Orar con san Francisco en Adviento
I.
ADVIENTO EN ORACIÓN
Oramos con la Iglesia,
con los salmos y desde los salmos
El Adviento es la primavera de la
liturgia. Es una maravilla la composición de los textos. El Adviento es pura
poesía. La poesía, la liturgia, la teología son la trilogía subyacente a
nuestra oración cristiana.
Las antífonas son joyas
resplandecientes, y el “rey litúrgico del Adviento” es Isaías, especialmente los oráculos tomados del libro
de la consolación: Consolad, consolad a
mi pueblo (Is 40,1).
Ciertamente que el Adviento es una
singular escuela de oración:
Por el Dios de la ternura que se anuncia
Por la esperanza que unge el mensaje, basado en el
absoluto perdón de los pecados.
Por la alegría evangélica inherente al anuncio.
Este clima de oración que crea el
Adviento es la tónica de la oración cristiana según nos ha enseñado el Señor.
La historia de salvación de Dios, que se
abre en el mismo momento de la creación, forma una caravana que va viniendo…,
viniendo… Ya llega el Salvador.
En el nocturno del primer Domingo de
Adviento hay un responsorio – el mayor de los responsorios del oficio – que
suena como un Pregón de Navidad. Es el “Aspiciens
a longe ecce video…”
He aquí la caravana que va caminando.
R.
He aquí que veo venir a lo lejos el poder de Dios y una niebla que cubre toda
la tierra. * Id a su encuentro y preguntadle: * «Dinos si tú eres el que
esperamos, * el que ha de reinar en el pueblo de Israel.»
V.
Plebeyos y nobles, ricos y pobres,
R.
Id a su encuentro y preguntadle:
V.
Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como a un rebaño:
R.
Dinos si tú eres el que esperamos.
V.
¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey
de la gloria.
R.
El que ha de reinar en el pueblo de Israel. y una niebla que cubre toda la
tierra. * Id a su encuentro y preguntadle: " «Dinos si tú eres el que
esperamos, * el que ha de reinar en el pueblo de Israel.»
En la depuración teológica que ha tenido
la liturgia, he aquí cómo llega a describir la Normativa litúrgica de la
Iglesia el sentido y contenido del Adviento.
“El tiempo de Adviento tiene dos
características: es a la vez un tiempo de preparación a las solemnidades de
Navidad en que se conmemora la primera Venida del Hijo de Dios entre los
hombres, y un tiempo en el cual, mediante esta celebración, el ánimo se dirige
a esperar la segunda Venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estos dos
motivos, el Adviento se presenta como un tiempo de piadosa y alegre esperanza”
(Normas universales del Calendario
litúrgico, 39)
II.
UN SALMO DE SAN FRANCISCO
COMO
EXPRESIÓN DEL ADVIENTO
Oficio
de la Pasión de S. Francisco
San Francisco ora la Pasión del Señor en
todo tiempo del año, y a modo de devoción personal acomoda unos salmos, para
orar, no precisamente con sentimientos propios, sino apegado a la Escritura, al
libro de los Salmos, y al ritmo espiritual de los tiempos litúrgicos, contando
con el conocimiento que entonces se tenía de la liturgia.
Esta composición de S. Francisco nos da
un total de 15 salmos (numerados de I a XV).
Con los salmos van unidas unas rúbrica
de recitación. En Adviene encontramos dos peculiaridades: un salmo para
Completas y un salmo para Maitines. El salmo de Maitines podemos considerarlo
como la expresión central del Adviento. Lo transcribimos en castellano y en el
original latino.
Aquí percibimos el latido y el aliento
de San Francisco.
Lo demás el Espíritu lo obra en cada uno
de nosotros.
TIEMPO DE ADVIENTO
Salmo
XIV
1Te alabaré, Señor, santísimo Padre, Rey del cielo y de
la tierra, * porque me has consolado (cf. Is 12,1).
