domingo, 28 de noviembre de 2021

1695. Vendrá Jesús, radiante de alegría – Himno para el I Domino de Adviento

 Vendrá Jesús, radiante de alegría

El Adviento nos trajo en su día la inspiración de múltiples himnos, como puede ver el visitante en el sitio de mercaba.org, entrando en “El pan de unos versos”:

https://www.mercaba.org/Espiritualidad/Rufino/ADV/CARTEL_AVIENTO.htm

Ahora, al regresar a Jerusalén, el santo Adviento de Jesús reaviva la inspiración y el deseo, y tras anunciar el mensaje en la homilía, las palabras consoladoras de Jesús “levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación”, suscitan versos de esperanza y entrega. Vayan como sencilla oferta de oración para nuestra liturgia comunitaria.

El Adviento está ungido de ternura. He aquí, como degustación espiritual, las antífonas de los Laudes del primer Domingo:

Ant. 1 Aquel día los montes destilarán dulzura y las colinas manarán leche y miel. Aleluya.

Ant. 2 Los montes y las colinas aclamarán en presencia del Señor y los árboles del bosque aplaudirán, porque viene el Señor y reinará eternamente. Aleluya.

Ant. 3 Vendrá el gran profeta y renovará Jerusalén. Aleluya.

Señor, despierta en tus fieles el deseo de prepararse a la venida de Cristo por la práctica de las buenas, obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino celestial.

 

Vendrá Jesús, radiante de alegría,

como esposo que sale de su estancia,

y con él el cortejo de los ángeles

pendientes de su luz y su mirada.

 

El mundo ya pasó y nace el nuevo,

pasó toda maldad, toda batalla;

y reinará por siempre el Evangelio

la vida, toda vida, que es su gracia.

 

Vendrá Jesús el día señalado

de la unidad de Dios y el alma humana;

y en la eterna, divina Trinidad,

Jesús y su familia harán su entrada.

 

Jesús es el final, nuestra ventura,

alzad vuestras cabezas coronadas;

su gloria dilatada es nuestra gloria

y su belleza nuestra paz colmada.

 

Podrá ceder el universo entero,

el tiempo y la materia en llamarada;

Jesús humilde, hermano y compañero,

será victoria excelsa que nos salva.

 

¡A ti, Jesús, divino Redentor,

que en obediencia al Padre nos amabas,

y diste vida y muerte en cruz clavado,

        a ti, oh Hombre y Dios, toda alabanza! Amén.

 

Jerusalén, primeras vísperas del I dom. de Adviento 2021-2022

sábado, 27 de noviembre de 2021

1694. DOM I ADV 20021-22 – Verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y gloria

 Verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y gloria

Lc 21,25-28.34-36

 

Texto evangélico:

25 Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, 26 desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. 27 Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. 28 Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

34 Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; 35 porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. 36 Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

 

 

Hermanos:

1. Con la gracia de Dios iniciamos el nuevo año espiritual de la Iglesia, el año de las celebraciones litúrgicas que tiene su punto culminante en la Pascua del Señor; en esta ocasión el Domingo 17 de abril de 2022. Quiera el Señor en su bondad que este año sea definitivamente el año de la desaparición de la pandemia, que nos ha unido en el dolor a toda la humanidad, y que hasta la fecha nos da un balance de más de 5 millones de seres humanos muertos (5,182,449). Esta dura realidad nos ha mostrado que la fragilidad humana nos hace a todos más solidarios y hermanos, y que hemos de reconocer que, por encima de nuestros esfuerzos y conquistas, hay un Ser Único a quien solo se debe el poder y la gloria.

A todos los que generosamente siguen esta predicación evangélica a través de las maravillas de la red, del Internet, quiero decirles que hemos cambiado de escenario. Hoy y los próximos meses – si el Señor me lo permite – les hablo desde la Tierra Santa, desde Jerusalén. Aquí los hermanos capuchinos tenemos una casa, que se titula: “Yo soy la luz del mundo (Jn 8,12). Centro de espiritualidad y formación bíblica en Jerusalén”, un centro establecido hace 10 años (2011) para los hermanos de la Orden y personas que en la vida van buscando el rostro del Señor. Jerusalén, ciudad de las lágrimas de Jesús, de su Pasión y Resurrección, y de su esperanza gloriosa.

