y sobre todo, el Precursor, el que anuncia
la llegada del que ha de venir.
Estas son sus palabras: Yo os bautizo con agua; pero viene el que es
más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él
os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
3. Juan nos invita, pues, a que miremos
a Jesús. Mirando a Jesús, en este domingo III de Adviento, yo quiero anunciar
con palabras del apóstol Pablo, este mensaje de gracia que se nos envía. A este
domingo se le llama “Gaudete”,
palabra latina que significa “Alegraos”
y que traduce al latín aquello que san Pablo había escrito en griego a los
fieles de la Iglesia de Filipos: Alegraos.
Vamos a recoger este mensaje de “Alegraos”,
que es el mensaje del ángel a María, el día de la Encarnación: Alégrate, María, llena de gracia; el Señor
está contigo.
Nos dice el apóstol Pablo: “Alegraos
siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra mesura la conozca todo
el mundo. El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en
la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean
presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará
vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Flp 4,4-7).
4. Cuando Lucas nos ha referido lo que predica
Juan el Bautista, concluye diciendo: “Con
estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio”. Las palabras
del Bautista que urgía respetar los deberes sociales de cada estado son
Evangelio. Es así.
Pues Evangelio, puro Evangelio, es la
consigna que da y explica san Pablo cuando dice: Alegraos siempre en el Señor.
5. Recibir estas palabras y acogerlas
generosamente en el corazón es una revelación de Dios,
La alegría que anuncia Pablo no es otra que
esa misma alegría por la salvación que ha anunciado Jesús en su Evangelio. La
alegría es una vivencia que brota del Evangelio verdadero, y que debe acompañar
en todo omento al discípulo de Jesús, como fruto de la acogida de este
Evangelio.
Hay razones poderosas para estar
angustiados y preocupados al advertir signos que dicen que esta sociedad marcha
a la deriva, y en los medios religiosos, donde vivimos las personas que hemos
consagrado la vida – nuestras actividades exclusivamente a Dios, así lo decimos
– hay tristes razones para el pesimismo. Con todo eso, hay una razón suprema
para disfrutar de una alegría celestial que nadie nos la puede quitar: que Jesús,
Dios de amor y vida, está con nosotros. Nos basta.
Sí, nos basta a los que creemos en Jesús,
porque, pase lo que pase, Jesús es el manantial inagotable de nuestra alegría,
de nuestra seguridad en el Dios de nuestra salvación. Pablo pide a los
cristianos de Filipos esa alegría sólida y permanente.
6. Hablando de la oración cristiana,
dice el Catecismo de la Iglesia Católica que no se puede estar siempre en meditación;
pero sí se puede estar siempre en contemplación. Estas son las palabras
exactas: “No se puede meditar en todo momento, pero sí se puede entrar siempre
en contemplación, independientemente de las condiciones de salud, trabajo o
afectividad. El corazón es el lugar de la búsqueda y del encuentro, en la
pobreza y en la fe” (Catecismo, 2710). La contemplación es radicalmente esa
atención amorosa al Señor, que unifica nuestros sentimientos hacia él.
De modo semejante, “estar siempre
alegres en Señor” es afianzarse en él, como sustento constante de nuestra vida
en circunstancias favorables o adversas. Toda la Sagrada Escritura está
atravesada por una fuerza misteriosa que el da vigor y la abre a la esperanza.
Esa es la alegría de Dios que es la fuerza de su pueblo.
El mensaje del Adviento ante un Dios de
amor-presencia, un Dios que vino, que vendrá, que viene es mensaje de alegría
en el Señor.
El Dios de la alegría y de la paz, el
Dios del perdón y de la fraternidad, el Dios de la esperanza es el Dios de los
cristianos.
Señor
Jesús, fuente inagotable de todas nuestras alegrías, pase lo que pase en la
vida, llénanos de la alegría que mana de ti y concédenos compartirla con los
hombres, con quienes convivimos, que son nuestros hermanos. Amén.
Guadalajara, Jalisco, sábado 15
diciembre 2018.
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