2Tú, oh Dios, eres mi salvador; * actuaré confiadamente
y no temeré (cf. Is 12,2).
3Mi fuerza y mi alabanza es el Señor, * y se ha hecho
salvación para mí (Is 12,2).
4Tu diestra, Señor, se ha engrandecido en la fortaleza;
' tu diestra, Señor, hirió al enemigo, * y en la inmensidad de tu gloria
derribaste a mis adversarios (Ex 15,6-7).
5Que lo vean los pobres y se alegren; * buscad a Dios y
vivirá vuestra alma (Sal 68,33).
6Alábenlo el cielo y la tierra, * el mar y cuanto se
mueve en ellos (Sal 68,35).
7Porque Dios salvará a Sión, * y se reconstruirán las
ciudades de Judá (Sal 68,36 ).
8Y habitarán allí, * y la adquirirán en herencia (Sal
68,36).
9Y la estirpe de sus siervos la poseerá, * y los que
aman su nombre habitarán en ella (Sal 68,37).
Psalmus [XIV]
1Confitebor tibi, Domine, sanctissime Pater, Rex caeli
et terrae * quoniam consolatus es me (cfr. Is 12,1).
2Tu es Deus salvator meus * fiducialiter agam et non
timebo (cfr. Is 12,2a-b).
3Fortitudo mea et laus mea, Dominus * et factus est
mihi in salutem (Is 12,2c-d).
4Dextera tua, Domine, magnificata est in fortitudine '
dextera tua, Domine, percussit inimicum * et in multitudine gloriae tuae
deposuisti adversarios meos (Exod 15,6-7a).
5Videant pauperes et laetentur * quaerite Deum et vivet
anima vestra (Ps 68,33).
6Laudent illum caeli et terra * mare et omnia reptilia
in eis (Ps 68,35).
7Quoniam Deus salvam faciet Sion * et aedificabuntur
civitates Iudae (Ps 68,36a-b; R).
8Et inhabitabunt ibi * et haereditate acquirent eam (Ps
68,36c).
9Et semen servorum eius possidebit eam * et qui
diligunt nomen eius habitabunt in ea (Ps 68,37).
Glosa
Podemos tomar este
“salmo”, acomodado por S. Francisco, como “pauta de oración del Adviento”, e ir
desentrañando su contenido.
Pronto apreciamos:
1) Que
no es una oración penitencial, pidiendo perdón de nuestros pecados, como lo
reclamaría el espíritu de Cuaresma.
2) No
es tampoco una oración de petición por nuestras necesidades o de las personas
allegadas.
3) No
es una oración de intercesión por el Cuerpo místico (en el sentido en que nso
escribía su mensaje el Papa Francisco el 20 de agosto, al descubrirse la
magnitud y la parvedad de los abusos sexuales ocurridos en estas décadas
últimas de la historia de la Iglesia).
4) Es
una oración doxológica - diríamos
sacramental - de alabanza y gratitud al
Dios que obra maravillas, que no se puede entender sino en conexión con la
Eucaristía.
5) Por
este hondo sentido eucarístico es una oración oblativa, que a través de Cristo
consagra nuestro corazón al Padre en el Espíritu Santo. Una oración que el
hermano franciscano, la hermana franciscana, puede interpretarla desde la
síntesis de la espiritual de san Francisco, llagado por el Señor.
1.
Oración contemplativa dirigida al santísimo Padre del cielo
Nuestra oración va
dirigida al Padre del cielo, al Padre santo que está en el cielo – como Jesús
oraba – al santísimo Padre del cielo, como a Francisco le gustaba decir, como
va a orar en el salmo de Navidad.
Orar al Padre es
perderse en la ternura de Dios. Este sentimiento suave y contemplativo de verse
inundado por la ternura de Dios es la unión de toda esta oración.
El introducir la
palabra “Padre” en los salmos, para recitar el oficio de la Pasión, seguramente
que es la mayor novedad en la composición de este Oficio.
