viernes, 3 de agosto de 2012

271. Señor, danos siempre de este pan


Segunda homilía sobre el capítulo 6 de san Juan
Domingo XVIII del tiempo ordinario, ciclo B 
Jn 6,24-35

Texto evangélico

Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo has venido aquí? Jesús les contestó:
“En verdad, en verdad os digo:
Me buscáis no porque habéis visto signos,
sino porque comisteis pan hasta saciaros.
Trabajad no por el alimento que perece,
sino por el alimento que perdura hasta la vida eterna,
el que os dará el Hijo del hombre;
pues a este lo ha sellado el Padre Dios”.
Ellos le preguntaron: “Y ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios”.
Él les respondió:
“La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado”.
Le replicaron:
“¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti?
¿Cuál es tu obra?
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”
Jesús les replicó:
“En verdad, en verdad os digo:
No fue Moisés quien os dio pan del cielo,
sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo.
Porque el pan de Dios es el que baja del cielo
y da vida al mundo”.
Entonces le dijeron:
“Señor, danos siempre de este pan”.
Jesús les contestó:
“Yo soy el pan de vida.
El que viene a mí no tendrá hambre,
 y el que cree en mí no tendrá sed jamás”.

Hermanos:

1. Estamos dentro de la multiplicación de los panes, y, como anunciábamos el domingo pasado, al abrir este episodio, serán cinco homilías en torno a este signo central de la vida de Jesús: Jesús, pan vivo por la vida del mundo.
Huyó al monte después de aquel episodio, que terminó en una apoteosis. Querían hacerle jefe y caudillo, liberador de la opresión del pueblo. Jesús, don de Dios al mundo, no había venido para dar vida con esos medios, sino de otra manera, yendo a la raíz del corazón.
Jesús huyó al monte, al corazón de Dios. A la madrugada se mostró a sus discípulos caminando sobre el lago.
Al día siguiente nos encontramos en Cafarnaúm, y aquí comienza el Discurso de Cafarnaúm. En el estilo típico de san Juan el discurso va entreverado de preguntas polémicas, que reflejan claramente la lucha del ser humano entre la fe y la increencia, y ponen al descubierto el desenlace de la vida de Jesús: aceptación y rechazo.

2. Comencemos con las primeras líneas, que nos presenta a la gente en busca de Jesús: fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús. Buscar a Jesús, que es todo un símbolo de vida.
La vida es una búsqueda y un hallazgo, y el que encuentra sigue buscando algo superior. Dejar de buscar es como dejar de vivir; ya todo se acabó.
Me buscáis, dice Jesús. Pero añade y precisa: Me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.
Parecía bueno buscar a Jesús, pero aun esto mismo hay que aclararlo. Hay una búsqueda generosa, que nos engrandece; pero puede haber una búsqueda ruin, interesada, egoísta, y esa no nos engrandece. No es lo mismo, por ejemplo, ir al matrimonio buscando satisfacer unas necesidades primarias, que ir buscando unos grandes ideales para compartirlos juntos con generosidad y amor mutuo.
Ya vimos que Jesús tras la multiplicación de los panes, huyó al monte, porque quisieron hacerlo rey, caudillo liberador.

3. Me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Jesús quiere dejar muy claro su puesto en la vida de Israel. Jesús no es ni quiere ser un líder que resuelva el pan de cada día, con lo cual decimos, el trabajo, el sueldo, la economía. Dios nos ha dado inteligencia y corazón para que esos asuntos nuestros los resolvamos nosotros, porque ciertamente, venciendo nuestro egoísmo, podemos resolverlos.
Jesús trae como signo la bondad de Dios, la cercanía y la presencia de Dios, que es la mayor necesidad que tiene el hombre. Si esto se resuelve, lo demás fluye por sí y con la buena cooperación de la fraternidad humana todo puedo llegar a buen puerto. Pero Jesús tiene algo que nadie sino él puede dar, y por eso, sí, por eso hemos de buscarle.
Los profetas y los salmos nos han hablado de esa búsqueda insaciable de Dios, que es el latido de toda religión: Recurrid a Dios y a su poder; buscad continuamente su rostro (Sal 105,4). Así reza el salmo. Y en el mismo libro otra plegaria conmovedora dice:
Oigo en mi corazón: “Buscad mi rostro”.
Tu rostro buscaré, Señor.
No me escondas tu rostro (Sal 27,8-9).

4. Buscar es lo mismo que afanarse, trabajar. Y desarrollando este pensamiento, Jesús dice:
Trabajad no por el alimento que perece,
sino por el alimento que perdura hasta la vida eterna,
el que os dará el Hijo del hombre.
La vida es una tarea que hacer, una misión que cumplir. Y esta tarea es tan grande, que no puede perecer con nuestros días. El trabajo de nuestras manos es necesario. Pero el hombre es más que cabeza y manos; es más que fábrica, proyectos, planes económicos. Todo esto son productos de consumo, que se utilizan y pasan. La generación siguiente los ha de superar felizmente, y también pasarán.
Y nada de esto nos da la felicidad que hambrea el corazón humano. Hay algo cuyo secreto está en el Hijo.

