No tengáis miedo
Mt 10,26-33
Texto evangélico:
26
No les tengáis miedo, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse;
ni nada hay escondido, que no llegue a saberse. 27 Lo que os digo en
la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la
azotea.
28
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No;
temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. 29
¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo
cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. 30 Pues vosotros
hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. 31 Por eso, no
tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones. 32 A quien
se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi
Padre que está en los cielos. 33 Y si uno me niega ante los hombres,
yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos.
Hermanos:
1. Tres veces se dice en el Evangelio de
hoy: No tengáis miedo.
Jesús está hablando de esos momentos de
dificultad que vamos a tener sus discípulos. Estamos en el capítulo 10 del Evangelio
de san Mateo, cuando Jesús envía a sus doce apóstoles por el mundo y tras de
ellos vamos nosotros. Los domingos pasados, luego de Pentecostés, por ser la
Santísimas Trinidad y la solemnidad de Corpus Cristi, hemos escuchado los textos
correspondientes a estas fiestas.
2. El Capítulo 10 de san Mateo es el
programa de la misión cristiana. Donde hay un cristiano verdadero, allí se va a
levantar la persecución, que puede llegar incluso a la muerte. La prensa nos ha
hablado estos últimos meses de situaciones de persecución que viven hermanos nuestros,
por ejemplo, en Siria: quemas de iglesias, matanzas.
Esta persecución está diciendo qué tipo de
doctrina y mensaje nos entrega Jesús: no es una bella filosofía para que la
reciba el que quiera; es un mensaje revolucionario que nos puede complicar hasta
poner en juego nuestra vida.
La humanidad ha tenido grandes maestros en
el saber, como Platón y Aristóteles, pero a nadie le han perseguido por ser
discípulo de Platón o de Aristóteles, ni ellos, que vivieron varios siglos
antes de Jesucristo pretendieron que sus discípulos murieran por ellos. En cambio,
en el Evangelio de hoy escuchamos estas palabras inquietantes: A quien se
declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre
que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo
negaré ante mi Padre que está en los cielos.
En suma, Jesús es el enviado e Dios y se
nos muestra con la misma categoría de Dios.
3. Cada cristiano lleva dentro de sí un
profeta, como Jeremías, según hemos escuchado en la primera lectura, que es una
de las llamadas “Confesiones de Jeremías”.
Jeremía era un temperamento muy suave y
dulce; fue llamado de joven. Él no quería meterse en esta llamada de la
profecía. Él no quería hablar, pero no podía menos de hacerlo, porque era un
fuego por dentro.
A Jeremías le sacaron un mote: Pavor, “Pavor-en-torno”.
Hasta sus amigos le dejaron. El texto sagrado nos lo dice: “Mis amigos
acechaban mi traspié: | «A ver si, engañado, lo sometemos | y podemos vengarnos
de él». Pero el Señor es mi fuerte defensor” (Jer 20,10-11).
3. Hermanos, Jesús nos ha metido en la
lucha. La mentalidad que ha cundido en la sociedad, en la nuestra y de Europa
ha pasado a América es en tantas cosas contraria al Evangelio.
La mentalidad es esta: Cada uno haga lo
que quiera y respetemos todas las ideas. Pero sucede que unas ideas son
exactamente las contrarias a las otras y no puede ir a la par.
Si yo digo que la vida comienza en el seno
de la madre en el momento de la concepción y tú dices que la mujer es dueña de
su cuerpo, ya estamos en dos posturas contrarias, que repercuten en alguien.
Para mí el aborto es un crimen; para ti es un derecho.
Y entonces es cuando se oye la voz de
Jesús: No te avergüences de mí. Defiéndeme, al defender a esa criatura; lucha
por mí, luchando por esa criatura, aunque te maten.
4. Evidentemente Jesús no se refiere a un
caso, como a modo de ejemplo acabo de expresar; Jesús se refiere a todo un
talante de vida. Por ser fiel a Jesús, por salvar la verdad por encima de todo,
por mantener unas ideas de amor, de humanidad que Jesús ha traído al mundo, a
mí me van a perseguir. Pero Jesús me va a defender a la hora de la verdad.
5. Hermanos, ¡qué cosa más hermosa poder
terminar la vida humildemente y como un verdadero triunfador! Poder decir: He
caminado con la verdad por delante; no he sido un corrupto, que me he aprovechado
de los demás; no he sido un mentiroso. Se me han presentado ocasiones de hacer
un negocio con una mentira, pero he preferido la paz de mi conciencia al remordimiento
que me hubiese traído la mentira. Nadie se habría enterado, pero Dios sí, y yo
también. Y yo no puedo ser feliz con la mentira, sino con la verdad.
Hermanos, no hay un solo cristiano que en
la vida no haya estado en estos trances: avergonzarse de Jesús, y de las buenas
inspiraciones de Jesús (a veces muy sutiles) y ceder a lo más fácil, o no avergonzarse
de él, aunque por eso haya tenido que pasar un mal momento.
5. Jesús, con esta originalidad que hay en
sus palabras, tan sencillas, nos invita a mirar a los pájaros del cielo. Dios
se cuida de ellos, y no ha de caer un pájaro al suelo, un pájaro que va a ir al
mercado, sin que no lo permita el Padre del cielo. No es una broma o un chiste,
para hacer más amena la doctrina. En la consideración de Jesús, Dios, su Padre
y nuestra Padre está presente en todo, hasta en esas menudencias.
6. Vamos leyendo las cartas de san Pablo,
y hoy nos tocaba un párrafo donde hablaba del pecado de Adán y sus
consecuencias, y, por el contrario, de la gracia que nos ha venido pro Jesucristo,
y san Pablo nos dice: “No hay proporción
entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con
mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre,
Jesucristo, se han desbordado sobre todos” (Rom 5,15).
Con
este pensamiento quiero concluir: Jesucristo es el don infinito que el padre nos
ha regalado. No nos avergoncemos nunca de este don recibido.
Señor Jesús, que nunca en la vida me avergüence
de ti, que eres el don infinito que Dios me ha regalado, para ahora y para la eternidad.
Amén.
Madrid, sábado 20 junio 2020
Con tu gracia, mi Señor Jesús, seremos fieles a Ti y al Evangelio, hasta el final...Gracias Padre Rufino.
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ResponderEliminarBuenas tardes Rufino, me ha confesado usted hoy. Muchas gracias por sus palabras que me han venido bien Hermoso blog. Un saludo!
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