Es el Padre de la Encarnación: “3Porque el santísimo Padre
del cielo, Rey nuestro antes de los siglos (Sal 73,12), ' envió a su amado Hijo
de lo alto, * y nació de la bienaventurada Virgen santa María. 4Él
me invocó: Tú eres mi Padre; * y yo lo constituiré mi primogénito, excelso
sobre los reyes de la tierra (Sal 88,27-28).5En aquel día envió el
Señor su misericordia, * y de noche su cántico (Sal 41,9).
Es el Padre de la Pasión: “4En lugar
de amarme, me criticaban, * pero yo oraba (Sal 108,4). 5Padre santo
mío (Jn 17,11), rey del cielo y de la tierra, no te alejes de mí, * porque la
tribulación está cerca y no hay quien me ayude (Sal 21,12). 6Retrocedan
mis enemigos * el día en que te invoque; así conoceré que tú eres mi Dios (Sal
55,10 - cf. R). 7Mis amigos y mis compañeros se acercaron y se
quedaron en pie frente a mí, * y mis allegados se quedaron lejos de pie (Sal
37,12). 8Alejaste de mí a mis conocidos, * me consideraron como
abominación para ellos, fui traicionado y no huía (Sal 87,9).9Padre
santo (Jn 17,11), no alejes tu auxilio de mí (Sal 21,20); * Dios mío, atiende a
mi auxilio (cf. Sal 70,12)” (Salmo I).
Es el Padre de la Resurrección:
“11Yo dormí y me levanté (Sal 3,6), * y mi Padre santísimo me
recibió con gloria (cf. Sal 72,24). 12Padre santo (Jn 17,11),
sostuviste mi mano derecha ' y me guiaste según tu voluntad, * y me recibiste
con gloria (Sal 72,24 ). 13Pues, ¿qué hay para mí en el cielo?; * y
fuera de ti, ¿qué he querido sobre la tierra? (Sal 72,25).
Definitivamente, como
Jesús nos enseñó, nuestra oración es la oración Padre.
2.
Oración de gratitud y alabanza
Los dos textos bíblicos
escogidos por san Francisco son Is 12, y la parte final del Salmo 68.
Is 12 no es propiamente sino un salmo,
incrustado en la profecía. Cantamos el jueves de la semana II (de las cuatro
semanas del Salterio), como “cántico del Antiguo Testamento”, y los exegetas advierten:
“Este himno conclusivo de la primera sección del libro de Isaías revela la
conciencia de lo redactores de la Sagrada Escritura, ya en el tiempo de su
composición, de que los textos sagrados tenían como finalidad confrontar a la
comunidad que los leía o los escuchaba con la palabra de Dios, animándola así a
la alabanza”
El salmo 68 es uno de los “salmos de la
Pasión” y puede titularse “Angustia mortal” (Biblia española). Salmo de la
Pasión: “21 La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco. | Espero
compasión, y no la hay; | consoladores, y no los encuentro. 22En mi comida me
echaron hiel, | para mi sed me dieron vinagre”. Pero la parte final es un himno
de gratitud por las maravillas que ha obrado el Señor, y es el trozo que ene
sta ocasión recoge san Francisco.
3.
Oración de consolación
Te alabaré porque me has consolado, quoniam consolatus es me
La “consolación” y su contra, la
“desolación”, son experiencias clave, en los Ejercicios de S. Ignacio para
llegar al verdadero discernimiento en el Espíritu.
El Papa Francisco, que educado en el
libro de los Ejercicios Espirituales, mucho sabe de consolación, tuvo una
alocución exquisita en el Ángelus del segundo domingo de Adviento de 2014 sobre
“Consolad, consolad a mi pueblo” (Is
40,1).
