martes, 25 de diciembre de 2018

1150. Jesús, María y los pastores de Belén


Jesús, María y los pastores de Belén
Lc 2,15-20


Texto evangélico
15Y sucedió que, cuando los ángeles se marcharon al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado». 16 Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.
17 Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. 18 Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. 19 María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. 20 Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

Hermanos:
1. Ayer noche, al predicar en la misa de Nochebuena, pensé y dije que yo era, según el Evangelio, el ángel del Señor que anunciaba la Buena Noticia de lo acontecido; que todo ministro del Señor es ese ángel del Señor que proclama lo que nadie puede proclamar si Dios mismo no lo revela. Lo que proclamamos es la Encarnación del Hijo de Dios, que nadie puede conocer, y, por ello, nadie puede proclamar.
Metidos por la fe en este misterio, que llena de alegría a toda la creación, en esta Misa de la aurora de la Natividad del Señor, puedo decir que soy um pastor de Belén, que ha ido al portal y que de regreso es Evangelizador de la gloria de Dios, narrando a los que le escuchen las maravillas que ha contemplado.

2. Los pastores son los primeros narradores de las maravillas de Dios. La piedad popular, vertida en nuestros belenes, les ha asignado a los pastores una hermosa liturgia pastoril:
- llegaron y adoraron al Niño,
- le ofrecieron sus dones del rebaño
- le cantaron.
Cuando san Mateo habla de la llegada de los Magos, dice: “Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra” (Mt 2,11).
La representación de san Lucas es diferente. Los pastores son
-         Los primeros que escucharon el mensaje.
-         Los primeros que fueron a ver estas maravillas.
-         Los primeros que narraron el misterio de la Encarnación.
-         Los primeros que participaron en aquella liturgia de alabanza del Señor.
Dice, pues, san Lucas: Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto.
Parece que estamos anticipando los días de la Resurrección del Señor y el inicio de la Iglesia, fundada en la acción del Espíritu Santo y en el testimonio de los testigos.

3. Estaban, pues, María y José y el Niño en el pesebre. José, testigo de la Encarnación, está y no habla.
El dato del pesebre nos resulta, si bien lo pensamos, escalofriante. Imaginad la situación del mundo rural, en la que hasta hace unos decenios ha vivido la mayoría de la población en nuestros medios. En una sencilla y humilde casa de campesinos, los niños nacen en el lecho de sus padres, humilde, sí, pero limpio y digno. Pero nadie nace en un corral de animales. Bien es cierto que la presencia de los animales no es un dato de los Evangelios, sino un adorno posterior a la escena de Belén, basado en una aplicación mística de algún texto de la profecía: “El buey conoce a su amo, | y el asno el pesebre de su dueño; | Israel no me conoce, | mi pueblo no comprende” (Is 1,3).
Se interprete el pasaje evangélico con una literalidad de tipo histórico, se interprete como un midrash, el hecho de poner el Nacimiento del Hijo de Dios en un pesebre de animales… nos da una teología que nos estremece: ¡Hasta este punto ha bajado en su Encarnación el Dios de la gloria…! San Pablo hablará de la kénosis, del vaciamiento, del Hijo, El Hijo en verdad se ha desentrañado y nos ha dado todo.

4. San Lucas nos invita a contemplar en este misterio a María, la pobre del Señor que recoge y medita los misterios del Señor. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. “Guardar” y “contemplar” qué bella imagen de la Iglesia ante misterios inagotable. Un testimonio que repetirá el evangelista cuando el suceso de los doce años: Su madre conservaba todo esto en su corazón (Lc 1,51).
Hermanos, espiritualmente vamos a asomarnos al corazón de María. San Efrén de Siria (306-373), Diácono, Doctor de la Iglesia, es el eximio himnógrafo de Oriente. Es un contemplativo, que se acerca al Misterio inundado de amor, dejándose bañar pro esa teología de los primeros Concilios, del encuentro de la naturaleza divina con la humana en el Verbo Encarnado.

“… Ella llevaba un niño, lo acariciaba, lo abrazaba,
lo mimaba con las más hermosas palabras y lo adoraba diciéndole:
Maestro mío, dime que te abrace .
Ya que eres mi Hijo, te acunaré con mis canciones;
soy tu Madre, pero te honraré.
Hijo mío, te he engendrado, pero Tú eres más antiguo que yo;
Señor mío, te he llevado en el seno, pero Tú me sostienes en pie.
Mi mente está turbada por el temor,
concédeme la fuerza para alabarte .
No sé explicar cómo estás callado,
cuando sé que en Ti retumban los truenos.
Has nacido de mí como un pequeño ,
pero eres fuerte como un gigante;
eres el Admirable, como te llamó Isaías cuando profetizó sobre Ti.
He aquí que todo Tú estás conmigo,
y sin embargo estás enteramente escondido en tu Padre.
Las alturas del cielo están llenas de tu majestad,
y no obstante mi seno no ha sido demasiado pequeño para Ti.
Tu Casa está en mí y en los cielos. Te alabaré con los cielos.
Las criaturas celestes me miran con admiración y me llaman Bendita.
Que me sostenga el cielo con su abrazo,
porque yo he sido más honrada que él.
El cielo, en efecto, no ha sido tu madre; pero lo hiciste tu trono.
¡Cuánto más venerada es la Madre del Rey que su trono!
Te bendeciré, Señor, porque has querido que fuese tu Madre;
te celebraré con hermosas canciones.
Oh gigante que sostienes la tierra y
has querido que ella te sostenga, Bendito seas.
Gloria a Ti, oh Rico, que te has hecho Hijo de una pobre.
Mi magníficat sea para Ti, que eres más antiguo que todos,
y sin embargo, hecho niño, descendiste a mí.
Siéntate sobre mis rodillas;
a pesar de que sobre Ti está suspendido el mundo,
las más altas cumbres y los abismos más profundos (…).
Tú estás conmigo, y todos los coros angélicos te adoran.
Mientras te estrecho entre mis brazos,
eres llevado por los querubines.
Los cielos están llenos de tu gloria, y sin embargo
las entrañas de una hija de la tierra te aguantan por entero .
Vives en el fuego entre las criaturas celestes,
y no quemas a las terrestres.
Los serafines te proclaman tres veces Santo:
¿qué más podré decirte, Señor?
Los querubines te bendicen temblando,
¿cómo puedes ser honrado por mis canciones…?”

(Texto tomado de Internet, de “Religión en Libertad”, Orar con San Efrén, Himno: La canción de cuna de María, 18, 1-23).

Hermanos: Navidad, tiempo de contemplación. El Evangelio es inagotable.

Hijo de Dios, hecho hombre por nosotros, por mí, dame la gracia de contemplar tu amor y divinidad en el misterio de su carne recostada en un pesebre. Amén.

Guadalajara, Jalisco, Día de Navidad de 2018

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