lunes, 24 de diciembre de 2018

1149. Nochebuena: Navidad, el regalo de Dios


Navidad, el regalo de Dios
Lc 2,1-14

Texto evangélico:
Lc2 1 Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. 2 Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. 3 Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad. 4 También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, 5 para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. 6 Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto 7 y dio a luz a su hijo primogénito*, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.
         8 En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. 9 De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. 10 El ángel les dijo: «No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: 11 hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. 12 Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». 13 De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: 14 «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».

Hermanos:
1. Es Nochebuena, y toda la tierra se llena de luz y alegría. Y en este momento me toca la gracia de cumplir un oficio angélico. Me toca la suerte de dar un anuncio, el mismo anuncio que proclamaron los ángeles.
De repente un ángel del Señor se les presentó.  Ese ángel del Señor esta noche santa, que llamamos desde hace mucho siglos la Nochebuena, ese ángel del Señor, es todo ministro sagrado que toma la palabra para anunciar de parte de Dios lo que ha quedado eternamente escrito en el Evangelio, lo que creemos todos los que nos hemos reunido hoy en torno al altar para celebrar los santos misterios: os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor.
Hermanos, un anuncio no es una lección. No he venido aquí a dar una clase de teología, ni mucho menos a dar una explicación política en torno a la sociedad que construimos y los planes que surgen por delante.
Este anuncio – o con otras palabras, este mensaje – se llama Buena Noticia, porque es ni más ni menos que Evangelio...
Este anuncio lleva dentro la alegría de Dios.
Este anuncio es para todo el pueblo, no solo para nosotros.
Es, incluso, para más allá de los que componemos el grupo cristiano; es para toda la humanidad: Nos ha nacido un Salvador, el Mesías, es el Señor.

2. Como mensajero, al dar el anuncio, solo tengo una palabra que decir: recibidlo.
Desaparezca del corazón toda tristeza, no haya lugar sino para la alegría. No estoy copiando a ningún Santo Padre, aunque esto que os estoy diciendo, hace 1.500 años lo decía San León Magno a los fieles de Roma. Lo digo yo y desde mi propio corazón, porque no brota de la mente de nuestros ilustres antepasados; esto brota del Evangelio.
Hoy es el día de nuestra salvación. Hoy el Hijo de Dios inicia un camino que va a culminar en su Pascua, que es su Muerte, Resurrección, y Ascensión al Padre.
Hoy es el Día de Dios con nosotros. Hoy es un Día más grande que el día de la creación. Hoy es el Día en el que hemos conocido la verdad divina que incluye todas las verdades: Hoy, el Hijo de Dios, se ha hecho hombre, para que el hombre sea constituido Hijo de Dios. Hoy el Verbo de Dios es hermano nuestro. Hoy se nos han abierto las puertas del reino de Dios, que ya nunca se han de cerrar.
Esto es Navidad. Navidad no es otra cosa, que sería falsificarla.
Navidad es la fiesta de toda la creación, que salta de gozo ante su Dios y Creador.

3. Con otras palabras, y acudiendo a realidades que fascinan nuestro corazón, podríamos decir, para significar lo mismo, que Navidad es el desposorio e Dios con la humanidad.
María es Madre y Esposa del verbo, nos han dicho los santos Padres; pero en María estamos todos y todos somos llamados a establecer este desposorio espiritual con Dios. Los profetas nos había dicho: Te desposaré conmigo para siempre. Así lo anunció el profeta Oseas.
Este desposorio, que era la alianza de Dios con su pueblo, hoy adquiere esta expresión suprema de la Encarnación: Dios hecho hombre, para que el hombre ascienda a ser Dios, hijo de Dios.
He aquí el anuncio, el Evangelio, que como el ángel del Señor en la campiña de Belén, yo lo traigo en esta noche de diciembre a la comunidad aquí reunida.