“…La liturgia de hoy nos presenta un
mensaje lleno de esperanza Es la invitación del Señor expresada por boca del
profeta Isaías: "Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios"
(40,1). Con estas palabras se abre el Libro de la Consolación, en el que el
profeta dirige al pueblo en el exilio el anuncio gozoso de la liberación. El
tiempo de tribulación ha terminado; el pueblo de Israel puede mirar con
confianza al futuro: le aguarda finalmente el regreso a casa. Y por eso, la
invitación a dejarse consolar por el Señor.
…Isaías se dirige a gente que ha pasado
por un período oscuro, que ha sufrido una prueba muy dura; pero ahora ha
llegado el tiempo de la consolación. La tristeza y el miedo pueden dejar lugar
a la alegría, porque el Señor mismo guiará a su pueblo en el camino de la
liberación y la salvación. ¿Cómo se hará todo esto? Con el cuidado y la ternura
de un pastor que cuida de su rebaño. De hecho, Él dará unidad y seguridad al
rebaño, lo hará pastar, reunirá en su redil seguro a las ovejas dispersas,
prestará especial atención a las más frágiles y débiles (v. 11). Esta es la
actitud de Dios hacia nosotros sus criaturas. De ahí que el profeta invita a
quien le escucha --incluyéndonos a nosotros, hoy-- a difundir entre el pueblo
este mensaje de esperanza. El mensaje es que el Señor nos consuela, y dejar
espacio al consuelo que viene del Señor.
Pero no podemos ser mensajeros de la
consolación de Dios si nosotros primero no experimentamos la alegría de ser
consolados y amados por Él. Esto sucede especialmente cuando escuchamos su
Palabra, el Evangelio que tenemos que llevar en el bolsillo. No olvidaros de
esto, ¿eh? El Evangelio, en el bolsillo, en el bolso, para leerlo
continuamente. Y esto nos da consuelo. Cuando permanecemos en la oración
silenciosa en su presencia, cuando nos encontramos con Él en la Eucaristía o en
el Sacramento del Perdón. Todo esto nos consuela.
…Es curioso, pero tantas veces tenemos
miedo de la consolación, de ser consolados, es más nos sentimos más seguros en
la tristeza y en la desolación. ¿Por qué? Porque en la tristeza nos sentimos
casi protagonistas... En cambio, en la consolación, es el Espíritu Santo el
protagonista. Es Él el que nos consuela, es Él el que nos da la valentía de
salir de nosotros mismos, es Él el que nos lleva a la fuente de toda verdadera
consolación, es decir, al Padre. Y esto es la conversión. Por favor, ¡hay que
dejarse consolar por el Señor! ¡Consolar por el Señor!”
4.
El misterio orado: la Encarnación del Verbo
La liturgia de Adviento está fuertemente
modulada por la espera de la venida final de Jesús, corona de la historia de la
salvación. En realidad “Adventus, Nativitas,
Epiphaneia” vienen a significar lo mismo, la manifestación el Señor, que
tiene modos y tiempos, ´pero que la podemos vivir como misterio integral hoy,
ahora y aquí. La Encarnación del verbo de Dios nunca se podrá escindir de la
venida gloriosa del Señor, como lo proclamamos a diario en la celebración de la
Eucaristía: ¡Ven, Señor Jesús!
En este salmo consideramos, más bien,
-
El gran misterio que un día ocurrió
definitivamente.
-
Y que ahora lo vamos a vivir realizado
sacramentalmente en medio de nosotros en su venida presente y en Navidad.
5.
Los atributos del Dios a quien oramos
Este Dios de mi fe, que en mi
“confessio” lo he proclamado, ante todo, como Pater, Padre santísimo, que es el
Rey de cielo y tierra, lo sigo confesando como
-
Salvador, Tu es Deus Salvator meus (de donde: fiducialiter
agam et non timebo).
-
Es “mi Fortaleza: (Tu es) fortitudo mea. Lo contemplo como el “magnificado en
fortaleza”
-
Es, en consecuencia, mi alabanza: (Tu es) laus mea.
