lunes, 4 de julio de 2016

827. Recordar la Primera Comunión (Papa Francisco)



Recordar la Primera Comunión

Comentarios del Papa Francisco

8 octubre 2014: 70 años de la Primera Comunión

“… Se dice que no se puede hablar de cosas personales, pero no resisto la tentación. Estamos hablando de comunión... comunión entre nosotros. Y hoy estoy muy agradecido al Señor porque hoy son 70 años desde que hice la Primera Comunión. Pero hacer la primera comunión todos debemos saber que significa entrar en comunión con los demás, en comunión con los hermanos de nuestra Iglesia, pero también en comunión con todos los que pertenecen a comunidades diversas, pero creen en Jesús. Agradezcamos al Señor por nuestro Bautismo, agradezcamos al Señor por nuestra comunión, y para que esta comunión termine siendo de todos, juntos” (audiencia general 8 octubre 2014)

14 diciembre 2014: Papa Francisco A los niños,
sobre la Primera comunión
El Papa Francisco recordó el domingo 14 de diciembre su primera comunión a un grupo de niños de la parroquia romana de San José en el Aurelio, en el barrio popular de Primavalle. Antes de celebrar la Eucaristía, Francisco encontró a varios jóvenes catequistas. 
Para algunos adultos el recuerdo de la Primera Comunión es el almuerzo pomposo.  A lo mejor otros lo tienen en la memoria como un rito de iniciación ‘social’.
El niño Bergoglio lo recuerda con detalles y seguramente ha dado la consistencia a la ‘espiritualidad’ y la capacidad humana del futuro Pontífice.  “No se olviden nunca de su primer encuentro con Cristo”.  ''Me acuerdo como si fuera hoy” dice sin dudarlo. 
En un diálogo espontáneo, Papa Francisco cuenta a los niños que se preparan para la Primera Comunión de la parroquia de San José, cómo había sido la suya, “el 8 de octubre de 1944”. 
“Me preparó durante un año una monja muy buena … y dos catequistas…En aquellos tiempos antes de la Misa no se podía tomar ni siquiera agua, ni siquiera una gota de agua…Fue Pío XII – continúa Francisco – el que nos salvó de esta dictadura… ¡Que bien!…” evoca la rígida tradición de antaño. 
Francisco abre su memoria a los niños que se preguntarán por qué hay que ir a la misa los domingos e ir a las catequesis por casi dos años. 
“Después entrábamos todos con las manos juntas en la iglesia cantando… Y después por la tarde volvimos a la Iglesia para la Confirmación, el mismo día. No me olvido nunca..” 
El Papa les dice a los niños que están por recibir la Primer Comunión “acordaos siempre de ese día; de la primera vez que Jesús vino a nosotros”. 
 “Jesús viene, se hace uno como nosotros, se hace nuestro alimento, nos nutre para darnos fuerza…”
“No os olvidéis nunca de esa fecha y cada año, en el aniversario, id a confesaros y a comulgar. ¿De acuerdo?’'.

Recuerdos

Tengo en mi casa el cuadrito que nos dieron en la Primera Comunión, certificado parroquial del día: Jesús, en el Cenáculo, da la Sagrada Hostia a un niño y a una niña. No puedo hacer la crónica de aquel día, 4 de julio de 1944; lo que sí recuerdo y he recordado siempre es que a edad muy temprana (9 años, 10 años…) vino a mi corazón con el deseo de ser sacerdote y misionero, cosa que ha ocurrido. Y en este aniversario quiero elevar un canto agradecido.
(He comentado con sencillez esta fecha, sin especial intención, en la mesa, en sencillo diálogo con las hermanas donde imparto un curso bíblico, y al final de la comida los ángeles habían traído un pastel para celebrar la fiesta. Gracias, Hermanas del Verbo Encarnado).

Un canto quiero cantar
al alma abierta del niño,
recordando y bendiciendo
décadas, agradecido.

Yo retorno a mi parroquia
cuando aprendí el catecismo,
y cantábamos la fe
con unos cantos sencillos.

Yo no sé lo que pasó…
Jesús estaba conmigo;
Él hablaba al corazón
y yo creía sentirlo.

No diré qué año fue
cuando él vino y me lo dijo,
pero era él, su caricia,
y era él, porque él lo quiso.

¿Quién dirá que el Dios excelso
no es dueño de lo que hizo?
¿Y que el pastor de azucenas
no quiera cuidar sus lirios?

Una voz suave, muy suave
llega, temprano silbido,
y la recibe amoroso
el candor de un jovencito.
Que unos padres muy creyentes
sepan guardar este nido,
como gestores de Dios
en la gracia de este hijo.

Mi Cristo del Evangelio
sigue abrazando a los niños,
con energía y dulzura,
defensor del Padre, invicto.

De semillas celestiales
está lleno el sembradío,
y la santa Eucaristía
es divino regadío.

Acólitos de Jesús,
que os llamáis monaguillos,
si él quiere hablar desde dentro,
abrid muy claro el oído.

Desde mi cima eclesial
yo te bendigo, Dios mío;
porque eres, fuiste y serás,
mi Padre y Dios compasivo.