4. Y recibido este Mensaje, ahora, hermanos, sí que quiero compartir con ustedes una reflexión para que cada quien la enriquezca y la complete en su propio corazón. La reflexión es esta: Navidad es un regalo. Estos días nos regalamos cosas, el aguinaldo de Navidad. El amor, la cercanía, a la amistad nos llevan al regalo.
Vamos pues a hablar de dos regalos, a entender la Navidad como un intercambio de regalos, y a preguntarnos: Cuál es el regalo que Dios me hace a mí, y, en consecuencia, en correspondencia, cuál es el regalo que yo hago a Dios. En las familias nadie es tan pobre que no tenga algo que regalar a su papá, a su mamá.

5. Cuál es el regalo que Dios me hace a mí. Ya lo hemos dicho: Dios me regala a su propio Hijo. Dios me ha regalado todo, absolutamente todo lo que podía regalarme. Cuando Dios se hace hombre, dios se regala a sí mismo del todo; más al fondo no puede bajar. Entendemos que Dios no puede hacerse animal, que sería dejar de ser Dios; pero sí Dios puede hacerse hombre sin dejar de ser Dios. Y esto es lo que Dios ha hecho: se ha regalado todo a nosotros, todo a cada uno, todo y gratuitamente, sin condiciones, todo y para siempre. Dios encarnado es el regalo del hombre. ¡Oh admirable misterio, que nunca lo acabaremos de comprender!
Ahora bien, hermanos, dios quiere personalizar este regalo en cada uno de nosotros. Nos quiere hacer un regalo a cada uno; quiere regalarnos lo que más nos conviene.
Piensen lo que estoy diciendo: Dios quiere regalarme a mí lo que más me conviene. ¿Qué me caiga la lotería y de repente sea rico? No, hermano, pro ser más rico no voy a ser más feliz. ¿Qué me dé la salud? Tampoco ese ese precisamente el regalo que me va a hacer feliz, aunque a Dios, como a Padre que es se le puede pedir todo.
¿Qué es lo que Dios quiere regalarnos?  Sagrado Corazón de Jesús, haced mi corazón semejante al vuestro. Ese sí que es regalo de Dios. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, dicen las santas Escritura, que es lo mismo. Eso sí que es regalo de Navidad.
Dios quiere regalarnos un corazón semejante al suyo. Para esos e hizo hombre. De modo que el gran regalo ya está hecho, el don de la Encarnación. Y el regalo personalizado es el que yo necesito en este momento que Dios ciertamente me lo quiere dar.

6. Ahora bien, hermanos, amor con amor se paga. Aquí viene la otra pregunta: ¿Qué le voy a regalar yo al Señor, mi Dios?
La respuesta es personal. Pero hay algo que podemos pensar entre todos.
Lo primero de todo, yo le puedo regalar mis pecados, mi vida entera, sin ocultarle nada. Es un gran regalo, que él está esperando de cada uno de nosotros. Que le regalemos nuestros. Y ¿qué va a hacer él con nuestros pecados? Yo arrojaré al fondo del mar todos vuestros pecados, nos dijo por medio del profeta. Y por medio de Jeremías nos dijo: “Y de sus pecados no me acordaré más”.
El primer paquete de Navidad es el paquete de nuestros pecados, que depositamos junto a la cuna.

7. El segundo regalo que podemos hacerle es el regalo de nuestros deseos. Señor, mi corazón está lleno de aspiraciones. Me parece que soy lo que soy pro lo que aspiro ser, y pienso que esas aspiraciones no son mías, sino que tú mismo las pones dentro de mí.

8. El tercer regalo que podemos hacerle al Señor es la ofrenda total de nuestra vida. Señor, te entrego mi vida entera, para amarte con todo mi corazón, con toda mi alma, con todo mi ser. Haz de mí lo que quieras. Mi vida tú me la diste; te al entrego sin condiciones.
Cuando vaya a dar un beso a la sagrada imagen de ese Niño que adoran María y José, al adorarte yo también, esto es lo que te quiero decir: Jesús, toma mi corazón todo entero sin No sé lo que te dieron los apstores. Yo te doy mi corazón todo entero.
Mis queridos hermanos. Esto es Navidad. Estas es la Navidad que anunciamos y que celebramos en la liturgia al comunidad cristiana.
¡Paz y bien! ¡Feliz y santa Navidad para todos!

Guadalajara, Jalisco, 24 de diciembre de 2018.

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