5. El hombre se afana y trabaja, pero Dios también trabaja por el hombre. Y ¿cuál es la obra de Dios, para que nos pongamos en consonancia con su trabajo?
Y ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios? Así preguntan. Y Jesús responde:
La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado.
Está claro y patente: la obra de Dios en el mundo es que aceptemos a su enviado, que pongamos al Hijo de Dios en el centro de la existencia, que le demos a él las riendas de la vida y caminemos.
Jesús, este Jesús histórico protagonista de los Evangelios, va a ocupar el puesto central de Dios, y esta va a ser la obra y el trabajo de Dios, dejar a su Hijo, Jesús de Nazaret, como artífice de ese nuevo plan en la tierra.

6. Hermanos, este es el plan y programa. Ahora bien, ¿qué credenciales puede presentar Jesús para invitarnos a esta renovación del mundo? El pueblo judío, elegido por Dios, puede estar orgulloso de su historia y presentar a Moisés. Moisés no necesita credenciales, porque la Biblia se las da todas. Moisés, legislador y caudillo, que tiene todos los títulos en Israel, ese sí dio de comer al pueblo. A ese podemos mirar.
Pero Jesús responde, con un atrevimiento extremo, que no fue Moisés el que daba el pan del cielo, el maná durante cuarenta años en el desierto: era mi Padre. Y se atreve hacer una comparación entre Moisés y él:
No fue Moisés quien os dio pan del cielo,
sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo.

7. Ahora se va a manifestar el secreto:
Yo soy el pan de vida.
El que viene a mí no tendrá hambre,
 y el que cree en mí no tendrá sed jamás.

Jesús  se revela al mundo como el pan de Dios. Jesús es la respuesta al corazón del hombre. Jesús es el último anhelo que llevamos en el corazón. Jesús es nuestro presente y nuestro futuro.
Por eso a él, compañero de camino en la peregrinación humana, podemos dirigirle con confianza esta súplica del Evangelio:

Señor, danos siempre de este pan.
Amén.

Monterrey, NL (Ejercicios espirituales), 1 agosto 2012.

jueves, 2 de agosto de 2012

270. La Porciúncula: Perfil materno de la fraternidad franciscana


Meditación mariana vespertina
al cobijo de la Porciúncula

1. Tantas veces hemos dicho (ante un auditorio que nos pudiera entender): Lo más específicamente masculino que lleva consigo el varón – eso que tiene él y le distingue de la mujer – es anhelo íntimo, vital y puro, de la mujer. Y en correspondencia, lo más específicamente femenino en la mujer es justo el anhelo del hombre. Estos mutuos sentimientos están ungidos de un misterioso sentimiento de adoración. Porque ya se sabe que el amor, el único que pueda llamarse amor, el verdadero, es oblativo, no posesivo. Y la suma posesión del amante y de la amada es, ante todo, la suma realización de la oblación.
 Este lenguaje, que suena a mística superior, no es, en realidad, sino deja aflorar y salir los últimos sentimientos que palpitan en el ser. El hombre y la mujer vienen a ser como una circunferencia partida; partida sí, y las varas han quedado curvas… (Quizás algo de esto dijo Platón en El Banquete, cuando, en opinión de uno de los comensales que sostienen el diálogo, el amor se explica porque al principio el ser humano era esférico y Dios lo partió en dos).
El amor, por ello, tiene en sí mismo un carácter religioso y teologal, pues anhelamos, a radice, que el culto que damos a la persona a quien amamos de alguna manera quede envuelto en el culto que solo a Dios se puede tributar. Son distintos, bien seguros; pero entiéndase que estamos hablando de los anhelos inmanentes del amor.

2. Sublimamos…, idealizamos el amor. Sí, por cierto; porque el ser humano bienpensante necesita el ideal como motor de arranque. La verdad está en el ideal. Y la verdad del amor es el mismo ideal del amor. Luego vendrá la praxis, con sus más y sus menos, y experimentaremos que una relación de amor sincero y fiel exige limar aristas en el roce cotidiano.
Seguimos con esta contemplación de amor que desentraña, de alguna manera, los secretos de nuestro primer amor en la vida franciscana.

3. Vengamos a la Porciúncula, que es el regazo de María para la Orden de san Francisco, regazo para los hermanos de Francisco; regazo para las hermanas de Clara, hermanas pobres. Allí en la Porciúncula, donde Francisco escuchó el Evangelio iluminador, allí también dejó su cabellera de doncella virgen, como oblación a la Virgen María por manos de su siervo “nuestro beatísimo padre san Francisco”. Ella se vio tiernamente como pianticella, plantita de san Francisco, y lo dejó escrito al inicio de la forma de vida.

