martes, 18 de marzo de 2014

513. Esposo de la ternura - Canción festiva a San José



Canción festiva a San José

El Papa Francisco, elegido el 13 de marzo de 2013, dio solemne comienzo a su Pontificado el día de San José, 19 de marzo de 2013. En su sencillísima homilía, hablando de San José, decía: “…No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura. Y aquí añado entonces una ulterior anotación: el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura. En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura”.
Iniciaba el tema de la ternura, muy repetido en sus discursos: “A veces me he encontrado con personas consagradas que tienen miedo a la consolación de Dios, y… pobres, se atormentan, porque tienen miedo a esta ternura de Dios. Pero no tengan miedo. No tengan miedo, el Señor es el Señor de la consolación, el Señor de la ternura. El Señor es padre y Él dice que nos tratará como una mamá a su niño, con su ternura. No tengan miedo de la consolación del Señor. La invitación de Isaías ha de resonar en nuestro corazón: “Consolad, consolad a mi pueblo” (40,1), y esto convertirse en misión. Encontrar al Señor que nos consuela e ir a consolar al pueblo de Dios, ésta es la misión. La gente de hoy tiene necesidad ciertamente de palabras, pero sobre todo tiene necesidad de que demos testimonio de la misericordia, la ternura del Señor, que enardece el corazón, despierta la esperanza, atrae hacia el bien. ¡La alegría de llevar la consolación de Dios!” (Basílica Vaticana, 7 julio 2013, a los seminaristas, novicios y novicias”).
Todo esto como preámbulo de “la revolución de la ternura”, expresión que fue a parar a su encíclica sobre La alegría del Evangelio. “El Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura” (n. 88).
Y alguna vez ha citado una frase del himno de san José, que habla de “ternura de Eucaristía”.
Al cobijo de estas evocaciones está inspirada esta sencilla Canción festiva a San José.

1. Esposo de la ternura,
José de Santa María,
transmítenos de tus manos
ternura de Eucaristía.

2. De tu cálida mirada
que a ella le enternecía,
aprendamos la confianza
y la pura cortesía.

3. De tus brazos vigorosos
en que Jesús se mecía,
traspásanos la esperanza,
el riesgo y la valentía.

4. De tu frente sudorosa
que de fe resplandecía,
santifica la tarea
y el afán de cada día.

5. José, silencio y escucha,
que es paz y sabiduría,
acércanos al misterio
que en tu casa se escondía.

6. ¡Gloria al humilde Custodio
que todo Amor protegía,
gloria a Jesús por los siglos,
del cielo y tierra alegría! Amén.

Guadalajara, Jalisco, víspera de San José 2014

Otras composiciones, como Himnos para la liturgia, puestas en mercaba.org / Rufino María Grández / Flos sanctorum:
José bendito, flor de los varones 



El nombre de San José en las Plegarias Eucarísticas II, III y IV
“…En la Iglesia católica, los fieles han manifestado siempre una devoción ininterrumpida hacia San José y han honrado de manera constante y solemne la memoria del castísimo Esposo de la Madre de Dios, Patrono celestial de toda la Iglesia, hasta tal punto que el ya Beato Juan XXIII, durante el Sagrado Concilio Ecuménico Vaticano II, decretó que se añadiera su nombre en el antiquísimo Canon Romano. El Sumo Pontífice Benedicto XVI ha querido acoger y aprobar benévolamente los piadosos deseos que han llegado desde muchos lugares y que ahora, el Sumo Pontífice Francisco ha confirmado, considerando la plenitud de la comunión de los santos que, habiendo peregrinado un tiempo a nuestro lado, en el mundo, nos conducen a Cristo y nos unen a Él.
Por lo tanto, teniendo en cuenta todo esto, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en virtud de las facultades concedidas por el Sumo Pontífice Francisco, gustosamente decreta que el nombre de San José, Esposo de la Bienaventurada Virgen María, se añada de ahora en adelante en las Plegarias Eucarísticas II, III y IV de la tercera edición típica del Misal Romano, colocándose después del nombre de la Bienaventurada Virgen María”.
(Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos,  Decreto con el que se añade el nombre de san José en las Plegarias eucarísticas II, III y IV del Misal Romano, 1 de mayo del 2013, memoria de San José Obrero).
 

miércoles, 12 de marzo de 2014

512. Domingo II Cuaresma A - Mi Hijo amado - Escuchadle. Primer Aniversario del Papa Francisco

Noviciado de Hermanas Clarisas Capuchinas
Guadalajara-Zapopan, Jalisco


Homilía en el domingo II de Cuaresma, ciclo A
Mateo 17,1-9


Texto evangélico:
Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y  su hermano juan, y subió con ellos parte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: “Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo”.
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y les dijo: “Levantaos, no temáis”. Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban del  monte, Jesús les mandó: “No contéis a nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”.