-
Lo veo “in multitudine gloriae”. Canto, pues, la gloria del Señor, las
maravillas que realiza, como lo canta María en el Magnificat.
6.
Oración pascual en Adviento
Dice el texto que ha acomodado S.
Francisco:
y
en la inmensidad de tu gloria derribaste a mis adversarios (Ex 15,6-7):
et
in multitudine gloriae tuae deposuisti adversarios meos.
Es el cántico pascual que entonó el
pueblo, liberado de Egipto, al cruzar el Mar Rojo. La apoteosis del paso del
Mar Rojo termina con un canto, ensalzando la victoria de Dios, que es neustra
salvación:
“Entonces
Moisés y los hijos de Israel entonaron este canto al Señor:
«Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria, |
caballos y carros ha arrojado en el mar.
2 Mi fuerza y mi poder es el Señor, | Él fue mi salvación. |
Él es mi Dios: yo lo alabaré; | el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
Tu
diestra, Señor, es magnífica en poder, | tu diestra, Señor, tritura al enemigo.
Tu gran majestad destruye al adversario…”
(Ex 15,1-7).
Es el himno que cantamos en la noche
santa de pascua tras al proclamación de la lectura del paso del Mar Rojo.
Dios Salvador nos da su salvación.
La salvación es salvación universal, y
los sentimientos del orante adquieren una dimensión cósmica. Invitamos a la
creación entera
-
a alabar
-
y a agradecer.
“Alábenlo el
cielo y la tierra, * el mar y cuanto se mueve en ellos (Sal 68,35)”. Como en el
Sanctus de la Misa formamos un coro para alabar al Padre con toda la creación:
cielo y tierra y mares. Cantamos con Francisco al Altísimo Señor.
7.
Oramos como pobres
“Que lo vean los pobres y se alegren; * buscad a Dios y vivirá vuestra
alma (Sal 68,33).
Con esta cita del santo 68 inicia san Francisco la segunda parte de este salmo
(Salmo XIV en la secuencia de salmos del Oficio de la Pasión).
La auténtica
pobreza del siervo de Dios va unida a la alegría y a la alabanza.
La palabra de
la Escritura nos evoca, que no tuvo más que unos pobres pañales para envolver
al Niño. María es la Pobre que cantó al Señor llena de alegría, al punto, a la
pobre del Señor, a la “pobrecilla Virgen” (San Francisco) del nacimiento: Mi
alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador.
Nuestras
Constituciones de Hermanos menores Capuchinos nos recuerdan:
“Nuestra
oración sea la expresión característica de nuestra vocación de hermanos
menores.
Oramos
verdaderamente como hermanos cuando
nos reunimos en el nombre de Cristo, amándonos mutuamente, de tal manera que el
Señor esté de verdad en medio de nosotros.
Y oramos
verdaderamente como menores, cuando
vivimos con Cristo pobre y humilde, presentando al Padre el clamor de los
pobres y compartiendo efectivamente su condición de vida” (Constituciones
OFMCap 46,1-3).
8.
Oración bajo la esperanza de Israel, mirando a Sión
Nunca nuestra
oración se puede encerrar en el bien particular de nosotros mismos. Las citas
del salmo que toma Francisco piensan en al restauración de la Comunidad
mesiánica de Israel. Esa es neustar salvación en la historia: la Comunidad
santa a la que pertenecemos. San Francisco medita:
“7Porque
Dios salvará a Sión, * y se reconstruirán las ciudades de Judá (Sal 68,36 ).
8Y habitarán allí, * y la adquirirán
en herencia (Sal 68,36).
9Y la estirpe de sus siervos la
poseerá, * y los que aman su nombre habitarán en ella (Sal 68,37).