4. En el nacimiento de la vida franciscana, a la vera de la ermita de la Porciúncula, está la doble presencia femenina, que va a conformar con suaves manos el carisma franciscano, dándole un encanto y atractivo admirable. Estamos hablando de la Virgen de la capilla de rústica piedra, la Madre; y estamos hablando de la hermana, Clara, que una noche de Ramos, año de 1208 (que pudo ser también 1207), en el altar de María hizo su consagración a Cristo. No sabemos cómo era la imagen de Santa María, seguramente de tosca artesanía; sí sabemos, por las reglas del corazón, que la Madre del Señor, recibió aquella ofrenda, el voto de una vida para siempre.

5. Fray Tomás de Celano nos ha dejado, en cuanto pudo, el retrato espiritual de una enamorado cristiano de María, un enamorado que ha sufrido tanto, pero que ha gozado en el amor, sintiéndose amado y amando, sin comparación que lo que fuera su sufrimiento. Escribe el letrado fray Tomás, fino estilista:

“Su devoción a nuestra Señora, a quien encomendó especialmente la Orden. Rodeaba de amor indecible a la Madre de Jesús, por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad. Le tributaba peculiares alabanzas, le multiplicaba oraciones, le ofrecía afectos, tantos y tales como no puede expresar lengua humana. Pero lo que más alegra es que la constituyó abogada de la Orden y puso bajo sus alas, para que los nutriese y protegiese hasta el fin, los hijos que estaba a punto de abandonar. ¡Ea, Abogada de los pobres!, cumple con nosotros tu misión de tutora hasta el día señalado por el Padre” (2 Cel 198).
Tenemos aquí a la madre y al hijo afectuoso.

5. El carácter materno de su corazón lo refleja Francisco con sus hermanos sin afectación ni remilgos. Se atreve a escribir en la Regla: “Y, dondequiera que estén y se encuentren los hermanos, muéstrense familiares mutuamente entre sí. Y confiadamente manifieste el uno al otro su necesidad, porque, si la madre cuida y ama a su hijo carnal, ¿cuánto más amorosamente debe cada uno amar y cuidar a su hermano espiritual? Y, si alguno de ellos cayera en enfermedad, los otros hermanos le deben servir, como querrían ellos ser servidos” (Regla, cap. VI).
Francisco, para representarse la caridad fraterna, ve a la madre “nutre y ama” (nutrit et diligit) al hijo de su carne. En este “nutrit el diligit” ¿no tendríamos que ver a la madre que nutre con su leche al hijo de sus entrañas. Ese es el “amor entrañable”, el amor nutritivo. Al nutrir derrama su amor.
Con esa efigie, con esa evocación por delante, el hermano quanto diligentius debet quis diligere et nutrire fratrem suum spiritualem, ¡cuánto más diligentemente debe cada uno amar y nutrirá su hermano espiritual! Es el amor nutricio de la fraternidad espiritual. Cada hermanoe s para mí como un hermano pequeñito a quien debo nutrir, y yo mismo acasos ea también el hermanito pequeño a quien me deben amar y nutrir.
(Quizás me digan los latinistas del Medioevo que no hay que apurar tanto la metáfora… Acaso – no lo sé – pero no resulta nocivo el pensarlo así).
En todo caso, lo que sí es evidente es que Francisco ha querido calificar el amor entre los hermanos emotivamente con la imagen del amor materno.

6. Lo que también es cierto – como lo saben todos los que han estudiado un poco los escritos de san Francisco – que en la pequeña hoja llamada “Regla para el eremitorio” (Regula pro eremitorio), el hermano Francisco veía también el amor entre los hermanos como amor de madre. Incluso dio un pasito más, porque habló del hermano como hijo de su hermano…
“1Aquellos que quieren vivir como religiosos en los eremitorios, sean tres hermanos o cuatro a lo más; dos de ellos sean madres, y tengan dos hijos o uno por lo menos. 2Los dos que son madres lleven la vida de Marta, y los dos hijos lleven la vida de María (cf. Lc 10,38-42); y tengan un cercado en el que cada uno tenga su celdilla, en la cual ore y duerma.
4Y digan prima a la hora que conviene, y después de tercia se concluye el silencio; y pueden hablar e ir a sus madres. 5Y cuando les plazca, pueden pedirles limosna a ellas como pobres pequeñuelos por amor del Señor Dios.
8Los hermanos que son madres esfuércense por permanecer lejos de toda persona; y por obediencia a su ministro guarden a sus hijos de toda persona, para que nadie pueda hablar con ellos. 9Y los hijos no hablen con persona alguna, sino con sus madres y con su ministro y su custodio, cuando a éstos les plazca visitarlos con la bendición del Señor Dios. 10Y los hijos asuman de vez en cuando el oficio de madres, alternativamente, por el tiempo que les hubiera parecido conveniente establecer, para que solícita y esforzadamente se esfuercen en guardar todo lo sobredicho”.
Si lee esto alguien no “iniciado”, alguien profano, a lo mejor escupa: ¡Qué ridiculez!
Sí, es un escrito que no se puede airear de pronto ante cualquiera. Que aquí no se trata de una erudición literaria, sino de una vida íntima entre los hermanos. De hermano a hermano, de corazón a corazón…

