Homilía para el domingo II de Pascua,
ciclo C,
sobre Jn 20.18-31
(En las presentes circunstancias no es posible agregar el video)
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Texto
evangélico:
Al
anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una
casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos Y en esto, entró Jesús, se
puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros”. Y, diciendo esto, les enseñó las
manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús
repitió: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío
yo”.
Y
dicho esto, sopló sobre ellos y le dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes
les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis,
les quedan retenidos”.
Tomás,
uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos
le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos
la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto
la mano en su costado, no lo creo”.
A
los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús,
estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: “Paz a vosotros”. Luego
dijo a Tomás: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu manos y métela en
mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”.
Contestó
Tomás: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús le dijo: “¿Por qué me has visto has creído?
Bienaventurados los que creen sin haber visto”.
Muchos
otros signos, que no están escritos en e este libro, hizo Jesús a la vista de
sus discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías,
el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
Hermanos:
1.
Este
domingo corona los ocho días en que venimos celebrando como una fiesta única la
Pascua del Señor. La Pascua del Señor es la suprema celebración del Amor de
Dios, Amor, que por ser de Dios, tiene otra palabra equivalente: la
Misericordia de Dios, la Divina Misericordia. Estamos, pues, en el domingo II de
Pascua, la Fiesta de la Divina Misericordia.
2.
El Evangelio de hoy nos hace presentes
las dos apariciones de Jesús a los discípulos en el Cenáculo, contadas por san
Juan. En la primera no se encontraba Tomás; en la segunda estaban todos.
Recordemos
a la luz del Espíritu de Dios. Cerradas las puertas, fuertemente cerradas por
miedo a los judíos, se presenta Jesús. Ahora se acumulan los misterios de Jesús
que podríamos llamar los “misterios terminales” de su vida.
Jesús
les saluda con el saludo normal, y de alguna manera sagrado, que tenían y
siguen teniendo los judíos: ¡Schalom!,
¡La paz con vosotros! Y al decir esto, Jesús realiza un gesto que bien
podemos llamarlo gesto sacramental. Dice el Evangelio: “Y diciendo esto, les enseñó
las manos y el costado”. No era esto un
signo de identidad para reconocer al Aparecido; era, más bien, un signo
espiritual, de orden sacramental, un signo de revelación para mostrar de dónde
venía la paz que él ofrecía: de la fuente viva de su Pasión, que se entregaba
ahora en su Resurrección.
3.
Con la paz vino la alegría a la Iglesia. La verdad alegría no es otra cosa sino
la paz derramada por el Señor. “Y los
discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor”. Los discípulos que
veían al Señor tenían consigo la presencia del Señor. Tal realidad no se cierra
en el Cenáculo, sino que queda dentro de la Iglesia y se perpetúa en ella. En
este momento llega hasta nosotros la paz y la alegría que Jesús ha infundido a
su Iglesia, es decir, la comunidad de los cristianos la recibe y la guarda de
generación en generación.
4.
El Evangelio sigue: “Jesús repitió:
- Paz a vosotros. Como
el Padre me ha enviado, así también os envío yo.”
La
figura de Jesús, marcada con su presencia en la tierra, entre nosotros, no concluyó
con la cruz; porque con la Cruz y la Pascua vino el envío. Las palabras firmes
de Jesús nos indican que él transfiere a
su Iglesia no solo su autoridad y sus poderes, sino su vida entera. La frase
que ha quedado escrita en el Evangelio está proclamando que, si Jesús tiene una
misión mundo, la tiene porque es el Enviado del Padre; pues con la misma
ecuación, él transfiere el envío a su Iglesia. “Como el Padre me ha enviado,
así también os envío yo”.
5.
Un tercer momento de Jesús, en aquel día pascual, ungido de misterios: Y dicho esto exhaló su aliento sobre ellos y
les dijo:
-«Recibid el Espíritu
Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se
los retengáis, les quedan retenidas.»
