sábado, 23 de septiembre de 2023

 

1913. Dom XXV A – Los caminos sorprendentes de un Dios de amor

Mt 20,1-16

Texto

Mt20 1 Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. 2 Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. 3 Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo 4 y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. 5 Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. 6 Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. 7 Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. 8 Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. 9 Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. 10 Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. 11 Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: 12 “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.

13 Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? 14 Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. 15 ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. 16 Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Hermanos:

1. Para introducir esta parábola tan sorprendente de Jesús, que quiere explicarnos qué es el Reino de Dios, hemos escuchado primero una profecía de Isaías:

“… mis planes no son vuestros planes, | vuestros caminos no son mis caminos | —oráculo del Señor—. Cuanto dista el cielo de la tierra, | así distan mis caminos de los vuestros, | y mis planes de vuestros planes” (Is 55,8-9). Y esto lo dice el profeta hablando de la misericordia de Dios.

Por eso hemos titulado esta homilía: Los caminos sorprendentes de un Dios de amor.

2. Para no confundirnos e interpretar correctamente lo que Jesús nos está diciendo, lo que nos está revelando, tenemos que prestar cuidado atención a las primeras palabras. Un propietario se contrata con unos trabajadores, para que trabajen todo el día en su viña, y se contratan con un denario. ¿Qué es un denario? Un denario es un salario justo, un salario familiar., un salario legal, según las costumbres y la ley de entonces. El propietario es, pues, una persona honrada que quiere obrar como se debe.

Por lo que luego sigue, por lo que se inventa Jesús, este propietario tiene mucha necesidad de muchos trabajadores y sale a distintas horas del día: a media mañana, a mediodía, a media tarde e incluso al atardecer. ¿Es esto real? ¿Es que esto pasaba así? Seguramente se lo inventa Jesús para la lección que nos quiere .

 

3. Llega la hora de pagar. Y manda al capataz que pague. Entonces, los que han trabajado jornada completa recibirán el sueldo completo; los que han trabajado media jornada recibirá medio sueldo, y los que han trabajado un cuerto del día, pues un cuarto de sueldo. Esto es lo justo. Pero, no.

A la hora del pago le da la orden el amo al capataz:

-       Que pague a todos igual, un sueldo completo.

-       Y que comience por los últimos.

 

4. Y ahora aquí comienza la sorpresa y el sentido de la parábola. Imaginemos la fila de los trabajadores. A los últimos les ha dado un denario; pues irá aumentando el sueldo, conforme aumenten las horas de trabajo que han realizado: a otros les dará dos o tres, y a los primeros primerísimos les dará cuatro o cinco. Esto es la justicia salarial. Pero resulta que a todos les ha pagado lo mismo. ¡No hay derecho! Y viene la protesta, que parece justa.

Pero ahora viene el discurso del amo:

Primera parte del discurso: Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? 14 Toma lo tuyo y vete.

Efectivamente tiene razón.

Segunda parte del discurso: ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

 

5. Aquí, hermanos, en esta frase está el secreto y la maravilla. Resulta que este hombre es justo, y aparte de ser justo es generoso porque tiene corazón. Este hombre está pensando: ¿Cómo voy a dejar a esta familia con un sueldo mísero, con una cuarta parte o menos, si no van a tener para comer? Hemos encontrado no a un empresario que  mide la vida por el dinero – “tanto vales cuanto produces” – sino que cuenta con otros valores: “te ayudo, para que salgas adelante; ánimo, no me debes nada”.

Pero así no funciona una empresa; seguramente que no, porque una empresa no tiene corazón. Esta frase me la dijo hace muchos años un buen cristiano que trabajaba en la banca. El Banco no tiene corazón, y se me quedó grabada, porque él llevaba años en el asunto y sabía lo que decía.

¿Por qué pone estos ejemplos materiales Jesús?

Para decirnos que Dios, el Reino de Dios, es distinta cosa que un empresario.

Porque ahora tenemos una frase que de repente no se comprende o tantas veces que se cita se comprende mal.

Dice, pues, el texto sagrado del Evangelio; Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.

¿Qué significa este dicho que parece ser misterioso? ¿Quiénes son los primeros y quiénes son los últimos?

Los “primeros” son los judíos: ellos les corresponde recibir la gracia del mensaje que ha traído Jesucristo.

Y quiénes son los últimos. Los últimos, hermanos, somos nosotros, los de fueran, los que no éramos hijos de Abraham. Y Jesús está viendo que los “suyos” no le reciben; en cambio los de fuera, los pecadores, los venidos de la gentilidad, sí le reciben. El mundo al revés, y esto es trágico.

San Juan, al escribir el Evangelio, puso en el Prólogo: “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”. Y entonces a los que el recibieron les dio la gracia de poder llegar a ser hijos verdaderos de Dios.

