martes, 5 de octubre de 2021

1.672. Si es el Padre de Jesús, Él es mi Padre adorado. Rima espiritual sobre Mt 7,11

 Si es el Padre de Jesús

 

El Evangelio de hoy – Témporas de acción de gracias y petición – dice así:

«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden! (Mt 7,7-11).

Jesús nos ha revelado: Dios es mi Padre, Dios es nuestro Padre. Es la palabra central de su mensaje, que sintetiza todo el Evangelio. Jesús nos enseña algo nuevo, no escrito anteriormente, por nadie dicho anteriormente. Sobre ello va esta rima espiritual.

 

Si es el Padre de Jesús,

Él es mi Padre adorado:

y Padre lo he de llamar

en paz o en días turbados.

 

Sentir dulce suavidad,

que el alma está como un lago,

- cielo azul, cielo nublado –

es verlo Padre a mi lado.

 

Y sentir seguridad,

cuando todo es un quebranto

es sentirlo como Padre

que mi cuerpo ha penetrado.

 

Si Él es Padre, yo soy otro,

soy el hijo liberado,

con un gozo que antes más

nunca lo había gustado.

 

Si Él es Padre y yo soy hijo,

soy su hijo deseado,

yo soy uno para Él,

todo entero a su cuidado.

 

Soy para Él maravilla,

porque salí de sus manos,

pensado en la eternidad,

con Jesús predestinado.

 

A nadie puedo envidiar

y con nadie me comparo;

podría ser una injuria

para el Padre que ha creado.

 

Solo Padre y siempre Padre

de Belén hasta el Calvario

y otra lengua no sabía

Jesús sufriendo y orando.

 

Padre santo, en Pascua y Cena,

Abbá en el Huerto sudando;

“Padre, en tus manos mi espíritu”,

clavado en  cruz y expirando.

 

Y tornando ya a su Padre,

el Espíritu ha enviado,

para que yo diga Abbá,

todo en él configurado.

 

Y es un modo de mirar,

de hablar de Dios cuando hablo,

de decir palabras ciertas

nunca dichas por un sabio.

 

Padre es todo el Evangelio

Por el Hijo proclamado,

la Iglesia, la Eucaristía

y el Encuentro que esperamos.

 

¡Oh santa Paternidad,

en vida y muerte regazo,

yo me entrego para siempre

y miedo y pena descargo!

 

¡Gloria a ti, hijo humanado,

Hijo eterno y encarnado,

eres de Dios y eres mío,

Sangre de hermano me has dado!

 

Palabras pido y amor

para decir con mis labios,

¡Padre mío, Padre mío!

y quedar divinizado. Amén.

 

Madrid, 5 octubre 2021.

lunes, 4 de octubre de 2021

1671. Hombre y mujer los creó. El Juglar del Evangelio, al eco de Mc 10,9

Hombre y mujer los creó


El Catecismo de la Iglesia Católica, para hablar del matrimonio, habla del Sacramento del matrimonio; y empieza así:

1601. "La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados" (CIC can. 1055, §1)

1602 La sagrada Escritura se abre con el relato de la creación del hombre y de la mujer a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26- 27) y se cierra con la visión de las "bodas del Cordero" (Ap 19,9; cf. Ap 19, 7). De un extremo a otro la Escritura habla del matrimonio y de su "misterio", de su institución y del sentido que Dios le dio, de su origen y de su fin, de sus realizaciones diversas a lo largo de la historia de la salvación, de sus dificultades nacidas del pecado y de su renovación "en el Señor" (1 Co 7,39) todo ello en la perspectiva de la Nueva Alianza de Cristo y de la Iglesia (cf Ef 5,31-32).

 

Hombre y mujer los creó,

hombre y mujer los bendijo,

y al bendecirlos a ellos

les bendecía a los hijos.

 

Mi Dios fundó el matrimonio,

en directo y por sí mismo,

que era la bella corona

de cielo y tierra surgidos.

 

El matrimonio es de Dios,

porque fue Dios quien lo hizo;

y la santa Trinidad

allí dentro se ha metido.

 

Dios es amor y en amor

se derramó cuando dijo:

No son dos, sino una carne,

bajo mi soplo divino.

 

No se puede desunir

lo que Dios mismo ha unido;

no se puede separar

llama y luz del fuego vivo.

 

Cantores del matrimonio

del santo Libro aprendido,

van por el mundo juglares,

cantando con regocijo.

 

Esta santa institución,

que Jesús ha defendido,

es santa y nos santifica,

de nuestra casa es el quicio.

 

El Cantar de los cantares

del matrimonio ha nacido

como primer aleteo

del amor que busca nido.

 

Como caricia divina

mi Dios creó los instintos:

que no haya poro de la piel

sin ser del amor ungido.

 

La energía y la belleza

se juntan al mismo ritmo,

y van tejiendo oración,

el cuerpo y alma al unísono.

 

Amor de esposos amantes,

amor de padres queridos,

amor que brota en la tierra

y que es del cielo anticipo.