7. Pero ahora viene la pregunta: ¿De dónde ha prendido Francisco estas cosas? Y quizás la respuesta más obvia la tenemos a la vista: del regazo de la Madre de la Porciúncula.
Francisco era enormemente afectuoso. Y con la Madre del cielo fue afectuosísimo. Lo ha observado Celano: le ofrecía afectos, tantos y tales como no puede expresar lengua humana.
María es el regazo de la Orden. La familia franciscana tiene que derrochar afecto.
¡Cuántas cosas tenemos que aprender todavía los hijos – los hijitos – del regazo de nuestra Madre de la Porciúncula…!
Nuestra orden debe cultivar un tierno amor materno, y una suave y delicada finura femenina, regalo de la Madre, herencia de la Hermana.
Es mi meditación vespertina en esta fiesta de la Porciúncula, al compartir pensamientos en el retiro de mis hermanos capuchinos del Norte de México.
(Ellos se adscriben a la Provincia de California, y en California la patrona es Ntra. Sra. de los Ángeles).
En alabanza de Cristo, del pobrecillo Francisco y de la hermana Clara. Amén.

Monterrey, Nuevo León, 2 agosto 2012.
fr. Rufino María Grández

miércoles, 1 de agosto de 2012

269. 2 de agosto: La Porciúncula - La Madre de los menores


Un retiro espiritual para la familia franciscana


La Madre de los hermanos menores
La Madre de las hermanas pobres



PREÁMBULO

Envío: El encanto del franciscanismo

Un encanto del franciscanismo tiene un nombre concreto, nombre femenino, bello más que una flor, y es la Virgen Santa María de la Porciúncula. Lo femenino – suave y fragante – pertenece discretamente, veladamente…, a lo más puro de nuestros orígenes: la Virgen de la Porciúncula y Clara de Asís. Nunca lo olvidemos. María es la Madre; Clara, la hermana. Sin una y otra nunca hubiéramos sido lo que fuimos y lo que somos.
Por eso, es grato evocar recuerdo en el día de Ntra. Sra. de los Ángeles de la Porciúncula, cálida cuna de la Orden.
Yendo a nuestras primeras raíces, quizás nuestra Patrona debiera ser Santa María de los Ángeles de la Porciúncula. A ella podemos venerar, por todo lo acontecido en Francisco, como la Madre de los menores. Santa María de los Ángeles parece celebrar a María en el misterio de su gloriosa Asunción. Allí, en la Porciúncula, es donde han nacido las oraciones de san Francisco a la Virgen
Las circunstancias históricas han derivado para que la Patrona de la Orden fuera la Inmaculada.

Excursus histórico: La Inmaculada como Patrona de la Orden
(Nota ilustrativa que el lector la puede saltar)
      Puede ser instructivo y útil detenernos en este aspecto, y conocer con cierto detalle por qué la Inmaculada es Patrona de la Orden. He aquí unas notas consignadas en las instrucciones dadas a los novicios (Tres Ojitos, 2007).
      La Virgen con el título de Inmaculada aparece dos veces en nuestras Constituciones Capuchinas: una en la fórmula de la profesión (20,4); y otra, al aconsejar el ayuno en la víspera de su fiesta (103,3).
      La Virgen, bajo el título de su Inmaculada Concepción, fue proclamada Patrona de la Orden por decreto del 15 de octubre de 1712, siendo ministro general el P.Miguel Ángel de Ragusa[1]. Se exhorta a la Orden a que todos y cada uno de los religiosos se preparen espiritualmente para la celebración de la fiesta durante nueve días. Este patronazgo se vuelve a aprobar y confirmar el 10 de marzo de 1714. Se aplican los privilegios inherentes a los patronazgos principales, a saber: oficio y misa con rito doble de primera clase y con octava, lo cual tiene vigencia en toda la Orden.
      La Orden considera a María Inmaculada como su única y singular patrona. El ministro general Francisco de Solchaga escribe desde Madrid, el 31 de diciembre de 1818, al provincial de Valencia: “Habiendo escrito al r.mo P. Vicario General, Fr. Mariano de Alatri, para que en nuestro nombre solicitase del Romano Pontífice privilegio para que en toda nuestra Orden, de que es su única y singular Patrona María santísima bajo el título de su purísima Concepción, en el día en que celebramos este misterio, en toda su octava y en todas las misas votivas que se celebran entre año se añadiesen estas palabras en el prefacio: Et te in conceptione inmaculata, etc., nos contesta ...que concedió Su Santidad la gracia en los mismos términos que deseábamos”[2].
      “La devoción a la santísima Virgen Inmaculada, que nuestro humilde instituto desde el principio de glorió de tenerla como especial protectora, fue siempre un distintivo de los religiosos capuchinos”[3].
      Gregorio XVI concedió a la Orden el añadir en las Letanías lauretana la invocación Regina sine labe (originali) concepta (8 diciembre 1843)[4].
      En 1849 (18 de marzo) el ministro general Venancio de Turín pide a los provinciales que en todas las comunidades se rece en común al menos una tercera parte del rosario (sanctissimi rosarii) por los últimos trabajos que se están haciendo en orden a la definición dogmática de la Inmaculada Concepción.
      El iniciador de esta Coronilla fue el P. Buenaventura de Ferrara (1806-1884)[5].