Los
Concilios han localizado en esa frase de Jesús la institución del Sacramento
del Perdón. En realidad la frase de Jesús significa eso y mucho más. Se nos
está hablando del envío total de la Iglesia en el mundo: todo lo que lleva
consigo Jesús, se lo transmite a la Iglesia. Jesús llevaba la vida divina, y
donde está la vida de Dios queda arrasado el pecado. Porque aquí, el santo
Evangelio, evocando aquel gesto de Dios Creador cuando insufló en las narices
de Adán para infundirle la misma respiración de Dios, el Espíritu de Dios, aquí
se nos dice que Jesús realizó este gesto sorprendente: exhaló el aliento sobre
la comunidad de los apóstoles. Les estaba comunicando el Espíritu Santo que
aparecerá en forma de llamas de fuego en Pentecostés. Aquel Espíritu, que es la
intimidad de Dios, la vida pura de Dios, se estaba dando en el día de la
Resurrección.
El
Evangelio de Juan está penetrado de símbolos que nos llevan a las realidades
sustanciales de la vida cristiana.
La
Iglesia nació con esta fe, con esta misión. Jesús es el iniciador de esta nueva
familia, que quiso que fuera la familia humana como tal. En esta obra de Jesús
estaba todo el infinito amor de Dios, que cada uno de nosotros lo quiere
personalizar de la manera más inmediata, más palpable y más individualizada.
Jesús es para el mundo el amor sin fronteras de Dios, Jesús es la puerta de
Dios y la puerta del Espíritu Santo, Jesús es la Misericordia de Dios, regalada
a todo el que quiera recibirla.
6.
Seguramente que nosotros, hermanos, tenemos que hacer una conversión total de todos
nuestros pensamientos, y de todo el enrevesado mundo afectivo que llevamos
dentro para simplificar todo en un acto de amor. Tomás se rindió, y dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Y es nuestro
modelo. Esta es la verdadera religión. Cuando Tomás se rinde a los pies de
Jesús llagado, Crucificado y Resucitado, está dando el verdadero retrato de la
Iglesia. ¡Señor mío y Dios mío! Con
eso estamos diciendo: Señor, acepto todo el amor infinito que a través de ti me
viene del Padre, y tomo este amor gratuito como la verdadera y única riqueza de
mi vida: ¡Señor mío y Dios mío! Esto
es la verdadera misericordia de Dios, que no se agotará por todo la eternidad.
Amén.
(Nota. Homilía escrita para el Domingo II de Pascua en 2008).
(Nota. Homilía escrita para el Domingo II de Pascua en 2008).
Post-scriptum. Paris,
aeropuerto Charles de Gaulle, 6 de abril de 2013
Nuestra peregrinación ha llegado a su
fin y los billetes están pronto para embarcar rumbo a México. Jesús viene con
nosotros; él y solo él es el fruto de este viaje espiritual a los orígenes de nuestra
fe. La virgen María, con la suavidad y la ternura que se desprende de su presencia
en Medjugorje, tiende su manto sobre nosotros..
Año de la Fe…Bien sabemos que ni Jesús ni
su Iglesia es estadística, pero la estadística es un indicador que toca el corazón.
Francia, hija ferviente de la Iglesia, va viendo cómo se fe se erosiona, y lo
mismo la patria España que me vio nacer y que siempre será mi patria y mi
hogar.
Leo en “Le Monde” en el número del día
de Pascua (dimanche, 31 mars – 1 avril): “Bautizos en Pascua y erosión del
catolicismo. Cada año en Pascua, alrededor de 3000 adultos se bautizan después
de dos años de preparación. El sábado 30 y el domingo 31, en toda Francia 3220
adultos (frente a 2958 el año pasado) recibirán el bautismo católico, según las
cifras dadas por la Conferencia de los Obispos de Francia; a esto hay que
añadir 1463 jóvenes de 13 a 18 años. El 42 % de adultos proceden de un medio
ambiente sin adscripción religiosa; cerca de 200 vienen del Islam. Los
empleados y los obreros son los más representados (24 % y 17 %). Los bautismos de niños de 0 a 7 años
van en una baja constante: 458000 en 1990, 273000 en 2011. Según una nota
reciente del instituto CSA, las personas sin religión constituyen ya el grupo
más importante entre los de menos de 35 años. Su proporción alcanza el 47 %
entre los de 18-24 años, mientras que el 31 % se profesan católicos. Globalmente el 56 % de los franceses se
profesan católicos, frente al 69 % que eran en 2002” (Le Monde, fecha
citada, p. 11).
Desde Paris, desde este lugar tan
significativo para Europa, mi corazón, como Pedro, dice al Señor: Tú lo sabes todo; tú sabes que te amo
(Jn 21).