Hermanos, vengamos a las frases del principio: Dios es sorprendente: mis planes no son vuestros planes, | vuestros caminos no son mis caminos.

6. Hermanos, para concluir, en el Reino de Dios el protagonista es Dios, no los hombres. Yo y mi propia vida pertenecemos al Reino de Dios, y el protagonista es él y no yo. Con inmenso amor, con sentida gratitud, con toda ilusión y esperanza he de aceptar los caminos de Dios en mi vida y en la Iglesia, y saberlo discernir.

Señor Jesús, Hijo amado del Padre, desde el cielo tú eres el que nos guías, eres el Viviente en medio d e tu Iglesia. Haz que yo sepa descubrir tu presencia y que acepte con gozo y gratitud todo lo que tú nos manifiestas. En ti confiamos. Amén.

Cuautitlán Izcalli, sábado 23 sept. 2023 (San Pío de Pietrelcina, capuchino).

 

 

viernes, 15 de septiembre de 2023

1912. Dom XXIV A – Perdonar hasta setenta veces siete

 1912. Dom XXIV A – Perdonar hasta setenta veces siete

Mt 18, 21-35

 

Texto

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

 

Hermanos:

1. El Evangelio nos lleva de sorpresa en sorpresa. Si un texto es bello, el siguiente no lo es menos, y según el corazón del que lo recibe, según la gracia que el Espíritu derrama hasta nos puede resultar que el siguiente es más bello que el anterior que leíamos, escuchábamos o comentábamos.

El Evangelio de este domingo es punto y seguido del Evangelio del domingo anterior. Recordemos: la comunidad de Jesús es santa; hemos sido santificados en el bautismo. Y la comunidad debe mantener, con el favor de Dios, esta santificación recibida en el bautismo. Si uno peca, se arrepiente y sigue adelante. El pecado personal o el pecado del hermano nos puede hacer reflexionar para avanzar en humildad. Pero la comunidad de Jesús no puede aceptar el pecado como situación normal, como si fuese un derecho personal en el cual nadie puede intervenir, porque cada uno es autónomo y libre en su conciencia. La comunidad de Jesús es comunidad santa.

Estos últimos años se ha divulgado tanto, hasta pasar a la televisión (hablo de España) el eslogan de que ante el maltrato y el abuso “Tolerancia cero”. Esto s cierto, hermanos, pero es medio camino. Porque al pecador hay que decirle: Conviértete, hermano, hermana, porque el perdón de Dios es “Perdón absoluto”. Así, pues, Tolerancia cero y perdón absoluto. Veámoslo como.

2. Se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?». La pregunta de Pedro, que quiere aprender y oír la palabra definitiva del Maestro, es correcta. ¿Cuántas veces hay que perdonar? “Una y no más”, dice el dicho. Ensanchando la manga, ¿dos, tres, cinco, siete? Y la respuesta inesperada de Jesús es “Hasta setenta veces siete”. No es para hacer la multiplicación, sino para decir: Dios perdona siempre. Y si quieres imitar a Dios, para que tu conducta sea divina, si quieres ser compasivo como Dios es compasivo, tiene que dar el perdón siempre, absolutamente siempre.

Ya los sabios del Antiguo Testamento nos habían dicho, como hemos oído en la primera lectura: Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?

Por este camino del perdón, ¿qué es lo que Jesús nos enseña?

3. Jesús se inventa una fantasía, algo que nunca ha existe, pero que existe todos los días en la conducta de los humanos. Un hombre debía una cantidad millonarias: diez mil talentos, diríamos una fortuna de estado. La tiene que pagar. No puede. Pues que vendan todas sus posesiones; es poco: que lo vendan a él, con su mujer, y sus hijos y todas sus posesiones… Pero, ¡Dios mío!, ¿en qué mundo estamos…? Es una fantasía para enseñar luego una verdad.

El hombre deudor se arroja a los pies del señor, para decirle: Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.

Jesús sigue inventando y dice: El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.

No le rebajó la deuda; se la perdonó toda. Para decirnos que, cuando Dios perdona, perdona todo.

4. Pero ahora es cuando viene el drama, en la segunda parte. Porque deudor también tenía un acreedor que le debía cien denarios, es decir, el equivalente a cien sueldos modestos.

Porque este gran perdonado, al encontrar a su deudor, lo agarraba por el cuello y lao estrangulaba (así lo pinta Jesús), diciéndole: Tolerancia cero, págame lo que me debes.

-        Ya te lo pagaré, ten paciencia, ya te lo pagaré. Ten paciencia.

-        A la cárcel, a la cárcel hasta que pagues todos.