 

Benditos sean mis padres,

por los que al mundo he venido,

ellos son los que me dieron

de Dios el primer cariño.

 

El mundo que gira y gira

y girará por los siglos,

sin el hombre y la mujer

quedaría sin sentido.

 

Alabanza al Creador

Fuente de amor infinito,

Que al unir a Adán y Eva

Anunciaba a Jesucristo.

 

En todos los matrimonios

a ti, Jesús, bendecimos,

naciste como Alianza,

del Hombre y Dios Uno y Trino.

 

Para amar y ser amado

yo he sido constituido:

triunfe el amor, mi victoria,

en Jesús, mi amor invicto. Amén.

 

Madrid, 4 octubre 2021, S. Francisco de Asís.

domingo, 3 de octubre de 2021

1670. Dom XXVII B - Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre

 

1666. Dom. XXVII, B – 


Mc 10,2-16

Video: Próximamente

Texto evangélico:

2 Acercándose unos fariseos, le preguntaban para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?». 3 Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?».

4 Contestaron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla». 5 Jesús les dijo: «Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. 6 Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. 7 Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer 8 y serán los dos una sola carne*.

          De modo que ya no son dos, sino una sola carne. 9 Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».

          10 En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. 11 Él les dijo: «Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. 12 Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».         

13 Acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. 14 Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios. 15 En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él». 16 Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos.

 

Hermanos:

1. Acabamos de escuchar la página más bella del matrimonio, explicado por Jesús con su plena autoridad de Hijo de Dios. La revelación de la belleza del matrimonio en labios de Jesús queda resumida en esta frase: lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

Según esto, el fundador del matrimonio es Dios mismo, desde el principio de la creación. Y Jesús nos asegura que, pese a todos los pesares, este proyecto de Dios es para todos los siglos. Él ha salvado el matrimonio; incluso, él lo ha salvado de la Ley de Moisés.

A Jesús le van a hacer una pregunta de un tema central de la vida humana. Todos los que existimos en la tierra somos el fruto de la colaboración de un hombre y de una mujer. Pero el matrimonio, según épocas, religiones y culturas han traído problemas.

La pregunta que le hacen a Jesús no es una pregunta inocente, no es la pregunta de uno que no sabe y busca conocimientos en el sabio, que tiene un don especial. El evangelista san Marcos, al introducirnos la escena, nos advierte que la pregunta era para ponerlo a prueba, para tentarlo, a ver a qué escuela se adhiere este maestro, porque ya que se que los rabinso discuten. No nos sorprenda que al recoger esta pesaje de la vida de Jesús, el Evangelio de san Mateo formule la pregunta en estos términos: «¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?»

No discutimos sobre el hecho, que eso ya está permitido en la Ley de Moisés; preguntamos sobre la causa suficiente para el repudio. Si es una causa gravísima, como el adulterio, o es una causa menor, en virtud de la prepotencia que corresponde al varón sobre la mujer.

Y la respuesta de Jesús es sorprendente: No hay causa grande ni causa menor; el matrimonio es de Dios: Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

 

2. La réplica brota al instante: Moisés permió el divorcio. El asunto es saber cuándo y cómo.

Jesús acaba de responder: Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. 6 Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. 7 Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer 8 y serán los dos una sola carne.

Jesús se alza sobre la autoridad incuestionable de Moisés, y Jesús se remite al mismo Dios y al proyecto que va unido con la creación del muindo.

Hermanos, ¡qué hermoso resulta este pensamiento! Pensar que cada matrimonio que se constituye ante la presencia de Dios es el comienzo de la creación del mundo: el hombre anhela a la mujer más que al padre y a la madre – y equivalentemente la mujer respecto al hombre -  y serán los dos una sola carne.

 

3. Esta escena toda human y espiritual del Evangelio tiene una continuación en privado, cuando Jesús, fuera de polémica y al margen de toda pregunta insidiosa fue consultado por los apóstoles. Escuchemos atentamente: 10 En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. 11 Él les dijo: «Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. 12 Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

Aquí Jesús nos hace ver cómo es exactamente igual la dignidad y el derecho de la mujer que del hombre: comete adulterio el hombre, comete adulterio la mujer, si rompen esa alianza que entre el hombre y la mujer ha sido sellada por el mismo Dios de la creación, el Creador del cielo y tierra.

El matrimonio es de Dios, solo de Dios, es parte de la creación universal; es santo por la santidad de Dios y es para toda la vida.

Al fin, Jesús ha salvado el matrimonio en la historia humana. Y le damos gracias. El matrimonio es bello y santo, fuente de felicidad, de paz y de plenitud.

 

En las leyes humanas el matrimonio es algo muy distinto. Al justo y comprensible estar unido directamente con Dios, el matrimonio es un contrato – suponemos que entre un hombre y una mujer – libre y voluntario, para convivir y procrear hijos, pero revisable de mutuo acuerdo, si cambian las circunstancias. Lo deseable es que el matrimonio dure toda la vida, pero vista la experiencia contraria en tantos y tantos matrimonios que comenzaron y quebraron, es justo y comprensible legislar, incluso, sobre una ordenada separación de bienes dentro del matrimonio, por lo que pudiera ocurrir.