 

2. Hoy comenzamos el Adviento y, al punto, vienen a mi memoria las palabras con las que el Misal de la Iglesia describe el significado de este tiempo, que las voy a repetir como portal de entrada. Dicen exactamente las páginas introductorias del Misal: “El tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se, nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre” (Normas del calendario litúrgico, n. 39).

Quiera comenzar este año con las palabras precisas de la primera lectura, las promesas de Dios que encontramos en Jeremías, profeta de sufrimiento y de consolación: “En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: “El Señor es nuestra justicia” (Jer 14,16).  El Señor es nuestra salvación, el Señor es nuestra justicia, el Señor es nuestro nombre. Este Señor no es otro sino el Señor Jesús.

Tiempo de expectación gozosa y alegre, acabamos de escuchar de labios de nuestra Madre la Iglesia. ¿De dónde ha aprendido la Iglesia que este tiempo es de seguridad, de consolación y dulce esperanza? Es el mismo Señor quien lo dice: “Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación”.

 

3. Las palabras del santo Evangelio, que para nosotros son la revelación que Jesús nos dirige hoy, nos presentan un escenario en cuatro cuadros, que vamos a considerar.

(1) El primero es ese cataclismo en el mundo desconocido de los astros, es decir, los signos celestiales: el sol, la luna, las estrellas. Se acaba un mundo y comienza otro.

(2) El segundo cuadro es el pavor que esta convulsión cósmica produce en los seres humanos: angustia de las gentes por el estruendo del amar y del oleaje.

(3) El tercero es la visión celestial del Hijo del hombre, Jesús, que aparece con signos celestiales, porque ha empezado el nuevo mundo.

(4) Y el cuarto: el mensaje a los elegidos: se acerca vuestra liberación.

 

La conclusión de este escenario es que velemos: Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.

 

4. Puesto que la fe es iluminación, vamos a reflexionar con fe, hermanos, sobre lo que estas palabras de Jesús significan para él y para nosotros.

El Hijo del hombre, que es él, aparece en una nube con gran poder y gloria. Jesús ha visto su identidad, no comparable con al de ningún otro ser de la ceración, a la altura del mismo Dios, como Hijo de Dios.

Desde tiempo inmemorial los hombres han pensado en el final del mundo. Si en tiempo de Jesús alguien hubiera dicho que el hombre, con su propio pie, con sus propias botas, iba a pisar la luna, porque de la tierra había llegado hasta allá, lo hubieran tenido por un loco, acaso por un endemoniado. Y hoy la ciencia humana ha logrado llegar con sus aparatos hasta Marte y concluimos que algún día podrá también llegar el hombre. Hoy conocemos cosas que Jesús Hombre no conocía, en el misterio de la Encarnación, hecho uno igual que nosotros en todo menso en el pecado. Los astrónomos nos dicen que, en el movimiento universal de las galaxias, la tierra, el sol, la luna con un punto invisible en el espacio. El Evangelio no puede representar esas cosas; tan solo nos dicen que “las potencias del cielo serán sacudidas”.

 

En este escenario entra Jesús. Él es no solamente el dueño y referente de cada vida humana; es el dueño y señor de la historia humana. Aparecerá como ser celestial. En otro momento lo veremos como juez de las naciones, como aquel que da el veredicto final de buenos y malos.

 El Adviento nos invita a anticipar este momento, pero con los sentimientos propio que dimanan del corazón amante de Jesús: levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

 

5. Jesús nos ha dicho que velemos, y al eco de sus palabras, san Pablo nos exhorta: 12 En cuanto a vosotros, que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos a vosotros; 13 y que afiance así vuestros corazones, de modo que os presentéis ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos (1Tes 3,12-13).

 

Querido hermanos: Este es nuestro ideal y programa, claro y sencillo: ser santos e irreprensibles en la venida de nuestro Señor Jesucristo. Si las sagradas Escrituras nos lo proponen, es porque es posible.

 

Señor Jesús, guárdanos de todo `pecado, y por el amor guárdanos sanso e irreprensibles para su venida. A ti la gloria por los siglos de los siglos, Amén.

 

Jerusalén, sábado 27 noviembre 2021.