Hermanos:
1. Esta es una escena divina de la vida de Jesús, y cualquier frase, cualquier palabra incluso, es para nosotros fuente de inspiración espiritual, una ventana abierta que, contemplando con un poco de calma, nos entrega misterios  que nosotros saboreamos.
Cuando pasó aquel éxtasis fulgurante en que los discípulos vieron la gloria de Dios, reflejada en el rostro del Cristo, el Señor, en sus vestidos, que se hicieron de blanca luz divina, Jesús les dijo: “No contéis a nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”.
También decía cosa semejante después de los milagros, cuando mandaba con energía: No se lo digas a nadie. La presencia de Dios Encarnado en medio de nosotros es la presencia de “uno más”. Jesús es uno entre los humanos, cuyo signo único es la irradiación que fluye de su ser. Constata, pues, el Evangelio: Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

2. Tenemos, pues, en el monte santo, en aquel alto monte que nosotros lo hemos identificado como Monte Tabor, en Galilea, aunque el Evangelio no dé el nombre, tenemos dos imágenes:
- una, la del Jesús cotidiano de la convivencia: su amable rostro no despide luz, sino bondad y simpatía, seriedad o también enfado según las circunstancias de la vida;
- otra, la del Jesús celestial rodeado de seres celestiales, en comunión con el Padre que le habla, con el Espíritu Santo que lo envuelve con su sombra.
¿Cuál es las dos imágenes es la más auténtica, es decir, la más real y verdadera?
La respuesta es simple, hermanos: las dos, absolutamente las dos, sin sobreponer la una sobre la otra, las dos son simultáneamente verdad. La dos fundidas en una, porque el ser de Jesús es uno, las dos nos da esa imagen de Jesús que han defendido los Concilios de la Iglesia

3. Estamos ciertamente en el misterio, y aquí justamente es donde se debate la teología para presentar la figura de Jesús de Nazaret, el Señor.
En el Jesús cotidiano podemos descubrir el Jesús divino, No son dos; son uno. No se apareció lo que no existía sino salió desde dentro lo que dentro estaba. Dentro de Jesús estaba su divinidad. Dentro de Jesús estaban Moisés y Elías; estaba toda la Biblia. Dentro de Jesús estaban, sobre todo, el padre y el Espíritu Santo.
Esto tiene una primera consecuencia para nosotros. Yo puedo asistir hoy  a la Transfiguración del Señor por un camino: la fe.
Cuando yo me pongo en oración, con fe, entro en comunicación con Dios, con Jesús en concreto. Le hablo, y siento que esto es verdad – pues la oración es lo más verdadero de uno mismo -  siento que, sin dejar de ser yo mismo, estoy pasando familiarmente a un terreno divino. Yo hablo a Dios con humildad y con todo el amor que alcanzo, y siento al mismo tiempo que él está contigo y que esa presencia suya me da armonía y paz, me infunde confianza y valor, me da, incluso, un misterioso gusto interior: Estoy gustando a Dios, saboreando a Dios; estoy escuchando a Dios.

4. Esto es la experiencia de la Transfiguración, vista desde la fe, que es un acto de lanzamiento y encuentro.
Hermanos, esto es orar, guiados por el Espíritu Santo, como oraba Jesús hombre y se abandonaba en los brazos del Padre Dios, cuando la decía, recogiendo su vida entera: Padre, hágase en mí tu voluntad.
Jesús vivía la Transfiguración sin ser visto. Y cuando nos enseñó a orar con el Padrenuestro, nos enseñó a vivir en la Transfiguración. La fe – repitamos – es la llave que nos la entrada a este mundo divino; la fe no es una fantasía, es una realidad de abandono y de amor, es el encuentra con lo sobrenatural. Y de esto tenemos los seres humanos un hambre infinita.

5. Esta oración sublime es, al mismo tiempo, una oración sencilla. Ni siquiera hace falta que yo me haya leído la Biblia. No hace falta que yo conozca la historia de Moisés ni sepa cosa especial del profeta Elías, de qué siglo fue, con qué rey se enfrentó.
Cuando yo voy a la oración, trato de desconectar de las preocupaciones que me envuelven y me turban y directamente voy a contemplar a Jesús. Al ponernos en su presencia ya estamos en trance de transfiguración. En la oración se juntan el cielo y al tierra de esta manera.
“No contéis a nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”. Pero ya Jesús murió y resucitó; ya tenemos derecho a saber lo que ocurrió, que no es otra cosa sino lo que está ocurriendo. El Jesús que existe, el que vive en medio de nosotros, es el Hijo de Dios, hermoso, envuelto en la gloria del Padre.

