Jesús, María y los pastores de Belén
Lc
2,15-20
Texto
evangélico
15Y sucedió que, cuando los ángeles se marcharon al
cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, a Belén, y veamos
lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado». 16 Fueron
corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.
17 Al verlo, contaron lo que se les había dicho de
aquel niño. 18 Todos los que lo oían se admiraban de lo que les
habían dicho los pastores. 19 María, por su parte, conservaba todas
estas cosas, meditándolas en su corazón. 20 Y se volvieron los
pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto,
conforme a lo que se les había dicho.
Hermanos:
1. Ayer noche, al predicar en la misa de Nochebuena,
pensé y dije que yo era, según el Evangelio, el ángel del Señor que anunciaba
la Buena Noticia de lo acontecido; que todo ministro del Señor es ese ángel del
Señor que proclama lo que nadie puede proclamar si Dios mismo no lo revela. Lo
que proclamamos es la Encarnación del Hijo de Dios, que nadie puede conocer, y,
por ello, nadie puede proclamar.
Metidos por la fe en este misterio, que llena de
alegría a toda la creación, en esta Misa de la aurora de la Natividad del Señor,
puedo decir que soy um pastor de Belén, que ha ido al portal y que de regreso
es Evangelizador de la gloria de Dios, narrando a los que le escuchen las
maravillas que ha contemplado.
2. Los pastores son los primeros narradores de las
maravillas de Dios. La piedad popular, vertida en nuestros belenes, les ha
asignado a los pastores una hermosa liturgia pastoril:
- llegaron y adoraron al Niño,
- le ofrecieron sus dones del rebaño
- le cantaron.
Cuando san Mateo habla de la llegada de los Magos,
dice: “Entraron en la casa, vieron al
niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo
sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra” (Mt 2,11).
La representación de san Lucas es diferente. Los
pastores son
-
Los primeros que
escucharon el mensaje.
-
Los primeros que
fueron a ver estas maravillas.
-
Los primeros que narraron
el misterio de la Encarnación.
-
Los primeros que
participaron en aquella liturgia de alabanza del Señor.
Dice, pues, san Lucas: Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo
que habían oído y visto.
Parece que estamos anticipando los días de la
Resurrección del Señor y el inicio de la Iglesia, fundada en la acción del
Espíritu Santo y en el testimonio de los testigos.
3. Estaban, pues, María y José y el Niño en el
pesebre. José, testigo de la Encarnación, está y no habla.
El dato del pesebre nos resulta, si bien lo pensamos,
escalofriante. Imaginad la situación del mundo rural, en la que hasta hace unos
decenios ha vivido la mayoría de la población en nuestros medios. En una
sencilla y humilde casa de campesinos, los niños nacen en el lecho de sus
padres, humilde, sí, pero limpio y digno. Pero nadie nace en un corral de
animales. Bien es cierto que la presencia de los animales no es un dato de los
Evangelios, sino un adorno posterior a la escena de Belén, basado en una
aplicación mística de algún texto de la profecía: “El buey conoce a su amo, | y el asno el pesebre de su dueño; | Israel
no me conoce, | mi pueblo no comprende” (Is 1,3).
Se interprete el pasaje evangélico con una literalidad
de tipo histórico, se interprete como un midrash,
el hecho de poner el Nacimiento del Hijo de Dios en un pesebre de animales… nos
da una teología que nos estremece: ¡Hasta este punto ha bajado en su
Encarnación el Dios de la gloria…! San Pablo hablará de la kénosis, del vaciamiento, del Hijo, El Hijo en verdad se ha
desentrañado y nos ha dado todo.
4. San Lucas nos invita a contemplar en este misterio
a María, la pobre del Señor que recoge y medita los misterios del Señor. María, por su parte, conservaba todas estas
cosas, meditándolas en su corazón. “Guardar” y “contemplar” qué bella
imagen de la Iglesia ante misterios inagotable. Un testimonio que repetirá el
evangelista cuando el suceso de los doce años: Su madre conservaba todo esto en su corazón (Lc 1,51).
Hermanos, espiritualmente vamos a asomarnos al corazón
de María. San Efrén de Siria (306-373), Diácono, Doctor de la Iglesia, es el
eximio himnógrafo de Oriente. Es un contemplativo, que se acerca al Misterio
inundado de amor, dejándose bañar pro esa teología de los primeros Concilios,
del encuentro de la naturaleza divina con la humana en el Verbo Encarnado.
“… Ella llevaba un
niño, lo acariciaba, lo abrazaba,
lo mimaba con las más
hermosas palabras y lo adoraba diciéndole:
Maestro mío, dime que
te abrace .
Ya que eres mi
Hijo, te acunaré con mis canciones;
soy tu Madre, pero te
honraré.
Hijo mío, te he
engendrado, pero Tú eres más antiguo que yo;
Señor mío, te he llevado
en el seno, pero Tú me sostienes en pie.
Mi mente está turbada
por el temor,
concédeme la fuerza
para alabarte .
No sé explicar cómo
estás callado,
cuando sé que en Ti
retumban los truenos.
Has nacido de mí como
un pequeño ,
pero eres fuerte como
un gigante;
eres el Admirable, como
te llamó Isaías cuando profetizó sobre Ti.
He aquí que todo
Tú estás conmigo,
y sin embargo estás
enteramente escondido en tu Padre.
Las alturas del cielo
están llenas de tu majestad,
y no obstante mi seno
no ha sido demasiado pequeño para Ti.
Tu Casa está en
mí y en los cielos. Te alabaré con los cielos.
Las criaturas celestes
me miran con admiración y me llaman Bendita.
Que me sostenga el
cielo con su abrazo,
porque yo he sido más
honrada que él.
El cielo, en efecto, no
ha sido tu madre; pero lo hiciste tu trono.
¡Cuánto más venerada es
la Madre del Rey que su trono!
Te bendeciré, Señor,
porque has querido que fuese tu Madre;
te celebraré con
hermosas canciones.
Oh gigante que
sostienes la tierra y
has querido que ella te
sostenga, Bendito seas.
Gloria a Ti, oh Rico,
que te has hecho Hijo de una pobre.
Mi magníficat sea para
Ti, que eres más antiguo que todos,
y sin embargo, hecho
niño, descendiste a mí.
Siéntate sobre mis rodillas;
a pesar de que sobre Ti
está suspendido el mundo,
las más altas cumbres y
los abismos más profundos (…).
Tú estás conmigo, y
todos los coros angélicos te adoran.
Mientras te
estrecho entre mis brazos,
eres llevado por los
querubines.
Los cielos están llenos
de tu gloria, y sin embargo
las entrañas de una
hija de la tierra te aguantan por entero .
Vives en el fuego entre
las criaturas celestes,
y no quemas a las
terrestres.
Los serafines te
proclaman tres veces Santo:
¿qué más podré decirte,
Señor?
Los querubines te
bendicen temblando,
¿cómo puedes ser
honrado por mis canciones…?”
(Texto tomado de Internet, de “Religión en Libertad”,
Orar con San Efrén, Himno: La canción de
cuna de María, 18, 1-23).
Hermanos: Navidad, tiempo de contemplación. El
Evangelio es inagotable.
Hijo de Dios,
hecho hombre por nosotros, por mí, dame la gracia de contemplar tu amor y
divinidad en el misterio de su carne recostada en un pesebre. Amén.
Guadalajara, Jalisco, Día de Navidad de 2018
Feliz Navidad, ha nacido venid y adorarle
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