viernes, 21 de diciembre de 2018

1147 Dom. IV Adviento - C – María, el Arca de la Alianza, lleva y nos trae a Jesús


 María, el Arca de la Alianza, lleva y nos trae Jesús
Lc  1,39-45


Texto evangélico:
39 En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; 40 entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo 42 y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! 43 ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? 44 Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

Hermanos:
1. El cuarto domingo de Adviento tiene todos los años un Evangelio que se refiere a la persona de María en el Misterio de la Salvación. Hoy es la Visitación de María. La Virgen, visitada por Dios, con el mismo Hijo de Dios en su seno, visita a su prima Isabel, que ha concebido por la misericordia de Dios. El fruto de sus entrañas, que ya lleva seis meses de embarazo, salta de alegría.
María es el Arca de la Alianza, como la invocamos en las Letanías lauretanas. Hay un salmo que cantamos los Domingos, algunos de cuyos versículos resuenan así:
“¿Qué te pasa, mar, que huyes, | y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros; | colinas, que saltáis como corderos?
En presencia del Señor, estremécete, tierra, | en presencia del Dios de Jacob” (Sal 114,2-3).
Cuando Israel salió de Egipto, Dios mandó que los sacerdotes portaran el Arca, que les iba a acompañar hasta entrar en la tierra prometida. El Arca de la Alianza era el signo de la presencia de Dios que les acompañaba.
Cuando María va a visitar a su prima Isabel, María, la esclava del Señor, la que halló gracia ante Dios, no va sola. Es la Madre que lleva al Hijo, del cual nunca se va a separar; es la Custodia que lleva el Sacramento; es el Arca, signo de una presencia, que un día va a contener las Tablas de la Ley santa de Dios y el maná, alimento celestial.
Esta visita de Dios a nosotros, que es la Navidad cristiana, está introducida por la visita que hace María, presurosa, caminando hacia las montañas de Judá.

2. La visita que recibimos no es simplemente la visita de María; es la visita misma de Dios. La liturgia del día nos lo dice:
Por eso, al entrar él en el mundo dice: Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, | pero me formaste un cuerpo; | no aceptaste | holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije: He aquí que vengo – pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí – para hacer, oh Dios, tu voluntad” (Heb 10.5-7).
Esta es la venida de Dios al mundo.
Es la venida que tuvo un punto en la historia y que ha permanecido para siempre.

3. María fue la primera que acogió la venida de Dios. Isabel, al recibir a su pariente, le saluda exultante de gozo en el Espíritu Santo, y, al mismo tiempo, en la alabanza que prorrumpe hacia María, nos descifra el misterio. Le dice tres cosas.
La primera: ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!,
Decirle “Bendita tú entre las mujeres" es decirle: Tú eres la más bendecida entre todas las mujeres. María ocupa el lugar primero, y por así decir, un lugar aparte; es la toda privilegiada por Dios.
María es la bendecida como el fruto de su vientre es el bendito, el bendecido.

4. La llama, en segundo lugar, “la Madre de mi Señor”, que es igual que llamarle “la Madre de mi Dios”. El Señor, en el Antiguo Testamento, en los Salmos, no es otro sino el Señor Dios de cielo y tierra, el Creador, el Dios de nuestra fe. Y esa es la Madre de Jesús, la Madre del Señor.

5. Y en la cima de esta salutación se nos da la clave de todo el misterio que está aconteciendo: Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá.
 La fe es la clave de todo lo que está pasando. Sin fe, hermanos, no hay Navidad; porque sin fe no hay Encarnación. Uno entra en el misterio solo por el camino de la fe.
Sin fe la Navidad es un rito cultural que agregamos a nuestras costumbres para dar variedad a la vida y hacerla más llevadera y festiva.
La fe de María es la apertura de un mundo nuevo, que se ha iniciado y va quedar abierto a lo infinito. Todo lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
Lo que le había dicho el Señor fue el primer anuncio del Evangelio: Concebirás a un Hijo, él salvará a su pueblo de sus pecados. Le anunciaba la historia de Jesús, que ni María ni nadie conocía. La historia de Jesús era profecía; a partir de ahora aquella historia es realidad, una realidad en al que estamos, en la historia de Jesús, que de ninguna manera ha terminado.
Dichosa tú, la que has creído, porque todo eso en donde has abandonado tu fe, se cumplirá.

6. En la fe de María se contiene la historia de Jesús, y donde está la historia de Jesús está nuestra historia.
En el día inicial de la creación Dios, nuestro Padre, comenzó su historia, que es historia de salvación, y al continúa haciendo. Nosotros estamos inmersos en la historia de Dios, y yo personalmente y cada uno de nosotros somos acontecimiento en ese engranaje de la historia de Dios. Yo nací como historia de Dios y camino como historia de Dios.
La fe y solo la fe nos hace entrar en estas realidades.

Señor Jesús, tú en el seno de tu madre hiciste saltar de gozo a Juan el Bautista, Llena mi vida de gozo, al contemplarte, y haz que yo también salte de alegría por tu venida. Amén.

Ciudad de México, viernes 21 de diciembre de 2018

No hay comentarios:

Publicar un comentario