jueves, 4 de junio de 2020

1395. Trinidad 2020. Mi Dios, Trinidad de amor



Mi Dios, Trinidad de amor
Jn 3,16-18

Texto evangélico:
 16 Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18 El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

Hermanos:
1. Con el Domingo de Pentecostés se cierra la Pascua, pero a este Domingo esplendente sigue una fiesta del todo especial, una fiesta que está irradiando toda la belleza, la dulzura y la atracción de la Pascua: la Santísima Trinidad. Pero ¿es que al Santísima Trinidad requiere una fiesta en el calendario de la Iglesia? A decir verdad, de ninguna manera. A la Santísima Trinidad – la nombremos o no – la estamos celebrando cada vez que hacemos una fiesta cristiana. No solo en el Bautismo cuando bautizamos a un niño o a una niña, o a un adulto, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Al comenzar nuestras fiestas, como lo hemos hecho al inicio de esta Eucaristía, nos signamos con la señal de la cruz, y lo hacemos todo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Decía san Pablo a los cristianos de Éfeso, venidos de la gentilidad: “Así, unos y otros (es decir los venidos de la gentilidad y los venidos de la fe de Abraham) tenemos acceso al Padre por medio de él – Jesucristo – en un mismo Espíritu” (Ef 2,18).
Toda la liturgia cristiana se celebra, con esta dinámica de adoración y de alabanza: al Padre por el Hijo en el Espíritu. En la Misa, por ejemplo, cuando celebramos fiestas de la Virgen, nunca rezamos oraciones a la Virgen, sino que nuestras oraciones van dirigidas al Padre, por medio de Jesús, y en el Espíritu Santo, contemplando, admirando, dando gracias por las maravillas que Dios hizo en su humilde esclava, la Madre del Señor.
Así, pues, la Trinidad no es una fiesta dedicada a venerar a la Santísima Trinidad, como si fuera el primero de todos los Santos. Es un Domingo dedicado a contemplar algunos aspectos del misterio cotidiano de nuestra fe, aspectos múltiples, infinitos diríamos, porque Dios no tiene esquemas que se agoten, y en este sentido queremos dirigir nuestra sencilla homilía.
2.  Mi Dios, Trinidad de amor. ¿Qué queremos decir con estas palabras que son un reclamo para entrar en todo el misterio?
Lo primero de todo quede claro, hermanos, que no hay, no ha habido, no puede haber un pensamiento para captar a ese Dios infinito en el cual comenzó nuestra vida y en el cual ha de terminar.
Dios se refleja en nuestro pensamiento, se proyecta en él, se hace pensamiento nuestro. Pero, mucho cuidado con el pensamiento, porque el pensamiento, que es real y necesario, nos puede enajenar de la misma realidad que soy.

3. Saliendo, pues, del pensamiento, nos preguntamos, no “Qué es Dios”, sino “Quién s Dios”, y decimos: Dios es Dios en mí. Dios es Dios en acción, siempre en acción, porque un Dios que no estuviera en acción, un Dios que no fuera vida, y vida vivificante, vida que irradia vida, vida creadora, sería un Dios muerto; no existiría. La palabra “Trinidad” quiere acentuar esto: que Dios es la pura acción de lo infinito.
Y esa acción de Dios en la palabra revelada se llama amor: óiganlo en el corazón lo que hemos escuchado en el Evangelio de hoy: Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

4. Si Dios se revela, no tiene más que un camino de revelarse: su propia acción, su propia vida. Dios se revela obrando; Dios se revela siempre como historia. No hay que ir a tiempos pasados y a lugares remotos. Dios es presencia, Dios es historia, Dios es persona. Y desde esa presencia y actualidad entendemos todo.
Si yo digo, como acabo de decir, que Dios nos amó y envió a su Hijo, no estoy hablando de algo que pasó y se perdió en la lejanía de los tiempos, como una batalla que ocurrió en tiempo de los griegos o de los romanos, y allí se quedó porque un escritor la escribió. Estoy diciendo que ese amor de la Encarnación es el hoy de mi vida. La Encarnación es presencia de Dios en mi vida hoy. El amor de Dios no es una cosa histórica; es el amor de Dios hoy a mí.

5. Y sigue y sigue flotando esa pregunta para que yo la responda. ¿Quién es Dios? Dios es una locura de pensamiento y amor. Dios es un Padre que ama, que me ama a mí, y me amará hasta el final; Dios es un Hijo que muere de amor por mí, y su muerte está manando ese amor infinito de Dios a mí; Dios es el Espíritu que vuelca todo el amor de Dios.
Y si vamos repitiendo y repitiendo las mismas frases, al final nos vamos a preguntar. ¿Es que yo también soy Dios?
No, yo no soy Dios, soy el destinatario del amor de Dios. Dios se muere de amor por mí, y para amarme y estar conmigo, como de igual a igual, por eso se ha hecho carne, como carne soy yo, se ha hecho hombre pasible, como hombre de padecimientos soy yo, y ha muerto en esa carne, como yo mismo voy muriendo cada día. Dios es amor y Dios se ha fundido, se ha volcado en el amor por el Espíritu.
Por eso, Dios se ha derramado en nuestros corazones, hecho él mismo Espíritu de amor.

6. La Trinidad es Dios en mí. Hermanos, nosotros podemos recogernos en nuestro corazón y pensar en ese Dios infinito que me ama.
Pero del pensamiento podemos dar un salto hacia adelante, a lo profundo del misterio. Y decirle a Dios: Dios mío, ya no se trata de pensar; puesto que creo que tú te revelas obrando, amando, yo me voy a dejar amar por ti. No es un juego mental; es captar una realidad que ahora mismo se está realizando en mí.
Le hemos escuchado a san Pablo, al despedir a los Corintios: “Saludaos mutuamente con el beso santo. Os saludan todos los santos. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con todos vosotros” (2Cor 13,12-13).
Eso es vivir en Dios, Trinidad de amor.

Señor Jesucristo, que nos has revelado el amor infinito del Padre, haz que en ti por el Espíritu Santo experimentemos ese amor en el cuerpo y en el alma y nunca nos apartemos de él. Amén.

Madrid, jueves 4 de junio de 2010.

1 comentario:

  1. ¡Trinidad adorable!: Padre, Hijo y Espíritu Santo; sumérgenos en el triple torrente de tu gracia y amor...

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