Mi comunión cotidiana
es gracia, que no soy digno;
piedad de mí, me abandono
en tu amor desde el principio.

Tlalpan, Religiosas del Verbo Encarnado, 4 julio 2016
72 cumpleaños de mi Primera Comunión.

viernes, 1 de julio de 2016

826. Domingo XIV, C – La gran misión de Jesús por la Comunidad del Reino



Homilía para el Domingo XIV del tiempo ordinario,
Ciclo C – Lc 10,1-12.17-20
Video: oportunamente

Texto evangélico
Después de esto, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa. Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”. Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”. Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad.

Los setenta y dos volvieron con alegría, diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les dijo: «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo»

Hermanos:
1. El domingo pasado, escuchando el Evangelio de san Lucas, contemplamos a Jesús en una decisión de vida que define su futuro. “Endureció su rostro”, dice literalmente el texto sagrado para ir a Jerusalén. Jesús pide a sus seguidores decisiones tajantes – ya lo vimos. Las puede pedir, porque él también se comporta así. El texto de hoy nos da razón de qué significa ese viaje a Jerusalén, que va a terminar en rechazo y cruz.
Jesús tiene prisa – es la urgencia del Reino de Dios, como él pide en su oración, que llamamos “Padrenuestro” – y por esa prisa hace una leva de discípulos que van a prepararle el camino. Son 72, acaso como son 72 las naciones que componen el mundo, según una antigua tabla del Génesis. Los apóstoles son Doce, correspondientes a las doce tribus de Israel, y estos son 72. La obra de Jesús va a ser la culminación de la obra de la Alianza comenzada ya en los tiempos antiguos. ¡Cómo quisiéramos saber más datos y ver las acciones concretas, la crónica de aquella campaña, que es como una movilización conquistadora con todas las fuerzas disponibles!

2. ¿Qué es lo que pretende Jesús? Iniciar la Comunidad del Reino, esa que podríamos llamar la Comunidad mesiánica del Reino, de la cual él es inicio y cabeza. Un gran erudito del siglo pasado, dijo una frase que ha tenido fortuna: “Jesús predicó el Reino y nació la Iglesia”, planteando un problema grave. La Iglesia no es el Reino – ya lo sabemos – pero dudando estos investigadores si Jesús quería fundar o no la Iglesia institucional que conocemos. Es un asunto académico de muchos perfiles, y no cuadra para la explicación del santo Evangelio que queremos en la Eucaristía, explicación que movilice nuestra fe. Pero necesitamos unos datos elementales para comprender lo que podríamos designar con nuestro lenguaje “la gran movida” que Jesús ha organizado.

3. Por de pronto, Jesús dice que la mies es mucha, la mies para cosechar. Dios está haciendo algo grandioso y no hay trabajadores que puedan dar abasto. El Reino de Dios está irrumpiendo.
Hermanos, ¿qué pasaría si esta palabra del Señor de repente se iluminara para decir que es eso lo que nos está sucediendo? La palabra de Jesús tiene este sentido: que la mies es abundante, porque es la cosecha de Dios. No se trata de que queramos llenar seminarios y casas religiosas, porque en tantos lugares se están quedando vertiginosamente vacíos. No es ese el significado. Pero sí es cierto que Dios necesita cosechadores para su inmensa cosecha.

4. Jesús ve esta obra como obra divina, porque no es el caso de nuevas planificaciones pastorales, aunque haya que hacerlas.  Se trata de ponerse de rodillas y pedirle a Dios que envíe estos cosechadores a su mies. Dios está actuando en el mundo, y no nos damos cuenta. ¿Es que la situación del tiempo de Jesús era mejor que la nuestra? De ninguna manera.
Jesús nos urge que pidamos al Padre que envíe segadores a sus campos. Es una obra grandiosa y solo Dios al puede hacer.

5. Pero veamos a quién puede elegir el Señor. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. El que quiera ser segador de los campos del Dueño de la mies, ha de ser un hombre, una mujer, de ese temple. Con Dios no se puede andar con medianías. Hay que jugárselo todo por él.
En la vida del seglar se han abierto nuevos campos que antes no se conocían. Sin hacer traición a las palabras del Señor podemos escuchar el eco de su voz en esta onda: ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.

6. Y estos envidos o misioneros ¿qué han de hacer? Llevar la paz, llevar el Reino, “pisotear serpientes y escorpiones”. Son palabras de Jesús. Pero el Señor añade: Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo»
El Evangelio nos lanza a la misión, porque Dios está muy presente en el mundo y hay que despertar los corazones. Somos la Comunidad de Dios movilizada para hacer presente el Reino, que no es propiedad exclusiva de nuestra Iglesia, sino que, estando ya en la Iglesia, transciende en absoluto las fronteras de nuestra Iglesia santa y católica. Somos Comunidad de Dios, felices de que misericordiosamente nuestros nombres se hayan inscrito en los cielos.

7. Señor Jesús, al reflexionar sobre tus palabras, nos unimos a tu oración, y contigo le decimos al Padre que envíe segadores a su mies, porque el mundo está lleno de los bienes de Dios y hay que descubrirlos y recogerlos. Amén.

Jacona, Michoacán, México (Monasterio de Monjes Trapenses), viernes 1 julio 2016