6. La Cuaresma que vive el cristiano, a imitación de Jesús es, ante todo, una Cuaresma de oración, de oración abierta hacia la intimidad, y esto es contemplación.
Le contemplamos a Jesús en sí mismo, y dialogamos con él.
Y le contemplamos, en cuanto Dios nos dé su gracia, en nuestros hermanos, en estos más pequeños e insignificantes. Allí está Jesús; por lo tanto allí está su Transfiguración.
Lo que pasó en el Tabor es una especie de sacramento, el sacramento de la presencia de Jesús. En un sacramento hay una parte invisible: es la actuación misteriosa de Dios; y otra visible, que es lo que ven nuestros ojos, por ejemplo el agua derramada en el bautismo.
La Transfiguración pasó un día, y está pasando hoy.
7. Jesús, que definitivamente vives junto al Padre, concédeme al gracia de orar como cristiano, de orar y contemplarte en la oración. Si mi corazón resplandece con la luz de tu divino rostro, estará muy dispuesto a servir a mis hermanos, los hombres. Amén.

Guadalajara, Jal., miércoles 12 marzo 2014.


Este es mi Hijo amado, en quien me complazco
Escuchadlo

En esta foto el Papa, como sencillo cristiano, está escuchando a Jesús haciendo los Ejercicios espirituales del año, del domingo por la tarde (día 9 de marzo) hasta el viernes por la mañana. Habla un Párroco de Roma...; podría hablar un laico, una laica... Ante la Palabra de Dios todos somos discípulos.





1. Para escuchar a Jesús,
en la luz transfigurado,
quítense todos la mitra
y hasta el solideo blanco.
Vengan sencillos y humildes,
los pecados confesados.

2. Dejen a un lado la ciencia,
olvídense de su cargo,
y sean niños de escuela
colocados en sus bancos;
no recuerden que escribieron
libros universitarios.

3. Para escuchar a Jesús
subamos al monte santo;
el aire acaricia puro
y huele a flores del campo:
es él, Jesús, mi Señor,
de todos mi deseado.

4. Yo soy Pedro, yo soy Juan,
soy el apóstol Santiago…,
yo soy yo…, sencillamente,
que con nadie me comparo,
el único para ti,
de tu costado creado.

5. Y al verme así ante tus ojos
me siento transfigurado,
y un gozo nuevo y fecundo
de mi pecho va manando,
mientras sereno contemplo,
mientras te escucho y te amo.

6. Dulce encuentro del Tabor,
que el miedo me va quitando,
y una amorosa amistad
de ti se va derramando:
creer y permanecer,
ya no busco otro milagro.

7. Jesús, Evangelio puro,
todo en ti significado,
la Palabra y Comunión
eres Tú, mi traspasado:
¡Gloria ti, mi gratitud,
gloria a ti, glorificado! Amén.

Guadalajara, Jal. 13 marzo 2014,
Primer aniversario de la elección del Papa Francisco.
Rufino María Grández

AVISO

Nuevo aviso sobre este blog, con respeto y deferencia
El día 17 de enero (hoy hace dos meses) puse en mi blog de “Las hermosas palabras del Señor” un AVISO que con respeto y deferencia vuelvo a copiar y confirmo, destacando algunas palabras o frases con letras mayúsculas.
Veo que, en estos dos meses, la casi totalidad de los comentarios no se atienen a estas indicaciones. Así, a mi última homilía, cuyo texto (excluido el texto evangélico) tiene 977 palabras se añade un “comentario” que tiene 684 palabras que viene a ser “otra” homilía o reflexión personal erudita, válida en sí misma. No es tal la finalidad del blog.
A PARTIR DE AHORA SERÁN BORRADAS LAS INTERVENCIONES QUE NO SE AJUSTEN A LO DICHO.
Añado: Lecciones, reflexiones, consideraciones... que no sean directamente pertinentes al "tema" (aunque sean buenas en sí mismas) serán borradas. Como es obvio, cada lector, cada lectora es libre de crear su propio blog y expresar sus pensamientos.

Aviso desde ahora (17 enero 2014) para “Comentarios”
Este blog de “Las hermosas palabras del Señor” quiere ser sencillamente anuncio del amor de Jesús en medio de mis hermanos, los hombres, con toda consideración y deferencia. Si alguien quiere dejar un comentario, que sea algo sencillo y breve para consuelo de la común fe, como un eco que el Espíritu suscita. No pretende el blog entrar en diálogo erudito (en sí mismo útil, pero ajeno a mi intención). No busca ninguna alabanza, pero se agradece el testimonio espontáneo del creyente que al contacto con esta proclamación de Jesús, el Señor, se ha visto iluminado, fortalecido; y más cuando proviene de personas humildes y sencillas. Se pide, además, que si alguien opina, se identifique: mínimo, nombre y apellido; mejor, si se añade un dato de su condición específica, por ejemplo, Rosa Fondevilla, catequista en mi parroquia. Si el texto-comentario sale de estos parámetros, bien a pesar mío,  será borrado. Finalmente, el autor del blog no se siente obligado a “opinar sobre la opinión”; nadie, por tanto, se crea tenido en menos por no acusar recibo del eco recibido; piense, por el contrario, que todo tiene eco en mi corazón. Gracias.
Guadalajara, Jalisco, 17 enero 2014.
Refrendado, 18 marzo 2014.