Inmaculada y Regina Ordinis minorum
      El título de “Inmaculada” no aparece en las Constituciones de 1536, no obstante estar tan enlazado en la Iglesia con la tradición franciscana.
      En diversos países, y muy especialmente en España, cunde un gran fervor inmaculista en asociaciones que se comprometen con voto a defender el privilegio de la Concepción Inmaculada de María, y que tiene un amplio reflejo en el arte religioso: pintura (las “Inmaculadas” de Murillo) e imaginería, lo mismo que en la literatura.
      Tradicionalmente los capuchinos en España hemos cantado los sábados los Gozos de la Inmaculada (Con gozo y grande alegría / cantamos, Virgen sagrada, / que siempre fue inmaculada / vuestra Concepción, María, etc.).
      Coplillas devotas de la Inmacula, a modo de obsequios y fervorines, adornan las oficinas, lo mismo que la imagen de María preside la cocina y otros lugares de trabajo. El nombre de “María”, no raramente, en algunas provincias, se añade al nombre que se toma en el noviciado.
      En el Manual Seráfico de las distintas regiones o provincias se pueden apreciar estos usos, y como fuente de mayor categoría se puede acudir al Caeremoniale Romano-Seraphicum, para ver fiestas, devociones y consagraciones.
      Tal Ceremonial, que con detalle se estudiaba y aprendía en el noviciado, ha dejado de tener vigencia, y no será fácil encontrar ejemplares en nuestras comunidades[6].
      Con la Inmaculada la Orden celebra otra fiesta. La Inmaculada, siendo fiesta mayor, está adornada de una octava, y en el día se la octava, concretamente el 15 de diciembre, se celebra a la Regina Ordinis minorum, y en este día se hace, según el Ceremonial, la consagración al Inmaculado Corazón de María[7].

I
LA PORCIÚNCULA

El nacimiento de la vocación franciscana

El camino de conversión de Francisco duró tres años. En este tiempo reparó tres iglesias:
- la primera la iglesia de san Damián,
- la segunda otra ermita, que se supone fuera la de San Pedro;
- la tercera, la capilla de la Porciúncula.
La iluminación del proyecto de vida, al final de este itinerario, acontece en santa María de la Porciúncula. Tres son los elementos que podemos contemplar en aquel momento fundacional de la Vida franciscana:
1) El Evangelio.
2) La Eucaristía.
3) La Iglesia jerárquica, representada en aquel humilde sacerdote, cuyo nombre ignoramos, que aquel día explicó a Francisco el contenido del Evangelio de la misión.
A esta trilogía, que configura teológicamente nuestro carisma, se ha de añadir un cuarto elemento envolvente. La vida franciscana nace en el regazo de María. María cumple una función materna en el nacimiento de la Orden. Francisco, de hecho, según un testimonio, encomendaba a la Madre de Dios le iluminara sobre lo que debía hacer.
El Evangelio, la Eucaristía, la Jerarquía van a ser tres elementos permanentes configurativo de nuestra Fraternidad, de nuestra vida y misión. Y todo ello, en el regazo de María.
La Porciúncula pasar a ser, de alguna manera un “lugar teológico” de la Orden.

Residencia transitoria y residencia definitiva

A su vuelta de Roma, el pequeño grupo de hermanos, pasando por el valle de Espoleto, se estableció en Asís, en el lugar llamado Rivotorto (riachuelo torcido), según refiere 1 Celano:
“Recogíase el bienaventurado Francisco con los suyos en un lugar, próximo a la ciudad de Asís, que se llamaba Rivo Torto. Había allí una choza abandonada; en ella vivían los más valerosos despreciadores de las grandes y lujosas viviendas y a su resguardo se defendían de los aguaceros. Pues, como decía el Santo, "más presto se sube al cielo desde una choza que desde un palacio". Todos los hijos y hermanos vivían en aquel lugar con su Padre, padeciendo mucho y careciendo de todo; privados muchísimas veces del alivio de un bocado de pan, contentos con los nabos que mendigaban trabajosamente de una parte a otra por la llanura de Asís. Aquel lugar era tan exageradamente reducido, que malamente podían sentarse ni descansar. Con todo, no se oía, por este motivo, murmuración o queja alguna; antes bien, con ánimo sereno y espíritu gozoso, conservaban la paciencia” (1 Cel 42).