En este esquema el matrimonio ya no se establece sobre el ideal pleno del amor – que ha de ser total y único, gratuito y para siempre – sino sobre criterios de Razón, por lo avatares que puede traer la vida.

De hecho, la casuística ha acompañado a la realidad del matrimonio en todo tiempo, como lo vemos en san Pablo: ¿Qué hacer, cuando en un matrimonio pagano, uno de los dos se ha convertido a la fe cristiana? El primer matrimonio ¿no era verdaderamente matrimonio y habrá que casarse de nuevo? No es esta la solución; el matrimonio fue válido y adelante con el mismo proyecto hasta el final. Dios estaba allí, Pero surgen las dificultades: cómo proceder si la parte no creyente hace la vida imposible a quien ha sido bautizado. Una respuesta sería que la parte creyente aguante hasta el final y así se convertirá el otro o la otra… San Pablo, sin embargo, escribe a los cristianos de Corinto: “Ahora bien, si el no creyente quiere divorciarse, que se divorcie; en estos casos, el hermano o la hermana no están esclavizados; pues Dios os ha llamado en paz. ¿Qué sabes tú, mujer, si salvarás al marido?, ¿o qué sabes tú, marido, si salvarás a la mujer?” (1Cor 7,15-16).

Hoy todavía hay una praxis diferente entre la Iglesia cristiana Ortodoxa y la Iglesia Católica. La indisolubilidad del matrimonio es total y para siempre.

 

4. Después de toda esta reflexión, hermanos, si de la doctrina pasamos a la práctica y vamos a consultar estadísticas, vemos, con tristeza y preocupación, qué golpe tan duro está recibiendo en los tiempos actuales el matrimonio tanto en la sociedad civil como en la Iglesia. Cada vez son menos los que se casan por el registro civil, y son menos los que se casan, como creyentes, ante la Iglesia. As´, por ejemplo, nos dicen las estadística del Internet. El año pasado, 2020, “sólo 1 de cada 10 bodas en España en 2020 fueron por la Iglesia”.

 

Hemos de pedir al Señor esta gracia: que ilumine los ojos del corazón de todos los bautizados, para que perciban que el matrimonio es un proyecto divino de amor, y que Dios lo quiere como base de la familia humana.

 

 

Madrid, domingo 3 de octubre de 2021.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

1669. La vida es el cielo abierto. Rima sobre Jn 1,51 en la fiesta de los ángeles Miguel, Gabriel, Rafael.

La vida es el cielo abierto

 

Todo lo que sabemos, como revelación – pues no hay otro modo de conocimiento del mundo sobrenatural – lo sabemos desde Jesús y en función de Jesús. Por eso es tan importante la solemne declaración de Jesús tomada como Evangelio para la fiesta de los santa ángeles Miguel, Gabriel y Rafael. La declaración hecha a Natanael está ahora en plural, dirigida a todos los discípulos: “Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre»” (Jn 1,51). Quizás podríamos traducir: Veréis que el cielo se ha abierto, se ha quedado abierto. Manuscritos importantes añaden al principio: “desde ahora”. El pasaje alude evidentemente a la visión de la escala de Jacob camino de Jarán (Gen 28,10-17).

Los santos Evangelios han puesto a los ángeles en relación con Jesús: ángeles del nacimiento, ángeles del desierto, ángeles junto al sepulcro vacío. El mundo angélico pertenece a la Encarnación, al Misterio Pascual (sepulcro vacío y todo el Apocalipsis), al misterio de la Iglesia: ángeles del servicio de la gloria de Dios, dispuestos a restaurar la gloria divina en los pequeños profanados, “Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial” (Mt 18,11).

 

La vida es el cielo abierto:

ángeles suben y bajan

para servir a Jesús

en la gloria de su Pascua

 

Los ángeles que cantaron

en Belén a su llegada:

Gloria a Dios en las alturas

y paz en la tierra amada.

 

Ángeles que en el desierto

lo sirvieron con sus palmas,

porque Jesús era el Hijo,

el nuevo Adán que triunfaba.

 

Hoy he pedido a los ángeles

al orar por la mañana

que intercedan en la misa

con la Pura e Inmaculada

 

Y en la santa Eucaristía,

que es la Pascua y la alabanza,

ángeles en cielo y tierra

Santo, Santo le cantaban.

 

Los ángeles de Jesús,

los ángeles de la guarda,

ángeles de mi lado

mensajeros de su gracia.

 

Miguel, Gabriel, Rafael,

los de las Páginas santas,

del Espíritu de Dios

sois Palabra que lo encarna.

 

Sois su fuerza y su mensaje,

sois medicina que sana,

sois de Jesús con nosotros

la gracia que de él irradia.

 

A Jesús, el Hijo amado,

en la Trinidad sagrada,

triunfo y gloria sempiterna,

los ángeles en su morada. Amén.

 

Madrid, fiesta de los Santo Ángeles Miguel, Gabriel y Rafael 2021