Y ahora, sí, estalla la parábola que Jesús se ha inventado. Los compañeros han visto la escena, y, consternados, van a contarle al Gran Señor lo ocurrido.

-        Esto es increíble.

Y entonces el dueño mayor, el dueño primero, dice:

-        Ahora, sí, a la cárcel sin perdón.

Pero la frase terrible es la que dice Jesús al final:  Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón.

Jesús nos está diciendo que nosotros, perdonados por el Padre Dios, debemos perdonar, pero ¡atención!, perdonar de verdad, perdonar “de corazón”.

Jesús aparece como un predicador tremebundo. ¿Es este el Dios de Jesús?

 

5. Hermanos, son frases terribles del Evangelio que están ahí y no podemos borrar. ¿Qué predica y qué busca Jesús? Jesús no anuncia que Dios es Amor, pero que no existe el amor, si no hay perdón y perdón de verdad, perdón de todo corazón. Vamos a quedarnos aquí, hermanos. Perdonar es el mayor milagro. Y Jesús hizo este milagro, porque, muriendo en la cruz, oró por sus verdugos: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.

Hermanos, este es el Evangelio puro, que, por la gracia de Dios, podemos vivir. Cuántos cristianos han muerto y siguen muriendo con estas palabras: Padre del cielo, perdona a los que me están matando. Me cruza el pensamiento el caso de una capuchina, de los mártires de la guerra, que, cuando le iban a dar el tiro de gracia, se quitó el anillo de esposa de Cristo que llevaba y se lo regaló a su verdugo: Te lo regalo, para que sepas que te perdono.

Hermanos, esta es la doctrina que Jesús nos revela.

Señor Jesús, enséñanos, enséñanos a perdonar; enséñanos, como rezamos en el Padrenuestro. Amén.

Cuautilán Izcalli (México), viernes, 15 septiembre 2023, en espera de las Fiestas Patrias

 

viernes, 8 de septiembre de 2023

1911. Dom XXIII A – Jesús, Hijo de Dios, nos revela al santidad de su comunidad

 

1911. Dom XXIII A – Jesús, Hijo de Dios, nos revela al santidad de su comunidad

Mt 18, 15-20

 

Texto

15 Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. 16 Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. 17 Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.

18 En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.

19 Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Hermanos:

1. Dios, nuestro Padre, nos concede la gracia de ir disfrutando semana tras semana del Evangelio de su Hijo, que contiene palabras de vida eterna.  Al recibirlas, senrtimos la presencia vivificante de quien un día las dijo y hoy nos las dice a nosotros como revelación de su propio corazón.

¿Cómo no sentir una alegría muy especial, alegría dulce, consoladora, fortificante, al escuchar las últimas palabras del texto que acabamos de oír: donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos»? Esto es infinitamente hermoso. Si dos o tres nos juntamos en el nombre de Jesús, por ejemplo para meditar y compartir el Evangelio, allí se hace presente Jesús; será el principal de nuestra reunión, él nos va a guiar.

Nuestro hermanos judíos para orar litúrgicamente en las sinagogas necesitaban hacer miktán, es decir, necesitaban sumar diez personas, creo que diez varones, y entonces, sí, venía la Schekináh sobre ellos, la presencia de Dios todopoderoso que había acompañado y seguía acompañando a su pueblo.  Esto es inmensamente bello. Ahora bien, ha venido Jesús, con pretensiones divinas, pues acepta ser llamado Hijo de Dios y se reconoce como tal, y ahora él nos dice: que no es necesario que sean diez; basta dos, por ejemplo tú y yo, y entonces Jesús viene se hace presente, podemos pedir al Padre por Jesús, en el Espíritu.

 

2. Hermanos tomemos muy en serio las palabras de Jesús. Nosotros, reunidos en el nombre de Jesús somo una comunidad santa. Nada extraño que san Pablo, y los demás apóstoles, llamasen, desde el principio a los cristianos, “santos”, santos porque habían sido santificados.

He aquí un texto recogido al azar. Escribe san Lucas en los Hechos de los apóstoles: “32 Pedro, que estaba recorriendo el país, bajó también a ver a los santos que residían en Lida. 33 Encontró allí a un cierto Eneas, un paralítico que desde hacía ocho años no se levantaba de la camilla. 34 Pedro le dijo: «Eneas, Jesucristo te da la salud; levántate y arregla tu lecho». Se levantó inmediatamente.” (Hech 9,32-35).

 

3. La comunidad de Jesús es santa, y la iglesia a la que pertenecemos, que, pese a todos los pesares, quiere ser la comunidad de Jesús, es la Santa Iglesia Católica.

¿Qué pasa si en esta comunidad, que es una verdadera sociedad, ocurre algún grave escándalo, que va en contra de esta santidad, que es el verdadero clima de esta comunidad?