La historia de Rivotorto terminó así:
“ Cuando moraban en aquel lugar, un día un hombre con su borrico llegó a la choza que habitaban el varón de Dios y sus compañeros; par a impedir que le echaran, invitaba al borrico a entrar, diciendo: "Adelante, que así mejoraremos este lugar". Al oírlo Francisco, y percatándose de la intención, lo llevó muy a mal; se pensaba aquel hombre que los hermanos querían afincarse allí y añadir nuevas chozas a la existente. Y, sin más, San Francisco salió de aquel lugar, abandonó aquel chamizo a causa de las palabras del aldeano, y se trasladó a otro sitio, no lejos de allí, que se llama Porciúncula, donde, como queda dicho, había reparado, tiempo atrás, la iglesia de Santa María. No quería tener propiedad par a poder poseer todo con plenitud en el Señor” (1 Cel 44).

Significado espiritual de la Porciúncula como casa-cuna de la Orden y casa matriz
     
San Buenaventura lo ha resumido de esta manera:
“Cuando hubo concluido esta reconstrucción, llegó a un lugar llamado Porciúncula, donde había una antigua iglesia construida en honor de la beatísima Virgen María, que entonces se hallaba abandonada, sin que nadie se hiciera cargo de la misma. Al verla el varón de Dios en semejante situación, movido por la ferviente devoción que sentía hacia la Señora del mundo, comenzó a morar de continuo en aquel lugar con intención de emprender su reparación. Al darse cuenta de que precisamente, de acuerdo con el nombre de la iglesia, que se llamaba Santa María de los Ángeles, eran frecuentes allí las visitas angélicas, fijó su morada en este lugar tanto por su devoción a los ángeles como, sobre todo, por su especial amor a la madre de Cristo.
Amó el varón santo dicho lugar con preferencia a todos los demás del mundo, pues
1.       aquí comenzó humildemente [nota: purificación],
2.      aquí progresó en la virtud [iluminación],
3.      aquí terminó felizmente el curso de su vida [perfección];
en fin, este lugar lo encomendó encarecidamente a sus hermanos a la hora de su muerte, como una mansión muy querida de la Virgen” (LM 2,8).

En el mismo número San Buenaventura hace una consideración teológica con estas palabras:
“Este es el lugar en que San Francisco  ‑ siguiendo la inspiración divina ‑   dio comienzo a la Orden de Hermanos Menores. Por designio de la divina Providencia, que guiaba en todo al siervo de Cristo antes de fundar la Orden y entregarse a la predicación del Evangelio, reconstruyó materialmente tres iglesias, procediendo de este modo no sólo para ascender, en orden progresivo, de las cosas sensibles a las inteligibles, y de las menores a las mayores, sino también para manifestar misteriosamente al exterior, mediante obras perceptibles, lo que había de realizar en el futuro. Pues al modo de las tres iglesias restauradas bajo la guía del santo varón, así sería renovada la Iglesia de triple manera, según la forma, regla y doctrina de Cristo dadas por el mismo Santo, y triunfarían las tres milicias de los llamados a la salvación tal como hoy día vemos que se ha cumplido” (LM 2,8).

La Porciúncula en el desarrollo de la Fraternidad
     
La Porciúncula pertenece a nuestra identidad franciscana de esta manera:

  1. Fue el lugar de la meta de la conversión de Francisco, al dársele allí la revelación del proyecto de vida evangélica.
  2. Fue el lugar donde Clara, guiada por Francisco inició igualmente su camino evangélico la noche del Domingo de Ramos.
  3. Fue la residencia habitual de Francisco, si no estaba visitando a sus hermanos.
  4. Fue el lugar donde se hacían los capítulos de la Fraternidad.
  5. Por lo mismo, el lugar donde se fue gestando la Regla de los Hermanos Menores, a los pies de María.
  6. Fue el lugar de donde partió la misión de la Orden y adonde volvían los hermanos.
  7. Fue el lugar donde obtuvo, siempre junto al regazo de la Madre, el Perdón de Asís.
  8. Bien podemos suponer que fue aquí donde María fue declarada por Francisco Abogada de la Fraternidad.
  9. Fue el lugar donde Francisco adquirió un temperamento “materno” con sus hermanos, nota que se refleja en su lenguaje.
  10. Fue el lugar donde quiso morir Francisco. (¿Por qué no fue enterrado allí?).

      En este sentido véase Espejo de perfección 84.

