Cargada sobre los hombros
En el Evangelio de hoy leemos:
“1 Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. 2 Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
3 Jesús les dijo esta parábola: 4 «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? 5 Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; 6 y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. 7 Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse” (Lc 15).
Y San Pablo, hoy, en la Carta a los Romanos, nos dice: “Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que ya vivamos ya muramos, somos del Señor. Pues para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos” (Rom 14,8-9).
Cargada sobre los hombros
del Buen Pastor compasivo
la oveja vuelve al redil:
Dios amor, Dios ha vencido.
Y radiante de alegría
ha llamado a los amigos:
¡Ya he encontrado a la extraviada,
regocijaos conmigo!
Cuando entre zarzas yacía
no hubo vara ni castigo,
la vio pobre y arañada
y le quitó los espinos.
Se metió donde ella estaba,
la sacó del escondrijo,
y como a hija querida
la alzó con brazos fornidos.
La puso sobre su cuello,
apretándola consigo;
era suya, toda suya,
y le daba sus cariños.
Oveja, hija de Adán,
y Adán mismo en su extravío,
al arrimo de Jesús,
ya saliste del peligro.
Fuiste conquista de amor,
tu patria es el paraíso,
tu pastor tu redentor,
tu guardián quien te ha querido.
¿Y por qué vuestro Maestro
obra así, tan atrevido,
mezclado con pecadores,
del pueblo santo excluidos?
¿Soy de las noventa y nueve
o quien se había perdido?
Más me interesa saber
quién es Dios que me ha cogido.
Es Jesús de Nazaret,
el Pastor que me ha traído;
sobre sus hombros descanso
muy cerca de sus latidos.
Soy la fiesta de los cielos,
según sus labios han dicho;
soy la alegría del Padre,
que ve el amor de su Hijo.
Dulce perdón de Jesús,
que muy adentro sentimos,
que me da seguridad
y confianza en el camino.
Adán, la oveja perdida,
ya está en casa bello y limpio;
fue lavado en el Calvario,
perfumado en el bautismo.
Soy feliz por ser quien soy;
los méritos no son míos:
tengo un padre, que es el Padre,
y mi Hermano es Jesucristo.
Y oí lo que él me decía:
No temas mi rebañito;
Tranquilo, queda seguro,
que el Padre se ha complacido.
Fiesta es mi vida con Dios,
(o escándalo incomprendido),
fiesta por el anuncio
de un divino Sacrificio. Amén.
Madrid, jueves sem. XXXI, 4 nov. 2021