No pasa nada, porque cada uno es libre, puede tener sus ideas y obrar conforme a ellas… Eso no es así, ni nunca ha sido así. Como ejemplo, recordemos aquel escándalo que ocurrió en la comunidad de Corinto: “Se oye decir en todas partes que hay entre vosotros un caso de inmoralidad; y una inmoralidad tal que no se da ni entre los gentiles: uno convive con la mujer de su padre.  (Se entiende que no era su madre, sino, todo lo más, su madrastra)¿Y vosotros seguís tan ufanos? Estaría mejor ponerse de luto y expulsar de entre vosotros al que ha hecho eso” (1Cor 5,1-2). Y Pablo, ausente en el cuerpo y presente en espíritu, toma una decisión enérgica en nombre del Señor Jesús y en el Espíritu Santo, lo expulsa de la comunidad para que se arrepienta, haga penitencia, y pueda reintegrarse y ser salvo en el día del Señor.

Un español, si comete un crimen contra otro español, por ejemplo, un homicidio, no por eso deja de ser español, pero queda excluido de la sociedad española, va a la cárcel y pierde sus derechos ciudadanos, hasta que cumpla su condena.

 

3. La comunidad de Jesús, la Iglesia, que es una sociedad humana, siendo una familia espiritual, tiene que tener sus normas sociales. Y efectivamente existe un Derecho Canónico, y dentro de este Derecho existe una parte de procesos, juicio y resoluciones, un verdadero derecho penal.

Y el Evangelio de hoy nos habla de los tres pasos para resolver los conflictos:

El primero, resolver las cosas en amor y caridad, de tú a tú, sin que trascienda, pidiendo perdón, pues somos pecadores y fallamos.

Si este perdón entre hermanos no ha cundido efecto, se empieza la vía judicial, ya con testigos.Si tampoco, en esta segunda instancia no ha habido solución, entonces el delito cometido pasa a ser caso público y se somete a la jurisdicción de toda la comunidad, de la Iglesia. Y aquí puede ocurrir la sentencia final: y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.

El cristiano no deja de ser cristiano, pues recibió el bautismo, pero, por su obstinación, deja de pertenecer a la comunión en la comunidad, no puede participar en los sacramentos. A hora bien, si un día se arrepiente, la comunidad que es siempre gracia y perdón y amor de Dios, lo recibe.

 

4. Un caso tristemente frecuente es el del aborto, del cual dijo el Concilio que es un “crimen nefando”.

El Derecho de la Iglesia dice: “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae” (canon 1397). La Iglesia considera que el aborto es un pecado extremadamente grave, porque es privar de la vida al ser más inocente e indefenso. Hay, pues, ene este caso un conflicto frontal entre la Ley de la Iglesia y la legislación del estado. En nuestra patria el aborto es legal, y se considera, incluso, como un derecho de la mujer; se le ha quitado el nombre, y el aborto no es aborto, sino la interrupción voluntaria del embarazo, porque la mujer es dueña de su cuerpo. Son dos visiones diferente de la misma realidad: Una visión que pone a Dios en el centro, Dios Creador, que nos cuida, que nos ama y nos protege, y otra visión que pone al hombre como dueño del mundo y organizador de la vida.

Y hoy que tanto hemos hablado de tolerancia cero en los abusos sexuales, escuchen lo que dicen las leyes de la Iglesia:

“Debe ser castigado con la privación del oficio y con otras justas penas, sin excluir la expulsión del estado clerical, si el caso lo requiriese, el clérigo:

1.º que comete un delito contra el sexto mandamiento del Decálogo con un menor o con una persona que habitualmente tiene un uso imperfecto de la razón o a la que el derecho reconoce igual tutela” (Canon 1398, párr. 1).

 

El Señor nos ha llamado a la santidad, y no todo vale.

En la Iglesia caben todos, se dice. Sí, hermanos, cabemos todos si reconocemos nuestros errores y queremos seguir con humildad las huellas de Jesús.

En cierta ocasión dijo Jesús esta frase terrible: “En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios” (Mt 21,31). Los publicanos y las prostitutas llevan la delantera a los a los aparentemenets santos escribas y fariseo; pero ¿por qué? “Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron – es decir, las prostitutas dejaron de ser prostitutas -  Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis» (v. 32).

 Concluyamos, hermanos, mirando a Jesús, a quien en el Gloria decimos: Tú solo eres santo.

 

Señor Jesús, que por el bautismo nos has hecho un pueblo de consagrados, un pueblo de santos, concédenos permanecer en la santidad que tú nos has dado. Amén.

 

Pamplona, viernes, 8 septiembre 2023