El lugar más amado por Francisco y el único lugar recomendado

Todos los biógrafos están de acuerdo en estas dos afirmaciones:
Primera. El lugar más amado por Francisco en la tierra.
Segunda. El lugar vivamente recomendado a sus hermanos, como algo que pertenecía al patrimonio espiritual de todos.


Evolución espuria de una tradición espiritual

Si leemos el testimonio de la Leyenda de Perusa y el Testimonia del Espejo de Perfección, vemos cómo ha evolucionado una tradición según cierta tendencia del conventualismo.
Esta tendencia queda sacralizada al afirmar - ¿con qué derecho? - que es el lugar más amado por la Virgen.
     
Léase: Leyenda de Perusa 56: “La Porciúncula, espejo de la Orden”.
Espejo de Perfección 55: “Cómo consiguió humildemente la iglesia de Santa María de los Ángeles del abad de San Benito de Asís y quiso que los hermanos habitaran y convivieran siempre allí en humildad”.
En esta evolución de la tradición hallamos este testimonio: “Nosotros que hemos vivido con el bienaventurado Francisco, damos testimonio dé que decía expresamente acerca de esta iglesia que, por las muchas gracias que el Señor le mostró allí y por lo que le fue revelado en aquel lugar, la bienaventurada Virgen ama esta iglesia con predilección sobre todas las iglesias que ella ama en el mundo. Por esta razón, durante toda su vida tuvo a este lugar gran devoción y reverencia. Y para que los hermanos tuvieran este recuerdo en su corazón, próximo ya a la muerte, quiso que en su testamento se escribiera que ellos hicieran lo mismo” (LP 56; véase igualmente en EP 55).
La verdad es que en el Testamento no se halla esta recomendación.

Nos resulta difícil poner en labios de Francisco la siguiente recomendación que hallamos en los dos testimonios anteriores:
“Es mi deseo que esté siempre bajo la autoridad directa del ministro general, para que así tenga un cuidado y solicitud mayor de atender el lugar, sobre todo constituyendo en el mismo una familia buena y santa. Los clérigos sean escogidos entre los hermanos más santos y honestos y entre los que, de toda la Orden, sepan decir mejor el oficio, a fin de que no sólo los demás hombres, sino también los hermanos, los oigan con agrado y mucha devoción. Sean elegidos para servirles algunos de entre los hermanos y laicos santos, hombres discretos y honestos” (LP 56).


Un aspecto de la Fiesta de la Porciúncula. La Indulgencia de la Porciúncula o Perdón de Asís (tradicionalmente, año 1216)
Para referirnos a la Indulgencia de la Porciúncula, que en siglos pasados ha tenido tanta importancia porque no se concedían perdones con tal amplitud, nos baste con referirnos a una explicación y exhortación familiar del actual Papa Benedicto XVI. Un documento importante al respecto es la Carta apostólica escrita por Pablo VI (Sacrosancta Portiunculae ecclesiae, 14 julio 1966) con motivo del 750 aniversario de la Indulgencia. Benedicto XVI hablaba familiarmente a los fieles con estas palabras:

“Hoy contemplamos en san Francisco de Asís el ardiente amor por la salvación de las almas, que todo sacerdote debe alimentar constantemente:  en efecto, hoy se celebra el llamado "Perdón de Asís", que obtuvo del Papa Honorio III en el año 1216, después de haber tenido una visión mientras se hallaba en oración en la pequeña iglesia de la Porciúncula. Apareciéndosele Jesús en su gloria, con la Virgen María a su derecha y muchos ángeles a su alrededor, le dijo que expresara un deseo, y Francisco imploró un "perdón amplio y generoso" para todos aquellos que, "arrepentidos y confesados", visitaran aquella iglesia. Recibida la aprobación pontificia, el santo no esperó ningún documento escrito, sino que corrió a Asís y, al llegar a la Porciúncula, anunció la gran noticia: ”Hermanos míos, ¡quiero enviaros a todos al paraíso!". A partir de entonces, desde el mediodía del 1 de agosto hasta la medianoche del 2, se puede lucrar, con las condiciones habituales, la indulgencia plenaria también por los difuntos, visitando una iglesia parroquial o franciscana”.
(Benedicto XVI, Castelgandolfo, Domingo, 2 agosto 2009).



II
SANTA MARÍA DE LOS ÁNGELES DE LA PORCIÚNCULA,
LA MADRE DE LOS MENORES

El testimonio principal de la devoción de Francisco a María es éste de Celano:

“Su devoción a nuestra Señora, a quien encomendó especialmente la Orden
Rodeaba de amor indecible a la Madre de Jesús, por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad. Le tributaba peculiares alabanzas, le multiplicaba oraciones, le ofrecía afectos, tantos y tales como no puede expresar lengua humana. Pero lo que más alegra es que la constituyó abogada de la Orden y puso bajo sus alas, para que los nutriese y protegiese hasta el fin, los hijos que estaba a punto de abandonar. ¡Ea, Abogada de los pobres!, cumple con nosotros tu misión de tutora hasta el día señalado por el Padre” (2 Cel 198).

