La Eucaristía,
divinización y comunión
Jn 6,51-58
Texto evangélico
51
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para
siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». 52
Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». 53
Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne
del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en
el último día. 55 Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es
verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre habita en
mí y yo en él. 57 Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo
por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. 58
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo
comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Hermanos:
1. Todos los años el Domingo que sigue a
Pentecostés es la Trinidad; y el Domingo que sigue a la Trinidad es Corpus
Christi. Exactamente es una fiesta que se pensó aparte, una fiesta de
supererogación nacida del amor de los cristianos a la Eucaristía, un jueves –
Jueves de Corpus Christi – con la intención de pasear a Jesús por las calles,
adorarle, darles gracias y manifestar visiblemente que nosotros queríamos que
él organizara nuestra vida ciudadana con los criterios del verdadero amor.
La fiesta de la Eucaristía es Jueves
Santo, fiesta de Alianza y de Amor, y fiesta del Lavatorio de los pies.
El amor, si es verdadero amor, es operativo y creador: de Dios baja a los
hombres, a todos los hombres. Este es el amor de Jesús que los cristianos hemos
recibido como herencia y mandato. Donde está la Eucaristía allí está la
adoración y allí está la caridad. Nada extraño, por tanto, que la fiesta del
Corpus que, ante todo quiere venerar el Cuerpo y la Sangre del Señor, haya
derivado en el Día de la Caridad.
Este año de la Pandemia este volcarse en
la caridad toca muy especialmente nuestros corazones. Pero a la escucha del
Evangelio, tenemos que hablar primero de qué es la Eucaristía.
2. Las palabras de Jesús hieren y
escandalizan. De pronto diría uno que son un viejo mito, que pertenecen a la
fantasía, no a la realidad. Pero no es así. Nosotros, creyentes, decimos que
pertenecen a la Fe. La Fe y la Ciencia son cosas reales. Ahora bien, cada una
tiene su propio ámbito y no podemos confundirnos.
La Ciencia abriga cosas sorprendentes, desconocidas,
pero no son misterios. Si hace 500 años un científico hubiese dicho que las
naves podían volar y transportar 300 pasajeros, y en una noche pasar de un
continente a otro, esto habría parecido una fantasía absurda. Eso es una
maravilla, pero no es un misterio.
O si un científico hubiese dicho que, una
bacteria microscópica en un año podía haber generado medio millón de muertos sin
que haya ejército que pueda derrotarla, igualmente estaríamos volando por el mundo
de la imaginación. Esas verdaderas ocultas son absolutamente presentes, pero no
son misterio.
4. Hermanos, que el pan y vino consagrados
por la fuerza del Espíritu Santo, que ahí está todo Dios actuando con su infinito
y divino poder esto nadie lo ha de demostrado ni nadie lo podrá demostrar. Esto
es misterio y como misterio es verdad de fe.
Las consecuencias son increíbles. Dios es
concorpóreo y consanguíneo del hombre, Dios me comparte su inmortalidad. En la Eucaristía
está el absoluto perdón de Dios. En la Eucaristía está la vida divina que se nos
regala. En la Eucaristía está toda la vida que nosotros anhelamos y esperamos.
En una palabra, en la Eucaristía está nuestra salvación.
Si yo creo estas cosas, soy transportado a
la divinidad.
5. Con una luz del Señor recibida con humildad,
nuestro corazón se llena de sabiduría y empezamos a comprender qué fácil es desfigurar
la Eucaristía y pasarla de lo que es en verdad, el acontecimiento sublime de nuestra
salvación, para reducirla a un acto devocional, el más importante de todo, pero
un acto devocional.
Durante generaciones cristianas la celebración
de la Eucaristía tenía dos partes: la misa de los catecúmenos y la misa de los
santificados. La primera parte era la biblia, las explicaciones, las preces… y
ahí podían participar los que querían ser cristianos, pero en este momento se
daba la orden: Salgan los catecúmenos.
Y empezaba la misa de los iniciados, de
los santificados: ¿Quién podía creerse que el mismo Hijo de Dios, que se
encarnó por nosotros, que murió en la Cruz que fue resucitado para gloria del
Padre se hacía presente en medio de la comunidad?
Creer estas cosas es de locos… Pues esto
precisamente es la Eucaristía.
6. Y entonces se podían comprender cosas
como las que ha dicho hoy san Pablo: “El cáliz de la bendición que
bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no
es comunión del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo
muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan” (1Cor
10,16-17).
Estas inmensas verdades de nuestra fe nos
llevan, hermanos, a pensar cosas que no alcanza la Ciencia ni el pensamiento
humano de por sí.
La Eucaristía es un sacramento no
solamente de veneración y acción de gracias a ese Dios que diviniza nuestra vida,
es que simultáneamente es el sacramento de la solidaridad que hace de todos un
solo cuerpo.
Después de la consagración el sacerdote
pide, en la Plegaria Eucarística III, que por la acción del Espíritu Santo
seamos, en Cristo, “un solo cuerpo y un solo espíritu”. El Cuerpo de Cristo es
Uno y no se puede dividir.
7. Si eso es así, ahora comienza el
mensaje de Cáritas. Comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo es comulgar como
Cristo ha comulgado con la humanidad, con los dolores y gozos de los hombres, porque
el Cuerpo de Jesús, terrestre y celeste, es uno y no se puede romper. El Cristo
que yo comulgo en la sagrada Hostia es el Cristo del Salvación y el Señor de la
Resurrección, el único Hijo verdadero.
Esta es nuestra fe, cuyas derivaciones
envuelven toda la vida.
Señor Jesús, ilumina mi corazón para que
jamás celebre una misa con rutina. Abre mi corazón para que comprenda que todo
el misterio de tu Pasión, Muerte y Resurrección, se está realizando en la comunión
de la santa Eucaristía. Y yo sepa sacar las consecuencias de solidaridad con mis
hermanos. Amén.
Madrid, jueves 11 de junio de 2020.
Al eco de esta homilía nace este Himno eucarístico, que recogemos de la siguiente entrada:
La boda del Cordero con
su amada
se llama felizmente
Eucaristía,
fue el día más dichoso de
la historia,
el día que a la muerte
seguiría.
Será la Encarnación los
esponsales,
será la Cruz la dote que
traía,
será el amor, amor
acumulado:
preparativo solo se
diría.
Y viene ya radiante el
todo bello,
mirándole a la Esposa que
venía,
y el Padre Dios, dador de
tales nupcias
Él era el que firmaba y
los unía.
Jesús Resucitado
celebraba
sus nupcias con la
Iglesia en este día,
se hacía Pascua todo el universo,
y aquí en la Eucaristía
se vertía.
Misterio de misterios
sobre el ara,
que ahora alumbra ya la
Parusía,
aquí habita Dios a plena
historia,
historia que es de Dios,
historia mía.
¡Oh Dios Jesús, mi Dios
de carne y Sangre,
que dices ser comida y
ser bebida,
mi corazón amante es
Trinidad
y vuelve saturado de tu
vida! Amén.
El Verbo se hizo carne y permanece entre nosotros en la Sagrada Eucaristía...Sublime es este misterio del amor de Dios que diviniza nuestra vida y la dispone para la consumación de las bodas eternas...
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