La situación
eclesial que estamos atravesando es particularmente delicada, al grado que esta
circunstancia ha invitado al Papa a hacer un llamamiento a toda la Iglesia: «Si
un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26). Estas palabras de san
Pablo resuenan con fuerza en mi corazón al constatar una vez más el sufrimiento
vivido por muchos menores a causa de abusos sexuales, de poder y de conciencia
cometidos por un notable número de clérigos y personas consagradas…” (Carta del
santo Padre Francisco al pueblo de Dios, 20 agosto 2018, primeras palabras).
El Adviento
lo oramos no como simple gracia persona, gracia en al cual Dios se desborda,
sino gracia excelsa para toda la Iglesia.
9.
Oración introducida por la antífona de la Virgen María
1Santa
Virgen María, no ha nacido en el mundo ninguna semejante a ti entre las
mujeres, 2hija y esclava del altísimo y sumo Rey, el Padre
celestial, Madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu
Santo: 3ruega por nosotros con san Miguel arcángel y con todas las
virtudes de los cielos y con todos los santos ante tu santísimo amado Hijo,
Señor y maestro.- Gloria al Padre. Como era.
Adviértase que la sobredicha
antífona se dice en todas las horas; y se dice en lugar de la antífona, de la capítula, del himno, del
versículo y de la oración; y así se hace en maitines y en todas las horas.
Ninguna otra cosa decía en ellas, sino esta antífona con sus salmos. Para
terminar el oficio, el bienaventurado Francisco decía siempre: Oración:
“Bendigamos al Señor Dios vivo y verdadero: tributémosle siempre alabanza,
gloria, honor, bendición y todos los bienes. Amén. Amén. Hágase. Hágase”.
10.
Oración oblativa
A la adoración, alabanza y acción de
gracias, va siempre unida, por un movimiento interno que mana de la misma
oración, la absoluta entrega de nuestro ser en el misterio pascual de Cristo,
que se expresa al final de Vísperas: “Ofreced vuestros cuerpos ' y llevad a
cuestas su santa cruz, * y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos (cf. Lc
14,27; 1 Pe 2,21)” (Salmo VII).
* * *
Evocación
de San Juan de la Cruz
Escribimos estas notas el día de la
memoria de S. Juan de la Cruz. E hombre de las nadas, es de una exquisita
ternura y humanismo. Poeta místico de esponsales, Poeta navideño con aquel
romance de 310 versos, cuya descripción dice: “Romance sobre el evangelio in principio erat Verbum acerca de la
Santísima Trinidad”, que concluye con la mirada contemplativa de la Madre ante
el Niño que tiene en “el pesebre”, donde “lloraba y gemía” (vv. 305-310):
Y la Madre estaba en pasmo
de que tal trueque veía:
el llanto del hombre en Dios,
y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro
tan ajeno ser solía.
de que tal trueque veía:
el llanto del hombre en Dios,
y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro
tan ajeno ser solía.
Guadalajara,
Jalisco, 14 diciembre 2018
(S.
Juan de la Cruz)
Fr. Rufino María
Grández
Oración de Adviento
Adviento
es la palabra deslizada
que
fluye por la Biblia,
y
llega hasta Belén, oculta y pura,
y
tras la cruz asciende como espiga.
Adviento
es la carroza de mi Dios,
presencia
que da vida,
latido
palpitante del Amado,
que
está conmigo y suave me cobija.
Caricia
es su presencia que sustenta,
caricia
en la mejilla,
mi
Dios total, a cuyo nombre santo
los
cielos y la tierra se arrodillan.
Vivir
a Dios, que está, ser poseído,
que
es gracia remecida;
mi
Dios es puro ser, sin dimensiones,
ahora,
eternidad de gloria viva.
Amar
y contemplar, callar en paz,
morando
sin fatiga,
que
vino Dios, mi Dios de la Unidad
la
Trinidad de tiempo sin medida.
Recibe,
dulce Padre, el sacrificio,
que
en ti se sacrifica,
la
Encarnación que emana de tu seno,
oh
Bendición que todo santifica. Amén.
Guadalajara,
Jalisco, Domingo Gaudete, 16 dic. 2018.
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