A los pies de Santa María de los Ángeles ha nacido esta oración de Francisco a la Virgen que se recitan muchas veces durante el día:

 Antífona: Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo entre las mujeres ninguna semejante a ti, / hija y esclava del altísimo Rey sumo y Padre celestial, madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo: ruega por nosotros, junto con el arcángel San Miguel y todas las virtudes del cielo y con todos los santos, ante tu santísimo Hijo amado, Señor y maestro. ‑ Gloria al Padre. Como era.

(Sobre la interpretación de esta antífona puede verse el siguiente estudio de dos capuchinos: Pyfferoen, Ilario [Hilario] - Van Asseldonk, Optato, O.F.M.Cap., María Santísima y el Espíritu Santo en San Francisco de Asís, en Selecciones de Franciscanismo, vol. XVI, n. 47 (1987) 187-215, que puede encontrarse sin notas en Internet: franciscanos.org).

Dice la rúbrica. Téngase en cuenta que esta antífona se recita en todas las horas y se dice como antífona, capitula, himno, versículo y oración, tanto en maitines como en las demás horas. Ninguna otra cosa decía en ellas, sino esta antífona con sus salmos.

CONCLUSIÓN

La Virgen María es un dulce secreto de la vida cristiana. Esta persuasión la ha vivido Francisco. Y, sin duda, que también para él es un dulce secreto de su existencia.
María de la Porciúncula es la Madre y Abogada de nuestra Orden. Es la que ha de estar presente en los momentos difíciles de nuestra vocación evangélica.
¡Oh María, Madre del Señor,
ruega por nosotros!

HIMNO PARA LA FIESTA DE LA PORCIÚNCULA

Humilde Virgen de las vegas
        
Noticia Este himno, escrito en Burlada en julio de 1979, siendo ministro provincial, se publicó en la hojita Concordia, en el primer número, cuya presentación está fechada el 30 de julio de 1979. Fidel Aizpurúa le puso una música popular de romería, que fue todo un acierto.
Letra y música. Himnos para el Señor, 1983.
Se encuentra igualmente en la obra de fr. Rufino María Grández (letra) - Fidel Aizpurúa (música), Himnario de la Virgen María. Curia provincial de Capuchinos, Burlada 1989, 104-107.      

              Humilde Virgen de las vegas,
María, Reina de los ángeles,
son tus caminos en la tierra
huellas de amor, pasos de madre.

Estás allí donde tus hijos,
donde una mano suplicante
prende el aceite de la lámpara,
¡oh siempre fiel!, para mirarte.

A tu capilla de los campos
llega el labriego jadeante;
pide perdón el Pobrecillo
y alcanza rosas celestiales.

Aquí se arriman los hermanos
con preces, penas y cantares,
a ti, porción de los menores,
que en los pequeños te complaces.

Hijos de paz junto a tus plantas
de Asís al ancho mundo salen,
y con cristiana cortesía
cantan la paz como juglares.

Por ti, María, toda pura,
aroma y gracia en nuestra carne,
vuelva a Jesús nuestra alabanza
con la liturgia de los ángeles. Amén.

[1] Véase: Melchior a Pobladura, en Litterae circulares superiorum generalium Ordinis Fratrum Minorum Capuccinorum. vol. II (1806-1883), en la carta que escribió Joannes Antonius a Florencia, pp. 175-177. El decreto se encuentra en el Bullarium Ordinis VII, 45 y en ANALECTA OFMCap 20 (1904) 152.
[2] Véase: Melchior a Pobladura, en Litterae circulares superiorum generalium Ordinis Fratrum Minorum Capuccinorum. vol. II (1806-1883), 45.
[3] Alfonso de Rumilly, procurador y comisario general de la Orden, Carta a toda la Orden sobre el promover el culto mariano por el pío ejercicio de la Coronilla de la Inmaculada Concepción, Roma, 31 de marzo de 1958, en Melchior a Pobladura, en Litterae circulares superiorum generalium Ordinis Fratrum Minorum Capuccinorum. vol. II (1806-1883), 236-238, ver p. 237.
[4] Véase Venantius a Torino, minister gen. OFMCap., Carta a la orden pidiendo oraciones en vistas de la futura definición dogmática de la Inmaculada Concepción (Roma, 18 marzo 1849), en: M. a Pobladura, Litterae circulares... vol. II, 181.
[5] Ver ANALECTA OFMCap 1 (1884-85) 275-276; 20 (1904) 269-277. Melchior a Pobladura, Historia generalis III, 207.
[6] Aquí, en Tres Ojitos, comunidad joven no se encuentra.
[7] Es el uso que recoge, por ejemplo, The Manual of the Province of St. Jospeh of the Capuchin Friars Minor U.S.A. 1951. Detroit, Michigan, nn. 63-65